Los de séptimo año están sujetos a la maldición Imperius, y se transmite un mensaje misterioso alrededor de la escuela que solo puede significar una cosa…


—Hoy estamos terminando nuestras lecciones preliminares sobre la Antigua Magia y estamos recurriendo a las formas de la magia actual tal como la conocemos. ¿Puede alguien resumir lo que hemos aprendido sobre Antigua Magia? –preguntó la Profesora Sinistra, con las piernas cruzadas en el suelo, aunque serena y correcta, mientras los otros estudiantes se sentaban frente a ella. Teoría de la Magia fue una increíblemente clase casual, considerando el hecho de que solo ocho estudiantes en toda la escuela la tomaron, y no había realmente necesidad de exámenes o ensayos – discusiones eran las principales formas de aprendizaje en la clase.

— ¿Sí, Arielle? –preguntó la Profesora Sinistra, señalando con una uña pintada de negro al Ravenclaw.

—La Antigua Magia fue utilizada por última vez en el siglo XII durante el reinado de la Reina Guinevere Pendragon, que removió la prohibición de la magia puesta en lugar por Uther Pendragon después de la muerte de su marido, el Rey Arthur, nombrando al hechicero Merlín como mago de la corte –recitó el estudiante, y una vez más, a Merlín lo golpeó lo extraño que era que le describieran su propia vida en medio de un aula. —La Antigua Magia era utilizada por los druidas, y era la forma dominante de magia antes de que la magia actual entrara en práctica más común por los antepasados de los cuatro fundadores. Los druidas atraían la magia del mundo que los rodeaba, a menudo vivían en bosques y meditaban en cuevas, campos o grandes masas de agua para absorber los elementos –recitó Arielle, casi como si fuera un libro de texto.

—Gracias, Arielle. Ahora Morgan, ¿Cómo veían los druidas el mundo? .preguntó Sinistra con una sonrisa.

—Los druidas veían el mundo en términos de equilibrio –explicó Merlín. —Como su magia venía del mundo que los rodeaba, tenían que mantenerla en equilibrio para que su magia permaneciera fuerte y pura – el balance oscilaba entre el equilibrio universal de la vida y al muerte y las cosas pequeñas como medir las especies para su comida o el equilibrio en la empuñadura de una espada –dijo Merlín.

—O tener una habilidad innata para crear pociones perfectamente –murmuró Ron en un susurró burlón, y la clase se rió entre dientes junto con él.

—Exactamente, Rob –dijo Sinistra. —Morgan tiene un vínculo increíblemente fuerte con sus raíces druídicas, posiblemente debido a la habilidad de Dragonlord que mostró durante la Primera Prueba –Merlín estaba agradecido de que la Profesora Sinistra nunca hiciera un gran revuelo acerca de sus habilidades, sino que reconoció la magia en él, y aparte de algunas preguntas, nunca se burló ni se jacto de ello. —Esta sensación de equilibro que tienes de lso druidas, Morgan, significa que tienes la capacidad de crear pociones perfectas sin tener que pensar conscientemente en lo que estás haciendo –dijo Sinistra. —Pero también significa que durante la magia moderna, como la transfiguración, le resulta increíblemente difícil cambiar objetos animados a inanimados y viceversa debido al desequilibrio de poder que reconocer que otros estudiantes nunca pensarían –dijo, y Merlín asintió con la cabeza.

— ¿Cuántos de ustedes, antes que ahora, alguna ve consideraron lo extraño que es poder convertir un objeto inanimado como una tetera en un ser vivo y animado, como una tortuga? ¿Para parecer crear vida de la nada, para convertir algo hecho por el hombre en un organismo complejo y orgánico? –preguntó Sinistra, y ni una sola mano se levantó mientras los estudiantes tenían una mirada de comprensión apareciendo en su rostro. Merlín se rió de la expresión en la cara de Rob al darse cuenta de cuánto él había estado luchando con transfiguración.

—Afortunadamente para ti, Morgan, vamos a estudiar el funcionamiento de la magia moderna y cómo es mucho más que solo hablar un idioma muerto y agitar una varita mágica –dijo con una sonrisa, y Merlín se rió. La Profesora Sinistra definitivamente se estaba convirtiendo en su profesor favorito.

