Agosto
Y así, su mundo estremeció y se derrumbó…
Golpes de la vida
Tal vez, ese había sido el problema real…
Contando con diecisiete años cualquiera supondría que ya habían ocurrido un par de cosas en la vida de Tai, sobre todo aquellas que eran más bien fisiológicas y estaban fuera de su control, detalles como lo que ocurría con las hormonas y esos despertares matutinos de todo varón; sin embargo, para cosas que se demoraban y llegaban en forma inoportuna… esa mañana Tai se encontró despertando con el nombre de su mejor amigo en los labios y esa sensación apretada en el estómago que no se quedaba simplemente ahí, sino que también tiraba de su entrepierna haciéndole consciente de algo que le arrancó un jadeo.
De haber sido capaz Tai hubiera implorado para que la cama, entre sábanas y colchas, le devorara y desapareciera de una buena vez para evitar que pasara por más vergüenzas como aquella.
Jadear el nombre de Yamato no estaba en su lista de formas favoritas para despertar ni tampoco lo estaba el tener que ayudarse un poco antes de salir de la cama, ducharse y comenzar el día con cierta incomodidad calando en su persona; quisiera o no era algo que sí había ocurrido y, a causa de eso, apenas había sido capaz de darle los buenos días al rubio al encontrarle en el salón.
Él no había tenido ánimo para hablar, y el otro no había insistido.
Ahora, más que antes, Tai era consciente de que tenía que ordenar lo que tenía en su cabeza en lugar de simplemente tratar de evadirlo, ignorarlo y escapar; el dilema estaba en lo fácil que se decía y en lo complicado que realmente era hacerlo.
A lo largo del día no había mirado mucho a Yamato y aunque las clases se prestaban como un buen pretexto para ello, era muy diferente a la hora de entrenar…
—¿Nuevo entrenador? —comentó el rubio.
—Sí —replicó como si el cambio le molestara—, a ver qué se le ocurre.
Tras la pregunta la conversación volvió a cortarse pero ahora por el barullo de los vestidores y, desafortunadamente, Tai no le hizo caso a esa repentina corazonada que le pedía saltarse el entrenamiento e irse a casa de una buena vez; necesitaba correr, agotarse, sacarse de encima un par de sensaciones y, sobre todo, concentrarse en algo que no le hiciera sentir tan mareado y confundido como lo hecho esa mañana.
El soccer debía de ayudar, hasta antes de ese día, siempre lo había hecho...
De esa manera transcurrieron veinte minutos exactos desde el inicio del partido de práctica y no había nada diferente en éste, salvo el hecho de que ellos no estaban jugando en el mismo equipo; el nuevo entrenador deseaba observar el desempeño individual para reacomodar las posiciones y eso no tenía muy contento al equipo en sí.
—¡Ey! —Tai elevó la diestra llamando la atención—. ¡Estoy libre!
—¡Va!
Mark arrojó el balón con un pase largo, obligando al otro grupo a retroceder en el campo para recuperarlo.
—¡Procura hacerlo ya de una buena vez! —le gritó el otro defensa.
Atajando el balón, Tai emprendió la carrera hacia la portería ajena.
—No tienen que decírmelo —masculló el moreno—, eso intento...
Tai siempre había reconocido el talento de Yamato como defensa, el no correr mucho pero sí ser rápido para bloquear y robar balones, mas nunca se había estrellado tantas veces en sus intentos por pasarle de largo y llegar a la portería. Simplemente no parecía ser capaz de romper esa defensa, terminaba perdiendo el balón y viendose obligado a correr de regreso con afán de recuperarlo o esperar otro pase; no estaba dando el cien por ciento y eso le frustraba, pues no era falta de talento lo que le dejaba a raya sino sus problemas personales dando vueltas en su cabeza cuando se acercaba demasiado al otro.
Estaba hastiado, quería y debía de mantener su posición como delantero, así que con el balón en su poder decidió ir con todo y anotar un gol.
Tras la llegada de Yamato y el luchar por el balón, a Tai se le ocurrió hacer un pase corto hacía un compañero, quitarse al rubio del camino y luego recuperar el esférico pateando directo a la portería; malamente, al no querer cerrar la distancia con el otro como el movimiento lo requería, terminó trastabillando con sus propios pies y los ajenos perdiendo ante la gravedad.
