¡Buenos días a todos! =)
Os dije que el Estudiante volvería en el 2014 y era verdad xD
A falta de tres días para que se cumpla un mes desde mi última actualización, aquí os dejo el nuevo capi. Pero antes, tengo que contaros cosillas en referencia a él, que puede que consigan calmar vuestras ansias de matarme, las que seguramente tendréis cuando lleguéis al final de la página. Sé que los diez primeros capítulos del fic han sido lentos, muy, lentos. Demasiado. Sobre todo si los comparamos con mis otros long fics. Pero todo tiene una razón, y espero que a partir de este capi, las cosas se aceleren un poco, más que nada porque no quiero mataros de aburrimiento, ni acabar con cien capítulos que no tienen sentido. ¿Que me vais a querer matar cuando lo leáis? Sí, lo más seguro. Ya sabéis que me encanta el Angst, es una de mis grandes pasiones. Pero también quiero su felicidad, y sé que a estos dos les llevará mucho tiempo alcanzarla. Pero lo harán, confiad en mí ^.^ No sé qué más contaros sin spoilearos, así que, gracias por pasaros a leerlo, y continuo esta charlita en el fondo de la página.
Ah, sí. Este capítulo lo escribí ayer por la tarde/noche. Casi su totalidad estaba escrita antes de que Chord decidiera matarnos a todos tuiteando fotos con todo el cast (asdfghjkl ¡Rileystreet!), excepto el último trozo, ese lo escribí después de fangirlear como loca con la foto, así que las culpas, ya sabéis a quién tenéis que echárselas. (Te estoy mirando a ti, Chord xD).
Disclaimer: Glee no me pertenece.
Capítulo 10: Lágrimas
Ya era tarde cuando Mercedes Jones abrió sus ojos y se despertó, levantándose despacio de su cama.
Luego de vestirse y abandonar aquel baño, había ido a su habitación, cerrando la puerta detrás de ella. Tratando de olvidarse de todo lo que había vivido momentos antes, y quedándose dormida, con sus manos agarrando fuertemente su almohada. Aquella que las lágrimas habían estropeado también, mientras esperaba que el cansancio y el sueño la venciesen y lograsen sacarle aquel dolor que la recorría.
Aquella tristeza.
No había bajado a comer, ni se había tomado nada para que aquel dolor de cabeza que había sentido toda la mañana se disipase. Éste parecía haber aumentado incluso, quizás por el hambre. Pero no bajaría, no recorrería los dos metros que la separaban de la puerta de su habitación, ni la abriría, para encontrarse con él. No quería verle, no quería hablarle. No quería encontrarse con él y recordar que él la había visto sin ropa. Que había decidido entrar en el baño a propósito, adrede, solo porque había creído que aquello era lo mejor.
¡Lo mejor!
Mercedes negó con la cabeza, a la vez que se mordía el labio inferior sintiendo una nueva lágrima deslizándose por su mejilla. ¿Algún día se cansaría de llorar? Sus manos buscaron sus ojos para frotarlos con rabia, tratando de borrar aquellas que amenazaban con salir y que la hacían sentirse una estúpida.
Una tonta.
Ella seguía llorando. Seguía recordando una y otra vez todo lo que había pasado. Su mente no dejaría que ella lo olvidase, ¿verdad? Nunca lo conseguiría. Y él viviría en aquella casa por todo un año, tendría que seguir viéndole, seguir respirando su mismo aire. En el instituto, en el Glee Club, en el musical... Ella seguía llorando, pensando en ello, cuando a él no le había importado en absoluto. No había sido nada para él. ¿Cómo podría haberlo sido? Se lo había dejado muy claro aquella mañana delante de todos sus amigos. No le había importado en absoluto el que ella le hubiese visto y mucho menos le había importado el que él la hubiese visto a ella horas después. Era un insensible, y ella se odiaba por no poder ser como él y olvidarse del tema, como seguramente el chico ya hubiese hecho.
—Ahora estamos iguales. Yo te he visto y tú me has visto a mí. Ya no tienes de qué preocuparte.
Aquellas palabras la llenaban de rabia, una que no podía controlar. Él era un insensible, y ella era una estúpida por creer que podría ser diferente a los chicos que estudiaban en su instituto. Todos ellos eran iguales, ¿verdad? Lima, Tennessee, no importaba de dónde viniesen ni el lugar dónde hubiesen nacido.
