Dean sintió frío en todo su cuerpo y creyó que caía por una enorme pendiente. Los pies dejaron de notar el suelo debajo de ellos y las manos no consiguieron agarrarse a nada. no había nada a su alrededor estaba cayendo por la más absoluta oscuridad, como si de Alicia por el agujero del conejo blanco se tratara y tan sólo podía esperar.

Sin embargo, en su caso, todo fue mucho más rápido, en pocos segundos y tras una sacudida en su estómtado tocó suelo y la habitación se iluminó a su alrededor como si de magia se tratara.

"¡Sammy!" Dijo llamando a su hermano, pero pronto pudo comprobar que estaba completamente sólo, Sam no aparecía por ninguna parte. En un momento estaban en Saint Mary a punto de encontrarse con Lucifer y un instante más tarde estaba completamente sólo en aquella enorme habitación. "¡Sam!" Volvió a gritar, pues no quería pensar que su hermano se había quedado allí sólo ante la inminente llegada del señor de las tinieblas.

Se levantó del suelo y dio un par de pasos, pero un momento más tarde escuchó algo a su espalda. Fue un sonido muy leve, algo que no podría haber oído si no estuviera acostumbrado, si su oído de buen cazador no estuviera preparado para que alguien fuera a atacarle por la espalda.

Se dio la vuelta con rapidez y se lanzón contra su agresor, dispuesto a darle un buen golpe en el rostro para dejarlo fuera de combate. Sin embargo, no llegó hacerlo, la otra persona se movió demasiado rápido, tanto que pudo ni siquiera ver de quien se trataba.

Se tambaleó y estuvo muy cerca de perder equilibrio, pero apoyó con firmeza las dos piernas en el suelo y se recompuso. Sabía que ahora estaba nuevamente detrás de él, lo sentía, no podía escucharlo en esa ocasión, pero sabía que estaba allí, mirándole y se preguntó porque no le había atacado todavía. Estaba seguro que se trataba de un demonio y que ahora que Lucifer había escapado de su prisión otros muchos le seguirían hasta el mundo de arriba.

"Si quieres matarme no te quedes ahí parado y ven a por mi, porque te puedo asegurar que no te será nada fácil cogerme por sorpresa."

"No intento cogerte por sorpresa Dean." La voz le cogió por sorpresa, incluso le sobresaltó aunque consiguió aparentar serenidad dentro de su nerviosismo. "Sólo quería verte."

"¿Cass? Dios mío yo pensaba que ese arcángel… creí que…" Castiel dio un paso hacia él, sin perder su porte siempre sereno y extrañamente tranquilizador que hacía parecer que todo estaba bien, por mucho que el final del mundo estaba demasiado cerca. "¿Qué pasó?"

"Eso no importa ahora. No tenemos mucho tiempo."

"¿Y Sam, donde demonios está mi hermano? ¿Por qué me has sacado del convento y has dejado a mi hermano allí? ¿Todavía no te has dado cuenta que o somos los dos o ninguno? No nos puedes separar por mucho que me…"

"Si, te quiero, no lo voy a negar y tal vez haya hecho dos o tres cosas fuera de lo que tenía ordenado para salvarte o ayudarte, pero estás muy equivocado, no te he sacado del convento, ni siquiera he llegado allí todavía."

Dean lo miró extrañado. Todavía no comprendía porque Castiel le hacía las cosas tan difíciles, porque no era capaz de decir las cosas tal cual eran y hablar en su retorcido lenguaje de ángel.

"Sabía lo que iba a ocurrir y tenía que hablar contigo antes de que el Apocalipsis comenzara en la Tierra. No podía dejar las cosas como si nada entre nosotros."

"Un momento, ¿sabías que todo esto iba a ocurrir? ¿Cuánto hace de eso, antes o después de que dejaras salir a mi hermano de la celda de Bobby? No me mires así, lo se desde el principio, pero supuse que tendrías un buen motivo para hacerlo, no para ayudar a tus amigos traidores a sacar a Lucifer de su prisión."

