DISCLAMER: NINGUNO DE LOS PERSONAJES DE HARRY POTTER ME PERTENECE.
ADVERTENCIA: EN VISTA DE LOS RECIENTES REVIEWS, ACERCA DE MIS LEMONDS, CREO QUE DEBO ADVERTIRLES QUE ESTE CAPITULO, NO CONTIENE LEMOND.
Hola, he vuelto, de mas esta decir que estoy super emocionada con la cantidad abismal de reviews que he recibido. tanto que ahora me ha dado por escribir todo en negritas y subrayado. tal parece que el amenazarlos con quitarles los lemonds es lo que mas las anima a dejar reviews. jajajaj, xD.
antes que nada quiero agradecer a todas mis lectores que deja reviews, a las que no tambien les agradezco, pero en mi corazón asi como ellas.
Sobeida S Dracul
violeta 15: bienvenida, mi nueva lectora, me alegra que te haya gustado y gracias por lo de la habilidad para los lemonds, a veces me parece que me estoy pasando de tono, o que esta muy irreal pero me alegra saber que no los hago tan mal, al menos no para ser la primera vez que los escribo. En cuanto a tu propuesta hablare de ello al final.
Merian Li
Andirula Malfoy
sailor mercuri o neptune
emmi: Ps, si el no decir lo que sientes, siempre trae problemas en cualquier relación transendental de la vida, pero no pienso hacer un drama muy sufrido porque considero que cambiaría el tono de la historia.
romiix: Que bueno que hayas olvidado el libro porque creo que apartir de aqui hacer muchos mas cambios.
princesaartemisa
malfoy19dany
JenGyPotter: interesante, prometo que les dare una mirada a esas historias en lo que tenga tiempo, a ver si me convence la pareja, asi como me convencieron los Dramiones, leyéndolos.
marie: El apodo no es mas q una forma de señalar lo pequeña en estatura que es Hermione en comparación con Draco.
the chronicles of cissy black
madeleinemarivop
littlevampireMajo
kasy M: aquí vermos mas de la faceta de Draco trabajador.
CAPITULO X
Compenetrados
Las palabras de Hermione seguían resonando en la cabeza de Draco dos días después, mientras intentaba concentrarse en los preparativos de la boda que se iba a celebrar al cabo de una semana. Prométeme que no vas a desaparecer. Pero si era ella la que se iba; en dos días, para ser exactos. Y debería sentirse aliviado. Le había estado costando concentrarse en su trabajo y una vez que Hermione se fuera, quizá al fin podría centrarse en la boda del infierno.
Pero lo único que ansiaba era meterse en la bolsa mágica de Hermione y seguirla a Londres.
Esa mañana, en la cama, había sentido la tentación incluso mayor de pedirle que se quedara para que pudieran averiguar de una vez lo que había entre ellos. Pero Draco conocía a la familia de Hermione (los Weasley, que aparecían haberla adoptado) y sabía que el deber la llamaba. Lo había notado en el ceño que había fruncido la frente femenina cuando se había asomado al balcón de Draco. Con sus vacaciones a punto de terminar, la vida real y todas sus preocupaciones comenzaban a hincar las garras en Hermione para apartarla de la isla y llevarla de regreso con su familia y un mundo donde no había sitio para él.
Pero tampoco importaba, se recordó Draco con fiereza. No era como si estuviera listo para sentar la cabeza y tener una relación para el resto de su vida, ni siquiera con Hermione.
¿Entonces por qué anhelaba la presencia de aquella mujer por encima de todas las cosas? Al principio había intentado achacarlo a la satisfacción de una fantasía. Después de todo, llevaba casi una década codiciándola. Era de esperar que se permitiera ciertos lujos.
Pero ya habían pasado cuatro días. Cuatro de los días más asombrosos de su vida, una vida superficial y emocionalmente en quiebra, y Draco comenzaba a preguntarse qué tendría para ofrecerle su existencia una vez que se fuera Hermione.
Sacudió la cabeza e intentó olvidarse de unos pensamientos tan ridículos. Estaba drogado por el sexo. Eso era todo. El sexo con Hermione era mucho mejor de lo que lo había sido en mucho tiempo —está bien, nunca— con nadie, tanto que estaba dominado por la novedad. ¿Pero y si Hermione se quedaba allí con él? El lustre se desgastaría y con el tiempo dejarían de obsesionarle sus espesos rizos castaños y la sensación que sentía cuando le rozaban los muslos cuando Hermione bajaba la cabeza para…
¡Tierra llamando a Draco!
