¡Buenas, buenas! :) he venido a actualizar un poco este enredo que trato de adecentar para ustedes :$
Quisiera reiterarles mi intereé en sus reviews, comienzo a pensar que estoy aburriéndoles y eso no es exactamente agradable, no es que quiera recibir 100 por cap que publique, de hecho con uno o dos me conformo ya que no estoy interesada en terminar esta historia con cientos de ellos, solo quiero que al final de todo, cuando acabe, digan 'uff, valió le pena leerle a esta loca' ¿Sí? ;)
hyugaharuka: Me agrada que te agrade xD Creo que me adivinaste el pensamiento sobre esto de actualizar porque tu review es de hace 1h jajaja a eso se le llama acertar xD
Esto me recuerda, es probable que de ahora en adelante no sea exactamente la reencarnación de la puntualidad al actualizar, recién comencé clases y pues... Este semestre para mí tiene pinta de venir hiper rudo :s pero tengan por seguro que si en verdad es su deseo, seguiré publicando para ustedes cada que tenga la oportunidad
Disclaimer: todo lo conocido en el mundo Potteriano pertenece a la fantástica J.K. Rowling (por desgracia)
Ahora sin más ¡A leer! :)
Chapter 10: El sauce, la túnica y el anillo dorado.
Sabía que ya no importaba cuanto deseara echarse en su cama, debía resistir el cansancio y conseguir ese prendedor, no podía seguir esperando por Hagrid, simplemente ya no quería seguirle causando molestias con ello, ya bastante tenía con sus penas como para que además quedara en vergüenza por no ser capaz de ajustarse a sus propias tradiciones familiares, sus hinchados ojos almendrados escocían, y desde que había estado con Malfoy en aquel estudio, no había podido quitarse la sensación de vértigo que la asaltaba, el leve temblor en las rodillas y el cosquilleo incesante en el estómago, de alguna manera, la cercanía del chico la había tranquilizado, aunque se daba cuenta de que Draco estaba pasándola realmente mal, había logrado calmarse y serenarse, tanto, que esas emociones que se le estaban saliendo de las manos, habían dejado de reflejarse de forma tan cruda y dolorosa en ella a pesar de no poder evitar sentir sus ojos humedecerse cada tanto; y aunque no podía negar que sus padres estuvieran vivos, de cierta forma le entendía, porque para los suyos, ella ni siquiera existía, era como no tenerlos, era el mismo sufrimiento de su ausencia, pero sin el dolor de saberlos muertos.
La cena recién había terminado y ya todos estaban en camino a los dormitorios, aprovechó la primera oportunidad que halló para escabullirse fuera del castillo, sin decirle a nadie, observó al sauce, parecía estar durmiendo, pero no iba a arriesgarse, ya suficientes desgracias habían ocurrido ese día como para producir una nueva tragedia, aunque seguramente a Draco no le importaría lo que le sucediera, pues las emociones creadas por su pérdida solo quedarían reservadas para los Gryffindors, cierta chica Ravenclaw y quizá por algún milagro de Godric, para alguno que otro Hufflepuff y Theodore Nott, el único Slytherin al que parecía caerle bien, de todas formas no tenía por qué importarle, lo que Malfoy sintiera o dejara de sentir era solo una nimiedad para su persona, pero había algo que no entendía ¿Por qué de imaginarse su propio funeral le era más imperativo ver a Malfoy allí que verse rodeada de sus amigos dándole un último adiós? Por Circe, nada tenía sentido y eso menos, lo peor ere que temía a la respuesta de su interrogante, sacudió un poco la cabeza para espantar aquellos pensamientos.
–'Petruficus totalum'- lanzó el encantamiento sin mucho esfuerzo, solo era necesario un buen movimiento de la muñeca, el gran sauce boxeador quedó casi por completo inmóvil, así como había sucedido con Ginny, las ramas que todavía podían moverse, lo hacían con empeño, pero lentamente, las esquivaba sin muchos problemas, casi como si fuese un juego de saltar la cuerda, con eso bastaría, no tendría que masajear el nudo en sus raíces.
Una silueta se escondía en la lejanía, acercándose entre las penumbras que inundaban el ambiente, vaya que había sido fácil seguirla, así como la había seguido antes para escuchar a McGonagall hablar del prendedor en la túnica custodiada por el sauce, había pensado recuperarla por su cuenta, pero, si podía sacar otro provecho más placentero para su persona y doloroso para la maldita sangre-sucia, tomaría con gusto la oportunidad. Hermione no la había notado, estaba tan confiada en que aquello sería cosa fácil, que ni siquiera se fijó en ello, su mente estaba tan concentrada en la idea de que sería algo sencillo de lograr, que bajó la guardia sin darse cuenta.
Se acercó entre golpes de rama en cámara lenta, hasta llegar a las raíces del sauce, que sobresalían del suelo, se agachó despacio, al pendiente de las extensiones que aún la planta semi-salvaje podía mover, tomó la túnica del rubio y una sonrisa triunfal se dibujó en su rostro, agarró el prendedor en forma de serpiente y lo guardó en el bolsillo de su propia túnica, junto con su varita y pañuelo, se puso de pie dispuesta a irse.
–'Finite incantatem'- musitó en un susurro cargado de veneno, el árbol comenzó a moverse frenéticamente lanzando golpes furibundos en todas direcciones, la castaña de Gryffindor solo escuchó un zumbido, algo se dirigía hacia ella, se echó con pecho a tierra en un acto reflejo creado a pulso a fuerza de sus años de experiencia en la pasada guerra, la rama estuvo a punto de darle de lleno en un costado, pero su problema más grande no era ese, sino cómo salir de allí, trató de sacar su varita y petrificarla de nuevo, pero no podía ni siquiera apuntar al sauce boxeador, que no paraba de lanzarle golpes al azar, encontró que entre sus mismas raíces, justo donde antes estaba la túnica, el espacio era lo suficientemente grande, trató de arrastrarse hasta allí, estaba cerca de lograrlo, pero una rama se asió de su tobillo, halándola fuerte, recibió el golpe de una de las extensiones que en un nudo de madera encantada daba origen a varias nuevas ramas y lo sintió como si fuesen al menos cinco latigazos juntos, sobre dos zonas definidas de su espalda, apretó la mandíbula ahogando un grito de dolor, pero a pesar del impacto se obligó a resistir, agitó la varita desesperada hacia su tobillo, causándole una quemadura a la planta, que dejó de sujetarla y ella aprovechó para arrastrarse como un animal rastrero hasta la cavidad vegetal, logrando ocultarse dentro.
No podía dormir, algo en su interior lo mantenía inquieto, se removía sobre el sofá del despacho de su padrino, sin poder conciliar el sueño, una terrible oleada de miedo y desesperación lo cubría, sentía un intenso ardor en la espalda que tampoco lo dejaba, pero esas emociones no podían ser suyas, él ni siquiera se sentía así, solo, sí, deprimido, tal vez, quizá un poco asustado, pero no aterrorizado, entonces solo podía ser una cosa, o más bien, una persona: Granger. Si era cierto lo que su padrino le había contado sobre las Banshees, solo podía ser ella, frunció el ceño con irritación, joder, ni siquiera podía dejarlo descansar.
