Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia le pertenece a AngstGoddess003. Y está siendo traducida por varias personas en el Blog de A.P.
Capítulo 10: Cóleras de Dulce de Leche con Nueces.
Traducido por: Ioreth y Lucía.
*Edward*
Dejé a Bella para ir a clase de Inglés con un suspiro pesado. Había roto todas mis jodidas reglas. No podía lamentarme por completo de hacerlo. Lo había visto todo desde mi mesa. Mi chica valiente con su cabeza bien alta y la espalda recta, luciendo toda crecida y mirando directo al monstruo. Usando al pobre y confiado Emmett como su conejillo de indias. Me sentí orgulloso. Luego esperanzado. Después asustado. Al final, cabreado.
Admito, aunque me llevaría el secreto a la tumba, que una pequeña parte de mi cerebro estaba analizando si el estado de Bella en verdad sería tan grave como ella lo hacía parecer. Nunca había sido testigo de primera mano. Y ella no solo me había permitido tocarla, sino también apretarla fuertemente contra mi cuerpo. Me parecía un poco exagerado que yo fuera realmente tan distinto a los demás para ella.
Pero cuando vi toda la cosa suceder, me sentí como una mierda por pensar algo así. Porque, evidentemente, era exactamente tan malo como había dicho. Ese sentimiento primario de culpa fue lo que me obligó a abandonar el comedor. Afortunadamente, Jazz no había notado la extraña crisis emocional desarrollándose detrás de él. Así que le solté una sarta de mentiras sobre que tenía que ir fumar un cigarrillo, y corrí tras mi chica.
Cuando la encontré en la parte trasera de la escuela, jodidamente acurrucada y temblando, era todo lo contrario a la Bella que había visto en el comedor, lista para enfrentarse al monstruo. Lucía como una niña perdida, llorando y jadeando, necesitando que alguien estuviese putamente allí. Así que rompí las reglas. Porque su monstruo le había ganado y nada de lo que yo pudiera hacer podía ser peor que eso.
Aún así, ahora necesitaba más que nunca atenerme a las normas. Porque si alguien alguna vez descubría que tenía a Bella durmiendo en mi cama cada noche, lo entendería todo mal. Asumirían toda la mierda como no era. Ella sería la víctima y yo sería el cabrón manipulador. Y Brandon definitivamente haría que me arrestaran por algo tan enfermo y retorcido como eso. Y no la culparía por ello.
=:=
Durante la semana siguiente, Bella y yo fuimos perfeccionando una nueva rutina. Ella llegaba antes, a las diez en vez de la medianoche, y seguía trayéndome la cena, y yo todavía seguía disfrutando de cada bocado. Ella escuchaba música en su sitio en el sofá y me miraba comer. Si no estábamos muy cansados, ella leía uno de mis libros y yo dibujaba en la cama mientras hablábamos de toda la mierda que había pasado ese día. Cuando uno de los dos estaba demasiado cansado para seguir despierto, el otro dejaba lo que estaba haciendo y nos preparábamos para ir a la cama. Era una situación muy dependiente. Siempre quid pro quo.
Mi chica empezaba a sentirse más cómoda en mi habitación. Me dijo esa primera noche que era como su santuario, y por eso, le concedí felizmente acceso sin restricciones a mi cuarto de baño, lo cual usaba agradecida. Ella traía otro bolso consigo, más pequeño, y siempre se pasaba por lo menos diez minutos en el baño aseándose por la noche.
Cuando ambos estábamos listos para acostarnos, nos echábamos totalmente vestidos sobre las mantas. Bella nunca se quitaba su sudadera, y yo jamás me cambiaba la ropa de la escuela. Me imaginaba que los dos estaríamos más cómodos con un montón de capas de ropa entre nosotros. En las primeras noches, aún quedaba algo de incomodidad en el ambiente cuando nos metíamos en la cama. Pero no duraba mucho después que apagábamos la lámpara. Era como por instinto o alguna mierda rara. Girábamos uno hacia el otro y sin vacilaciones nos rodeábamos con nuestros brazos. La sensación de Bella pasando sus pequeños dedos por mi cabello siempre me hacía suspirar. Esa mierda era muy jodidamente agradable. Luego, después de unos segundos se ponía a tararearme, y yo la abrazaba a mí aún más fuerte, cosa que siempre parecía gustarle. Creo que esa era la clave de Bella para dormir. Le gustaba ser sostenida, sintiéndose a salvo. Y por alguna jodida razón, yo le hacía sentir de esa manera. Así que nunca dude en apretarla firmemente contra mí. Y no podía evitar aspirar el olor de su cabello sedoso. Flores y Galletas. Ese aroma era por sí solo como una canción de cuna.
