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Reboot
Historia original de Athey y Diana Law
Traducido por AriHerondale
¡Advertencia, Lemon & Juegos Sangrientos!
EPOV
Pareció pensativa durante un minuto, antes de que una sonrisa astuta se extendiera por su rostro.
—Con una condición.
Levanté una ceja, preguntándome qué podría estar pidiendo, y sabiendo que sin importar lo que fuera, se lo daría en un latido para garantizarme otra oportunidad de repetir lo que acabábamos de hacer.
—¿Y cuál podría ser esa condición? —pregunté, sonriéndole en la tenue luz de la mañana.
Ella bajó la mirada tímidamente por un momento, y se sonrojó de un profundo tono rojo, antes de levantar la mirada y encontrarse con mis ojos.
—Déjame corresponderte —dijo, decididamente con una sonrisa maliciosa, casi tan grande como la mía.
Noche del viernes
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EPOV
Estaba en el cielo absoluto. No había nada que se pudiera comparar con esto. Todavía estaba en medio de mi clímax desde mi segundo intento en la sangre mensual de Bella, y ahora me sentaba en mi sofá de cuero negro, ahora colocado contra una pared para dar cabida a la nueva cama tamaño queen que ocupaba el centro de la habitación, y no solo por tenía las sensaciones más increíbles imaginables, sino también la vista más erótica: la hermosa cabeza de Bella, balanceándose de arriba a abajo sobre mi eje erecto.
La vista de sus labios, de color rojo intenso e hinchados por nuestros besos anteriores, al envolverse alrededor de mi polla, fue casi inquietantemente excitante. Tan solo la vista sería más que suficiente para causar mi perdición; especialmente con mi mente todavía alborotada por lo que acababa de hacerle minutos antes. El sabor de su sangre menstrual todavía estaba en mi lengua y el olor todavía flotaba espeso en el aire.
Bella me había hecho una felación después de que nos casáramos y fuera transformada, pero nunca como humana. Esto era nuevo. Y el calor era… oh dios mío…
Solo sirvió para recordarme lo que vendría después. Por supuesto, más adelante, un condón estaría involucrado, y realmente no tenía idea de qué esperar de eso.
Era viernes por la noche, y Bella estaba en mi habitación, de rodillas, inclinada ante mí, dándome la mejor mamada de mi vida. Por supuesto, podría argumentarse que esta fue en realidad mi primera y única mamada hasta ahora, pero recordé claramente el puñado de veces cerca de El Final, donde Bella comenzó a ser curiosa y aventurera en la cama y expresó por primera vez su deseo hacer esto por mí.
Una parte de mí odiaba la idea de que estuviera de rodillas, dándome un oral. Esta era la del caballero dentro de mí que criaron hace un siglo. El… bueno, seamos honestos aquí, el mojigato, en el que me volví después de muchas amargas décadas de celibato solitario, al verse obligado a observar las interacciones íntimas y las fantasías obscenas de todos dentro de un radio de dos kilómetros a mi alrededor.
Esa parte de mí pensaba que este acto —que estuviera arrodillada, metiéndome a su boca— era degradante para ella. Pero el hecho es que ella me pidió hacerlo. Insistió en que lo quería, y en ese momento estaba gimiendo a mí alrededor, enviando las más increíbles vibraciones a través de mí.
Oh Dios se siente increíble…
Luché contra mis ojos, tratando de mantenerlos abiertos, necesitando mirarla. El caballero dentro de mí estaba perdiendo por completo contra el ser humano de 17 años, todavía enterrado profundamente dentro de mí, y traído tan fuertemente a la superficie por mi hermosa esposa.
O… prometida… o… lo que sea. Mi Bella.
Este pensamiento logra provocar una punzada de dolor. Sabiendo que a los ojos de todos los demás, apenas somos "novio y novia". Mi familia sabe, en un nivel académico, que Bella es más para mí que una novia, pero ninguno de ellos piensa en ella como mi esposa, y solo unos pocos están pensando en ella como mi "probable futura esposa".
