Tu secreto está a salvo conmigo

Sirius no sabría decir cuanto tiempo pasó sentado contra la fría pared del sótano. El tiempo parecía no tener significado, y cosas tan triviales como toques de queda y reglas de la escuela ni le cruzaron por la cabeza. Lo único que pensaba era si la barrera mágica que evitaba que el hombre lobo lo atacara lo protegería para siempre.

Eventualmente se dio cuenta de que la barrera era lo suficientemente fuerte como para mantener a la criatura contenida, y su temor disminuyó lo suficiente como para que se sintiera cómodo acercándose para verla mejor.

La barrera era invisible a menos que el lobo la tocara, y él se aseguró de alejarse de donde creía que estaba. Levantando la varita, que seguía prendida, Sirius la apuntó hacia el lobo. Su mano empezó a temblar ligeramente cuando gruñó, pero ahora que la sorpresa había pasado le daba curiosidad verlo de cerca.

Sabía que habían diferencias entre lobos normales y hombres lobo, pero no sabía cuales eran. Por un momento se preguntó si el lobo era normal, uno que los hermanos Lupin tenían en el sótano, pero al ver la ropa rota, que reconocía como la de Remus, se dio cuenta de que era imposible.

-¿Remus? -Susurró y la criatura de ojos dorados se dio vuelta para gruñirle. Por un momento creyó que el lobo iba a volver a golpear la barrera, esperó la luz azul y la sorpresa de que el animal se le acercara, pero sorprendentemente no llegó. Se preguntó si el animal se había dado cuenta de que atacar la barrera era inútil, o si estaba demasiado cansado como para hacerlo. Entonces, de alguna forma, tuvo la tonta idea de que quizás, sólo tal vez, Remus seguía ahí y controlaba al lobo de alguna forma. Iba contra todo lo que había escuchado de los hombres lobo pero, por alguna razón, le gustaba esa idea más que las otras.

-¿Remus? -Volvió a preguntar, un poco más fuerte.- ¿Me escuchas? ¿Me entiendes?

Si esperaba una respuesta inteligente, estuvo muy decepcionado. Pero la decepción desapareció completamente cuando se dio cuenta de que el hombre lobo, Remus, no volvió a atacarlo.

El sonido de la puerta cerrándose hizo que el hombre lobo volviera a aullar, y Sirius saltó horrorizado cuando se dio cuenta de que seguramente era Romulus volviendo a casa, y estaría furioso de ver a Sirius era noche.-

-Nox, -susurró para apagar la luz de su varita, pero antes de poder volver a subir, una silueta conocida apareció por la puerta.-

-Has estado haciendo bastante ruido esta noche, Moony, -le dijo, bajando por las escaleras.- ¿Qué te pasa?

Sirius se escondió entre las sombras, deseando tener algo para esconderse detrás, pero el único mueble que había en el sótano era una pequeña cómoda, y sabía que apenas se acercara lo verían.-

-Te escuché perfectamente desde Cabeza de Puerco , -continuó.- Qué bueno que la gente creaa que el ruido viene del bosque.

Moony, Remus, volvió a aullar antes de estirarse y gruñirle a Romulus.-

-Veo que otra vez casi no llegas, -comentó, haciendo señas a la ropa rota.- Y esta vez vas a coserla tú, a ver si la próxima ves te acuerdas de venir un rato antes de que se ponga el sol.

Sirius escuchó como Romulus le hablaba a Moony, como si el hombre lobo pudiera entenderlo, como si fuera simplemente una charla normal entre los dos hermanos, con Remus a punto de responder en cualquier momento. Más que nada quería preguntarle si creía que el hombre lobo lo entendía.

Agachado en el piso, vio como Romulus se sentaba en una de los peldaños más bajos y se recostaba contra la pared. Hasta con la poca luz de la varita de Romulus podía notar que estaba cansado, y se preguntó si se iba a quedar toda la noche. Esperaba que se quedara dormido para poder salir de la casa, pero no parecía posible. En vez de eso Romulus seguía conversando, como lo hacía cuando estaban en la mesa de la cocina, como si esperara una respuesta.

Mientras tanto Moony parecía más calmado que antes. En vez de atacar la barrera estaba acurrucado en el piso, como una mascota. De vez en cuando sentía que el hombre lobo lo miraba y trataba de esconderse más en la oscuridad.-

-Ahora estás tranquilo, ¿Eh, Moony? -Observó, después de conversar por casi una hora.- No creo que hayas estado tan calmado alguna vez. ¿Estás herido o cansado?