Siempre me dormía primero, pero nunca dudaba que mi chica tardaría mucho después de mí. En algún momento durante la noche, nuestras piernas se enredaban entre sí. Pero dormíamos profundamente. Quiero decir, realmente putamente profundo. Ni siquiera la peor de las tormentas eléctricas de Forks nos despertaría. Nunca teníamos pesadillas, y jamás recordaba nada de la noche anterior después de la canción.
Por las mañanas, la alarma sonaba a las cinco y media, incluso los fines de semana. Bella odiaba el puto reloj. Siempre me abrazaba con más fuerza, como si eso pudiera hacer que el sonido ofensivo desapareciera, pero yo siempre me alejaba con un gruñido. Porque también odiaba esa maldita cosa, y no podía esperar para pararlo.
Ella pasaba sus obligatorios diez minutos en el cuarto de baño cada mañana. Haciendo lo que coño sea que hacen las chicas en el cuarto de baño por las mañanas. Cepillarse los dientes o el cabello, o hacer planes para salvar a los cachorros de foca en el ártico. Yo qué mierda voy a saber. El cuarto de baño siempre estaba libre de cualquier prueba incriminatoria cuando salía, y siempre recogía sus cosas y las metía en la mochila cargándosela a la espalda. De camino hacia la puerta, me sonreía y dejaba una bolsa de galletas en mi mesita de noche. Y yo siempre le devolvía la sonrisa, porque las jodidas galletas me alegraban el día.
Una vez que ella estaba a salvo en el patio (a veces, cuando todavía estaba muy oscuro, me asomaba a las cortinas para asegurarme), yo comenzaba mi propia rutina de la mañana, con una ducha y el afeitado, disfrutando volver a ser una persona normal.
Jazz todavía seguía esperándome en la acera de su casa, pero ahora llegaba a su casa antes de lo habitual. Como dormía, me sentía más seguro con la velocidad, que era algo que disfrutaba mucho. La escuela era lo mismo de siempre. Aún evitaba a todos, incluyendo a Bella. Todavía me la cruzaba en los pasillos, pero no me permitía a mi mismo mirarla, porque si lo hacía, probablemente le sonreiría. Y todos se preguntarían por qué Edward Cullen estaba sonriéndole a la chica nueva. Qué se jodan. A ella nunca parecía importarle. Y realmente no debería teniendo en cuenta que era la persona más cercana a mí, incluyendo a Jazz.
Podía notar que seguía estando tensa en la escuela. Hacía todos los esfuerzos necesarios para mantenerse a distancia de todo el mundo. Siempre con la capucha alta y la cabeza baja y nunca hablaba con nadie, excepto con Brandon. Pero no tuvo ninguna crisis más, gracias a Dios.
Siempre me pasaba la hora de la comida saboreando sus deliciosas galletas. Jazz miraba la bolsa, curioso, muriéndose de ganas de preguntarme de dónde demonios las sacaba, pero sabía que no podía hacerlo. Luego regresaba a comer y a soñar despierto con Brandon. No me importaba. De vez en cuando me permitía una mirada a la mesa de mi chica, que siempre estaba leyendo. Me había dicho que Emmett nunca le mencionó el incidente del apretón de manos. Me alegré de eso, porque realmente no quería tener que patearle el culo. Estaba bastante seguro que esa no sería una pelea de la que saldría indemne. El cabrón era enorme. Y Carlisle se enfadaría. Sin mencionar, que en realidad no había sido su culpa.
Nos pasábamos Biología ignorándonos completamente el uno al otro. En el caso de que tuviéramos que hacer juntos algún trabajo, hablábamos lo menos posible dadas las circunstancias. Newton siempre mantenía los ojos convenientemente lejos de nosotros.
Después de la escuela, dejaba a Jazz y volvía a casa. Esperaba en mi habitación hasta que Daddy C. llegaba a casa, y luego arrastraba el culo por las escaleras para hablar con él un poco. Le gustaba esa mierda. Siempre charlábamos sobre algunos de los nuevos equipos médicos del hospital o algún nuevo libro que había leído. Pero siempre evitaba contacto con Emmett. Todavía me sacaba de quicio.