Todos tenían la habilidad de hacerles llorar, cada uno de ellos. Y él lo había hecho, sin importarle en absoluto. Había creído de verdad haber visto en él a un hermano, durante aquel corto tiempo en el que se habían conocido, había llegado a creer que su familia y él ocuparían un importante lugar en su corazón, y ahora... Solo quería que él cumpliese su promesa y la dejase tranquila. Solo quería salir de su habitación sin sentir el miedo de cruzárselo en el pasillo o verle en el salón sentado enfrente de la tele. Solo quería bajar y comer, porque sabía que aquel dolor de cabeza solo se iría cuando hubiese probado el primer bocado de la deliciosa lasaña que su madre les había preparado a ambos.
Su estómago rugió en ese momento como respuesta, reclamándole el que fuese una miedica y la chica se obligó a levantarse de la cama, solo para mirar la hora en su despertador.
¿Las nueve?
No podían ser las nueve. No podía ser tan tarde, tenía que haber un error. No podía haber dormido tantas horas. Era imposible. Sus padres... sus padres tendrían que haber vuelto ya, ¿cómo era posible que aún no lo hubiesen hecho? ¿Y Sam? La había dejado dormir hasta tarde sin preocuparse por que comiese, ¿cómo podía...?
Yo se lo pedí.
Él había empezado a cumplir su promesa, ¿verdad? ¿O en realidad es que ni siquiera le importaba el hecho de que ella pudiese morirse de hambre?
Oh Dios, Merce, eres una estúpida.
¿Por qué diablos seguía sin entender que ella no le importaba en absoluto? Él no quería ser su hermano. No quería ser su amigo.
Quería ser el de Puck. A él sí lo había defendido.
Dejándose caer de nuevo en la cama, suspiró profundamente al tiempo que se pedía a sí misma ser mucho más fuerte. Debía serlo si ella le había exigido que cumpliese aquella promesa. Debía serlo si tenía que seguir viéndole día tras día, hora tras hora en cada uno de los rincones de aquella casa. En cada uno de los rincones de aquella ciudad. Debía serlo, como él lo era.
—Debí haberle hecho caso a tus padres y haberte dejado espacio hasta que se te pasase el enfado.
Frase tras frase, todas volvían de nuevo a ella sin poder detenerlas, y cada una de éstas le hacía aún más daño que la anterior. ¡Ella no estaba enfadada! Estaba dolida, él la había lastimado. Y ella quería poder levantarse, ser fuerte, pero no tenía ánimo, ni fuerzas. Solo un hambre atroz, un dolor de cabeza que no se iría hasta haberse saciado por completo, y un dolor de barriga que le pedía que volviese a tumbarse de nuevo en la cama.
A pesar de que sabía que se arrepentiría de hacerlo, en ese momento, con su cuerpo de nuevo recostado sobre la cama, Mercedes Jones agradeció de verdad que al día siguiente, el señor Schue no quisiese hacerles las pruebas para el musical. La chica estaba completamente segura de que en el estado en el que se encontraba no podría haberlo dado todo de sí misma, y lo más seguro fuese que, las pruebas que hubiesen tenido lugar no hubieran sido justas.
¿Por qué todo lo malo viene junto?
Se preguntó, mirando al techo, a la vez que cerraba los ojos y recordaba cómo su hermano Bobby le preparaba una taza de leche caliente cuando se sentía triste. La que había querido tomar esa mañana cuando había vuelto a casa, la misma que Kurt se había ofrecido a prepararle y ella había rechazado.
Una taza de leche caliente y las sonrisas de su hermano, era lo único que necesitaba para poder dejar todo atrás.
Te echo de menos, Bobby.
Él se había ido a Nueva York a estudiar y la había dejado sola, con una familia de locos y una casa muy grande que ellos habían querido volver a llenar.
—Te has quedado sin habitación —susurró, como si él estuviese allí a su lado, y no en la otra punta del país.
Solo tengo un hermano.
Se recordó.
Solo uno.
¿Cómo había podido pensar lo contrario? No volvería a cometer el mismo error. No volvería a pensar que Sam también lo sería. Él sólo iba a vivir bajo su mismo techo, solo eso. Nada más que eso.
Unos golpes en la puerta la hicieron volver de repente a la realidad. Temblando de la cabeza a los pies y rogando porque él no fuese quién los hubiese dado.
