Comenzaré pidiendo perdón por la tardanza en la actualización, pero debido a problemas familiares me he tenido que alejar de este mundo que tanto quiero. Me encanta escribir, porque me libera, es un canto a la alegría, de felicidad, pero esto es fantasía, y no es la vida real es un poco más dura, quería actualizar pero las ideas que me surgían no me acababan de gustar, porque creo que las 2301 personas que han visitado la historia se lo merecían, también este capítulo es un homenaje a aquellas personas que me han dejado un reviews y comienzo a agradecer:

Rianna Black: fuiste la primera en dejarme un comentario y me diste ganas de escribir.

Honneygranger: gracias, quiero que sea una historia original, porque habla de la vida.

Cintita Potter: gracias por dejar un comentario

Mekolin: gracias mil gracias

Pupy: me encanta como escribes, es sencillo pero profundo, gracias por los comentarios

RainyDay: espero que mis historias te sigan gustando

Solcisguauu: tus comentarios me daban ideas para seguir escribiendo, a mi me encanta que te encante, con eso yo ya soy feliz.

Alexa-potter: tu comentario me hizo sonreír durante una semana entera y cada vez que pensaba dejarlo leía tu reviews y pensaba que quizá si lo estaba haciendo bien y a la gente le gustaba, gracias.

Hermionedepottergranger: sin duda me hace ilusión que te esté gustando la historia.

Erk92: me encanta crear emoción y que la historia enganche.

Camili-manina: gracias y yo también espero actualizar pronto.

Melrose Cullen: continuaré, por todos vosotros.

Después de estas notas de autora, os dejo con la historia que me hace vivir de nuevo, porque pasé por malos momentos pero ahora quiero volver a creer en la fantasía y la magia.

"Recuerda que la mejor relación es aquella en la que el amor por cada uno excede la necesidad por el otro

Dalai Lama"

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Te encontré

Verlo ahí tendido en el sofá, era extraño, casi como una historia creada por la más esperpéntica de las escritoras, sus ojos lo veían pero su cerebro aún no era capaz de procesar la información, había un fallo en sus conexiones neuronales, se veía como los príncipes de los cuentos de hadas, cuando caen en la trampa de la bruja malvada, estaba inconsciente, desarmado, no tenía su varita a mano, no tenía nada con lo que defenderse, pero algo le decía que no podía bajar la guardia, había algo en él que le causaba desasosiego, le perturbaba estar delante de él con la varita en alto, con un hechizo en la cabeza ante cualquier ataque, aunque estaba segura de que nada de eso ocurriría porque él, Draco Malfoy, estaba bajo los delirios de la fiebre, inconsciente pero sin estarlo, hablaba en sueños, o en pesadillas, no podía entender lo que decía, eran palabras inconexas, sin sentido o lazo de unión obvio. Trato de aliviar la fiebre con una paño húmedo sobre la frente sudorosa del joven rubio, pero era misión casi imposible, cada vez parecía que su piel de seda perlara más sudor que empañaba su rostro, bajando desde su frente para perderse en un descenso vertiginoso hasta llegar al cuello, pasando por los labios, esos labios que continuaban pronunciando palabras sin sentido, palabras …

- Potter…- era un susurro, casi una súplica. Pero lo había escuchado bien, había pronunciado el nombre de su ex-novio, no podía ser. Estaba estupefacta ¿qué significaba todo aquello? - Ayuda.

Dos palabras sin sentido entre sí pero que ahora comenzaban a cobrar significado, quizá era Harry el causante de esas heridas en el heredero de los Malfoy pero… no era posible, estaba segura , pero ¿entonces? Nunca fue buena resolviendo acertijos, ese era el papel de Hermione.

- ¡Hermione! ¡ven, pronto!- su voz era de urgencia, era de total desasosiego.

-¿Qué pasa Ginny?- la voz de su amiga tenía el mismo tono agudo.

- Si Ginny, ¿Qué te ocurre?- la expresión de Ron era de intranquilidad, con la varita en mano, y la otra tomando la de Hermione, por alguna razón se sorprendió ante tal hecho, no fue la única, la castaña también y con un acto que para cualquiera hubiera parecido deliberado, para ella no significó más que un acto reflejo, ya nada los unía, solo un lazo de profunda amistad.

