-Capítulo 10-

Y que no me digan en la esquina… ¿LA VACA?

A la mañana siguiente, Bárbara, Regina y sus amigas platicaban alegremente mientras caminaban en dirección al Gran comedor para desayunar. La comidilla de la escuela, aparte del incidente de los profesores y el carrito de supermercado, era una extraña historia acerca de un extraño monstruo siendo perseguido por muggles locos en mamelucos. Todos los fantasmas de Hogwarts estaban asustados, ya que algunos de ellos habían sido atacados por los extraños personajes y por alguna razón el barón sanguinario y Peeves andaban desaparecidos. Las venenosas caminaban por los pasillos cuando Sebastian Michaels llegó corriendo con ellas. Ese chico siempre tenía algo qué decir.

-Hola muchachas –dijo el chico sonriendo con esa expresión maliciosa de quien sabe algo y se muere por decirlo-, ¿Ya supieron las nuevas?

-Antes que nada –dijo Sybella mientras ponía a Regina frente al chico de los ojos carmesí-. Regina tiene algo qué decirte.

-Lo siento mucho, Sebas –dijo la ojiazul en un tono infantil.

-No hay problema –dijo el joven-. Madame Pomfrey me ayudó. Al menos no quedé como Marcus Flint… El sí que se llevó una buena. ¡Pero a nadie le importa!

-¿Cuál es el nuevo chisme, Pajarote? –Dijo Bárbara con una sonrisa- Traes cara de que te mueres por contarnos algo, y tus historias siempre son geniales.

El muchacho les indicó que se acercaran formando una bolita para contarles más en confianza.

-Pues ahí tienen que anoche hubo una revuelta en el castillo que no se imaginan –comentó Sebastian-. Aparte la tontería de los profesores de lanzarse por las escaleras en un carrito sin hechizar…

-¡Hazme el chingado favor! –Dijo la ojiverde- ¿Como carajos se le ocurrió al dire?

-No te hagas pendeja wey, si nosotros le dimos la idea –dijo Regina-. Sólo que nunca le dijimos al viejito cual era el hechizo pa'l carrito…

-Sí ya se… ¡Pero ahora el chisme! –Dijo el muchacho-. Pues resulta que se metió un monstruo al castillo y unos muggles lo andaban correteando…

-¡Un momento! –dijo Sybella- ¿Qué no debería ser al revés?

-Pos ya ves –dijo Azucena-. Ahora los patos le tiran a las escopetas… Mientras no llegue Barbarita un día queriendo tirarse al Chúntaro, todo está bien, de lo contrario, sería el apocalipsis.

-Pues dizque cazaban espectros esos muggles –aclaró Michaels- El caso es que se armó un escándalo… que ni se imaginan. Total que anduvieron por todo el castillo, asustaron a la señora gorda, pisaron a la gata de Filch, hicieron un marranero en la oficina de Snape de todos los frascos que rompieron, y el salón apestaba a rayos… Total, al final fueron a dar al dormitorio de los Gryffindor, en la habitación de Potter, Weasley y los demás… El que anda muy contentote es Neville Longbottom…

-¿Y eso? –preguntó Bárbara curiosa.

-Pues fíjate que entre esos Muggles iba una muchacha muy, muy guapa –mencionó el joven ante la cara de desagrado de Sybella-. Esta muchacha ve a Neville y se le avienta encima; cayeron sobre la cama, y Neville se puso como piedra.

Las muchachas se miraron unas a otras entre sorprendidas y asustadas.

-A Neville le despostillaron el jarrito –dijo Regina-. ¡Le tronaron el panquesito!

-Perdió su virginidad –aclaró Azucena.

El muchacho las miró extrañado.

-¡Nooooooo! –Exclamó- Me refiero a que se petrificó de la impresión. Después de todo, no es de todos los días que una mujer guapísima en mameluco se te aviente en la cama… ¡Y MENOS SI ERES NEVILLE!

-¡Qué gacho eres! –dijo Bárbara- Si Neville es muy lindo.

-Al final llegó uno de los otros tipos del mameluco y le exigió a la muchacha que lo soltara inmediatamente –siguió Michaels-. La chica todavía parecía que se lo quería llevar. Y Neville fascinado.

Regina cruzó los brazos molesta.

-¿Por qué siempre que pasa algo chido no estamos ahí?

-Ni idea –dijo Sybella-. A lo mejor es nuestro destino…

-Por cierto, niñas –dijo Sebastian antes de irse-. ¿Qué significa ser hijo del lechero?

-Que tu mamá le puso los cuernos a tu papá y que de ahí saliste tú –respondió Azucena-. Es decir que tu papá no es tu papá.

Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro de Sebastian.

-Ya veo –dijo y lanzó un suspiro-. Vaya… los traumas de Malfoy nunca terminan…

-¿Por qué? –dijo Regina extrañada.

-Pues los muggles del mameluco se metieron al dormitorio de Malfoy, que en días no ha podido dormir –explicó el joven-. La chica guapa vió a Draco y dijo algo así como: "Éste es hijo del lechero".

-¿Qué le sabrá la vieja del mameluco a la mamá de Malfoy? –comentó Sybella.

-Ni idea –dijo Sebastian-. Bueno, muchachas, voy al comedor a ver de qué más me entero por que al parecer vamos a tener muchas horas libres.

-Te cuidas, Pajarote –dijo la chica de ojos grises.

El muchacho siguió su camino rumbo al gran comedor dejando a las venenosas riéndose de los traumas de Draco Malfoy.

-Pues no me extrañaría –dijo Azucena riendo.

-Pues así pasa –dijo Bárbara-. A lo mejor la pobre mujer vive insatisfecha.

-Me pregunto cómo será el papá de Draco –dijo la ojiazul

-Pues mi mamá anduvo con él cuando estudiaban en Hogwarts –comentó la ojiverde-, pero nunca he visto fotos de mi mamá con él.

- Pues para que tu papá le haya bajado la novia al señor Malfoy –dijo Regina-, estoy segura de que no ha de haber sido el hombre más guapo del mundo… Pero ya me lo imagino.

-¿Y cómo te lo imaginas? –inquirió Sybella con curiosidad.