La bola arrugada de papel lo golpeó en toda la boca entreabierta.
—Tienes que llamar al proveedor de licores otra vez —dijo Pansy mientras agitaba una factura delante de él—. El precio que nos dio por el champán, es inferior a lo que nos está cobrando.
Draco sacudió la cabeza en un intento de despejarla de cualquier visión de Hermione y su perfecta y rosada boquita.
—Perdona. Estoy un poco distraído.
Pansy puso los ojos en blanco.
—Eso es porque tienes toda la sangre en la otra cabeza.
Draco esbozó una sonrisa avergonzada pero no discutió. Pansy tenía razón y estaba empezando a ser un auténtico problema. En los últimos cuatro días, Draco había cometido un error en el pedido del catering, se había liado con las reservas de la familia de la novia y había colocado a ocho de ellos en una quinta de dos dormitorios en lugar de en una de las mansiones, y sin querer había puesto la dirección de la novia en un correo que le había mandado a Pansy y en el que llamaba a la futura esposa «fulana malcriada y más agarrada que un chotis.
Menos mal que Pansy había podido solucionar sus desastres. Incluso así, y si no faltara solo una semana para la boda, a Draco no le cabía duda de que la novia ya habría cambiado de escenario.
—Esto no es propio de ti —dijo Pansy por centésima vez esa semana—. Por lo general siempre estás muy centrado. Jamás te había visto ponerte tan tonto por una mujer.
Draco hizo una mueca y clavó los ojos en las facturas que tenía encima de la mesa. Por eso precisamente debería alegrarse de que Hermione se fuera en un par de días. Estaba distraído por completo en un momento en el que, desde luego, no podía permitírselo. Esa boda podía ser un don del cielo para sus relaciones públicas o un desastre, y estaban tan cortos de personal que tanto Pansy como él tenían que concentrarse al cien por cien en la boda y en llevarla a su fin sin ningún contratiempo.
Sin embargo, se había pasado la mañana luchando contra el impulso de escaquearse del trabajo, ir a buscar a Hermione y arrastrarla hasta su casa. Pero se tragó el resentimiento de tener que desperdiciar en el trabajo un solo momento de los días que le quedaban a ella en la isla y se centró en lo que le estaba diciendo Pansy.
—No quería decirte nada —continuó Pansy— porque lo cierto es que pareces feliz, pero te necesito aquí, Draco. No puedo hacer esto sola y lo sabes.
—Es verdad, lo sé. Y desde ahora mismo, ya estoy aquí, al cien por cien. Hermione tendrá…
¿Yo tendré qué?
Draco sintió que el cerebro se le convertía en gachas cuando la causa de su distracción, apareció en la puerta de su despacho con un aspecto delicioso, con aquel alegre vestido de playa estampado de flores y sujeto por unos tirantes muy finos. Calzaba unas chanclas de tacón alto muy poco prácticas y la mirada masculina se tropezó con el reflejo plateado del anillo que le rodeaba el cuidado dedo corazón del pie derecho.
Draco sintió una tensión incómoda en la entrepierna cuando recordó que había estado chupando ese mismo dedo esa mañana, con el pie de Hermione apoyado en su hombro mientras su miembro se abría camino por el sexo femenino. Poquito a poco, centímetro a centímetro, tal y como a Hermione le gustaba…
¿Yo tendré qué? —repitió Hermione.
Draco le echó una rápida mirada a Pansy, que lucía una expresión severa y expectante. Trabajar. Eso. Centrarse. Cómo no.
—Tendrás que entender que tengo que anular el almuerzo para poder resolver unos detalles de la boda que estamos organizando.
—La actriz, ¿no? —preguntó Hermione mientras se acercaba al escritorio de Draco para mirar por encima de su hombro.
Pansy le lanzó a Draco una mirada furiosa.
¿Se lo has dicho? ¿Sabes cuántas veces me ha puesto a parir Dan el Capullo insistiendo en lo importante que es que nadie averigüe que Julia va a celebrar su boda aquí? —Dan el Capullo era el apodo cariñoso que le había dado Pansy al jefe de seguridad de Julia—. Te juro que si aparece por aquí un solo periodista, yo te mato.
