Muchas gracias a todos los que leen, dobles a los que dejan comentarios.

Espero les agrade este capítulo.

GreenEyesSpn: Muchas gracias por tu comentario. xD el sicólogo Gabriel se encargó de terapiar a Sam después del incidente en su primaria, así que no recuerda del todo a Dean y Sammy, cree que es algo que tal vez no pudo pasar. xD lo que Dean estudia es sorpresa jajajajaja

pauu cullenn: Muchas gracias por tu comentario, fue muy agradable leerlo. xD Castiel está trabajando de encubierto, porque tiende a decir de manera clara las cosas, bueno en ocasiones no jajajajajaja.

Clases y reuniones

Los tres jóvenes salen de los dormitorios, se dirigen a donde está un hermoso auto negro aparcado, La Impala espera pacientemente a su amor. Dean pasa con devoción su mano a lo largo de la carrocería hasta llegar a la manija de la puerta, le pregunta:

— ¿Me extrañaste Bebé? — Luciel le dice:

— Consíganse una habitación en un hotel. — Carcajea a pesar de la mirada fija de su hermano. Le dice en tono confidencial a Sam. — Dean ama a su auto, es su esposa. Si quieres ganarte su favor dí algo lindo sobre su auto, si quieres que te patee el trasero hazle algo a su auto. — Dean dice al cerrar la puerta:

— Deja de quejarte como una Barbie. —

Luciel le muestra la lengua a su hermano antes de sentarse en el asiento del copiloto, cierra la puerta. Los hermanos esperan a Sam, quien se ha quedado mirando el auto, es igual al de su padre, porque su hermano no quiso ese auto, a Dean no le gustaba ningún auto realmente, él tampoco lo aceptó porque consumía gasolina como un alcohólico alcohol, así que seguía siendo de John. Sin embargo, este auto era igual pero diferente, parece emanar una presencia, es como si estuviera vivo de alguna manera, es como el auto del hermano con el que caza monstruos en sus sueños. La Impala que adora, la misma que le arrulla y consuela, un hogar disfuncional con ruedas.

Luciel le dice a su hermano:

— Parece que le gusta La Impala. — Dean dice con orgullo:

— Mi Bebé es hermosa. — Los hermanos comparten una carcajada, antes de que Dean toque el claxon y reclame a Sam. — Vamos chico, tenemos una banda que salvar. —

Luciel vuelve a carcajear, recordar a esos locos le hace querer morir de la risa, se corrige, podría morir de la risa con recordarlo. Sam sale de su estupor, mira nervioso y abochornado a Dean, no quiso molestarlo, abre la puerta en silencio, toma lugar en los asientos de piel algo desgastados. Dean hace que el motor ruja con vida antes de iniciar el viaje.

Sam siente algo en su pecho y corazón por el sonido, es tan familiar, reconfortante, quiere acariciar los asientos con sus manos, como si se tratara de reencontrar las paredes de su casa, como si volviera a su hogar. Sin embargo cruza sus dedos sobre su regazo, no recarga su espalda sobre el respaldo, mira al frente tenso, confundido.

Dean mira a Sam por el espejo retrovisor, le dice con una sonrisa:

— Vamos hombre, no necesitar estar como un robot, relájate un poco. — Luciel se recarga sobre el asiento, mira a Sam al asegurarle:

— Mientras estés con nosotros estarás seguro. — Dean corrobora:

— Te protegeré mientras nos acompañes. — Luciel dice con una sonrisa:

— Claro, porque si estamos en China o en otro estado no podremos hacerlo. — Dean dice:

— Gracias capitán obvio. — Sam sin poderlo evitar ríe, entonces pregunta:

— ¿Fuimos a la misma escuela? — Luciel dice:

— Una vez. — Sam espera algo más. — Dean y tú iban en el mismo salón. — Dean dice:

— No creo que importe, nos quedamos ahí menos de una semana. — Luciel asiente al decir:

— Muchos eventos fortuitos. Terminamos mudándonos. — Dean insiste:

— No nos quedamos tanto como para hacer una diferencia en la vida de nadie, no seas tan dramático Sammy. — Luciel suspira al responder:

— No se necesitan años para tocar la vida de una persona.

