Cora-san nunca cambiaría, por eso enseguida fue a ver a Trébol. Los niños no habían sufrido ningún daño, pero aun así lo que vio no le gustó en absoluto. No sabía qué les había prometido su hermano a los Nobles, pero seguro que no estaban contentos.
Estaban todos en una gran sala insonorizada, atados de pies y manos y con los ojos tapados para que no pudieran ver nada; era todo como cuando los habían atado a ellos junto a su padre, con la diferencia de que aquellos niños estaban atados sobre mesas metálicas en lugar de colgar de la ventana. Pasó junto a ellos y los observó uno a uno bajo la atenta mirada de Sugar, que esperaba recibir la orden de convertir a los niños en juguetes. Existía la posibilidad de que esos niños fueran como él, que la Tierra Sagrada aún no los hubiera corrompido y que fueran capaces de entender que todos eran humanos, nacieran donde nacieran; pero también existía la posibilidad de que fueran como Doffy: malvados, con el corazón corrupto y podrido, sedientos de la sangre de los hombres a los que consideraban inferiores. A él sólo se le ocurría una forma de saber cual era cual.
Mientras meditaba sobre cuál era la decisión correcta, encendió un cigarrillo y apoyó la espalda en la pared. Al final regresó a su habitación, no queriendo ni ver ni oír más a los niños.
Cuando entró en su dormitorio, Kid ya le estaba esperando, desnudo, además. Enseguida se le pasó por la mente lo que quería hacerle, pero ya era mayor para sonrojarse. El pelirrojo se acercó a él y le dio un beso en los labios.
- ¿Qué te han dicho? - Preguntó con algo de curiosidad.
- Quiero sexo duro - Contestó a pesar de que la respuesta no tenía nada que ver con la pregunta, la rabia le teñía la voz y no estaría dispuesto a hablar hasta al cabo de un rato. Tiró de su pelo hacia abajo para hacerle mirar hacia arriba y tiró de la piel de su nuez con fiereza -. Fóllame, Eustass-ya.
El menor no se lo hizo repetir dos veces. Sabía lo que estaba pasando por la mente de su pareja, pero era consciente de que no iba a sacarle nada en ese momento y además le apetecía una intensa sesión de sexo. Podría haberle desnudado de una forma normal, pero en lugar de eso le arrancó la camiseta y tiró los pedazos al suelo, y habría hecho lo mismo con los pantalones si Law no se lo hubiera quitado antes de que se le ocurriera hacerlo. La ropa interior sí acabó hecha trizas en el suelo.
El pelirrojo lo cogió en brazos y lo estampó contra la puerta para seguir besándolo con la misma pasión de antes, desgastando sus labios con cada beso, tirando de ellos cada vez que se separaban para coger aire o jadear, y es que Law, con las piernas rodeando la cintura del capitán y una mano entre sus cinturas estaba dejando muy claro donde quería recibir las atenciones.
Cuando se cansó de los besos, lo empujó de cara contra la cama, de modo que cayó sobre el colchón dándole la espalda. El moreno no era idiota, así que levantó el culo y lo miró con lujuria. Pero para su sorpresa, lo que llegó no fue la polla del pelirrojo, sino un mordisco en la nalga izquierda.
- ¡Eustass-ya! - Se quejó.
- ¿No querías sexo duro? Pues ahí lo tienes - Y lo penetró de una sola embestida, enterrándose en él por completo.
El mayor se quejó un poco, pero aun así Kid no esperó a que su cuerpo se acostumbrara a tenerlo dentro para empezar a moverse a un ritmo frenético. Embestía con tanta fuerza que al moreno le parecía que su cuerpo iba a partirse por la mitad, pero no se quejó, le gustaba demasiado, y es que a pesar de la velocidad que habían tomado las embestidas, todas y cada una de ellas golpeaba su próstata haciendo que se retorciera de placer sobre la cama. Con Kid, el placer siempre superaba al dolor que pudiera sentir. Incluso mordió la almohada en más de una ocasión en un estúpido e inútil intento de acallar sus gemidos.
Pero sin que se diera cuenta, sus gemidos se convirtieron en sollozos, y entonces el pelirrojo salió de su interior sin ningún tipo de cuidado.
- Law - Le abrazó desde atrás intentando girarlo -. ¿Qué te pasa? ¿Te he hecho daño?
