Capítulo 10

Abrí la puerta después de secar mi cabello con un pasé de varita. Eran las siete de la noche y el sol ya se había ocultado por completo. Había decidido tomar un baño muy tibio para poder relajarme. No era como si no hubiera descansado en todo el día, había faltado al trabajo por el terrible dolor en mi espalda y pies, y había decidido ausentarme alegando un pequeño resfriado en el bufete, que todavía en los días finales de febrero era normal, pues el clima seguía siendo frío y la nieve estaba rauda a desaparecer todavía. Había pasado todo el día deambulando por el departamento, caminando de la habitación a la sala, de la sala a la cocina y de la cocina de vuelta a la habitación, así, sin parar.

El rostro de Ryan sonrió cuando terminé de abrir la puerta. Traía una gabardina negra y un gorro del mismo color, en la mano derecha llevaba una bolsa de papel y por el sutil olor, sabía que era comida, quizá un poco de risotto y algo de camarones. Ambas cosas me hicieron salivar, pero, aun así, miré irritada como el hombre simplemente sonreía, me besaba la mejilla y entraba a la casa sin concedérselo en realidad. No era que me sorprendiera, llevaba desde inicio de febrero apareciendo por aquí y entrando como si fuera dueño. No me molestaba en realidad, pero siempre se lo reprochaba y, al igual que yo, no le molestaba eso.

—Hola, Pansy —saludó con una gran sonrisa.

—Hola, Ryan, claro pasa —dije con sarcasmo lo último, cerrando la puerta mientras el dejaba la bolsa sobre la mesa.

Caminé hacia él y masajeé mi vientre al sentirlo gruñir por el simple olor que salía de aquella bolsa.

—Traje una orden de risotto con setas y pollo, camarones agridulce y helado de chocolate —dijo mientras sacaba todo.

—¿Qué haces aquí tan tarde? —pregunté y tomé mi varita de la mesa para que vasos y platos viajaran de la cocina al comedor.

—No es tan tarde, apenas son la siete, y no es obvio, traje la cena. Hoy no fuiste a trabajar y te extrañaba —contestó sin mirarme, empezando a servir los platos.

No me gustaba cuando hacia esa clase de comentarios. No me gustaba que intentara meterse de esta manera en mi vida, era un buen amigo y una gran compañía, pero ya no sabía si eso era así o era porque yo no tenía a nadie más cerca y él insistía en ser mi amigo y yo me había resignado a eso. Pero, aun así, su amistad no me quedaba claro todavía: sus comentarios y declaraciones me confundían, y a veces pensaba que se aprovechaba de mi situación y de mis pocas ganas de convivir con alguien más, pues, aunque actuaba como amigo, a veces parecía que esperaba algo más de mí, algo más que reciprocidad a su amistad.

Recordaba aquella vez que me acompañó hacerme un chequeo al hospital y miré la emoción en sus ojos al ver la pantalla donde aparecía mi bebé. Era una expresión que siempre imaginé ver en Harry, no en Ryan, y verla en mi nuevo amigo era demasiado incómodo, pues hasta la medimaga pensó que él era el padre y nos felicitó por nuestro bebé; negué ante eso inmediatamente y ella se disculpó por la confusión. Pero lo que me desconcertó fue la manera en que Ryan actuó tan molesto y dolido durante el resto de la tarde.

—¿Qué te pasa, Ryan? —pregunté esa misma tarde en un restaurante, después de salir del hospital.

Él había permanecido demasiado callado y sólo había abierto la boca para pedirme que comiéramos juntos.

—Nada —dijo con ligera fuerza, como si apretara la palabra entre los labios.

—Estás molesto desde que dije que tú no eras el padre de mi hijo —continué, ignorando su respuesta.

Él me miró con seriedad y apretó más los dientes, haciendo que su mentón se endureciera. Se tocó la barbilla con la mano derecha, apretando la piel con fuerza. Se veía tan enojado y estaba segura de que lo estaba.

—Fue la manera en cómo lo dijiste —aseguró.

—¿Y cómo lo dije? —pregunté sin verdadero interés en conocer su respuesta, pues ya sabía lo que le había molestado y no fue el tono de mi voz.

Él tomó la copa de agua y miró el líquido intensamente antes de contestarme.

—Como si la idea te horrorizara. ¿Tan terrible sería tener un hijo mío, Pansy? —preguntó.

Apretó con demasiada fuerza la copa de agua, haciendo resaltar de manera grotesca las venas de sus manos y antebrazo. Miré el movimiento de su garganta cuando tragó el líquido, como si se tratase de una poción sumamente repugnante.

Apreté los labios y lo miré sin emoción. Estaba agotada de esa actitud, de que pretendiera más de lo que podía darle.

—Esa no es una pregunta válida, Ryan. La cuestión es que tú te quisiste adueñar de mi hijo, que no es tuyo —corregí su alegato.

—La pregunta es muy válida, Pansy, tu expresión la hizo válida —apuntó con más enojo.