— No tengo ganas de discusiones filosóficas. —

Luciel se sienta, cruza los brazos al mirar por la ventana, el silencio incómodo se acomoda en el interior del auto. Dean prende el radio, la música de Kansas inunda auto, tamborilea el volante, voltea a ver a Luciel quien le sonríe.

Sam observa, quiere comprender lo que pasa, está algo confundido, no recuerda mucho de los hermanos Weeson, puede ser por lo que dijo Dean, unos días son fáciles de olvidad. Además Gabriel ayudó mucho en ello.

Unos minutos después La Impala se aparca en el estacionamiento del lugar de la tocada, se trata de una guerra de bandas o algo así, hay muchos autos, se escucha la música, el viento sopla fresco, las estrellas titilantes iluminan el cielo sin luna, hay personas sentadas sobre sus autos disfrutando de la música. Es una noche agradable y tranquila.

Sam sigue a los hermanos, quienes avanzan con premura entre los vehículos inmóviles, se acercan a una puerta secundaría, un hombre alto, fornido, pelón pero con barba tupida mira a los hermanos, deja de lado su cara sería y ceñuda para abrazar con fuerza a Luciel al decirle con singular alegría:

— ¡Están más grandes muchachos!, ¿cómo está su viejo? — Luciel pide.

— Aire… aire… —

El hombre suelta a Luciel, el chico se recarga en el marco de la puerta al tomar aire. Dean sonríe divertido al decir:

— Está trabajando, tal vez lo van a transferir aquí en unos días.

— Eso sería genial amigos. Dean, ¿estás en la universidad? — Luciel dice con orgullo:

— Le dieron beca al idiota de mi hermano. — El hombre pregunta:

— ¿Qué estás estudiando? —

Dean abre la boca pero alguien sale, un joven dos o tres años mayor, viste pantalones de cuero con estoperoles, una playera negra con un estampado de corazón roto, su cabello es largo de la parte derecha y de la izquierda es un poco más corto, tiene los ojos delineados y un piercing en el labio, dice con alegría:

— Dean, Sammy, me alegra que vinieran, tenemos pocos minutos y ustedes necesitan cambiarse. — Dean asiente, pone su mano en el hombro de Sam al presentarlo:

— Sam él es Bob. — Se refiere al guardián de la puerta. — Bob Sam. — El hombre le tiende la mano. — Sam él es Rathrasher, pero todos le dicen Thras. — El músico le da un fuerte apretón de manos a Sam. — Thras Sam. — Thras apresura:

— Vamos chicos, tenemos que tocar. —

Los hermanos Weeson asienten, los chicos entran, se escucha la furia de la música del grupo que está sobre el escenario. Camina entre los músicos que llevan sus instrumentos, hacen arreglos finales, se felicitan, etc. Sam mira a su alrededor, jamás había ido a un concierto de Rock, además está tras del escenario, le parece emocionante. Thras cuestiona:

— ¿Qué pasa con su amigo?, ¿va a tocar también? — Dean niega, mientras Luciel dice:

— Es un invitado. — Dean cuestiona:

— ¿Qué se les ocurrió esta ocasión? — Thras dice con entusiasmo:

— Se trata de vampiros atacando a la banda mientras tocamos. — Dean cuestiona:

— ¿Ru y Joel iban ha ser los cazadores?

— Sí, pero aceptémoslo, nadie lo hace también como ustedes. — Luciel advierte:

— Halagarnos no servirá de nada. — Thras responde:

— Lo digo en serio. Ru y Joel se metieron a clases de artes marciales, pero dan risa. No sé cómo ustedes lo hacen tan bien. — Dean y Luciel dicen al unísono:

— Es el negocio familiar. —

Llegan a un lugar donde hay varios espejos, sillas y los músicos se retocan antes de salir al escenario. Thras le da una palmada en la espalda a Sam. Sam voltea a ver al músico que es como quince centímetro más bajo. Thras mira hacia arriba, le sonríe a Sam al decir:

— Te presentaré con la banda. —

Sam asiente, caminan hacia el otro extremo, en una esquina están una muchacha rubia, de hermosos ojos azules, su cabellera dorada es lisa, sostiene en sus manos una guitarra eléctrica, viste botas vaqueras, una falda corta de piel, una camisa a cuadros, un chaleco que parece ser de piel de vaca y un sombrero tejano; junto a ella está un joven de la altura de Sam, pero más delgado y escuálido, de piel bronceada, lleva pantalones cortos con estampados flores, chanclas, una playera verde fosforescente, un collar de caracoles y lo que parece un ukelele entre sus manos. Los dos miran a los recién llegados, Thras hace las presentaciones:

— Sam, ella es Liz. — Liz responde con acento Tejano:

— Hola muchacho. — Thras señala al otro joven:

— Kai él es Sam. —

Kai extiende su puño, para que Sam lo choque. El chico corresponde el gesto, ambos intercambian una sonrisa. Thras comenta:

— Puedes ver que todos somos diferentes. — Liz aclara:

— No usamos el mismo concepto de ropa. — Thras apoya:

— Eso. Nuestro grupo musical se llama Hunters. Liz vivía en Texas, la familia de Kai viene de Hawai, yo soy originario de la gran manzana, Joel y Ru son de Oregón. — Liz comenta:

— Dean y Sammy vienen de todos lados. — Los tres ríen. Una mujer con audífonos y una carpeta se aproxima al informar:

— Tres minutos Hunters. — Thras le dice:

— Sue, ¿podrías llevar a nuestro amigo a la zona reservada? — Ella responde:

— Sólo si me consigues un autógrafo de Decano. — Los tres integrantes de la banda dicen:

— Sí. — Luego ríen.

Sue conduce a Sam a la zona preferente, la más cercana al escenario. Caminan entre las personas, ella con gritos hacen que se aparten. Finalmente llegan a la zona preferencial. Ella le advierte antes de dejarlo sólo:

— No le digas a NADIE que vienes con Hunters. —

Sue se aleja antes de que pueda preguntar. Sam mira a su alrededor, el lugar está separado del resto, fuera de la zona preferencial ve personas vistiendo informalmente, cantando, brincando, disfrutando. La mayoría de las personas que están en la zona preferencial visten de traje, demasiado elegante para un evento de esta envergadura, unas cuantas personas normales están en la otra orilla, así que se dirige hacia ellos. Uno de los chicos le pregunta:

— ¡Ey! ¿Vienes a ver a Hunters? — Sam no responde, cuando otro dice con entusiasmo:

— Dicen que Sammy y Decano van a tocar esta noche. — Una chica grita:

— ¡DECANO! — El anunciador habla:

— Gracias a todos por venir a esta GUERRA DE BANDAS. — Hay una exclamación general. — Ahora nuestro última banda participante. ¡HUNTERS! — Otra exclamación general.

Las luces iluminan todo el escenario, Thras toma el micrófono al decir:

— Gracias amigos. Joel y Ru no pudieron llegar. Sin embargo… en la batería tenemos a SAMMY. — Las luces se dirigen a la batería, donde Luciel esconde su rostro tras la capucha de una sudadera con bordados de flamas. — Nuestra hermosa vaquera Liz en la guitarra. — Liz levanta su mano al saludar. — ¡Kai con el bajo! — Hay aplausos y gritos como la ocasión anterior. — Esta noche nos acompaña en el teclado… ¡DECANO! — Más gritos. Dean está vestido con un esmoquin, sombrero de copa, lentes con armazón de engranes y una capa roja. — ¡A ROCKEAR! —

La banda comienza a tocar, Thras es el vocalista. Su voz es fuerte y potente, sus expresiones están llenas de valentía y rebeldía. Todos los instrumentos están perfectamente sincronizados con la voz. Los vampiros entran a la mitad de la canción, los integrantes del grupo se ven sorprendidos, pues entrarían al final, los ojos negros de los actores no pasan desapercibidos para los cazadores. Thras le dice al público al levantar su puño:

— ¡EXORCISEMOS AL DEMONIO! —

Luciel y Dean dejan sus instrumentos, comienzan a intercambiar golpes con los supuestos vampiros, mientras el resto de la banda y el público repiten el exorcismo. Una nube de humo emerge de entre el público, los atacantes de la banda muestran su descontento pero no son exorcizados.

Luciel le da una patada en la cara a uno de los supuestos vampiros, lo lanza unos metros al hacerlo caer de espaldas. La banda sigue tocando. Dean salta sobre si mismo, golpea en la nuca a uno y al tercero le da una patada en el estómago.