Hermione intervino antes de que Draco pudiera responder.
No tienes nada de qué preocuparte. —Y levantó una mano para darle énfasis—. Créeme, entiendo la necesidad de discreción que exige el tema.
Pansy asintió y se volvió a acomodar en su sillón mientras lanzaba, un suspiro exasperado.
A decir verdad, parte de mí siente la tentación de filtrárselo a la prensa para que Julia cancele la boda. Está siendo un auténtico coñazo con todo —dijo Pansy.
Antes de que Draco pudiera detenerla, Hermione cogió la factura del distribuidor de licores y se le formó una arruga adorable en la frente cuando la leyó.
Sabréis que os están cobrando más de la cuenta por estas cajas —dijo Hermione.
Ya lo sé —respondió Pansy—. Nos dijo trescientos cincuenta galeones por caja pero ahora dice que dado que la cantidad ha cambiado, tiene que cobrarnos trescientos setenta y cinco galeones…
Hermione la interrumpió con una carcajada áspera.
No, me refiero a que os está cobrando de más de verdad. No es la primera vez que trabajo con estos tíos y sé que pueden haceros un precio mejor.
Draco sintió que se le ponían los pelos de punta al oír lo que insinuaba Hermione, que era demasiado estúpido para saber cuándo lo estaban timando. Sabía lo que estaba haciendo, coño, y solo porque ella fuese la bruja más inteligente de su generacion, no significaba que tuviera idea de cómo sacar adelante un evento como aquel.
—Creo que ya nos ocupamos nosotros de eso —le soltó a Hermione—. ¿Hay algo de lo que quieras hablarme?
Draco fingió no notar la mirada herida que le lanzó Hermione aunque necesitó de toda su fuerza de voluntad para no sentarla en su regazo y besarla hasta que lo perdonara.
—Vine a ver si querías comer conmigo —dijo Hermione—, pero es obvio que no es un buen momento.
Se dio la vuelta para irse pero antes de llegar a la puerta oyó la voz de Pansy.
¿Así que conoces a alguien en Kingsley's?
Por supuesto, el dueño es el hermano menor de Kingsley Shacklebolt, el ministro de magia —dijo Hermione—. Podría llamarlos por vosotros si queréis.
—No… —empezó a decir Draco.
¿Por qué no? —Pansy se encogió de hombros—. Toma el número.
—Ya me lo sé —dijo Hermione mientras se encaramaba al borde del escritorio de Pansy y marcaba.
Draco y Pansy la observaron y escucharon, conmocionados y admirados a la vez. En la conversación más dulce y civilizada que Draco había oído jamás, Hermione se las arregló para negociar el precio de su proveedor de licores y bajarlo otro treinta por ciento.
—Eso ha sido… —empezó Pansy.
—Impresionante —terminó Draco por ella.
—Gracias —dijo Hermione con un encogimiento de hombros—. Teniendo en cuenta que es como me gano la vida, es agradable saber que se me da bien mi trabajo. (Hermione trabajaba en el ministerio y como delegada de protección de las creaturas mágicas en peligro de extinción se encargaba constantemente de negociar con empresas que atentaban contra el habitad de esta criaturas)
—Yo creía… —comenzó Draco pero Hermione lo interrumpió.
—Sé exactamente lo que creías. Pensabas que el mío no era más que un título sin sentido, que porque soy la heroína y mejor amiga del jefe, nunca me he molestado en trabajar de verdad.
Hermione se tomó el silencio de Draco como un asentimiento. No sabía, por qué le sorprendía tanto, ni por qué le dolía tanto que Draco la viera como la veían, todos los demás. Una pretenciosa, creída, que se aprovechaba de ser amiga de el niño que vivió, cuyo trabajo no era más que un título en una tarjeta de visita con su nombre en un elegante relieve.
Era cierto que disfrutaba de un estilo de vida muy agradable, cortesía de su participación en la guerra, pero también le gustaba su trabajo como delegada de protección de creaturas mágicas en peligro de extinción, y se rompía los cuernos para asegurarse de que las recepciones que organizaba superaran todas las expectativas.
