Capitulo 10
-En serio, Lily... Si mis notas en Defensa no mejoran, mi padre va a matarme.
Emily guardó su examen en su mochila tras oír el timbre que anunciaba el final de la última clase del día. La pelirroja le sonrió débilmente por un instante antes de hacer una mueca de desagrado, mirando su examen y guardándolo prolijamente en una fina carpeta.
-Intenta no afligirte demasiado... -murmuró Kim, poniéndose de pie y acercándose a sus dos amigas junto a Chloe. -Si hasta Remus no aprobó, y es la mejor persona que conozco en Defensa... ¡Hasta Chloe tuvo una I!
-¿Eso tiene que hacernos sentir mejor? -Emily alzó sus cejas mientras las cuatro salían del aula de Defensa Contra las Artes Oscuras. -Michael nos está matando.
-Vamos, relájate. Piensa que faltan... -Kim entrecerró sus ojos, pensando. -Tres semanas para las vacaciones de Navidad.
-Si, y luego llegarán dos semanas en los que tendremos mucha tarea -Chloe puso los ojos en blanco, negando con la cabeza.
-Y luego dicen que Brandon es el mejor profesor de Defensa que hemos tenido -susurró Lily, mirando a Kim con reproche. -Se la pasa bromeando, las notas son una masacre y las tareas son larguísimas e imposibles.
-Por suerte en Hogwarts los profesores sólo duran un año... ¿no?
Las cuatro jóvenes oyeron aquella voz grave y se quedaron congeladas. Emily cerró sus ojos con fuerza mientras Lily se mordía la lengua, atreviéndose a girar para enfrentar al profesor.
-Pr... Eh... Michael, yo... -balbuceó Lily, sin atreverse a mirarlo a los ojos.
-Señoritas... ¿Podrían dejarme un segundo a solas con Lily? No te preocupes, Chloe -dijo, viendo la expresión en el rostro de la Ravenclaw. -No voy a asesinar a nadie. Vamos. Estoy seguro de que Kimberly muere por jugar a una pelea de bolas de nieve en los jardines, o algo por el estilo.
Lily sintió cómo su frecuencia cardíaca aumentaba con violencia. No podía creer que hubiera sido tan estúpida como para decir aquello frente a su profesor. ¿Cómo había pasado aquello? Sintió cómo sus amigas asentían con la cabeza y tragó con fuerza, dando un paso hacia delante, enfrentándose al profesor.
-Bien. Lily, ven conmigo. Vamos a mi despacho un momento.
La pelirroja asintió, mientras Michael daba media vuelta y volvía a entrar al aula. Posó sus ojos verdes en sus amigas quienes le sonrieron débilmente, y casi sintió cómo perdía la estabilidad en sus piernas.
-¿Le...decimos a James que piensas que tiene un buen cuerpo? -se aventuró Kim, pero Emily la golpeó en el brazo y Chloe la fulminó con la mirada.
-Kim, no es gracioso. Pero si Lily no regresa quizás podríamos decirle a Remus que tiene un cuerpo genial.
-¡Qué buena idea, Clo-Clo! ¡O quizás podríamos decirle a Bernie en nombre de Lily que tiene un trasero increíble!
Chloe abrió su boca, incrédula antes de fruncir los labios enfadada y golpear a Kim en el hombro.
-¡Kimberly!
-¡Chloe!
-Chicas, no necesito esto ahora -les susurró Lily con reproche, tomándose la cabeza con ambas manos.
-¡Por Merlín! -Michael asomó la cabeza, mirándolas incrédulo. -No creí que las mujeres fueran peores que los hombres. ¿Ustedes de verdad pasan su tiempo hablando de los traseros de los chicos? Creo que voy a tener que cuidarme cuando me dé la vuelta. Ahora, Lily.
Chasqueó sus dedos, indicándole que debía pasar y la pelirroja hizo un puchero pateando suavemente el suelo antes de avanzar hacia el aula. Vio cómo Michael caminaba hacia el fondo y subía las escaleras que llevaban a su despacho. La joven inspiró profundamente, armándose de valor. Debía asumir la responsabilidad por sus actos. Le había faltado el respeto a un profesor, y ahora debía lidiar con las consecuencias. Sintió un escalofrío al pensar en cuál podría ser el castigo que Michael le infligiría.