Tomó una cantidad ridícula de esfuerzo de mi parte conseguir que todos aceptaran salir de la casa por la noche, a pesar de que la mayoría de ellos había planeado originalmente ir a cazar esta noche de todos modos. Cuando llevé a Bella a casa hoy, justo después de la escuela, Alice nos estuvo esperando ansiosamente con la intención de robarme a Bella por lo que ella consideraba que era "un momento muy necesario de chicas". Me hubiera negado rotundamente, a pesar de que su argumento silencioso de que no le había dado suficiente tiempo para conocer a Bella en absoluto me causó una momentánea punzada de culpa; pero Bella aparentemente estuvo anticipando el ataque de Alice, y cedió sin luchar.
Rosalie no estaba a la vista esa noche, y sabía que era la única razón por la que Emmett finalmente cedió a sus silenciosos intentos mentales de "instruirme" sobre los pasos adecuados para "preparar" a una mujer para un "buen sexo", y que finalmente dejara la casa.
Como si no hubiera estado al tanto de los malditos e íntimos interludios de él y Rosalie durante la mayor parte de un siglo…
Pero incluso cuando finalmente se fue, ya habían pasado tres horas desde la llegada de Bella, y un centenar de súplicas susurradas mías para que él se fuera, y que no hiciera nada que hiciera sentir a Bella avergonzada o incómoda.
Esme quería quedarse por unas pocas razones, todas puras por supuesto, pero todas aún eran frustrantes para mí. Ella quería más oportunidades para conocer y hablar con Bella. Le dije que podía hacer eso por la mañana e incluso le sugerí que considerara preparar el desayuno de Bella. Le gustaba esa idea, bastante en realidad, pero también quería estar presente esa noche para brindarle a Bella cenas y meriendas, y cualquier otra necesidad humana que pudiera tener Bella, que de alguna manera ameritara un toque maternal. Por supuesto, ya tenía la cena bien planeada y lista para la noche.
Esme solo quería con tantas ganas ser útil, que me sentí culpable y le pedí que dejara la casa por lo menos durante unas horas. Al menos hasta que Bella estuviera dormida. Pero ella lo entendió, y se fue con los planes de encontrarse con Carlisle una vez que su turno terminara, y que los dos salieran a cazar solos. Sus planes se volvieron íntimos, y rápidamente volví a centrar mi atención en otra parte.
Jasper no tenía ningún argumento en contra de irse, pero no iría a ninguna parte hasta que Alice lo hiciera, y Alice estaba siendo obstinada. Cada vez que traté de discutir con ella para apresurar sus intentos inútiles de hacer a Bella más bella de lo que ya era, me regañaba mentalmente que la dejara en paz, divirtiéndose.
Seguí sintiendo que había algo escondido en el fondo de sus pensamientos que no estaba compartiendo conmigo, y después de tres horas de Barbie Bella, finalmente logré entender que era.
Estaba preocupada.
Temía que esta noche pudiera ser peligrosa. Sabía que teníamos la intención de consumar nuestra relación y temía por mi control.
El hecho de que ella estuviera preocupada, me preocupaba. ¡Había sido absolutamente firme en mi creencia de que podía manejar esto, especialmente después de mi éxito con el cunnilingus durante su período! Si pude hacerle eso a Bella y mantener a raya al monstruo, estaba seguro de poder hacerle el amor.
Arrastré a Alice fuera de su habitación, insistiendo en que la dejaría volver a Bella en un minuto, pero que necesitábamos hablar, y la arrastré a la Biblioteca.
—¿Qué has visto, Alice? ¿Hago algo? ¿Hay alguna posibilidad de que lo pierda? —le susurré frenéticamente una vez que estuvimos solos, y supe que no había posibilidad de que Bella lo escuchara.
