Notas del autor: ¡Y así se acaba este fanfic! Muchas gracias a todos aquellos que se tomaron el tiempo para leer, y mucho más para quienes comentaron. Esta pareja necesita mucho amour~ ¿Qué opinarían de un Mpreg con ellos? :DDD
¡Gracias!
10# Dormir
Pocos eran los días que realmente podía catalogar de buenos. Era simplemente incoherente que alguien la pasara bien de sol a sombra… excepto Feliciano, pero él era una cosa extraña.
Desde la mañana hasta la noche era imposible que tuviera alegrías que quitaran su expresión de amargado. Sólo cuando estaba con Ludwig, y eso existía un alto riesgo de arruinarlo por los dramas que él mismo hacía. De verdad, ese macho patatas debía ser canonizado.
Su suerte era mierda. Así de sencillo. Todo lo malo le pasaba a él, a todas horas, catalogándolo como un pobre diablo con vida miserable.
Pero ese día ocurrió lo que nunca pensó: todo, TODO le salió bien.
Aun preparando unos tragos en la cocina no podía creer que estuviera pasando. No a él, ¡es decir! Cada que deseaba algo era 100% seguro que no lo obtendría. Por eso nunca admitía sus ilusiones, porque algo pasaría para restregarle en la cara lo imbécil que era por creer que le sucedería.
Nadie jamás, JAMÁS, imaginaría entonces cuán grande fue su alegría cuando el macho patatas le correspondió.
El amor que quería dar y recibir se veía infinitamente recompensado cuando despertaba cada mañana y lo veía preparando café. Esa había sido la más hermosa sorpresa que le dio su pésima suerte, porque la persona que amaba se quedó con él.
Ahora, nada superaría eso, pero aquel día hubo una cadena de sucesos que podría tachar de su lista de pendientes, una lista titulada "Cosas por hacer antes de que mi maldita vida me lo arruine".
Para empezar, al bajar del auto frente a su trabajo, se encontró tirado en el suelo un billete de $500.00 dólares… ¡dólares! Brillaban como un llamado del cielo, pero aun así no los recogió enseguida.
Miró para un lado, miró para otro. Alcanzó a compartir un poco de pan italiano con las palomas, y luego de santiguarse, recogió el billete, lo guardó y entró al edificio. Ningún policía pareció, nadie lo observó, ¡así que era suyo! ¡JAJAJAJA! ¡Tomen eso, bastardos!
Después, cuando ya trabajaba un poco menos estresado de lo normal, lo mandó a llamar el Jefe. Era un cobarde así que tembló y dócilmente fue a la oficina, ¡¿qué hizo?! ¡¿El dinero era de él?! ¡¿Se equivocó en alguna cuenta?! ¡¿Cometió fraude sin darse cuenta?! ¡Seguro lo despedirían y sería encerrado en la cárcel! Con esos pensamientos llegó y entró luego de pedir permiso.
Ahí estaba Lovino Vargas, esperando la condena mientras temblaba como niña. El jefe lo miró, le hizo un recuento de lo que había hecho en el último año. Dijo… dijo que estaba muy satisfecho y que sería… promovido…
¿Qué? Le parecía tan irreal esa escena en que estrechaba su mano con aquel hombre, en medio de las felicitaciones a un pobre diablo como él, ¡él! ¡Un perdedor sin ningún tipo de talento era promovido!
Tendría un horario ligeramente más flexible, unos cuantos privilegios, ¡su propia oficina en vez de un cubículo de 3x3 m! ¿De verdad hizo algo bien? Ese hombre pensaba que sí.
Salió con indicaciones de que mañana en la mañana personalizara su oficina. Claro, ahora tenía más responsabilidades, ¡pero alguien creía que podría hacerlo bien!
Inmediatamente fue a llamarle a Ludwig para decirle la noticia, ¡un mayor sueldo les daba oportunidad de hacer planes! Sonrió escuchando las felicitaciones y muy animado aceptó su invitación para ir a celebrarlo luego del trabajo.
Sin embargo, no evitó pensar que todo era extraño. A él no le pasaban cosas buenas, al contrario. Un perro podría mear su pantalón y enseguida le caía mierda de una paloma, después lo asaltarían y un auto pasaría sobre un charco sucio para mojarlo. Así era su vida, ¿Entonces por qué pasaba eso?
Llegó la hora de la salida y Beilschmidtya estaba ahí esperándolo. Estaba muy animado, por eso no le importó dejarse besar en plena calle, aun con sus compañeros presenciándolo.
No era gay, solamente el macho patatas era objeto de su amor y deseo. Cualquier otro era un fracasado a comparación del alemán.
Fueron… ¡fueron a su restaurante favorito! ¡Ese en el que era imposible hacer reservaciones de un día para otro! Mínimo con 3 meses de anticipación. Les dieron su mesa y ordenó lo que más le gustó, junto con un carísimo vino. ¡Todo era perfecto! Nunca le pasó algo así.
La cena fue exquisita, incluyendo el postre, sin mencionar que Ludwig lo animó mucho con su nuevo puesto y que… de verdad podían hacer planes. Su novio ganaba muchísimo pero nunca le había permitido correr solo con los gastos, por eso se adaptaban a una cantidad acorde a su sueldo para aportar ambos, ¡pero ahora…!
¡Podrían mudarse a una casa! Comprar mejores cosas, darse más lujos… p-p-podrían c-c-casarse y… ¡y, y, y, y, t-tener una f-familia! ¡A-A-A-A-Adoptar un b-b-b-bebé! Ya de nuevo le salía humo pro las orejas y su rostro amenazaba con explotar. Literal.
¡Fue un día increíble! ¡No se volvería a repetir sino dentro de un millón de años! Y justo después el maldito mundo se destruiría.
Sólo faltaba una cosa para que todo fuera perfecto.
Antes de pasar a la sala y darle la copa de vino a su novio, se quitó el saco, el cinturón, la corbata y de desabotonó completamente la camisa. Se despeinó para darse un aspecto más natural, sexy. Era tan buen día que se dio el lujo de correr su fantasía de que podría embarazarse esa noche.
Fue a la sala con su más sensual actitud… pero…
— ¿Ludwig?
Estaba… dormido en el sillón…
…
… dejó las copas en la mesita y observó un poco su rostro. Con tanto que pasó no había notado el cansancio del macho patatas. Tenía esas ojeras de que durmió poco y estaba ligeramente pálido.
Sonrió.
No se sentía decepcionado para nada. Aún podía dar el toque final.
Fue por unas mantas al cuarto, y sentándose a su lado, echó las telas sobre ambos. Muy pronto ya estaban calientitos y pudo cerrar tranquilamente los ojos.
Dormir juntos era todo lo que necesitaba.