- Es Drac…, Malfoy- estuvo tentada a decir el nombre de pila del rubio, incluso ella mismo se sorprendió ante tal osadía por su parte, por usar un nombre que viene ligado a recuerdos malos para todos los allí presentes, la mirada de su hermano, refulgía de odio, era normal y comprensible pero ¿no es posible cambiar? ¿no nos merecemos una segunda oportunidad?- Ha pronunciado el nombre de Harry.

- Ese mal nacido, no tiene derecho a pronunciarlo.- Ron siempre tan directo.

-Eso no importa ahora, Ginny, ¿ha dicho algo más?- Hermione, como siempre pendiente de cualquier situación que tuviera relación con el Elegido, siempre sintió celos, siempre supo que había algo más, pero nunca estuvo tan segura como lo estaba ahora. La mirada de la joven brillaba de esperanza, convencida de que el ex -mortífago sabría el paradero de Harry, no le guardaba rencor, superó ya su papel de damisela en apuros que él le puso, ahora lo único que le preocupaba al igual que a los otros era el paradero de Harry, su amigo.

- Ha dicho, ayuda, nada más…

- Potter…ayuda… - la voz arrastrada de Malfoy, resonó en la habitación no sin cierto esfuerzo, como si estuviera diciendo su última voluntad, como si su vida dependiera de lo que pudiera decir. Las siguientes palabras no fueron del todo claras.- bosque… - podría ser la localización, el paradero de Harry, quizá él también necesitara ayuda, sí, eso, seguro que significa eso pero ¿qué bosque? Hay cientos en Inglaterra, millones en el mundo- de…- era agónico su hablar, convulsionaba con cada palabra que decía. - Dean…- terminó por desfallecer, se quedó totalmente inconsciente, no respondió a las sacudidas por parte de Ron, no se inmutó por las blasfemias que era capaz de decir su hermano mayor. Parecía que la revelación no era de mucha ayuda, pero cuando se giró para preguntarle a Hermione, sobre si tenía alguna idea de dónde pudiera estar Harry, se topó con el vacío de la habitación, el golpe al cerrarse la puerta y un ligero plop proveniente del pasillo.

No fue la única en reaccionar tarde, para cuando Ron corrió rumbo al pasillo para detener a su amiga, ya era muy tarde, ella había desaparecido, solo ella sabía a donde había ido.

Siempre supo que sus caminos nunca se cruzarían.

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La frase no era coherente, mucho menos lo que ella pensaba hacer, es decir, quién en sus cincos sentidos se le ocurre ir a un bosque perdido de la mano de Dios, es decir, a nadie, bueno, a nadie que no se llame Hermione Granger.

Estaba segura de lo que encontraría allí o más bien quería encontrar, quizá no fuera verdad, y todo fuera una trampa, una emboscada como tantas veces, pero el asunto era que algo más fuerte que ella, la llamaba a buscar en el condado de Gloucestershir, donde antaño viajaba con sus padres por vacaciones.

Era un lugar recóndito, alejado de la civilización sobre todo de la mágica y los únicos que podría acordarse de ese lugar eran sus amigos, pero sobre todo Harry, con él vivió allí una temporada, metidos bajo esa tienda de campaña donde había compartido sus miedos y tristezas, donde una vez más se preguntó porqué le seguía con tanto ahínco, con tanta determinación que incluso cuando Ron, su alguna vez novio, les abandonó siguió ayudando y estado con Harry Potter. La respuesta a esa pregunta aún no había cobrado vida, estaba aún latente.

Menos mal que tomó su capa de viaje antes de salir, antes de que Ron la detuviera, menos mal porque hacía frío, mucho frío y decir eso se quedaba corto, sintió como si le estuvieran hiriendo el rostro, se ajustó aún más la capa y emprendió el camino, no sin antes aplicarse el encantamiento desilusionador y poco a poco se fue colando en las profundidades del bosque, no sabía donde estaba con seguridad aquel claro, donde Severus Snape coló la espada de Godric Gryffindor, el lugar donde destruyeron su primer horcrux, pero algo la guiaba. Su corazón latía con violencia.

