NI LA TRAMA NI LOS PERSONAJES ME PERTENECES!

ESPERO QUE LES GUSTE EL CAPI!

YA ESTAMOS CERCA DEL FINAL! =(

BESOS


Capitulo 10

El apartamento de Edward quedaba en el cuarto piso. Ocupaba todo el piso.

¿Será que Edward vive aquí solo, o con algún tipo de empleado?, se preguntaba Bella, muriéndose de curiosidad.

Sabía que todo el conjunto de edificios pertenecía a Edward. Recordaba la compraventa del condominio, cuando aún era su secretaria.

Parecía estar pensando en hechos sin importancia para no cuestionar las reales intenciones de Edward al traerla a su apartamento.

Edward abrió la puerta. La sala era enorme, sin embargo Bella no pudo prestar mucha atención a los detalles, pues Edward inmediatamente la acomodó en un confortable sofá cerca de la chimenea. Y entonces, se sentó cerca, al lado de Bella.

-Cenaremos en casa -dijo sonriendo.

-Confieso que no esperaba esto.

-¿No te gustó la idea? -preguntó Edward, intrigado.

-Ah, sí. Me gustó mucho.

-Tendremos una cena especialmente preparada para nosotros -reveló, feliz.

-¿No me diga que tú la preparaste?

-Bueno...

-Me has sorprendido tanto últimamente que no me extrañaría que cocinaras también... -ironizó Bella.

-La sra. Cope preparó la cena. Ella cocina muy bien -explicó Edward.

-¿Quién es la sra. Cope?

-Vive conmigo. Trabaja para mí hace muchos años. No sé como nunca te hablé acerca de ella -dijo, levantándose para encender el aparato de sonido.

Nunca me hablaste sobre tu vida personal, pensó Bella.

-Edward.

-¿Qué?

-Creo que descubrí porque me trajiste aquí -declaró ella.

Edward colocó el disco preferido de Bella y se volvió para sentarse a su lado.

-¿Ah, sí? Entonces dime por qué -pidió, curioso.

-Porque sería muy extraño que mis padres vinieran aquí a cenar con nosotros y percibieran que ni siquiera conocía tu apartamento -reveló Bella.

-Bella... Bella... siempre sacando conclusiones precipitadas.

-No estoy de acuerdo.

-Y digamos que yo quisiera... -argumentó Edward.

-Prosigue Edward. ¿Quisieras... qué? -preguntó, intrigada.

-Seduc...

-¿Seducirme? -ironizó Bella-. ¿Con este cuerpo? No consigo creer que alguien quisiera...

Ambos sonrieron, divertidos. Edward fingía que intentaba seducirla.

-Voy a tomar una copa -dijo aún sonriendo.

Edward salió de la sala. Con certeza, en aquel inmenso apartamento debía haber una sala especial con el bar y las bebidas. ¿Por qué Edward vivía en un lugar tan grande?

Mientras él estaba ausente, Bella pudo observar la sofisticación de la sala de estar donde oía música.

Las alfombras eran azules y todos los sillones blancos. El resto de la decoración mezclaba esos dos colores. Las cortinas eran de un azul cielo claro con pequeños listones blancos. Los objetos, ceniceros y todo lo demás eran intercalados en blanco y azul. Hasta el papel de la pared tenía los mismos tonos. Las plantas estaban en floreros altos, cuidadosamente distribuidos por el ambiente. Las hojas llegaban casi hasta el suelo.

Edward regresó a la sala, con las manos vacías. Detrás de él una señora alta, mayor, de cabellos canosos, vistiendo un uniforme blanco, traía la bandeja con dos vasos.

-Bella, está es la sra. Cope -dijo Edward, haciendo las presentaciones.

-Mucho gusto -dijo Bella, sonriendo.

-Está hermosa chica es la srta. Swan, de quién ya le hablé -comunicó Edward.

La sra. Cope miró hacia ella, visiblemente intrigada con la barriga saliente de Bella.

-La cena estará pronto -comunicó la sra. Cope educadamente.

-Gracias -agradeció Bella.

La señora, sin decir más nada, salió en dirección a un pasillo.