—¿Qué? No…
—Entonces, ¿por qué diablos estás preocupada?
—Bueno… quiero decir, honestamente Edward, es natural. Ustedes dos han estado juntos dos semanas, ¡y ella es tu cantante!
Hice una pausa, confundido. Me di cuenta de que no estaba del todo en la misma página que el resto de mi familia. Mi mente estaba prácticamente dos años alejada de Alice, y para ella era difícil entender cuánto había cambiado de la noche a la mañana.
—¡Alice! —gruñí con irritación—. ¿Entonces no has visto que nada salga mal esta noche?
—No… ¡pero realmente me gusta Bella! Simplemente no quiero que nada salga mal y… bueno, he estado… indecisa de mirar demasiado de cerca los eventos de esta noche. Es decir… las últimas veces hice algunas visitas exhaustivas a tu futuro, encontré algunas cosas de las que preferiría no ser testigo.
Me burlé. —Por el amor de todo lo que es santo… ¡Qué creen que he tenido que soportar durante los últimos noventa años! —siseé.
—Lo sé, lo sé…
—Entonces, ¿ya tienes una idea sobre esta noche? —pregunté.
—Sí.
—¿Y la visión es sólida o borrosa?
—Bueno, parece que lo tienes muy bien planeado, así que es una visión bastante clara. —Arrugó su rostro cuando una imagen de mi cabeza plantada firmemente entre las piernas de Bella apareció en su mente.
—Entonces es más probable que las cosas salgan como lo has visto, ¿verdad? ¿Pocas posibilidades de sorpresas espontáneas?
—Sí —gimió, molesta por mis preguntas.
—Y no me la como, ¿verdad?
—Bueno… te la comes. —Hizo una mueca.
—Jesús, Alice. Sabes a qué me refiero.
—No, no la muerdes.
—Entonces, ¿por qué estás preocupada? ¿Me ves lastimarla? ¿Inyectando veneno? ¿Rompiendo huesos?
—No. Pero… todavía no puedo creer lo confiado que pareces… sobre todo esto… Quiero decir, incluso Jazz dice que no siente ninguna vacilación por tu parte. Es simplemente… raro. ¡Edward! No eres tú, no siendo increíblemente analítico y paranoico por algo como esto —siseó, y en realidad me eché a reír.
Respiré profundamente, mirando los libros más allá de su cabeza antes de mirar su cara y darle una sonrisa suave y tranquilizadora. Puse mis manos suavemente sobre sus hombros, y comencé a hablar. —Alice, tengo recuerdos de hacer esto con ella mucho. No solo cuando era una de nosotros, sino cuando era humana.
»Admitiré que la primera vez que estuvimos juntos logré hacer algo de daño. Ella dice que nunca le dolió, pero sí le dejó un poco de hematomas, y me odié por ello. Esa experiencia fue muy difícil para mí, y después de eso me dediqué a no volver a tocarla hasta que la cambiaran, solo para evitar daños mayores.
—¿Pero? —Alice insistió.
—Pero eso no funcionó exactamente. —Me reí entre dientes—, Bella no lo permitiría. Así que trabajamos en ello lentamente. Practicamos y aprendí la mejor forma de manejarla yo mismo.
»Sí, es humana. Sí, es frágil. Pero ya aprendí a lidiar con eso. Estoy seguro. Por favor, Alice, confía en mí. No estaría haciendo esto si no creyera que puedo. Ella es muy importante para mí.
La sonrisa de Alice regresó. Fue suave y asintió. Bien. Confío en ti. Hizo una pausa, sumida en sus pensamientos por un momento antes de sacudir la cabeza y soltar una risita. Realmente es extraño. Es como si te hubieras convertido en una persona distinta de la noche a la mañana. Pero no de mala manera. Todavía eres tú… solo que un tú... feliz.
Sonreí, bajé la cabeza y sonreí tímidamente.