Bajo su dirección, se habían protegido y garantizado la subsistencia de varias criaturas en graves peligros y todo sin recurrir a medidas extremas de sanción contra organismos privados.
Hermione contuvo el impulso de hacerle una lista a Draco de todos sus logros. No tenía que justificarse ante él. Pero era una dosis de realidad que le costó asumir después de la idílica semana que habían pasado juntos. Mientras ella se iba enamorando de él cada vez más, él la veía como una chica de la alta sociedad, superficial y ociosa. Lo cual no era la receta ideal para vivir felices para siempre.
Pansy se quedó mirando a Hermione con una expresión especulativa en los ojos.
Draco, ¿puedo hablar contigo un minuto? —Pansy se levantó y le señaló la puerta con un gesto.
Draco la siguió al pasillo y dejó a Hermione allí, dándole vueltas a la cabeza, Hermione no oyó nada de la conversación, solo susurros apagados junto a la puerta. Contuvo el impulso de acercarse a escuchar y se quedó donde estaba, sentada en el escritorio de Pansy.
Regresaron al cabo de unos minutos; Pansy parecía impaciente y satisfecha, Draco indudablemente incómodo.
Esto te va a sonar muy raro —dijo Pansy con las manos juntas—, y no se me ocurriría pedírtelo si no fueras una amiga tan… —hizo una pausa y le lanzó una mirada de soslayo a Draco— íntima de Draco.
Hermione se apoyó en el borde del escritorio de Pansy y le hizo un gesto para que continuara.
Supongo que te habrá contado que nuestro jefe de catering nos dejó sin avisar hace unas dos semanas y que también hemos perdido a otros miembros de nuestro personal…
¿Queréis que os ayude con la boda? —la interrumpió Hermione.
—Te lo agradeceríamos más de lo que te puedes imaginar —dijo Pansy con una sonrisa de alivio.
La expresión de Draco era tan sombría como la de Pansy satisfecha.
No sé, Pansy. No te ofendas, Hermione, pero una cosa es hacer una llamada y usar tu nombre para conseguirnos un buen precio y otra organizar los detalles de un evento de esta magnitud.
Ah, no me digas —dijo Hermione, el desdén chorreaba de cada una de sus palabras—. ¿Y cuántos «eventos de esta magnitud» has organizado tú? —preguntó cuando sabía de sobra que la respuesta era cero patatero—. Porque solo el año pasado fui la coordinadora de la función de beneficencia para los elfos libres conde se logro establecer el fondo para los libertos. —Hasta Draco, que nunca le había prestado mucha atención a esos asuntos, reconoció que el evento había sido todo un acontecimiento ya que incluso varios ex mortífagos sangre pura habían decidido colaborar y hasta darle libertad a todos sus elfos —. Asistieron mil personas, Draco, así que creo que puedo echar una mano en una boda diez veces más pequeña.
Draco no parecía demasiado convencido y Hermione sabía exactamente lo que estaba pensando. Que su idea de coordinar una boda se limitaba a elegir las flores y sugerir langosta como plato principal. Bueno, obras son amores, pensó. Hermione disfrutó de la oportunidad de demostrarle que se equivocaba y enseñarle que ella era mucho más de lo que parecía.
Muy bien —dijo—. Hagamos un trato. Dame el resto de la tarde para trabajar contigo. Sí lo único que hago es estorbar y no contribuyo con nada, me voy a casa el sábado como estaba planeado.
De acuerdo —dijo Draco con tono brusco y la instaló al otro lado de su escritorio.
Dos horas después, Hermione había reorganizado por completo sus archivos y había ideado cuatro menús diferentes para satisfacer las incomprensibles preferencias de Julia Bowden. Después se reunió con el chef y utilizó hasta el último gramo de su adorable hechizo juvenil y sus ojos chocolate, hasta tal punto que el cocinero se mostró encantado de preparar todos los platos para que Julia Bowden los catara y aprobara cuando llegara.
Y para perplejidad de Pansy y su infinito agradecimiento, Hermione había hablado con Dan el Capullo y lo había convencido — ¡y para colmo sin gritos ni maldiciones!— que no había razón alguna para rodear la isla con yates repletos de guardas armados para mantener a la prensa a raya.
Al final, Draco se levantó de su sillón y levantó las manos.
