Esta mañana me he propuesto subir un capítulo al fanfic... tengo felicidad plena. Lo tenía empezado desde hacía bastante... y hoy al fin me siento realizada *-*

Bueno, mi musa volvió de vacaciones en Hawai, y al ver el calor que hacía aquí, se ha ido otra vez, al Himalaya. xD Así que no le daré crédito ninguno, y diré que para este capi me inspiró la ost de Final Fantasy XIII, "in the sky that night", Vanille's theme y Serah's theme.

Bueno, disfrutad del capi y gracias por su paciencia. ;)

Aquellos días felices

Kate paseaba suavemente su mano por la barandilla, en un balcón cerca de un parque. Sintió la dulce brisa acariciarle el rostro, y respiró hondo. Echaba profundamente de menos a su madre. Habían pasado algunos años desde que ella murió, y se había sumido en un sentimiento de tristeza y melancolía. Su padre trataba de ser fuerte por los dos, pero era muy difícil sobrellevarlo. Bianca, su madre, era una luz para ellos, una hermosa luz que les había servido de guía en los peores momentos. Ahora sin embargo, la luz se había extinguido, y se encontraban muy a oscuras, sin saber qué hacer.

La joven contempló el atardecer desde aquél sitio, con la mirada perdida, sumida en sus pensamientos. Alguien conocido, se le acercó por detrás.

-¿La pequeña Kate sigue soñando despierta?

La chica se giró y observó a un muchacho sonriéndole, de cabello corto y rubio, y unos destacados ojos verdes. Aquella singular sonrisa acabó por contagiar a Kate, que en seguida se la devolvió.

-No soñaba, Ivan, sólo pensaba.

-¿Ah, sí? ¿Puedo saber en qué?

Ivan se acercó a Kate y se apoyó en la barandilla, junto a ella.

-En muchas cosas… sobretodo en mi madre.

El joven no contestó en seguida, a pesar de que ya había adivinado la respuesta.

-Seguro que ella también está pensando en ti.

Kate suspiró.

-Si tuviera corazón, quizás sí.

-Oh, vamos, Kate. ¿Crees que a tu madre le gustaría verte así por ella?

-Pero-

-Ni peros ni nada. Vamos al mercado de la ciudad.

-¿Para qué?

-¿Se necesita una razón para querer ir contigo a alguna parte?

Kate se asombró de aquellas palabras. Enrojeció al instante.

El frío había comenzado a hacerse notar tras esconder el sol sus rayos. Los dos amigos paseaban entre el gentío del mercado, del que no desaparecía su alegre ambiente, a pesar de que las nubes amenazaban con nevar. Se pararon frente a un puesto de cristales de diversos colores. Kate parecía un poco más alegre, y eso Ivan lo notó. El chico en seguida se percató de que a Kate le gustó un cristal en particular, pero ambos se hicieron los desinteresados.

Siguieron caminando hasta llegar al centro de la plaza, donde se encontraba una hermosa fuente de cristal opaca. Tras un breve momento de silencio, Ivan decidió romperlo.

-Kate… -la chica alzó la mirada.- eres una chica muy peculiar, y puedo entender que seas seria en algunas cosas y bastante dura… pero no vuelvas a hacerlo.

-¿A hacer… qué?

-Perder la sonrisa.

Kate se ruborizó, y casi de manera automática, sonrió ampliamente.

-¡Idiota, deja de decirme eso!- la joven fue hacia él para pegarle repetidas veces en el brazo en broma. Ivan reía, cosa que Kate también hizo, al darse cuenta que ese era su objetivo desde el principio.

-Te llevaré a casa, antes de que tu padre se preocupe.

Comenzaron a caminar por el pueblo hasta llegar a una zona con modestas casitas decoradas con cristal de cuarzo de varios colores. Kate volvía a sonreír, así que para Ivan, todo estaba saliendo según el plan. Un plan simple y sencillo: hacer feliz a Kate. El por qué no lo sabía, simplemente es lo que se había propuesto al salir de su casa. Se despidieron en la puerta, hasta que Ivan retuvo a Kate del brazo.

-Espera… Kate.

La chica sintió de golpe cómo su corazón se aceleró. Sonrojada, trató de mirar a su amigo a los ojos sin sentir vergüenza.

-Feliz cumpleaños, Kate.-la joven miró sorprendida a Ivan, que le ponía un colgante en el cuello, y después le daba un dulce beso en la frente. –No es mucho, pero…

Kate no lo aguantó más y le plantó un beso en los labios a Ivan, que se sonrojó al instante.