Entre las brumas de la noche vio por fin un cuerpo, más bien una silueta que cobraba vida, estaba detrás de una roca, apoyado como si estuviera esperando a alguien o como si estuviera herido… no. No podía estar herido y mucho menos… Terminar esa frase le producía un escalofrío que le recorría todo el cuerpo.

Se acercó con suavidad pronunciando el hechizo muffliato para evitar que sus pasos se escucharan, y alertar al extraño, cuánto odió ese hechizo pero que útil había sido, aquel ser que se alzaba entre las sombras.

Un extraño que cobró forma con la luz de la luna, un extraño que no lo era, ya que su nombre era por todo el mundo mágico conocido, era, Harry Potter, su amigo.

Quizá era por el tiempo que habían estado separados, el hecho de no reconocerle a primera vista, quizá no era él, pero su corazón palpitaba más deprisa al verlo ahí, su corazón que nunca mentía y le dijo que esa persona que estaba ahí parada, herida, era su mejor amigo. Tenía varios cortes en la cara, pero la que más le preocupaba era un corte muy profundo en el brazo izquierdo, que empapaba la manga de la capa, mientras que con el otro sostenía la varita en alto, sin duda sus dotes en defensa de las artes oscuras habían mejorado, incluso con los hechizos que ella había utilizado para que no la descubrieran, él lo hizo, no habían servido, porque él estaba alerta, estaba en "alerta permanente" como siempre les recordaba Ojoloco Moody.

A pesar de todo, aún no podía bajar las defensas, tenía que comprobar que era él pero ¿cómo? Fue entonces cuando se colocó delante del rostro del muchacho, a una distancia razonable, la suficiente para ver la mirada del su amigo, sus ojos eran verdes, un verde tan intenso, tan característico.

Fue entonces cuando sus ojos conectaron , el corazón le dio un vuelco de alegría, veía a través de ellos, veía la valentía que hacía que sus ojos se oscurecieran adquiriendo ese tono casi negro, estuvo tentada a acortar la distancia para poder poner su mano sobre el rostro de Harry para curar esas heridas y sobre todo para arreglar esas gafas rotas. Contuvo la respiración lo que le parecieron siglos pero en el momento que suspiró, el hechizo como por arte de magia se deshizo, dejándola al descubierto delante de él, con los ojos algo acuosos, sin mediar palabra cruzó la poca distancia que le separaba de él para darle un abrazo, no había tiempo para preguntas, lo que quería comprobar era que si él era de verdad, estrecharle entre sus brazos para que no se pudiera evaporar en el aire como las pompas de jabón, lo único que quería era comprobar era que era real, que estaba vivo y sobre todo que era su Harry.

Al principio el abrazo solo era por parte de ella pero pronto surgió un cambio, como cuando la tormenta desciende y provocaba la tempestad en el mar, de la misma manera el abrazo que le brindó Harry la mareó, él le tomó entre sus brazos y la elevó como si no le costase nada a pesar de la herida del brazo. Poco importaba eso ahora, él parecía feliz, daba giros sobre sí mismo y la llevaba a ella consigo. Era un abrazo como cuando se volvieron a reencontrar en su segundo año en Hogwarts, ambos reían, una risa nerviosa que terminó cuando Harry la colocó nuevamente en el suelo, dejando ver la distancia que les separaba, sin duda los seis meses que habían estado separados les había cambiado a ambos, tanto exterior como interiormente.

Él ahora era un chico de dieciocho años y medio, era todo un adulto, tenía ya bien definidos sus rasgos, un mentón muy pronunciado, la nariz era la misma de siempre, sus labios eran finos y elegantes, su pelo conservaba la misma rebeldía de siempre, y sus ojos muy en el fondo aún conservaban esa inocencia de la que nunca pudo disfrutar plenamente porque tuvo que madurar a la fuerza, y todo lo que había vivido se reflejaban en ellos. Mientras que el resto de su cuerpo también había cambiado, ya no era el niño flacucho que conoció, tenía un cuerpo muy bien definido, cuando le abrazó pudo sentir los músculos que había desarrollado, su altura no era la misma que la de Ron, quizá unos centímetros más bajo pero sin duda era más alto que ella, ya que se tenía que poner de puntillas para poder rodear su cuerpo con toda la facilidad del mundo. Mientras ella estaba abstraída contemplándole, él fue el primero en hablar y su voz le despertó de lo que parecía un sueño, era más grave de lo que recordaba.