Subió lentamente las escaleras, oyendo el crujido de cada escalón de madera por su peso, y entró al oscuro despacho, cerrando la puerta detrás de sí. Michael sacó su varita del bolsillo interno de su túnica y la agitó suavemente para quitar la escarcha que tapaba algunas ventanas, devolviéndole así luz al despacho. Lily se sentó en una de las sillas frente al escritorio del profesor, observando a su alrededor. No pudo evitar alzar sus cejas con incredulidad al ver detrás de la puerta un póster de los Tutshill Tornados.
-Asumiré por tu expresión que no eres una gran fan del Quidditch.
-Para nada.
-A partir de aquí asumiré que la victoria del equipo de Gryffindor contra Slytherin este sábado no te importó mucho.
-Tienes toda la razón.
La pelirroja asintió, mirando con disimulo las paredes del despacho. Había muchísimas estanterías, llenas de libros de todo tipo de magia pero también de muchísimos discos de música, algunos de ellos muggles, por lo que Lily pudo ver. En el otro extremo, había dos tocadiscos, uno de ellos muy pequeño y muggle.
-Debo admitir que fue divertido cuando luego de su octavo tanto, James se abrió la túnica para mostrar esa camiseta.
-Pues a mí no me pareció muy divertido el "Déjame encestar contigo, Evans".
-Al menos es original.
Lily puso los ojos en blanco, resoplando. Michael alzó las cejas, mirándola fijamente como si intentara adivinar lo que pensaba la Gryffindor en aquel momento.
-Voy a ir al grano, Lily. Ya han pasado casi tres meses desde que comenzaron las clases, y... Obviamente no te gusto para nada como profesor. Son cosas que suceden, si yo solía ser el principal opositor de la mitad de los profesores cuando tenía tu edad... Pero quiero explicarte un par de cosas. Bromeo, porque eso llama la atención de la mayoría de los alumnos. Podría dar una clase estricta sin ninguna pausa donde se trabaje la hora entera sin parar, como las de la profesora McGonagall... pero tú y yo sabemos que nadie me oiría por más de diez minutos, a excepción de unos pocos. Entonces mi objetivo es lograr ser escuchado. Que tú tengas el nivel de madurez de una persona adulta no quiere decir que el resto de tus compañeros sea así. Con respecto a las notas, yo los corrijo con la misma exigencia con las que los corregirán en los EXTASIS. Es para comenzar a prepararlos desde ahora a lo que verán el año próximo. Para que sepan a qué nivel serán evaluados. Y claro, el que se esfuerce en mejorar llegará al EXTASIS mucho más preparado que al que no le importó. Y con respecto a las tareas... estás en el colegio, Lily. Ya dije que mis clases serán principalmente prácticas y que la teoría la trabajarán por su cuenta. Te recuerdo que el EXTASIS cuenta con una parte teórica y no son puras preguntas como los TIMO's. Deberán desarrollar extensamente principios de ciertas técnicas de defensa, por ejemplo. O pueden pedirte que escribas en cuarenta minutos un ensayo sobre ciertas características de criaturas, o de maldiciones, objetos peligrosos... ¿Quién sabe? Usa tu imaginación. Y en el examen, no tendrás libros para orientarte. No voy a disculparme por mis métodos de enseñanza. Porque por más que hayas obtenido un Insuficiente, podemos mantener una charla sobre las maldiciones imperdonables y tú sabrías qué decir perfectamente.
-Pues... -Lily inspiró con dificultad, sin atreverse a alzar la mirada, sintiendo sus manos temblar. -Creo que yo te debo una disculpa, Michael...
-Disculpas aceptadas, Lily. No tienes que tener tanto miedo. Debajo de las escamas, los profesores somos seres humanos. Igual que tú. Y todos podemos cometer errores. Está bien.
-Ya lo sé.
Lily suspiró, sintiendo la penetrante mirada del hombre sobre ella.
-¿Puedo hacerte una pregunta personal, Lily? -la pelirroja se atrevió a mirarlo fijamente y asintió una sola vez con la cabeza. -¿Cuál es tu boggart?
-¿Mi...boggart, Michael? Pues... no... No lo sé. Nunca me enfrenté a uno.
El profesor alzó sus cejas, incrédulo, sin apartar sus brillantes ojos azules de la joven.
-¿Cómo que nunca te enfrentaste a uno?
