X.

Pasaron semanas; decidiste que usar tus dedos no bastaba. No, incluso desde antes de comenzar sabías que no te limitarías a tus simples dígitos para abrir y quebrar a tu estimado Levi. El punto era ponerte creativa bajo las condiciones en las que estabas, explotar tus razonamientos hasta verificar lo ridículo y lo posible. Eras, después de todo, buscadora de límites.

Durante tus días como cadete en entrenamiento aprendiste un sinfín de pasatiempos, cosas que sólo aprendiste una vez y jamás volviste a usar, no por despreciarlas sino porque no les encontrabas un lugar en tu vida… Recordabas a Mina Carolina, no que hubieras hablado mucho con ella, pero con Sasha aprendiste cómo era la talla de madera; picó tu interés sólo por unos días, pero lo abandonaste cuando terminaste sólo la figurilla de un pato, el cual no te había quedado tan mal hasta donde te habían dicho, pero definitivamente no era una actividad que te hubiera apasionado…

Si tan sólo hubieras considerado en aquel entonces las posibilidades de explotar tu creatividad.

Por supuesto, esto era algo a lo que podías dedicarte sólo en tu tiempo libre, y si querías tenerlo terminado pronto y sin que nadie te descubriera, a veces tenías que sacrificar un poco del tiempo que usabas para entrenar diariamente. También tomabas riesgos cuando usabas tu turno de hacer vigilancia, pero hacías lo posible por no dejar que la talla de madera consumiera demasiado tiempo. A veces te preguntabas si el estrés y riesgo finalmente valdrían la pena al resultado.

Durante una madrugada te escabulliste sin despertar a tus compañeras de habitación, buscaste tu madera y tu cuchillo y fuiste a la cocina en silencio, ya que tendrías por lo menos una hora y media para trabajar en tu escultura antes de que llegara tu turno de hacer guardia afuera de la cabaña.

— ¿Cómo te está gustando la talla de madera, Mikasa?

Por instinto trataste de esconder tu escultura fálica abrazándola contra tu pecho, un horrible bochorno inflaba tus mejillas de rosa mientras tratabas de no parecer más apenada de lo que era obvio.

Últimamente era normal ver a Zoë Hange cansada, pero ahora mismo parecía particularmente despejada de sus pesares, considerando la actual situación que los ponía a todos bajo un estrés constante.

— Estoy practicando —te limitaste a responder.

Hange era quizás demasiado atenta y de ninguna manera pudo haberse perdido de lo que descuidadamente ocultaste. Cuando ella se acercó a ti, te sentiste tentada a salir corriendo de ahí, pero sabías que sólo ibas a empeorarlo. Con la naturaleza impredecible de Hange, no sabías qué haría, y por alguna razón también sabías que ella no te pediría que desecharas tu trabajo. Cuando ella se inclinó y gentilmente tomó la figura de tus brazos, tal como esperaste, se rio un poco tras observarla por un par de segundos.

— Ésta es una forma interesante… —susurró mientras te regresaba la pieza de madera— Me alegra que por lo menos hay alguien que la está pasando bien en su tiempo libre. Veamos… ésa parte de abajo es para que le pongas un arnés, ¿verdad?

— ¿Podría no decirle de esto a nadie más? No quiero que me hagan preguntas incómodas al respecto.

Hange no parecía seria o perturbada en ningún aspecto, como si esto se tratara de una agradable sorpresa— Está bien, no es como si fueras la primera persona en aprender este arte sólo para hacer este tipo de cosas —su respuesta hizo que arquearas una ceja; podías seguir sus indirectas con perturbadora facilidad—. Pero veo que lo has hecho un poco grande… podrías reducirlo a una forma un poco menos rígida, digamos… ¿más estimulante?

— No imaginaba que usted estaba interesada en esto.

Hange suspiró e hizo una sonrisa torcida— Sí, bueno… a decir verdad me da un poco de pena hablar de esto tan abiertamente de repente, pero también me emociona encontrarme con alguien más que haya pensado en este tipo de prácticas. Sé que ahora mismo estamos bajo presión, pero es bueno encontrar nuevas formas de recreación, especialmente si viene relacionado con nuestro deseo sexual. Es perfectamente normal querer mantener estos aspectos en privado, pero opino que sería mejor si supiéramos cómo hablar de esto con otras personas; después de todo, los humanos somos enseñados a sentirnos inseguros de nuestra propia sexualidad.