—Entonces, ¿Cuál es el problema con la magia moderna y por qué funciona? Vas a pensar mucho en esta preguntan ya que estarás entregando un ensayo dentro de tres semanas, y no en una letra grande, señorita Alakous –bromeó Sinistra, y la Gryffindor se sonrojó y miró su regazo.

La clase terminó no die minutos después, Merlín y Rob bajaron dos pisos para encontrarse con el resto de sus amigos fuera del aula de DCAO. Merlín había estado disfrutando las lecciones recientemente, incluso si eran un poco raras, simplemente porque Ojoloco Moody era su profesor. El hombre era un auror conocido por casi todos en el mundo mágico, y Merlín había visto varios artículos de él las pocas veces que había ordenado el Diario el Profeta. Había ordenado el Quisquilloso una vez, y solo una vez, simplemente porque era demasiado ridículo para tomarlo enserio, pero era una buena risa de vez en cuando.

Hubo un artículo hace unos días antes del comienzo del semestre que decía que Moody había informado un asalto en su casa, solo para darse cuenta de que no había sido nada después de que se enviaran funcionarios del Ministerio (incluido Arthur Weasley), y era su papelera encantada la que se volvió loca. Por más paranoicos y locos que los periódicos hicieran a Ojoloco, Merlín no creía que fuera nada en absoluto. Era increíblemente tranquilo, si no contabas la cantidad de veces que gritaba '¡Vigilancia constante!' durante la clase.

— ¿Has escuchado lo que los años más jóvenes han estado diciendo hoy? –preguntó Cedric cuando Merlín y Rob se le acercaron desde el pasillo.

—No, realmente no he estado escuchando los chismes de hoy –dijo Merlín. Era cierto, había pasado todo su tiempo libre pensando en qué demonios significaba el huevo de oro cuando decía que iba a llevarse a alguien que amaba. Merlín suponía que probablemente sería Cedric, ya que se estaba convirtiendo rápidamente en su mejor amigo en la escuela, aunque había muchas posibilidades de que uno de sus otros amigos de Hufflepuff fuera capturado. Sabía que si Cedric estaba en el torneo como se suponía que debía estar, Cho Chang había sido tomada, viendo como Cedric había estado extremadamente flechado con ella por semanas. Sin embargo, existía la probabilidad innata de que Arthur podría ser dl elegido, porque aunque no parecían ser grandes amigos, Merlín sabía que Hogwarts y, de hecho, el Profesor Dumbledore, ambos tenían formas de saber cosas que realmente no podían o no debían.

—Dijeron que Moody nos está enseñando sobre las Maldiciones Imperdonables, ¡Y que incluso ha estado probando la Maldición Imperius en algunos de los de cuatro y quinto año! –Cedric siseó, y Merlín frunció el ceño. Era posible que no se haya involucrado demasiado en la comunidad mágica durante algunos años, pero estaba bastante seguro de que eso era ilegal.

— ¿Y a él se le permite hacer eso? –Cora preguntó, preocupada.

—Usualmente son solo a los de séptimo año a los que se nos enseña sobre las maldiciones, y las demostraciones son increíblemente raras, no se han visto durante al menos algunas décadas. ¿Pero enseñarlas a los años más jóvenes? –Rob contribuyó. Mientras Merlín estaba preocupado, con lo que había visto en el futuro, parecía ser la vigilancia para enseñar a los más jóvenes –especialmente a Harry– como lidiar con las Maldiciones Imperdonables. Había muchas posibilidades de que no pudiera neutralizar la amenaza que se volvería Voldemort, y que el mundo caería irremediablemente desequilibrado, y que el conocimiento de cómo sobrevivir así se volvería esencial.

—Tal vez él piensa que algo va a pasar –interrumpió Merlín.

— ¿Cómo qué? El hombre es un psicópata paranoico –se burló Cora. Justo en ese momento, la puerta del aula se abrió sola y todos comenzaron a entrar. Se sorprendieron cuando vieron que todos los escritorios y sillas estaban apilados a ambos lados de la habitación, dejando un espacio completamente vacío en el medio donde Moody estaba de pie, apoyado en su bastón.

