El vestido azul
Sumary: Cuando Mimi supo que Hikari tenía una cita con Daisuke decidió ayudarla con los preparativos.
A Hikari le pareció divertida la reacción de Daisuke cuando aceptó salir con él. Después de haberlo rechazado en incontables ocasiones sabía que una respuesta afirmativa era lo último que se esperaba. Hikari sabía que Daisuke era especial para ella, pero no sabía de qué manera. Esperaba que con una cita pudiera poner en claro sus sentimientos y cerrar un ciclo si era necesario. Odiaría ver a Daisuke sufrir por aferrarse a algo que no podía ser.
Comprar ropa para la ocasión tampoco estaba en sus planes. No había pensado demasiado en esa cita, ni siquiera le había preguntado en qué lugar sería. Lo único que le había dicho era que quería algo sencillo y casual. Conocía a Daisuke y sabía que podía llegar a exagerar las cosas, especialmente cuando se trataba de impresionarla. Mimi la había invitado a salir de compras y quiso aprovechar la ocasión.
—¿Crees que este cinturón convine con estas botas? —le preguntó Mimi, en sus manos cargaba las prendas de las que hablaba.
—Sí —respondió Hikari, no sabía mucho de moda, pero ambas prendas tenían un toque vaquero por lo que asumió que sí combinaban.
—Creo que este cinturón combinaría mejor —Mimi descartó el cinturón que había tomado y tomó el primero que había visto —. Compraré ambos.
Hikari se apartó por unos minutos. Faltaba poco para el invierno y ella no tenía abrigos por lo que decidió que aprovecharía la ocasión para comprar uno. Contrario a Mimi, no pensó demasiado en la ropa que necesitaría. Ver un bolso para mascotas le hizo recordar a Tailmon, hacerla pasar un gato no sería complicado y sabía que a su camarada no le molestaría.
—Este vestido te quedaría bien —Mimi le mostró un vestido azul.
"Es ideal para mi cita con Daisuke", pensó Hikari mientras lo observaba. Al ser sencillo y elegante pensó que podría usarse en cualquier lugar sin preocuparse por verse fuera de sitio.
—¿Sabes de unos zapatos que combinen? —le preguntó a Mimi.
Su amiga adoptó una aptitud pensativa y en pocos minutos regresó con varios pares de zapatos. Todas eran zapatillas y azules. Lo que variaba era el tamaño del tacón y el diseño. Hikari pensó que todos eran hermosos. Elegir uno le tomó más tiempo del que consideró. Se había dicho que no le importaba demasiado lo que vestiría, pero ningún accesorio lograba convencerla del todo.
—Estos zapatos son perfectos para tu vestido azul —le dijo Mimi.
—Gracias, Mimi, son perfectos para mi cita.
—¿Cita? ¿Cuál cita? —preguntó Mimi notablemente interesada.
—La que tendré esta tarde con Daisuke.
—¿En serio? —preguntó Mimi notablemente sorprendida —. ¿Hablas del Daisuke que conozco? ¿el compañero de Veemon? —Hikari asintió —. ¿Cuánto tiempo tienes para prepararte?
—Dos horas.
—¡Eso es muy poco tiempo! —comentó Mimi escandalizada —. Necesitaré refuerzos.
—Puedo estar lista en media hora o menos.
Mimi se apresuró en pagar por la ropa que había comprado. Hikari apenas tuvo tiempo de hacerlo antes de hacer arrastrada a su departamento. Palmon y Tailmon las recibieron sorprendidas, Hikari sabía que sus camaradas no esperaban que regresaran tan pronto. Cuando vio a Miyako, a Sora y a Meiko supo que fue Mimi quien las había llamado, pero no en qué momento los había hecho. Tardó varios segundos en descubrir que Piyomon, Hawkmon y Meicoomon también las acompañaban pues habían ido disfrazadas.
—¿Cuál es la emergencia? —preguntó Sora, su tono de voz delataba preocupación.
—Hikari tiene una cita en dos horas y estar lista para la ocasión.
—¿Con quién? —preguntaron al unísono.
—Con Daisuke.
—¿Daisuke?
—Sí —respondió Mimi —, a mí también me costó creerlo.
—¿Qué te motivo a aceptar? —le preguntó Sora, su pregunta era sincera.
—Quise darle una oportunidad, es todo —respondió Hikari —, puede que sea una buena forma de cerrar un ciclo o saber si algo entre nosotros podría funcionar.