Luego ella soltó una risita y me guiñó un ojo. —Diviértete esta noche —dijo con una sonrisa astuta mientras se daba la vuelta y volvía para terminar con Bella.
Sonreí de vuelta. —Eso pretendo.
Lo que nos lleva de vuelta a este momento, sentado en mi sofá, dejando a Bella corresponderme.
Ella ahuecó sus mejillas, y aumentando el espacio en su boca, chasqueando la lengua contra la parte inferior de mi eje y luego rodeándolo alrededor de la base de mi cabeza.
Querido señor, era buena en esto...
Ella había expresado su preocupación sobre no ser capaz de presionar lo suficiente con su lengua humana, para hacer el trabajo correctamente. También le preocupaba su relativa falta de experiencia, ya que solo poseía recuerdos borrosos sobre su desempeño como vampira.
Esta preocupación en particular nos llevó a una conversación sobre sus inseguridades sobre si esto sería lo suficientemente bueno para mí, ahora que tenía recuerdos de nuestro tiempo juntos como vampiros para compararlos.
Intenté todo lo que pude para tranquilizarla, pero al final, me di cuenta de que la única manera de calmar sus preocupaciones era simplemente hacerlo para que ella pudiera verlo de primera mano. Ambos estábamos ansiosos por esto. No específicamente ella "yendo abajo", sino el hecho de intimar. Echaba de menos tener intimidad con mi esposa. Quería poder abrazarla y ser uno con ella. Echaba de menos sentir que nuestros cuerpos se movían juntos. Extrañaba la gloriosa euforia que solo experimentaba con ella. Yo era completamente adicto a ella. Cien años de celibato solo sirvieron para amplificar lo increíble que se sentía estar con ella ahora, y yo quería eso. Esa conexión. Esa increíble sensación.
En este momento, no tenía absolutamente ninguna duda de que su boca y lengua humanas eran más que capaces de realizar este acto en particular a la perfección. La sensación de ella a mí alrededor; la vista de sus labios envueltos alrededor de mí, y de su cabeza moviéndose arriba y abajo; sentir su cabello entre mis dedos mientras la acariciaba suavemente…
Estaba gimiendo ruidosamente con cada sacudida de su cabeza. Su pequeña y cálida mano estaba envuelta alrededor de la base de mi pene, apretando y acariciando al ritmo de sus atenciones orales. El fuego ardiente que su toque enviaba directamente de mi ingle al resto de mi cuerpo, era felicidad. Era demasiado placer. Tan bueno. Dios mío, era incluso mejor de lo que mis recuerdos me habían llevado a creer. Este sentimiento era mucho más que cualquier placer que pudiera recordar.
Mis ojos se cerraron, y mi cabeza colgaba hacia atrás, sacudiéndose de lado a lado a lo largo de la parte posterior de mi sofá. Todo mi cuerpo temblaba por el esfuerzo que hacía para no meterme en su boca, pero sabía que podía ser algo potencialmente peligroso, así que me mantuve quieto.
Bajó la otra mano y con vacilación tocó mi escroto. Mis ojos se abrieron. Esto era nuevo… Palmeó suavemente por un momento, antes de rodar mis bolas en su mano. Un gemido sobresaltado se escapó de mis labios ante la increíble nueva sensación que esto me trajo, pero aparentemente mi pequeña descarada apenas estaba empezando.
Lentamente, liberó mi escroto y deslizó su mano hacia atrás con la palma hacia arriba, extendió su índice y su dedo medio y comenzó a masajear suavemente mi perineo.
—¡Oh Dios! —gemí en voz alta, totalmente sorprendido por lo bien que se sentía la suave presión.
¿Dónde demonios aprendió eso?
Fue tan bueno. Demasiado bueno, de hecho, cuando sentí que mis bolas se apretaban rápidamente y sentí mi inminente liberación.
—Bella… yo… Oh Dios. Tan bueno. Amor, voy a… ¡Oh, Bella!