Luego, a las diez, mi chica subía a mi balcón y empezábamos con toda la rutina de nuevo. La rutina era perfecta. Después de solo una semana, ya no podía imaginarme viviendo sin ella. Eso solo me hizo estar más decidido a mantenerme firme a mis reglas. Bella parecía más feliz de lo que jamás la hubiese visto. Y esa mierda también me hacía feliz. Incluso parecía más sana. Los círculos de sus ojos desaparecieron por completo después de siete días, e imaginaba que los míos también. Era como sentirse humano por primera vez.
En algún rincón de mi mente, sabía que ambos dependíamos demasiado de la rutina. Que no podría durar para siempre. Así que decidí simplemente disfrutar todo lo que fuera posible de ella, ahora que aún podíamos.
*Bella*
Una semana entera. Siete noches de completa felicidad al lado de Edward. No se parecía a nada que hubiera experimentado antes. Todos los días esperaba ansiosa a que fueran las diez de la noche. Empecé a ir más temprano. Le dije que era porque quería horas extras de sueño, pero realmente me impacientaba por verlo. Por tocarlo. Me encontraba a mí misma cocinando los platos favoritos de Alice, Esme, y de Edward inconscientemente, y luego empaquetando las sobras y guardándolas en mi mochila. Siempre empezaba una nueva hornada de galletas a las nueve, puntualmente, y en vez de tres bolsitas con cremallera ahora había cuatro.
Tenía una batalla interna conmigo misma cada día para no salir por la puerta antes de las diez. Y nunca veía las diez y uno en el reloj del microondas. Y si antes pensaba que era una profesional escalando el entramado de madera, ahora probablemente podría escribir un libro sobre el tema; (siempre comienza en el quinto peldaño, evita el duodécimo por la izquierda porque cruje cuando lo pisas, cuando llegues al balcón, sube seis escalones más hasta la barandilla, evita el segundo a la derecha que tiene una fractura, si lo presionas de forma incorrecta, se romperá).
Edward siempre estaba esperándome cuando llamaba a la puerta, y siempre me bajaba la capucha de la cabeza nada más entraba en su habitación. Por alguna razón, no le gustaba. Comía en el medio de su cama, como antes, y yo lo observaba mientras lo hacía, disfrutando de cada uno de sus gemidos y tarareos. Fingía que escuchaba música, pero en realidad solo tenía puesto un auricular para poder escucharlo mejor.
Unos días atrás, ninguno de los dos estábamos demasiado cansados como para irnos a la cama. Bueno… él no estaba demasiado cansado. Yo siempre me moría de ganas por meterme en la cama con él, daba igual si estuviese cansada o no. Pero a pesar de mi impaciencia, me gustaba su compañía, y amaba hablar con él. Así que cogí uno de sus libros e intenté leer mientras él dibujaba. Nunca avanzaba mucho en el libro antes de que empezáramos una charla ligera.
Intentaba esperar hasta que él estuviera lo suficientemente cansado como para irse a dormir, pero hubo un par de veces que no aguanté más, y cerré el libro para indicarle que ya estaba lista. Parecía que no le importaba parar de dibujar. Me dejaba usar su baño para cepillarme los dientes y el cabello, y lavarme la cara. Me daba pavor irme a la cama, al lado de Edward, con mal aliento. Él nunca se duchaba mientras yo estaba allí, así que asumí que se duchaba por las mañanas, como yo. Pero se pasaba un ratito en el baño mientras yo lo esperaba en la cama.
Nunca nos cambiábamos la ropa del instituto. Era bastante incómodo dormir con vaqueros y sudadera, pero yo estaba demasiado cohibida en sacar el tema. Y como estábamos totalmente vestidos y no cogíamos frío, nunca dormíamos debajo de las sábanas. Todo este asunto era algo así como íntimo pero aún así extrañamente parecido a un acuerdo de negocio. Sin embargo, no podía conseguir que me importara. Estaba tomando lo que pudiera de él. Y era un montón.
Una vez que la luz se apagaba, Edward no dudaba en girarse hacia mí y estrecharme entre sus brazos. Me encantaba. Vivía para ello. Mi cabeza iba automáticamente a mi lugar en su pecho. Todas las noches, progresivamente, me iba abrazando más fuerte, y me hacía sentirme segura entre sus brazos, siempre relajándome. Le encantaba cuando acariciaba su cabello; siempre suspiraba contra el mío cuando lo hacía. Y cuando comenzaba a tararear su canción, se quedaba dormido rápidamente. Yo me quedaba despierta un rato más, simplemente disfrutando del momento y respirando su aroma. Presionando mí cuerpo contra el suyo tan cerca que nuestras piernas se enredaban.