-La sra. Cope es un ángel -intentó disculparse Edward-. No sé lo que haría sin ella y su marido. El sr. Cope es el cuidador, cuida de todo este edificio.

-¿Viven contigo? -preguntó Bella, curiosa.

-Digamos que no.

-¿Digamos? -indagó intrigada.

-En el piso de la planta baja existen dos apartamentos en el mismo piso: ellos viven en uno, y el otro lo ocupa mi madre cuando viene a visitarme -explicó Edward.

-Entiendo... -observó Bella.

Edward le sirvió la copa. Bebieron juntos. Ambos estaban tensos. La situación no era normal, por más que intentaran hacer que lo fuera.

Al terminen las bebidas, Edward cogió el rostro de Bella suavemente y dijo:

-Me gustaría que conocieras mi cuarto. Inmediatamente vas a saber por qué -susurró Edward, ya levantándose.

Caminaron hasta un gran pasillo central, donde habían hermosos cuadros pintados a óleo.

Tomándola de las manos, Edward la condujo por un pasillo que conducía a una puerta.

Llegaron al cuarto de Edward.

Bella se sorprendió. La sala era tan grande y sofisticada, que imaginó que todo el apartamento sería así. Pero, el cuarto de Edward era totalmente diferente.

Los muebles eran laqueados de gris. Todas las alfombras y adornos eran amarillos y negros.

El tejido del sillón que estaba en el borde del cuarto era listado de negro, amarillo y gris. Las cortinas y el cubrecama estaban hechos del mismo tejido.

-¡Me sorprendiste! -confesó Bella.

-No veo por qué -observó Edward, sonriendo-. A ti siempre te gustaron las cosas excéntricas.

-A mí siempre me gustaron. A ti no -declaró Bella, yendo en dirección a la ventana.

-Por eso hice que este cuarto combinara contigo.

Bella notó entonces que la cama era amplia y todo allí parecía impecable. ¡Era todo nuevo!

-Bella...

-¿Qué pasa? -preguntó, distraída.

-¿No te gustó?

-No es eso, Edward. ¡Está todo muy bonito y de buen gusto! -elogió, curiosa acerca de las reales intenciones de Edward.

Edward cerró la puerta del cuarto. Se aproximó a Bella y la hizo sentarse en la cama.

-Sabes...

-Habla, Edward -insistió Bella.

-Nunca traje a ninguna de mis... quiero decir... a nadie a mi apartamento antes. Me gusta mantener mi privacidad.

Bella no conseguía entender si sólo le estaba explicando su vida personal, o la estaba previniendo contra interferencias.

-¿Y por qué yo quebré esa regla? -indagó, curiosa.

-¡Por qué eres una excepción!

-¿A causa del bebé? -preguntó Bella, con firmeza.

Edward dudó por algunos instantes y entonces respondió, mirándola a los ojos:

-Si eso te hace aceptarme a mí y a mi casa... Entonces es... A causa del bebé.

La sra. Cope los interrumpió, golpeando la puerta y entrando enseguida.

-Serviré la cena enseguida, señor.

-Está bien. Gracias. Puede irse -dijo molesto por la interrupción.

-Creo que no le gusto -observó Bella.

-¿Por qué?

-Tal vez piense que estoy embarazada de otro hombre e intentando cargarte el bulto.

Edward pasó el brazo por los hombros de Bella y la condujo en dirección al comedor.

-Aprovecha y cuéntale toda la verdad a la sra. Cope -sugirió Edward irónicamente-. Ella no me creería si se lo contara.

-¿No creería qué?

-¡Que te niegas a casarse conmigo! -exclamó Edward, sonriendo.

-Bueno, Edward... Habla bajo o te oirá.

-¡Quiero que el mundo entero sepa cuanto sufro y que me has rechazado! -bromeó él.

Llegando al comedor, Edward retiró la silla para que Bella se sentase.

-Estás hermosa -murmuró en su oído, al sentarse.

Cenaron a solas, en un clima amistoso. Bella estaba radiante. Siempre había deseado una noche así con Edward.

La sra. Cope sirvió el postre y por fin el café y el licor.