— Supongo que sí, pero todavía así, nunca me lo hubiera imaginado de usted —En parte, estabas repentinamente tranquilizada de que Hange tuviera una mente tan abierta, pero tampoco estabas segura de sentirte lo suficientemente cómoda como para visualizarla haciendo exactamente lo mismo que tú.

— Déjame adivinar… ¿estás con el loco de la limpieza? —Sólo te congelaste brevemente, ya que siempre te dio la impresión de que la relación que ella tenía con Levi era bastante íntima, ni siquiera podías verle a los ojos— Está bien, no te voy a molestar con eso, si lo que quieres es mantenerlo en secreto. Honestamente, me alegro por ustedes dos.

— ¿Y está bien hacer esto? Es decir, ¿no cree que esto es indecente?

— A estas alturas, Mikasa, ¿quién soy yo para juzgar? —Tenía un buen punto. Y ahora mismo no parecía que Hange tuviera malas intenciones contigo— ¿Quieres que te ayude a terminarlo?

— Creo… que será mejor si yo lo termino por mi cuenta —Pero tampoco estabas preparada para meter a Hange en tu vida personal—. Pero si tienes algún consejo, estoy dispuesta a escuchar.

Ella sonrió cruzando sus brazos— No podría decirle 'no' a una chica interesada en la práctica… Claro, déjame darte algunas ideas.

Y realmente resultó enriquecedora con sus detalles, a veces cosas que inevitablemente te hicieron sentir incómoda, pero definitivamente te facilitó la realización de una figura de madera más adecuada para llevar a cabo tu plan con Levi.

Las partes más problemáticas de terminar tu figura fueron las de aplicarle laca (la cual muy generosamente te consiguió Hange) y luego insertar el cuero de arneses inutilizados para amarrar el objeto fálico (el cual Hange te explicó que se denominaba 'dildo') y poder sostenerlo a tu cadera. Cuando lo terminaste y probaste la resistencia de los arneses, decidiste que habías hecho un buen trabajo.

Pero al momento te probártelo, no pudiste evitar el sentirte completamente extraña, ya que diseñaste el objeto fálico de una forma en la que su extremidad opuesta habías agregado una pieza pequeña con forma curvada, de modo que pudiera ser introducida a tu vagina y por ende también podrías sentir cierta estimulación al momento de penetrarlo a él. Por supuesto, Hange fue quien te hizo la sugerencia, pero estabas un poco preocupada de que tuviera demasiada influencia sobre ti, y realmente nunca esperaste intimar con la Líder de Escuadrón por medio de algo como esto… pero en los siguientes días que pasaste cerca de ella, quedaste segura de que Hange era digna de confianza.

Técnicamente era imposible estar completamente solo dentro de la cabaña ocupada por trece individuos. Y por supuesto, pedir privacidad solía ser vergonzoso y mucho más cuando uno se sentía obligado a explicar las razones de porqué. Y tu caso podía ser incluso más incómodo aún, porque últimamente pasabas mayor parte del tiempo velando por Eren y Armin; era milagroso que hubieras podido esconder tus momentos junto a Hange, y habías desperdiciado muchas oportunidades de estar con Levi, salvo un torpe encuentro que tuvieron en el bosque, el cual resultó en un desastroso altercado con ramas de arbustos y hojas metidas en tus ropas.

Un encuentro en el establo era probablemente lo menos alentador, dado al hedor de los caballos y la paja, más aparte el alto riesgo de ser descubiertos por falta de privacidad. Definitivamente tendrías que elegir bien tu momento con él, y tendrías que tomar medidas extremas.

Llegó un día en el cual Hange se llevó a Eren al bosque, acompañada de su escuadrón. Cuando quisiste pretender enfermedad, todos tus compañeros se te quedaron mirando raro, pues todos sabían que normalmente algo como un malestar no bastaría para separarte de él, mucho menos en este tipo de escenario. Con una actuación poco natural, te disculpaste con Eren por no poder acompañarlos y él muy modestamente insistió que te pusieras a descansar, quizás alegre de que por una vez te preocuparas por tu propio bienestar. Dejaste tu cuerpo reposar en cama hasta que todos se marcharon.