-Pues... no lo hice. Vemos las criaturas oscuras en tercer año, ¿cierto? Y nuestra profesora de tercero, la señora Russet simplemente no...
-¿De verdad nunca los hizo enfrentar un boggart? Genial. Ya sé cómo hacer para que vuelvas a insultar mis métodos de enseñanza. Será una clase divertida...
Lily alzó sus cejas, sonriendo débilmente mientras se enderezaba para incorporarse.
-Bueno, Michael... Yo debo irme.
-Dado que no ha habido muy buenos rumores en Hogwarts desde que se decía que Lara Bloom tenía tentáculos en el útero... Podrías correr la voz entre los alumnos de sexto año y decir que para el martes a todos les conviene leer el capítulo cinco del libro. Quizás haya una pequeña evaluación sorpresa. O no. ¿Quién sabe?
Lily asintió, sonriendo débilmente y acomodando la silla tras ponerse de pie. Al darse media vuelta, no pudo evitar ver sobre una de las estanterías una fotografía de una mujer joven muy hermosa, de largo cabello oscuro que miraba fijamente hacia donde Michael estaba sentado, apoyándose contra el marco de la fotografía. El profesor, quien había comenzado a hojear un libro, alzó la mirada al ver a la joven de pie mirando la fotografía con curiosidad. ¿Quién era ella? ¿Michael tenía novia? No parecía la clase de tipo que se enseriaba, y menos a larga distancia.
-¿Pasa algo, Lily?
-¿Qué? Oh, no. Yo... Sólo mirab... N-Nada.
La pelirroja sacudió suavemente su cabeza, avanzando hacia la puerta y abriéndola, antes de salir del despacho y bajar las escaleras.
Chloe tenía sus ojos fijos en la hoja blanca que dibujaba, sentada junto a Kim quien escribía lentamente una carta para sus padres. Emily había ido a buscar a Madame Pince para que ésta la ayudara a buscar un libro para su tarea de Pociones. La biblioteca estaba casi vacía, y Chloe aprovechó aquel momento para decirle a su amiga lo que tenia en la cabeza desde la noche anterior.
-Kim... -susurró, alzando la mirada de su dibujo. -Anoche...entré a mi habitación. Y vi a Lara Bloom buscando algo en mi baúl. Y le pregunté qué necesitaba se quedó un segundo en silencio y luego me enfrentó... y me dijo... que sabe que yo le conté todo a Sirius. Y que un simple rumor no bastaría para que se las pagara. Básicamente, que la venganza sería terrible y que me esperara lo peor. Pero no sé si asustarme o no. Es decir... Pasaron casi dos meses desde que sucedió lo del rumor. ¿No es un poco tarde? ¿Por qué tardaría tanto?
-Quizás ese es el tiempo que tardó en pensar alguna venganza original...
Chloe se rió, negando con la cabeza.
-Quizás... A lo mejor quería esperar el tiempo suficiente para que todos se olvidaran de todo. Dudo que comience un rumor, pero... Me está matando la intriga. No quiero arriesgarme a despertar un día sin cabello o con el rostro lleno de tentáculos.
-Um... En tu lugar me iría a dormir a la sala común...
-No es tan mala idea, a decir verdad.
Kim sonrió mientras Emily volvía con un enorme libro de Pociones en sus manos. La joven se sentó, comenzando a pasar las páginas del libro, buscando el capítulo que necesitaba sobre antídotos. En aquel momento, Lily entró a la biblioteca y dejó su mochila junto a sus amigas, suspirando.
-Veo que sigues viva... -Chloe sonrió débilmente.
-No por mucho tiempo. Quizás haya examen sorpresa el martes -resopló. -¿Alguna tiene el libro de Defensa? Quiero comenzar a estudiar.
Al ver cómo sus amigas negaban con la cabeza, la pelirroja se puso de pie y comenzó a caminar por el pasillo de la biblioteca, buscando la sección de Defensa Contra las Artes Oscuras. Apoyó sus delgadas manos contra el borde de una de las estanterías, mirando con atención los títulos de todos los libros, buscando algún ejemplar de Enfrentarse a lo indefinible, tamborileando sus manos contra la madera. Tras buscar unos instantes, vio un libro cuyo titulo estaba cubierto por una fina capa de polvo y lo tomó entre sus manos, sacándolo de allí. Al quitarlo, la joven se sobresaltó al ver del otro lado de la estantería unos ojos chocolate que la miraban fijamente.