—Seguramente todos han oído los rumores –comenzó Moody una vez que todos entraron, murmurando y apiñándose juntos. —Que el aprendizaje sobre las Maldiciones Imperdonables no solo esté restringido a los séptimos años, sino que los estudiantes tan jóvenes como los de cuarto año estén aprendiendo sobre ellos. Y estarás en lo cierto –dijo con un gruñido. — ¿Quién puede decirme qué son las tres Maldiciones Imperdonables? –Moody preguntó, señalando con el nudoso dedo al perfecto.

—La Maldición Imperius, la… Maldición Cruciatus, y la Maldición Asesina –dijo Cedric, algo inseguro. Merlín se estremeció, recordando lo que esas maldiciones le hicieron a alunas de las personas que conoció durante la Primera Guerra. No había podido intervenir en ese entonces, no era su lugar, por lo que se vio obligado a mirar desde la barrera y dar pistas cripticas mientras sus conocidos comenzaban a morir a su alrededor, a convertirse, o incluso ser torturados hasta la locura.

—Correcto, Sr. Diggory, cinco puntos. Ahora, durante el reinado de Ustedes-Saben-Quien, la maldición Imperius fue utilizada con mayor frecuencia para traer a la gente de nuestro lado a su lado –comenzó Moody. Sin embargo, después de que Ustedes-Saben-Quien desapareció, fue increíblemente difícil para nosotros adivinar quien realmente había estado bajo la maldición, y quién estaba salvando su propio trasero –Merlín habría estado seguro de que durante este discurso en las clases de cuarto año, ese ojo mágico suyo se habría vuelto hacia Draco Malfoy. Eso hubiera complacido inmensamente a Harry y Ron. —Dumbledore me ha dado permiso para demostrar la Maldición Imperius en este salón de clases, y tienen que luchar contra eso. Pelear contra la maldición Imperius tiene que ver con la fuerza de voluntad y fuerza mental—no importa cuán grande o duro seas, si no eres lo suficientemente inteligente como para luchar contra eso, sucumbirás –dijo Moody.

Merlín solo podía imaginar ese ojo girando de Draco a Crabbe y Gyole.

—Así que si todos se ponen en una línea, empezaremos –dijo Moody. Los Hufflepuffs y Ravenclaws se alinearon bastantes vacilantes, pero la atmósfera tensa en la sala se rompió cuando Gabriel Tate, ex prefecto, comenzó a brincar por la sala chillando como un mono.

Una chica Ravenclaw le siguió, que cantó una impresionante canción de opera a todo pulmón, y luego un chico Ravenclaw detrás de ella que dio una voltereta a lo largo de todo el aula. Pavel fue el siguiente, y comenzó a cantar el himno nacional ruso con una coz mucho más profunda que la suya, mientras se tapaba la nariz con el dedo. Cora logró luchar contra la maldición durante unos segundos con terquedad pura, sin adulterar, antes de que cayera al sueño e imitara el nado apresurado de un tiburón.

Rob casi se rompe la rótula cuando subió a la parte superior de la pila de escritorios en una esquina y comenzó a hacer un discurso dramático para la igualdad de Nifflers, antes de que Vern lo derivara al piso, pretendiendo ser un perro excitable. Dos chicos de Ravenclaws progresaron su gran amor mutuo mientras estaban atrapados a cada lado de una pared invisible (y en realidad era una escena que hacía temblar los ojos, los chicos parecían estar desconsolados por no poder tocar al otro=, antes de eso fue el turno de Cedric.

Moody lanzó el hechizo sobre Cedric, quien permaneció completamente quieto, sin moverse. Durante unos segundos, sin aliento, parecía como si el hechizo simplemente no hubiera funcionado, antes de que Cedric iniciara una impresionante rutina de hula con balanceos de cadera y rotaciones. A las chicas les encantó.

Entonces Merlín llegó al frente de la fila y miró al Profesor Moody a los ojos.

—El Campeón de Hogwarts, ¿Eh? Veamos qué tal te va –dijo Moody, alzando su varita hacia Merlín. Se congeló, sintiendo algo así como calor entrando en su cuerpo, acurrucándose alrededor de sus costillas, la sensación de estar en una cálida manta, reconfortante y feliz. Su mente se remonta a los días en que eran los más felices – al lado de Arthur, trabajando juntos para salvar Camelot, brillantes sonrisas lanzadas el uno al otro en alivio mientras batallas eran ganadas y los dos seguían vivos.