—Espero que las cosas salgan bien —agregó Sora —, los dos son mis amigos y no me gustaría que ninguno saliera lastimado.
Hikari había pensado en lo que Sora había dicho. No deseaba lastimar a Daisuke, mucho menos hacer que él la odiara. Simplemente sintió que era lo correcto. Cuando Daisuke la invitó a salir, quiso hacerlo, no solo por el hecho de que, si las cosas salieran mal, podrían continuar como amigos y Daisuke dejaría de insistir con algo que no podía ser.
—Y yo que pensé que Daisuke había malinterpretado las cosas cuando le pidió ayuda a Ken —comentó Miyako de forma pensativa —. ¿Cuánto tiempo tenemos?
A Hikari le causó gracia el comentario de Miyako. El que Daisuke le hubiera pedido consejos a Ken no le extrañaba, pues sabía que ambos eran buenos amigos. Solo esperaba que no exagerara demasiado. Lo que le pareció divertido era que, pese a su petición, era ella la que estaba exagerando las cosas. No imaginó que cuando Mimi supiera de su cita se lo tomara tan enserio. No era algo que debiera extrañarle y lo sabía. Mimi había hecho lo mismo con las primeras citas de Miyako y Sora, aunque en el caso de la última tuvo más tiempo. Miyako le había hecho saber de sus planes incluso antes de pedirle una cita a Ken.
—Una hora y cuarenta y cinco minutos.
—¡Es muy poco tiempo!
—Lo sé.
—Puedo estar en lista en media hora —insistió Hikari, pero nuevamente fue ignorada. Meiko y Sora la hubieran apoyada, pero ninguna pudo escuchar lo que decía. Mimi y Miyako estaban demasiado animadas.
El maquillaje y el peinado fue lo que más tiempo demoró. Miyako y Mimi no lograban ponerse de acuerdo sobre lo que le harían a Hikari. Cada vez que parecían tomar una decisión cambiaban de opinión.
—Creo que el rosado le queda bien —comentó tímidamente Meiko, era la primera vez que hablaba desde que había llegado.
—Es lindo, pero en este caso usaré aguamarina, combina con su vestido.
En más de una ocasión Hikari consideró pedirle a Mimi que se detuviera, especialmente cuando Miyako sugirió sacarle las cejas, pero cambiaba de opinión al ver el reloj. Cada vez que lo hacía sentía que tenía poco tiempo y comenzaba a sentirse un tanto nerviosa.
Tailmon fue la primera en abandonar los preparativos. Hawkmon la siguió. Mientras que esperaban se dedicaron a preparar unos bocadillos. Piyomon y Meicoomon decidieron ayudar. Del grupo de Digimon, solo Palmon estaba realmente interesada por lo que sus compañeras hacían.
—Los humanos son complicados —comentó Tailmon —, si yo tuviera una cita con Wizardmon poco me importaría la apariencia.
Tailmon se sintió un tanto avergonzada al ser consciente de su desliz y un tanto deprimida al recordar que seguía sin encontrar los datos de su antiguo compañero. Desde que se había enterado de que existía una forma de traer de vuelta a la vida a Wizardmon decidió empezar su búsqueda, en ocasiones incluso visitando diferentes universos. Esto era algo que no le había contado a nadie, ni siquiera a Hikari.
"Si Meicoomon pudo regresar, sé que existe una posibilidad de que Wizardmon también lo haga", se decía Tailmon cada vez que sentía que su búsqueda era en vano. Ni Hawkmon, Piyomon o Meicoomon dijeron algo y Tailmon agradeció por ello. El tema de Wizardmon era algo que prefería evitar y sus amigos lo sabían.
—¿Pasa algo? —le preguntó Tailmon.
—No, nada —Hikari apartó la mirada del reloj, un tanto sobresaltada —. ¿Por qué preguntas?
—Llevas un largo rato mirando el reloj.
—Solo estoy aburrida, es todo.
Tailmon asintió. Hikari tuvo la atención de que, pese a darle la razón, no le creía. Cuando Daisuke le pidió salir no se sintió ansiosa, horas antes se sentía tranquila. Incluso había ido de compras con Mimi, algo que sabía, difícilmente duraría poco tiempo. Sin embargo, conforme se acerca la hora en la que Daisuke había dicho que pasaría por ella, comenzaba a sentir como sus nervios crecían.
Decidió leer mientras que esperaba. No lograba concentrarse en la lectura. Le era inevitable observar el reloj constantemente y desear que la manecilla se moviera más rápido.
