Pensamientos no claros
La emana había empeorado conforme los días pasaban, en la constructora su jefe la había echado por el resto de la semana, la sudoración y temblor en las manos eran lo peor que podía ocurrir cuando interactúas con materiales pesados: dejo caer barras de hierro que se esparcieron por el suelo y golpearon a algunos de sus compañeros, por suerte no hubo heridos de gravedad pero su jefe se puso furioso.
Regresó a su hogar echando humo, las facturas de la semana sobre la mesa no hacían más que empeorar su humor, esos sobres llenos de mierda no dejaban de llegar no importando lo que hiciera; tomo el del hospital y la renta del lugar, los más importantes, ambos eran cantidades fuertes pero el trabajo de la semana pasada debería remediarlo y su madre estaba empezando a aportar dinero para pagar las deudas al hospital; camino a la cocina pero al abrir el cajón y ver que sólo había lo necesario para el hospital todo pensamiento coherente se esfumo y lo reemplazo el coraje, tomó la caja del dinero y la estrelló con todas sus fuerzas contra la pared. El sonido de la caja destrozada alerto a todos en la casa.
— ¿¡Haruki-neesam!? ¿¡Qué ocurrió!? ¿Estás bien?
—Claro que estoy bien, eh trabajado toda la semana para ganar el dinero necesario para el hospital y la renta ¡pero al legar descubro que no está la mitad! ¿¡En qué lo gastaron Fuyuka!?
— ¡Haruki-neesam! Tranquilízate, esas facturas son…
— ¡Cállate Saburo! ¡Contigo no quiero hablar luego de lo ocurrido ayer!
— ¡Le estabas gritando a Inukai-sam, todo porque me pidió un vaso de agua! ¡Y cálmate, esas malditas facturas de las que hablas, ya se pagaron!
Esas palabras fueron el último sonido que se escuchó dentro de la cocina, los más pequeños no sabían cómo reaccionar, en su vida habían visto actuar de esa forma irracional a su hermana mayor. La chica tomó de forma brusca la factura de la barra y leyó con atención, Saburo tenía razón, allí estaba el sello rojo que se leía "PAGADO", apretó el puño arrugando la hoja y la tiró al suelo, salió de la cocina y dio un portazo al llegar a su propia habitación.
Todo la distraía, no podía concentrarse en nada de lo que hacía y eso empezaba a causarle problemas. Su celular vibro indicándole que tenía un mensaje nuevo, no estaba de humor pero de cualquier forma lo sacó de su bolsillo, era Isuke, "QUÉ FUE LO QUE PASÓ? ME ENTERE QUE ESTAS FUERA DE LA CONSTRUCTORA".
Apretó el celular, problemas causados por su falta de concentración, falta de concentración por su mente a la que le cuesta pensar con claridad, esto por el exceso de estrés, que resulta de no comer pockys lo cual hace por Isuke. Sus problemas eran todos por culpa de Isuke; aventó su teléfono sobre la cama, claro, no podría pagarse otro si lo destrozaba contra la pared; tomo el encendedor de su padre y lo activo, le tranquilizaba un poco esa llama, le recordaba a él, cosa extraña porque en el pasado no había tenido tal nostalgia y sentimiento.
El fuego consumía el oxígeno y se elevaba un pequeño humo negro, apenas una fina hilera que chocaba suave contra el techo de su habitación, se quedó algo hipnotizada y volvió a su mente esos recuerdos, su padre olía bien a pesar del olor a cigarrillo, la combinación de su colonia y el humo le daba un toque a bosque o madera. Sentía un poco de paz pero no podía escapar de la ansiedad, "me relaja Hikari" lo decía muy seguido su padre. Le relajaba fumar…
— ¡Eso es!—salta de su cama y abre el armario, dentro olía todo ha guardado, ropa y más ropa, zapatos, aparatos obsoletos y hasta un envoltorio de unas papas que hacía mucho las habían sacado del mercado.
— ¿Dónde está? ¡Aja!—a tirones y quejidos arranco de las garras del armario una caja de tamaño considerable, la sostenía con ambas manos y era un poco pesada, la abrió rápidamente y encontró todo tipo de objetos de hombre, cadenas que fueron alguna vez un presente, una navaja en forma de águila, un frasco de perfume a medio acabar, seguro un antiguo regalo de aniversario, un anillo en el fondo de la caja, fotos viejas que se pegaban y que al día de hoy ya no se ven. Los recuerdos de un hombre dentro de una caja enterrada en un armario con más edad que ella y claro, bajo todos esos recuerdos lo que buscaba, una cajita blanca con ligeros detalles negros, más pequeña que sus habituales cajas rojas de pocky. Dentro, 4 cigarrillos sin fumar; su mano sudaba cuando saco el primero, esa voz que le gritaba que eso estaba mal, había sido encerrada bien al fondo dentro de su cabeza, el cilindro blanco le parecía muy delicado, lo acerco a su nariz por curiosidad y una mueca se dibujó en su cara, olía asqueroso, como tocado por la humedad, no había considerado que los cigarrillos podrían echarse a perder, le parecía ilógico pero allí estaba, todas la ganas que tenía de probarlos se había quedado truncadas y las ansias arremetían con más fuera sobre su mente ahora sin distraer.
—Al diablo—toma un poco de dinero de su cajón y corre a la tienda más cercana. A su padre le funcionaba, a ella le funcionaría.
N/A: ustedes no me dejan descansar, mira que ni bien se cumplen dos días y ya andan con que actualice, pues aquí está, todo suyo. Unas pequeñas aclaraciones, para los que saben del tema puede que algunos datos sobre fumar no sean correctos, yo pregunte a algunos amigos, invstigue un poco y movi las cosas para que quedaran puestos para la historia, lamento si no es del todo exacto. Otra cosa, katiadragon646 chica! Aquí está, todo tuyo por haberte desvelado esta semana para el examen y darte tiempo de leer mi historia, igual una dedicatoria para Shin'ya Natsuko Sasaki por ser el comentario número 48, si ese número quien sabe cuando me ubiese dignado de escribir. Ahora disfruten y nos vemos en el numeroooooo ummm 56 por que no? Jeje nos vemos.