-¡Ay! ¡Potter!
Lily guardó el libro, llevándose una mano al pecho. Sólo un segundo más tarde, James asomó su cabeza y se acercó a ella, sonriéndose y despeinándose el alborotado cabello. La joven lo fulminó con su mirada, cruzándose de brazos sobre el pecho y apoyándose contra la biblioteca de madera.
-Disculpa, Evans... Perdí mi ejemplar de Diez formas de llegar al corazón de una pelirroja. ¿Me quieres ayudar a encontrarlo?
Lily posó sus grandes ojos verdes sobre él, mirándolo fijamente sin rastros de diversión en su rostro.
-Creo que estás un poco perdido, Potter. La biblioteca es para gente culta, con cierta inteligencia. Gente que sabe leer.
-¡Auch! Qué agresiva estás hoy, Evans. ¿Ya te dije que te hace ver muy atractiva?
-¿Qué rayos estás haciendo en la biblioteca, Potter? Está un poco fuera de tu territorio.
-Pues... -James pasó su índice por uno de los libros, mirando el polvo que había quedado sobre su piel sin darle mucha importancia, encogiéndose de hombros. -Oí que había una vacante en tu corazón. Quería audicionar para el puesto.
-¿Me viste cara de aro de Quidditch, Potter?
-Nunca me respondiste cuando te pregunté si querías encestar conmigo.
-Eres un degenerado, Potter. No puedo creer que lo insinúes siquiera. La última cosa que obtendrás de mí es sexo.
-¿Quién dijo algo de sexo, Evans? Por favor. Qué degenerada eres.
James no pudo evitar sonreír burlonamente, mientras Lily entrecerraba sus ojos, taladrándolo con la mirada.
-Eres tan...
-¿Encantador? ¿Seductor? ¿Irresistible?
El joven posó sobre ella sus brillantes ojos color chocolate, acercándose lentamente sin poder contener una pícara sonrisa. La pelirroja negó con la cabeza, frunciendo los labios y dando media vuelta, dispuesta a alejarse del cazador quien ahogó una risa y la siguió.
-Tú avísame cuando acierte. ¿Interesante? ¿Cautivante? ¿Adorable? ¿Delicioso?
-Desagradable -interrumpió la pelirroja, sin dejar de caminar.
-Me interrumpiste en delicioso. ¿Esa palabra usas para describirme?
-No, su antónimo.
James no pudo evitar ampliar su sonrisa, corriendo unos pocos metros para colocarse frente a Lily, bloqueándole el paso. La prefecta tomó su cabeza con ambas manos, armándose de paciencia.
-No eres tan mala como intentas aparentar, Evans. ¿Lo sabías?
-Y tú no eres tan genial como intentas aparentar, Potter. ¿Lo sabías?
Lily lo fulminó nuevamente con la mirada y tras verlo por el rabillo del ojo, estiró su brazo para tomar un libro de una estantería y se lo tendió a James sin ninguna suavidad, golpeándolo en el pecho con él y girándose, volviendo con sus amigas. James alzó las cejas y se sonrió, viendo en sus manos un ejemplar de Doce Maneras Infalibles de Encantar a las Brujas.
-¿No es un poco tarde para hacer tarea?
Dalia se sentó a los pies de Chloe en la casi vacía sala común de Ravenclaw, mientras ataba sus rizos negros en una coleta. Chloe le sonrió débilmente, dejando la pluma sobre la mesa de madera y guardando el pergamino entre las hojas de su libro de Herbología, frotándose los ojos por el cansancio y por el esfuerzo de trabajar con poca luz.
-Espera a llegar a sexto. Ya verás que nunca es tarde para hacer tarea -la joven resopló, pasando una mano por su corto cabello rubio y cerrando sus ojos, recostándose sobre el respaldo de la silla.
-Te ves cansada. ¿Por qué no subes a acostarte?
-Um... No, no me apetece mucho ir a mi habitación.
Dalia alzó sus cejas, cruzándose de piernas sobre el suelo y apoyando su espalda contra la mesa en la cual Chloe había estado trabajando.
-¿Has hablado con mi hermano últimamente?
Chloe suspiró, tomándose la cabeza con ambas manos y apoyando sus codos sobre la mesa. Aquel tema la ponía tan incómoda, sobretodo si debía hablarlo con Dalia.