De un momento a otro los labios de Yamato se encontraron muy cerca de los propios, los ojos azules permanecían cerrados por el dolor contenido de la caída y luego, cuando Tai comenzó a sentir el corazón latiendo muy aprisa…, al segundo después estaban enredados, rodando sobre el césped y sin saber quién había dado el primer golpe o la razón exacta de ello.
Un zumbido raro a los oídos de Tai hacía de las voces ajenas algo presente pero inentendible, no importaban y no podía parar a pesar de que sentía manos tratando de aferrarle y de separarle del rubio.
No quería soltarle y no iba a hacerlo…
—¡Traidor! —gritó dando un puñetazo—, ¡Ishida!
—¡Idiota! —el rubio se defendió, devolviendo el golpe.
Vista desde afuera, como un simple espectador, esa pelea no tenía ningún sentido pero seguro abrumaba al ser tan… innecesariamente violenta.
—¡Mal amigo! —exclamó con el puño en alto y el brazo temblando.
—Tai...
Tal vez fue el golpe o las palabras pero Yamato lució algo descolocado y probablemente esa fue la razón por la que lograron separarles aunque ambos aún pateaban y forcejaban, ya fuera para simplemente levantarse o para alcanzar al otro y regresar a la pelea; ¿qué había ocurrido? Tai no lo sabía con exactitud pero se sentía rabioso, como si no pudiera volver a ser la persona de antes.
Llegar a ese momento seguro era consecuencia de haber ido sumando acontecimientos, uno tras otro sin solucionar ninguno, y de pronto verlos estallar en pleno rostro.
—¡A la Dirección! ¡Ahora!
El nuevo entrenador tenía la cara tan roja que hacía juego con la playera que vestía, ese detalle fue el único que alcanzó a observar Tai mientras el hombre gritaba indicaciones al resto de los chicos y tiraba de ellos fuera del campo, con las manos apretadas una sobre su hombro y la otra sobre el de Yamato.
Y ahí estaban ahora…, Yamato removiéndose con incomodidad en el asiento y él con los brazos cruzados negándose a decir palabra.
El Director, quien tenía más arrugas que cualquier otra persona que Tai y Yamato hubieran visto, hacía preguntas de manera incesante con esa voz ronca que le quitaba al menos dos décadas de encima y lo hacía lucir mucho más severo de lo que un anciano debía de ser.
—¿Quiere alguno de los dos explicarme qué fue lo que ocurrió? —insistió.
—Nada —respondió Yamato.
—Una pelea tonta —secundó Tai, sin mirarle.
Ya antes habían tenido peleas, claro. Pero, eran cosa de niños y no algo como lo ocurrido ahora; el labio sangrante del rubio y la ceja rota del moreno probaban que no había sido un simple malentendido y que probablemente no había surgido de un segundo al otro como todos podrían creer.
El entrenador, de pie y a la derecha del director, ya lo había explicado todo y ninguno de los dos se molestó en dar una versión propia ni más detalles o razones.
—Lamentablemente —el Director se cruzó de manos, inclinándose sobre el escritorio-, si ninguno quiere hablar… su pelea tendrá repercusiones.
El hombre parecía querer obtener respuestas a toda costa y a pesar de su pausa, esperando alguna reacción, se vio forzado a soltar el aire y seguir:
—Suspensión durante una semana, siendo efectiva desde el día de mañana.
Tai resopló, no le parecía tan grave.
—Y consideraremos su expulsión del equipo.
—¡¿Qué?! —el moreno replicó de inmediato, respondiendo por primera vez—. ¡Eso es injusto! ¡Es nuestro último año! ¡Y no es para tanto!
—Si quisieran explicarnos el motivo de la pelea… —el entrenador intervino.
Y aunque Tai había apretado los puños dispuesto a defenderse, soltó el aire desplomándose de regreso al asiento para cruzarse de brazos.
—¿Ishida? —el hombre le dirigió una mirada al rubio y reparó en que éste tampoco cooperaría.
—Entonces está decidido —el anciano volvió a tomar la palabra y la dirección de la conversación—, sus padres ya vienen en camino. Les explicaré lo ocurrido y la sanción —soltando el aire se reclinó en su asiento, mirándoles aún con un dejo de molestia—, obviamente quedará asentado en sus registros de conducta.
