¡Buenas noches bella gentesita que se pasa por acá a leer! Antes que todo, he de pedirles mil veces perdón, no actualicé cuando debía :/ Pero debo informarles que los nuevos caps no podré subirlos en tiempos regulares, porque mis estudios realmente me tienen copada, sin embargo, no voy a abandonar la historia bajo ninguna ciscunstancia, eso sí pueden tenerlo por seguro :3

sasuhina: Me fascina saber que te ha gustado el cap anterior, espero este también te guste :D

Guest: Debo pedir perdón por mi ignorancia, no sé exactamente a qué te refieres con Druna, aunque supongo que debes referirte a fics con la tendencia DracoxLuna, sino es así y lees esto, por favor, corrígeme. Si este es el caso, debo recalcar de nuevo, no, esto no es un DraLuna o DracoxLuna o como se les diga (realmente no me he familiarizado mucho aun con esos nombres que les ponen a las parejas, lo siento u_u), la historia se basará en un Dramione. Como no sé si leas esto de nuevo, pues solo por si lo haces, espero entonces que halles fics que sí te gusten, aun así, aprecio tu opinión :)

Disclaimer: Todo lo conocido en el mundo Potteriano, pertenece a la genial J.K. Rowling, yo slo he tomado esto prestado y le he agregago otros detalles, locaciones y OoCs necesarios para la nueva trama que estoy planteando.

Muchísimas gracias por leer, sinceramente, un millón de besos y abrazos para todos, esto es para ustedes :3

Ahora sí ¡A leer! :D


Chapter 10: ¡Pruébame tu valía!

Se inmiscuyó sigilosamente en medio de los terrenos, camuflado por la oscuridad misma, caminó silencioso por unos minutos, con solo el brillo de las estrellas acompañándolo, no había brisa, su entorno parecía rezar calladamente lo que se avecinaba, temblaba levemente por el pánico y la anticipación, el sonido de sus pisadas sobre el césped se escuchaba escabroso y tétrico, se acercó al lago del calamar gigante, estaba casi bajo la copa de un árbol cuando miró al cielo sin luna y una ráfaga de viento frío sopló de la nada haciendo caer la capucha de su sudadera, una neblina muy espesa y roja como la sangre comenzó a brotar justo de debajo de donde se había quedado parado y a extenderse hacia el frente, conglomerándose a unos metros de su persona, él solo veía a sus pies como esta se regaba rápidamente, el olor a podredumbre y sangre golpeó sus fosas nasales aturdiéndole, cerró los ojos tratando de contener una arcada, en cuanto los abrió deseó no haberlo hecho nunca.

Allí estaba luego de años de letargo, apareciendo en el mundo de los vivos, frente a él había solo un chico, de exactamente quince años físicos, lo sabía, podía oler su edad con solo aspirar muy ligeramente el aire, el muchacho era mayor de lo que aparentaba, la neblina que lo cubría se disipó en cuanto supo con qué deseaba vestirse, pues podía ver a través del humo, sonrió macabramente ante su idea y se adelantó unos pasos, cuando el Slytherin lo vio no pudo más que sorprenderse y ponerse aun más pálido de lo que ya era, ensanchó más su sonrisa mostrándole su dentadura compuesta de dientes herbívoros al frente como los de los humanos, un par de colmillos gruesos y un poco alargados como los de una serpiente a sus costados de la dentadura, pero se contuvo de enseñarle la composición de sus muelas, todavía necesitaba un elemento más antes de hacer algo muy llamativo, tal y como lo que deseaba, hizo una leve reverencia en un amago burlón, sin abandonar su mueca de diversión ni apartar su mirada del rubio.

–Oh, pero qué gusto verlo… Amo…- se mofó con un escalofriante sarcasmo ante la mirada de un estático Draco que apenas y respiraba.

– ¿Debo agradecer que me despertaras de mi sueño…?- inquirió con un todo cantarín que al rubio le hizo pensar en su tía Bella cuando trataba de sonar inocente y dulce, observó con atención los ojos de Elatha, tan rojos y brillantes de malicia y sed de sangre, como dos rubíes malditos, pupilas más negras, voraces, gélidas y maquiavélicas que la muerte misma, un escalofrío recorrió su columna vertebral estremeciéndole, supo de inmediato que hasta Voldemort hubiera muerto del pánico con solo tenerlo en frente.

– ¿No dices nada…?- le inquirió con su voz aterciopelada y profunda otra vez, al tiempo que dejaba su sonrisa y volvía su expresión siniestra y llena de mórbidos deseos de matanza, solo dejando en su semblante una ligera torcedura en una de las comisuras de sus labios, pareciendo un total desequilibrado mental.

–Supongo que entonces debemos pasar a lo que nos interesa y dejar para después las cortesías… Si es que sobrevives…- insinuó asomando una tétrica sonrisa ladeada, sin esforzarse en alzar demasiado la voz, cada que hablaba parecía ronronear de placer por el solo hecho de poder infundirle pavor.

–Eres un amo un poco… Callado… Has heredado a un sirviente como yo, que puede asesinar con solo un dedo, con un poder tan grande que podría protegerte hasta del mismísimo apocalipsis, pero no estás sonriendo… ¿Por qué? ¿Te doy miedo acaso…?- insistió sin variar su mueca retorcida y llena de profundo gozo interno, oh, claro que se estaba divirtiendo con eso, hablaba con un tono irónico y lleno del maldad que lo demostraba.


Hermione andó por varios minutos, siguiendo aquella sombra que la despistaba y luego se mostraba corriendo por algún lugar en la lejanía, una parte de ella le decía que debía detenerse y volver sobre sus pasos, pero no era capaz de escuchar a su instinto nato de supervivencia implorar por ello; hubo un punto en que tuvo que correr para alcanzarla, se detuvo en seco al ver a dos personas cerca del gran árbol junto al lago, se acercó con sigilo, tratando de no perturbar a aquellos individuos, intentando averiguar qué sucedía, pidiendo perdón internamente por meter sus narices donde no debía, la poca luz no le permitía distinguir nada, pero una cabellera platinada de mechones que lucían más oscuros le permitió distinguir a uno de los hombres que estaban allí en el lugar.

– ¿Draco…?- balbuceó casi ininteligiblemente, Elatha que no se había molestado en mirarla a pesar de haberla escuchado, en cambio, él sonrió más ampliamente aun para sus adentros en cuanto captó su presencia, y casi se retorció desjuiciadamente de la risa apenas oyó su voz… Era ella… La jovencita de esa misma tarde, Draco no pudo notarlo, no supo, solo había distinguido algo en el fulgor de la mirada de esa criatura de apariencia humana que no estaba allí antes, pero supuso erróneamente que se trataba de que su 'verdugo', habría ya pensado en la idea perfecta para probarlo con algún reto, tragó grueso esperando a que hablara.