-No te preocupes. Ya sabes que no le diré nada -la tranquilizó la morocha, sonriéndole débilmente.
-Aún no puedo creer que tú lo sepas. Eres su hermana.
Dalia sonrió, encogiéndose de hombros y abrazando sus rodillas con sus brazos mientras Chloe se mordía la lengua para no hablar más. Aún no podía olvidar la noche de Halloween, casi un mes atrás, cuando Dalia Lewis se había acercado a ella durante el banquete y le había preguntado si ella estaba detrás de su hermano. La pregunta la había sorprendido tanto que no había sido capaz de reaccionar correctamente, y su rostro sonrojado y su enorme titubeo sólo le habían confirmado a la joven Ravenclaw la verdad.
-Jamás me creí capaz de preguntártelo de aquel modo tan brusco -murmuró Dalia, como si supiera lo que pasaba por la mente de Chloe en aquel momento. -Pero... Supuse que si te lo preguntaba directamente, sin rodeos...sabría la verdad.
-¿Y qué hay de ti? -le preguntó Chloe, sin poder evitar sentirse inmensamente incómoda al abordar el tema de Bernard. -¿A ti te gusta alguien?
Dalia se mordió el labio inferior, nerviosa, y miró a todos lados asegurándose de que nadie estuviera cerca de ellas. La joven se incorporó lentamente, arrodillándose sobre la mullida alfombra frente a la chimenea y apoyó sus brazos sobre la mesa, acercando su rostro a Chloe, haciéndole ver cuánto la joven necesitaba hablar de aquello con alguien.
-¿Me juras que no se lo dices a nadie? ¡A nadie!
Chloe la miró fijamente clavando sus claros ojos castaños sobre Dalia, y asintiendo varias veces con la cabeza.
-Si, no se lo diré a nadie.
-Vale... ¡Merlín! -susurró Dalia, tomando su cabeza entre sus manos. -Si mi hermano se entera... Me gusta su...mejor amigo.
-¿Edward B...?
-¡Shh! -Dalia miró a los costados, nerviosa. -¡Si, él!
La rubia abrió sus labios para responder pero oyó su nombre y se giró para ver a Alice bajando las escaleras.
-¿Si, Alice? ¿Qué sucede?
-Lamento interrumpir. ¿Sigues decidida a dormir aquí? -Chloe asintió una sola vez mientras Dalia alzaba sus cejas, sorprendida. -Bueno, te traje las cartas de tus padres y algunas cosas... íntimas más. Cuando salí de la ducha Lara seguía husmeando en tu baúl. Quién sabe lo que una mente rubia retorcida puede hacer con toda la privacidad que guardas aquí -murmuró, alzando las cosas que tenía en su mano.
-¿Lara Bloom? ¿Qué pasa con ella?
Dalia la miró fijamente, pero Chloe negó con la cabeza, observando la ahora vacía sala común. Casi todos habían subido a sus habitaciones, y sólo el fuego en la chimenea alumbraba la oscura sala, ya que todas las velas se habían consumido.
-Es una historia muy larga.
-Oh... Vale. Me voy a la cama. Nos vemos mañana, Clo.
Alice observó a la joven ponerse de pie y dejó las cosas de Chloe sobre la mesa.
-¿Segura de esto?
-Por un par de días...si.
Alice asintió, sin mostrarse de acuerdo con la decisión de Chloe quien le sonrió débilmente para infundirle ánimos mientras la observaba alejarse dirigirse a las escaleras. La joven esperó a oír el ruido de la puerta cerrándose y se puso de pie, sacando su varita y haciendo aparecer una manta. Se recostó suavemente sobre un sillón y se cubrió con la manta, suspirando. No podía creer que estuviera haciendo aquello, que estuviera siguiendo el consejo que en broma Kim le había dado. Aquello era una locura. Pero sabía que cuanto más tiempo pasara lejos de Lara Bloom, mejor. Aferró la manta contra su cuerpo, girándose para mirar el techo de la sala y tras contemplar las estrellas pintadas allí por unos instantes, suspiró tristemente y cerró los ojos.
Chloe se sumió en sus propios pensamientos, fracasando en lograr relajarse de algún modo u otro, y apenas prestó atención al oír el sonido de pasos acercándose hacia donde ella se encontraba recostada.