Tras varios días sin verse, Kate empezaba a ponerse nerviosa. Se le ocurrió la genial idea de salir corriendo tras besar a Ivan.

-¡Estúpida!- se dijo, totalmente avergonzada de sí misma.

De todas formas, no habían podido verse porque a su amigo le habían asignado una misión fuera de su mundo. No quería preocuparse, porque viajaba con un portador de un cristal, pero aún así…

Sacudió la cabeza.

-¡Debo dejar de preocuparme de él! Es un fuerte guerrero… no le pasará nada.

Mientras tanto, en la sala del Cristal Rey, la princesa había sido llamada, debido a que el Cristal había encontrado un nuevo portador.

En el cristal se observaba la imagen de una chica que caminaba sola por el bosque, hasta llegar a un claro frente a un lago.

-¿Quién es esa chica?- preguntó la princesa.

-Es hija de uno de nuestros soldados, majestad.

-Traedla aquí, parece ser que ha sido elegida portadora.

-Sí, majestad.

Kate, ajena a todo, paseaba la mano por el agua del lago, pensando, cómo no, en Ivan. Se llevó sus dedos a los labios, tratando de recordar el tacto de aquél beso. Sonrió. ¿Por qué había hecho eso? Ahora su amistad pendía de un hilo, al no saber si Ivan sentía lo mismo por ella, ya que había salido corriendo. Cogió entre sus dedos el colgante que le había regalado él, y lo observó con detenimiento. Pudo sentir un tenue poder emergiendo de él, pero no sabía descifrar qué era, aunque le parecía muy familiar…

-¿Kate?

La chica, de un sobresalto, se giró, viendo varias personas a unos metros de ella. Parecían soldados, dos hombres y dos mujeres, que la miraban seriamente. Kate se levantó y tomó actitud seria.

-¿Si?

-Debes acompañarnos. La princesa Stella desea verte.

-¿La… la princesa?

-Por favor, acompáñanos, no la hagas esperar.

-Claro…

Llevaron a Kate al castillo, al que nunca había estado tan cerca, y subieron varias plantas por unas escaleras. Agotada, Kate se apoyó en una pared mientras los soldados abrían una pesada puerta, y una luz, que cambiaba de color cada pocos segundos, salió de la entrada a la sala.

La chica se enderezó y entró en ella, un poco asustada. Cuando al fin pudo ver el interior, observó una chica poco más grande que ella, y a su lado, un gigantesco cristal, del que emanaba energía y luz. Kate no daba crédito a lo que veía. Ese era el legendario Cristal Rey que protegía su mundo de la oscuridad… el que había elegido a su madre como portadora.

-Kate.- la voz de la princesa la llamó, sacándola de su ensimismamiento.

-Majestad,- dijo ella, haciendo una leve inclinación.- me habéis llamado, pero no sé el por qué.

Stella sonrió.

-En realidad, el que te ha llamado ha sido él.- la princesa señaló al Cristal Rey, que mantenía la imagen de Kate en él, como un espejo.

-¿Él… por qué?

-Porque te ha elegido como portadora, Kate.

La chica abrió mucho los ojos. ¿Portadora? ¿Ella?

-Sí, al parecer, ha reconocido tu luz interior. Creo que si había oscuridad en ti, se ha disipado de momento. Algo te habrá pasado, que ya no tienes ese… conflicto interno.

Kate enrojeció al instante.

-Yo… bueno, yo… es que…

-No pasa nada, Kate. Ven.

La joven se acercó al Cristal Rey, que dejó de emitir su imagen.

-¿Estás lista?- ella asintió rápidamente.- Bien.

La princesa se retiró un poco y dejó a Kate sola ante el cristal. De pronto, comenzó a brillar, y tras unos segundos, en los que nadie vio nada, un pequeño cristal con un ligero tono violeta descendió flotando desde lo alto de la habitación, hasta pararse en las manos de Kate. La princesa se acercó de nuevo a ella.

-Bien, Kate; ahora, alza el cristal.

La chica obedeció y el cristal se iluminó, creando una onda de choque, que salió de la habitación y del castillo, propagándose por el reino, haciendo ver que un nuevo poder había despertado.

-Kate, ¿conoces las reglas del portador?