—No es tu hijo, Ryan, no eres su padre, y es mejor que dejes de actuar de manera indignada cuando te lo recuerde y de hacer esos tipos de comentarios, porque hasta donde yo sé y tú aclaraste, somos sólo amigos —le recordé lo que él alguna vez había prometido, que esto era una simple amistad, que él no buscaba nada más de mí.

Me miró por largos minutos, analizándome y luego giró el rostro hacia la ventana. Lo miré colocar los codos sobre la mesa y luego juntar sus manos, entrelazando los dedos. Colocó su frente en sus manos unidas y empezó a respirar con demasiada fuerza, haciendo algo de ruido, hasta que pudo controlarse, pues el sonido se detuvo por completo y me miró de nuevo, suavizando la mirada.

—Tienes razón. Lo lamento, Pansy —dijo con la voz tranquila.

—Tan sólo dímelo de nuevo, Ryan, somos amigos si o no, porque no quiero más escenas de este tipo —le pedí, mirándolo con seriedad, pues no estaba dispuesta a soportar ese tipo de comportamiento.

—Somos amigos, sólo eso —prometió, levantando una mano y sonriendo con diversión nuevamente.

Asentí no muy convencida, pero si satisfecha.

Pero seguía siendo algo muy confuso y abrumador. No quería que se enamorara de mí o que pretendiera algo más, y tampoco me atrevía a reclamarle, pues nunca era claro con sus intenciones, algunas veces sí, pero luego volvía a ser el de siempre, confundiéndome si es que así era su personalidad, o tal vez yo lo malinterpretaba y él simplemente estaba siendo muy buen amigo. Pero nunca más le permití acompañarme a ver al medimago.

Suspiré y miré de nuevo su sonrisa. Me senté en la mesa, donde un plato rebosaba con el risotto.

—Que adorable te ves en ese pijama —dijo con diversión. Miré mi vestimenta, era una simple blusa manga-larga y unos pantalones que me cubrían los pies, todo en color blanco.

—No digas eso —le pedí y procedí a meterme más comida en la boca.

—¿Ahora no puedo decirle a mi amiga que se ve bien? —preguntó. Y eso era algo más que me hacía dudar de su amistad, ese sonido cuando decía la palabra amiga o amigos, como si fuera una ironía o algo insuficiente— Todas las mujeres embarazadas se ven adorables embarazadas.

—Gracias por hacerme sentir igual al promedio —contesté con una ligera molestia.

—¡Vaya! Quien te entiende. Te digo que te ves adorable y te molesta, te digo que todas embarazadas lucen así y te molesta más. Pues bien: te ves malditamente encantadora, Pansy, embarazada o no —declaró con una enorme sonrisa, sólo para molestarme.

—Ryan…

—¿Qué?

—Ya nada. ¿Cómo estuvo el trabajo? —preferí cambiar de tema, pues nunca se cansaría de decir esas cosas.

Habíamos pasado estos últimos dos meses conviviendo de esta manera, pues durante las horas en la oficina me cansaba demasiado y al final del día mi agotamiento era total, y Ryan se había autoimpuesto ser mi cuidador, pues no dejaba que me cansara o que me volviera sola a casa, a veces se quedaba a cenar conmigo y luego se despedía con la promesa de que me iría dormir rápidamente. Me agradaba y mucho, pero aún no me sentí completamente segura de sus intenciones. A veces sus gestos iban más allá de los amables, como cuando besaba mi frente, me abrazaba o masajeaba mis hombros en el trabajo, cuando veía que estaba a punto de quedarme dormida, y a pesar de alejarlo en esos momentos, él insistía en sólo era porque éramos amigos.

No sabía que pensar, pues si él si me veía más que como amiga, rompería su corazón, pues no estaba dispuesta a corresponderle nunca.

Una semana más pasó de aquella cena, que se repitió varios días más. Era un sábado en la noche cuando, y sin poder dormir todavía, había empezado a masajear mi redondeado vientre y sentía las pataditas que me daba mi hijo. Había crecido mucho en los últimos dos meses, estaba en mi séptimo mes de embarazo y mi vientre parecía que explotaría en cualquier momento. Estaba tan grande e hinchada, que a veces me sorprendía el ser capaz de levantarme de mi propia cama, mis pies dolían siempre al final del día y mi espalda parecía incapaz de soportar un kilo más. Mi ropa ya no me quedaba y tenía que usar más hechizos en la tela para ésta se expandiera un poco, además de que había tenido que salir a comprar más ropa durante el mes de febrero, donde al parecer mi bebé quiso crecer mucho dentro de mí.

La ventaja era que ya se había acabado los mareos y las náuseas matutina y las ganas de vomitar ante cualquier alimento había remitido considerablemente. Pero eso no era lo más importante, lo realmente especial era que pude sentirlo, que mi bebé decidió manifestarse de una manera más clara y viva. Cuando cumplí los cinco meses había empezado a moverse, muy suavemente, como si nadara dentro de mí o flotara en el agua tan sólo, podía sentir una pequeña patadita o el movimiento que hacía para acomodarse nuevamente. Podía imaginarme el rostro pequeñito y hermoso disgustado por no estar cómodo y luego simplemente encontrando una buena posición. Quería verlo ya hacer eso en mis brazos, quizá frunciría las cejas o movería los labios, molesto como su padre, o arrugaría la nariz como yo, como siempre decía Draco.