-¡Ay!
La joven Ravenclaw se sobresaltó y gritó asustada al sentir súbitamente cómo algo pesado caía sobre ella. Oyó un golpe seco y se incorporó, buscando su varita, extendiéndola hacia delante iluminando la casi a oscuras sala.
-¿Chloe?
-¡B-Bernard!
La incredulidad y la sorpresa invadieron el rostro de la joven al verlo, iluminado por la luz de su varita en el suelo, frotándose las manos y poniéndose de pie lentamente, con una mueca de dolor en su rostro.
-Por Merlín. Me senté encima tuyo, lo siento... Pero Chloe, ¿qué demonios estás haciendo ahí? -alzó sus cejas, mirándola con incredulidad. -¿Estás durmiendo aquí?
-Es...muy... ¿Cuál es la palabra?
-¿Complicado de explicar ahora? -se aventuró Bernie, sentándose a su lado. Chloe dudó un instante, y luego asintió con timidez. -Intentaré no tomármelo personal, Scarf.
-¿Personal?
Chloe alzó sus cejas, mirándolo fijamente.
-Era una broma, Chloe. Que...obviamente me salió mal. Era una forma de hacerme la víctima porque no me lo querías contar...aunque debería dejarle a James Potter esas cosas.
-Si, James Potter es el mejor en eso.
Bernard rió, mirando a través de una de las grandes ventanas de la sala común, pensativo.
-Merlín... Estas rondas de Premio Anual me ocupan tanto tiempo. Aún tengo que presentar para dentro de dos semanas un ensayo para mi clase de Estudios Muggles sobre la literatura de vampiros muggle. Yo que no sé mucho de literatura...
-No te preocupes. Hay una sección enorme en la biblioteca de literatura muggle. Allí hay cientos de novelas sobre vampirismo. Conozco varias, de diferentes períodos. Si quieres, puedo ayudar...te.
Aquellas palabras brotaron rápidamente, sin siquiera haber pensado en lo que estaba diciendo. Al darse cuenta, cerró rápidamente los labios y corrió la mirada, fingiendo indiferencia. El joven la miró fijamente y sonrió.
-¿De verdad? Wow, genial. Gracias, Chloe. ¿Quieres...que nos encontremos después de clases mañana en la biblioteca?
-¡Si, claro! -la joven agradeció que estuviera a oscuras y que el Ravenclaw no pudiera ver cómo se sonrojaba. -¡La biblioteca! ¡Mañana!
-Genial... Nos vemos mañana. ¿Buenas noches, supongo?
Chloe sonrió, asintiendo y observándolo alejarse y no pudo evitar saltar sobre el sillón al oír la puerta de la habitación de los chicos cerrarse.
-¿Así que tienes una cita con Bernie?
Kim sonrió ampliamente, saliendo de la clase de transformaciones casi dando pequeños saltos mientras Chloe miraba a todos lados, asegurándose de que nadie oyera a su amiga.
-Uno, no es una cita. Voy a ayudarlo con un ensayo. Dos, tengo Pociones. No puedo hablar de esto ahora. Tres...
-¡Ja! No tienes ningún tre...¡Au! ¿Por qué me golpeaste? -la castaña se frotó la cabeza mientras Chloe caminaba hacia las escaleras. -A ver, Clo-Clo... Chico. Chica. Solos. ¡Cita!
-¡Que-no-es-una-cita! -murmuró Chloe, mirándola con sus ojos entrecerrados.
-¿Tienes una cita? -James se acercó por detrás, rodeándole los hombros con un brazo y mirándola con curiosidad. -¿Con quién?
Chloe miró con odio a Kim, entrecerrando sus ojos.
-No tengo una cita, James. ¿Qué necesitas? -preguntó Chloe, inspirando profundamente para armarse de paciencia.
-Espera... ¿Soy yo o Sirius y tú no estaban en la clase?
Kim miró hacia atrás, sin ver al pelinegro y alzó sus cejas, sorprendida. Era verdad. Al pensarlo, se dio cuenta de que Remus y Peter habían ido a la clase pero que Sirius y James jamás habían llegado. ¿Habían hecho novillos de nuevo?
-Ah, sí. Se retrasó. Como sea. Chloe Scarf...yo, James Potter...
-¿Dónde está Black, James?
-¡Chloe, o me escuchas o arrojo mi buena acción del día al lago!