—Cariño, ¿estás despierta? —La dulce voz de su madre se oyó del otro lado, haciendo que la chica respirase aliviada por haber tenido suerte—. La cena ya está lista.
—Ahora voy, mamá —respondió, sin pensar. Dándose cuenta después de lo que aquello significaba.
Mercedes iba a bajar por fin a comer, o a cenar, más bien, y él también lo haría.
Antes incluso de conseguir levantarse de la cama, su madre ya estaba delante de ella comprobándole la fiebre.
—¿Qué tienes? —Preguntó, rápidamente. Su hija no sabía disimular en absoluto y había conseguido que Patricia se preocupase, sentándose a su lado en la cama, mientras la observaba fijamente—. Llegamos hace una hora y estabas durmiendo. No quisimos despertarte —le contó, mientras le sonreía con cariño y le peinaba el pelo—. ¿Te encuentras bien?
Mercedes asintió, agradeciendo sus caricias dulces y los momentos bonitos que sus padres le regalaban cuando parecían cuerdos.
—La regla —respondió, esperando que con aquellas palabras, las preguntas acabasen. Algo bueno tenía que tener, entre tantas cosas malas, aunque solo fuese una razón para que su madre no supiese lo que verdaderamente había ocurrido.
—Ha venido antes de tiempo —dijo Patricia, haciendo que su hija se sintiese espiada durante un segundo. ¿Qué sería lo que su madre no sabría de ella a esas alturas? A parte de lo de Sam, claro.
Sam.
—Venga, baja conmigo a cenar entonces. Sam acaba de volver y ya estamos todos —dijo su madre, tirando de ella para que se levantase.
—¿Acaba de volver? —Preguntó, mientras se ponía de pie y caminaban hacia la puerta. ¿Cómo que acababa de volver? ¿La había dejado dormida y sola en la casa? ¿Adónde se supone que se había ido? Él no conocía Lima, no conocía a nadie.
—Sí, ahora mismo, además. Ha pasado la tarde fuera —le contó, abriendo la puerta y saliendo al pasillo—. Cuando llegué creí que los dos os habríais ido a conocer la ciudad, porque la casa estaba demasiado silenciosa —Cosa que nunca sucedía los demás días, ya que Mercedes se encargaba de tener la música a todo volumen cuando sus padres entraban por la puerta—, pero subí arriba, y tú estabas durmiendo.
—No me dijo que saldría —musitó Mercedes, deteniéndose delante del baño, con la intención de arreglarse un poco antes de bajar.
—Seguramente no quiso despertarte —le respondió su madre, siguiendo por el pasillo—. No tardes, ¿sí?
Mercedes asintió con la cabeza, al tiempo que se metía en el baño y cerraba la puerta detrás de sí. Horas después volvía a pisar aquella estancia, y un escalofrío la recorrió dándole la bienvenida.
—Sí, mamá, seguramente no quiso despertarme —dijo, frente al espejo, convencida de que al chico le importaba un comino el que ella hubiese estado dormida, llorando o bailando la salsa cuando él se había marchado.
Sabía, sin dudar, que él había ido a ver a Puck, porque el chico era su único contacto en su teléfono a parte del de ella. Pensar lo contrario sería de tontos y ella había dejado ya de serlo. A esas alturas, Puck seguramente le habría contado todo lo que al chico le faltaba por saber sobre ella, y él le habría narrado cómo había terminado colándose en su baño para verla desnuda. Habrían pasado una tarde súper divertida, riéndose a su costa. El solo hecho de pensarlo, le crispaba los nervios.
Cinco minutos después, Mercedes bajaba ya las escaleras, directa hacia la cocina, viendo cómo los tres habían empezado a cenar sin ella y sin bendecir la mesa. O quizás ya lo hubiesen hecho, y no les había importado tampoco que ella estuviese o no presente.
Debería irme acostumbrando.
—Ya pensé que no bajabas, dormilona —su padre no perdió el tiempo, despeinándola mientras ella se sentaba a su lado, a la vez que ella resoplaba, tratando de apartarse. Sam estaba situado enfrente de ella, y Mercedes hizo lo posible para que sus ojos no hiciesen contacto con los de él en ningún momento.