Rumiando aquel "quizás para ese momento ya se encuentren más tranquilos" con el que el Director les había despachado, Tai avanzó por el pasillo sintiendo que los pies le pesaban una tonelada con cada paso y que caminar requería todo el esfuerzo y concentración de su parte; le parecía una injusticia el ser expulsado del equipo por algo así y se lo había reclamado al entrenador hasta que éste le cerró la puerta en la cara.
El moreno suspiró al darse cuenta de que estaban en un salón vacío, pateó la puerta un par de veces y cuando se giró, consciente de que se había quedado a solas con Yamato, soltó el aire de nuevo decidido a llenar el silencio con más quejas.
—¡No pueden expulsarnos así! —comenzó pasándose una mano por el cabello alborotado—. La temporada comienza en menos de quince días y no tendrán tiempo para buscar reemplazos, el equipo no es tan numeroso y aún usando a los reservas estarían bajando el nivel…
Podía estar lejos de sonar modesto pero, a pesar de ello, Tai conocía las habilidades del equipo y no estaba exagerando en ese sentido.
—Además, ¡soy el Capitán!
TaI enfatizó la declaración apuntando muy cerca del rostro ajeno. Yamato, por su parte, levantó la vista como si hubiera salido de sus propios pensamientos y retirándose el paño húmedo del labio soltó un suspiro.
—¿Y qué? —preguntó desde el pupitre en el que estaba sentado—, todos somos reemplazables.
—¡Claro que no!
—Por supuesto que sí —Yamato sostuvo su punto—, ¿o vas a decirme que el partido se cancela si un jugador se lastima? ¿Acaso no entra alguien en su lugar si llega tarde? O, ¿el entrenador no hace cambios en pleno partido si acaso cree que alguno de nosotros no está rindiendo?
—Pero esto es diferente… —el moreno apretó los puños—, es...
—Conducta antideportiva —sentenció.
Tai enmudeció, no había llegado a considerarlo así.
—Es peor.
—¡Ishida! —estalló tras el instante de silencio—, ¿acaso no te importa?
Los ojos chocolate de Tai, afilados y quizás algo rencorosos, buscaron sopesar la mirada del rubio y el alcance de sus palabras; ¿¡por qué no le apoyaba!?
—¿De verdad eso es lo único que te importa?…
Tai, quien ya había ocupado asiento, enderezó la espalda echando el cuerpo hacia atrás al entender de inmediato a que se refería Yamato; él estaba evadiendo la pelea, el por qué se habían agarrado a golpes y simplemente hablaba de la expulsión como si esa fuera una injusticia que alguien estuviera cometiendo hacia ellos.
Respiró, tratando de llenarse de aire los pulmones, y no pudo llegar al final cuando notó que el rubio estaba a punto de hablar de nuevo.
—No te atrevas —exclamó con seriedad.
Quizás Yamato nunca lo había dicho pero él, mejor que nadie, sabía leer esos ojos azules…
Y como si fuera poco, estaban las sonrisas tristes y esos desganados "ay Tai" que poco a poco había ido traduciendo en un-: ¡Ay Tai!, no entiendes nada.
Oh, pero es que sí entendía y le aterraba.
Tai sintió claramente como tragaba con pesadez, esforzándose por pasar el nudo que le cerraba la garganta ante ese momento que estaba a punto de ocurrir frente a sus ojos; Yamato había entreabiertos los labios al morderse el inferior y sentir dolor, podía imaginar el sabor metálico en éstos y casi, casi porque lo que sentía era su propio corazón, era consciente del palpitar acelerado en el pecho ajeno.
—Me gustas.
Y así, su mundo estremeció y se derrumbó…
Era una experiencia extraña, casi extra corporal, como encontrarse de pie en medio de un terremoto en el que todo a su alrededor caía en cámara lenta; no podía ver en la oscuridad, era imposible abrir los ojos, y si Tai trataba de gritar o respirar se ahogaría con el polvo de las partículas que desde el primer momento le escocían la cara y los brazos debido al viento que las arrojaba en su dirección.
—Tai —el rubio apretó los labios y lo repitió—, me gustas.