Esto había sido quizás lo más descarado que habías hecho en mucho tiempo. Obviamente, Levi decidió quedarse (quién por alguna razón lograba aparentar un desinterés menos sospechoso que tu falso malestar), más aparte estaba Connie con Historia haciendo guardia afuera de la cabaña, por lo menos habías logrado obtener una cantidad moderada de privacidad, pese a ser fruto de un truco sucio.

No le habías visto venir a la habitación donde estabas, pero sabías que él seguía en el interior de la cabaña. Siempre eras tú quien tenía la iniciativa de buscarlo. Sacaste tu precioso juguete, escondido entre tus prendas (donde siempre había estado seguro), abriste la puerta de tu habitación y casualmente lo encontraste en sala de entrada, sentado en contemplación, precisamente esperando a que salieras de tu farsa. Hacía su repudio visible con su afilada mirada mientras cruzaba de brazos sobre el sillón, pero iba a necesitar mucho más que eso para hacerte sentir enferma de culpabilidad.

— Hola Levi —murmuraste, sentías tu propia voz ligera. Pronto los ojos de Levi se enfocaron al conjunto de tiras de cuero sujetas a la pieza de madera, lo cual le hizo poner una mueca de dudosa interpretación.

Levi suspiró y se llevó una mano a la cara— Tienes que estar cagándome —se levantó del sillón y caminó pasándote de largo hacia la cocina—. Estuviste pasándola muy bien con gafas de mierda, ¿cierto? Ya te pegó las prácticas extrañas.

Sus palabras no tuvieron efecto contigo. Sabías de sobra que Hange y Levi se conocían muy bien, y por alguna razón recibir una confirmación tan indirecta no te sorprendía en lo más mínimo. Sin embargo, que él tuviera experiencia en este aspecto no quería decir que estuviera dispuesto… ¿o sí?

Caminaste tras él y lo tomaste del hombro— ¿Estás molesto conmigo? —Repentinamente él volteó y tomó tu nuca con firmeza, metiendo sus dedos en tu cabello. Su mirada parecía querer escudriñar la tuya.

— Sí. Pudiste haber avisado que planeabas hacer algo así… —dijo, su voz baja era suave cuando algo lo inquietaba, lo sabías distinguir— Pude haberte ayudado a crear una mejor situación que esta —Su afirmación hizo que se te tiñeran las mejillas de calor por el puro gusto.

— Ah, entonces no estás en contra de hacer esto —musitaste, inclinaste tu rostro contra el suyo mientras tus labios rozaron con su piel—. Perfecto. Todavía tenemos tiempo.

Levi frunció el entrecejo, su frente se apoyaba contra la tuya mientras sus ojos azules miraban tu barbilla.

— No pensé que llegarías hasta este punto, Mikasa —Su otra mano tocó la tuya, jalando ligeramente de la correa de cuero de tu arnés—. ¿De verdad piensas hacerme tu puta?

— Cuando lo pones así, quizás sí, eso es precisamente lo que quiero —respondiste, tu mano libre tomó el cuello de su camisa mientras tu respiración intencionalmente agitada acarició su mejilla izquierda y tu boca se acercó a su oído, pronunciando cada palabra con ternura y voluptuosidad—. Personalmente, me gustaría verte abandonado al placer y dolor de ser penetrado por mi propio miembro. Levi, quiero seguir escuchándote gemir mi nombre mientras te hago ensuciar el piso.

— Ibas bien hasta que mencionaste "ensuciar el piso".

— No lo decía en serio, vamos a asegurarnos de que no sea así —dijiste mientras tus dientes rozaban con el trago de su oreja. Podías también escuchar cómo se irregularizaba su respiración, su mano estaba tensa detrás de tu nuca.

Lo empujabas más de lo que él te jalaba, fuiste con él a la habitación compartida donde él dormía con los otros tres varones del escuadrón de Hange. No te habías dado cuenta, pero cuando lo besabas mientras usabas las piernas para avanzar, desmedías tu propia fuerza. Levi cayó sentado sobre la cama de alguien más mientras que te dabas una vuelta frenética y caminabas con prisa a la cocina para recoger un recipiente de aceite de olivo porque con la emoción lo habías olvidado por completo.