—¡Papá! —La chica movió su mano, sacándola de su cabeza, y buscó con sus dedos el tenedor, pinchando una de las patatas fritas que su madre le había echado en su plato. Dos salchichas y un huevo las acompañaban, y a Mercedes se le hizo la boca agua, a la vez que su estómago rugía, pidiéndole un bocado más. Tenía tanta hambre, que podría comerse aquel plato sin mirar al chico apenas. No tenía porqué hacerlo, sus padres no se darían cuenta de que ella esquivaba su mirada. Sabía disimular. Muy bien, además.
—Qué manera de comer. Parece como si no lo hubieras hecho en años —advirtió su padre, haciendo que las mejillas de la chica elevasen su temperatura.
—Robert, déjala tranquila —le pidió su mujer, clavando su mirada en él.
Mercedes no llegó a levantar sus ojos de su plato, pero el silencio que se escuchó durante los siguientes minutos en la cocina la hizo saber rápidamente, que su madre había utilizado su mirada asesina.
Un silencio que Sam, de entre todos los que allí cenaban, acabó rompiendo.
—He estado buscando trabajo —anunció, a la vez que Mercedes pinchaba otra de sus patatas con su tenedor, y este emitía un estridente ruido al resbalar sobre el plato cayendo encima de él.
La chica se había pasado casi toda la cena con su cabeza agachada y sus ojos fijos en aquel plato casi vacío, pero ahora, ambos permanecían clavados en los del chico, mientras él le devolvía la mirada.
—¿Por qué? —Fue lo primero que preguntó Robert Jones, dejando también de comer, como lo había hecho su hija—. Sam no hace falta que—
—Sí hace —respondió rápidamente el chico, dejando de mirarla por fin, y volviendo su vista hacia los padres de ella, primero hacia el señor Jones y luego hacia su mujer—. Quiero pagarles y—
—Sam, no queremos que nos pagues —le respondió Patricia, sin dudarlo un segundo—. Eres un estudiante de intercambio, cariño. Vivirás aquí por un año, esto no es un alquiler.
—Lo sé, pero... —Sam intentó hablar de nuevo, al tiempo que volvía a mirarla a ella. Mercedes no había dejado de hacerlo en todo aquel rato, a pesar de que la chica había permanecido casi toda su cena con su cabeza agachada para no mirarle. Sam deseó no haber hablado y que ella siguiese haciendo como que no existía, porque la tristeza y la rabia con la que la chica lo miraba en ese momento, le decía que hiciese lo que hiciese, el chico jamás conseguiría enmendar aquel estúpido error cometido.
—Pero nada —Robert Jones volvió a hablar, ajeno a lo que su hija estaba viviendo en ese momento—. Ya has oído a Patricia, esto no es un alquiler. Así que nada de pagos. ¿Entendido?
—Lo entiendo, señor —respondió Sam, tragando saliva. Estaba siendo más difícil de lo que había supuesto y los señores Jones ni siquiera sabían cuál era la verdadera razón de todo aquello—. Pero no solo es para poder pagarles lo que están haciendo por mí, también lo busco, para poder mandar dinero a mi familia.
—Oh —Patricia abrió la boca, asombrada, cerrándola con rapidez.
—Trabajo desde hace años, Señor Jones. Me siento útil haciéndolo —sonrió, dejando de mirar al padre para volver a mirar a la hija—. Puedo trabajar y estudiar a la vez, y ayudar a mi familia.
Mercedes abrió la boca para decir algo, pero pronto supo que ese no era el momento, ni el lugar. ¿Qué se suponía que había querido decirle con eso? ¿Que ella era una inútil?
¿Primero entraba en su baño y la veía desnuda, y ahora la llamaba inútil? ¿Qué sería lo siguiente?
La chica frunció sus labios con rabia, sin poder creerse lo que estaba pasando. ¿Cómo podía seguir mirándola después de haberla acusado de ser una inútil? ¡Delante de sus padres! ¡Y éstos no se habían enterado de nada, porque nunca lo hacían! Al contrario, ahora parecían mirar al chico, orgullosos. Se los había metido en el bolsillo y tarde o temprano conseguiría que ella fuese la que se hiciese invisible. ¡Porque él no pensaba cumplir su promesa! Claro que no. Lo que quería era fastidiarla.
Guardando la compostura, se obligó a comer lo que quedaba en su plato, aún sabiendo que no terminaría sentándole bien. Sus padres y Sam habían continuado hablando, pero ella no pensaba participar en la conversación.