Moony levantó la cabeza y miró adonde estaba Sirius escondido. Casi podría haber jurado que estaba tratando de explicarle a Romulus que él estaba ahí. Intencional o no, funcionó, porque Romulus se levantó y apuntó la varita hacia esa esquina de la habitación.-

-Lumos Maxima, -dijo, y la pequeña luz de la varita aumentó hasta iluminar toda la habitación, revelando a Sirius y haciendo que Moony volviera a atacar la barrera.-

-¡Sirius! -Exclamó mientras miraba del hombre lobo a Sirius y de vuelta.-

-Lo siento, -habló rápidamente.- No me quise meter, no sabía, escuché ruidos, creí que Remus estaba en problemas. No lo sabía, lo juro.

-¡Arriba, ahora! -Ordenó- No te preocupes, Moony no puede traspasar la barrera, -agregó, como si recién se le ocurriera.

Sirius asintió y caminó detrás, preguntándose cómo iba a salvarse esta vez.-

-Siéntate, -le dijo, señalando un sillón y sentándose en el otro.-

Sirius obedeció al instante y arrastró su zapato por el piso, no queriendo encontrarse con los ojos del hermano de su mejor amigo.-

-Así que ahora lo sabes, -comentó finalmente Romulus, sonando mucho más grande de lo que era.- Imagino que fue un shock, ¿quieres una taza de té, o algo así? Se supone que ayuda.

-Sí por favor, -le contestó, asintiendo. En realidad no quería tomar nada, pero por lo menos tenía tiempo para pensar cómo explicarse mientras Romulus revisaba la cocina.

Seguía preguntándose qué iba a decir cuando Romulus volvió y le pasó una taza caliente de té.- Tómalo mientras sigue caliente, -aconsejó y Sirius asintió obedientemente, acercándose la taza a los labios. Le pareció que sabía un poco raro, amargo. Entonces sintió como se le cerraban los ojos, sin importar cuanto quería tenerlos abiertos, no pudo. Sintió que Romulus le quitaba la taza de las manos, pero no parecía poder resistirse.

Sus ojos estaban completamente cerrados y sintió que unos brazos lo dejaban con un almohadón del sillón bajo su cabeza. Entonces se rindió ante el sueño que, ya sabía, era gracias a una poción.


Remus abrió los ojos y se encogió por dolor que le causó hacerlo. Parecía que había pasado toda la noche golpeándose la cabeza contra la pared, y por como le latía, parecía que eso era exactamente lo que había pasado.

En realidad el sol no había salido, pero Moony se había retirado por el mes. Ahora todo lo que tenía que hacer era esperar que saliera el sol y la barrera mágica se desvaneciera. La barrera aparecía cada puesta de sol y se quedaba hasta que volvía a salir, ya que el hechizo no estaba ligado al ciclo lunar. Remus debía asegurarse de estar al otro lado de la barrera cuando el sol desaparecía por el horizonte las noches en que la luna estaba llena.

Otra cosa que también tenía que hacer era recordar llegar con tiempo suficiente como para desvestirse y alejar la ropa. La barrera solamente impedía el paso de los seres vivos, ya fueran animales o humanos. Miró a la ropa rajada y se dio cuenta de que había llegado tarde la noche anterior. También notó que el espejo ya no estaba, se preguntó si Romulus se lo había llevado.

No le gustaba que su hermano lo viera como lobo, pero hace tiempo sospechaba que bajaba al sótano después de que estaba transformado para verlo. Su espejo no estaba ahí, así que alguien seguramente había estado presente, y Romulus era el principal sospechoso. Lo único que quería era que no reconociera al espejo como un objeto mágico, y que Sirius no hubiera tratado de hablarle durante la noche.

Remus esperó, más o menos paciente, hasta que la barrera se puso roja y se desvaneció completamente. Juntó sus cosas, caminó hasta la cómoda y sacó los reemplazos que había guardado ahí. Una vez vestido subió por la escalera, cojeando ligeramente como casi todas las mañanas después de la luna llena.-

-¿Remus? -Preguntó Romulus desde arriba.-

-¿Quién más?

-Ven aquí, -Le contestó, entrando a la cocina y haciendo que Remus fuera a su habitación.-

-¿Qué pasa? -Preguntó tan pronto como la puerta se había cerrado.-

-Tenemos que irnos.

Miró alrededor y notó que el viejo baúl del armario estaba abierto, con sus cosas dentro desordenadamente.-

-¿Estás bien como para viajar? -Continuó Romulus caminando hasta el baño, trayendo de vuelta pociones y cremas para sus heridas.-

-Nada más un par de moretones, -explicó- Creo que también me torcí el tobillo, me duele caminar.