Abrió los ojos tan bruscamente como si despertara de un mal sueño ¿Qué podía hacer para encontrarla, que era lo que le pasaba, es que no podía darle al menos veinticuatro horas libres de problemas, es que acaso no tenía consideración de él? Estúpida chiquilla ex-sangre-sucia-tonta.
Se levantó y abrió la ventana en el tercer piso, bendito fuera el despacho de Snape en ese lugar, no era muy grande pero podría salir por ahí, se acomodó en el borde, mientras Kenina salía de su escondite en el anillo de su amo y se transformaba en un hipogrifo, saltó sobre el lomo del animal, cayendo medio acostado, boca abajo y con nula elegancia, se acomodó recuperando su natural porte altivo y volaron por los alrededores del colegio, cada vez que se acercaban más al paradero de la chica, la sensación se acrecentaba exponencialmente, luego de un par de vueltas al azar, pudo llegar hasta la zona en que aparentemente estaba, vislumbró como el enorme sauce lucía colérico, moviéndose sin cesar, una punzada le atravesó el pecho, ella tenía que estar por esa zona, ese estúpido árbol no se volvía loco solo porque sí, podía sentirlo entre los pensamientos que se evaporaban en el aire y le pegaban de lleno a su mente, leyó un "¿Cómo salgo de esta ahora?", también un "Dios, no me abandones ahora, no quiero morir aquí, no así, no por el dolor, no por desangrarme, mejor que sea de anciana mientras duerma ¿Sí?", se enojó al saber que estaba herida, no entendía todavía por qué el endemoniado árbol no paraba de golpear al aire y de intentar buscar algo entre sus propias raíces, pero claro, era obvio que la leona estaba allí, eso podía explicar el comportamiento de la criatura semi-salvaje, era una estúpida al arriesgarse así considerando que acercarse a esa cosa sin petrificarla primero era algo suicida, un movimiento de la quiper llamó su atención, le indicaba un lugar, desde unos metros más de distancia, alguien apuntaba con la varita en dirección al sauce boxeador, primero pensó que trataba de ayudar a la Gryffindor, pero al ver como la silueta guardaba la varita y se doblaba de la risa, con carcajadas sombrías y crueles que escuchaba apagadas por la lejanía, entendió que esa era la persona que había puesto a la leona en esa situación, la ira comenzó a arremolinársele en la sangre, que se le espesaba lentamente, comenzaba a ver todo teñido de rojo, las sienes le latían de forma apabullante, no podía comprender bien por qué esa sensación, pero la idea de que estaban metiéndose con algo suyo no salía de su cabeza y si algo había que enardecía a un Malfoy, era ver que trataran de perjudicar lo que fuera de su pertenencia.
– ¡Incarserous!- Gritó, atacando al desconocido, descendió con Kenina e inmediatamente se separaron, la quiper se echó sobre aquel extraño gruñendo, transformada en un gran perro gigante, bastante parecido a Fang aunque del tamaño de un cancerbero, pero de un oscuro y ensombrecido color zafiro, que resaltaba las irises que refulgían grises, con brillo de plata fundida, mientras los de su amo refulgían en un zafiro brillante y visceral, Draco corrió hacia el sauce
–'¡Petificus totalum!'- exclamó, deteniendo parcialmente los movimientos del gran árbol y ralentizando los de las ramas que todavía trataban de oponerse a la magia del encantamiento, se acercó con cuidado, esquivando una que otra extremidad vegetal, el aire se sentía espeso, llegó hasta ella, estaba casi inconsciente, hecha a medias un ovillo, abrazándose a la túnica que antes le había regalado, se sintió terriblemente culpable al notar las rasgaduras en la capa del uniforme de la Gryffindor, el rostro femenino estaba surcado por pequeñas lágrimas de dolor y de miedo, los ojos fuertemente cerrados, su rostro lucía un tanto sucio, así como sus manos, el uniforme empolvado y el cabello estaba revuelto, con ramitas y resquicios de hojarasca que se habían encajado en la cabellera castaña.
–Granger…- la llamó, ella se encogió de hombros, tratando de esconderse más, el Slytherin se inclinó hacia ella, no podía meterse dentro de la cavidad de madera mágica, necesitaba que se moviera, se estiró lo más que pudo, arriesgándose a perder de vista las ramas que debía esquivar, no era capaz de ser lógico, algo le impedía pensar astutamente lanzarse e bruces a su rescate sin meditar las consecuencias, metió solo medio cuerpo en la abertura.
–Hermione…- le susurró, colocó una mano sobre el hombro de la chica, esta trató de darse vuelta sobre su pecho en vez de su espalda, lo hiso lentamente, aguantando el dolor, estaba temblando ligeramente, debía sacarla de allí.
–Eso es… Ven aquí…- en cuanto pudo tenerla a su alcance, llevó sus brazos bajo los femeninos y comenzó a halarla hacia su cuerpo, sacándola del hueco, en un monumental esfuerzo, se había sentido agotado desde que había estado en su casa, luego de que pudiera controlarse mejor y sus ojos pasaran de azules a grises, la chica llevaba sujeta la túnica del joven Malfoy, no quería soltarla, ambos estaban ya fuera del 'refugio' que formaban las raíces del sauce, una rama se dirigía hacia ellos, atravesó uno de sus brazos para detenerla y que no golpeara de nuevo a la Gryffindor en un acto reflejo, comprobando que el hechizo que había usado solo disminuía la velocidad de esas ramas, pero no su fuerza; sintió el fuerte golpe, que se traducía en dolor a través del brazo, algo se había roto en su interior, lo percibía, sacó su varita y con un hechizo simple lo reparó, pero el dolor no desapareció, así mismo hizo como pudo, acomodando a la castaña entre sus brazos y con las fuerzas que le quedaban, se irguió cargándola y corriendo lo más velozmente que pudo, saliendo del alcance de la peligrosa planta, entonces ella cedió a la inconsciencia, pudo notar como sentía las piernas arder, se fijó bien y se dio cuenta de que tenía marcas de azotes, que habían sido leves en comparación a los de la castaña, sospechaba que quizá tenía alguno en su espalda, pues dolía monumentalmente, gracias a Morgana no habían más huesos rotos en su cuerpo, al menos no podía sentirlos, aun así continuó, no había tiempo para pensar, las fuerzas que le quedaban debían alcanzar para llegar a la enfermería, sintió como las energías comenzaron a surgir de nuevo y pudo suponerlo, sus ojos habían vuelto a ser azules, Kenina estaba ayudándolo y aprovechando la adrenalina de su cuerpo para darle la oportunidad de llegar a destino, apresuró el paso sabiendo que contaba con solo unos pocos minutos más.