Y Yamato lo decía sonriendo…
Casi al mismo instante en el que Tai tomaba consciencia del calor que comenzaba a sentir en el rostro, la palidez reemplazó al sonrojo y negó. Negó con tanto fervor que se sintió mareado y agradeció estar sentado, tenía la diestra apretada al asiento y se aferraba como si fuera a perder el suelo de lo contrario.
—Habías dicho que salías con Sora.
—No —Yamato tensó los hombros—, sobre eso…
—Mentiste —escupió la palabra con rencor, Sora no tenía nada que ver con todo eso y él había tenido que mentirle también para salir del problema que Yamato creó—, ya lo sé.
Tai se revolvió el cabello con la diestra, la cabeza le iba a estallar.
—No Yamato… —se encogió de hombros, incrédulo y dispuesto a escarbar hasta llegar a la raíz de ese malentendido—. ¿Cómo sabes que te gusto? ¡Nunca has tenido novia!
—Tai…
—¡No! —exclamó, interrumpiéndole—. Jamás has tenido novia y nunca has salido con una chica, ¿endientes? ¿Cómo puedes comparar o tan siquiera distinguir? —dentro de su cabeza era una duda razonable—. Además, ¿te gusto sólo yo o te gustan todos los chicos?… —celos, ahí estaban de nuevo aunque los encubrió tan bien que ni él lo notó.
—¡Tai!
Yamato le observaba con aprensión y parecía desear que se detuviera pero, Tai quería terminar más aprisa con todo lo que tenía para decir.
—¡Es que es diferente! ¡Debe de serlo! —gritó y moderó su tono alarmado al recordar que estaban en un salón vacío, pero que sería terrible que alguien le escuchara al pasar por ahí—. Puede que sólo estés confundiendo nuestra amistad, el tiempo que pasamos juntos y el quererse… quererse como amigos.
—¿Amigos?…
—¡Sí!, ¡amigos! —puntualizó—. ¡Eso es lo correcto!
Yamato apretó los puños, y Tai no lo vio venir.
Simplemente ocurrió...
¡Paf!
... el rubio, había soltado un puñetazo.
—¡Olvídalo!
Para cuando el dolor comenzó a extenderse sobre su mejilla, el chirrido de la silla aún hacía eco en la cabeza de Tai pues el rubio se había levantado con tal rapidez que no le dio tiempo a nada; ni a levantar los brazos o devolver el golpe.
—¡Maldita sea! —gritó de nuevo—, ¿¡qué pasa contigo!? ¡Sólo estoy tratando de entender!, ¡de arreglar todo este desastre!, y tú…
—¡Olvídalo! —repitió—. ¡Simplemente olvídalo! ¡No he dicho nada!
—¿¡Y cómo pretendes qué…
Tai dejó la frase al aire cuando la puerta se abrió y la secretaria del Director les interrumpió, ni siquiera había escuchado el taconeo pero la mujer les miraba como decidiendo si debía de llamar a alguien más para encargarse de lo que sea que estaba ocurriendo ahí.
Al cabo de un momento ésta tosió y decidió ignorar la mala decisión de dejar en la misma habitación a dos muchachos que se habían peleado antes.
—Yagami —se dirigió a Tai—, venga conmigo.
El moreno le dirigió una mirada a Yamato pero éste había vuelto a sentarse y miraba en dirección a la ventana, enajenado de él.
—Maldita sea —masculló, jalando de un tirón su mochila.
En lugar de arreglar las cosas, sin duda todo había empeorado.
Ahora tendría que dar explicaciones en casa, asumir las consecuencias con el equipo, y ver qué hacer con los pedazos de la amistad rota que habían quedado tras esa declaración en boca de su ex mejor amigo; faltar una semana a clases, irónicamente, era lo único que no le pesaba. Por el resto, la mandíbula le dolía y esa ceja suya quizás iba a necesitar un par de puntos.
Pero sobre cómo sentía el pecho, Tai no quería que nadie le preguntara eso…
oOo
No apoyo la violencia pero recuerdo que Tai y Yama se peleaban hasta siendo niños, sin duda Digimon 01 no tenía edulcorantes xD. Y bueno, ahora sí podemos considerar ese "Me gustas" como una declaración formal.
Estamos a una viñeta y a un capítulo de ponerme al día~