-Me lo imagino de esos señores que se la pasan de huevones cambiándole a la tele con el control todo el día mientras toma cerveza, calvo, con el poco pelo que le queda rubio, con panza caguamera y las patas flacas –describió la ojiazul riendo.

-No, pos así cualquiera se va con el lechero –ratificó Sybella riendo.

-¿Saben algo? –Dijo Bárbara de súbito- Hablando de lecheros… extraño mucho la leche que nos llevaba Juanito.

-¡Yo extraño a Juanito! –exclamó Regina.

-¿Juanito? -Inquirió Sybella.

-El lechero –dijo la ojiverde-. En realidad es hijo del capataz del Rancho de mi apá, y el nos reparte la leche.

-Lo que pasa es que a esta niñita le salen ronchas con la leche "Lala" –explicó Regina.

-En realidad, la leche bronca es más rica –replicó la ojiverde-. La leche de cartón en general es muy desabrida, en especial la "Lala".

-¿Leche bronca? –preguntó Sybella extrañada.

-Sí, ya sabes… recién salidita de la vaca –explicó Bárbara-. Recién ordeñada…

Azucena comenzó a reir mientras se golpeaba una pierna con el puño.

-¿En qué pensaste, cochinota? –exclamó Bárbara.

Las venenosas tenían días que habían adoptado la costumbre de golpearse la pierna con el puño cada vez que se les venía a la mente alguna estupidez o algún pensamiento poco santo…

-A mí no me haces pendeja, we –dijo Azucena riendo-. Lo que tu mas deseas es "ordeñar" al profe Snape.

-Uy, si… Bárbara se muere por probar esa leche… bronca –comentó Sybella con picardía.

-Sí –respondió Regina-, la leche recién salidita de la v… vaca.

Las cuatro chicas rieron al unísono cuando…

-¿Acaso me ven cara de vaca? –interrumpió una voz pausada y susurrante.

Las muchachas voltearon sólo para encontrarse con Severus Snape, quien las miraba fijamente. Bárbara se sonrojó violentamente e ipso-facto palideció.

-Las veo en el comedor –dijo Sybella mientras salía corriendo de ahí dejando solas a las tres mexicanas con Snape quien las recorría una a una con sus ojos negros.

-¿Podrían explicarme cómo está eso de que la señorita Mondragón desea… ordeñarme? –Inquirió Snape mirando fijamente al trío- ¿A qué se refieren con… ordeñarme?

-Bu… bueno… -balbuceó la ojiverde.

-Dígame –instó el jefe de Slytherin mirando a la joven a los ojos…

-Ella habla de… -dijo Azucena titubeante mientras Snape la miraba.

-Extraer sus conocimientos, Profesor –dijo Regina al fin, saliendo al rescate de sus amigas-. Usted sabe, las vacas en la India son sagradas… y usted es como nuestra vaca sagrada del conocimiento… ¡Nuestro Señor Moo moo!

-Señor… "Moo moo"… -dijo Snape alzando la ceja.

-Exacto, profe –Atinó a decir Regina-. Ahora si nos permite… tenemos mucha hambre y nos vamos a desayunar.

Las tres chicas se escabulleron rápido dejando solo al profesor de pociones.

Albus Dumbledore se acercó a él saludando cortésmente como era su costumbre.

-Buenos días, Severus.

-Buenos días, Albus –respondió Snape.

-¿Cómo amaneciste?

-Al parecer –dijo el profesor de pociones mirando al director quien llevaba un vendaje en la cabeza- amanecí mejor que todos ustedes.

-Si –dijo Dumbledore riendo-, gajes del oficio. Por cierto, veo que esas niñas extranjeras se han hallado muy bien contigo. Tal vez mejor que muchos nacidos aquí. Dime algo, Severus ¿Qué se siente tener a tres niñas extranjeras como alumnas? Espero que no te den muchos problemas…

-Debo admitir que es muy interesante –dijo Snape-. De hecho, desde que llegó… no recuerdo qué se siente estar aburrido.

-¿Desde que llegó? –Remarcó Albus mirándolo fijamente a los ojos. Sus ojos Azules parecían atravesar su mente- Te recuerdo que hay otras dos niñas más además de Mondragón Severus…

-Sí, me refería a las tres –corrigió Snape-. Desde que esas mocosas llegaron, ya no me aburro… aunque hay algo que francamente me desconcierta…

-¿Qué puede desconcertarte? –indagó Dumbledore.

Snape suspiró.

-Es esa cualidad o defecto de los mexicanos –explicó Snape-. De darle tantos significados o sentidos a una frase o palabra.

-¿Y eso por qué te intriga tanto, Severus?

-Porque no entiendo lo que me quieren decir –respondió el-. Dicen "¿Qué pedo con eso?" o "Es la mamada", Que si fulanita es bien "fresa", que si el Chúntaro es "naco"… que si Potter y Weasley son "puñales", que si alguien las molesta, que "cómo castra" y luego lo mandan ya sea a "la chingada" o a "la verga" es decir… ¿Dónde demonios está "la chingada" y dónde diablos está "la verga"? ¡QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE!

Snape no pudo evitar notar que Dumbledore intentaba reprimir su sonrisa… algo le había hecho mucha gracia y como no sabía de lo que hablaba no podía evitar sentir que acababa de decir una estupidez, ya que parecía que el director soltaría una carcajada en cualquier momento… en su cara.

-Bueno Severus, pues "La chingada" es un pueblo localizado cerca de Jalisco –explicó Dumbledore- Y pues… Severus… si no sabes dónde está la verga… Ni cómo ayudarte…

-No puedo evitar el pensar que se está burlando de mí, director…

-No, Severus, ¿Cómo crees? Mejor sigue contándome lo que pasó.

-Bien, por ejemplo hoy -dijo Snape-. Mire usted: Me levanto de buen humor, las veo paradas por el jardín y pues decido darles los buenos días a las "venenosas", como se hacen llamar. Me acerco, y las escucho hablar de vacas y leche bronca… y algo acerca de que la señorita Mondragón quería… ordeñarme…

Para este momento, Dumbledore se le subieron los colores e intentó inútilmente reprimir una risita.