Lo admito. Siento haberte subestimado. Sí todavía estás dispuesta, me encantaría que te quedaras y nos ayudaras con la boda.
Hermione sabía que su sonrisa era bastante engreída pero no pudo evitarlo.
—Quizá se me pueda persuadir, depende de la oferta.
Draco estiró la pierna para rozarle la de ella bajo el escritorio.
—Puedo ofrecer grandes beneficios —dijo moviendo las cejas.
Hermione se echó a reír; su anterior irritación comenzaba a desvanecerse bajo la fuerza de aquella sonrisa. La verdad, ¿quién podía culparlo por subestimarla? Si ni siquiera su propio padre putativo, el señor Weasley sabia cuan duro trabajaba, y eso que era su jefe.
La verdad es que necesitamos tu ayuda —le dijo Draco, ya más en serio. El Slytherin se cruzó de brazos y se derrumbó en su sillón.
Tampoco tienes que poner esa cara —dijo Hermione.
Piensa cómo te sentirías tú si tuvieras que pedirle a un huésped que está pagando una fortuna para alojarse en tu complejo que te ayudara con un evento. Es embarazoso, por no decir otra cosa.
Hermione entendía cómo se sentía Draco. Sabía bien la presión que implicaba ocuparse de todos los caprichos de un huésped sin aparente esfuerzo. Permitir que alguien viera el trabajo que costaba arruinaría la ilusión.
Es que yo no soy un huésped cualquiera, soy tu… —cerró la boca de golpe. Guau, había estado a punto de referirse a sí misma como su novia. Eso sí que lo habría hecho huir despavorido—. Soy tu amiga —empezó otra vez— y resulta que tengo mucha experiencia con este tipo de cosas.
Y por supuesto se te devolverá el importe de todas tus vacaciones —dijo Pansy. Después miró a Draco en busca de aprobación.
Pansy se dirigió a su escritorio para comprobar su ordenador. Después frunció el ceño cuando empezó a recorrer la página.
Solo hay un problema… —tickleo otra vez con su varita en el fondo del bol y sacudió la cabeza—. Esto es muy embarazoso… —Miró a Hermione con una mueca tensa en la cara—. Con lo de la boda vamos a estar al completo desde el sábado, incluyendo tu quinta. Sé que es un abuso pero tenemos habitaciones de sobra disponibles en el alojamiento del personal y estoy segura de que podemos arreglar algo.
Hermione se va a alojar conmigo —interpuso Draco.
¿Contigo? —dijo Pansy sin molestarse en ocultar su sorpresa—. Pero si nadie se queda jamás en tu casa. Incluso esa vez que estábamos al completo y vino tu mejor amigo a visitarte, lo obligaste a dormir en mí casa…
Hermione sintió que se le hacía un nudo en el estómago, quizá había esperanza. Quizá eso era una señal, una indicación de que Draco quería algo más que una simple aventura. Quizá sentía algo por ella que iba más allá de la lujuria y la amistad.
¡Por Dios, tampoco es para tanto! —dijo Draco mientras se pasaba los dedos por el pelo. Miró primero a Hermione y luego a Pansy. Después repitió en un tono de voz mucho más bajo—: No es para tanto.
Hermione se miró los pies varios segundos y se centró en el rosa brillante de las uñas de los pies. Sí parpadeaba, las lágrimas que le llenaban los ojos iban a correrle por las mejillas y eso sería la humillación definitiva.
Siempre se le había dado bien ocultar sus emociones y no ceder a las lágrimas de frustración o rabia delante de nadie. Y desde luego tampoco pensaba hacerlo delante de Draco. Así que no era para tanto. Quedarse en su casa no significaba nada, como tampoco acostarse con él. ¿Acaso no llevaba toda la semana repitiéndose lo mismo?
…
Hermione se pasó los dos días siguientes trabajando codo a codo con Draco y Pansy para organizar los últimos detalles de la boda. Draco había insistido en que tenía que divertirse también y se había asegurado de que esa tarde tuviera tiempo de sobra para disfrutarlo en la playa o en la piscina con Amy, Jen, Kara y Chrissy. Las chicas se iban a la mañana siguiente y después de eso, Hermione se pasaría todo el tiempo ocupada, ayudando a Draco y Pansy con los últimos preparativos de la boda que se iba a celebrar a la semana siguiente.