Bella intentando ser gentil, la elogió:

-Estaba delicioso. Edward tiene razón, cocina muy bien.

Ella nada respondió, sólo miró a Bella y sonrió fríamente.

-No te molestes con ella -dijo Edward, percibiendo la contrariedad de Bella.

-Está bien, está bien... sólo intenté ser gentil...

-¿Quieres un poco más de vino? -ofreció Edward, retirando la botella del balde de hielo e inclinándola en la dirección del vaso de Bella.

-No, gracias -rechazó, cubriendo el vaso con la mano.

-¿No te gustó del vino? -preguntó Edward, contrariado.

-No es eso, Edward. Sabes que adoro el vino blanco. Ya bebí bastante -explicó ella.

Bella no tomaba bebidas alcohólicas desde hacía algunos meses, y estaba más vulnerable que lo normal.

-Bien... No has bebido tanto -protestó él, volviendo a dejar la botella en el hielo.

-Y, además -continuó Bella con ironía-, no deberías emborrachar a una mujer embarazada. No combina con tu imagen.

Edward la miró, levantando una de sus cejas, desconfiado.

-¿Qué quisiste decir con lo de mi imagen? -preguntó él.

-Sólo eso. Para intentar preservar tu imagen de hombre responsable, estás aquí... desperdiciando toda una noche con una mujer embarazada, en vez de salir con alguna chica -las palabras de Bella fueron pronunciadas suavemente, pero cargadas de veneno.

Aún así, Edward no se alteró. Su expresión sólo se tornó más seria.

-Debes saber que nunca te rechazaría o a nuestro hijo por nadie -dijo él, despacio-. Tú eres quien me rechaza todo el tiempo...

-No es verdad, Edward. No seas injusto -imploró, percibiendo que no debería haber hecho un comentario tan rudo.

-¿Ah, sí? ¿Por casualidad te preocupaste en presentarme a tu familia? -él preguntó, fríamente.

Bella se removió en la silla, desconcertada. No esperaba esa reacción de Edward.

-Yo... voy a hablar con ellos el fin de semana, cuando vaya a verlos -respondió Bella, un tanto confundida.

-Bella, dime honestamente.

-¿Qué?

-¿No crees que ya es hora de dejar de ir a pasar los fines de semana con tu madre? -preguntó Edward, desaprobando su actitud.

Bella jugueteaba con el vaso, pasando los dedos por el borde, para evitar enfrentar a Edward.

-A ellos les gusta que vaya. Piensan que para mí es un alivio salir de Londres dos días a la semana. Y no es sólo eso: a mí también me gusta y me preocupo por mi madre. Ella también está embarazada, ¿recuerdas? -explicó Bella, y continuó mirando fijamente a Edward-. Son las únicas personas que me han comprendido últimamente...

-No son las únicas... -él añadió con suavidad.

Bella sintió, entonces, que sería mejor cambiar de tema. La atmósfera que los envolvía se estaba poniendo peligrosa.

-Ah, Edward. Creo que aún no te conté... -recordó Bella de pronto.

-¿Qué?

-¿Sabías que mi padrastro conoce a Emmett? -dijo ella, sonriente.

Edward frunció las cejas, mostrando curiosidad.

-¿Has visto a Emmett últimamente? -preguntó, desconfiado.

-No -respondió, moviendo la cabeza.

Se quedaron en silencio por algunos instantes antes de que Bella retomara la conversación.

-Pero los veré el próximo sábado. Emmett y su esposa están invitados a la recepción que mi madre y Phil van a ofrecer. Me encantará verlos nuevamente -explicó animada.

Edward comenzó a juguetear con un mechón del cabello de ella, enrollándolo en uno de sus dedos.

-Me gustaría ir contigo a esa recepción -él propuso.

Bella lo miró sin comprender lo que quería decir.

-Edward.

-Sí...

-¿No habías dicho que preferirías conocerlos aquí, en tu casa? -se extrañó ella.

-¿Te da vergüenza aparecer en público conmigo? -él preguntó, aún jugueteando con sus cabellos.