Tocó la puerta de enfermería y Poppy lo recibió alarmada, se asustó al ver la mueca de dolor en el rostro de Hermione y como Draco trataba de ocultar el suyo propio sin mucho éxito, dejó que él la acomodara sobre una de las camas, boca abajo para poder tratarla, pues se mostraba bastante receloso con la idea de dejar que la movieran a través de hechizos, lo cual asociaba a su propia sensación de pérdida al haber tenido que enterrar a sus padres el mismo día, buscó rápidamente lo que necesitaría sin mencionar palabra alguna.
Kenina arrastraba algo por los pasillos, se encontró con Flich, el cual la trató de tomar, sin éxito, la quiper se dirigió hasta la entrada del despacho de Minerva, rugió una y otra vez, hasta que ya por fin la mujer bajó, enojada y luego espantada al ver que lo que el animal llevaba arrastrando con sogas desde su hocico, era una estudiante del colegio: Pansy Parkinson.
Draco se negaba a salir de la enfermería, luego de pelear tanto con la mujer, esta cedió a que él se quedara, solo si se dejaba ver el brazo, la espalda y las piernas, las cuales habían resultado solo amoratadas, pues aparentemente el poder antiguo de su mascota había sanado las lesiones más graves; este así lo hizo, luego de farfullar diferentes cosas, y de gruñir y bufar otras y luego de que estuvo listo y ataviado de uno de sus pijamas, que mágicamente había hecho aparecer, de que la mujer vistiera con pijamas a la paciente y le permitiera verla, acomodó una silla al lado de la cama de la castaña, donde esta retozaba inconsciente y ya boca arriba, él no tenía intenciones de dejarla en toda la noche, si Snape tenía razón, esas antinaturales ganas de permanecer allí hasta verla recuperada se debían a que el cuidar de la chica ya no era una opción, sino un acto involuntario, pero por algún motivo, que no quería sacar a flote, presentía que no solo se trataba de eso, que había algo más que nada tenía que ver con Banshees, leyendas, magia, negocios ni ninguna cosa parecida o asociada, algo le decía que estaba dejando escapar algo, pero no sabía qué y no estaba de ánimos como para tratar de averiguarlo.
Kenina había despertado a Snape, entregándole una nota de McGonagall, este había ido con la chica de la casa de la que era jefe, se había quedado vigilándola en el despacho de la directora, mientras esta se dirigía a la enfermería, donde llegó alarmada, enojada y asustada, vió que el rubio heredero de los Malfoy estaba sentado al lado de la cama de su alumna predilecta, observó a la muchacha, que ya estaba durmiendo, con semblante pálido.
–Joven Malfoy ¿Qué hace aquí?- él la miró con ojos preocupados y acongojados, pero con rostro serio y tenso, cualquiera que lo viera por primera vez pensaría que iba a matar a alguien, sintió que sus propias facciones se desencajaban al observar esa expresión de parte de su alumno – ¿Qué fue lo que pasó?- insistió.
–Ha sido mi culpa- agachó el rostro –Yo le exigí el prendedor de mi familia de vuelta, mini-Weasley lo había dejado en la túnica que le di a Granger antes de que la ocultara, pero eso usted ya lo sabía- señaló el objeto doblado a los pies de Hermione.
– La había escondido en el espacio que se forma entre las raíces del sauce boxeador, no lo sabía, de haberlo hecho quizá habría pensado en alguna otra solución, salí porque no podía dormir, entendí que se trataba de ella, estaba angustiada y yo podía sentirlo, cuando llegué allí, ella estaba escondida en ese lugar, Parkinson deshizo el hechizo petrificador que Granger le había lanzado al árbol, de eso estoy seguro, porque estaba allí, con la varita en la mano, riéndose de ella, por eso la amarré con un 'incarcerous' y dejé a Kenina a cargo de que no escapara, volví a petrificar al sauce y la ayudé a salir de allí de la mejor forma que pude- suspiró–Si no le hubiera pedido ese estúpido broche, no habría sucedido esto…- la mujer lo miró entre sorprendida y enternecida, sintiendo la obvia preocupación por su alumna, era la primera vez que veía al Slytherin comportarse de aquella forma, aunque le achacaba ese cambio al asunto de las Banshees, así que no asumiría nada sino hasta después que el efecto del toque de aquellas criaturas desapareciera.
–Entiendo… ¿Madame Pomfrey le dejó quedarse?- él asintió –Bien… ¿Ella está mejor?- otro asentimiento –Creo que hablaremos mañana por la mañana entonces… Volveré antes del desayuno… Señor Malfoy, si está en condiciones, tendrá que asistir a clases- la miró con el ceño fruncido, en desacuerdo con la idea de dejar sola a Hermione, la mujer volvió su rostro aun más severo y él se vió obligado a asentir y aceptar aquello, no le convenía hacer molestar a la mujer que poseía temporalmente su custodia y podía hacerlo apresar y llevar a Azkaban, si ahora iba a cuidar de la desastrosa-gatita-come-libros, Hermione Granger, tendría que estar libre para ello, mierda ¿Por qué le preocupaba poder cuidar de ella? Malditas brujas de cara verde y huesuda.
El amanecer se alzó y aunque no quería despertar, se vió obligado a ello cuando Poppy Pomfrey, fue hasta su incómoda posición junto a la cama de Hermione, en que él apoyaba su cabeza y brazos, mientras todavía yacía sentado en aquella silla que ocupaba desde la noche anterior, había tenido que levantarse y al desperezarse, entendió por qué la enfermera le había insistido en que se acostase en la cama de junto a la que estaba ocupando la Gryffindor, la espalda le dolía, también el cuello, los hombros y la cabeza, pero aun así no se arrepentía de lo que había hecho, se dirigió al despacho personal de la mujer y allí se bañó e hizo aparecer ropa limpia, con la que se vistió cómodamente, no quería tener que subir a su dormitorio, eso le restaría tiempo para estar allí al pendiente de Granger y no se sentía capaz de dejarla por más que trataba de decidirse a largarse de una vez por todas.
–Mione…- pronunció Ron con voz queda, sentándose a la orilla de la cama, ella todavía no despertaba –Merlín… ¿Qué te hiso ese imbécil? Sabía que ese desgraciado solo podía hacerte daño, pero preferiste darle la razón y traicionarnos, en cierta forma creo que ni siquiera deberíamos estar aquí, pero nos quedamos a tu lado a pesar de ello y parece que tú no entiendes que nosotros si te queremos- masculló al viento, con ira mal contenida, una mano tocó su hombro con fuerza.
–Ron…- era Harry –Ella va a estar bien, es fuerte, solo necesita descansar, además, no tiene la culpa de nada- dijo, tratando de no mostrarse preocupado –Debemos irnos, no podemos perder clases o nos matará cuando despierte sino podemos entregarle buenos apuntes- le sonrió sardónico, el pelirrojo asintió.
– ¿Es tan necesario para ti, Weasel, pensar que he sido yo quien le ha hecho eso?- ambos Gryffindors voltearon en dirección a aquella voz, allí estaba él, cruzado de brazos, con semblante serio –Para que te quede claro, no fui yo, esto pueden agradecérselo a mini-Weasley y a Parkinson…- ambos fruncieron el ceño, ¿Cómo se atrevía a culpar a Ginny de eso? Era sin dudas un bastardo descarado.