Una explosión de luces blancas cubre momentáneamente la visibilidad, Luciel y Dean toman la oportunidad, exorcizan a aquellas personas, las dejan inconcientes. Se dan la mano al regresar a sus lugares. La canción termina, hay una ovación general, el público pide otra. El anunciador dice:

— Lo siento banda, es hora del veredicto, pero Hunters hará unas presentaciones, ¿no es cierto Thras?

— Así es, los boletos están a la venta. — El presentador sigue:

— ¡Un fuerte aplauso para todas las bandas! —

La gente comienza a aplaudir, mientras Hunters abandona el escenario. Ya fuera Dean mira a sus amigos, sin importarle el ruido de fondo les pregunta:

— ¿Desde cuándo los han estado atacando? — Liz dice al quitarse la guitarra:

— No es para tanto Dean, todos somos cazadores, conocemos los riesgos del negocio.

— No. — Dean señala al escenario, donde ya han quitado a los tres actores. — Esa clase de posesión es complicada, no se arregla con un exorcismo. — Kai comenta:

— Solemos poner trampas.

— ¿Qué pasó ahora? — Thras responde:

— No tuvimos tiempo, pero como siempre tenemos agua bendita y nuestras armas cerca. — Dean abre la boca, pero Luciel interviene:

— Basta Dean. — Dean mira a su hermano. — No es lugar para discutir esto. — Escuchan al anunciador:

— El premio especial es para… HUNTERS —

Los chicos regresan al escenario, levantan un pequeño trofeo, las personas aplauden. Rato después todos comienzan a marcharse. Sam observa a los hombres trajeados, ellos salen de la zona preferencial se aproximan a algunas bandas.

Sue se aproxima a Sam, lo dirige de nuevo tras el escenario, lo aleja de las personas con traje. Lo dirige a la puerta trasera, ahí los esperan los chicos de Hunters, al ver a Sam, Dean le tiende la mano al decirle:

— Rápido. —

Dean toma la mano de Sam, entonces todos salen corriendo. Sam, Luciel y Dean suben al Impala, los otros chicos suben a un camión, salen a toda velocidad. Sam está por preguntar, cuando Luciel le dice al recargarse en el asiento para verlo:

— Los tipos trajeados son de las disqueras. Han estado tras nosotros por meses. — Sam pregunta:

— ¿No es lo que quieren los grupos musicales? — Dean responde sin dejar de ver el camino:

— Las personas normales. — Luciel le sonríe a su hermano, después regresa su vista a Sam al aclarar:

— Iniciamos ese grupo para sociabilizar, tener un escape de nuestras vidas siempre en movimiento por nuestros padres. No buscamos fama, sólo diversión. Si lo que nos distrae deja de ser eso para ser trabajo. — Dean informa:

— Vamos a dejarte en los dormitorios Sam. — Luciel pide a su hermano, aún recargado sobre el respaldo del asiento:

— Dean no te disgustes, no es culpa de los chicos.

— Lo sé, ¡maldición! — Luciel intenta calmarlo:

— Ellos son tan buenos como cualquiera. Saben y pueden cuidarse solos, además se cuidan la espalda. Confía en ellos. —

Dean asiente sin dejar de ver el camino, por el espejo retrovisor le da una mirada rápida a Sam. Nota esa expresión que solía poner cuando intentaba acomodar las piezas de un rompecabezas, un misterio con pocas pistas y el tiempo apremiando. Una sonrisa se desliza por sus labios para morir casi de inmediato.

La Impala se detiene en su primera parada, dejan a Sam, se despiden con una seña para reiniciar su viaje de inmediato. Castiel observa desde lejos a Sam, como Dean le ha pedido.

Sam sube las escalinatas, llega al dormitorio, se recuesta un momento antes de levantarse, toma su computadora portátil, escribe en el buscador: Hunters banda. Se lleva una gran sorpresa, cuando encuentra varias páginas de fans, además de una oficial hecha por un club de admiradores. Entra a la oficial.

El fondo es negro con símbolos blancos. Le sorprende que ya haya una reseña de la breve presentación de la noche. Lee con atención, lo que llama su atención es lo siguiente:

— Hunters se enfrentó a demonios esta noche. — Al final dice la nota. — Esperamos que Hunters finalmente acepte trabajar con alguna disquera, para que sean más conocidos. —

Mira a lo largo de la página, nota que los rostros de Dean y Luciel jamás salen completos, tampoco hay mucha información personal de los integrantes, todo va enfocado a sus presentaciones y las criaturas que han enfrentado en el escenario. Sigue buscando en las páginas, en todas es lo mismo, no hay mucha información personal de los integrantes, ni siquiera sus nombres completos.