-¿Tú tienes buenas acciones del día? Sí que estás de buen humor hoy...
Chloe miró a Kim con incredulidad quien se encogió de hombros, murmurándole que no le prestara atención.
-Cállense, mujeres. ¿Qué no pueden parar de hablar por un segundo? Vale, me ahorro la maravillosa presentación que había pensado. Tú te la pierdes.
Sacó de su mochila un pequeño cuaderno azul que le tendió con ciudado.
-¿Qué es esto? -la joven Ravenclaw vio un pequeño cerrojo y comenzó a tocarlo, intentando abrirlo. -Parece un diario...
-No lo abras -James se agitó el cabello con despreocupación, mirando alrededor suyo con mucho disimulo mientras bajaban las escaleras dirigiéndose hacia las mazmorras. -Es algo que te conseguí para...tu problema de privacidad. Oí que te estaban impidiendo aquello.
-¡Kim!
-¡Yo se lo dije a Remus! ¡No a James!
-¡Y justament...!
-Chloe -James chasqueó los dedos frente a la joven, llamando su atención. -Deja de ser tan mandona un segundo. ¿Quieres? Escúchame. No abras esto. Déjalo...abajo de tu almohada, o debajo de tu colchón. Escóndelo, pero que se note que intentas esconderlo. Y déjalo hacer su magia. Confía en mí.
La rubia lo miró fijamente por un instante, procesando sus palabras.
-¿Esta cosa va a mandarme a Azkaban?
James se rió, negando con la cabeza.
-Es sólo un chasco de Zonko -James volvió a revolverse el cabello, sin perder su amplia sonrisa. -Te encantará. Es un prototipo.
-¿Un prototipo? -Kim alzó sus cejas. -¿Lo robaron?
-No, tonta. Soy amigo de los dueños de Zonko. Siempre nos dan muestras antes de que las cosas salgan al mercado. Esta belleza sale en marzo.
-¿Vas a explicarme qué hace esta belleza, James?
-Chloe. Por una vez en tu vida...confía en mí. No te vas a arrepentir.
Chloe lo guardó en su mochila, aún sin estar segura de lo que estaba haciendo mientras Kim observaba a Remus unos metros por delante de ellos, explicándole algo del libro de Transformaciones a Peter. La joven aferró su mochila y se adelantó, acercándose a ellos.
-Oye, rubio hueco -la castaña lo tomó suavemente por el brazo, mirándolo fijamente y bajando la voz. -Anoche salieron... ¿No? ¿A Hogsmeade, para comprar el diario en Zonko y...?
Remus miró a su alrededor y asintió una vez con la cabeza, mirándola con precaución.
-Sirius y James...no vinieron a Transformaciones porque se fueron con alguna chica, ¿no? Anoche. No regresaron al castillo... Bueno, salvo James quien aparentemente regresó hace cinco minutos... ¿Pero salieron?
-Si, fuimos a comprar el diario y luego a las Tres Escobas.
-¿Viste la rubia con la que se fue James, Lunático? -Peter suspiró, negando con la cabeza.
-Si, Peter -murmuró el rubio sin prestarle demasiada importancia. -¿Qué pasa, Kim?
-¿Tú...? ¿Tú volviste directo a Hogwarts? ¿O...te fuiste con alguien y volviste más temprano?
Remus alzó las cejas, mirándola fijamente por un instante mientras la castaña esperaba la respuesta con ansías, sintiendo cómo sus manos comenzaban a temblar.
Dime que no. Dime que no. Dime que no...
-No, yo... Volví directo a Hogwarts. Peter me pidió que volviera con él.
Peter sintió como alguien le palmeaba la espalda y el rostro de James apareció a su lado.
-Colagusano, vas a tener que aprender a independizarte un poco, hombre. Pobre Lunático, le cagaste la noche. Esa tipa estaba... -el Gryffindor resopló, intentando encontrar la palabra correcta. -Increíble. No era mejor que la mía, claro está. ¿Pero al menos besaba bien?
-Ya cállate, Cornamenta -resopló Remus, negando con la cabeza y guardando su libro en su mochila mientras bajaba las escaleras que guiaban a las mazmorras.
Kim suspiró, apoyándose en el muro mientras James lo seguía y llevándose una mano a la cabeza.
¿Por qué tienes que ser tan estúpida, Kimberly?