"No tuve otra elección Dean, entonces no la tenía y cuando me di cuenta de mi error, intenté hacer lo mejor que pude para ayudarte. Al menos ahora tu hermano y tu estáis otra vez luchando juntos." Dean abrió la boca para decir algo, pero no lo hizo. En parte, Castiel tenía razón, Sam y él estaban otra vez juntos y ahora podrían luchar contra Lucifer como un equipo de nuevo.

"Pero no esperes que te de las gracias por lo que hiciste." Dijo Dean con toda la rabia que encontró en su interior. "¿Entonces que, estamos en mitad de la nada, en el mismo sitio donde me encerrasteis para que no ayudara a mi hermano o nos hemos ido de dimensión? Tal vez debería llamar a Stephen Hawkins para que me lo explique."

"¿Podrías callarte un momento?"

"¿Realmente? No, porque tengo un par de cosas por decirte y espero que consigas crear un poco de tiempo extra porque no voy a parar hasta que lo haya dicho todo, al menos me merezco eso."

Con una fuerza sobrenatural, Castiel empujó a Dean contra la pared sin llegar a soltarlo, haciendo que perdiera el contacto con el suelo por unos segundos. Dean escuchó el crujir de su espalda al chocar contra el muro pero no dijo nada; la rabia contenida, el dolor por como había sido manipulado por todo el mundo y la incertidumbre de no saber lo que había ocurrido a Sam.

"¡Sueltame!" Se revolvió pero Castiel estaba usando demasiada fuerza con él y tras unos cuantos intentos se estuvo quieto. "Cass sueltame o te juro que…"

"¿Qué? ¿Tengo que recordarte quien soy y lo que puedo hacerte?" Dean sonrió.

"Creo que ya me lo has demostrado de sobras en la cama, pero si quieres luego puedes poner al día y de paso te enseño un par de cosas. Pero antes quiero volver con mi hermano, así que ya me estás devolviendo."

"No, todavía no." Dijo Castiel con absoluta contundencia. "Primero tenemos que hablar, antes de que todo se vuelva completamente loco."

"Primero mi hermano, no voy a dejar que digas nada o que me hagas nada hasta que sepa que mi hermano está bien. Así que vamos, sácame de esta maldita habitación antes de que empiece a patearte el culo, porque sinceramente Cass, estás empezando a irritarme bastante."

De repente, Dean dejó de respirar y tardó unos segundos en darse cuenta que la mano de Castiel estaba apretando su cuello. También dejó de hablar, precisamente lo que el ángel había querido, y estaba seguro que en pocos minutos dejaría de sentir nada si Castiel no le soltaba de una vez.

Pero entonces le besó con fuerza, apretó sus labios contra los del cazador con tanta rabia que le hizo daño y le escuchó quejarse con un gemido. Dean intentó soltarse, estaba seguro que aquello le gustaba pero no podía quitarse a Sam de la cabeza. Además el dolor en todo su cuerpo se acercaba a ser insoportable, siempre y cuando no pensara que se estaba quedando sin aire.

Pero entonces llegó, el aire inundó sus pulmones y aunque durante un momento no supo de donde provenía, el calido aliento de Castiel atravesando su cuerpo le dio la respuesta. Levantó los brazos y se abrazó a él, necesitaba un lugar a donde agarrarse y además, por mucho que tratara de ocultarlo, siempre se sentía seguro cuando Castiel le tocaba y le protegía con sus brazos.

El ángel apartó su mano del cuello de Dean, pero este no intentó separase de nuevo, cogió con más fuerza el abrigo de Castiel y lo atrajo hasta que apenas podía respirar por lo cerca que lo tenía.

"Sabes que te odio ¿verdad?" Dijo Dean jadeando cuando Castiel lo dejó libre. Creyó que caería al suelo, pues sentía que las piernas se le doblaban, pero se quedó ahí, apoyado en la pared, con la gabardina de Castiel cogida con fuerza entre sus dedos y sus ojos verdes clavados en los del ángel.

"Lo se."

"¿Dónde está mi hermano?"

"Ya te lo he dicho, sigue en el monasterio, igual que tu. No estamos en realidad aquí, no te has movido de donde estabas. No es fácil de explicar y tampoco tengo mucho tiempo. Piensa tan sólo que tu alma está aquí conmigo."