Sam sigue buscando información, hasta que quedarse dormido sentado con la computadora en su regazo. Castiel aparece en la habitación, toma el aparato, lo coloca sobre el escritorio, después recuesta a Sam y desaparece. En ese momento, en otro lugar, la banda habla sobre cómo hacer frente a la nueva amenaza que se cierne sobre ellos. Dean dice al dirigirse a la puerta del camión:

— Vamos a encontrar a la cosa, ustedes deben ser más cuidadosos. —

Dean y Luciel salen, Liz corre, baja del camión, mira alrededor pero los chicos han desaparecido junto al Impala. El cabello de la rubia vuela por el viento, sigue creyendo que los hermanos Weeson no deberían cargar solos con esto.

La mañana siguiente Sam se levanta por el sonido del despertador, se alista para ir a clases, mientras sigue pensando en lo que leyó en las páginas. Va a su computadora, da un vistazo al historial para ver que ha sido borrado.

Sam se encamina a sus clases, es el primer día, día de presentaciones, hablar de cómo se evaluará, los planes de trabajo. Decide concentrarse en esto y alejar de su mente lo demás. El día es emocionante, lleno de gente nueva, materias, cosas por aprender, se siente muy feliz, pero esa sensación de vacío regresa cuando escucha a un par de chicas decir:

— Los Hunters estuvieron increíbles.

— Ya tengo boletos.

— ¿Te sobra uno?

— No. —

Las ve alejarse mientras siguen hablando. Sam se pregunta si tocar en esa banda es uno de los tres trabajos de Dean. Lo que sigue de la tarde es tranquilo, hasta que entra a la cafetería, se sienta en una esquina oscura a comer con calma. Su tranquilidad se ve interrumpida cuando alguien le habla y lo hace saltar:

— ¿Por qué te sientas aquí Sam Winchester?

— ¿Quién eres?, ¿por qué sabes mi nombre? — Castiel pide:

— Calma Sam, mi nombre es Castiel y solíamos ser amigos hace mucho tiempo.

— Creo que lo recordaría. — Castiel sigue mirando de manera impasible a Sam, dice:

— Lo siento Sam. — Castiel se levanta para marcharse, pero escucha la voz de Sam:

— Siéntate por favor.

— Es mejor que me marche. Adiós San Winchester. —

Castiel camina al alejarse de la mesa donde Sam está. El hueco en el corazón de Sam se hace más grande. Antes de que Castiel salga por las puertas, se encuentra a Dean, quien le sonríe al decirle:

— ¡Cas! — Ve la incertidumbre en los ojos de Castiel. — ¿Qué ocurre?

— Sam no me recuerda.

— Cas no te preocupes, yo siempre seré tu amigo. — Castiel asiente poco convencido. Un fuerte abrazo lo sorprende, voltea para encontrar a Gabriel brindándole apoyo, lo escucha decir:

— Es por su felicidad. Pero usted siempre nos tendrá a nosotros. — Dean asiente. — Vamos a tomar algo. — Dean comenta:

— ¿No es muy temprano? —

Gabriel y Dean ríen al salir de la cafetería, mientras Sam los observa marcharse, sintiéndose olvidado. Como un cachorro que es abandonado en medio de la nada, mientras ve el auto de su familia marcharse a toda velocidad. Una voz lo saca de sus pensamientos:

— Vamos hombre, no debes estar llorando. ¿No disfrutas de tu vida de ensueño? — Sam voltea a ver a quien le habla, se trata de Alex, lleva su casco, tampoco deja de notar el tono sarcástico y venenoso. — Vamos Sammy. No debes lamentarte por el pasado. — Extiende su brazo al hacer una seña teatral. — Sólo fijarse en el futuro. — Sam confiesa:

— Todo esto es tan confuso. — Alex se recarga en el respaldo, toma una posición más cómoda al decir:

— Así debe de ser.

— Necesito entender todo esto.

— Ese es el problema Sam, no pareces estar feliz con nada. Quisiste a Dean fuera de tu vida, él se hace a un lado y… ¡No!, ahora lo quieres de vuelta. Siempre pensaste que estaría ahí, para ti era una constante que jamás se iría, luego se fue y vino y caíste, te levantaste y blah, blah, blah…

— ¿Estás hablando conmigo? — Alex mira a los lados, antes de decir:

— Sólo estamos tú y yo en esta mesa.