Nunca soñaba nada, y me levantaba con el sonido de ese estúpido y horrible despertador. Me abrazaba con fuerza a Edward, esperando que no se apartara de mí, pero siempre lo hacía. Aunque bueno, estaba bien, porque siempre me decía a mí misma que lo repetiríamos en diecisiete horas. No es que lleve la cuenta ni nada parecido.
Corría al baño tan rápido como podía. Mi cabello siempre era un desastre. Creo que a Edward realmente le gustaba hundir su cara en él. Lo que, por supuesto, no me molestaba en lo más mínimo. Me aseguraba de guardar todas mis cosas, antes de dejarle en la mesilla de noche, su bolsa de galletas. Siempre le echaba una o dos miradas asesinas al despertador mientras lo hacía.
Cuando llegaba a casa me duchaba antes que Esme se levantara, y solía tener el desayuno preparado en cuanto Alice y ella entraban en la cocina. Con la excepción de cierto despertador, descubrí que me gustaba madrugar por las mañanas. ¿Quién iba a decirlo?
La escuela me bajaba muchísimo mi buen humor. Estaba tan alerta que la presencia de todo el mundo parecía invadir mi calma. Me esforzaba más que nunca para mantener mi apariencia apática. Supuse que estaba funcionando porque no tuve más incidentes.
Edward todavía me ignoraba, pero nunca esperaba algo diferente. Me consoló aquel día después de mi crisis y rompió las reglas. Eso significó mucho para mí. Pero no esperé nada más después de eso. Cuando lo veía en el pasillo, pensaba que solo faltaban doce horas para volver a estar con él. Otra vez, no es que lleve la cuenta o algo. Siempre tenía la misma mirada aburrida en su cara, enviando una mirada asesina a cualquiera que estuviera caminando demasiado cerca de él.
La comida siempre era un momento tenso. El pobre Emmett no volvió a intentar hablar conmigo después que me disculpara el viernes, el día después del incidente por estrechar las manos. Así que mantuve toda mi atención en el libro y las galletas. Aunque echaba un par de ojeadas a Edward a través del comedor, donde estaba comiendo las galletas que le dejaba por la mañana. Eso siempre me hacía sonreír. Y no me importaba un rábano que me ignorara en Biología. Podía olerlo desde mi asiento y eso siempre calmaba mis nervios.
Alice y yo volvíamos a casa y pasábamos el rato juntas después de la escuela. Me pedía que la dejara vestirme, y yo me negaba en redondo cada vez. Cuando empezaba a hacer pucheros solo tenía que hacer algún comentario sobre la ropa que Jasper llevaba ese día. Luego me pasaba horas escuchándola hablar de él en su cama. Era algo que me hacía sentir como una chica normal. Lo único malo era que no podía contarle nada sobre Edward.
Yo no estaba ignorando mis sentimientos hacia Edward. Sabía que me gustaba más que como amigo, y que amaría que él me viera de la misma manera. Pero era obvio que no era de ninguna forma así para él. Y no estaba dispuesta a arriesgar todo nuestro acuerdo al revelar esos sentimientos. Una parte de mí esperaba que con el tiempo él me viera como algo mucho más que una amiga y como el medio para un fin. Y otra parte se sentía totalmente egoísta por querer más, cuando ya estaba recibiendo tanto.
=:=
Era viernes otra vez, y estaba en gimnasia, disfrutando del hecho que fuera la última clase de la semana. Teníamos que ponernos esos horribles uniformes de gimnasia, pero el profesor permitía que me dejara la capucha arriba. Estábamos jugando al baloncesto, y por suerte, los equipos masculinos y femeninos estaban divididos, así que no corría el riesgo de que me tocaran. Desafortunadamente, mi alegría no duró mucho, porque Jessica Stanley estaba en mi equipo.
Estaba sentada dos asientos debajo del mío en la grada, con su desagradable cabello rizado suelto, y estaba inclinada hacia Samantha, que estaba sentada a su lado mientras las dos masticaban chicle.
Jessica y Samantha hablaban de sus conquistas mientras las del equipo femenino esperábamos a que los chicos terminaran su partido. Yo batallaba y luchaba por no escuchar lo que estaban diciendo. Estaba intentado distraerme con cualquier cosa; el tacto de la bola de baloncesto que sujetaba, lo absurdo que era llevar una sudadera con pantalones cortos, los chirridos en la brillante pista de madera mientras los chicos se disputaban el control del balón, incluso intenté discretamente taparme las orejas con las manos. Deseé tener mi propio iPod y allí me distraje en formas en las que podría sugerirle a Alice que me comprara uno. Pero una vez que dijeron su nombre, mi mente automáticamente reaccionó en contra de mi voluntad y todo lo que me rodeaba se disolvió, excepto el sonido de su voz, chillona, molesta y nasal.