Incluso a pesar de la insistencia de Draco, Hermione se sintió culpable al tomarse la tarde libre. Parte de ella todavía estaba resentida por las dudas iniciales de Draco. Siempre había tenido la sensación de que tenía que trabajar más y echar más horas que los demás para demostrarles a los otros empleados que no había conseguido aquel trabajo solo por puro nepotismo. Y la presión se multiplicaba en aquella boda porque quería demostrarle a Draco lo bien que hacía su trabajo, que podía contar con ella.
Con todo, era un placer alejarse de él unas cuantas horas, despejarse un poco y empezar a lidiar con unas emociones que se le estaban yendo de las manos. Era una situación peligrosa. Si bien Hermione siempre se había llevado bien con él y había disfrutado de su amistad, cuanto más tiempo pasaba con Draco, más crecía su admiración por él. Le encantaba la inteligencia de aquel hombre, su penetrante perspicacia empresarial, su capacidad para manejar las crisis y seguir motivando a un personal al que ya se le exigía un esfuerzo sobrehumano.
Y le encantaba notar que él comenzaba a confiar en ella y le permitía hacer lo que mejor sabía hacer Hermione: organizar los detalles y asegurarse de que todas las partes implicadas en el evento quedaban satisfechas, con la seguridad de que todo iba a salir a la perfección. La madre de la novia ya había llamado a Pansy para felicitarla por su nueva coordinadora de bodas.
Es fabulosa —se había entusiasmado la señora Bowden—. Por supuesto que sabía que lo tenías todo controlado —matizó de inmediato—, pero es un placer saber que Hermione nos está cuidando.
Menuda impresión después de solo una llamada de teléfono —había dicho Draco con una sonrisa cálida.
El recuerdo de la aprobación que había brillado en los ojos masculinos todavía era capaz de provocarle un cosquilleo por la columna. Era una tontería, en realidad. Hermione ya sabía que hacía muy bien su trabajo. No sabía por qué la admiración de Draco le parecía tan importante, pero llenaba un vacío en su interior al saber que alguien la necesitaba.
Claro que sus motivos no se basaban solo en la generosidad y el deseo de ayudar a Draco. Quedarse allí unos días más también le resultaba útil a ella. O a su cobardía, dependiendo del punto de vista que se adoptase. Sabía que solo estaba evitando la realidad, retrasando el enfrentamiento inevitable que se produciría cuando volviera a casa. No era la primera vez que se preguntaba qué iba a pasar cuando llegara a Londres. Algo había cambiado en ella y no le parecía que pudiera regresar a su vida cotidiana sin más.
No era solo que su vida amorosa ya no le resultara satisfactoria. En los últimos días, mientras trabajaba con Draco, no había podido evitar pensar en su carrera, o la falta de ella. Cierto, tenía un empleo y tenía la fortuna de sentir pasión por él. Al contrario que Draco, que estaba dispuesto a confiar en el instinto de Hermione y a escuchar de verdad sus ideas, muchas veces su Jefe el ministro de regulación de creaturas mágicas no la tomaba en cuenta y varias veces la trataba como una niña caprichosa.
Draco tenía razón, en cierto sentido. Para Arthur Weasley, el trabajo de Hermione no era más que un cargo en una tarjeta de visita. Una forma de mantenerla ocupada y bajo control hasta que se casara, tuviera hijos y dejara de trabajar para criar a la siguiente generación Weasley.
E incluso aunque su jefe tuviera planes para hacer ascender a Hermione, la joven no estaba muy segura de que eso fuera lo que ella quería. Siempre la trataría como si fuera su padre y ella un una niña pequeña, con sus reglas y las cosas hechas a su manera.
Por no mencionar que tendría que estar cerca de Ron, cosa en la que prefería no pensar siquiera. Ojalá se pareciera más a Draco y tuviera el valor para dejar atrás su familia y abrirse camino ella sola. Pero se había pasado los últimos veintiséis años haciendo siempre lo que debía, cumpliendo con su obligación de cara a sus padres y a lo que la comunidad mágica esperaba de ella. No podía darles la espalda de repente a todas sus obligaciones.