-Sí, mi madre era portadora de un cristal…

-Bien, pero te las recordaré. Un portador, debe utilizar el poder del cristal solo para combatir la oscuridad y proteger al Cristal Rey. Por supuesto, ello implica proteger nuestro pueblo y si llegases a viajar a otros mundos, acabar con la oscuridad desde fuera. Además, cada cristal tiene un único portador, es decir, ese cristal solo lo puedes utilizar tú. -La chica asintió.- Ah, una cosa más… el poder de la luz puede salvarte muchas veces, pero consumirla en grandes cantidades de golpe o repetidas veces… puede resultar muy grave.

Kate frunció el ceño. Ya sabía lo que eso significaba. Se dispuso a marcharse cuando Stella la detuvo una vez más.

-Tu madre… era Bianca, ¿verdad?

-Sí…

-Ella se sacrificó por nosotros… conozco la historia de tu familia, una antepasada tuya se fundió con el Cristal Rey y protegió nuestro mundo de la oscuridad… No quiero que eso vuelva a suceder. Kate, quiero que protejas este mundo de la oscuridad… pero no que te pierdas con él. No abuses de su poder, confío en que sepas cómo utilizarlo.

La chica se sorprendió de las palabras de la princesa, pero aquella mirada le transmitía confianza, como una vez hizo su madre.

-Claro, confíe en mí.

Stella le sonrió, asintiendo finalmente.

Tras una semana sin ver a Ivan, Kate había tenido oportunidad de probar el cristal varias veces. Al principio, le era una sensación extraña, pero poco a poco, se iba acostumbrando, perdiendo el miedo, cogiendo confianza en sí misma. Había puesto el cristal junto al colgante de Ivan, no unidos por la misma cuerda, pero sí juntos. Se había percatado de que el cristal de Ivan tenía un poder similar al del cristal puro. Era apenas tenue, pero se había dado cuenta que también atraía a los sincorazón.

Se encontraba en el lago, ese sitio que tanto le gustaba, sentada en el borde y mecía sus piernas bajo el agua. Escuchó unos pasos en la hierba, pero no quiso girarse. Cerró los ojos. Sabía que ese alguien, era humano, no un sincorazón. Había podido desarrollar muy rápidamente la presencia de oscuridad en un corazón y fuera de él, y esa persona, apenas tenía. Los pasos se detuvieron junto a ella, notó como se agachaba y hundía sus piernas en el agua, y la abrazaba por la espalda. Apartó su pelo delicadamente y depositó un pequeño beso en el cuello. Luego su nariz se paseó por la mandíbula y cuello, hasta topar con dos cuerdas. Tocó con los dedos ambas, hasta llegar a los cristales. Los observó minuciosamente, reconociendo el suyo, pero… ¿y el otro?

-El Cristal Rey… me ha elegido portadora.

Ivan quedó totalmente paralizado.

-Kate…

-He aceptado.

-¡¿Qué?- Ivan se separó de ella y se puso en pie de un salto.

-Sabía que esa idea no te haría gracia.

-Entonces, ¿por qué aceptaste?

Esta vez, fue Kate la que se levantó.

-Ivan, ¡es mi vida! Quiero sentirme útil. ¡Con el cristal puedo protegerme!

-El cristal va a destruirte, Kate. ¿O no recuerdas lo que le ocurrió a tu madre?

Kate entristeció la mirada.

-Eso… ha sido un golpe bajo, Ivan.

-Lo siento, Kate. Yo… sólo quiero protegerte.

La chica se sorprendió. Pero no tuvo reparos en mirarlo directamente.

-Pues no me protejas. Quiero defenderme por mí misma. ¿Tan malo es eso?

Ivan suspiró.

-Hay otras formas de defenderse, Kate. Pero ese cristal atrae a la oscuridad. No eres más que un blanco fácil. ¿No te das cuenta? El Cristal Rey solo se autoprotege. Reparte cristales con el fin de que acabemos con la oscuridad, él a cambio nos protege a nosotros, que en verdad solo se protege a sí mismo. No le importamos, Kate, solo es un cristal.

La chica miró su piedra.

-¿Estás diciendo, que la muerte de mi madre fue en vano?

-¿De verdad piensas que tu madre murió para proteger el cristal? Kate, tu madre murió para proteger a las personas que le importaban, no por un cristal. – la joven agachó la mirada, triste. Tenía razón, un cristal, es un cristal. Ella lo único que quería era proteger su mundo de los sincorazón.- Por eso, quiero que dejes el cristal. Sé que eres capaz de defenderte sin él.