Elatha se movió extremadamente rápido, dejando una estela de humo rojo a su paso, casi como si fuera un mortífago, esta vez no había olor nauseabundo, pero sí existía algo en esa niebla capaz de dejar petrificado a quien fuera, Draco se dio vuelta trastabillando por lo violento del giro en cuanto escuchó un chillido aterrado desde muy cerca, era una voz de chica, su estómago dio un vuelco en conjunto con su corazón al suponer de quién se trataba, sentía que no podía respirar, no podía ver a ninguno de los dos involucrados, estaban del otro lado del árbol y el tronco los cubría, pero si pudo notar al forzar la vista, que los dedos crispados de una mano pequeña y delicada estaban clavando sus uñas en la madera con movimientos temblorosos que solo evidenciaban miedo, mucho miedo.

–Pero qué bonito regalo… Un alma joven y pura…- susurró con tono oscuro y malicioso en un ronroneo que venía desde el fondo de su garganta, al tiempo en que con dos zancadas arrinconaba a una muchacha castaña contra el árbol, el semblante pálido de la joven le hizo sonreír abiertamente, mostrándole sus colmillos, mientras le propinaba despreocupadamente una mirada lujuriosa, llena de locura y maldad, ella no se movió a causa del pánico que la invadió de golpe, solo tragó grueso al tiempo que comenzaba a temblar suavemente.

–Pero no tema, Iníon…- le dijo, Hermione no pudo evitar quedar en shock, viéndolo con los ojos desmesuradamente abiertos, la mente de la leona se vació y solo quedó en ella la primera vez en que Draco se había presentado ante ella, con aquella mirada de brillo juguetón, algo en su interior se quebró y estalló en miles de astillas, bajo el peso de lo que su instinto de supervivencia gritaba: Iba a morir.

Escuchó una risilla macabra y divertida por parte de ese hombre, entonces notó que era rubio, de cabellos largos y salvajes hasta la quijada, confiriéndole un aire demente y sanguinario, sus ojos rojos como sangre y pupilas negras como el manto nocturno, incluso más, no podía pensar, estaba aterrada, toda valentía, fuerza y esperanza se iba de su fuero como si un dementor la besara, sus ojos se inundaron de lágrimas sin que pudiera evitarlo.

–Oh, no haga eso, Iníon, no llore… Odio ver que una linda señorita como usted lo haga…- le susurró con un tono dulzón como el que se usa para hablar a un niño, confiriéndose todavía más un aura amenazante y peligrosamente invasiva, sus pupilas reflejaban recuerdos borrosos de matanzas y ejecuciones llenas de torturas pre y post mortem, estaba paralizada, ni siquiera podía hilar la más mínima noción de cómo mover su quijada y gritar.


Draco logró moverse un poco luego del shock inicial, se acercó lentamente unos pasos rodeando el gran tronco para poder verlos, lo que le permitió escuchar a Elatha decir aquello, entonces el pánico se transmutó a algo todavía más primitivo y las imágenes de Hermione que había visto durante la clase del club de duelos volvieron a su mente, pudo observar, con horror como esa bestia infernal, fuera lo que fuera en realidad, tenía acorralada a la chica, ella no se movía, no hacía más que temblar, como había pasado en aquel pasillo, pero algo había de diferente, esta vez no había voluntad suya que pudiera descontrolar a ese ser, no sabía qué hacer, su mente se había blanqueado, ni siquiera recordaba como sujetar correctamente su varita, su cuerpo comenzó a temblar con más violencia.

–Para que vea que soy bueno, Iníon, haré esto rápidamente… Prometo que ya después su cuerpo no sentirá ningún tipo de dolor…- susurró sonriente a medida que acercaba su boca al cuello de la castaña, abrió sus fauces lentamente, como saboreando el momento, Draco se desesperó todavía más, ella estaba catatónica, ni siquiera podía moverse, vio lágrimas rodar por las mejillas de la chica y sintió que él también quería llorar, gritar, batirse contra el suelo, sus ojos ardieron, pero se contuvo de dejar que las gotas saladas de escaparan, deseó huir, refugiarse y mandar todo a la mierda, pero la sola idea de abandonarla y dejarla a merced de alguien que iba a por él le era imposible, y en un impulso de extrema desesperación casi corrió hasta donde ellos estaban.

– ¡No la toques!- vociferó en un grito desolado y desgarrador.

Su exclamación fue tan llena de pánico e histerismo que le hizo doler la garganta como si se la estuviera horadando y abriendo a la mitad, al mismo tiempo que en medio de ese impulso salvaje de terror, empujaba a Elatha y lo separaba bruscamente de ella, interponiéndose en su camino, Hermione no fue capaz de decir nada, solo se dejó caer lentamente al suelo, con la espalda pegada al tronco del árbol, hasta que sus rodillas tocaron la tierra, la sonrisa de aquel extraño se desvaneció y en su rostro sus facciones se deformaron en una ira ciega contenida solo para que cobrara más poder, en el deseo de matar, de destazar y liquidar a quien se posara en su campo de visión, era evidente como deseaba que su víctima fuera Draco.

– ¿Me quitas lo que deseo… Amo?- siseó con tono amenazante, irguiéndose en toda su altura, pasaba a Draco por al menos una cabeza, su complexión era un poco más ancha que la suya, se veía que contaba con más masa muscular que el chico, su cabello rubio cenizo solo hacía resaltar más el profundo color rojo de sus ojos.

Draco se dio cuenta de un detalle que no sabía si tomar como una burla, Elatha llevaba exactamente la misma ropa que él, tragó pesadamente, de forma sonora, frunció el ceño tratando de lucir seguro, la criatura frente a él soltó al aire una potente risa que solo consiguió erizar los vellos de las nucas de ambos adolescentes, Hermione se abrazó a sí misma y miró por primera vez al rubio totalmente despavorida y consternada, esa cosa le había llamado amo, este la miró por encima del hombro.

–Granger, desaparece de este lugar- le ordenó con seriedad a pesar de que el horror y el pánico se dibujaban con nitidez en tu tez, ella ni se inmutó, no fue capaz de moverse y eso solo lo descontroló más.

– ¡He dicho que te vayas, maldita sea!- gritó girándose bruscamente hacia la leona, que dio un respingo y reaccionó lo suficiente como para darse cuenta de que había estado llorando sin percatarse, se llevó una de las manos a sus mejillas para corroborarlo, ella se colocó de pie lentamente, tambaleante, sin apartar la vista del rubio, este cerró los ojos fuertemente y los abrió volteando a ver hacia su costado.