Suspiró, se obligó a relajar la mandíbula y se recordó que no era el momento de hacer análisis de su vida. Era el momento de disfrutar del calor del sol sobre su piel, de la suave brisa de la costa Francesa en su pelo y del aroma salobre del mar. Ojalá pudiera quedarse allí, en el paraíso, para siempre.
No sé lo que te está haciendo para que tengas esa expresión, pero ya estoy celosa.
Hermione giró la cabeza de repente para mirar a Jen, recostada en la hamaca que tenía al lado.
Sí —dijo Amy—. Creí que a mi prometido se le daba bien pero es obvio que Draco tiene habilidades que van más allá de las de cualquier mortal.
Seguramente es verdad —sonrió Hermione—, pero de hecho estaba pensando en lo divertido que es trabajar con él. Nos compenetramos muy bien.
Apuesto a que sí —dijo Chrissy con una risita—. Apuesto a que se compenetra contigo por todos y en todos lados, el escritorio, en la silla…
—Tienes una mente muy sucia —se rió Hermione.
Pero al tiempo que protestaba, su cerebro se inundó de imágenes de la tarde anterior. A pesar de toda la locura de la boda, Draco había encontrado un momento para jugar.
Pansy se había ido para ir a hablar con el cocinero.
—Vuelvo en veinte minutos —dijo mirándolos a los dos con intención—. ¿Entendido? Veinte minutos.
Draco había respondido con expresión inocente a la mirada severa de Pansy pero en cuanto su amiga cerró la puerta tras ella, Draco se levantó de la silla y rodeó el inmenso escritorio. Sin una sola palabra había sacado a Hermione de su silla y la había sentado a pulso sobre la resbaladiza superficie de la mesa.
¿Pero qué…?
Draco había ahogado las protestas de la joven con un beso y le había metido la mano bajo la falda sin miramientos.
Ya solo aquella urgencia había provocado una vibración de calor en Hermione que la atravesó entera. Saber que aquel hombre la deseaba hasta ese punto ya era suficiente para que estuviera lista al instante. Draco había dejado escapar un gemido de satisfacción al sentir la humedad que había saturado en un momento la tela sedosa de las bragas de su chica.
Después no había perdido un instante y se había puesto a toda prisa el condón que había tenido la precaución de meterse en el bolsillo de los pantalones cortos. Le quitó a Hermione las bragas, la echó en la mesa y la penetró con urgencia, hundiéndose todo lo que pudo con un solo embate.
Hermione sintió que el cuerpo se le tensaba de placer al recordar el modo en que se había corrido casi de inmediato. Habían terminado con cinco minutos de sobra, lo que le dio a Hermione tiempo suficiente para correr al baño a asearse y salpicarse la cara con agua, fría para mitigar el rubor orgásmico que le teñía las mejillas.
Para cuando Pansy regresó, Hermione había vuelto a su puesto en el escritorio, enfrente de Draco, y estaba estudiando la última, revisión de los arreglos florales, Hermione estaba convencida de que habían salido impunes de la travesura, y eso que Draco se había negado a devolverle las braguitas, que había preferido guardarse en un bolsillo.
Para que me den suerte —dijo con una sonrisa que le quitó el aliento a Hermione. Pero Pansy no tenía por qué saberlo.
Lo vuestro es ridículo, francamente —dijo Pansy y Hermione captó la expresión de asco en su rostro cuando levantó el envoltorio vacío del condón—. Trojan Mágnum —leyó Pansy en la etiqueta—. Draco, eres un fantasma, que lo sepas. Y ahora decidme que no lo habéis hecho encima de mi mesa.
Hermione se lo aseguró entre tartamudeos y contuvo el impulso de huir del obvio desdén de Pansy mientras Draco, el muy gilipollas, se reía, a carcajada limpia al ver a su amiga comprobar su mesa en busca de pruebas.
Pero qué colgaaada estás de él —dijo Amy con tono cantarín. Las otras chicas se unieron tirando besitos al aire.
Hermione y Draco, sentados en un árbol, f-o-1-1… —canturreó Jen.
No digas eso, Jen —dijo Chrissy—. Es obvio que están haciendo el amoooor.
¿Pero queréis callaros de una vez? Estoy intentando disfrutar del último día que vamos a pasar aquí, ¿estamos? —soltó Kara de repente—. No es tan fácil relajarse cuando actuáis como si estuviéramos en el recreo. Así que Draco se está tirando a Hermione. ¿A quién coño le importa?