– ¿De qué hablas asqueroso hurón?- exigió Ron ya preparándose mentalmente para abalanzársele en cuanto pudiera.
–Calma hermano, este idiota tiene las de ganar si peleamos aquí, recuerda que Pomfrey estuvo cuidándolo también- las puertas de la enfermería se abrieron, para dejar pasar a Severus y Minerva, ambos con semblante serio, la mujer además lucía preocupada.
–Señores Weasley, Potter, Malfoy… Deberían estar en el gran comedor…- musitó cortante.
–Joven Malfoy… ¿Ha habido mejorías?- el asintió pesadamente.
–Solo debe descansar… Según Madame Pomfrey recuperará la consciencia en unas horas más…- respondió.
–Entonces váyanse a desayunar… No tienen permitido faltar hoy a clases… Y señor Malfoy…- siseó Snape –Haga el favor de enderezar su postura, el Ministro Shacklebolt vendrá con el juez Ragnarok para afinar detalles sobre lo ocurrido en Malfoy's Mannor, cuando la señorita Granger esté consciente, ella deberá contarnos que ha sucedido…- el rubio asintió.
–Además… Se les dará la sanción de acuerdo a lo que ella relate…- concluyó Severus tajantemente, quiso oponerse, pero contuvo sus palabras y asintió mecánicamente con la expresión de una cobra a punto de morder la yugular de su presa tatuada en el rostro.
Habían tenido que retirarse a sus clases, Ginny no había podido verla, pues antes del desayuno la habían mandado a llamar, ya que había sido quien escondiera la afamada túnica del Slytherin entre las raíces de un sauce boxeador, al que estaba estrictamente prohibido acercarse, los rumores no se hacían esperar, unos decían que era Draco quien la había atacado y Pansy había tratado de defenderla, otros que Pansy y Draco la habían atacado pero ella había logrado salir por sus propios medios, otros que Draco las había atacado a ambas y había tratado de inculpar a Pansy para librarse del castigo, pero nadie, absolutamente nadie, entre ninguno de los rumores, decía que era Draco quien había salvado a Hermione, ni mucho menos que la única atacante era Pansy, el día se hacía largo, Theodore constantemente se enojaba con los demás por los rumores sobre su amigo, Astoria se sentía en las mismas, los amigos de Hermione no podían desestimarlo menos, cada que se cruzaban en algún pasillo le dedicaban miradas asesinas y Harry le observaba molesto al mismo tiempo que retenía a Ron para que no le saltara encima, finalmente el almuerzo había llegado, todos cuchicheaban acerca de lo ocurrido, pero nadie atinaba a la verdad, que estaba más lejos de lo que todos creían, Snape entró al comedor y en vez de dirigirse a la mesa de los profesores, se encaminó a la mesa de los alumnos de su casa, en el extremo más lejano a las puertas de entrada del Gran comedor estaba Draco, sentado con Theodore a su diestra y Astoria a su siniestra, con el postre frente a él, pero ignorándolo por completo, no quería comer, apenas y había almorzado, los Gryffindors hablaban entre sí, mirando cada tanto hacia el rubio, que recibía a Snape, poniéndose de pie para hablar con él y luego salir acompañado del profesor y sus dos amigos, que lo seguían como si la vida se les fuera en eso, sintiéndose perturbados al ver como Luna salía casi corriendo y se sujetaba del brazo de Nott hijo, el resto de los estudiantes lo miraban de soslayo y volvían a cuchichear y verse las caras entre ellos, el ambiente era tenso, Hagrid también entró y se acercó a ellos, ninguno se levantó a recibirlo, como Draco lo había hecho con Severus.
–Chicos… Me enteré de lo ocurrido con Hermione, por eso fui a visitarla hace unos momentos, acaba de despertar- dijo agitado pero feliz, los chicos se pararon y casi corriendo se llevaron al semi-gigante con ellos, incluso Dean, Seamus, Parvati y Lavander se habían emocionado e ido con el grupo rumbo a la enfermería, McGonagall tampoco estaba allí, ni siquiera había entrado al gran comedor, se hallaba en el lugar al que todos se dirigían presurosos.
Cuando entró, sintió que por primera vez, luego de al menos dos días, con todas aquellas tragedias y el incidente de la noche anterior, podía respirar aliviado, se sintió tranquilo en cuanto la vió, estaba un tanto pálida, pero estaba bien, sus ojos se veían más claros, de color ámbar, la luz los hacía iluminarse en un halo dorado increíble, el cabello refulgía en un tono borgoña muy oscuro, que relucía con reflejos de un rojo un poco más vibrante, aun así, era ella.
¿Ese era el efecto de los cambios en su sangre? Sí, lo era, ahora era una sangre-pura en proceso, ella lo miró profundamente, sintiendo el alivio del Slytherin, ¿Eso era a causa de las Banshees? Posiblemente, no podía ser otra cosa, no sabía que su apariencia había cambiado, no se había mirado a ningún espejo todavía, observó como Theodore la miraba con ojos muy abiertos y tratando de disimular el hecho de que estaba boqueando como pez fuera del agua, Luna la había mirado así también, pero luego solo había sonreído con expresión apacible, Astoria había hecho lo mismo que la otra rubia, Draco se acercó a ella, Snape solo observaba con expresión indiferente, el rubio estaba por llegar a su lado, cuando por el umbral, se apareció un numeroso grupo de jóvenes, Ginny, Harry, Ron, Neville, Parvati, Seamus, Dean, Lavander, todos acompañados de Hagrid.
–Chicos…- murmuró sonriente a los Gryffindors, apartando la mirada de los Slytherins y dirigiéndola a ellos, todos sus amigos estaban allí, incluso su adorable amigo semi-gigante; pero, había algo extraño, la miraban entre sorprendidos y espantados, como si no fuera ella, sino alguna otra bruja en su lugar.
– ¿Qué sucede?- inquirió, nadie se atrevía a decir nada, la señorita Pomfrey tuvo que hacer salir a algunos chicos, dejando solo a Draco, Harry, Ron y Ginny, todos los demás esperaban afuera su turno para entrar, el rubio fue quien le habló primero, adelantándose a los demás, que le miraban rencorosos.
–Granger…- se acercó a su lado –Escúchame bien, pon atención y no interrumpas, ni siquiera pienses…- dijo despacio, ella asintió, algo asustada –El toque de las Banshees, te marca como alguien por quien velarán hasta su muerte, eso lo sabes- Hermione asintió.
–Pero, por tu estatus de sangre, debes sufrir cambios a causa del poder de esas criaturas, ellas solo pueden servir a sangre-puras y…- el ceño de la ex-castaña se frunció con irritación y aire ofendido.
–Oh claro, hasta esas horripilantes cosas son racistas y elitistas…- musitó amargamente, cruzándose de brazos en un gesto peculiarmente elegante, muy Malfoy para opinión de los hermanos Weasley presentes.