–Vete…- le gruñó por lo bajo tratando de no mirarla, no podía, simplemente no era capaz de continuar viéndola, si lo hacía, su miedo sería mayor y sería capaz de llorar para que se quedara, y después de lo que había visto en su mente y lo sucedido en aquel pasillo solitario, no podía permitirlo, no deseaba que nadie le viera en aquella situación, mucho menos que alguien más fuera condenado por su atrevimiento de desatar la furia de una criatura como aquella, simplemente no podría con el cargo de consciencia y luego, aunque sobreviviera, seguramente se suicidaría por no poseer la valentía de seguir adelante sabiendo que alguien había sido asesinada por su culpa.

La leona hizo amago de moverse, pero se vió rápidamente neutralizada, una sombra oscura y extraña la envolvió por completo y la haló desde la espalda replegándose luego hacia la entidad vegetal e introduciéndose en su cuerpo, al golpear su columna contra el tronco del árbol, lazos del diablo salidos de la tierra en un momento indefinible se ataron a ella con fuerza, amarrándola contra la superficie de madera, una de las hebras de la planta sujetaba su cuello con violencia, inspiraba ruidosamente, tratando con atroz desesperación de llenar sus pulmones, Draco observó sorprendido y con los ojos abiertos como platos como todo ocurría en menos de un parpadeo, se dio vuelta rápidamente hacia Elatha con la ira que solo la total pérdida del razón que el miedo podía proporcionarle.

– ¡¿Qué demonios haces?!- le gritó con toda la furia y el terror que recorrían sus venas.

– ¡Te dije que no quiero que la toques!- continuó gritándole.


Las lágrimas brotaban de los ojos de Hermione lenta y dolorosamente sin poder contenerse, era una Gryffindor, la bruja más lista de su generación, bastante buena en los duelos, y era muy hábil siempre y cuando no se tratara de volar, pero estaba aterrada, escenas de su propia vida pasaban frente sus ojos mientras en la distancia lograba escuchar la voz acerada, descontrolada, aterrada y enfurecida de Draco, ni siquiera podía hablar porque ello le haría desperdiciar el poco aire que llegaba a sus pulmones, y eso la desesperaba más, Elatha se acercó al rubio sin que ella pudiera verlo, comenzando a sonreír con malicia y un gran deseo de aniquilar y derramar sangre brillando en sus irises de rubí.

–Tú no eres mi amo… No has demostrado tu valía, y dudo que lo hagas…- dijo siseando de forma delirante y oscura, envolviendo todo el espacio de debajo de la copa del árbol y su alrededor con aquella espesa neblina roja y nauseabunda.

–No te debo obediencia…- rió histéricamente por lo bajo, dejando ver como su cuerpo se sacudía levemente, Draco se tensó todavía más y esa ira que le otorgaba algo de coraje, se enfrió rápidamente, a esas alturas, ni él ni Granger podían percibir el hedor a podrido, a muerto, a descomposición, tampoco el olor metálico de la sangre.

–Lo único que no puedo hacer, es asesinarte lentamente… Si lo hago debe ser una ejecución inmediata y sin dañar tu cuerpo… Y eso no es divertido…- le dijo una vez estuvo a solo medio metro de un petrificado rubio que le miraba con la sorpresa.

El miedo y el horror histérico formándose en cúmulos en sus pupilas, sentía que estaba enloqueciendo lentamente, que la razón se perdía en su interior, se fracturaba, se ahogaba por dentro, los músculos de su garganta le llenaban de dolor al contenerse de lanzar alaridos de terror y del llanto que estaba aguantando, la criatura pasó de él sin que este si quiera se moviera, estaba allí, catatónico, mirando al sitio que antes ocupara el rubio de ojos sangrientos.

Elatha se acercó a una aterrada Hermione que le miraba con ojos muy abiertos tratando de contener sus lágrimas sin mucho éxito, ella temblaba, para su deleite, de manera violenta, mientras su aura oscura y aplastante incentivaba el pánico, el absoluto horror, sin siquiera la necesidad de tocarla, y bien que sabía que su habilidad estaba en la aniquilación, y por tanto también en la dominación de las almas, sintió un espasmo sacudirlo y haciéndole cosquillas en el estómago por la emoción que todo ello le causaba de manera mórbida, a punto estuvo de matarla arrancándole la yugular de cuajo, pero se contuvo, aun no era el momento preciso.

–Iníon…- dijo con una sonrisa de apacibilidad pasmosa –Te había dicho que no quería que lloraras, te he dado mi palabra de que impediré a tu cuerpo sentir dolor…- ensanchó su sonrisa hasta mostrarle sus incisivos y las muelas que seguían a estos, parecían la combinación de varios pequeños colmillos sedimentados y solidificados, filosos.

Hermione podía sentir como manaba de ellos el deseo de destajarle la carne para dejarle a la bestia beber su sangre, eso la descolocó todavía más, notó las orejas puntiagudas, casi tan pequeñas como las de los humanos y llenas de perforaciones con aretes de plata avejentada como la del collar de Draco, Elatha sonrió con mayor evidencia, complacido en llamar su atención, y se acercó todavía más, se inclinó lo suficiente como para que su rostro quedara a solo cinco centímetros exactos del rostro de la muchacha.

– ¿Te gustan…?- le inquirió refiriéndose a los aretes en sus orejas.

–Los tres de la parte superior, representan las almas de quienes he matado por tratar de robar la joya que contiene mi esencia, mi juramento como servidor eterno de la familia y sus herederos- señaló su oreja izquierda, la rama que sujetaba el cuello de Hermione se aflojó un poco, permitiéndole respirar mejor, Draco se dio vuelta lentamente, mirando pasmado la escena, sudaba frío, no podía pensar, probablemente el sería el cuarto arete en unos segundos.

–Este otro, a aquel no perteneciente a la familia al que he protegido por orden de uno de mis antiguos amos…- señaló la zona superior de la oreja derecha.

–Acá abajo, este, representa una réplica del collar que mi amo lleva puesto, que simboliza mi disposición a servirle fielmente hasta el día en que inevitablemente, este fallezca…- le mostro la parte de debajo de su oreja derecha, totalmente tranquilo y emocionado por lucir su joyería, dejándole ver un arete del que pendía una calavera idéntica a la del collar de Draco, lo bizarro de la situación no le permitía a la leona volver en sí, el solo hecho de que esa cosa estuviera tan cerca ya la paralizaba, que le hablara de aquella forma, solo volvía todo más siniestro.