Entonces Merlín comenzó a sentir que sus dedos se movían sin su consentimiento, y fue como si lo rociaran con hielo. La felicidad y calidez se fueron inmediatamente cuando el hechizo intentó apoderarse de su cuerpo, moviéndolo sin que él lo supiera, hacer que hiciera lo que no quería. Para controlarlo, usarlo, para hacer lo que sea, para hacerlo indefenso mientras sus extremidades se movían como una marioneta.

Como Morgana.

Como las veces que se habían apoderado de su mente o su cuerpo para eliminar a Arthur, a su mejor amigo, a su Rey, a su amor.

Y Merlín se negó a volver a sentirse así de nuevo.

Baila, la voz en su cabeza susurró. Baila para mí. Baila hasta que seas libre. Baila para mí.

Nunca, Merlín contestó, y como desgarrando un pañuelo de papel, desgarró el hechizo y cayó de rodillas con un grito, jadeando como su hubiera corrido un maratón. Todo a su alrededor estaba en silencio, y podía sentir sus ojos abatidos brillando con un cálido dorado, y luego vítores estallaron a su alrededor. Alguien se dejó caer a su lado y lo tomó en brazos, el frío desapareció de sus extremidades, y Merlín se las arregló para sonreír.

—Estás lleno de sorpresas, ¿O no, Emery? –Moody dijo cuando Merlín finalmente recuperó la fuera en sus piernas para ponerse de pie.

Cora resopló a su lado, y se dio cuenta de que había sido ella quien lo estaba abrazando. Ignoró la extrañan mirada que Moody le dio, ese hombre estaba paranoico sobre cualquier cosa, y sonrió cuando aceptó las palmadas en la espalda y choques de cinco que el resto de sus compañeros le dieron, antes de que la clase continuara con las demostraciones. Merlín no estaba seguro si Moody había subido la apuesta o si el resto de la clase simplemente no tenía la voluntad de luchar contra las sensaciones sorprendentemente encantadoras que la Maldición Imperious traía, pero nadie más logró pelear, algo que Rob y Cora se jactaron con orgullo cada vez que un estudiante se humillaba y/o lastimaba durante el ejercicio.

—Su tarea es prepararse adecuadamente para la próxima clase, donde intentaremos esto de nuevo. Emery, ¿Puedo hablar contigo? –Moody dijo mientras que la campana sonaba en todos los salones de piedra. Merlín le hizo señas a sus amigos, que se dirigían al Gran Comedor para almorzar, y se volvió hacia Ojoloco Moody solo cuando la clase se había ido y la gruesa puerta de madera se había cerrado detrás de ellos. El hombre lo miraba con ambos ojos, posiblemente con sospecha, y fue increíblemente desconcertante.

—Con alguien que tiene talentos tan increíbles y raros como los tuyos, hubiera pensado que habría oído de ti, o al menos de tu línea familiar. Una habilidad de Dragonlord es increíblemente rara, se cree que se ha extinto con el gran mago Merlín –Moody comenzó y Merlín trató de controlar su ritmo cardíaco. No estaba seguro de lo que ese ojo podía ver, si era capaz de atravesar su caja torácica y ver su corazón latir al doble de velocidad, o incluso el sudor que comenzaba a perlar en la parte posterior de su cuello.

—Mi familia era extremadamente recluida –comenzó Merlín —para cuando era adolescente solo había estado en la ciudad una o dos veces—no confiaban en el mundo exterior ni en otros magos. Se guardaban para sí solos, teníamos una casa familiar y cultivábamos en un largo en el campo, y fui educado en casa hasta este año.

— ¿Qué cambió? –preguntó Moody. No hubo ningún cambio en su voz, timbre o tono, por lo que Merlín no tenía ninguna idea de si el auror estaba comprando su historia; pero Merlín había mentido lo suficiente en su vida que estaba bastante seguro de que nadie sería capaz de decirlo.