–No me interrumpas Granger, sí lo son y por ello es que ahora tú eres una sangre pura, o bueno, estás en camino a serlo…- los ojos ambarinos se abrieron en sorpresa –Ya no eres una mestiza, ni siquiera tu apariencia sigue siendo la misma- los tres Gryffindors se acercaron.
–Fuiste tocada por ambas Banshees de mi familia, por lo que el círculo de Dezthio se cerró, no te explicaré que significa eso ahora, pero, debes saber que no es reversible- dijo, sin animarse a continuar, pues las presencias de los otros no le eran convenientes, ni mucho menos agradables.
–Maldito hurón, ¿Qué fue lo que pasó en esa dichosa mansión tuya?- exclamó Ron, Ginny todavía estaba como en shock, también Harry, el pelirrojo lo tomó del cuello del uniforme, con intensiones de golpearlo.
– ¡Ron, Basta!- exclamó Hermione, saltando de la cama y trastabillando, siendo atajada por Harry que pudo reaccionar a tiempo –Gracias…- dijo mirando a los ojos verdes de su amigo, observó al pelirrojo y al rubio, frunció el ceño –La elección de ir a ese lugar fue mía, así que la responsabilidad también es mía… No entiendo por qué la afrenta…- dijo dignamente.
–Primero, este no es sitio de peleas, segundo, no entiendo cómo es que tú Ron- señaló al aludido con el dedo índice en señal de acusación–Puedes comportarte así, ni siquiera está buscando enfrentarse con ninguno de ustedes ¿Y ya quieres agarrarlo a golpes? No quiero ser grosera o egoísta pero ¿Podrías respetar al menos que estoy convaleciente? ¿Es que acaso te importa más pelear con él que mi estado de salud?- se dio vuelta hacia la cama y en su túnica buscó el objeto que la había llevado a enfrentar aquella situación, se giró hacia Draco.
–Supongo que vienes por esto…- dijo tendiéndoselo, el rubio lo tomó.
–No es lo único por lo que vine…- dijo al mismo tiempo que lo prendía de su propia túnica, alzó el rostro de nuevo para mirarla –Pero gracias…- agregó para luego sonreírle de lado de una forma que la hizo estremecer, ¿Draco Malfoy le estaba coqueteando? No, qué va, un leve carraspeo les hizo voltear a todos, McGonagall y Pomfey salían del despacho de la última.
–Señorita Granger, lamento tener que hacer esto tan pronto, pero, ¿Le importaría relatarnos qué sucedió?- inquirió la directora, la ahora pelirroja asintió, todos se acomodaron sentados en la cama al lado de la suya, ella prefirió quedarse parada, como si fuera a dar una clase magistral, McGonagal, Malfoy y Pomfrey se quedaron de pie junto a los chicos.
–Bueno… Luego de la cena, aproveché de escabullirme- suspiró –Fue un error hacerlo, lo sé, pero quería acabar con ese asunto de una ve por todas, me dirigí al sauce, y lo petrifiqué, al menos eso creí, saqué la túnica de entre las raíces y para cuando estaba por irme, el gran árbol comenzó a moverse con mucha fuerza y alcancé a esquivar un golpe que iba hacia mí- relataba reviviendo lo sucedido.
–Traté de refugiarme en las raíces, pero me tomó de un pie e intentó arrastrarme lejos de donde debía estar la entrada a la casa de los gritos y me asestó un golpe en la espalda- se abrazó a sí misma.
–alcancé a alejar la rama que me retenía con mi varita, me arrastré hasta el hoyo entre las raíces y… Estuve allí tratando de menguar un poco el dolor antes de tratar de escabullirme y escapar- sus ojos se cristalizaron –Realmente tenía mucho miedo de no salir viva de allí… Entonces él llegó- miró a Draco y luego a Minerva –Y me sacó, pero…- se llevó una mano a la boca al tiempo que abría los ojos como platos, un recuerdo repentino había llegado a su mente.
–Oh, Dios ¡Malfoy tu brazo!- exclamó asustada, él sonrió de lado.
–Está bien, no te preocupes…- le respondió tranquilo, con las manos en los bolsillos del pantalón, bajo la mirada inquisidora del resto de los Gryffindors.
–Pero es que…- trató de contradecirle –Esa rama… Iba a golpearnos y tu interpusiste tu brazo, debió ser un golpe muy fuerte…- se acercó a él, separándose de Harry, como si nadie más estuviese en la habitación, la enfermera y la directora miraban a ambos expectantes, ella tomó el brazo lastimado y presionó en el antebrazo, el Slytherin lo apartó bruscamente, con una mueca de dolor en el rostro y un gruñido bastante animal para su juicio, lo había tomado por sorpresa.
– ¡Eso duele Granger!- exclamó con voz áspera.
–No dolería si me hubieras dejado atenderte, un 'episkey' solo sirve para sanar huesos rotos, pero no evita la magulladura, mucho menos el dolor… Es increíble que te negaras a dejarte tratar esos golpes en principio, no sé todavía como fue que pudiste mantenerte de pie por tu cuenta y llegar hasta aquí…- le recriminó Pomfrey, McGonagall se aclaró la garganta, llamando la atención de todos.
–Señorita Granger… Termine su relato por favor…- la chica asintió, nadie decía nada, todos estaban atentos, incluso el rubio, a pesar de haber vivido aquella experiencia con ella.
–Bueno…- tomó una pequeña bocanada de aire, le estaba costando respirar –Luego me alzó en brazos y nos sacó a ambos del alcance del sauce… Y supongo que luego me trajo aquí… No puedo contar más porque después de salir del peligro todo se volvió neg- dibujó una mueca de dolor y se llevó una mano al pecho, comenzó a sentir que sus venas ardían, como si le inyectaran mercurio hirviendo y le atravesaran el pecho con agujas de gran tamaño al rojo vivo, cayó arrodillada, Ginny se movió con rapidez a su lado, Harry y Ron trataron de tomarla para hacerla levantar, pero ella los empujó y trató de darles manotazos cada que trataron de tocarla al sentir que el contacto con su piel le dolía como si ramas del sauce la atacaran una y otra vez, la directora y la enfermera no sabían qué hacer, ni como ayudarle sin tocarla, pues aparentemente sus intentos de hacerla mover con encantamientos no surtían efecto.