–Y este, que también posee un pendiente exactamente igual al del collar, solo me lo quito cuando debo dárselo a alguien que mi amo me mande proteger, entonces la persona debe colocarlo su oreja izquierda, en la zona media y perforarse la parte baja, para que la punta pueda entrar- le mostro un zarcillo que se abrazaba a su oreja sin perforarla, justo en la mitad del órgano auditivo, del que pendía una calavera exactamente igual a la de Draco, pero del objeto descendía también una cadena muy fina que terminaba en un zarcillo sencillo que poseía solo un único y solitario rubí del mismo color rojo deslavado que el ojo derecho del Slytherin, la criatura sonrió con sadismo y una alegría tétrica que le hizo estremecer visiblemente.

–Oh, pero creo que eso no es realmente importante… Ahora que he satisfecho tu curiosidad, debes satisfacerme a cambio…- dijo con voz ronca, se relamió los labios y ensanchó su sonrisa con una mirada maniática, Draco entró en un ataque de pánico terriblemente descontrolado, se acercó por la espalda a Elatha y lo haló de la sudadera, haciendo que este retrocediera y se girara a mirarlo contrariado y con el ceño fruncido.

– ¡Quiero que la liberes ahora!- le gritó fuera de sí, sus ojos desorbitados y brillantes de los primeros indicios de locura hicieron a Elatha sonreír con satisfacción, 'Eso… Un poco más…', pensó la criatura al notar que su amo tenía los ojos abnegados en lágrimas y fruncía el ceño arrugando la nariz, mostrando levemente sus dientes, como dispuesto a atacarlo.

–Oh, pero eso es imposible… Ella vino aquí siguiendo a mi preciosa Scáth… Se entregó a mi merced, y no puedes hacer nada al respecto- murmuró con voz oscura mientras arrastraba las palabras, viéndole fijamente, con una sonrisa lobuna, llena de ansias de asesinar de forma grotesca.

–Pero para que veas que soy bueno, amito…- rió un poco por lo bajo de forma ridículamente eufórica y perversa –Puedo concederte la oportunidad de probarme tu valía, y entonces quizá, y solo quizá… Considere el dejarla ir…- completó sin perder su sonrisa.


Hermione veía hacia ambos con el terror grabado en sus pupilas, el lazo del diablo le presionaba las muñecas y las piernas con fuerza, había comenzado a tratar de moverse, pero seguía sin conseguirlo, las ramas se extendían por doquier sobre sí misma, envolviéndola y lastimándola en cada movimiento brusco que intentaba realizar, Elatha alzó su mano al frente y su sombra salió de inmediato disparada del interior del tronco hacia Draco, atravesándole el pecho sin perforarlo, introduciéndose en su cuerpo de forma dolorosa, el rubio cayó al suelo apoyándose sobre sus manos y rodillas luego de proferir un alarido agónico, tosía copiosamente y respiraba agitado, la leona dejaba escapar lágrimas libremente de sus ojos y gemidos lastimeros por lo bajo al ver aquello, con certeza, esa cosa los asesinaría a ambos.

–Permíteme juzgar tu vida a través de tus recuerdos… Y por supuesto, de tu corazón…- murmuró en un susurró lúgubre y demoníaco que hizo a la leona estremecer.

Cerró su mano alzada convirtiéndola en un puño y Draco comenzó a retorcerse del dolor, espasmos sacudían su cuerpo, pero su voz no salía de su garganta a pesar de que parecía estar gritando a todo pulmón y las venas de su cuello saltaban a la vista junto con sus cuerdas vocales, hinchadas por el esfuerzo, el rubio podía sentir como si le lanzaran una serie de crucios y usaran legeremancia con él a la vez, era horriblemente doloroso, sus huesos se sentían pulverizarse desde dentro, era como si su sangre se cristalizara y cortara sus venas, sus músculos amenazando con llegar hasta lo más externo de su piel alabastrina, cerraba sus ojos con mucha fuerza, sin embargo unas cuantas lágrimas alcanzaron a escapar, librándose finalmente de su cautiverio, Elatha sonreía con satisfacción y gozo, de manera demencial movía su cabeza hacia un lado y hacia otro lentamente, buscando mejores ángulos para disfrutar del dolor del príncipe de Slytherin.

–Mmm… Oh amo, pero si has tenido una vida muy interesante…- dijo aplicando más fuerza a su puño cerrado, Draco dejó salir un gemido de dolor lleno de tanto deseo de morir que Hermione reaccionó finalmente logrando salir de su mutismo, no pudiendo resistirlo más.

– ¡BASTA!- gritó en un chillido intempestivamente, con voz trémula por el llanto, demasiado desesperada como para pensar, temblando con brusquedad, revolviéndose como loca sin prestar atención al dolor de las magulladuras que el lazo del diablo infligía a su cuerpo.

– ¡LO ESTÁS MATANDO!- volvió a gritar, llenó sus pulmones de aire y el sonido de su llanto inundó el lugar, Elatha de espaldas a ella sonrió más ampliamente si se podía.

–Mmm… Bien…- dijo –Seré bueno porque tú me lo pides, Iníon, no dejaré que sigas viendo esto y me haré cargo de ti primero para evitarte este mal episodio… Haré honor a la nobleza de tu apetitosa alma…- agregó su última frase en un ronroneo no escuchado por los jóvenes, sin voltear a verla en ningún momento.

Abrió su mano de nuevo y aquella sombra negra y devoradora salió con velocidad aparatosa del cuerpo de Draco, haciendo que de estar boca abajo, pasara con un giro muy brusco que lo elevó unos pocos centímetros en el aire, a caer violentamente al suelo con un golpe sordo, boca arriba, el rubio todavía presentaba espasmos de dolor, contracciones involuntarias, y respiraba dolorosa y agitadamente sin alcanzar a llenar bien sus pulmones, la criatura giró sobre sus talones con presteza y en un parpadeo apareció frente a Hermione dejando solo una leve nube de humo rojo en el lugar que antes había ocupado.

–No te preocupes, solo dolerá unos segundos… Luego ya no sentirás nada…- dijo, y velozmente mordió el cuello del Hermione con ferocidad.

Ella gritó en un chillido ensordecedor, lleno de dolor, Draco alcanzó a escucharlo apenas, tratando de reincorporarse, giró lentamente sobre sí mismo para quedar boca abajo y tratar de levantarse, su cuerpo apenas y le respondía, temblaba tan violentamente que mantener el equilibrio era casi una misión suicida, alzó con dificultad la cabeza, pudo ver borrosamente el cuerpo de la chica retorciéndose espantosamente, allí en su posición, amarrada contra el árbol, las ramas de lazo del diablo cediendo y dejándola caer al suelo, ser atrapada por los brazos de Elatha, dio un paso casi cayendo al lograr erguirse, rogando a Morgana que se apiadara, la bestia se dignó a encararlo, con la leona en brazos y una sonrisa macabra en el rostro.