Él te esperó con una expresión exasperada, sentado en la orilla de la tiesa cama. Te contemplaba con cierta fascinación mientras levantabas tu falda y te quitabas las bragas.

— Espera, déjame ver cómo te lo pones —Levi tomó tu falda para mantenerla arriba mientras tomabas el dildo con arnés; todavía así, una pizca de nerviosismo tomó lugar en tus lentas acciones al abrir tus muslos y deslizar tus dedos entre tus pliegues para comprobar tu propia humedad. Con cierto cuidado insertaste el extremo más pequeño de la figura de madera en tu genital, acostumbrada a la seca introducción, no te molestó demasiado; pero al momento de ajustar los arneses por tu cintura y alrededor de cada muslo, cuando el objeto erecto estaba apuntando al rostro de Levi, una de sus manos repasó con sus dedos la figura de madera, presionando ligeramente contra tu sexo, haciendo tus rodillas temblar.

— Esto, ¿tú crees que esto es práctico para ti? —preguntó Levi, su mano jalaba del miembro de madera, de modo que la parte en tu interior hacía más presión contra aquel punto de nervios que te hacía suspirar.

Tu piel estaba en punta y tu corazón ansioso, tus manos lo tomaron de los hombros y lo empujaron contra la colcha mientras te inclinabas sobre él, besándolo con obscena voracidad. Tus rodillas se apoyaban sobre la cama, una de ellas irremediablemente restregándose contra su ingle. Por un segundo dejaste de mordisquear y succionar sus labios y respondiste a esos ojos desasosegados con un murmullo seco pero en naturaleza travieso:

— Seré buena, Levi.

Él gruñó mientras tus manos desabrochaban los botones de su pantalón, pero él se apresuró a retirarlos completamente de sus piernas, tú ayudaste a quitarle la camisa de botones; querías alimentar tu vista con su hermoso cuerpo muscular a tu merced, pero Levi era Levi, no importaba si tus besos lo derribaban contigo al suelo, tus caricias eran tímidas en sus rincones más íntimos, pero su sexo se calentaba en tus dedos; Levi sopló:— Vas a hacerme exactamente lo mismo que yo te he hecho a ti, ¿no? No seas tan precavida, no necesito de tanta gentileza.

Tu cuerpo resbaló por el borde de la cama mientras él continuaba sentado, tus manos separando sus muslos poco a poco mientras tus rodillas te sostenían en el rugoso suelo.

— ¿Estás seguro de eso? —respondiste lentamente, mirándolo a los ojos, tus dedos estrujaban la carne de sus muslos— Voy a hacerte pedazos.

Después de eso, él gimió bajo cuando inclinaste tu rostro sobre su entrepierna, tu boca apenas rozó su miembro a medio-endurecerse, dejaste que tu aliento lo acariciara. Aprovechaste la brevedad de ésa dicha para empujar su torso de vuelta a la cama y lo tiraste sobre su costado derecho mientras levantabas su pierna izquierda de su corva y notabas cómo su piel se ponía de punta.

Lo dejaste solo al indicarle que mantuviera aquella posición. Alcanzaste la botella de aceite que dejaste al pie de la cama y vertiste la sustancia en tus dedos, de nuevo complacida por la sensación resbalosa que proporcionaba. De nuevo te posicionaste sobre él, tu mano libre empujó su glúteo izquierdo mientras ponías cuidadosa atención a la expresión en su rostro cuando comenzaste a insertar tu dedo en tan estrecho espacio. No estaba desacostumbrado, pero era evidente el cambio provocado por tu sutil invasión.

Continuaste adentrando tus dígitos resbalosos, estirando y explorando, mientras tanto proporcionabas firmes toques a su enardecido miembro, y sus manos permanecían sorprendentemente quietas mientras sus filosos ojos azules estaban intensamente clavados en los tuyos, sumiso en una expresión lúbrica y anhelante. Era precisamente la misma mirada que tú tenías cuando le concedías el tomarte. Él se parecía demasiado a ti.