Hermione no tenía ni idea de cómo había conseguido Kara aquella reputación de juerguista. Jamás en su vida había conocido a nadie tan capaz de terminar con toda la diversión de cualquier momento. El caso era que, de repente, el sol le pareció bochornoso, la brisa le estaba metiendo arena por la nariz y la boca le sabía a sal por el baño que se había dado. Aunque todavía le quedaban un par de horas antes de regresar con Draco y Pansy, Hermione decidió recoger sus cosas.
—No te vayas, Mione —le rogó Amy—. Es nuestro último día y quiero pasar un rato contigo.
Sí, no le hagas ni caso a esa. —Jen no se molestó en levantar la cabeza del libro que estaba leyendo para señalar a Kara—. Está cabreada porque a ella no se la folla nadie y si hacemos mucho ruido, la isla tiene sitios de sobra donde puede ir para estar sola.
Kara sacó sus tapas oídos de la bolsa y con una mirada llena de intención, se puso los auriculares.
No pasa nada —dijo Hermione mientras recogía su bolsa de la playa—. Debería irme, de todos modos.
Oh, venga —dijo Jen—. Puedes quedarte un ratito más. Nos tomamos una copa y nos cuentas más detalles de la boda súper secreta.
Hermione se echó a reír.
Si creéis que voy a picar, vais listas. —Las chicas llevaban todo el día intentando sonsacarle información sobre los novios. Habían jurado por todo lo sagrado que mantendrían el secreto pero Hermione sabía de sobra que sería demasiado jugoso para no compartirlo con nadie. Incluso a ella le estaba costando un triunfo resistirse al impulso de llamar a Ginny: Julia Bowden era una de las actrices favoritas de su mejor amiga.
Os prometo que hoy salgo pronto y voy a cenar con vosotras —dijo Hermione con un pequeño gesto de la mano sin hacer caso de las afables protestas de las chicas.
¡Eh, Hermione!
Hermione sonrió. Sus amigas no la echarían de menos mucho tiempo. Mike, Brad, Greg y Dan se acercaban por la playa. Hermione se tomó un momento para admirar el suculento despliegue de carne bronceada sobre músculos sin grasa. Ninguno de ellos le llegaba a Draco a la suela de los zapatos, claro estaba, pero tampoco estaba ciega.
Amy tenía razón. Estaba muy colgada de él. Pero mucho. Y trabajar con Draco solo estaba empeorando las cosas, creando un efecto de bola de nieve. Cuanto más tiempo pasaba con él, más anhelaba su compañía. Por no hablar del sexo. Eso también parecía alimentarse de sí mismo. En lugar de disiparse, el deseo que sentía por él parecía hacerse más intenso cada vez que hacían el amor.
En su momento Hermione había creído estar enamorada de Ron pero al fin había comprendido que ni siquiera se había acercado. El moderado afecto y la atracción pasajera que sentía por el enemigo más acérrimo de Draco no tenían ni punto de comparación con lo que sentía en esos momentos. Pero no había razón para que Draco se enterara. En lo que a él se refería, Hermione se lo estaba pasando bien con un viejo amigo, haciendo realidad un antiguo encaprichamiento. Y sí cuando llegara el momento de irse, dejaba la isla con el corazón magullado y maltratado… bueno, la única responsable sería ella.
CONTINUARA...
EN EL PROXIMO CAPITULO...
¿SERA QUE VUELVE EL LEMOND? ¿cOMO RESULTARA LA BODA? ¿SERA QUE HABRÁN INVITADOS INDESEADOS?
¿QUE LES PARECIÓ? ¿EXTRAÑARON EL LEMOND? UNA DE LAS LECTORAS SUGIRIÓ QUE AL MENOS UNA VEZ A NUESTRA PAREJA FAVORITA SE LE ROMPIERA O SE LE OLVIDARA EL USO DE ALGÚN ANTICONCEPTIVO, ¿UDS QUE OPINAN? ¿LES GUSTARÍA VER A UNA MIONE PREOCUPADA POR ALGÚN RETRASO NO ESPERADO? YA SABEN COMO HACERME SABER SU OPINIÓN.