– ¿Ves…? Ya su cuerpo no puede moverse, no podrá hacer o sentir nada… Físico… Lamentablemente, su alma sí sentirá dolor…- dijo explicándose con tranquilidad.

Draco estaba demasiado aterrado, dolorido y agotado como para poder moverse más que para dar algunos pasos, a pesar de la nulidad de la luz ya podía ver más nítidamente, en todo momento, a pesar de ser de noche, desde que Elatha había aparecido aquella espesa neblina rojiza que los rodeaba, había podido ver en la oscuridad, pero al rubio eso poco le importaba, jadeo sonoramente sin poder controlar el llanto que había estado reteniendo.

– ¿Por qué…? ¿Por qué quieres matarla a ella también? ¿Qué no te basta conmigo? ¿Irás por mi madre y Sirius después acaso?- inquirió en apenas un hilo de voz, demasiado agotado y abatido.

La expresión del siervo de la muerte era una clara respuesta afirmativa, las facciones de Draco terminaron de desencajarse en un rictus de pena tan profundo que a Elatha no le quedó duda de que estaba haciéndolo bien, se sintió pagado de sí mismo, le estaba haciendo vivir algo peor que el infierno al chico.

–De hecho… Planeo acabar con todos, pero eso lo dejo reservado para después de que mueras, así tendrás un puesto en primera fila para ver como los asesino frente tus ojos y consumo sus almas, lenta y dolorosamente… Tal y como me gusta…- le contestó con tranquilidad martirizante, se carcajeó guturalmente disfrutando lo que estaba haciendo, oh cómo amaba ser quien era, sonrió de lado con sorna.

–No…- balbuceó un aterrorizado Draco, que no estaba más que resignado a su pronta muerte, que comenzaba asumir el inevitable final como un medio para resguardar a otros.

–Ellos no…- dijo –No tienen por qué ser atacados por ti también… Esto es entre nosotros dos… Tu juicio es hacia mí… No hay nadie más…- completó en medio de las convulsiones de su pecho ante el llanto que amargamente salía sin poder ser contenido, fruncía el ceño con decisión, con ira, con un repentino y creciente orgullo y una considerable dosis de coraje que no parecía suya, allí fue cuando Elatha lo supo, lo había destrozado, se había quebrado finalmente, su vida había perdido su valor, ya era el momento que había estado esperando.

Alzó una ceja y dejó caer el cuerpo de Hermione al suelo sin cuidado alguno, le pasó por encima pisando a propósito el brazo, la chica no emitió de ningún modo algún tipo de sonido, Draco miró eso aturdido y lleno de pánico, la leona no podía hablar, era cierto, su cuerpo quizá no podía sentir, pero su rostro se había quedado congelado en una muestra de terror que nunca iba a poder olvidar, en la mirada almendrada de ella se reflejaban sus emociones a pesar de que físicamente no hubiera reacción, 'los ojos son las ventanas del alma', le había dicho Sirius, cuánta razón tenía.

– ¿Entonces estás dispuesto a salvarlos…? Porque puedo conformarme con solo quedarme con el alma de la dulce Iníon que nos acompaña… Todavía… Y aun podrías escapar de mi ira, continuar viviendo y yo me marcharía hasta el día de tu muerte, en que solo vendría por la joya familiar y ya alguien más se encargaría de tu alma, yo no tendría nada que ver contigo ni con los tuyos… Nunca jamás…- ofreció alzando ambas cejas de modo sugerente y lleno de malicia, Draco quedó descolocado por unos momentos en los que fijó su vista en Hermione.

–No creo que tengas opción de salvarla a ella también si deseas salvarte a ti mismo, amo…- le dijo con tono suave y aterciopelado, disfrazado del manso cordero del concilio, tratando de influenciar su decisión.

–He visto en tu alma… Tu corazón… Tu mente… No eres digno y lo sabes, no posees el valor necesario… No eres merecedor de tu fortuna al ser el nuevo heredero… Yo te ofrezco salvarte de la desgracia, del dolor, de la pena, del terror, del pánico, de todos los males y sufrimientos que te aguardan en el infierno… Solo debes entregármela a ella a cambio… Así me llevaré su alma en tu lugar… Un alma pura, noble, dulce… A mí no me sirve una como la tuya y a ti te conviene seguir viviendo para volver a tu hogar algún día ¿No es así?- le continuó hablando mientras se acercaba más y se colocaba a un costado de Draco para susurrarle al oído con todo el deseo de hacerlo caer en la tentación.

–Y-yo…- logró balbucear luego de un rato el casi catatónico rubio.


Los ojos de Hermione dejaron brotar algunas lágrimas al tiempo que la marca de la mordida en su cuello comenzaba a agrietarse mostrando líneas negras bajo su piel, como si algo se extendiera por su cuerpo, ella no podía gesticular, ni gritar, ni revolcarse del dolor, pero estaba sintiéndolo todo, más profundo que cualquier cosa que pudiera pasarle a su cuerpo, estaba perdiendo su alma, perdiéndose a sí misma lentamente, en una vorágine de sensaciones repulsivas, violentas, torturadoras, moría poco a poco, y Draco estaba siendo engañado, ella iba a perder la vida igual, aunque él decidiera aceptar salvarla, sentía que ya no había vuelta atrás.

–Oh bueno, creo que eso es suficiente respuesta, tu duda ha sido más efectiva que cualquier frase certera…- dijo sin dejarle chance a nada.

De inmediato más lazos del diablo salieron del suelo y tomaron a Draco con tanta fuerza que le hicieron arrodillarse violentamente, golpeándose parte de las tibias y las rótulas contra el suelo, otra rama tapó la boca del rubio amordazándolo, este miraba con ojos muy abiertos a Elatha, batiándose, tratando de liberarse, el cuerpo de Hermione tendido en el suelo comenzaba a dibujarse de líneas negras que parecían grietas, muy finas e indefinidas, su piel pálida y sus labios amoratados, sus ojos ataviados de una mirada llena de dolor, de pena, de oscuridad, perdiendo brillo, velándose lentamente en una marcha mortuoria que la haría descender al mismísimo infierno, la bestia caminó hasta el costado de la leona y se acuclilló a su lado, en cuanto lo hizo, una capa larguísima y tan roja como la sangre apareció en su espalda, materializándose a partir de tinieblas putrefactas, en un solo movimiento el siervo de la muerte estaba sobre la inmóvil leona.