—Edward Cullen —dijo Jessica asintiendo. No tenía ni idea de lo que habían dicho antes, y ahora ya no podía ignorarla—. Definitivamente mi mejor polvo. Sin lugar a dudas. No hay comparación.
Mi visión se volvió roja y la sangre me hirvió. Ya me había imaginado que se habían acostado juntos, pero esta era la primera vez que me lo confirmaban directamente. Su horrible cabello estaba a pocos centímetros de mi pie, sobre la grada. Fantaseé con agarrárselo, y arrancárselo a tiras. Samantha estalló en carcajadas.
—Sí, sabía que ibas a decir Cullen. Aunque fuese un polvo en el asiento trasero del auto. —Sacudió su cabeza en desacuerdo, mientras Jessica simplemente se encogía de hombros.
En ese instante tuve dos conflictos emocionales. Estaba aliviada a más no poder de que no hubiera sido en su cama. En la misma cama donde dormíamos juntos. El saber que eso había pasado allí simplemente arruinaría para siempre mi santuario. Pero ahora tenía más detalles que no quería saber. Ahora tenía una imagen gráfica en mi mente, y no la quería.
Las dos se apoyaron en las gradas y pusieron los pies en los asientos de delante.
—Entonces, Jess… —empezó a decir Samantha con su escandalosa voz—. Pásame el informe de Cullen. —Sonrió.
Se me paró la respiración y peleé conmigo misma para dejar de escuchar esa voz tan molesta. Horribles shorts verdes… Mascota divertida… Suelo brillante…
—Da unos besos jodidamente espectaculares… —Jessica sonrió y se enroscó un mechón de cabello.
Sacudí la cabeza e intenté concentrarme más para aislarme, apretando la pelota entre mis manos. Arcaico equipo de gimnasia… Deficitario sistema escolar de Washington… Pitas de pollo asado con verduras…
—Y, por el amor de Dios, esas manos… —Suspiró soñadora.
Apreté los dientes, bajé el balón con fiereza, e intenté distanciarme de la conversación con mis pensamientos. Teorema de Pitágoras… Teoría de la Relatividad… En cada acción hay una reacción igual y opuesta…
—Por no mencionar que es del tipo silencioso, pero por supuesto, le gusta hablar sucio… —Hizo un globo con el chicle.
Cerré los ojos y sacudí la cabeza frenéticamente, presionando las puntas de mis dedos contra la pelota tan fuerte que dolían, y pidiéndome a mí misma no escuchar esa voz. Newtons Sangrientos… Alfombra dorada… Ojos verdes...
Jessica se lamió los labios.
—Y el sonido que hacía cuando le chupaba su…
Lancé la pelota con fuerza contra la horrible cabeza rizada de Jessica, empujándola hacia delante y cortando de golpe sus palabras. Se agarró la parte de atrás de su cabeza, y se giró para mirarme.
—¡Eh! ¡¿Cuál es tu puto problema, fenómeno?! —Chilló.
Todo el gimnasio inmediatamente se quedó en silencio por su grito estridente, y todo el mundo me miró. Mi mandíbula todavía estaba cerrada con tanta fuerza que me dolían los dientes. Clavé mi mirada por el gimnasio para ver todas las miradas confusas. Pero estaba acostumbrada a que miraran como si fuera un bicho raro, y de ninguna manera me iba a disculpar con Jessica por lo que había hecho.
Justo cuando me iba a levantar para alejarme de aquella situación, el entrenador hizo sonar su silbato, indicando que nos fuéramos a los vestuarios. Todos dejaron las pelotas y comenzaron a salir del gimnasio, mirando en nuestra dirección. Jessica todavía estaba de pie, con el ceño fruncido, mirándome con furia. No iba a disculparme. Me puse de pie, más alta que ella en la grada de arriba, y empecé a caminar hacia el vestuario con mi capucha puesta y la cabeza baja.
=:=
Las diez en punto no podían llegar lo suficiente pronto. Estaba de peor humor desde la clase de gimnasia, y sabía quién era la única persona que podía mejorarlo. Cada vez que cerraba los ojos podía verlo, y no quería. Deseaba lavarme el cerebro con lejía para borrar todas aquellas imágenes. Quería encontrar la manera de borrar de mi memoria todas las cosas que ella había dicho. Pero no importaba lo que hiciera, siempre estaban ahí, una y otra vez, volviéndome loca.