—Murieron –dijo Merlín –mis abuelos, tíos y primos murieron en la Primer Guerra, apenas los conocía. Mis padres se volvieron más recluidos. Mi padre falleció hace cinco años, y mi madre hace diez meses, ambos por enfermedad. Se negaron a ir a San Mungo, estaban demasiado aterrorizados para salir de casa. No era una vida bonita, ni particularmente divertida, pero impartían el suficiente conocimiento como podían. Tuve una tía abuela que venía de vez en cuando para enseñarme como pelear y me daba conocimiento, pero no tengo idea de dónde vive o si todavía está viva. Realmente no sabía lo diferente que era hasta que vine aquí. Nunca pensé que era especial.

Moody lo miró por unos segundos, su ojos mágico penetrando casi en su alma, igual como imaginaba sería bajo el escrutinio de Dumbledore. Finalmente, con un gruñido, Moody asintió y aparentemente acepto su bien pensada mentira (había estado despierto por horas pensándola).

—Eso lo explicaría –dijo Moody –aún así, eres un joven muy interesante, Emery, y estoy ansioso por ver que tan bien en la segunda prueba.

—Gracias Profesor. ¿Puedo irme? –preguntó Merlín. Moody lo dejó ir, y Merlín trató de no salir volando de la habitación a gran velocidad. Eso era lo más cerca de que alguien llegara a descubrir que él no era quien decía ser, y eso no le gustó demasiado. Corrió por la atestada escalera hasta el Gran Comedor, donde la mesa de Hufflepuff estaba llena de estudiantes confundidos que miraban pergaminos en sus manos.

— ¿Hay un nuevo horario o algo así? –preguntó Merlín, tratando de mirar el papel en la mano de Cedric.

—Es un aviso de la Profesora Sprout pidiéndonos a todos que la veamos en una de las habitaciones vacías de transfiguración después de clases—solo que todos a partir de cuarto año tiene una –dijo Cedric, mostrándole el pergamino a Merlín. Merlín frunció el ceño, preguntándose qué podría ser. Al mirar alrededor del Gran Comedor, los estudiantes de otras casas observaban de manera similar trozos de pergaminos en sus manos, incluido un familiar trío de Gryffindor.

—Espera –dijo Merlín, y se escabulló hacia las mesa de Gryffindor junto a ellos. Se sentó al lado de Ron, los de cuarto año murmurando sobre le pergamino en sus manos con un mensaje increíblemente similar en la lera de la Profesora McGonagall.

— ¿Qué crees qué es? –Merlín preguntó.

—Ni idea –dijo Ron —. Solo se les dio a los de cuarto año en adelante.

—Lo mismo que nosotros, parece que todas las casas tienen un mensaje similar –dijo Merlín, señalando tanto las mesas de Ravenclaw como las de Slytherin.

—Tiene que tener que ver con el Torneo de los Tres Magos –interrumpió Hermione —. No es coincidencia que solo sea a los cuartos años y más.

—A los de cuarto año en adelante también les lanzaron la maldición Imperius –señalo Merlín, y Harry lo miró.

— ¿Moody también les hizo eso a ustedes? –preguntó. — ¿Cómo lo hicieron?

—Yo fui el único que pudo librarse por completo de la maldición. Cora estuvo muy cerca, y Cedric interpretó un encantador hula –informó Merlín, y el trío se echó a reír. — ¿Ustedes?

—Fuimos terribles –dijo Ron —, pero Harry logró deshacerse de ella con las rodillas raspadas.

—Bien hecho, Harry –elogió Merlín —. Vale, los veré después, será mejor que vaya a ver si alguien en Ravenclaw o Slytherin sabe de qué se trata –dijo Merlín.

— ¿Tienes amigos en Slytherin? –Ron preguntó con incredulidad.

—Sí, no son del todo malos, ya sabes –dijo Merlín, saludando a Maya con la mano, con quien había cruzado la vista a través de la habitación. Rodando los ojos ante el gesto obsceno que ella le levantó, Merlín se levantó y caminó alrededor de la mesa de Gryffindor antes de ver a Arthur sentado con su grupo de amigos, menos a la chica pelirroja Lydia.

—También lo tienes, ¿Huh? –Merlín preguntó, apoyando la mano sobre la mesa.

—Bastante seguro de que es para el baile de Navidad –murmuró Arthur, y Merlín no podía decir si estaba aterrorizado o emocionado con el concepto.

— ¿Baile de Navidad? –preguntó Merlín.