Draco se dejó caer en el suelo, sentía ese mismo dolor en su pecho, aunque no pudiera sentir lo demás, percibía como la leona trataba de aguantar el casi agonizante suplicio, puso una mano en su rodilla, la otra en su pecho, McGonagall y Pomfrey se acercaron a él, quiso suprimir de su interior la imperiosa necesidad de acercársele, una vocecilla en su cabeza le advertía que estaba mal y que debía alejarse, que seguía siendo un Malfoy con una dignidad que salvar y mucha fuerza que demostrar, que no podía simplemente ir por la vida rescatando a esa chica como si fuera una damisela en apuros, trató incluso de dejarse retener por las mujeres mayores, pero no pudieron hacer mucho, cuando el se puso de pie y dio dos pasos al frente, entre tumbos, y luego otros dos más para llegar a Hermione, se dejó caer frente a ella, de rodillas, sus cuerpo temblaba mientras trataba de resistirse, la tomó de los brazos y la haló sin darle tiempo a nada, la ahora ambarina, comenzó a forcejear y los chicos, alterados, trataban de separarlo de ella, mas él no cedía, aunque ninguno a excepción de Snape entenderían que no tenía elección, Ginny había incluso llegado a morderle el hombro, Granger poco a poco iba dejando de pelear, hasta irse calmando y comenzar a llorar, tenía miedo de lo que estaba sucediéndole, demasiado, el rubio podía sentirlo y eso lo aturdía, no quería, pero se estaba preocupando por el bienestar de Hermione.
– ¡Apártate de ella Malfoy!- exigió un encolerizado Ron, pero fue detenido por la enfermera en el momento en que trató de halarlo del cuello de la ropa – ¡Suélteme Madame Pomfrey!- la mujer lo hizo bruscamente y el chico volvió a erguirse, junto a Harry, que trataba de contener a Ginevra.
–Ginny, Ron, miren…- señaló al Slytherin y a la leona, y les hizo ver a qué se refería, su amiga ya solo sollozaba entre los brazos del chico –Parece que ya no siente dolor… Hay que dejar que la ayude, nosotros no podemos…- les explicó, resignado y poco convencido de sus palabras.
–Así es, deben dejar que el joven Malfoy lo haga…- dijo Snape, apareciendo por la puerta de la enfermería –Esa conexión entre ambos es solo temporal, terminará en poco tiempo, sospecho que ya para mañana estará disuelta, aunque el joven tendrá que seguir cuidando de su amiga señor Potter, la poción de murtlap junto con la abastecedora de sangre posiblemente han acelerado el proceso de des-mestizaje de la señorita Granger, por ello el cambio físico ha sido tan radical y la reacción de su cuerpo ante la recomposición mágica de su sangre ha debido causar estos efectos tan… Dolorosos…-todos le escucharon, menos Hermione y el mismo Draco, que se concentraba solo en la chica, Severus alzó una ceja escrutando la escena, el joven Malfoy tomando a la Gryffindor en vilo y acostándola en una cama, los otros voltearon y vieron aquello, unos con sorpresa y pánico, las mujeres mayores simplemente sorprendidas y azoradas, pero Ron lo vió con ira, sintiendo hervir la sangre, el rubio iba a sentarse a la orilla de la cama.
– ¿Qué diablos haces maldita sanguijuela?- inquirió en un grito el alterado el pelirrojo, que de todos era quién más repudiaba soportar al rubio cerca de Hermione, lo tomó de la ropa y lo echó al suelo, haciendo que en el proceso, el Slytherin apoyara el brazo magullado y parte de la espalda en el suelo, soltando un gemido de dolor, que fue replicado por la Gryffindor semi-inconsciente en cama, ella comenzó a retorcerse y a gritar al sentir que aquel dolor volvía a instalarse en su torrente sanguíneo y pecho, pero con más fuerza que antes.
– ¡Ron, no!- le gritó su hermana menor despavorida.
– ¡Ron, detente!- Harry lo tomó desde la espalda, sujetando los brazos del airado joven para evitar que continuara atacando al príncipe de las serpientes – ¡Contrólate!- pidió, Kenina abandonó el anillo por primera vez en el día, ayudando a su amo a ponerse de pie, Draco volvió al lado de Hermione rendido a la idea de dejarse llevar y cumplir con su obligación sin pensar demasiado en ello, el animal transformado en una pantera se acercó gruñendo al pelirrojo, para mantenerlo a raya.
– Mierda…- susurró Draco en un hilo de voz, al mismo tiempo que sujetaba los brazos de Hermione que no paraba de retorcerse, se montó en la cama en un solo movimiento, parecía una escena bizarra, en que el rubio era un depravado, en vez de alguien que trataba de ayudarla, la abrazó y llevó sus manos a la espalda femenina y la hizo sentarse, apretándola fuertemente contra su pecho, acomodándola entre sus piernas, el dolor fue disminuyendo, la ambarina se fue calmando, respiraba agitada, él también lo hacía, ambos en un mismo compás.
–Granger…- ella lo miró con ojos empañados y bien abiertos, con expresión de un puchero que no sabía siquiera que estaba haciendo, Draco suspiró en son de rendición –Hermione…- las mejillas femeninas se tiñeron levemente, comenzaba a tomar un poco de color de nuevo.
– ¿Mejor?- preguntó sencillamente, ella asintió.
–Bien…- tratando de ignorar el dolor, aunque no pudiera hacerlo, con una mueca apretada que intentaba ocultarlo, pasó el brazo golpeado bajo las piernas femeninas y sujetó su espalda con el otro, la alzó un poco y la acomodó en su regazo, sobre sus piernas, se acomodó de espaldas al cabezal de la cama para poder hacer frente a todos, y se inclinó un poco hacia la ex-castaña, que lo abrazó del cuello, ocultando su rostro en este.
Todos observaban con estupefacción, Snape no dejaba que ninguno notara eso en él, pero era quizá el más impresionado de los presentes, Ron se había enojado tanto, que ni siquiera después de que Harry serenara a Ginny, ambos habían podido calmarlo a él, se sentía asqueado al ver a su chica tan cómodamente, sobre el hurón albino; no pasaron ni diez minutos completos antes de que la Gryffindor sucumbiera ante el sueño, por lo que todos tuvieron que salir de allí, el último en hacerlo fue el heredero de los Malfoy, que se quedó un poco más, para acomodar a Hermione y asegurarse de que no despertaría de nuevo.
Había vuelto a ser consciente, ya no se sentía mal, en absoluto, de hecho se sentía más viva y enérgica que nunca, quizá no sería tan malo tomar esas pociones para el dolor cada doce horas si a cambio podía estar tranquila y sin preocuparse por tener alguna recaída, a través de Ginny, que ya la acompañaba fuera de la enfermería, se había enterado de lo que había sucedido la tarde anterior de la cual no tenía recuerdo alguno, se sonrojó y azoró enormemente al saberse atendida de esa manera por Malfoy, caminaban por el pasillo, distraídas, mientras la ex-castaña contaba lo sucedido en Malfoy's Mannor, incluso lo del despacho, pero ya no podía sentir a Draco, simplemente esa conexión se había desvanecido y eso la hacía sentir un tanto vacía, aparentemente había quedado un hueco abierto como huella.
–Granger…- una voz conocida le hizo detenerse en seco y voltear torpemente, tenía en mente justamente aquel despacho, el como se había quedado con el Slytherin allí y para su mala suerte, quien la llamaba era justamente él, Ginny frunció el ceño, pero no dijo nada, se sentía en deuda con el hurón por salvar a su amiga del sauce al que la había mandado sin mirar los peligros que correría.