-¿Qué es tan divertido, director? –inquirió Snape sorprendido.

-Ay, Severus… hay veces que me sorprende tu inocencia…

-¿A qué se refiere? –preguntó Snape molesto

-¿En verdad no sabes a qué se referían? -Insistió Dumbledore

-¿Acaso usted lo sabe? –dijo el mirándolo fijamente mientras el director de Hogwarts reía.

Después de muchos intentos de dejar de reírse, Dumbledore comenzó a hablar entre risistas…

-Ay, Severus… sin quererlo puedes ser tan chistoso a veces…

-Ya lo noté, Albus… pero mejor dígame a que se referían…

-Solo te dejaré que lo pienses, Severus –dijo Dumbledore poniendo su mano sobre el profesor de pociones- ¿Qué sale de tu cuerpo que parezca leche?

Snape lo miró sin entender…

-No es necesario que me lo digas –dijo Albus-. Después de todo, la respuesta es para ti mismo… con tu permiso iré al comedor a desayunar… me muero de hambre.

Albus Dumbledore se fue dejando a Snape solo pensando en lo que le había dicho… ¿Qué salía de su cuerpo que se veía como leche?

De súbito, la idea se le vino a la mente… provocándole desagrado…

-¿Acaso se refería a…? –Pensó Snape, e inmediatamente movió la cabeza apartando ese pensamiento- Es absurdo, no puede ser eso… sólo son unas niñas… ¿Cómo puedo siquiera imaginar que ellas pudieran referirse a algo así? Ese Dumbledore es un pervertido malpensado, ¿Cómo puede pensar algo tan… prosaico?

Snape se dirigió al gran comedor para desayunar, se sentó y se dispuso a comer tranquilamente con los demás maestros. El director miro a Severus y sonrió de manera traviesa.

-¡Psst! ¡Severus! –dijo Dumbledore, el jefe de Slytherin volteó respondiendo al llamado-. ¿Podrías pasarme la… le…che…?

Snape crispó el rostro, sabiendo perfectamente a lo que el director se refería, y con un gesto de desagrado le pasó la jarra de la leche sin decir una palabra y siguió comiendo visiblemente irritado. McGonagall observo la escena sin entender la cara de Snape.

-¿Qué le ocurre a Severus, Albus? –pregunto la jefa de Gryffindor.

-Ah nada… -dijo Dumbledore alegremente- Severus amaneció con un trauma sobre la leche… ¡Inténtalo! Es divertido.

McGonnagall miro a Severus y por alguna razón, se le antojó hacerlo enojar… él vivía castigando a sus gryffindors, asi que sería una divertida venganza.

-Oye, Severus –dijo McGonagall- ¿Te puedo pedir un favor?

-Dígame profesora –respondió el.

Minerva Mcgonagall lo miró a los ojos con una mirada traviesa muy poco usual en ella

-¿Me puedes pasar la... le…che…?

Snape le alargó la jarra con un rostro aún más irritado, asqueado y visiblemente sonrojado y de inmediato se levantó.

-Aquí tiene y con su permiso, me voy a mi oficina –dijo el profesor de pociones-. Ya se me quito el… apetito. ¡PROVECHO!

Snape salió a grandes trancos del lugar ante la mirada estupefacta de alumnos y algunos maestros.

-¿Qué le pasa a Snape? –Murmuró Tony Corleone

-¿A Snape? –dijo Joseph Hartmann desde la mesa de Ravenclaw- Creo que es intolerante a la lactosa… tiene problemas con la leche,y pensar que hasta ahora la gozaba tanto...

Al escuchar eso, Snape se paró en seco y se volvió hacia los estudiantes…

-Hartmann, está usted castigado –dijo el jefe de Slytherin-. Supongo que no le importara ayudar a Corleone a pesar y organizar mis ingredientes de pociones… Los espero en una hora en mi oficina.

Tony Corleone había tenido un problema con Snape debido a que el chico había causado un desorden en el salón de clase por una broma que quiso hacerle a Draco Malfoy.

Snape caminaba por los pasillos de Hogwarts tratando de tranquilizarse, cuando al pasar por la cocina se escuchó un terrible alboroto. Al parecer la nueva cocinera mexicana traída exclusivamente para saciar los gustos del Chúntaro, había tenido problemas con uno de los elfos domésticos: Un pobre enanito con un grave problema de estrabismo que apenas podía con su alma.

-¡HASTROFIO! –Gritó una voz chillona desde la cocina- ¿QUÉ ES ESTO? ¡ESTÁS BIEN PINCHE VIZCO, HIJO DE LA CHINGADA! ¡TE DIJE QUE TIRARAS LA LECHE DEL BOTE DE LA IZQUIERDA, Y EN LUGAR DE ESO, TIRASTES LA LECHE BUENA! ¡PUTA MADRE! ¡ESTA SABE BIEN GACHO!

-Es que no sabía –dijo apenado-, Orita me deshago de ella…

-¡Pero en caliente, cabrón! –gritó la cocinera.

Justo en ese momento, el elfo doméstico tuvo el mal tino –por no decir que fue una estúpida idea- de tirar la leche al corredor justo donde se encontraba el profesor de pociones parado dejándolo bañado en leche rancia…

-¡Pinche Hastrofio pendejo! –Exclamó la mujer- ¡Mira lo que hicistes!

-Es que no lo ví –respondió el elfo doméstico.

-¡No pinches mames, Hastrofio! –Amonestó la cocinera- ¿Cómo chingados no vas a ver esas pinches narizotas? (con todo respeto) ¿Y a quien chingados se le ocurre tirar la pinche leche en el pasillo?

-¿Pasillo? –Inquirió Hastrofio confundido- Yo creí que era la ventana… ¿Y qué eso no era un murciegalote? Yo no quería que la asustara y por eso lo quise espantar… ¡Perdoneme Doña Márgara!

-¿Pos a mí qué me dices? ¡Pídele perdón al máistro!