—Seguramente has escuchado hablar de eso –dijo Mako, y Merlín negó con la cabeza con el ceño fruncido.

—Estudiante de intercambio de una familia solitaria que vive en el bosque, ¿Recuerdas? –señaló Merlín, y Rinko resopló.

—Es un baile que tradicionalmente se lleva a cabo durante el Torneo de los Tres Magos. Por lo general, solo se les permite asistir a los de sexto y séptimo año, pero teniendo en cuenta el hecho de que Harry es un campeón, tuvieron que permitir hasta los de cuarto año –informó Rinko.

—Hay una página en el Diario el Profeta donde puedes pedir túnicas –informó Percy, pasándole el periódico a Merlín, quien lo tomó como una mueca. El anuncio de toda la página estaba cubierto de imágenes de magos y brujas con vestidos y túnicas elegantes revoloteando, el texto casi repugnante y brillante que le informaba al lector que debía hacer su pedido.

—Suena genial –dijo Merlín —. Nunca he estado en un baile antes –era cierto, había logrado atravesar todo el siglo XVIII y XIX sin ser invitado a un baile, era casi un milagro. Sin embargo, había estado pasando por unas pocas décadas petulantes, y ahora decidió que un baile no sería tan malo como él pensaba que sería – o al menos, un baile mágico.

—No creo que nadie lo haya estado, a menos que seas de una familia Slytherin de sangre puta, ellos son los únicos que realmente todavía los tienen –dijo Sara —. Creo que Maya dijo que había ido a uno, ve a preguntarle.

Merlín le dio las gracias y miró a Arthur, que parecía todavía un poco pensativo.

— ¿Estás bien? –preguntó Merlín, y Arthur lo miró.

—Solo me preguntaba si necesitaremos citas –dijo Arthur con una expresión vagamente aterrorizada, y Merlín estalló en carcajadas.

—No creo que tengas problemas en eso, amigo –dijo Merlín, dándole palmaditas en el hombro, y se apresuró a ir a la mesa de Ravenclaw para enfrentarse a Arielle antes de hacer algo tan estúpido como pedirle a Arthur que lo acompañara.

— ¿El mismo mensaje? –Merlín preguntó, y ella asintió —Practica de baile con Flitwick, eso sería digno de ver.

— ¿Practica de baile? –preguntó Arielle. —Ohh, el baile de Navidad, por supuesto. ¡Ni siquiera lo pensé! ¿Crees que de eso se trata todo esto?

—Sí –dijo Merlín —, hable con los Gryffindors, al parecer hay una gran publicidad para las túnicas de gala en el Diario el Profeta de hoy, probablemente sea una buena idea comenzar a buscar en su catálogo ahora –Arielle puso los ojos en blanco y lo apartó juguetonamente, y Merlín se sentó cómodamente en la mesa de Slytherin entre Maya y Simon.

—Entonces… ¿Baile de Navidad, huh? –Merlín comenzó, y Maya gimió y golpeó su frente contra la mesa, mientras que Simon parecía que intentaba no morirse de risa. —No puedo esperar para verte bailar –bromeó Merlín.

—Cierra la boca, Morgan –murmuró Maya en la mesa de madera.

—Lenguaje Maya, o es posible que no puedas ir al baile. Y quieres ver a Cora con Vestido, ¿Verdad? –bromeó Merlín, y Maya se enderezó para mirar a su novia desde el otro lado del pasillo.

—…Tienes un punto –admitió.

—Aunque tal vez Cora ya no quiera verte bailar después de la vigésima ve que pises sus dedos –exclamó Simon, claramente disfrutando el momento. Maya se acercó a Merlín para golpearlo directamente en su brazo.

—Si todos hacemos prácticas de baile con nuestros jefes de casa –comenzó Merlín —, pensé que Flitwick sería hilarante, ¿Pero Snape..? –se detuvo, y Maya tuvo que golpearse la boca con las manos para evitar gritar, sus mejillas enrojecidas y los ojos llenos de lágrimas de risa. Simon, por otro lado, parecía que las imágenes mentales que involuntariamente había invocado lo habían marcado de por vida.

—Dios mío –exhaló Simon.