-No importa, vamos a aparecer, -le contestó rápidamente mientras le daba la crema para los moretones.

Remus lo miró con la boca abierta.- Pero no tienes licencia.

-No tenemos elección.

-¿Pero por qué? El Ministerio no sabe que estamos aquí, ¿o sí?

-Todavía no, pero es cuestión de tiempo antes de que los tengamos en la puerta. ¿Dónde dejaste los yuyos que buscaste la semana pasada?

-En el estudio. ¿Pero por qué tenemos que irnos ahora?

-Se descubrió tu secreto, -le contestó rápidamente.- Ve a buscarlas y ponlas en la cocina con el resto. Entonces guarda los libros en las cajas del ático. Los haremos pequeños cuando termine de guardar esto.

Se quedó congelado mientras Romulus le seguía dando instrucciones. No había escuchado nada además que su secreto había sido descubierto.

-Bueno, no te quedes ahí parado, Rem, -ordenó mientras lo sacaba por la puerta, siguiéndolo para guardar las cosas de la cocina.-

-¿Pero cómo? -Susurró, olvidando el pote de crema que tenía en la mano.-

-Anoche tuvimos una visita, -explicó- No tenemos mucho tiempo, apresúrate y ayúdame a empacar.

-¿Puedo despedirme de Sirius? -Preguntó en voz baja.- No me puedo ir sin decirle adiós, es mi amigo.

-Ya no lo es.

-¿A qué te refieres? -Le preguntó, se le revolvió el estómago cuando se dio cuenta de que su hemano no lo miraba a los ojos.-

-Sólo empaca, te lo diré después,

-No me voy sin despedirme de Sirius, -lo contradijo, a pesar de la mirada de advertencia.- Es mi mejor amigo. -No agregó que era su único amigo, pero eso ya se daba por hecho, como si lo hubiera dicho.-

-Sirius es el que te vio anoche, -suspiró Romulus.- Ahora, por favor..

-No le va a decir a nadie, -interrumpió- Es mi amigo. Mantendrá el secreto, estoy seguro.

-Remus, -advirtió Romulus.- No vamos a tener esta discusión. Ahora, has lo que te dije y empieza a empacar.

-Pero tengo que explicárselo.

-¿Explicarle qué? -Gritó- ¡Eres hombre lobo, él no es tonto! Sabe por qué lo mantuviste en secreto. No estás registrado y somos fugitivos. Tenemos que irnos antes de que le cuente a alguien.

-No lo hará.

-¡No lo sabes! No lo viste anoche. Estaba escondido en un rincón del sótano; tenía miedo. No podemos confiar en él. No podemos confiar en nadie.

-Pero...

-Remus, no tenemos tiempo para esto. Ve y busca las cajas para que empecemos a empacar. Tenemos que salir de aquí antes de que... -De repente se detuvo y Remus se preguntó qué había estado a punto de decir.-

-¿Antes de...?

-Sólo busca las cajas.

-¿Antes de qué?

-Antes de que se despierte, -admitió finalmente, asintiendo hacia la puerta cerrada de la sala.-

-¿Sigue aquí? -Preguntó y se apuró a llegar a la puerta, la encontró cerrada.-

-Sí, sigue aquí, -suspiró- No podía arriesgarme a que volviera a la escuela y hablara antes de que la luna llena hubiera pasado.

Remus lo miró con los ojos entrecerrados. Había algo que no le estaba diciendo y aunque ya sospechaba qué era, quería que se lo dijera él mismo.

Finalmente Romulus pareció entender.- Le di una poción para dormir, ¿bien?

-Quiero hablar con él, -insistió.- En cuanto se despierte, quiero hablar con él.

-Nos vamos a ir antes de que se despierte, -explicó.- Al menos eso haremos si vas y buscas las cajas, como te dije, para que empaquemos.

-No me voy.

-¿Quieres quedarte y esperar a que te atrape el Ministerio? -Preguntó, apenas conteniendo el sarcasmo y la impaciencia que sentía.-

-¿Quizás mamá y papá cambiaron de opinión? -Sugirió.- ¿Quizás nos extrañaron?

-Y si no lo hicieron, cagamos los dos.

-Deja que hable con él, por favor.

-¿Y qué vas a decirle exactamente?

-Explicaré las cosas.

-No hay nada que explicar, -repitió- No hay nada que puedas decirle.

-Puedo pedirle que guarde el secreto, -le contestó- Tengo que darle una oportunidad.

-¿Y si dice que mantendrá el secreto pero le dice a alguien?

-No lo hará.

-No puedes saberlo. Es mejor que salgamos antes de que pueda hablar.