En cuánto hubo acabado, la chica se levantó rápidamente de la silla y se disculpó con todos, diciendo que se iba arriba a estudiar. Sin embargo, pronto supo que no había sido la única que se había retirado pronto de la mesa. Cuando había terminado de subir las escaleras y doblar el pasillo, antes de llegar a su habitación, Sam la atrapó y la volteó, exigiéndole que lo mirase.
Y ella lo hizo, clavando sus ojos marrones en los de él y mirándolos con tanta rabia, que el chico tuvo que soltarla y alejarla de él, temiendo que le golpease.
—Se lo que pretendes hacer —dijo ella, casi sin darle tiempo a hablar, dejándole aún más confuso de lo que había estado en un primer momento.
—¿Cómo?
—Quieres dejarme como la mala de la película, pero eso no va a suceder —le espetó, convencida de lo que hablaba. El chico abrió la boca, asombrado, tratando de encontrar las palabras.
—No entiendo de qué me hablas —le dijo, esperando que ella se lo aclarase.
—Oh vamos, no me vengas con tonterías. ¿Un trabajo? ¿Ser útil? —Sam seguía mirándola sin conseguir entenderla y eso le frustraba. Se suponía que él le había hecho una promesa, ¿acaso no podía dejarle que la cumpliese al menos?
—Me dijiste que cumpliera lo que te prometí, y eso es lo que estoy haciendo —le explicó, con lentitud, esperando que ella entendiese sus verdaderas razones—. Esta es la mejor manera de no cruzarme contigo.
—¿Me estás diciendo que lo estás haciendo por mí? Qué considerado... —Mercedes no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Era una broma, verdad?
—¿Sabes qué? Piensa lo que quieras —bufó, a la vez que se echaba a un lado y recorría el pasillo para entrar en su habitación.
—¿Estás huyendo? El "Señor Útil" está huyendo... —susurró, sabiendo que el chico no llegaría a entrar en su habitación—. ¿O es que vas a soltar a tu bicho otra vez para que vuelva a atacarme?
—¿Puedes dejar de nombrarle todo el día? —Le pidió, girándose para encararla. La chica había continuado también su camino, y ahora se encontraba delante de su habitación, uno enfrente del otro—. ¡Ya sé que fui yo quién dejó su jaula abierta! ¡No hace falta que me lo repitas! —Había sido un maldito descuido, por el amor de Dios, ¿por qué tenía que meterse con el pobre animalito una y otra vez?
—¡Por supuesto que sí! Fuiste tú quién dejó su jaula abierta. Fuiste tú quién me puso en ridículo delante de todos mis amigos y fuiste tú quién entró en mi baño porque creíste que eso era lo mejor —exclamó, empujándole con un dedo en el pecho con cada sonoro "tú", contándole una a una sus hazañas y los errores que había cometido. No dejaría que se olvidase de ellos, no se lo permitiría.
¡Ni se te ocurra llorar, Merce!
Aquello parecía ser más fácil de pensar que de hacer, porque lo siguiente que notó fue la primera lágrima recorriendo su mejilla izquierda, a la vez que se odiaba por ser tan estúpida.
—¡Solo cumple tu promesa! —Chilló, empujándole una última vez, y escondiendo su rostro para que él no pudiese apreciar aquellas lágrimas que estaban volviendo a hacerle débil. La chica tardó apenas segundos en entrar a la habitación, cerrando la puerta detrás de ella y apoyándose, mientras con los ojos cerrados, trataba de respirar y tranquilizarse.
Pero él no quería dejarla en paz. ¡No estaba dispuesto! ¿Verdad?
—¡Mercedes! —Le oyó llamar del otro lado de la puerta, al tiempo que intentaba abrirla.
—¡Déjame en paz!
Por favor, solo vete. Vete.
—¡Mercedes, abre la puerta! —Sam no quería callarse, el chico jamás la dejaría tranquila. Ni siquiera era capaz de cumplir una promesa. Una estúpida y simple promesa. ¿Tan difícil era para él?
—¡Vete! —Chilló, cansada, al tiempo que abría los ojos y se secaba las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.
—¡No puedo! ¡Estás en mi habitación! —Respondió él, provocando que la chica alejase sus manos de su rostro y mirase a todos lados, comprobando que lo que el chico decía era cierto. La jaula de Scabbers fue lo primero que vieron sus ojos, seguido del portátil y el marco con la foto de Sam y sus hermanos. Estaba en su habitación. Había entrado para escapar de él y se había equivocado de habitación.