–Iníon… Divirtámonos un poco antes de que mueras…- murmuró lo suficientemente alto como para que Draco escuchara.

Se abalanzó sobre el cuello de Hermione de tal forma que con su cuerpo podía cubrir lo que hacía, pero no fue muy necesario para el rubio verlo, casi inmediatamente vio como alrededor del cuerpo lánguido de ella, comenzaba a formarse un charco de sangre, Elatha se alzó un momento con la respiración un poco agitada, sus fauces rebosantes del cáliz de vida de ella, el rubio se revolvió con mayor fuerza, con más desesperación, sabía que ella no debía morir, que nadie debía hacerlo, solo él, y podía jurar que acababa de perderle el miedo al infierno, a la muerte y a todo, a todo menos a ver gente caer a manos de aquella criatura, mucho más aun si se trataba de gente que era condenada por su culpa y no por las suyas propias, gritó tan fuerte a pesar de tener la boca tapada, que el otro rubio volteó a verlo, sus ojos rojos brillaban siniestramente, anunciando el placer de un angustioso dolor ajeno, el lazo del diablo que le impedía hablar se retiró lentamente.

–No quiero que la toques… Ni a ella, ni a nadie…- balbuceó finalmente, derrotado, convencido de su futuro, pensó en Narcissa, en Sirius, en Hermione, en Blaise y Theodore que recién se le habían unido, en que dejaría solos a esos dos contra Vratar' y los estúpidos de Crabbe y Goyle, pero reconoció con una sonrisa perdida que no le importaba, que estaba bien ir al inframundo, si era él y solo él quien iba a dar allí por sus propias culpas, no agachó la cabeza en ningún momento, asegurándose de que la bestia le escuchara fuerte y claro, Elatha se relamió la cuantiosa sangre que goteaba por sus labios, aunque todavía tenía manchada la barbilla y parte de la cara.

–Quiero morir…- reconoció en un murmullo lleno de seguridad, dejando caer el rostro, dándose por vencido ante el peso de lo que él sabía, eran sus propios pecados, una última lágrima descendió directo al suelo.

– ¿Sólo para salvar a una 'sangre-sucia'?- le inquirió un receloso Elatha, que fingía no poder creérselo, oliendo la verdad y tratando de hacerlo dudar.

– ¿No temes morir, amito?- sonrió con malicia, un brillo burlón y delirante adornando sus ojos de rubí – ¿Prefieres ser torturado por la eternidad en las pailas del infierno…?- volvió a preguntar, midiendo la veracidad de las palabras del chico.

–Si con ello puedo librar a otros de mis propios pecados… Sí…- contestó en voz baja, pero firme, con tono lúgubre, alzando de nuevo la cara, mostrándole a Elatha una mirada decidida que lo agitó interiormente.

– ¿No te importa entonces dar tu vida, tú, sangre-pura, por una vulgar sangre-sucia?- le volvió a inquirir insistente, Draco frunció el ceño enfurecido.

– ¡Me importa una mierda su sangre, maldita sea, sálvala y acabemos con esto antes de que sea tarde, joder!- le gritó de forma demandante, la bestia agachó la cabeza y su cuerpo comenzó a sacudirse rítmicamente, de forma ligera, Draco se quedó sin palabras, circunspecto, la criatura negaba con la cabeza, el sonido que hacía se volvió un poco más claro, estaba riendo, riéndose a carcajadas de lo que sucedía a su alrededor.

– ¡¿Pero qué haces?! ¡¿Estás esperando a que ella se muera acaso?!- le reclamó un aturdido Draco que no era capaz ya ni siquiera de oponer resistencia a los lazos del diablo que lo sujetaban.


La risa de la bestia se volvió más sonora y el rubio se estremeció ante ello, pero quedó también más perdido de lo que ya estaba, esas carcajadas no eran iguales a las de antes, no, y tampoco sabía como calificarlas, frunció más el ceño.

¡Al fin! ¡Lo había logrado! ¡Joder! ¡El chico se había rendido! ¡Le había cedido su alma, la única que no podía llevarse a menos que su nombre apareciera en la lista de muertes inminentes! ¡Lo había engañado! ¡Ja!

Su prueba había terminado, todo había acabado…

Estaba totalmente aliviado y orgulloso de su trabajo, alzó su brazo hacia uno de sus costados y el cuerpo de Hermione comenzó a desaparecer, él continuaba riendo sin alzar el rostro, los lazos del diablo empezaron a liberar a Draco de manera casi metódica, el muchacho, atónito y sin ser capaz de reaccionar, apoyó sus manos en el suelo, observando el grass, tratando de recuperar la coherencia de sus pensamientos, el Slytherin alzó el rostro para mirarlo, con ojos desorbitados y temblores sacudiendo su cuerpo, pero no por miedo de que le sucediera algo malo, sino por ella, de verdad temía que lo que su mente gritaba fuera cierto, temía que Elatha lo hubiera estafado.

–Hasta que te has rendido…- dijo con voz profunda, pero extrañamente menos cargada, no habían deseos de matar allí, tampoco oscuridad, ni locura, demencia o cualquier otra cosa que antes pudiera notar, solo alivio.

Fue en ese momento en que Draco logró ponerse de pie y reaccionar, con el ceño fruncido y valiéndole nada lo que pudiera ocurrir, salvó la distancia que los separaba y se abalanzó sobre el otro rubio con un gruñido gutural, se sentó a horcajadas sobre Elatha y trató de darle un puñetazo, al carajo las varitas, si se iba a ir al infierno por lo menos le iba a dejar el ojo morado a ese maldito, pero la bestia desapareció de debajo del cuerpo de la serpiente y apareció frente a él, junto al tronco del árbol, sonriendo con la felicidad y la dulzura de un niño tatuada en su rostro.

– ¡Calma!- le dijo colocando sus manos al frente en señal de rendición en cuanto vio las intenciones del chico de abalanzársele otra vez, aunque fuera divertido, no iba a pelear, el Slytherin se puso de pie de inmediato.

– ¡¿Dónde está?!- inquirió a voz de grito, alterado como una verdadera bestia, se le acercaba como depredador al acecho sin siquiera ser capaz de medir las probables consecuencias que sus actos pudieran acarrearle.

– ¿Quién?- contestó haciéndose el desentendido, lo que solo enervó más a Draco que otra vez trató de embestirlo, pero falló, Elatha apareció de nuevo, pero al otro lado del tronco, el rubio dio la vuelta, con los ojos enrojecidos por el llanto, pero también por la ira que le calentaba la sangre, el siervo reía divertido.

