Antes del atardecer
"¿Despedirnos? ¿Por qué?" Pensó Zuko cuando terminó de leer la carta de Katara. Había sido muy peligroso que le hubiera escrito, tomando en cuenta que Mai registraba toda su correspondencia. Pero esa carta parecía haber sobrevivido al registro de su prometida. Se humedeció los labios como gesto de nerviosismo. "Algo grave debió haber sucedido. No puede verme más…" Pensó. Al parecer, sus continuos errores con Katara y Mai estaban dando frutos. Tragó saliva. Algo grave estaba pasando, y él no sabía qué era.
Sintió una mano en su hombro y volteó para encontrarse con Mai. Escondió la carta de Katara detrás de su espalda. Mai se puso de puntitas para besarlo. "Mi amor…" Le dijo. Le tomó la cara y sonrió. Zuko se sentía profundamente incómodo. Quería a Mai… pero también quería a Katara. Pero su amor por Katara era como un espectro. Invisible, excepto para aquellos que supieran mirar. Y estaba comprometido. Intentó sonreírle a Mai. Lo logró. Al parecer se estaba volviendo un actor mucho mejor que los de la isla Ember.
"Tengo asuntos que atender. Lo siento" La besó en la frente y salió de la estancia. Se dirigió a sus habitaciones y se cambió de ropa, a lo más casual que tenía, para que su presencia fuera intranscendente. Y así fue. Le pidió a su asistente, Kay que le consiguiera urgentemente un barco no-oficial para viajar a la isla Ember y que le llevaran a Katara un mensaje "Te veré cuando el sol comience a bajar, afuera de la casa de mi padre. Te amo" "Lo mejor de Kay, es que jamás hace preguntas como el resto…" Se dijo. Aunque Kay, sabía bien cuál era la razón de cabello castaño que llevaba a su señor a la Isla, solo se limitaba a callárselo.
Katara llevaba casi un día llorando. Había llorado en la mañana, cuando salió a caminar, cuando comió con Sokka, al cual no hace falta decir que no le dirigía el habla. Lloró después de comer, cuando tomó su té tranquilizante como cada tarde, mientras leía, mientras cenaba y cuando se fue a dormir. Lloraba y lloraba y no dejaba de llorar. Sus ojos, de por si en un estado de hinchazón y enrojecimiento continuo desde hacía un tiempo, habían aumentado de tamaño y de color.
Cuando le llegó el mensaje de Zuko, fue a medio día. Estuvo a punto de gritarle a Nagadir una serie de improperios cuando tocó su puerta, pero al ver que llevaba un mensaje con un listón rojo, entendió que Zuko había contestado. Leyó el mensaje, completamente impasible y comenzó a llorar de nuevo. Sollozó por unos cinco minutos hasta que entendió que faltaban un par de horas para eso. Se lavó la cara y se cepilló el cabello. Se puso un vestido blanco, ligero y el collar de su madre. Miró el anillo en su mano derecha y reprimió un par de lágrimas.
La tarde comenzaba a caer ya en la isla Ember y Katara caminaba sin prisa alguna hacia la casa del señor del Fuego Ozai. Su cabello ondeaba con la brisa, que hacía bastante fuerte aquella tarde. Intentaba a toda costa no llorar. Llegó. No había nadie por ahí. Miró la casa por unos instantes. Él estaba ahí, detrás de ella. Podía sentirlo. Se dio la vuelta y ahí estaba Zuko, a unos diez metros de ella, caminando. Katara corrió hacia él y se arrojó a sus brazos. Zuko la recibió y le devolvió el fuerte abrazo. Olió su cabello y lo recorrió con una de sus manos. Era suave y largo. Ella se aferró a sus hombros.
Cuando el abrazo se dio por terminado, se tomaron de las manos y se miraron durante unos segundos. Tanto Katara como Zuko, intentaban recordar cada detalle del otro. Sus ojos, azules o color miel, con mirada inexpresiva o dulce. Cabello negro o castaño. Como el fleco de Zuko comenzaba a caerle sobre los ojos. Como el cabello de Katara caía sobre sus hombros morenos. Zuko acarició su rostro con una mano, queriendo recordar por siempre el tacto de su piel y Katara cerró los ojos al sentir la caricia, guardando en su memoria la piel de Zuko y la suavidad de sus caricias.
Entonces… ¿Por qué tu hermano ya no quiere que nos veamos? – le preguntó cuando habían caminado por la playa y al parecer ambos estaban tranquilos.
Pues… Sokka está loco – Dijo. Pensó que sería bueno decirle… - Y pues… escuchó en la isla cola de Ballena que tu y Mai… estaban planeando su boda y creyó que algo andaba mal conmigo así que vino y… tuve que explicarle la situación – Zuko abrió los ojos
¿Qué? ¿Le dijiste? – Preguntó. Katara se estremeció
¡Tuve que hacerlo! – Le contestó finalmente
Está bien, tranquila. – Pausa – Y… ¿Tu padre conoce también la situación? – Preguntó con curiosidad. No podía evitar parecer un poco asustado.