Bella sentía un calor inmenso inundarle el rostro. Estaba excitada, tal vez a causa del vino. Pero, ciertamente, el hecho de que Edward le acariciara su cabello ayudaba mucho. Le gustaba cuando la tocaba.

-No es vergüenza.

-¿Qué es entonces? -él quiso saber.

-Desconfianza. Disculpame, Edward, pero aún no entiendo tus motivos... y... -intentó decir Bella.

-¡Pensé que te había aclarado todo ayer, cuando regresamos de las compras! -exclamó él-. Casarme contigo es mi objetivo principal. Pienso que, al conocer a tus padres, daré un paso importante.

-Edward, no aguanto más esto...

-¿Qué?

-Hablas de boda todo el tiempo. ¡Parece que crees que si nos casamos, resolveremos todos nuestros problemas! -exclamó Bella.

-No es así. Sólo quería que me dejaras acompañarte el sábado -observó, mirándola fijamente.

-No quiero, Edward. Tengo mis razones -suspiró ella.

Bella estaba a punto de perder el control de la situación. Su cuerpo quería una cosa y la razón le decía otra. Edward estaba tan cariñoso, hablando con tanta dulzura y actuando pacientemente como nunca lo había hecho antes.

Bebí demasiado, concluyó, al notar que sería difícil controlarse delante de él.

Ella lo amaba demasiado, y no resistiría su encanto seductor por mucho tiempo. Era mejor salir de allí, antes de que hiciera alguna barbaridad.

-Edward... ¿Sabes lo que tengo en mente? -preguntó, ya de pie.

-No, ¿qué?

-Hablaré con mis padres durante el fin de semana. Les diré que quieres conocerlos. No estoy de acuerdo con que aparezcas por allá sin que ellos lo sepan -explicó Bella, intentando disfrazar cuánto se sentía atraída por él.

Edward se levantó, aproximándose a ella y colocó sus manos sobre sus hombros. Acariciaba los cabellos de Bella cariñosamente. Él usaba lavanda Dior, un perfume que tenía todo que ver con él. Lo hacía aún más atractivo.

-Podrías llamarlos. Mañana aún es miércoles -sugirió, mirándola sensualmente, de los pies a la cabeza.

Edward intentaba controlar su deseo también. Respiraba aceleradamente mientras acariciaba el rostro de Bella.

-Voy a llevarte a casa. Pareces cansada -concluyó, suavemente.

Él actuaba de modo contrario a lo que acababa de proponerle a Bella.

Le rozaba levemente el rostro, la oreja y el cuello. Le besaba el rostro con cariño y la hacía sentir su lengua caliente y húmeda recorrerle la nuca.

Por el amor de Dios... reacciona Bella..., pensaba ella en su interior, sintiéndose totalmente entregada a las caricias que recibía.

No podía y no quería controlarse. Allá estaba el hombre que tanto amaba. ¿No sería un error mucho mayor rechazarlo?

-Lo siento mucho... -intentó disculparse, sintiéndose como una tonta por que no quería simplemente aceptar que la llevara a la fiesta.

-No digas que lo sientes mucho... -dijo Edward, insistiendo en besarla, ahora más profundamente.

-No entiendes. Estoy hablando sobre el sábado -Bella intentó explicar.

-Iremos juntos -él finalizó, sonriendo.

Bella luchaba consigo misma. Tenía que irse de cualquier forma. Sin contar con que se moriría de vergüenza si la sra. Cope aparecía.

-Edward... detente... Por favor... detente -imploró, casi sin aliento.

-¿Por qué? -preguntó preocupado, alejándola ligeramente.

-Porque pienso que no conseguiré controlarme. Estamos yendo demasiado lejos... -murmuró Bella, preocupada de no mirarlo a los ojos.

Edward la cogió por los hombros con firmeza y levantó el rostro de Bella para poder mirarla.

-No quiero que te controles...

Bella apenas podía mirarlo. Edward la conocía bien y, con certeza, percibía cuánto lo deseaba en aquel momento.

-No deberías haberme tocado de ese modo... besado así... -suspiró Bella, con la respiración acelerada.

La expresión del rostro delicado de Bella era una invitación a caricias más intensas, y Edward no se resistió. La envolvió en un abrazo caluroso.