La cabecita de Hastrofio asomó tímidamente por la puerta; era bajito, de enormes orejas puntiagudas, narizón y vizco… tenía el cabello extremadamente alborotado y aspero color naranja… parecía un estropajo. El Elfo miró al maestro con sus enormes ojos negros y con voz lastimosa dijo:

-¡Perdón, señor murciegalote!

Snape gruñó y se dio la media vuelta yéndose del lugar.

-No soy un murciélago –murmuró irritado.

Snape se dirigió a su oficina donde lo esperaban Annie Sun y Dawn Fox, una rubia y una morena que no se destacaban por tener las mejores calificaciones, con un trabajo que este les había encargado de castigo cuando las halló haciendo hechizos inapropiados en los baños con un vaso.

-Muy bien –dijo Snape-, espero que con esto aprendas a no hacer sus… videos en las instalaciones del colegio…

-¿O sea que afuera sí? –inquirió Annie acomodándose su rizada cabellera rubia.

Snape lanzó un suspiro.

-Váyanse por favor –dijo el profesor-. Y que no las vuelva a encontrar haciendo una cosa como esa…

-¡Ay, qué pesado! –Dijo la morena dándose la media vuelta- Por cierto… huele feíto…

-Y usted olerá a rosas, señorita Fox –respondió Snape sarcástico

-¡Ash! –Dijo la rubia mientras se iba con su amiga- Pues para mí que ya se echó a perder.

Las niñas se fueron dejando a Snape solo en su oficina… ahora entendía por qué ningún chico se acercaba a ellas, ¿A quién se le ocurre hacer esas cosas en la escuela? No… ¿A quién se le ocurría simplemente hacerlas? Eso era más extremo que chuparle las nalgas a Hagrid mientras se lanza en bungee con los ojos vendados desde lo alto de la torre de astronomía… ¿Será que los Gryffindors las retaron?

En ese momento, llegaron corriendo Tony Corleone y Joseph Hartmann a cumplir con su castigo. Por primera vez tenía un momento de paz y esos dos chicos lo interrumpieron, lo cual le desagradó… cosa que se notó sobremanera.

Como siempre Tony Corleone no pudo mantener la boca cerrada.

-Pues… si quiere nos vamos, profe –dijo el rubio empezando a irse-. Usted descanse… Nos lo cobra en unos veinte siglos

-Claro que no, Señor Corleone… Ustedes tendrán su castigo –dijo Snape-, me guste o no…

-Pos por eso digo, que mejor cumplimos con nuestro castigo –dijo el chico.

Snape miró a Hartmann quien no había dicho una sola palabra desde que llegó; algo tramaba ese muchacho, y lo iba a descubrir…

-Y usted Señor Hartmann –dijo Snape- furibundo-, ni crea que por estar tan callado su castigo será menos severo ¿Tiene algo que decirme sobre el incidente de esta mañana?

-Yo… profesor –dijo Joseph en tono lastimero- ¡BUUUUURRP!

En ese instante una arcada subió desde lo más profundo de las entrañas del chico y un chorro de vómito salió a presión de la boca del muchacho, ensuciando las ropas del jefe de Slytherin.

-Perdón –dijo el muchacho- ¿Tiene una servilleta?

-En seguida que termine esto me iré a bañar –dijo Snape visiblemente molesto-. Mientras tanto, ustedes pónganse a ordenar los estantes y a pesar los ojos de tritón.

Ambos muchachos hicieron lo que el profesor les pidió, todo en absoluto silencio para beneplácito de Snape quien se puso tranquilamente a revisar el trabajo que las dos chicas del vaso le habían entregado. Todo marchó perfectamente bien durante una hora hasta que la voz de Tony rompió el silencio…

-Oiga profesor –preguntó el chico mientras pesaba unos ojos de tritón en la báscula-, viendo todos estos frascos e ingredientes, me viene a la mente una pregunta que siempre ha estado rondando mi cabeza.

-Qué sea rápido, Corleone –dijo Snape sin levantar la mirada de los papeles.

-¿Usted podría fabricar una poción capáz de hacerlo lactar? –inquirió el muchacho mirando a Snape- Y si lo hiciera… ¿Usted la bebería? –Snape levantó la ceja y el muchacho siguió- Y si lo hiciera ¿Permitiría usted que alguna chica, por decir... Bárbara mamara de usted?

-Pues no precisamente de mi pecho pero… -Pensó Snape, e inmediatamente negó con la cabeza retirando ese pensamiento de su mente ¿Cómo pudo haber siquiera pensado algo así? Todo era culpa de Dumbledore y su perversión de viejo verde.

-¡¿Qué eres tariert o qué? –dijo Hartmann dándole un zape al rubio- ¡Es Obvio que el profesor Snape, aquí presente no haría eso!

-¿Lo ve? –dijo el profesor dándole la razón a Hartmann

-Snape no bebería la poción, ni mucho menos dejaría que Bárbara se amamantara de el –dijo el chico alemán.

-Exacto, Hartmann –Ratificó Snape.

-Lo que Snape haría –explicó el muchacho-, sería darle a beber la poción a Bárbara y el amamantarse del pecho de ella.

-¿Quién no? –dijo el italiano con una sonrisa morbosa en los labios…

-Siiiii…. –dijo Hartmann con una sonrisa igual.

Snape se levantó de su asiento enfurecido.

-¡Lárguense de mi oficina par de mocosos libidinosos! –gritó Snape mientras les arrojaba de cosas, los muchachos, los cuales huyeron con un sentimiento de auto conservación murmuraban injurias contra el profesor.

-Maldito homosexual –murmuró Tony ya a salvo afuera del salón de pociones.

Cuando se dieron cuenta, vieron a unos niños de segundo que los miraban extrañados.

-No entren ahí –dijo el rubio- Snape anda de muy mal humor desde que descubrió su problema con la leche.

Mientras, en la soledad de su oficina, Severus Snape por fín estaba en paz; no más niños escandalosos, no más preguntas enfermas, no mas… leche. Extrañamente se sentía muy agotado, se dejó caer sobre el sillón del escritorio para descansar aunque fuera unos minutos, cerró los ojos unos segundos y estaría nuevamente en pie para seguir con su trabajo.