Masajeaste tentativamente aquel delicado punto en su interior, sólo lo suficiente para servir de incentivo a lo que iba a venir; sus jadeos eran todavía silenciosos y tranquilos, su cuerpo estaba completamente relajado, era perfecto. Verlo tan dejado despertaba sensaciones violentas que dulcemente navegaban por tu cuerpo, y sabías que no podías esperar a explotarlas con su delicioso cuerpo bajo tu poder.

Sacaste tus dedos de él y con ellos te ayudaste a untar tu miembro de madera una cantidad generosa de aceite. Sin fuerza innecesaria arrastraste su cadera hacia ti, la punta del objeto fálico la restregabas contra su perineo, ocasionalmente pasando la cabeza del miembro falso entre las nalgas, presionando contra la aceitosa hendidura. Una vez más, usaste tus dedos para abrirte el paso, y notabas que su respiración se agitaba más así como sus músculos se contraían por el contacto. Decidiste que usarías un poco más de aceite.

Cuando tu pene comenzó a resbalar lentamente a su interior, tu corazón bombeaba excitado. Él ahogó un quejido y los músculos de sus brazos y hombros se tensaron. Tú también te estremeciste, dada la presión que aplicabas te afectaba a ti indirectamente, muy lento y cálido, tus dedos se aferraban a su cadera y te adentrabas a él un poco más.

Levi estaba jadeando más fuerte, su pecho ascendía y bajaba visiblemente con cada vibrante respiro, su cara rápidamente había adquirido un rubor rojizo mientras su ceño se arrugaba más en reacción al inevitable dolor que implicaba. Sus ojos turbios te miraron, todavía extendían una invitación para que tomaras el control completo.

Encorvaste tu postura un poco más, de modo que la cercanía con su cuerpo brindara un calor confortante, besaste su brazo y su hombro, tu rostro acarició la curva de su cuello y regaste la calidez de tu aliento sobre él mientras empujabas tu pelvis con más firmeza contra sus glúteos, un golpe a su interior bastó para arrebatarle un suspiro discorde.

Te tomó unos segundos interminables el aprender a imitar el ritmo correcto al que te habías acostumbrado por meses, un inicio lento y desesperante, una conexión que llegaba gloriosa sólo para desaparecer y regresar cruelmente. Te diste cuenta, tú estabas conectada a él, cada suave estocada podías sentirla tú misma, la pieza de madera en tu interior rozaba una serie de nervios escondidos y restregaba tu propia carne vulnerable al lujurioso deleite.

Obedeciendo tu necesidad de sentir más, la necesidad de estar más unida a él, tus manos comenzaron a ayudarte a mover sus caderas hacia tu regazo, mientras continuabas machacando tus sacudidas contra su cuerpo, tus movimientos volviéndose un poco más rápidos. Querías un mejor acceso.

Tus manos le forzaron a voltear su cuerpo, de modo que Levi quedara pecho-abajo, pero él comprendió inmediatamente, apoyándose sobre sus trémulos brazos mientras con tus manos levantabas su pelvis contra la tuya, y con el poder de tus piernas, te permitiste impulsar más enérgicamente a su estrecha profundidad. Desde tu perspectiva podías apreciar cómo arqueaba su espalda con cada íntimo impacto.

Gruñía entre respiros pesados, podías determinar que él hacía un esfuerzo por contenerse. Esto no te molestaba, sólo te hacía desear más escuchar el sonido de su voz. Querías doblegarlo a tu gusto, tus caderas comenzaron a golpear contra él más apasionadamente, tus dedos presionaban diferentes puntos de su torso, sintiendo cómo vibraba su cuerpo con cada uno de tus movimientos.

— Necesitas gemir más fuerte, con eso no me vas a satisfacer a la larga, Levi… —murmuraste, tu propio voz estaba temblando de excitación, pero seguías llena de energía; al hablar, tus empujes pélvicos tomaron un patrón más preciso, fuerte, profundo, tu miembro podía deslizarse con increíble facilidad.

Él ya no pudo aguantar más, sus gemidos resonaban por la habitación como una fuerza creciente, un ruido masculino y quebrado que hacía tu corazón rebotar de calor. Cada gimoteo que perdía el control era un motivo para seguir, adorabas la manera en la que su espalda se arqueaba por ti

— Mierd-a, Mikasa…

— Sí, así, perfecto —suspiraste, pero querías mirar su rostro. Necesitabas ver su rostro mientras lo emboscabas. Brevemente retiraste tu miembro de él y te otorgó una muy ruidosa queja, pero inmediatamente lo tomaste del hombro y le volteaste sobre su espalda, su rostro estaba tan lleno de bochorno que parecía tener fiebre, había un rastro de saliva escurriendo de la cornisa de sus labios.