Ligeramente golpeé su cabeza en advertencia, pero ella solo apretó más y chupó más fuerte. Con un tremendo gemido, exploté en su garganta, jadeando, temblando y gimiendo en éxtasis.
Bella le dio una última vuelta a su lengua por mi eje, antes de darle un rápido beso en la cabeza y sentarse sobre sus rodillas con una sonrisa petulante y satisfecha en su cara.
Me senté en el sofá, sin fuerzas, en la felicidad coital, sonriendo como un tonto.
Ella se levantó y se sentó en el sofá junto a mí. Inmediatamente me volví hacia ella, y la tomé en mis brazos, acariciando con mi nariz en el pelo que cubría su cuello y hombros. Cavé a través de él hasta que llegué a la piel de su cuello, donde comencé a besar y mordisquear en broma la carne suave que había allí. Bella se estaba riendo y retorciéndose por las caricias juguetonas de mis labios.
Después de un momento, mis besos se volvieron más lentos y abrí mi boca contra ella, consciente de mis dientes en todo momento. Ella se retorcía, y su respiración se hacía cada vez más pesada y trabajosa.
Mi mano viajó distraídamente sobre su torso, hasta el dobladillo de su camisa, donde la deslicé debajo. Levanté mi mano lentamente, dejando un rastro helado con mi dedo. Bella se retorcía de nuevo, pero por una razón diferente ahora. Movía sus caderas de un lado a otro en el sofá, frotando sus muslos para obtener fricción. Solo usaba bragas, que insistió en volver a ponerse después de mis primeros cuidados, y el aroma de su excitación, mezclado con su sangre menstrual, llegó rápidamente a mi cabeza.
Giró la cabeza y usó su mano para apartar mi rostro de su cuello y clavícula haciendo que llegara a sus labios. Nos encontramos y gemí en su boca, degustando su intenso sabor. Mi mano llegó a su destino, y toqué el pecho con su sujetador de satén, rodeé su pezón con el pulgar y lo sentí como un guijarro debajo de la fina y delicada tela.
Continuamos besándonos durante casi quince minutos, antes de que la intensidad alcanzara su punto máximo, y maniobramos fuera del sofá, permaneciendo con nuestros labios unidos durante casi todo el viaje hasta la cama, y retirando la ropa torpemente durante todo el recorrido.
La acosté sobre la cama, en toda su hermosa gloria desnuda, y me acurruqué sobre ella, continuando con nuestros lánguidos besos. Podía sentir el calor que salía de ella, y mi polla dolía con impaciencia. Gruñí y me alejé, sentándome sobre mis rodillas. Gimió ante la pérdida de nuestro contacto, y vio como me inclinaba rápidamente hacia la mesa lateral y agarraba la envoltura del condón.
Lo sacó de mi mano y lo abrió con sus dientes, examinándolo con curiosidad. La miré vacilante. No tenía idea de qué esperar de esto, pero ninguno de los dos quería correr ningún riesgo hasta que ella comenzara el control de natalidad, lo que no sería hasta que terminara su período.
Una vez que descubrió qué lado iba arriba, lo puso sobre mi punta y lo desenrollo. La sensación del látex en mi carne era increíblemente extraña, pero lo dejé pasar cuando ella tomó mi cabeza entre sus manos, y tiró de mí mientras se recostaba contra las almohadas. Me acurruqué entre sus piernas, deslizando una mano entre nosotros, extendiendo sus fluidos por sus labios, y deslizando mis dedos dentro de ella por un momento, asegurándome de que estuviera preparada.
Levanté mi mano, y lamí su sangre y lubricación natural de mis dedos, gimiendo por el sabor intoxicante que era todo Bella. La oleada de excitación que me recorrió fue intensa, y luché por contenerme y no simplemente empujarme en ella. Tenía que recordarme que, físicamente, Bella era virgen, y que esto probablemente sería incómodo para ella al principio.