De repente, abrió los ojos y se encontró en una pradera llena de flores. Todo estaba tranquilo, muy tranquilo; se recostó en el pasto y vio como unas ovejas saltaban una cerca. Estuvo en paz hasta que notó algo raro hasta el momento en que notó que no eran ovejas las que saltaban la barda, sino vacas…

Muchas vacas…

Severus Snape se levanto inmediatamente viendo que el otro lado de la barda estaba repleto de vacas que comenzaran a rodearlo haciéndolo sentir nervioso. El en su intento de alejarse de ellas, fue perseguido por las mismas, que intentaron rodearlo nuevamente provocando que el profesor de pociones huyera despavorido.

Corrió lo más que pudo hasta llegar a un océano de blancura. Ante sus ojos se abrió un mar de leche.

Volteó hacia las vacas que hacía unos momentos lo perseguían, las cuales estaban a la distancia mirándolo fijamente dispuestas a atacar. Se hallaba en medio de una estampida de vacas y… un mar de leche.

Miró hacia el cielo buscando una respuesta a tal predicamento y vió un sol con cara de Hagrid que le sonreía de manera perturbadora.

A lo lejos, en lo que parecía un despeñadero se alzaba una figura blanquecina; Snape entornó los ojos para poder distinguirlo mejor, era nada más y nada menos que el estudiante más repulsivo de todo Hogwarts: Brayan Arnulfo Pérez López vestido como un lechero corriendo hacia el abismo con un cartón de leches en la mano, quien justo al saltar gritó:

-¡La lechiiiiiiiiiiii!

Parecía que estaría Ileso al caer al mar, pero al tocar la leche, pareció estrellarse de cara contra la misma, la cual bajó dejando al descubierto un camino de piedras contra el cual el muchacho quedo estrellado.

Del otro lado, se escuchó una voz cantando alegremente. Era Hermione Granger, quien para su sorpresa iba vestida con una botarga de tarro de mayonesa donde se leía "Hermayonesa", quien pasó contoneándose justo en frente de el.

-Pruebe la mayonesa –cantaba la chica con la botarga-, rica sabrosa y buena…

En el mar de leche, comenzaron a escucharse voces melodiosas. Snape volteo y vió a las venenosas de Slytherin convertidas en sirenas, y de entre el blanco líquido surgió la que parecía ser su reina: Bárbara Mondragón, quien llevaba su cabello largo hasta la cintura y en su cabeza portaba una corona de perlas y corales, y a diferencia de sus otras compañeras que llevaban conchas cubriendo sus encantos, los pechos de la reina sirena estaban al descubierto, aunque ocultos bajo una delgada capa de su largo cabello.

A lo lejos, en un bote, se encontraba Albus Dumbledore vestido como todo un pesador, con un sombrero lleno de anzuelos en la cabeza y una caña de pescar en sus manos, la cual jaló sacando con ella a Draco Malfoy quien se removía como pez fuera del agua. En la orilla se encontraba el gato negro de Bárbara bebiendo leche gustosamente. El animalito volteó a verlo y caminó dulcemente hacia él, paseó entre sus piernas y de súbito, se erizó violentamente causando que el profesor dirigiera su mirada hacia donde el animal lo hacía, llevándose una horrible sorpresa: Harry Potter y Ron Weasley. El pelirrojo llevaba un pantalón de cuero negro con un hoyo en la zona de la cadera dejando ver una tanga de cuero negro. Potter iba jalado por Weasley con una cadena unida a un collar negro de picos. El niño que vivió no llevaba más que un bóxer negro que dejaba ver su trasero. Harry iba en cuatro patas pasando frente al profesor. Detrás de ellos venía Lord Voldemort vestido de vaquero con un marcador de ganado al rojo vivo, el cual tenía la forma de una "v".

-¡Ese Potter no sabe la que le espera! –Dijo Voldemort mirando a Snape con una sonrisa maligna.

Severus Snape tenía los ojos como platos; no podía articular palabra alguna.

De entre las vacas se escuchó un mugido extraño, el cual logró llamar la atención del jefe de Slytherin: Era Neville Longbottom usando un mameluco blanco con manchas negras, un cencerro en el cuello, una pequeña ubre en el abdomen y un enorme par de cuernos.

Neville, quien se encontraba entre las vacas, comenzó a correr hacia él. Severus tenía miedo, no de Neville, más bien de las otras vacas que estaban detrás de él. Por suerte, antes de ser embestido, Snape se hizo a un lado provocando que el muchacho fuera hacia el mar. Los cuernos de Neville sobresalían de la leche. El profesor lo siguió hasta el camino de piedra y espantado comenzó a gritar:

-¡Salta, Longbottom! ¡Salta!

Por alguna extraña razón, Snape no quería verlo estrellar con esa pared de piedra y como si fuera una orden, el joven saltó sobre las aguas –o más bien sobre la leche-, siendo iluminado majestuosamente por el sol-Hagrid quien lo miraba bondadosamente desde los cielos.

Neville, quien no tomó el impulso necesario, cayó justo encima de Pérez.

-Au… -dijo el muchacho en forma desganada.

Después, Severus volteó al océano lácteo, como sintiendo su llamado. Ahí, ahogándose entre la leche, estaban James Potter, Remus Lupin, Peter Pettigrew y Sirius Black. Cerca de ellos, nadaba de perrito Lily Evans, pero por alguna razón, la reina sirena parecía odiarla.

Del mar, las otras sirenas le dieron un bote de acero lleno de leche, el cual se veía muy pesado, extrañamente, la reina sirena lo levantó sin ningún esfuerzo y lo arrojó a Lily, golpeándola en la cabeza y hundiéndola al fondo del mar. La blanca leche se tiñó se carmesí recuperando después su blancura.

En ese instante, las sirenas comenzaron a llamarlo vaca, como si fuera un eco del mar.

Entonces, a su alrededor aparecieron todos los niños de primer año, entre ellos, Lenore Addams y James Marcus formando una rueda alrededor de él.

-Lechita, lechita vamos a disfrutar –cantaban alegremente los niños-. Severus, Severus, la vaca tu serás.

En ese momento, todo comenzó a desvanecerse dejando solo a Severus Snape y a la reina sirena la cual lo miraba de manera seductora.