¡Maldita fuera su suerte!
Tendría que volver a abrir la puerta, volver a cruzarse con él después de aquel ridículo. ¿Por qué diablos todo tenía que salirle mal?
Su mano derecha buscó el pomo de la puerta con rapidez, decidiendo que no podía demorarlo más, pero ni siquiera llegó a tocarlo con sus dedos, pues él ya lo había girado desde fuera, entrando en la habitación sin pedir permiso.
—¿Mercedes? —Su voz resonó en la habitación, mientras sus manos se elevaban con la intención de acercarla a él. Quería... Quería disculparse. Quería que ella dejase de llorar. Que volviese a hablarle, con la misma sonrisa que le había mostrado el día anterior. Cuando la había enseñado a montar en bici. Ella había tenido miedo, pero él se había propuesto borrárselo de la mente. Esa noche él había soñado con recorrer Lima montado en aquella bicicleta, con ella a su lado. Sin temer a nada. Sin temerle a él.
Sam quería todo aquello, pero ella no.
La chica le había regalado miradas de odio y rabia, llenas de tristeza. Miradas que le hacían comprender que nada volvería a ser lo que era.
La vio protegerse de él con sus manos, y le dejó espacio para que saliese de su habitación, esperando que algún día, Mercedes pudiese recapacitar, y entender lo que les había hecho.
—La promesa —susurró de nuevo, saliendo de la habitación y dejándole por fin solo.
Lo único que había querido era reconfortarla, borrar aquellas lágrimas que él mismo había causado, pero ella no le había dejado. Se había ido, dejándole aún más jodido. No quería sus disculpas, sino que él desapareciese de su vida. Y si eso era lo que tenía que hacer para que ella dejase de llorar, Sam se haría completamente invisible ante sus ojos.
—No me mires así —le habló al pequeño animalito que ahora levantaba la cabeza, moviendo sus bigotes y olisqueando la habitación—. Puedo hacerlo.
Claro que podría. Solo tenía que encontrar el trabajo del que les había hablado en la cena, y ya no estaría en casa por las tardes. Podría ahorrar tal como les había dicho, y mandarle el dinero a su familia. Solo esperaba poder compaginarlo con sus estudios y no acabar suspendiendo ninguna asignatura. No quería decepcionar a sus padres, ni a los Jones.
—Cometí un error, ¿vale? Lo sé —admitió, sentándose en la silla y abriendo la jaula del pequeño Scabbers.
Había cometido un error y con él, había perdido la amistad de su compañera de casa.
—Ahora nos odia a los dos —susurró, atrapando entre sus manos el pequeño animal y encendiendo el portátil para poder comunicarse con su familia—. Hola princesa, mira quién está aquí conmigo —le habló a la pantalla, oyendo rápidamente los chillidos de felicidad de su hermana pequeña al otro lado. Una lágrima se le escapó y rodó por su mejilla, al tiempo que deseaba que la niña pudiese estar allí con él en aquellos momentos. Solo necesitaba un abrazo de ella, de su familia. Un abrazo y la tranquilidad de saber que todo iba a salir bien. Que todo su pasado había quedado atrás. Un abrazo fuerte que le hiciese olvidar la distancia que les separaba y lo solo que realmente se sentía—. Te echo muchísimo de menos, Stace.
—No llores, Sammy —le pidió la niña, abrazándose a la pantalla del ordenador de su padre, como lo habría hecho con su hermano de estar a su lado.
Y él sonrió, porque su pequeña había conseguido borrar la tristeza de su corazón, aunque fuese tan solo durante unos segundos.
Continuará.
Como os decía arriba, este capítulo era muy necesario. Mercedes tenía que dejar de verle como un hermano y por fin lo ha hecho (estaba empeñada sí o sí, y como ya sabemos que es terca como una mula...). Aunque ahora tampoco es un amigo... Uh, la cosa se pone interesante. ¿Qué creéis que pasará? ¿A quién entendéis más? ¿Os posicionáis en alguno de los lados? I know, soy una cotilla.