– ¡Granger! ¡¿Dónde está?!- le gritó totalmente fuera de sí – ¡Ya tienes lo que quieres, ahora muéstramela, muéstrame que está bien y luego larguémonos de aquí! ¡No quiero vuelvas a tratar de hacerle daño nunca más!- le gritó otra vez, Elatha solo sonrió.

–Esa no es forma de referirse a una Iníon, amo, posee un nombre… Y no puedes pedirme eso, debes confiar en mi palabra, porque ella no es un objeto de tu pertenencia, por lo que no puedo 'mostrártela' como tú deseas- contestó sin perder la calma, Draco no se abalanzó de nuevo contra él, contrariamente a lo que habría esperado.

– ¡Sé que no es un objeto, pero igual vas a mostrármela, quiero asegurarme de que no moriré en vano! ¡Tráeme a Hermione acá Elatha!- le ordenó con tanta fiereza que la bestia sonrió más abiertamente, su mirada cargada de orgullo, de uno extrañamente bueno.

–Ella está aquí…- dijo colocando una mano en el tronco del árbol.

La madera comenzó a abrirse, allí estaba ella, de pie, un poco encorvada, llorosa, con expresión aterrada, la respiración agitada, pero sin una sola marca de daños en su cuerpo, sin ningún rastro de haber sido casi consumida por el veneno de Elatha, Draco no podía hablar, solo podía sentir el alivio extenderse por sus músculos, sus órganos, sus venas… Su alma…

Quizá se había vuelto loco, pero si con su marcha fúnebre rumbo al infierno salvaba a esa chica, a su madre, a Sirius y a sus amigos, no habría calvario suficiente para hacer que se arrepintiera de su decisión, Hermione logró moverse después de unos segundos, corrió hacia él como si la vida se le fuera en ello y se abalanzó a sus brazos, le abrazó como si ello pudiera remediar lo que había sucedido, como si eso fuera su salvación, llorando abiertamente, por él, el Slytherin que la había torturado en su otro mundo por solo ser de una condición diferente a la suya, se quedó quieto por unos momentos sin tocarla, pero finalmente le correspondió el gesto y la envolvió con sus brazos, con fuerza, cerró los ojos y aspiró con ansiedad, llenándose de su aroma, pensando en las personas que quería, y hasta en las que odiaba, no, en las que pensaba que odiaba, sonrió complacido, con una extraña paz recorriéndole el cuerpo de manera placentera.

–No hagas esto, por favor, no…- balbuceó Hermione, Draco se separó de ella, le miró y le dedicó la primera sonrisa realmente sincera que le mostraba a alguien que no fuera Narcissa o Sirius desde que había llegado allí, una cálida, transparente, de brillo juguetón e irónicamente, llena de vida.

–Está bien, Iníon…- le dijo, no como Malfoy, no como Fomoré, sino como Draco, el auténtico Draco, ella se estremeció al escucharlo con algo parecido a la euforia ligada con un poco de una timidez nada común en su persona, sin poder reprimir en su rostro la expresión de incomodidad ante su manera de llamarla, él no pudo ni quiso dejar de reír un poco, su última risa antes de partir.

–Creo que ya no te gusta que te llame así…- dijo –Está bien… Mmm… LionCub- la rebautizó finalmente, viéndola por primera vez, no como a un ser inferior, o como a alguien cualquiera a quien ignorar, sino como a una chica a la que veía como tal, notando lo bonitos que eran sus ojos almendrados a pesar de estar enrojecidos, su nariz perfilada y unos labios finos y rosados de apariencia dulce y suave, sus rizos cayendo indomables sobre sus hombros, alborotados y brillantes, esponjosos, quería tocarlos, olerlos, disfrutar de su suavidad, su sonrisa decayó un poco, pero se recompuso inmediatamente, miró a Elatha.

–Creo que es hora de irnos…- le dijo con calma, no tenía miedo, no sentía realmente nada, estaba en paz, estaba haciendo lo correcto, y se sentía bien, ya no importaba absolutamente nada, prejuicios, ideas obsoletas y erróneas, ya no le interesaban, sonrió al sentirse tan libre gracias a ello y agradeció a Merlín que al menos unos cinco minutos antes de morir, había logrado sacar todos los pesos de su alma, moriría feliz, la bestia rió con ganas, llamando su atención, la leona se pegó más al Slytherin inconscientemente.

–Solo te pido en favor que le borres la memoria… No quiero que recuerde nada que tenga que ver conmigo…- pidió a la oscura criatura, Hermione se separó de él bruscamente quedando entre ambos.

– ¡No! ¡No quiero que lo haga, quiero recordar! ¡Y tú debes quedarte!- chilló con total histeria, solo dedicando su atención a Draco, Elatha revoleó los ojos y el Slytherin suspiró suspiró.

–Bueno, Iníon tiene razón en una cosa, tú debes quedarte- dijo con indiferencia, Draco le miró con una ceja alzada sin entender y Hermione se dio vuelta rápidamente para encarar a la criatura.

–Has superado mi prueba… Me has mostrado tu valía…- aseveró con simplicidad.

–Será un honor para mí servirte, amo…- agregó con solemnidad, su semblante imperturbable y respetuoso, nada quedaba de aquella bestia visceral que había estado frente a ellos pocos minutos atrás.

Hermione abrió los ojos en sorpresa, demasiado aturdida como para entrar en razón todavía, Draco empalideció más todavía si podía, sus ojos desorbitados de la impresión, repentinamente todo había cambiado demasiado ¿Había escuchado bien? ¿Estaría jugando con él?

– ¿Q-qué…?- balbuceó, Elatha sonrió con expresión un poco avergonzada rascándose la nuca, Hermione solo podía preguntarse una cosa ¿Qué clase de criatura hacía padecer de una forma tan cruel a su supuesto amo solo para probarlo?

–Era mi deber probarte, pero no de cualquier forma, sino de la más dura que pudiera, por lo que decidí comenzar a hacerlo desde antes de salir del collar y manifestarme de forma corpórea- explicó con tranquilidad, Draco no sabía que pensar, solo a su mente llegaba una conclusión, viviría.

–Tú… Me trajiste aquí a propósito…- balbuceó una demasiado consternada Hermione que trataba de entender y racionalizar todo.

–Sí… Lo siento Iníon- se disculpó y le hizo una profunda reverencia –Era necesario hacer que mi amo demostrara sus cualidades, y sé que me odiará por esto, pero mi señor lo ha hecho muy bien, ha demostrado ser un admirable Fomoré de principio a fin- sonrió y le dedicó una mirada de reconocimiento y aceptación a Draco, este no dijo nada, todavía demasiado consternado, pero se sintió verdaderamente reconfortado por ello, rápidamente una certeza llegó a su mente, él había maltratado a Hermione solo para medirlo, frunció el ceño al caer en cuenta, Elatha alzó una ceja curioso.