–Creo que vas a necesitar esto…- dijo indiferente, como si la tarde anterior no hubiera ocurrido, tendiéndole un grueso anillo de oro muy pálido, con una hermosa piedra celeste que pasó a ser roja a penas Hermione la tocó, con el rostro de un lobo de oro blanco en el interior, la chica de cabello borgoña alzó una ceja, "¿Para qué lo necesitaría?", el rubio bufó en respuesta.
–Granger, no te portes como idiota… Es un anillo de Norna, será conveniente que lo tengas para que mientras tu sangre se transforme, puedas evitar otro episodio como el de ayer, no estaré allí siempre y puede que no consigas pociones calmantes todo el tiempo ¿Sabes?- sonrió de lado al ver el profuso y nada disimulado sonrojo de la pelirroja y la cara de pocos amigos de la menor de los Weasley –Ahora póntelo y no te lo quites… Si es posible no dejes de usarlo nunca… Es una joya demasiado importante como para que se pierda…- aseveró.
–Ginny… Te alcanzo en el comedor- dijo sin pensar realmente en qué hacía, la chica quiso replicar y negarse, pero el ambiente tenso le hizo comprender que no podía quedarse, asintió y se fue de allí dando pisadas marcadas bajo el sello del enojo patentado marca Weasley, la ambarina fijó su mirada en la gris del Slytherin – ¿Por qué me das esto? Si es tan importante no deberías entregármelo, además, ¿Cómo lo conseguiste?- el chico se cruzó de brazos, con expresión indiferente.
–No he robado, matado, sobornado, ni engañado a nadie para conseguirlo, si es lo que te preocupa, el cómo es cosa mía- espetó, el ceño borgoña se frunció en una expresión de severidad.
–Bien, ya que es solo cosa tuya, quédatelo tú entonces…- dijo lanzándolo suavemente al aire, dándose vuelta, el rubio lo atrapó sin mucho esfuerzo, pues fue a dar casi a sus manos, frunció el ceño increíblemente enojado, estúpido Severus y sus estúpidas ideas, inspiró hondo y exhaló sonoramente tratando de relajarse, comenzó a caminar tras ella a grandes zancadas hasta darle alcance, la detuvo asiéndose de uno de sus brazos y halándola para que volteara a verlo, la miró con seriedad, la ambarina lo miró con enojo.
–Esto es demasiado importante como para que lo tires de esa forma niña idiota…- tomó una de las manos de la chica y le colocó el anillo sin darle oportunidad de resistirse, sonrió de lado –Cuídalo o te pasarán cosas muy malas…- la soltó.
–Esos anillos son exigentes, fieles protectores, siempre y cuando tú lo seas también- terminó de hablar y se marchó sin permitir a Hermione decir nada, la leona trató de sacarse la joya, pero no pudo, bufó irritada y se marchó dando pisotones en dirección contraria a la de la serpiente, rumbo al Gran Comedor, algunas personas lo habían visto hacer aquello, entre sorprendidos y escandalizados, comenzaron a esparcirse entre los estudiantes del castillo los rumores, que no tardaron en llenar cada rincón, ya pocas horas después, hacia el atardecer, se decía que Draco y Hermione se casarían, a los oídos de dos Slytherins llenos de rencor llegó la noticia, que transformó todo ese negativo sentimiento en uno más fuerte, odio.
Los rumores corrían, se devolvían, cambiaban, se agrandaban y se achicaban, todos esperaban ver junta a la pareja para el día siguiente, en la primera y única salida a Hongsmeade antes del baile de Halloween, el cual era organizado para "Facilitar a los estudiantes la búsqueda de su futuro conyugue", según palabras de McGonagall.
Al llegar tan añorado día, todas las chicas salían con una mezcolanza de emoción y congoja, iban en grupos y se divertían chismeando sobre el baile venidero, hablando de sus acompañantes y de los nervios que les provocaba pensar en tener que casarse, las primeras parejas ya se habían comprometido, siendo anotadas en la Lista de Emparejamientos del Ministerio, Astoria iba del brazo de Draco y también del de Theodore, caminaban por el pueblo, ella entusiasmada, ambos chicos fastidiados, se encontraron con un Gryffindor que veía a la rubia con expresión nerviosa y en cierta forma dolida.
–Yo… ¿Me dejarían hablarle a solas a la señorita?- pidió a los Slytherins, que asintieron y se fueron sin mencionar palabra pero con expresiones serias, reusándose a quedarse arruinando el momento y riéndose más adelante de la nerviosa chica, como buenos cómplices que eran, el moreno la observó, grabando en su mente cada detalle y aquella belleza que para él era infinitamente perfecta.
–Señorita Greengrass… Quería decirle… Pedirle más bien… Que sea mi pareja para este baile… Sé que seguramente ya tiene un acompañante y que de seguro ya se me han adelantado- comenzó a hablar rápida y nerviosamente, atropellando las palabras.
-Iré- respondió sin pensar.
–También se que soy solo un sangre-sucia y que seguro mejores chicos la cortejan, que no soy muy atractivo- la Slytherin puso delicadamente su mano sobre la boca del moreno.
–He dicho que iré- respondió sonrojada y sonriente –Es cierto que no eres el primero en invitarme, pero… Creo que eres mejor que el resto de prospectos, además, no me interesa tu sangre, no soy un vampiro así que para mí es lo de menos- le acotó.
–Te veré luego- se acercó y rápidamente le dio un beso en la mejilla, se fue de allí corriendo, en busca de los traidores que se hacían llamar sus amigos, llenándolos de reclamos y luego de agradecimientos, hasta conseguir marearlos, especialmente a Draco que ya bastante mal estaba pasándola al ser obligado por Astoria a asistir a aquella estúpida salida.
–Granger- le llamó Astoria con semblante elegante un una sincera y pequeña sonrisa.
–Me parece bien que ya estés mejor- la Slytherin ensanchó su sonrisa, el rubio observó a la leona a quien no había notado, esa nueva apariencia la hacía ver incluso más bonita que antes, apartó la mirada sintiéndose imbécil, ¿Por qué tenía que parecerle bonita? Fácil, lo era y no solo eso, ahora también era la única Gryffindor con la que parecía que podía hablar y discutir sin sentir que debía matarla con un avada.
–Gracias- respondió por educación, con rostro sorprendido, mientras Luna se separaba de su brazo e iba al lado de Theodore, perdiéndose con él por las calles del pueblo, Ginny se paró junto a ella, esperando que alguno de los Slytherins que quedaban le dieran motivos para atacarlos – ¿Desde cuándo esos dos salen?- preguntó refiriéndose a la Ravenclaw y a Nott hijo, en un susurro.
–Creo que llevan días, aunque no creo que sean citas propiamente…- respondió Draco, comenzando a caminar junto a Astoria y obligando a que Ginny y la otra pelirroja también lo hicieran, Harry y Ron llegaron también a su lado, Hermione y el rubio se mantenían uno al lado del otro, pero sin verse o rozarse por error, compartiendo alguno que otro comentario, con la menor de las Greengrass, casi ignorando por completo a tres irritados, enfurecidos y desconfiados leones que los seguían para vigilarlos, hasta que el pelirrojo decidió ir por su propio camino al no poder seguir soportando la situación.