Las cosas irán mucho más rápido de ahora en adelante, o eso es lo que tengo en mente, sabremos cuál será el musical, quiénes serán los protagonistas (aunque la chica ya la sabemos todos xD y el chico he dado bastantes indicios por tuiter de quién podría ser xD), veremos hacerse realidad aquellas dos escenas spoiler que publiqué al término del capi 7, Shanecedes, Bramtana, Samchel, Finncedes... Cómo dirían los ingleses, "Stay tuned" xD
Agradecimientos del capi anterior:
Gracias a Ale (¡Mira! No me he tardado tanto xD Sorry por dejarte frustrada u.u Y gracias por perdonarme que sea tan malvada con mis niños T.T Prometo llevarlos hacia el buen camino, Ale, lo prometo xD ¿Seguro que lo perdona? Ummm xD Gracias por leerlo y comentar siempre :3 ¡Un besito!); a Cassandra (¿Querías una pelea entre ellos dos? xD Pues me da a mí que se vienen unas cuántas xD Yo a Mercedes la entiendo, creo que me moriría de la vergüenza si me pasase lo mismo que a ella, pero también lo entiendo a él, cometió un error y ahora no sabe cómo volver atrás en el tiempo. Es una situación complicada, pobres :( Muchas gracias por tus reviews, Cass *_* Ojalá este capi te haya gustado, ¡un abrazo enorme!); a Angiebcn89 (¡Mi Soni! Y mi alfa xD Es la única que se sabe cuál será el musical Jujuuu Pero es muy bueniña y es una tumba xD Got a secret, can you keep it lol Pues ya tuvimos Writing Day y mira cómo cundió xD Hay que hacer otros xD A ver qué te parece este capi xDD ¡Un besote!); a Catita (¡Pobres los dos! Que me tienen a mí para contar su historia xD Ellos seguramente que me odian pero mucho xD Siento no haberos dicho aún qué musical será, creí que lo sabríamos en este capi, pero al final no pudo ser así. Pero es bueno, es un buen musical xD Un besito ^^); a Maru (¿Algo oculto? ¿Quién, Sam? Jajajaja Mis Sams siempre ocultan algo, aunque sea su número de calzado, no puede ser xDD Y no, no tenía una peor idea, ya sabes que el pobre es un poco tontín y claro, no le podemos pedir peras al olmo. Muchas gracias por leerlo, Maru ^.^ ¡Un besito!); a Tania (¿White Chocolate? ¿Quién es ese? xDD Es broma... xD Me mataste con lo de la ducha y tu lado pervertido xDD A Mercy no le hizo la misma ilusión, pobrecilla xD Todo lo mal viene junto, pero mejorará xD No, el musical no es Chicago, ni Dream Girls, aunque también hubieran sido buenas opciones xD Hairspray me encanta *_* Pero no, tampoco era ese xD En el póximo capi espero que salga ya. ¡Un besito!); a María Elena (Sorry por dejarte con ganas de más :S Y muchas gracias por tu review *_* Espero que tú también hayas tenido unas felices fiestas =) ¡Un besito!); a Rosa Elena (Así que crees que él se empieza a sentir atraído por ella... Umm, interesante xD Estoy de acuerdo contigo en que la tensión entre ellos cada vez crece más y más, al paso que van, llegarán un punto en el que exploten y en el que no me gustaría nada estar presente xD Sorry por haberos dejado en suspenso y no haber podido publicar antes, sé que soy malvada, merezco todos los tomates del mundo para mí xD En cuánto al musical, justamente hablamos de la pareja protagonista el otro día por tuiter. Y sí, sé que me dijiste que no los querías en mi fic, pero... todo tiene su explicación, lo prometo lol Muchas gracias por leerlo, Rosa Elena. ¡Un Abrazo enorme!), a Savri (Quieres seguir leyendo y yo quiero que la inspiración me deje continuarlo xDD Se había ido a Rusia, pero ya volvió, aunque con una ansia enorme de escribir fics flufflys y angsts. No sé si sea buena cosa xDD Muchas gracias por pasarte a leerlo, Sabri *.* ¡Un besito!).
Gracias también a los que me habéis dejado reviews en el Mini One Shot "No más canciones, Sam" Sí, así es más o menos cómo yo me imaginé su final. Aunque el de verdad nunca llegaremos a verlo, pero está bien pensar que fue algo así. Y que lo que hubo, fue bonito mientras duró. Sorry por haberos hecho llorar, y muchas gracias por leerlo y comentar. No sabéis lo feliz que me hace que os haya gustado :3
Un beso y un abrazo grande
Syl