Pero la magia, esa magia de la que me había hablado Astoria, no había aparecido todavía y eso me había hecho sentir algo triste, pero al llegar mi sexto mes, surgió lo que más había esperado. Apareció como si una pequeña onda de electricidad atravesara mi piel, indolora y muy tibia, había sido dulce y tierna, y mis ojos lloraron por la emoción de sentirlo, de que por fin me regalara su primera muestra de magia, que por fin me hiciera participe de su fuerza y vitalidad; pero también lloré de tristeza por estar sola, porque su padre no estaba aquí para acompañarme y ser testigo de algo tan bueno, de lo mejor de nuestra vida.

—Hazlo otra vez, por favor —le pedí aquella vez, acostada en mi cama, entre lágrimas de ambos sentimientos y mi bebé no lo hizo— Si lo haces te hablare de tu padre. Sé que igual debes de extrañarlo, has de sentir cuanto lo extraño yo.

Esperé a que lo hiciera y así fue. El bebé se empezó a moverse más y enviaba ondas de ligera magia. Y después de sentirlo por varios minutos más, le hablé de Harry.

—Tu padre es asombrado, vale que cometió un terrible error, pero es realmente asombrado. A sus diecisiete años pudo derrotar al mago oscuro más poderoso de los últimos tiempos, un hombre que le triplicaba la edad y que tenía todo un ejército para derrotarlo, pero tu padre lo venció. Es muy bueno cocinando y atrapando gente mala, es excesivamente cariñoso, a veces no podía quitármelo de encima y más si hacía frío, y sabes, a mí no me agrada tanto el contacto humano, pero con él, oh Merlin, era perfecto, lo soportaba y me gusta.

Le hablé mucho de él, contándole una que otras anécdotas donde me hacía reír con su sentido del humor sencillo e inocente, también cuando peleábamos y me hacía gritar y amarlo al mismo tiempo. Lloré y reí hablándole de Harry, así hasta que me quedé dormida y no pude evitar a la mañana siguiente enviarle una carta a Millicent contándole lo que había pasado e igualmente a Astoria, quien ya tenía al pequeño Scorpius en brazos, apenas una semana atrás de la manifestación de magia de mi bebé. Draco me había mando una foto de Astoria con el bebé en brazos y una sola del niño. El bebé era extraordinariamente hermoso y aunque los ojos de los recién nacidos eran indefinidos, sabía que serían tan grises como los de su padre, al igual que su cabello rubio. Eso me llevó a pensar que color de ojos heredaría mi bebé, serían tan azules como los míos o tan verdes como los de Harry. Sí, definitivamente había pasado gran tiempo imaginándome como sería, soñándolo.

Al igual que sus nombres, aunque eso era un poco más complicado, porque definitivamente mi bebé no deseaba mostrarse, hasta la madimaga que llevaba mi embarazó estaba realmente desilusionada por no poder ver si era niño o niña. También me desilusionaba, pero ¿que más podía hacer?, si un Parkinson no deseaba hacer algo, simplemente no lo haría y si a eso se le sumaba la terquedad Potter, pues el resultado era algo así como absurdo.

Pero a como me lo había pedido Millicent, si estuve pensando en los nombres, pensé en uno para niño, y aunque mi intención no era hacerle un favor a Harry, sabía que él siempre había deseado llamar James a su primer hijo, pero James Parkinson carecía de fuerza en realidad y James Potter definitivamente no me gustaba, Sirius me parecía una mejor opción, Sirius Parkinson, Sirius Potter, era más fuerte y determinante, claramente sería Sirius a secas, pues no encontraba otro nombre que encajara con él: Draco Sirius sería sólo para joderle la vida a Potter, pero sería una broma demasiado pesada.

Y si era una niña, el nombre de la madre de Harry entraría en rigor y que nadie pensara que era por hacerle un favor a mi terco marido, pero era un nombre realmente dulce, así como me imaginaba a mi hija, pero al igual que con James, Lily Potter o Lily Parkinson no me era del todo interesante, tal vez si llevara otro nombre, Lily Edith Parkinson, el nombre de mi abuela materna, la única que alguna vez me tuvo algo de aprecio, no combinaba bien, había otro nombre ahora que recordaba a la abuela: Annie, el nombre de una preciosa muñeca de porcelana que estaba en mi habitación en Francia, donde residía mi abuela, una muñeca de grandes ojos castaños y cabello negro; Lily Annie Parkinson, Annie Parkinson, no era tan fuerte, pero me gustaba y mucho.


Hola de nuevo. Otra vez por aquí, como lo prometí. Espero que les haya gustado y me dejen uno de esos lindos comentarios, vale si no quieren.

Gracias por leer.

Nos leemos el próximo viernes.

By. Cascabelita.

P.D. Cómo sé que los capítulos se le hacen cortos, lentos y muy lejos por los viernes, les he dejado un regalito, otro fic de Pansy y Harry completo, recien salido de la computadora, si gustan, pueden pasar a echarle un ojito.