— ¿Por qué me dices esto?

— Porque puedo, además soy un maldito rico bastardo. — Hay un silencio incomodo, el cual Alex rompe porque Sam sigue estudiándolo buscando encontrar respuestas. — En ocasiones soy áspero para hablar, disculpa. Vine a traerte lo que me pediste, le pedí a alguien que llevara la caja a tu habitación. — Desliza un libro sobre la mesa. — Sin embargo, todo lo que te concierne está en estos libros. — Sam lo toma, un libro, en cuya portada aparece como titulo "Supernatural". — Te prestaré la serie completa con dos condiciones. — Sam asiente. — Uno, no te acerques a los Hunters, si ellos vienen a ti pues decide, pero no lo hagas por tu cuenta. Aléjate de ellos, porque sus vidas interfieren con lo normal. — Sam no está convencido, pues necesita saber, pero asiente. — Lo segundo, es que por nada del universo le digas a Dean Weeson que yo te los presté, de preferencia que no te los vea.

— ¿Por qué? — Alex dice con premura:

— Él me matará si lo sabe. — Se aclara la voz al asegurar. — Estos libros son suyos, si sabe que los tomé prestados sin su permiso estará muy disgustado conmigo y créelo, no te gustaría verlo furioso. —

Sam no puede evitar sonreír, porque a pesar de la declaración sarcástica y soez del chico, en este momento parece un niño que ruega porque su hermano mayor no se entere. Sam asiente con comprensión. Alex se levanta, pone su mano enguantada sobre el hombro izquierdo de Sam al decirle:

— No olvides esto, los ángeles entran y salen de tu vida, tienden a desaparecer cuando las cosas van bien. —

Alex se marcha al igual que el apetito de Sam. El muchacho se desliza fuera de la cafetería, se sienta bajo un árbol, comienza a leer el libro, por no decir devorar. Todos los acontecimientos le parecen familiares, le recuerdan mucho a sus sueños donde caza monstruos. Mira su reloj, está a tiempo para llegar a su siguiente clase. Tomas sus cosas y camina aprisa.

Sam logra llegar, toma asiento justo antes de que una mujer alta, de mediana edad entre con libros entre sus manos, traje sastre color rosa y una sonrisa deslumbrante. Ella comienza su conferencia, deja un trabajo extracurricular igual que todos los maestros anteriores, pero agrega que deben integrarse en equipos de cinco.

La sorpresa de Sam es grande, cuando Jessica y otra chica se aproximan, después otros dos chicos, que parecen interesados en las chicas. Acuerdan verse en el dormitorio de Sam a las siete de la tarde.

Sam no puede creer que esa hermosa chica tomara la iniciativa para hacer el trabajo junto a él. La observa con atención, entonces ve que la descripción de ella va con la del libro, donde Jess muere asesinada. La idea lo hace estremecer, le causa nauseas, así que decide alejar ese pensamiento de su mente.

Al terminar las clases, Sam va al dormitorio, una caja grande está ahí, dentro están todos los libros de Supernatural, los juegos y algunas historietas. Algo en su mente le dice que pocas ocasiones había tenido tanta colaboración, sonríe con alegría, entonces comienza a buscar un escondite para todo aquello.

Dean llega poco antes de las siete, su mirada verde se desliza velozmente por la habitación, como si notara algo, pero no lo externa, sólo da una de sus sonrisas arrogantes al preguntar:

— ¿Esperando visitas? — Sam dice:

— Hola. Sí, trabajo en equipo. — Dean hace una llamada por su celular:

— Buenas noches, sí… Cuatro pizzas grandes, sí. Todo. Aja. — Dean da la dirección. — Siente y media u ocho. Sam Winchester… Gracias. —

Dean regresa su teléfono a su bolsillo, deja su mochila sobre su cama, le da otra sonrisa arrogante a Sam al decir:

— Diviértete. Regresaré después. —

Sam asiente, algo le dice que no debe preguntar, sin embargo cuando Dean abre la puerta, ya están ahí los compañeros de Sam. Dean mira las sonrisas de aquellos universitarios, les contesta con una de sus sonrisas arrogantes al decir:

— Los dejo hacer tarea. — Jessica le pide:

— Será más divertido si todos nos quedamos. — La amiga de Jessica la respalda:

— Por favor. —

El tono de Metallica suena, Dean da un paso atrás para dejarlos entrar, escucha por la bocina la risa de Luciel:

— Vamos De, quédate. — Dean responde antes de colgar:

— Ja, ja, ja. —

Los chicos ya se han acomodado en el piso, formando un círculo de estudio. Dean toma lugar algo lejos. Los observa y estudia. La tarea es una clase de estudio social sobre las familias o algo así, porque todos hablan sobre ellos. Familias con problemas normales, experiencias propias, cosas que las hacen singulares. Cuando todos terminan, Jessica mira a Dean al preguntar:

— ¿No vas a contarnos? — Dean dice con su sonrisa arrogante:

— Nena, no es mi tarea. — Sam pide:

— Vamos. — Dean dice con aburrimiento:

— No hay mucho que contar, mi papá es policía y nos movemos mucho de lugar, tengo un hermano y ya. — La amiga de Jessica dice:

— ¿No eres uno de los Hunters? — Dean dice:

— Nos conocimos en uno de los viajes familiares, en ocasiones les ayudo. — Antes de que alguien diga algo más el teléfono suena, Dean lo toma. — Sí. No. Voy par allá. —

Alguien toca la puerta, Dean se levanta, paga las pizzas, las deja en el escritorio y se despide:

— Gusto en conocerlos chicos. Me tengo que ir al trabajo. — Dean sale por la puerta, donde Luciel lo espera con un grito:

— ¡ES ESE TRABAJO! — Dean cierra la puerta al reírse.

Hay un tenue silencio, donde no escuchan más allá de las palabras molestas de Luciel. Entonces Jess pregunta:

— ¿Qué es eso de Hunters? — Su amiga responde:

— Un grupo de rock. Es conocido pero desconocido a la vez, se presentan en donde sea, son increíbles. En cada concierto se pelean con una criatura de película de terror, por eso se llaman Hunters. — Jessica dice con emoción:

— Suena fantástico. — Uno de los chicos propone:

— ¿Por qué no vamos a verlos? — La amiga de Jessica dice:

— Se acabaron los boletos. —

La puerta se abre, Luciel entra pateando el piso murmurando maldiciones, toma la mochila de su hermano. Mira a los chicos al decir:

— No se desvelen. — Sam se apresura y pide:

— Luciel. — El aludido lo mira. — ¿Podrías conseguirnos boletos para la presentación de Hunters? — Luciel pregunta no de excelente ánimo:

— ¿Cuál de todas? — Sam mira a sus compañeros, la amiga de Jessica responde:

— Para mañana. — Luciel pregunta algo cabizbajo:

— ¿Cuántos? — Uno de los chicos responde:

— Siete. — Luciel toma su celular, marca, espera un momento:

— Liz, cariño. — Se ríe. — Me gusta molestarte. Sí, ya te dije que sí. Lo amarraré e incendiaré toda la ciudad de ser necesario pero estará. No. — Su humor se esfuma. — Ese trabajo maldito. Mañana. Yo estoy libre, sí. Pero te hablaba para otra cosa, necesito siete boletos para mañana… Sí. — Rueda los ojos. — No tengo novia. No es por eso. — Hace un mohín. — Sí, sí, si, ya te dije. ¿Zona preferencial? — Se ríe. — También me alegra no verlos ahí. Bien. — Sonríe con malicia. — He secuestrado su mochila. — Mira la mochila de Dean. — Deberá buscarme si quiere hacer su tarea. No sabes lo malvado que puedo ser cariño. Bien, hasta luego. — Mira a los chicos. — Mañana te los doy Sam. — Luciel camina hacia la puerta, entonces Sam pregunta:

— ¿Cuál es se trabajo que te disgusta tanto? —

Luciel abre la boca, pero no puede responder, porque Castiel entra para llevárselo jalando al decir:

— Gabriel te está buscando. —

Luciel se despide con una seña de los amigos de Sam y de Sam. Jessica sonríe al comentar:

— Parecen personas interesantes. — Su amiga comenta:

— Dementes. —

Los chicos ríen, hasta que uno de los compañeros de Sam comenta:

— Él consiguió fácil los boletos. ¿No se llama Liz la guitarrista de Hunters? — La amiga de Jessica los mira con sorpresa. — Tal vez él es otro Hunters. — Sam pregunta:

— ¿Cómo que tal vez? — La amiga de Jessica explica:

— Hay miembros intermitentes en Hunters, pero dos de los fundadores son los más seguidos. Decano y Sammy. Ambos son hermanos, virtuosos de la música, pueden interpretar piezas clásicas hasta tocar con una hoja de árbol. Se le llama Decano, porque él fue quien enseñó a los otros Hunters según la leyenda. Sin embargo él y Sammy trabajan como si fueran uno, un corazón en dos cuerpos. — El compañero de Sam se ríe al comentarle:

— La mayoría de la información de Hunters es considerada leyenda urbana. Una leyenda es que el abuelo de Kai se enfrentó contra un demonio en Hawai, entonces dedicó su vida ha proteger a la gente de los demonios. — La amiga de Jessica comparte:

— Otra leyenda apunta que los padres de Liz fueron masacrados por un wendigo, cuando ellos fueron de vacaciones a una cabaña en el bosque. Se dice que Liz lo vio todo y el monstruo la llevó a su guarida, estuvo a punto de comerla pero alguien llegó a salvarla. — Jessica pregunta con interés:

— ¿Todos tienen historias así? — El compañero de Sam asiente, mientras la amiga de Jessica responde:

— No, no se sabe nada de Sammy y Decano, sólo que iniciaron la banda, sus rostros no suelen verse, siempre se caracterizan de algo. El grupo ha tenido muchos integrantes intermitentes. — Sam cuestiona:

— Sabes mucho de ellos, ¿eres su fan? — Ella dice con orgullo:

— Soy uno de los administradores de su página oficial. — El compañero de Sam que parece interesado en el asunto dice:

— No se puede considerar oficial, porque ellos no la hicieron.

— Sí, porque dieron el permiso. —

Mientras los dos Fans discuten, el otro compañero de los chicos, el cual había permanecido expectante cuestiona:

— ¿Cuántos están en este dormitorio? — Sam dice:

— Sólo Dean y yo. — Él comenta:

— Que suerte, yo tengo tres compañeros, son un dolor de espalda. — Jessica comenta:

— Igual yo, comparto el dormitorio con tres chicas. — El chico comenta:

— Parece que todos tenemos más de un compañero de cuarto. — Toma su computadora portátil, mira a Sam al preguntar. — Tengo curiosidad, ¿te importa que de una mirada a los expedientes tuyos y tu compañero de cuarto? — Sam encoge sus hombres, lo había pensando, pero no se atrevió ha hacerlo, así que dice:

— No me importa. —

El muchacho comenzó a teclear con avidez, romper la seguridad de la escuela no ha sido un gran reto, el expediente de Sam limpio, buenas calificaciones, una beca, recomendaciones, todo parecía normal, demasiado normal, mira a Sam quien encoge los hombros. Lo siguiente era rastrear el nombre que Sam le había dado: Dean Miguel Weeson Smith.

Los archivos parecían extraordinariamente normales, pero a diferencia de Sam, estos habían sido maquillados, era difícil de notar pero el hecho que todos compartían la misma fuente en los registros informáticos. Lo que confirmó eso fue una cosa con alas que apareció de pronto, la cual desapareció haciendo que la computadora se apagara y comenzara ha echar humo. Él miró a Sam, aquel había sido un virus demasiado agresivo y desconocido, dice:

— ¿No te importa si hago algunas investigaciones? — Sam pregunta:

— ¿Qué sucede? — El chico se talla el rostro con ambas manos al decir:

— La información de tu compañero de cuarto está restringida. — Jessica pregunta llena de curiosidad:

— ¿Cómo un agente secreto?

— No sé, suena como protección a testigos. Tiene una fachada perfecta de documentos y registros, pero no cuidaron la fuente, todos fueron mandados del mismo lugar. — Jessica dice con emoción:

— Es tan irreal. — El chico comenta:

— Lo sé. Eso lo hace interesante. —

Una punzada de dolor o de envidia, Sam no puede identificarlo, pero pasa por su pecho, de manera rápida, pero deja una mala sensación cuando se ha ido. El resto de la velada se va entre conversaciones de sociedades secretas, conspiración, testigos protegidos y agentes secretos.