- Hermione- pronunció su nombre con dulzura pero con una mezcla de urgencia en su voz.

- Harry, ¿eres tú?- ahora que lo tenía delante de ella no tenía ninguna duda, era él.

- ¿Qué te pasó en tu cuarto curso?- su voz que al principio era suave cobró un nuevo tono, denotaba dudas y culpabilidad por haber bajado la guardia.

- Me pasaron muchas cosas Harry- le dolió sus dudas pero pensó que eran razonables ya que ella mismo las había tenido. Pero él parecía dispuesto a atacar ya que enarboló su varita no sin cierto esfuerzo para apuntarle.

- ¿Qué hiciste que tus padres nunca te hubieran dejado hacer?- su voz le rogaba que le diera una respuesta afirmativa porque en sus ojos se veía el dolor por tener que estar apuntándola.

- Me arreglé los dientes, más bien, la enfermera Pomfrey fue la que lo hizo, después del ataque de Malfoy- vio como la respuesta satisfacía las dudas en su amigo pero pronto notó como al pronunciar el nombre de Malfoy, su rostro se contraía.

- ¿Qué haces aquí Hermione? ¿Por qué has venido?- No sabía que contestar, la respuesta para ella era lógica y única había venido por él, para ayudarle como siempre, porque son amigos.

- He venido a buscarte. Malfoy pronunció el nombre de este bosque así que decidí venir.

-¿Malfoy? ¿Dónde está? ¿Está bien?- Estaba segura que había una gran respuesta al hecho de que Harry se preocupara por el rubio, ya que no eran amigos.

-¿Si está bien? Claro que no, está medio muerto. Aunque Ginny lo está cuidando.- Era algo inusual observar ese interés por la salud del enemigo pero Harry no había estado solo este tiempo y ella se encargaría de descifrar sus secretos.

-¿Ginny?- vio su rostro un claro gesto de preocupación, quería consolarlo y decirle que todo estaba bien.

-Si, descuida, ella está bien, está con Ron.- su voz de pronto se volvió fría, casi hiriente y sin vida, cuando pronunció el nombre de su amiga el corazón le dio un pinchazo, no sabía porque le dolía el hecho de que Harry preguntara por ella, pero es lógico era su novia después de todo, pero deshecho todo aquello y lo aludió al simple hecho que estaba viviendo.

- Pero Malfoy, ¿Cómo lo habéis encontrado?- cada vez parecía más casando, y más pálido.

-¿Cómo? Fue Ron, cuando volvía a casa, lo encontró en un callejón.- No sabía como actuar con él, le estaban atosigando con todas esas preguntas. No era él mismo Harry, era un desconocido.

-¿Ron y tú estáis viviendo juntos?- su voz se volvió más grave, más áspera y dura, sus ojos se opacaron por completo.

-¿Eh? Claro que no- le respondió con la mayor brevedad- qué locura.-es decir, había sido feliz con Ron pero lo su historia de amor se terminó

-sois novios ¿no?

-Si hubieras estado aquí, sabrías que lo dejamos cuando tú te marchaste, sin decir nada a nadie, y sin dar señales de vida.

- ¿Me estás echando la culpa a mí de que tu relación no funcionara?- el volumen de su voz se elevó, inundando todo el bosque.

-Yo no he dicho eso.- era injusto que se pusieran a discutir ahora.

-Pero es lo que piensas.

-Tu no sabes lo que pienso. Y no creo que sea el momento adecuado para discutir.

-tienes razón, es mejor que me vaya-hizo el amago de levantarse pero había perdido mucha sangre y estaba débil y pronto se halló en el suelo desmayado.