-Pero, Ivan, he prometido defender el reino con él. Confía en mí, por favor. Sé que no soy tan buena luchando como tú, pero quiero ser capaz de proteger lo que quiero por mí misma. Odio depender de los demás. El cristal no va a consumirme, porque solo lo utilizaré cuando realmente lo necesite.

Ivan suspiró, se acercó a ella y la abrazó.

-De acuerdo, pero prométeme que sabrás utilizarlo bien. Es una gran responsabilidad. Los cristales tienen un enorme poder, a pesar de lo pequeños que son.

La chica alzó la mirada.

-Lo prometo.

-Así me gusta. Oh, y con respecto a lo de la otra vez… - Ivan se agachó un poco y besó los labios de Kate. -¿Le has dicho a tu padre lo del cristal?

-Aún no…

-Vale, pero primero dile que estamos juntos, quiero poder besarte delante de él.

-De acuerdo… Espera, ¡¿Qué?

Mes y medio después, una horda de sincorazones se habían colado en un portal hecho por unos portadores de cristales, que habían llegado al reino mal heridos y apenas tuvieron tiempo para cerrarlo. Ivan y Kate se encontraban en el lago, tumbados en la hierba, mirando las estrellas. De pronto, Kate se puso en pie de un salto, notando cómo cientos de motas oscuras llegaban a Kingdom Crystal.

-Kate, ¿qué ocurre?

Se escuchó un grito en la lejanía. La chica salió corriendo, sin pronunciar palabra.

-¡Kate!

Cuando la joven llegó al pueblo, miró con horror el espectáculo que tenía en frente. Los sincorazón atacaban a las personas y los más grandes destruían el mercado y las casas. Observó que ya había portadores tratando de detenerlos, así como soldados de la guardia real. No tenían problemas en acabar con ellos, pero los sincorazón más grandes, eran otra cosa.

-¡Kate!- la chica se giró al escuchar su nombre.

-Ivan, ¿qué está pasando?

El joven echó un vistazo a su alrededor.

-Pues… nos están atacando.

-¡No seas idiota, eso ya puedo verlo yo! Pero, ¿de dónde vienen?

-No lo sé, quizás de un portal.

-Pues habrá que encontrarlo y cerrarlo.

-Me parece un buen plan, ¿pero sabréis encontrarlo?

Los dos jóvenes se rodearon y vieron a tres soldados: un hombre maduro, un joven de la edad de Kate, y una joven más mayor que Ivan.

-Kei, -dijo Ivan.- ¿qué hacemos?

-Humm, ¿cuál es tu nombre, jovencita?

-Kate.

-Kei, Yuri y Dean.- dijo Dean, señalando a cada uno rápidamente.- Ya hemos hecho las presentaciones. Ahora, ¿por qué no comenzamos a movernos?

Todos estuvieron de acuerdo. Los sincorazón no se detenían y acabarían destruyéndolo todo si no hacían algo pronto.

-Dividámonos para abarcar más campo.- dijo Kei.- Dean, Yuri y Kate por la derecha, Ivan y yo por la izquierda. Si los acorralamos, ganaremos tiempo.

-Kate, - dijo Ivan.- toma esta espada, es pequeña, pero es perfecta para ti.

-Gracias.- tras un intercambio de miradas, todos comenzaron a moverse.

Kate no necesitaba utilizar el cristal, por lo que Ivan sentía que ella estaba a salvo… de momento. La chica, por su parte, estaba totalmente concentrada en la batalla, sin recordar por qué había quedado con Ivan ese día.

Había pasado un tiempo desde que ambos se habían hecho… "algo más que amigos". Pero Kate no había pronunciado a penas palabra sobre ese tema, y sentía la necesidad de decirle a Ivan que estaba enamorada de él desde hacía bastante tiempo. No lo hizo, y justo cuando iba a hacerlo, aparecen los sincorazón. Hoy no era su día de suerte.

Agarró fuertemente el sable que Ivan le había dado, y enfrentó a los oscuros seres. Ivan, por su parte, había comenzado a alejarse, adentrándose más en el pueblo. Tras deshacerse de unos sincorazón, se detuvo. Había escuchado el sollozo de un niño. Sus ojos verdes observaron a su alrededor, pero no veía a nadie.