-Eso no es justo, -le contestó malhumorado, sabiendo que era inútil seguir discutiendo, y decidido a tener la última palabra de todas formas.-

-Sólo ve y busca esas cajas, -suspiró Romulus.- Y no te tomes todo el día. No sé cuando se va a despertar. No me atreví a darle una dosis de adulto, así que puede ser en cualquier momento. Tenemos que salir de aquí antes de que eso pase.

Remus asintió tristemente y caminó por el pasillo. Arrastró los pies tanto como se atrevía, esperando que siguieran allí cuando Sirius se despertara, aunque al mismo tiempo estaba aterrado de lo que pasaría si lograba hablar con su amigo antes de que se fueran.


Cuando Sirius se despertó sintió dolor en el cuello, y por un momento se preguntó donde estaba. Entonces se dio cuenta de que se había quedado dormido en al sillón de los Lupin, la incómoda posición había causado el dolor. Le volvieron los recuerdos de la noche pasada, los ojos dorados mirándolo desde el otro lado de la barrera, Romulus descubriendo que se escondía en el sótano, y saber que su mejor amigo era una criatura de pesadilla... un hombre lobo.

Del otro lado de la puerta escuchó a alguien moviendo cosas en la cocina, le sonaba como si alguien estuviera tirando ollas y sartenes por todos lados, se preguntó qué pasaba.

Entonces escuchó pasos en las escaleras. Los pasos de Remus, pensó con una sonrisa. Los mismos pasos generalmente significaban que a su amigo le habían dado algo para hacer y no quería hacerlo.-

-¿Las tienes todas? -Esuchó que preguntaba Romulus desde la cocina.-

-Eso creo.

-Bien, ponlas en la chimenea y las quemaré.

-¡No!

Sirius se refregó el cuello y caminó hasta la puerta, preguntándose qué era lo que quería quemar Romulus.-

-Quiero llevármelas, -le contestó mientras Sirius llegaba a la puerta y trataba de abrirla.-

-No nos llevamos nada, -lo contradijo.- No necesitas esas cartas.

-Tampoco encuentro mi espejo, -agregó Remus- No me voy sin él.

-Te compraré otro, por Merlín.

-No quiero otro espejo, quiero el mío.

-¡Remus, por favor!

Se dio cuenta de que Romulus se estaba impacientando. Metió la mano en el bolsillo de su túnica y sacó el espejo que estaba seguro buscaba Remus.

Estaba por hablar y decirles que él tenía el espejo cuando su mente medio dormida se dio cuenta de lo que pasaba.

Los Lupin se iban. Remus se iba.

Trató de nuevo de abrir la puerta, pero no sirvió de nada. Cuando quedó claro de que no iba a salir la golpeó con fuerza.

Escuchó a Romulus maldecir en la otra habitación.

-¡Déjenme salir! -Gritó mientras volvía a golpear la puerta, olvidando gracias al pánico fijarse si tenía o no su varita, sin saber que Romulus se había olvidado de quitársela, y sentía un pánico parecido.


-¿Por favor, Rom? -Le pidió Remus- Sólo un par de minutos.

Romulus miró dudosamente a la puerta que Sirius claramente estaba tratando de abrir.-

-¿Unos minutos? -Repitió Remus.- ¿Qué mal puede hacer?

-Cinco minutos, -le dijo- Toma, mi varita.

-¿Para qué? -Le preguntó curiosamente mientras estiraba la mano para agarrarla.-

-Si parece que va a salir corriendo, o hechizarte, es que me olvidé de quitarle la varita, si trata de hacer algo... paralízalo, -susurró- No lo dudes, sólo hazlo.

-No puedo hacerle eso, -le contestó en el mismo susurro, hacer algo así le parecía imposible.-

-Sólo por si acaso, -agregó- Y yo estaré justo aquí.

-Contando los minutos, -murmuró Remus mientras apuntaba la varita a la manija de la puerta y decía el hechizo que la desbloquearía.

La puerta terminó abierta de par en par gracias a los golpes de Sirius en la madera e hizo que Remus retrocediera para no ser golpeado.-

-Cinco minutos, -le recordó Romulus, saliendo de la habitación y cerrando la puerta de nuevo.

A pesar de todas las protestas y los pedidos por hablar con Sirius, ahora que finalmente estaba con su amigo, no tenía idea de qué decirle.-

-¿Y? -Preguntó. Sirius no le contestó, y Remus sospechaba que él tampoco sabía qué decir.-

-¿Por qué viniste anoche? -Finalmente se decidió a preguntar. Tenía los ojos fijos en la alfombra, sin importar cuanto quisiera no podía mirar a Sirius a los ojos. La varita de Romulus seguía en sus manos, así que se puso a jugar con la madera distraídamente.-

-Dejaste el espejo activado, -explicó Sirius mientras sacaba dicho espejo de su bolsillo y se lo acercaba.- Pensé que estabas en problemas.