— ¡Diviértanse, los dos! –Merlín bromeó, levantándose para regresar a la mesa de Hufflepuff. No fue hasta que se sentó que se dio cuenta de que una familiar cabeza de rubio claro no se veía por ningún lado. —He reunido algo de información de las otras casas, todos recibimos mensajes de nuestros jefes ce casa, y el escenario más probable es que sea una práctica de baile para el baile de Navidad en una pocas semanas… –Merlín le informó a los demás. Todos y cada uno de sus amigos gimieron, incluso Cora. —Vamos chicos, ¡Será divertido!

—No es el baile de lo que estamos preocupados –dijo Rob.

—Habla por ti mismo –murmuró Cora.

—Son las citas –dijo Rob, con una expresión de preocupación en su rostro. —Quiero decir, Cora tiene novia, pero, ¿Y nosotros? Todos estamos dolorosamente solteros.

—En palabras de Cora, habla por ti mismo, compañero, le preguntaré a Cho –dijo Cedric, cómodamente, saludando hacia la mesa de Ravenclaw donde la joven se sonrojó y le devolvió el saludo.

—Eres increíble –dijo Merlín. — ¿Dónde está Pavel?

—Dijo que tenía que ir a buscar algo del dormitorio hace nos quince minutos –dijo Vern, metiéndose el último panecillo en la boca.

—Entonces, ¿Por qué no ha regresado todavía? No puede haberse perdido, ¿Verdad? –preguntó Merlín, conociendo el notorio talento de Pavel para andar alrededor con su inútil sentido de la orientación.

—Tenemos que irnos y asegurarnos que no lo haga, tenemos pociones a continuación y por muy idiota que sea, no quiero que se meta en problemas –murmuró Cora, antes de acabar con lo último de su jugo de calabaza. Los cinco estudiantes se levantaron de la mesa y comenzaron a caminar en dirección a la sala común de Hufflepuff. Estaban casi a mitad de camino cando Cedric apartó un tapiz para tomar un atajo secreto, y los cinco se congelaron.

Apoyándose contra una pared en el pasillo, Pavel y Lydia estaban envueltos en los brazos del otro, besándose a plena luz del día.

—Tienes a la chica –dijo Vern astutamente, y los dos se separaron como si hubieran sido electrocutados. Cora estalló en carcajadas ante la expresión de ciervo deslumbrado por faros en el rostro de Pavel, y Lydia rápidamente acomodo su cabello y comenzó a arreglarse el lápiz labial manchado con una expresión ligeramente petulante en su rostro, sin embargo, sus ojos estaban brillantes y sus mejillas sonrojadas.

—Uh… ¿Esto no es lo que parece? –Pavel lo intentó, y Lydia le dio un golpe en el brazo.

—Es exactamente lo que parece –corrigió —, y espero que este asunto ilícito se convierta en una relación adecuada en la próxima hora –Pavel la miró con preocupación, y su sonrisa petulante se suavizo en una amable mientras llevaba una mano a su mejilla.

—No estoy avergonzada de ti, Pavel, y parece que a tus amigos no les importa, ¿Cuál es el problema? –Lydia preguntó en voz baja. Merlín sintió que estaba entrometiéndose en un momento probado.

—Yo… ninguno –dijo Pavel. — ¿Quieres ser mi novia? ¿Correctamente? –preguntó con esperanza.

—Eres un idiota –suspiró Lidia, presionando un rápido beso en sus labios (que ahora estaban cubiertos de lápiz labial manchado). —Sí, Kaidanovsky, quiero ser tu novia –el rostro de Pavel se ilumino de inmediato, y Lydia puso los ojos en blanco hacia él. Los dos salieron del pasillo, y Lydia salió volando hacia el Gran Comedor después de arrojar un guiño hacia Pavel, que tenía una expresión de asqueroso enamoramiento en su rostro.

—Eres desagradable –murmuró Cora, pero no podía ocultar las comisuras levantadas de sus labios.

—Y vamos a llegar muy tarde si no vamos a pociones en este momento –dijo Rob, mirando su reloj. —Y quítate ese lápiz labial, Pavel, no hace juego con tu complexión –Pavel se limpió la boca con el dorso de la mano, empeorando la situación, y Merlín se rio con un movimiento de cabeza mientras comenzaban a bajar a las mazmorras.