Varias sombras le saltaron encima, pero pudo quitárselas sin problemas. El llanto se hizo más notable. El chico observó una casa con una ventana rota, por lo que se acercó cautelosamente a ella y miró en su interior. Estaba oscuro, pero podía ver que no había nadie, a simple vista. Un pequeño sollozo le hizo comprobar que efectivamente, el niño se encontraba dentro. Se acercó a la puerta de la entrada y trató de abrirla, pero estaba atascada. De una patada y un empujón, la abrió.

Miró a un lado y a otro, buscando entre las sombras. De la nada, aparecieron tres soldados sincorazón, haciendo aquél característico ruido metálico. Se movían inquietos, de un lado a otro, como esperando una reacción por parte del chico. Uno de ellos, se abalanzó sobre el niño, que se encontraba en un rincón de la habitación. Ivan se interpuso de un salto, partiéndolo en dos. Los otros no esperaron más y atacaron, siendo destruidos a los pocos segundos.

Ivan se giró y se agachó, poniéndose a la altura del niño. Abrió sus ojos, mientras calmaba su respiración agitada debido al susto y a su llanto. Miró a Ivan, que lo recibió con una sonrisa.

-¿Estás bien? Tranquilo, no tienes por qué tener miedo. ¿Puedes moverte?

El niño asintió con la cabeza, tomando la mano que su salvador le había tendido.

-Gracias.

-Un placer. –Ivan miró a su alrededor una vez más.- ¿Dónde están tus padres?

-No lo sé…

Tras un suspiro, el mayor tomó la responsabilidad de ayudarlo.

-De acuerdo. Venga, voy a sacarte de aquí.

Ivan cogió al niño de la mano y lo guió hasta la salida de la casa. Cuando salieron, Ivan escuchó el sonido lejano de la lucha. Se preocupó por Kate, pero pensó que no era el momento. Ella decía que podía cuidarse sola, solo tenía que confiar. Iría a por ella, después de acabar con esto. No supo dónde dejar el niño, tenía que ponerlo a salvo, pero, ¿qué parte del pueblo era segura en estos momentos?

Al instante, aparecieron numerosas sombras a su alrededor. Demasiadas para dejar al niño solo mientras luchaba.

-¡Por aquí!

El joven rubio guió al niño por la calle, tratando de esquivar a los sincorazón. Tras callejear durante unos minutos, notaba que el niño se estaba cansando y no aguantaría más su ritmo. Guardó su espada y lo cogió en brazos, mirando con horror cómo las sombras los rodeaban. En ese momento, aparecieron varios portadores de cristal, haciendo que Ivan agradeciera su existencia. Los recién llegados entretuvieron a los sincorazón para que Ivan y el niño pudieran escapar.

Tras continuar con la carrera, llegaron a la plaza, pero Kate y los demás no estaban allí. Llevó al niño a la salida del pueblo, donde los aldeanos esperaban a que los soldados y los portadores terminaran su trabajo, preocupados. Una madre se acercó a recoger a su pequeño, que rompió a llorar en cuanto sintió sus brazos rodeándole.

-¿Está todo el mundo bien?- preguntó Ivan.

-Sí, por aquí no hay heridos,- dijo un hombre.- pero queremos saber qué está pasando.

Ivan suspiró.

-Todo lo que sabemos es que nos están atacando los sincorazón, pero no sabemos el motivo. Esperad aquí, trataremos de arreglar este lío lo antes posible.

Cuando Ivan volvió de nuevo a la plaza, un seguidor oscuro apareció de la nada, alzando su brazo derecho para aplastarlo. Pudo apartarse a tiempo, pero chocó contra un muro, hiriéndose el hombro. Cuando el gigantesco sincorazón volvió a alzar su brazo para machacarlo, una llama explosionó en la cabeza del ser. Ivan giró su cabeza para averiguar su origen, y se encontró con Yuri. Desde luego, de todo el grupo, ella era una experta en magia. Para su sorpresa, a Yuri la siguieron Kei, Dean y Kate, que arremetieron contra el aturdido sincorazón, haciéndole retroceder.

-¡Ivan!-dijo Kate.- ¿Estás bien?

-Sí… ¿y tú?

-Bien. Acabemos con esto. Los portadores están acabando con los restantes.

-¿Y el portal?

-Lo hemos localizado, me voy a llevar a Kate a cerrarlo.- apuntó Kei.

-¡¿Qué? ¿Y los demás portadores?- preguntó Ivan, alterado.

-Chico, ¿has escuchado lo que Kate te ha dicho? Los demás portadores están ocupados eliminando a los sincorazón.

-Pues que se ocupen de eso más tarde.