-Ven, Severus –decía la sirena llamándolo con el dedo-, te voy a ordeñar… y no te preocupes… ¡Te va a gustar!

Snape se levantó rápidamente todo sobresaltado y sudado.

-¡NO SOY UNA VACAAAA! –gritó el jefe de Slytherin desesperado.

-Por supuesto que no –dijo James Marcus en tono frío, mirándolo extrañado.

-Tal vez –dijo Lenore Addams- ¿Si le pintamos manchitas? ¿Va a ir a una fiesta de disfraces, profe?

-No, señorita, Addams –dijo él con un tono de ira contenida-. Hoy no voy a dar clases… así que por favor, váyanse.

-¿Se encuentra bien, profesor? –dijo el niño con su gélida mirada- Se ve… pálido… como lech…

-ESTOY BIEN SEÑOR MARCUS –lo interrumpió Snape en tono rotundo-. Ahora si me disculpa, me retiro a mis aposentos.

Snape se fue refunfuñando a su alcoba, su dia había sido un desastre desde el inicio… y todo era culpa de una sola persona: El bendito director Dumbledore

-Sí, todo es su culpa… yo estaba muy bien sin escuchar sus malditas ideas depravadas –decía Snape mientras manoteaba- ¡Pero ahí va! Dándoselas de muy listo y muy conocedor… Y apuesto a que eran puras ideas de su retorcida y senil mente ¡Y claro! Todo para hacer pensar en un montón de… cosas inapropiadas. Si ya puedo verlo… oculto en un rincón riéndose de mí. A la próxima que me venga con una estupidez, ¡Le rasuro esas barbas de Santa Claus que tiene! ¡Si son unas niñas, por dios! Solo un viejo enfermo como Dumbledore puede pensar algo así…

Snape iba en verdad furioso, pobre de aquel que se cruzara en su camino, y ese ser tan desafortunado, no era otra, que Regina Bladó quien venía alegremente jugando con una enorme galleta de hombre de jengibre; al parecer últimamente había estado algo nostálgica de su hogar, y para aliviar esa depresión, la misma Eustaquia había cocinado esa galleta especialmente para ella, ya que combinaba las dos cosas favoritas de la chica: Las golosinas y la navidad.

-La,la,la,la,la ¡Qué buen día es, qué buen día es! –Canturreaba la jovencita alegremente- ¡Ya es navidad!

De súbito, Snape le arrebató su galleta, y devorándola de un bocado dijo:

-¡No lo es! –Dijo sin prestar atención siquiera a la expresión destrozada de la niña- Estamos en octubre… ¡Ubíquese!

-Mi… mi galleta… -sollozó Regina deshecha para luego irse corriendo y llorando en dirección contraria- ¡BÁRBARAAAAAA!

Snape siguió caminando hacia las habitaciones de Slytherin, por momentos su ira disminuía, pero al recordar todo lo vivido ese día, no podía más que estallar de rabia. Si se hubiera encontrado a un solo Gryffindor, no hubiera dudado en expulsarlos a todos… jamás contó con quien se encontraría: Precisamente con su adorado tormento: Bárbara Mondragon.

Todo hubiera sido normal, de no ser por su vestimenta, la cual era nada menos que una pijama… ¡Pero qué pijama! Se trataba de un short negro extremadamente corto y una blusa de tirantes con estampado precisamente de vaca que en la zona del busto ponía escrito: "Milk". Y para empeorar las cosas, en su mano derecha llevaba un enorme vaso de aquella maldita bebida que en todo ese día lo había atormentado: Leche.

La jovencita se llevó el vaso a la boca una y otra vez, con una devoción tal que el líquido que le escurría por una comisura parecía ser sagrado. Lo cual hacía hervir su sangre de rabia… o al menos eso quería creer.

Antes de permitirse pensar otra cosa, Snape se dirigió hacia la joven rápidamente y arrebatándole bruscamente el vaso, lo arrojó contra la pared provocando que éste derramara el precioso líquido, ante la mirada atónita de la chica.

-¡Mi lechita! –gimoteó la chica.

-¿Qué demonios se supone que estaba haciendo? –gritó Snape furibundo

-Me estaba tomando mi lechita –respondió Bárbara haciendo un puchero.

-¿Y le parece bien estar vestida así por los pasillos? –Inquirió Snape- ¿Qué cree que es esto? ¿Una escuela de señoritas? Le recuerdo que hay jovencitos en esta escuela que son muy libidinosos ¡Y no quiero pensar que pasaría si la vieran así! ¿Acaso quiere que le falten al respeto o qué? ¿Por qué no se pone la capa que le di?

-Pero es solo mi pijama –respondió la chica sin entender la reacción del hombre.

-Pues cuando ande en los pasillos, cúbrase con la capa que le di –puntualizó Snape dándose la media vuelta y dejándola sola y confundida… y sin su lechita.

-Mi lechita… -gimió la chica.

Bárbara, confundida, entró al dormitorio y se encontró con Regina quien lloraba lastimeramente en su cama mientras Sybella y Azu la trataban de tranquilizar sin éxito. Lenore se encontraba en el dormitorio de James.

-Regina ¿Qué… tienes? –preguntó la chica sin entender qué ocurría.

La ojiazul levantó la mirada y corrió a los brazos de su amiga de toda la vida sollozando mas fuerte.

-¡Bárbaraaaaaaa! –lloriqueó la muchacha abrazándose a las piernas de su casi hermana- ¡Snape se robó la navidad!

-¿Qué? –exclamó la chica sin entender- ¿Q… qué quieres decir?

-Es que… yo… y el pasillo… weyeyeyo ayuye yuye yureyé…

-¿Qué dices? ¡No te entiendo nada! –exclamo Bárbara.

-¡Es que no estoy diciendo nada! –sollozó Regina.

-¿Entonces? –Inquirió la ojiverde- ¿Qué te pasó?

-¡SNAPE SE ROBÓ LA NAVIDAD! –Explotó Regina sentándose en un rincón en posición fetal mientras se balanceaba hacia atrás y hacia adelante- La… navidaaaad…

-¿Navidad? Lo más cercano a eso aquí es… ¿Snape le hizo algo a tu galleta?