"Siempre, ya lo sabes, desde que te conozco." Quiso decir Dean en voz alta, ero la situación no lo permitía y de todas formas eso destruiría su figura de tipo duro.

"¿Entonces que es lo que quieres de mi?" Dean empujó débilmente a Castiel, aunque más bien fue como si tratara de mover una roca muy pesada y no pudiera más que desviarla unos centímetros de su posición.

"Precisamente eso, a ti, por unos minutos, durante un momento saber que estás bien y así pode decirte…"

"No se te ocurra decirlo, te conozco demasiado bien a estas alturas y te puedo asegurar que no es el mejor momento para ponernos sentimentales. Así que no lo digas, porque no quiero saberlo."

Por mucho que su voz sonaba serena, el cuerpo de Dean no estaba diciendo lo mismo, sus manos se habían quedado paralizadas, pues lo que más deseaban era tocar el cuerpo del ángel, sus ojos fijos en la mirada azul de Castiel, deseaban romper a llorar, pero los nervios no le dejaban hacerlo.

"Tengo que hacerlo."

"No."

"Dean."

"He dicho que no." Quería oírlo, el mismo quería decirlo desde hacía tiempo, pero su mente y sobretodo su corazón le decían que eso rompería el hechizo, que expresar sus verdaderos sentimientos haría que no volviera a ver a Castiel, que lo perdiera para siempre, que sus compañeros se lo llevaran de su lado. Porque al fin y al cabo las cosas nunca salían bien para los hermanos. "No lo digas y llévame con mi hermano, cuando todo esto termine hablamos."

"¿Y si esto nunca termina? ¿Y si tu o yo acabamos muertos antes de que esta guerra termine?" El cuerpo de Dean se tensó. ¿Por qué había tenido que decir algo así? ¿Por qué siempre tenía que haber muerte rodeando su vida?

Dean siempre había querido ser un chico normal, un ser humano con un trabajo, una vida familiar y las navidades con todos sus seres queridos. En lugar de eso, la muerte y la desgracia siempre estaban a su alrededor y ahora no era una excepción.

"Dean ¿estás bien?"

"¿Por qué tendría que estarlo? Quieres decirme que me quieres porque crees que mañana podemos estar muertos. Tuviste meses en los que nos hemos estado acostando, me has ayudado a salir de un terrible agujero en el que no era capaz de ver la luz del exterior, hasta que llegaste tu, me has salvado la vida más veces de las que podría recordar, porque me quieres. Y resulta que me lo vas a decir ahora porque no crees que tengamos un futuro. Pues no lo quiero oír, no hasta que Lucifer esté muerto o encerrado otra vez, no hasta que estemos tranquilamente sentados en un sofá y nuestra mayor preocupación sea que es lo que vamos a cenar."

Castiel volvió a besarle. Si algo que no soportaba era ver sufrir a Dean, tal vez se tratara de su alma humana, del cuerpo que estaba ocupando, pero el sufrimiento de Dean le destrozaba a él más que la mayor de las heridas. Abrazó el cuerpo del cazador con fuerza, pero ahora este no se resistió, tan sólo dejó que arrastrara si cuerpo lentamente hasta un sofá que estaba pegado en la pared.

"Creo que tan sólo nos quedan unos minutos hasta que volvamos a la normalidad. No diré lo que anhelo decirte si eso es lo que deseas." Castiel se sentó en el sofá y lentamente hizo que Dean se sentara sobre sus piernas. Tomó el rostro de su compañero con ambas manos y poco a poco besó las esquinas de su boca y finalmente se apoderó otra vez de su boca. "¿Crees que podríamos pasar estos minutos sentados en este sofá, en silencio, pensando en lo que cenaremos cuando todo esto acabe?"

"¿Y que hay de mi hermano?" Djio Dean entre suspiros."

"Está bien, cuando vuelvas no se habrá dado cuenta de tu marcha y si no se lo dices nunca lo sabrá." Apretó el cuerpo de Dean y de nuevo lo escuchó gemir.

"¿Unos minutos dices?"

"Sólo unos minutos." Terminó diciendo Castiel, al mismo tiempo que iba depositando el cuerpo de su compañero en el sofá.