Respiré profundamente para estabilizarme, y lentamente comencé a entrar en ella. Se quedó sin aliento, y aguanto la respiración mientras avanzaba lentamente dentro de ella, un centímetro a la vez. El calor fue tremendo, y la presión de su entorno me resultó increíble. El látex lo hacía sentir como un calor seco, en lugar del resbaladizo y húmedo calor al que estaba acostumbrado, pero sabía que era solo un sacrificio temporal.
Presioné más allá de su delgada barrera, y Bella hizo un pequeño chillido y mantuvo los ojos cerrados con fuerza. Congelé mis movimientos, esperando que me diera una señal para continuar. Pasó un breve momento antes de que moviera las caderas y presionara hacia mí. Comencé un ritmo lento y suave.
La sensación de estar junto a Bella fue más que intensa. En un momento, Bella y yo estábamos gimiendo con cada embestida. Bella se agarraba frenéticamente a mis hombros, y sus pequeñas uñas se clavaron en mi piel de piedra.
Puse mis labios sobre su hombro, y succioné suavemente. Luego comencé a dejar besos con la boca abierta a lo largo de su carne allí. Dediqué una parte de mi mente a centrarme en mantener un ritmo perfecto y controlado con la presión y la fricción adecuadas para no lastimarla. Era tan difícil luchar contra mi deseo de avanzar más rápido, porque todo se sentía tan bien, y yo quería más.
—¡Edwaaarrd! —gimió Bella mientras sus manos se cerraban en mi cabello, tirando con una cantidad considerable de fuerza. La suave sensación de tirón era gloriosa, y gemí en el hueco de su cuello, donde mordisqueaba su piel con mis labios.
—¿Hmmm? —tarareé contra su piel.
—Más fuerte —gimió, jalando más fuerte mi pelo.
Gruñí fuertemente contra ella con un toque de frustración en mi voz. Quería tanto ir más rápido. Empujar más fuerte. Empujar más profundo. Y, sin embargo, dudaba. Tan seguro como estaba, me rehusaba a arriesgarme con mi preciosa Bella.
Aumenté un poco mi ritmo y conscientemente varié mi ritmo. El placer fue abrumador, y tuve problemas para mantener mi mente enfocada. Aparté ligeramente mi torso de Bella, apoyando mis manos sobre el pesado cabecero caoba sobre su cabeza.
Mis embestidas eran cada vez más profundas a pesar de mis esfuerzos por mantener mi ritmo más lento, pero solo parecía alentar los gemidos de Bella.
Gruñía en voz alta con cada estocada, perdido en la sensación de estar completamente rodeado por mi amor. Bajé la mirada, observando su expresión de éxtasis mientras se retorcía con mis diversos movimientos.
Dios, la amaba.
Era tan bella. Verla en este momento era mucho más que cualquier cosa que pudiera describir. Una bendición encarnada. Me sentía tan completamente unido a ella así. Compartiendo este momento con ella, y solo con ella.
Sentí que comenzó a apretarse a mí alrededor, y la presión fue fantástica. Su respiración cambió, y sus embestidas se volvieron más erráticas cuando sus músculos internos comenzaron a contraerse a mí alrededor, ordeñándome. Cayó por el borde, rápidamente llevándome con ella. Solté un gruñido, dando un par de embestidas desiguales, mientras me invadía el placer y grité su nombre.
A regañadientes, salí de ella, y extendí la mano para quitarme el condón. Lo arrojé al cubo de basura al lado de la cama, y volví a sentarme al lado de Bella, tirando de la sábana entre nosotros, y sujetándola contra mi pecho. Apoyó su cabeza en el hueco de mi cuello y suspiró feliz, aferrándose a mí.
El nivel de satisfacción que sentía en este momento era tremendo. Así era como se suponía que fuera. Así era como debía ser. Sosteniendo a Bella en mis brazos.