-Ivan, -intervino Yuri- puede venir otra ola de sincorazón en cualquier momento.

Kate miraba de reojo a Ivan, triste y molesta. No le hacía gracia que pensara que ella era allí la más débil. Le agradaba que se preocupara por ella, pero esa sobreprotección le agobiaba.

-Tranquilo, -dijo Kei- yo estaré allí con ella, no la voy a dejar sola.

Ivan apretó los dientes. Eso sí que no podía soportarlo. ¿Se supone que debía de dejar a Kate, alguien a quien amaba, en manos de otra persona? Movió su hombro, comprobando que, efectivamente, su herida era profunda. Yuri y Dean seguían combatiendo al seguidor oscuro, mientras Kei y Kate esperaban la respuesta de Ivan.

-Está bien…- dijo al fin, tragándose su orgullo.- Pero prométeme que la cuidarás con tu vida.

-Te doy mi palabra, chico. Ahora, vete de aquí y vigila a los aldeanos. Aunque estés herido, sigues siendo un guardián, pero no te sobre esfuerces.

-Nos vemos luego, Ivan.-se despidió Kate.

-Sí… ten cuidado.

Kei llevó a la chica hasta el portal, donde una presión llena de oscuridad provenía de su interior.

-Kate, ¿sabes lo que tienes que hacer?

-Supongo… que usar el cristal.

-Todo tuyo, entonces. Yo vigilaré para que no se acerque nada y no pueda interrumpirte.

-Bien.

Kate se colocó frente al portal, con el cristal puro colgando de su cuello, y acariciándolo con los dedos.

-Vale, pequeño, -le dijo al cristal.- esta es nuestra primera misión importante, así que pórtate bien, ¿de acuerdo?

El cristal brilló y comenzó a flotar entre sus manos. En los ojos de Kate se reflejaban el brillo de la piedra, blanca y azul. La chica concentraba toda su atención en el cristal, hasta que notó que algo no marchaba bien. Una enorme sombra negra empezó a cubrir su cuerpo.

-¡Kate!

El grito de Kei se oía muy lejano. La joven se encontraba clavada en el suelo, sin poder moverse. Tenía tanto poder concentrado en el cristal para cerrar el portal, que no era capaz de percibir nada a su alrededor. El seguidor oscuro había sentido el poder de la luz, con lo que había abandonado la batalla con Yuri y Dean, y rápidamente se dirigió hacia donde se encontraba Kate. El portal se cerraría en breve, solo tenía que lanzar el poder del cristal contra él.

-¡Kate!

Una voz familiar la llamaba, quería girarse y sonreírle, decirle que no estaba enfadada con él, que lo quería más que a nadie… pero no lo hizo. El cristal se lo impedía.

Ivan empujó a Kate a un lado, mientras Yuri y Dean atacaban al sincorazón por detrás, hacia el portal. Si no podían derrotarlo, al menos le expulsarían del reino.

-¡Kate! ¿Estás bien?

-¡Ivan!

El chico estaba sobre ella, en el suelo. Su cara mostraba miedo y preocupación, pero en seguida le mostró una sonrisa al comprobar que se encontraba bien. El seguidor oscuro cayó al portal, desapareciendo después. Kate se levantó junto a Ivan, preparada para cerrar el portal de una vez por todas. Concentró poder de nuevo en el cristal, bajo la atenta mirada de Ivan.

-Vamos, Kate. –susurró Dean.- ¡Solo faltas tú!

El cristal brilló de nuevo intensamente, esperando la orden de su portadora para liberar el poder de cerrar el portal. De nuevo, el plan se truncó cuando una gigantesca mano traspasó el portal, dirigiéndose hacia la chica. El horror que Ivan sintió en aquél momento hizo que su cuerpo actuara por instinto, y empujara de nuevo a la chica a un lado, dejándose coger por el ser. Cuando el monstruo comenzó a arrastrarlo, y tras los intentos desesperados del grupo por liberarlo, Ivan, en un intento de tocar a Kate, le arrancó el cristal que le regaló, y se lo llevó con él.

Otra vez, Kate dejó de escuchar nada, solo podía ver cómo Ivan desaparecía en la oscuridad del portal, sin poder evitarlo. De sus labios apenas salió algún sonido audible que pudiera alcanzar el portal.

-¿I-Ivan?


En compensación por la tardanza, este se hizo un poco más largo u.u

Anyway, espero que haya gustado, que eso siempre se agradece n.n

Gracias a todos por leer! :D