Las agujas del reloj indicaron la hora acordada, pero Daisuke no llegó. Los minutos pasaban y no había ninguna noticia de Daisuke. Hikari sabía lo despreocupado que podía ser su amigo, pero no recordaba que fuera impuntual. Lo había visto correr para no atrasarse y luego fingir que nada pasaba.
Los minutos se convirtieron en horas y no tenía ninguna noticia. Marcó al número de su amigo esperando obtener una justificación a su retraso, pero no hubo respuesta. El teléfono celular de Daisuke estaba apagado, o fuera de servicio, no prestó mucha atención a lo que decía la contestadora.
Su vestido azul se encontraba arrugado y su peinado deshecho. Imaginó que si Mimi o Miyako la vieran se sentirían muy molestas. Y que regañarían a Daisuke por su demora.
Se sintió molesta. Incluso llegó a considerar que Daisuke estaba jugando con ella, probablemente una venganza por las veces que lo había rechazado. Descartó ese pensamiento al pensar que Daisuke no era rencoroso, después de todo, fue el primero en perdonar a Ken y nunca mostró guardarle resentimiento.
Volvió a marcar. Al no recibir llamada se dijo que lo mejor que podía hacer era cambiarse. El enojo que sentía se convirtió en decepción. Cuando aceptó esa cita no pensó en algo serio, pero conforme se fue acercando la hora, se fue dando cuenta de que inconscientemente lo deseaba y de que algo comenzaba a surgir en su corazón.
La respuesta de lo ocurrido llegó dos horas después de la hora de la cita. Jun fue la que la llamó. En cuanto la escuchó hablar supo que algo andaba mal. No recordaba haber visto a Jun afligida, y sin embargo en esa ocasión estaba segura de que lloraba. El que dijera estar en un hospital la hizo sentir mucho más nerviosa de lo que estaba.
—Voy de inmediato.
Hikari hubiera querido que Tailmon la acompañara, necesitaba que lo hiciera, pero supo que lo mejor era dejarla, no contaba con la autorización para ingresar al hospital. Si no fuera porque la existencia de los Digimon había dejado de ser un secreto hubiera podido fingir que era un peluche.
—Me alegra que vinieras —le dijo la madre de Daisuke, sus ojos se veían enrojecidos y se le dificultaba hablar —, Él quería verte.
—Te llevaré a su habitación —agregó el padre de Daisuke, sus ojos se encontraban en un estado similar a los de su esposa.
Jun no dijo nada. Si Hikari no hubiera tenido tanta prisa habría notado que se encontraba llamando a los amigos y familiares. Ni siquiera preguntó por el motivo por el que su amigo estaba internado, quería comprobar por sí misma que todo estuviera bien.
El camino a la habitación le resultó eterno. Quería creer que no era nada grave, pero no podía ignorar las señales. Durante unos instantes dudó si debía entrar, pero un gesto por parte del padre de Daisuke la animó a continuar. Se dijo que no debía estar tan grave si había podido llamarla.
Daisuke se encontraba en una de las camas del hospital. Su rostro estaba pálido e incontables cables estaban conectados a su cuerpo. Reconoció una de las bolsas que se usaban durante las transfusiones de sangre. Era la primera vez que lo veía tan débil y era algo que odiaba. Su torso, lugar donde había sido herido con un puñal durante el asalto, se encontraba vendado, unas manchas rojas le hicieron temer lo peor. Tomó su mano, estaba fría, muy fría.
—Lo siento —le dijo Daisuke, su voz era ronca, apenas un susurro. Sus ojos, normalmente llenos de energía, lucían apagados.
—No te esfuerces demasiado —le dijo tratando de disimular el dolor que sentía —, por ahora solo debes preocuparte por sentirte mejor. Cuando te recuperes iremos en una cita.
Daisuke pareció sonreír cuando escuchó esas palabras. Le extendió una flor que había estado sosteniendo hasta ese momento. Se encontraba arrugada y algunos de sus pétalos se habían roto. Hikari la reconoció casi al instante, era una camelia. La aceptó temerosa de lastimarlo. Un pitido le hizo saber que el peor de los escenarios había ocurrido.
No podía ni quería aceptarlo.
La doctora que atendía a Daisuke trató de hacer algo, pero todos sus intentos fueron en vano. La herida había sido grave, había tocado varios órganos importantes, y la sangre que perdió demasiada. El que sobreviviera hasta ese momento era algo que podía considerarse como un milagro.