La verdad, era irracional que sintiera celos de Jessica. Sí, había tenido a Edward de una manera que yo, probablemente, nunca podría. Pero yo tenía a Edward de una manera que ella, definitivamente, jamás tendría. Eso era lo único que me consolaba un poco.
Así que cuando llegó la hora, empaqueté las Cóleras de Dulce de Leche con Nueces que acababa de hacer, guardándolas junto a la mochila llena de comida para Edward, y salí por la puerta.
Llamé rápidamente al cristal de la puerta francesa, moviendo mi pie con impaciencia. Finalmente me abrió, parándose enfrente de mí con su camisa negra y vaqueros oscuros, con el cabello cayendo por delante de sus ojos verdes, y una expresión de calma en su cara. Se movió para dejarme pasar, y en cuanto la puerta se cerró, levantó la mano, como siempre, y me bajó la capucha. Con esas manos. Me estremecí un poco, y empecé a desempaquetar su cena.
Comió con alegría. Demasiada alegría. Todos esos gemidos y gruñidos hicieron que las visiones apareciesen ahora con banda sonora. Y los sonidos que hacía… la voz de Jessica volvió a mi mente. Me encogí de nuevo.
Estaba tensa en su sofá, agitando una pierna con rapidez, repiqueteando mi rodilla con una mano. Tenía que borrarlas. Tenía que hacer algo para eliminar esas imágenes de mi mente.
—¿Qué pasa contigo? —Me preguntó Edward desde su cama, con su voz suave, una vez que terminó de comer.
Sacudí la cabeza y le dediqué una sonrisa, probablemente forzada, y para nada creíble.
—No pasa nada —le respondí con dulzura.
—Y una mierda —dijo Edward con simpleza, arqueando una ceja, expectante.
Dejé escapar un profundo suspiro. Él siempre notaba cuando algo iba mal. Debería saberlo ya a estas alturas. Me eché hacia atrás y me quité los zapatos para abrazar mis rodillas. Todavía estaba mirándome, esperando una respuesta en cuando me acomodara. De ninguna manera iba a contarle a Edward qué era lo que realmente me molestaba. Sería demasiado obvio. Así que, en lugar de eso, decidí hacer lo mismo que él solía hacer conmigo.
—Simplemente he tenido un día horrible. —No estaba mintiendo.
Me miró como si estuviera esperando que me explayara en el tema, pero no había posibilidad alguna de que lo hiciera.
—Vale —dijo lentamente, mirándome con cautela—. ¿Quieres hablar de ello? —Me preguntó preocupado. Negué con mi cabeza despacio y cerré los ojos, rezando para que no siguiera con eso. La habitación se quedó en silencio durante un rato largo, y mantuve los ojos cerrados—. Hey —susurró suavemente.
Abrí mis ojos despacio, rogando con mi mirada que por favor, lo dejara pasar.
Me miró durante unos breves minutos. Entonces, despacio, alzó sus brazos delante de mí, como si me ofreciera un abrazo. No me lo pensé. Me levanté del sofá e intenté andar lo más despacio que pude hasta su cama. Aún así fui demasiado rápido. Me subí a la cama y me tiré a sus brazos con fuerza, tanta que casi lo tiré hacia atrás. Enterré mi cabeza en la curva de su cuello, aspirando su aroma y dejando que me relajara mientras me abrazaba a él con fuerza.
No dijo nada. Simplemente se inclinó hacia atrás para apagar la luz antes de tumbarnos en nuestra posición habitual. Después de un rato largo acariciando mi cabello y frotando mi espalda, sentí que llegaba el cansancio. Así que comencé a acariciar su cabello y a tararear su canción, acunándolo para dormir. No le llevó mucho tiempo.
Podía sentir sus manos en mi espalda, enredadas en mi cabello, y dejé que esas sensaciones borraran las imágenes de sus manos sobre Jessica. Al fin y al cabo, yo era la que estaba en su cama todas las noches.
Muchas gracias por los reviews y alertas.
Muchas gracias a Ioreth y Lucía por traducir este capítulo.
Nos leemos en el siguiente (El capítulo que viene es como un regalo de la autora, así que la semana que viene subiré tres días a la semana –Lunes, miércoles y viernes-. Así que nos leemos el lunes). Si les gustó o no, dejen reviews. El adelanto lo enviaré en los reply de reviews.