-¡Harry!- se acercó hasta donde su cuerpo yacía para poder levantarlo, pero no reaccionaba ante las súplicas de la chica, necesitaba ayuda ya, pero ¿adónde? No podía llevarlo a su casa, por alguna razón Harry se sentía reacio a ir a su casa, quizá estaba escapando, porque no creía que esas heridas fueran provocadas por una simple pelea, había algo más, había una historia detrás de todo lo sucedido, seis meses daban mucho de sí para crear una vida, lo más seguro era que alguien le estuviera persiguiendo y por eso no quería que nadie le ayudara, era como antaño, él contra el mundo, cuando aprendería que no podía luchar solo, pero ahora eso no era lo importante, tenía que sacar a Harry de ese bosque.

No quería ir a su casa, ni tampoco a la Mansión de los Black, supuso que lo mejor era llevarlo a un lugar seguro, y no había ningún lugar más seguro que Hogwarts.

Tomó su mano con fuerza y en su mente conjuró la imagen de una casa en ruinas y pronto sintió aquel característico pinchazo en el estómago que era indicador de que se estaban viajando a la velocidad de la luz para aparecerse delante de una casa donde los gritos son los dueños del lugar.

El polvo bañaba todas las habitaciones, dejando una capa blanca algo fantasmagórica sobre todos los muebles, todo estaba muerto por allí, parecía que por fin la casa hacía honor a su nombre y a su leyenda, La Casa de los Gritos, la casa donde habitaban los fantasmas aunque no los hubiera, eran otra clase de entes los que moraban allí, eran los fantasmas del recuerdo, los que gritaban sin sonido en la noche, eran ellos los dueños y señores de la casa.

Hermione nunca creyó en las leyendas, nunca tuvo miedo de los fantasmas, los veía casi a diario, daban tumbos por el castillo, día si, día también. No les tiene miedo, no… les… tiene… miedo. Pero esa casa le ponía la carne de gallina, al recordar los sucesos que habían acontecido dentro de esas cuatro paredes.

Pero ahora más que nunca debía ser fuerte porque Harry yacía inconsciente en el suelo de la entrada, él la necesitaba.

Sabía lo que tenía que hacer, con un grácil movimiento de varita lo elevó para luego depositarlo encima de un sofá desvencijado. Mientras tanto el joven de los ojos verdes parecía que descansaba en un mundo de ensueño, quizá. O quizá se hallaba en una pesadilla.

La joven Granger se apresuraba en sus actos debía actuar ya, se acercó hasta el cuerpo inmóvil de su amigo para palparle en los bolsillos de la chaqueta en busca de la capa invisible, le conocía tan bien que estaba segura de que nunca dejaría su capa. La tomó entre sus manos temblorosas para cubrirse con ella y emprender su viaje hasta el castillo, pero una idea surgió en su mente, ¿qué haría Harry al despertarse? ¿se marcharía nuevamente para no volver? ¿qué podía hacer ella? Fue entonces cuando le vino una idea, un tanto descaabellada como peligrosa, se acercó nuevamente para quitarle la varita que sostenía aún en su mano para llevársela consigo, aunque eso supondría dejarle indefenso.

Los túneles que le conducían al castillo le parecían más grandes cuando estudiaba en Hogwarts, en cambio ahora eran más angostos e interminables, le daban la sensación de agobio y de que nunca iba a poder salir de ahí. Cuando por fin salió al exterior, el aire gélido volvía a golpearle en la cara, recorrió la explanada hasta llegar a la puerta del colegio, logró entrar y con precaución se coló entre los pasillos desiertos, debido a que la mayoría del alumnado se encontraba de vacaciones, pronto sería Navidad y las risas de los niños aumentarían la felicidad.

Llegar a la enfermería no le costó mucho, se sabía de memoria el trayecto, cuantas veces a lo largo de sus años de estudiante tuvo que visitarla y la mayoría de veces fue a causa de una misma persona, Harry, siempre él.

Siempre.

Era una necesidad de estar con él, de ayudarlo, de protegerlo.

¿es lo qué hacían los amigos no?

Porque Harry es su amigo.

Cogió todo lo necesario para preparar las pociones necesarias para curar a Harry. Y se marchó de la misma manera como había llegado, sin que nadie notara su presencia.

El camino de regreso se hizo más corto, y subió el túnel sin resuello, con el aire faltándole en los pulmones pero con mucha energía aún, para su sorpresa y alivio, Harry continuaba inconsciente y no se había marchado, permanecía con los ojos cerrados.