-¡Se la comió enfrente de mí! –Sollozó Regina- No me dejó ni las moronitas…

-¡Qué poca madre!... –decía mientras abrazaba a su amiga de manera protectora mientras negaba con la cabeza- ¡Si el cabrón quería leche y galletas me hubiera dicho, chinga'o! ¿Qué es eso de andarle robando la navidad a niñas inocentes?

-Pero –dijo Zuce tratando de calmar el ambiente- estamos en octubre ¿No?

-¡Callate! –Gritó la ojiverde fuera de sus casillas- Si Regina dice que es navidad ¡ES NAVIDAD Y SE JODEN!

-¡Te dije! –Señaló Sybella de manera acusadora- ¡Te dije que Severus Snape era malo!

-¡Si! –respondió Barbará- Tenías razón… y el muy hijo de la chingada… ¡Se atrevió a tirar mi lechita!

Azucena cerró la puerta lo mas tranquilamente que pudo. No quería irritar más a Bárbara y provocar que su ira se desbordara contra ella. No era secreto para nadie que meterse con ellas era buscarse terribles problemas y un inevitable e indeseable sufrimiento.

-Mejor calmémonos –dijo la chica de cabello morado-. Ya mañana será un mejor día.

Las muchachas se fueron a dormir mientras Sybella apagaba las lámparas. Esa noche, por alguna razón, Regina tuvo un sueño donde Snape aparecía con la cara pintada de verde y una sonrisa maldita en su rostro, ataviado con un traje de Santa Claus. Snape se metía en las habitaciones de las casas robándose los regalos y decoraciones navideñas… incluso los enormes árboles navideños con todo y luces, acompañado por Fluffy quien llevaba cuernos de reno en cada una de sus tres cabezas.

La niña despertó sobresaltada mientras enormes y gruesas lágrimas recorrían sus mejillas.

-Bárbara –gimió Regina tratando de ver si su amiga se encontraba despierta.

-¿Qué pasó, peque? –respondió la chica en tono maternal.

-¡Quiero mi galleta! –sollozó Regina.

-¡Y yo mi lechita! –soltó la ojiverde.

Las dos mexicanas lloraron toda la noche por la fechoría cometida por el profesor de pociones.

A la mañana siguiente, Bárbara y Regina se dirigían hacia el gran comedor acompañadas por sus amigas. Todas las venenosas traían unas enormes ojeras provocadas por el desvelo. Bárbara iba en una actitud demasiado defensiva mientras que Regina iba tomada de su brazo con una actitud nunca antes vista en ella. La ojiazul llevaba el cabello recogido en una liga y su falda era más larga de lo que solía llevarla normalmente. Regina miraba todo con temor y no decía ni una palabra. Remus Lupin se acercó a saludarlas.

-¿Cómo están, niñas? –dijo el profesor.

Regina se ocultó tras Bárbara quien en un tono de fastidio respondió

-Bien.

-Mñnos días, profesor –respondieron Zuce, y Sybella. Lenore se encontraba con James.

-¿Qué les hizo McGonagall ahora? –se preguntó Remus al verlas alejarse.

-Yo no les hice nada –dijo la jefa de Gryffindor-. Pero sí amanecieron raras… ¡Con decir que Bladó me ve y llora!

Las chicas entraron al gran comedor y desayunaron, o al menos intentaron hacerlo cuando llegó Sebastian Michaels a sentarse con ellas.

-¿A que ni saben qué? –dijo el chico mientras se sentaba al lado de Sybella para contarles el incidente ocurridos con Hartmann y Corleone en la oficina de Snape.

-Mmaghsbt… -dijeron las chicas.

Sebastian observó a las venenosas y se dio cuenta de que Sybella roncaba y sus ojos se le cerraban casi involuntariamente, y Zuce dormía sobre su plato de avena, mientras Bárbara miraba a su alrededor con una cara de pocos amigos y Regina miraba a todos lados con temor en sus ojos cristalinos.

-Qu… ¿Qué les pasó?

Regina se soltó llorando y Barbara lo miró amenazante.

-¿Ves lo que causas, Michaels? –bramó la ojiverde- ¡Lárgate! ¡Te me estás yendo! Es más… ¡YA NO ESTÁS AQUÍ!

-¿Pero qué…?

-¿SIGUES AQUÍ? –inquirió la chica furibunda.

-N.. no… -tartamudeó el chico mientras huía hacia la mesa de los Gryffindors.

Snape llegó al comedor y miró a sus alumnas, entonces vio los ojos furiosos de Barbara mirándolo fijamente y en cuanto el profesor se acercó un poco para ver que pasaba, Regina comenzó a llorar. La mirada de Bárbara se endureció aún mas-

-¿Ya ve? –Dijo ella en tono agresivo- No conforme con lo que hizo ayer ¿También tiene qué arruinarnos el día de hoy?LÁRGUESE!

Snape mejor se alejó, pero alcanzó a escuchar lo que su alumna favorita decía.

-Ya, chiquita… ya no te va a molestar ese viejo feo, amargado apestoso y grasiento…

En ese momento, Snape sintió cómo su cuerpo se debilitaba con un estruendo atronador, ya que el sintió que sus oídos iban a explotar lo cual provocó que fuera a dar casi al piso de no ser por que pudo sostenerse de una mesa con una mano… y para colmo, era la mesa de Gryffindor.

-Jamás pensé que me llamaría de esa manera –dijo Snape en un hilo de voz; sus piernas le temblaban-. ¿Por qué demonios se siente tan horrible? Ya debería estar acostumbrado. Me siento como… un pedazo de comida masticada y escupida…

El profesor llegó a la mesa de maestros y se sentó en medio de Dumbledore y Lupin quienes exclamaron un molesto y fastidioso:

-Uuuuuuh –dijeron ambos.

-Golpe bajo –comentó Lupin.

-Eso debe doler –comentó Dumbledore.