No lo sé. Ya no quise preguntarle a Sokka. Desde hace días no le dirijo el habla. Desayuna, come y cena conmigo pero yo lo ignoro. No tengo ganas de hablar con él – Paró y Zuko la abrazó. Ella escondió el rostro en su pecho.
Tranquila, todo va a estar bien mi amor – Intentó calmarla. "Es ridículo que intente calmar a alguien cuando estoy más perturbado que ella…" Pensó.
Como va a estar bien algo, si no estaré contigo. Ya no podré verte. Voy a regresar al polo sur – Susurró. Su voz apenas era más fuerte que un soplido del viento. Zuko se estremeció. Continuó jugando con su cabello
Calma, calma. Encontraremos manera de vernos. Y cuando todo esto haya terminado… iré yo mismo al polo sur al pedirle tu mano a tu padre. Ya verás, todo se arreglará – Katara no pudo sonreír al imaginar esa perspectiva. Después de todo, su padre no podría negarle esa propuesta a un rey. Gruñó con agrado.
Poco a poco el clima fue enfriándose y el sol comenzó a ponerse. Zuko y Katara estaban acostados en la arena, abrazados. Por unas horas se habían olvidado de su futura e inminente separación. El sol estaba terminando de ocultarse y Katara dormía plácidamente en los brazos de Zuko mientras él miraba el atardecer. El viento había dejado de soplar. Tan solo se escuchaba el sonido de las olas. Zuko deseaba que el tiempo se parara en ese momento, y no se reanudara nunca. En aquel lugar donde nada importaba, ni lo que sucediera en el palacio, ni sus obligaciones, ni su futura boda que no acababa de determinar si era de su agrado o no.
La luna apareció sobre ellos cuando aún el cielo no acababa de obscurecerse. Zuko la despertó con un beso. "Amor, es hora de que nos vayamos" Katara gruñó y volvió a cerrar los ojos en el pecho de él. "No quiero irme… Nunca" Susurró. Zuko besó su frente. Katara volvió a gruñir. Se levantaron y caminaron de la mano hasta las puertas del hotel. Ahí venía el temido momento, la despedida, el último adiós.
Se abrazaron como si jamás fueran a soltarse. Mentira. Sucedería, quisieran o no. Se besaron como si sus vidas dependieran de ello. Mentira. No lo dependían. Seguirían viviendo, aunque muertos en vida. Zuko la tomó de los hombros y la miró fijamente a los ojos
Prométeme, que no me olvidarás – Le pidió Katara
Como si pudiera hacerlo… - Le contestó él – Eres inolvidable mi vida – Katara sonrió con tristeza – Prométeme que regresarás
Lo prometo. – Se dieron un último beso y Zuko le susurró "Ve". Katara lo abrazó por última vez y se dio la vuelta para irse. Zuko soltó su mano. Katara entró al hotel e intentó no voltear. Desistió. Volteó y miró a Zuko, que veía como se alejaba de él. Le sonrió y él le devolvió la sonrisa. Genuina, aunque triste. Como si fuera cualquier otra despedida, como si no fuera el temido último adiós.
[Punto de vista de Katara]
Nunca me habían gustado los barcos. Y menos ahora, que un barco me alejaba de lo que más quería en este mundo. Suspiré y miré a mi mano derecha, con la promesa material de su eterno amor.
Hacía días que no veíamos nada más que el mar, y que no veía a nadie más que conociera más que a Sokka, al que seguía sin dirigirle la palabra. Estaba enojada con todo el mundo. Intentaba no llorar. Zuko había prometido que me escribiría al polo sur, como si él fuera Kay para que Sokka no protestara que me carteara con él. Y que más tarde, cuando todo se arreglara, iría a buscarme al polo sur y le pediría a mi padre mi mano en matrimonio. ¿Acaso no era eso lo que quería? Seguro que funcionaría. Confiaba en Zuko.
Divisamos tierra. La isla cola de ballena era igual a como la recordaba yo, hace un par de años atrás. Suspiré al pensar en lo que me esperaba. Mi padre. Escuché pasos a mis espaldas
Sé que sigues sin hablarme pero bueno – Empezó Sokka – Pero ese no es el punto. Te tengo una… agradable sorpresa – Gruñí. Realmente este idiota no entendía que jamás volvería a hablarle…
Una sombra enorme interrumpió mis pensamientos. Levanté la vista. Appa volaba por encima de nosotros hacia el muelle. Appa. Y Aang. Esto no puede ser bueno.
Aaay que cursi jaja pero bueno me pasó algo bueno ayer en la noche por lo que estoy muy inspirada para escribir cursilerías, aunque es un capítulo triste, no quise darle ese tinte del todo.
Así que Katara se dirige de nuevo al polo sur con Sokka y Aang y Zuko tendrá que enfrentar su futura boda con Mai (Rayos… :S) Espero que les haya gustado el capítulo, espero sus reviews muy ansiosamente
K.S