Te inclinaste sobre él, una vez más, acomodándote entre sus muslos abiertos y colocaste su cadera sobre tu regazo, muy lentamente volviste a resbalar tu dildo a su dilatada entrada, una penetración más ruda que la anterior, pero su cabeza cayó para atrás y pronunció un largo gemido. La manera en que su cuerpo respondía estimulaba tu vulva por medio del dildo; te estaba haciendo perder los estribos.

Volviste a empujar tu pelvis contra él, mientras te tomabas la libertad de besar el sudor de su cuello y quijada, tu oído era asaltado por el sonido de sus suspiros rotos, sus manos acariciaban tu espalda y tu nuca mientras sus piernas eran tentadas a rodear tu cintura mientras continuabas con firmes y hondas estocadas. Tu ritmo era constante, ocasionalmente levantabas tu cabeza para observar cómo hacías que rebotara su hinchado miembro por la fuerza que empleabas para hundir tu falso pene en él.

Estabas un poco perdida en tu propia estimulación, sentías que tu frente goteaba sudor también, también estabas algo mareada. Irremediablemente tu velocidad se volvió un poco más frenética y los golpes repentinamente se hicieron más bruscos así como el calor que subía por tu vientre hasta tu cara. Antes de que te dieras cuenta, Levi tenía su mano frotando su propia erección al estridente ritmo que le habías sometido. Sus gemidos eran más fuertes y desinhibidos mientras sus ojos se cerraban al caótico goce.

Su cuerpo entero comenzó a convulsionarse mientras eyaculaba una cantidad considerable sobre su estómago y pecho; tú seguías lidiando con tu propio placer acumulándose a una velocidad desesperante, el doloroso roce sobre tu clítoris hizo tus hombros temblar violentamente y emitiste un grito controlado cuando finalmente te detuviste a mirar su rostro extraviado en el dulce agotamiento.

No estabas lo suficientemente cansada como para desplomarte sobre él, pero cuidadosamente te deslizaste al borde de la cama y descansaste tu cabeza al lado de sus piernas mientras tu tórax estaba tirado justo sobre sus rodillas. En un flojo intento por moverte, una de tus manos buscó debajo de tu falda hecha arrugas el nudo por el cual desamarrabas el arnés del dildo que esculpiste. Tuviste que reunir fuerzas para reincorporarte y redimir tu vergonzoso primer intento de quitártelo; notaste lo incómodo que era retirar la parte que introdujiste a tu vagina desde un inicio, pues estabas completamente contraída, quizás deseosa por más, pero estabas segura de que tú misma te encargarías de eso más tarde.

Revisaste a Levi, que todavía estaba acostado tranquilamente, regulando su respiración como si estuviera dormido. Tus ojos se posaron sobre su ingle, un detalle que antes habrías visto, pero no le prestaste atención hasta ahora. Podías verlo incluso a través del grueso vello justo debajo de la base de su pene, aquella cicatriz pequeña pero de inconfundible forma, incluso podías distinguir las marcas de suturas. Levi se había levantado, y sin miedo a parecer invasiva simplemente le preguntaste:

— ¿Fue de una pelea o un accidente?

Levi frunció el entrecejo y resopló con cierto fastidio mientras buscó un paño para limpiar sus propios residuos— Una pelea con navajas. En aquel entonces yo tendría más o menos tu edad —dijo, no parecía sentir algún tipo de emoción al contarte esto, pero no dudabas de su honestidad—. Un poco menos de suerte y me hubiera cortado la verga… ahora sabes porque no puedo tener hijos. Todo por una decisión estúpida de mi parte.

Tampoco sonaba particularmente afectado por esto. A juzgar por la apariencia de todo, aquel trágico incidente fue sólo un golpe de extraña suerte.

— Ya veo. Lo siento por ti. Incluso tú llegaste a hacer cosas estúpidas en tu juventud…

— No tienes ni idea.