Bella no conseguía controlarse. Se entregó enteramente a las caricias, cada vez más íntimas de él.

-¡Te quiero tanto! -él gimió junto al oído de ella, rozándolo con la lengua.

-Oh, Edward...

-No diga nada... -Edward la besó en la boca, impidiéndole continuar hablando-. ¡Nunca dejé de quererte!

Bella sonrió feliz. ¿Por qué debería resistir? ¡Era tan difícil alejarlo! Nunca había amado tanto a un hombre en toda su vida. Al lado de Edward, se sentía completa, llena, mujer.

-Edward... No puedes... querer...

-Sí puedo -él la interrumpió-. Cada día que pasa te quiero más, Bella.

-¿En este estado? -indagó Bella, sorprendida.

-¿Piensas que porque estás embarazada, eres menos sensual? -preguntó, acariciándole el rostro.

-Edward...

-Te quiero mucho más... Bella -finalizó él abrazándola con fuerza.

Estaban parados cerca de la puerta del comedor. Edward se dobló, estrechándola más junto a sí.

Sus bocas se encontraron, ávidas por un placer hace mucho tiempo reprimido. Necesitaban, intensamente, el uno del otro.

Edward paró de pronto y susurró en su oído:

-Aquí no.

Bella lo miró, sorprendida. Él no iría a desistir ahora. Lo podía sentir lleno de deseo.

-Déjame hacerte el amor, Bella -pidió-. Hagamos el amor ahora. Te quiero...

-Sí -ella susurró, casi entrando en la desesperación.

Edward la condujo de vuelta al cuarto, haciéndola sentarse en la cama. Se sacó la camisa y la tiró al suelo, ansioso.

Bella se excitó al ver aquel pecho fuerte y musculoso que tanto deseaba.

-Sólo te pido que no me odies después -imploró él, desabotonándole la blusa a Bella-. Creo que no soportaría que me odiaras más de lo que ya me odias.

-Nunca te odié, Edward.

Edward le quitó la blusa, y admiró sus bellos senos por algunos segundos.

-¡Están más hermosos! -exclamó Edward, besándolos.

Bella percibió cuanto la deseaba, ya no se sentía más avergonzada de su cuerpo. Dejó que él la acomodara en medio de la cama, apoyándose en las almohadas.

Edward la miró tranquilamente y se acostó a su lado, pasando la mano por su rostro.

-No imaginas cuanto soñé con este momento -confesó.

-Edward...

-¿Cómo pudiste pensar que no te deseaba? Estás hermosa, hermosa... -repetía cubriéndola de ardientes besos y acariciándole los senos con ternura.

Bella sentía que todo su cuerpo ardía de deseo.

-Edward...

-Tranquila... no pienses en nada... Quieres hacer el amor tanto como yo.

Edward se había desnudado totalmente y pasó a desnudarla también, en un lento ritual. Le quitaba cada pieza con delicadeza, besándole cada parte del cuerpo en llamas de Bella.

Ella pasó las manos alrededor de los hombros de Edward, atrayéndolo hacia sí, en un abrazo casi desesperado. Quería sentir su cuerpo desnudo junto al suyo.

Edward la detuvo y volvió a besarla, retribuyendo sus caricias. Quería deleitarla, excitándola con suaves caricias.

Contiendo la urgencia de su deseo, Edward la penetró con mucho cuidado y cariño. Un verdadero caballero.

-Bella... -susurró él, ya dentro de ella, sintiéndola por entero.

-Edward... Te amo... -balbuceó ella. Sus cuerpos se movieron en un ritmo delirante, pero lleno de ternura.

Sentían un placer que nunca habían experimentado antes.

En la cama, Bella y Edward parecían un sólo ser. Compartían cada minuto de éxtasis.

-No voy a permitir que te alejes más de mí... -prometió él, rozándole sus senos con la lengua.

-Edward... Fue todo tan maravilloso...

-No digas nada...

Bella se sentía adormilada y saciada; se acomodó en los brazos fuertes de Edward y se relajó. Estaba feliz como hacía mucho tiempo que no se sentía.