Remus resopló amargamente, pensando que ahora sí estaba en problemas. Sin embargo estiró la mano para agarrar el espejo, sus dedos rozaron los de él. Sirius alejó la mano como si lo hubieran quemado, y Remus no pudo evitar notar su reacción ante su toque.

El espejo y la varita cayeron al suelo y Remus salió de la habitación, no pudiendo mirar a su amigo. Pasó al lado de Romulus que seguía parado al lado de la puerta y corrió a su habitación, cerrando la puerta detrás con un golpe.


Sirius miró a su traidora mano, que estaba empezando a temblar. Se agachó y tomó el espejo al mismo tiempo que Romulus agarraba la varita. Un momento después la varita lo estaba apuntando, y se preguntó si iba a salir vivo de la casa de los Lupin.

Sabía que lo había visto enojado antes, pero nunca había visto el odio en sus ojos; nada parecido a lo que veía ahora.-

-Yo...eh...

-¡No! -Lo calló- Escucha, y escucha bien.

Sirius asintió obedientemente mientras cerraba la mano, tratando de que dejara de temblar.-

-Remus es un hombre lobo. Es peligroso para los humanos una noche al mes. Yo soy su hermano y no hay nada que no vaya a hacer para protegerlo. Eso me hace peligroso todos los días del mes.

Se encogió contra el sillón, la rabia en los ojos de Romulus le daba mucho más miedo que los ojos dorados del hombre lobo la noche anterior.-

-No puedo hacer que no le cuentes a nadie lo que viste, -siguió, con voz grave.- Pero te prometo que si por tu culpa le pasa algo a mi hermanito, te haré pagar sin importar lo poderosa que sea tu familia.

-No le voy a decir a nadie, -susurró, negando decididamente con la cabeza.- No tienen que irse, ¿o sí?

-Remus se pasó la mañana rogando quedarse aquí, -habló Romulus- No le importó nada de lo que le dije. Pero en menos de un minuto, y sin una sola palabra, hiciste lo que yo no pude. Hiciste que quiera irse.

-Lo convenceré de que se quede, -le dijo y sintió que se le humedecían los ojos. Rápidamente parpadeó para eliminar la sensación.-

-No quiero que lo hagas, -le contestó-

-Eso no significa que no lo vaya a hacer, -declaró, y salió corriendo antes de que pudiera detenerlo.

Remus no había cerrado la puerta con llave, pero tan pronto como entró Sirius sacó su varita y se encargó de hacerlo por él.-

-Vete, -murmuró desde donde estaba tirado en su cama.-

-Lo siento, -le contestó-

-Te dije que te fueras, -le contestó, dándose vuelta para mirarlo venenosamente antes de dirigir su mirada a la pared.-

-No, -le dijo antes de acercarse más. Apenas se dio cuenta de que Romulus estaba tratando de abrir la puerta desde afuera y sacó la varita para apoyar una cajonera contra ella. Sabía que no iba a detenerlo por mucho tiempo, pero esperaba que el par de minutos fueran suficientes.-

-¿Remus?

-...

-Perdón, -habló más fuerte esta vez-

-...

-No quiero que te vayas, -volvió a intentar- Eres mi mejor amigo...

-¡Soy un hombre lobo! -murmuró amargamente.-

-Eso vi, -le contestó-

-¿Ahora me odias? -Le preguntó mientras, por fin, se daba vuelta para mirarlo. Pudo notar que la cara de Remus estaba marcada por las lágrimas, y no le gustaba saber que había sido el que lo había causado.

Negó con la cabeza, contestando "no" sin dudarlo.-

-Pero me tienes miedo, -le dijo Remus. No era una pregunta.-

-No. -Negó con la cabeza y estiró su mano para agarrar una de las de Remus.- No te tengo miedo, ya no. Y no quiero que te vayas.

-¿Seguimos siendo amigos? -Susurró, sonaba terriblemente esperanzado. Se sentó y usó su mano libre para secarse la cara.-

-Mejores amigos, -confirmó, abrazándolo.- Por favor, no te vayas.

-No depende de mí, -le contestó- Rom es el que decide.

-Entonces supongo que vamos a tener que convencerlo, -le dijo- No le gusta negarte nada y conmigo y el infame encanto de la familia Black, -Remus resopló- Con mi encanto haremos que se queden para siempre.