Comenzó a aplicar las pociones en las heridas y poco a poco se iban cerrando, por lo menos ya no sangraba, ahora lo que necesitaba era descansar para reponer sus fuerzas. Colocó un paño húmedo en su frente, aquella frente que aún conservaba aquella cicatriz en forma de rayo que tanto sufrimiento le había causado.

Su cuerpo había hecho un gran esfuerzo, recorrerse media Inglaterra para encontrarle, ella también necesitaba descansar pero no podía bajar la guardia, algo estaba nuevamente acechando a su amigo y no iba a permitir que le hicieran daño. Tendrían que pasar sobre ella, porque ahora que le había vuelto a recuperar no iba a dejarlo tan fácilmente.

Se apoyó en el pecho de Harry para comprobar que su corazón latía con regularidad, el tum tum del latido la meció pronto en un sueño profundo, impregnada por el olor de melaza o más bien le recuerda al olor de la madera, ese olor que desprendía la escoba de Harry antes de cada partido, olía a tierra fresca después de la lluvia, a algo florecido, a algo que está a punto de nacer de la tierra.

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La luz se colaba por las cortinas mohosas del salón, dándole en los ojos a un joven de cabellos oscuros, cuando despertó, no sabía donde estaba, solo notaba una opresión en el pecho y un cosquilleo en el cuello.

Cuando dirigió la vista hacia abajo, se encuentra con una escena que le deja sin palabras, es Hermione la que estaba encima suyo, sostenía con fuerza su varita pero se hallaba inconsciente, sumida en un sueño profundo, que no era consciente de que él ya estaba despierto y milagrosamente ya no le dolía el brazo ni tampoco tenía cortes, sus heridas habían sido curadas como siempre por la misma persona, por ella. ¿por qué tenía que ser siempre así? ¿cuándo la dejaría en paz para que pudiera hacer una vida normal? Ella había terminado con Ron pero no parecía afectada, auque le dijera que no había sido su culpa supuso que había algo que ella no le quería contar.

Cuando se trató de incorporar hubo un perfume que impregnó el ambiente, era un olor agradable, olía a hierba recién cortada y a pergamino nuevo, tenía un olor purificante le transportaba a sus años en Hogwarts, fue entonces cuando supo donde estaba.

La Casa de los Gritos, estuvo a punto de gritar, pero pensó que por lo menos no lo había llevado a un lugar más concurrido, esta casa siempre le había gustado, siempre. Era un recuerdo de su niñez. Pero ahora no se podía permitir una distracción, tenía que salir de allí cuanto antes, y llevarse consigo a Malfoy, aún tenían que dar parte del ataque y comenzar nuevamente con la búsqueda, aunque ahora iba a ser más fácil ya que sabían quien era el cabecilla de la nueva cúpula de mortífagos.

- Hermione, despierta.- necesitaba que ella le llevara a dónde estaba Draco.

-Emm…, ¿Harry?- parecía aún somnolienta pero pronto su expresión cambio- Harry, te encuentras bien, ¿necesitas algo? ¿quieres agua?- estaba a punto de incorporarse cuando la sujetó del brazo para impedirle que se marchara pero la desequilibro y ella cayó encima de él, dejando entre ellos una distancia, que al mínimo movimiento provocaría la colisión de dos astros.

El roce de los labios no fue intencionado, fue etéreo y provocó en ambos la misma reacción, los dos estaban rojos y con las miradas apenadas, mirándose fíjamente, traspasando la barrera que les había separado durante tantos años, sus corazones latían sincronizados, se podía escuchar el tum, tum que les mecía en un sueño que se comenzba a desarrollar.

La situación vista desde fuera parecería muy cómica para unos y muy romántica para otros, pero lo importante ahora era saber que era lo que pensaban los protagonistas.

:::::::::::::::::::::::::::FIN::::::::::::::::::::::::::::

Bueno he terminado este nuevo capítulo, y espero que os guste y preparáos que comienza el cuento de la historia de amor entre dos personajes que se quieren tanto que duele.

No doy ua fecha para la próxima entrega, pero prometo que será pronto. Sed buenos y soñad.