–Me encerraste en ese árbol…- susurró con voz queda y bien cargada de la anunciación del peligro, comenzaba a enojarse, el semblante de Draco se desencajó ¿Encerrarle en un árbol? Pero si él la había visto sufrir, siendo atacada, no podía ser cierto.

–Iníon… No podía ser de otra forma, no podía lastimarte de verdad, así que Scáth se encargó de encerrarte allí por tu propia protección- le dijo, volteó a ver a Draco.

–En ningún momento la lastimé de verdad, lo que vio fue solo un truco, una ilusión mi señor, no puedo hacerle daño si ella no me ataca, mucho menos si usted pide que no lo haga- explicó sonriendo, iban a odiarlo, oh sí, pero valdría la pena, la leona no salía de su asombro, no sabía como reaccionar, el peso de la tensión del momento comenzó a aquejarla, repentinamente se estaba sintiendo débil.

–Entonces sí me engañaste…- afirmó un taciturno Draco con expresión extrañamente sorprendida e irritada.

–Yo… No sé qué pensar al respecto- suspiró al tiempo que se frotó el puente de la nariz, alzó la mirada para ver a Elatha, por algún motivo, no podía alterarse, no lograba gritar o tratar de matarlo, si es que eso se podía.

–Solo, por favor, cambia tus ropas, es demasiado tétrico verte vestido igual a mí… Es… Enfermo…- ordenó sin mucho ánimo.

Elatha asintió y transformó sus ropas lo suficiente como para que fueran diferentes, sus botas de campaña no desaparecieron, tampoco los pantalones bombachos, pero la tela se notaba más pesada, como para la guerra, una camisa negra arremangada hasta antes de los codos de estilo sudadera pero sin capucha, cuello amplio llegando hasta sus clavículas, sobre esta llevaba algo parecido a una combinación de chaleco y armadura de un color plateado envejecido hasta los extremos de verse manchado en algunas zonas.

– ¿Mejor, amo?- inquirió sonriente, este asintió con expresión de consternación.

–Claro… Solo no me sigas llamando así, te ves casi de mi edad, es incómodo que lo hagas- dijo, Elatha alzó una ceja con curiosidad.

– ¿Entonces como te llamo?- le inquirió inconscientemente, Draco se lo pensó.

–Creo que- trató de decir, pero se interrumpió en seco al escuchar un golpe sordo a su lado, ambos miraron al suelo, Hermione estaba desmayada.

– ¡Granger!- gritó asustado, ambos se agacharon, pero Draco fue quien la tomó entre sus brazos.

–Amo, calma, solo está desmayada, el golpe no ha afectado nada, de haberlo hecho ya lo sabría- le contestó tratando de hacer desaparecer los nervios de Draco, este le miró como preguntándole si le estaba diciendo la verdad y él asintió dándole una pequeña sonrisa conciliadora, y haciendo aparecer un manto verde como el pasto para arroparlos.

–Es mejor que se queden aquí para que no llamen la atención, yo me encargaré de que nadie se de cuenta- dijo con orgullo de sí mismo, Draco no pudo evitar suspirar cansado, aceptando la propuesta, observando con atención a la leona, Elatha acomodó la manta solo sobre la leona y miró al rubio con el ceño fruncido.

–Amo…- le llamó suavemente, Draco solo le miró, ni siquiera estaba molesto, tampoco se sentía raro, era extraño, pero solo estaba un poco sorprendido por todo lo ocurrido.

–Hay algo que falta por hacer- dijo, el Slytherin alzó una ceja curioso.

Elatha acercó la mano derecha al brazo izquierdo de Draco y le subió la manga de la sudadera sin problemas, el rubio simplemente se dejaba hacer, más pendiente de lo que la bestia hacía y de Hermione que de lo que pudiera suceder, el siervo de la muerte llevó su índice derecho al antebrazo de su amo, mientras su uña se transformaba en una garra afilada, trazó un arco sobre la calavera dibujada en la alabastrina piel del joven y con la sangre que comenzaba a salir, se empezaron a dibujar letras dolorosamente, el príncipe de Slytherin hacía muecas doloridas de vez en cuando tratando de no moverse para no despertar a la castaña que retozaba sobre su pecho.

'Et in vita et in morte Fomoré', rezaban las letras formadas en su brazo, su piel absorbió la sangre como si fuera una esponja, y la caligrafía de estilo elegante, sencillo y gótico se tornó totalmente negra, así como el resto de su marca tenebrosa modificada, Draco observó la obra de arte de su nuevo sirviente, siervo, lacayo, guardián o lo que fuera Elatha en esos momentos, este le sonrió tranquilo al ver que había resistido sin quejarse y volvió a acomodar la manga de su sudadera, procedió a cubrirlo con el manto verde.

–Descanse, amo…- le dijo al tiempo que se colocaba de pie.

Draco no tuvo tiempo de reaccionar y decir palabra al respecto, solo pudo ver a Elatha volteando y caminando hacia el exterior de aquella cúpula de nebulosas rojas y espesas como la sangre, pero había algo bastante interesante, olía a lirios y claveles, no a muerte, se resignó ante su propio cansancio, por primera vez recordaba su varita, la sacó del bolsillo de la sudadera e hizo aparecer una gran almohada mullida que colocó sobre el tronco del gran árbol para acomodarse mejor, rápidamente se quedó dormido, la bestia le vió desde las tinieblas, sonrió con sincero aprecio, dispuesto a servir a su nuevo señor, al nuevo heredero del legado de su primer protegido, miró a Hermione y sonrió más ampliamente, la niña era muy dulce y orgullosa, el alma gemela de Draco, su instinto le dictaba protegerla si tenía la oportunidad de hacerlo al presentarse alguna situación de peligro, porque lo presentía, muchas cosas oscuras deparaban el destino de ambos, pero más que el de ella, el de su amo.


Ojalá les haya gustado, a mí me encanta escribir sobre este nuevo personaje, definitivamente creo que Draco si habría podido cambiar, pero a fuerza de tropezones, no de la noche a la mañana, pero sí con la ayuda de otros quienes lo influenciaran para el bien ¿Están de acuerdo con eso? ;)

Esperaré ansiosa por sus opiniones, recuerden que esta historia la escribo yo, pero es para ustedes, si tienen dudas, sugerencias, o solo comentarios con respecto a lo que se les ocurra, háganmelos llegar :D

¡Los adoro! ¡Hasta la siguiente actualización! xD