La caminata por el pueblo había mutado en un día de compras en que la rubia arrastraba a la nueva pelirroja a diferentes tiendas y por ende a Draco, mientras Harry y Ginny se encargaban de mantenerse cerca de ellos, lo suficiente como para verlos y escuchar sus conversaciones, pero con una distancia prudente que les permitiera sentirse menos incómodos, ya que a penas estaban acostumbrándose a los cambios físicos de su amiga, sin embargo, ya tenían otro cambio más que parecía muy extraño, a pesar de que era Greengrass quien la arrastraba a todas las tiendas que le llamaran la atención, ella no parecía especialmente molesta, como solía ponerse cada que trataban de hacer lo mismo, el rubio las seguía mortalmente fastidiado, rodando los ojos cada tantos segundos, dejando que ellas compraran en un lado y luego en otro, negándose a cargar las numerosas bolsas de la serpiente, mientras Hermione cada tanto reía disimuladamente al ver discutir a ambos Slytherins.
–Todavía no comprendo por qué estamos haciendo esto- había cuestionado Ginny de mala gana mientras hablaba con Harry.
–Simple, Draco debe cuidar de tu amiga y creo que lo mejor es tratar de llevarnos bien para que las cosas sean más sencillas para ella y mi amigo, si reducimos la tensión entre nosotros, ellos no se sentirán tan presionados a reaccionar de mala manera el uno con el otro- había respondido Astoria quedándose hasta atrás a propósito para poder hablar con ellos.
–Por el bien de nuestros amigos debemos hacer que esta situación mejore, lo que ha sucedido los obliga a estar unidos y no es algo reversible, la necesidad de Draco de cuidar de Hermione terminará cuando ella se case y consume su matrimonio, así que hasta entonces, y para evitar las consecuencias del encantamiento de Fátum, debemos apoyarlos, prometo que se los explicaré todo y entonces me darán la razón, pero por ahora, por favor, solo háganme caso- pidió y se adelantó de nuevo dejando a ambos Gryffindors seriamente confundidos, ¿Necesidad? ¿Había dicho que Draco-exmortífago-elitista-Malfoy sentía necesidad de cuidar de Hermione Jane Granger, la hija de muggles en proceso de des-mestizaje? Continuaron caminando y mirándose entre sí, decidiéndose sin palabras a tratar de asegurar el bienestar de su muy querida amiga aunque todavía no entendieran bien qué sucedía realmente.
En muy pocas tiendas había echo una o dos compras sencillas, pues no contaba con demasiados fondos, pero había quedado prendada de un gran tomo de runas antiguas, el cual era muy raro y por tanto de costo elevado siendo una edición de colección, no podría permitirse adquirirlo y eso la desanimaba, también se había enamorado de uno de mitología, antes no le llamaba demasiado la atención, pero el título 'La verdad oculta en la mitología de nuestra historia' le había llamado especialmente la atención, pues su interior contenía ilustraciones muy realistas de los temas que esta recopilación exponía y en alguna parte había leído la mención del círculo de Dezthio en su contenido, cosa que se sentía urgida por conocer y que el rubio no le había aclarado aun.
Ron caminaba por Hongsmeade camino a Las Tres Escobas, necesitaba tomar algo para distraerse y dejar de saborear la bilis en su boca, al entrar se dirigió a la barra y se sentó en un banco frente a esta, pidió fire-whisky, necesitaba algo fuerte, necesitaba sacarse esa gran frustración de encima aunque fuera a fuerza de licor.
– ¿Puedo sentarme aquí?- escuchó que alguien le preguntó, volteó con el ceño medio fruncido en dirección al origen de la voz y su expresión se relajó un poco.
–Claro, no veo problema con eso- respondió sin prestar mucha atención.
– ¿Qué te tiene tan molesto?- insistió en preguntar aquella voz femenina que usualmente Ginny y Hermione catalogaban de irritante.
–No quiero hablar de eso, solo diré que odio a Malfoy…- espetó con acritud, la risilla de la chica le hizo voltear a verla de nuevo con las mejillas encendidas de enojo y el ceño gravemente fruncido.
–Así que es eso, pensé que era algo diferente, tu odio hacia él ya es cosa rutinaria- sonrió condescendiente – ¿Esto es por Hermione verdad?- preguntó, el Gryffindor asintió sin mirarla y apresuró de un trago el contenido de su vaso, la chica suspiró.
–Ronald, ella es una buena persona y todo, pero creo que no sabe diferenciar lo que le conviene de lo que sí, es decir, si yo fuera ella, no desperdiciaría mi tiempo en este sitio paseando con un exmortífago, si ella usara su inteligencia en algo más que los libros, vería las cosas de otra forma, no es necesario ser muy lista para darse cuenta de que ella misma no sabe de lo que se pierde- le dirigió una mirada pícara, dándole a entender que hablaba de él.
– ¿Tú crees?- su acompañante asintió –Explícate mejor Lavender- dijo con las mejillas aun más enrojecidas, pero por la vergüenza y por la bebida.
Hacia el final, los grupos se estaban por separar, unos irían a Las Tres Escobas, y otros simplemente continuarían el recorrido; 'tortura' le había llamado Draco en algún momento de la tarde, pero antes de irse, tomó a Hermione del brazo y la apartó del resto, del bolsillo de su abrigo sacó un pequeño bolsito y se lo entregó.
–Esto es para que luego no lloriquees, quizá si te mantienes ocupada leyendo puedas evitar correr peligros más graves que cortarte con el papel- espetó orgulloso y pedante, tendiéndole el objeto, la ambarina frunció el ceño.
– ¿Quién te crees como para tratar de hacer trabajos de caridad conmigo?- respondió irritada, vaya qué fácil colmaba su paciencia, el rubio sonrió ladino, cargado de sorna.
–Oh bueno, supongo que estos libros sobre runas y mitología que querías podré quedármelos sin remordimientos entonces- sacudió un poco el bolsito y lo guardó de nuevo, se dio media vuelta dispuesto a irse.
–Espera- le detuvo sin entender bien el por qué repentinamente deseaba retenerlo otro poco a su lado – ¿Por qué haces esto?- cuestionó ligeramente sonrojada y con el ceño fruncido.
–Te dije que trato de mantenerte ocupada para que no me des problemas…- contestó indiferente.
– ¿Los tomarás o no?- inquirió con impaciencia, ella asintió y él volvió a sacar el pequeño bolsito de terciopelo rojo sangre de su bolsillo para entregárselo e irse antes de que pudiera decirle algo, solo pudo verlo llevarse a Astoria a rastras, mientras ella con sus amigos comenzaba a caminar rumbo a su destino, ignorando por completo los improperios proferidos a cierto hurón botador albino, por cortesía de Ginevra Weasley, la rompe-tímpanos concertada de cualquier hurón respetable.