-Cállense par de… -comentó Snape y antes de que un insulto saliera de sus labios, ratificó- Como no tienen una idea…

Snape estuvo todo el día razonando en ello… tal vez se había pasado de la raya con las dos chicas, con ellas que siempre lo saludaban bien, las que siempre lo habían querido y ahora parecían despreciarlo… Pero… ¿De cuándo a acá le importaba lo que sus alumnas pensaran de él? Después de todo, el sabía que muchos lo llamaban "grasiento" a sus espaldas… pero esta vez le afectaba… y mucho, y no precisamente porque lo irritase… más bien le dolía.

En ese momento cayó en la cuenta de que debía disculparse, pero ¿Cómo hacerlo cuando una de ellas se echaba a llorar cada vez que el se acercaba y la otra parecía que en cualquier momento se le arrojaría a la yugular?

Mientras, Regina, quien se encontraba muy deprimida –ni siquiera se entusiasmó cuando vió a Harry y a Draco tirados en el suelo uno arriba del otro mientras jadeaban salvajemente-, decidió irse a su dormitorio.

La ojiazul abrió la puerta y se encontró con el cuarto bellamente adornado de modo invernal, de tal modo que casi podía sentir la nieve a su alrededor… Un hermoso árbol navideño lleno de adornos dorados, plateados y verdes engalanaba el lugar, y el dosel de la cama de Regina se encontraba adornado con guirnaldas navideñas y algunas esferas y caramelos. La mirada de la joven se iluminó de alegría.

-¡VOLVIÓ LA NAVIDAAAD! –Gritó ella llena de júbilo mientras giraba.

La chica vio en su cama una pequeña caja de regalo la cual tenía una tarjeta que decía en letra pequeña y apretada:

Srita Bladó:

He decidido que debo disculparme por los acontecimientos sucedidos ayer, ni decirle que es octubre (aunque sí lo es). Lamento mucho haberme comido su galleta, y siento mucho si le hice daño con esa conducta mía, lo cual es más que obvio ya que llora con solo verme (y he de decir que no es nada halagador).Sé que no debí comerme su galleta ni decirle que no era navidad...

Por favor acepte esto como una muestra de mi enorme arrepentimiento.

PD. Felíz navidad (Aunque estamos en octubre).

-¡WIIIIIIII! –Dijo la chica feliz- ¡EL CORAZÓN DE SNAPE CRECIÓ Y SE LLENÓ DE LA MAGIA NAVIDEÑA!

Mientras tanto, en ciudad Gótica (¡Ah Chingado!), En el comedor de Hogwarts, Bárbara se encontraba buscando algo que su amiga tuviera deseos de comer, ya que desde la noche anterior, Regina no tenía animos ni para eso, lo cual la tenía enormemente preocupada. No se fijó en Snape que estaba justo frente a ella, por lo cual, la chica chocó contra el.

-¿USTED? –Dijo Bárbara en tono defensivo y luego sollozó- ¿Y AHORA QUÉ QUIERE?

-Bueno… yo quería…

-¿QUÉ? –Retó la mexicana- ¿Tirar mi lechita de nuevo? ¿TRAUMAR MAS A MI AMIGA? Es usted un viejo weyeyeyo ayuye yuye yureyeyo…

-¿Qué? –Dijo el profesor de pociones sin entender- ¡No le entiendo nada! Suena como un conejo… no sé... dopado!

-¿Y quien le dijo que dije algo? –dijo la chica.

-¿Entonces podría dejar de decir nada para dejarme hablar?

-Como quiera… -dijo la chica torciendo la boca.

-Bien –dijo Snape-; primeramente quería disculparme por mi comportamiento de anoche… Fui grosero, irracional… un muy mal tipo y… le tiré su leche…

-¿Ya no quiere que tome lechita, profesor?

-No, no para nada –dijo Snape-. La leche es buena para usted… supongo que aún tienen qué crecerle ciertas partes de su… ¡Tiene qué crecer! Así que espero que con esto… me perdone…

Snape sacó de la nada una enorme jarra de leche. Bárbara sonrió y tomó un vaso de la mesa.

-En ese caso –dijo la chica mientras agarraba un vaso y lo ponía frente a él- ¿Me serviría lechita?

-Si no hay otro remedio –suspiró Snape y entonces procedió a llenar el vaso y acto seguido, arrojó la jarra contra la pared –suficiente leche por un día…

La chica le dio un trago a la leche y entonces sonrió felíz de la vida.

-¡MMMMMM! –Exclamó la chica- ¡QUE RICA ESTÁ LA LECHITA DEL PROFE SNAPE!

Snape no pudo evitar pensar… algo obsceno, lo cual lo hizo sonrojarse. El profesor se llevo la mano al rostro y dio un largo suspiro, el cual fue interrumpido por los gritos de alegría de Regina, quien entró corriendo al comedor.

-¡Bárbaraaaaa! –Decía la ojiazul mientras llegaba con una caja en la mano al comedor- ¡No te imaginas qué pasó! ¡Ocurrió un milagro de navidad de octubre!

-¡Y a mí el profesor Snape me dio de su lechita! –exclamó Bárbara alzando su vaso de leche triunfalmente- ¡Y es deliciosa!

-¡Genial! –dijo Regina- Dame un traguito… ¡Quiero probar la leche de Snape!

-¡No te doy! –dijo la ojiverde con voz infantil.

-¡Pues mira! –Dijo Regina sacando de la pequeña caja una baguette- ¡Snape me dio muchos panes! ¡Y una baguette!

-¡Wow! –dijo Bárbara mirando la Baguette con admiración- ¡Quiero darle una mordida a la baguette de Snape!

-¡No te doy! –Dijo Regina sacando la lengua- Tu no me dejas probar la leche de Snape, así que no te dejaré probar la baguette de Snape.

-¡Ya verás! –dijo la ojiverde procediendo a perseguir a su amiga quien emprendía la huída.

Snape se sonrojó violentamente y entonces se dio la media vuelta y salió de allí mientras Bárbara corría tras de Regina por todo el comedor suplicándole la dejara probar la baguette. Snape se crispó un momento, los comentarios de las chicas lo hacían pensar en cosas realmente soeces.

-Demonios… Ahora yo soy el que piensa cosas raras… esto es contagioso…