- No - Espetó negándose a cambiar de posición -. Continúa tranquilo. Quiero más. Sigue follándome.
- ¡No hasta que no me digas qué pasa! - Exclamó esta vez, y una vez más intentó poder verle la cara.
- ¡He dicho que me folles! - Gritó, pero sin darse cuenta empezó a llorar con más fuerza.
- ¡Ostia puta! ¿Se puede saber qué pasa? - Estaba a punto de perder los nervios, y tuvo que controlarse para no darle un bofetón - ¡Cálmate, joder!
Law pareció dejar de insistir, y poco a poco su respiración volvió a la normalidad y acabó por apoyar la cabeza en su pecho mientras él se dedicaba a acariciarle la espalda y los brazos con tanta suavidad como era capaz, pero no volvió a preguntar, era mejor que esperara a que hablara por él mismo.
- Debería haber muerto aquel día - Dijo al cabo de un rato.
- ¿Cómo dices? - Preguntó Kid confuso, no podía dar crédito a lo que oía.
- Que debería haber muerto aquel día - Repitió -. Cuando los marines vinieron a Flevance, debería haber muerto junto a todos los demás.
- No digas tonterías - Le besó la mejilla -. Nadie debería haber muerto aquel día. Ni tú, ni tu familia, ni nadie.
- Yo debería haber muerto en lugar de toda mi familia - Se miró las manos -. Mira en lo que me he convertido...
- Te has convertido en un gran doctor - Respondió el pelirrojo con suavidad.
- Y en un sádico y temible pirata - Añadió -. Mi hermana no hubiera tomado este camino, y mis padres me odiarían si vivieran. Como todo el mundo.
- No te odia todo el mundo - Le cogió una mano y se la besó con suavidad -. Yo te amo, y la Familia te quiere.
- Pero mi madre - Suspiró-... Por eso vino a matarme.
- Law - Le acarició las mejillas y besó sus labios con suavidad, lamiéndolos al apartarse -. ¿Qué ha pasado cuando te has reunido con Doflamingo y los demás?
Los miembros de la tripulación de los Heart sacaron al prisionero de la celda tal y como su capitán les había pedido por orden del Rey de Dressrosa. Aún estaba encadenado con kairouseki, así que tuvieron que arrastrarlo desdel muelle hasta el palacio real.
Una vez en palacio lo llevaron a la morgue, porque debido al futuro inminente de los prisioneros era muy práctico utilizarla también como sala de interrogatorio. Así no tenían que llevar el cuerpo mutilado de la persona interrogada hasta la morgue y arriesgarse a que lo viera cualquiera.
Debido al parentesco que unía a Ren con Law, se decidió que no sería él quien lo interrogaría, sino el propio Doflamingo en persona (sus hilos eran muy prácticos para el tipo de interrogatorio que se disponían a llevar a cabo ese día), pero igualmente el menor estaba presente en la sala.
Sentaron al peliazul en una silla metálica, pero no le quitaron las esposas, necesitaban que no pudiera utilizar su fruta. Doflamingo, que no necesitaba estar de pie para nada, se sentó en un cómodo sofá y aunque le ofreció al moreno sentarse a su lado, éste prefirió quedarse de pie a su lado.
Es guapo, ¿a que sí? - Preguntó Doflamingo al prisionero.
Ren no contestó, se limitó a escupir al suelo, en dirección a los pies de su sobrino, que apartó la mirada hacia otro lado avergonzado por la pregunta.
- Fufufufufu - Se rió -. Sólo trataba de romper el hielo, no te lo tomes así, chico.
- Ve al grano - Respondió el menor, queriendo irse cuanto antes mejor.
- De todos modos no ha contestado, debo enseñarle que ocurre cuando no contesta - Con un breve movimiento de la mano, un hilo perforó el labio inferior del peliazul, hizo un pequeño nudo envolviéndolo y la otra punta permaneció unida a uno de los dedos del rubio -... Se irá acortando, y te aseguro que no voy a acercarte la mano para que el tirón sea más débil.
- Es clavado a su padre, no es nada guapo - Respondió el prisionero.
- Vaya - Doflamingo hizo el hilo un poco más corto, separando un poco el labio de la mandíbula sin llegar a hacerle daño -. Respuesta incorrecta. ¿Quién te ordenó asesinar a Law?
- Nadie.
- ¿Seguro? - El hilo se volvió más corto una vez más -. No te creo.
- Sí.
- ¿Sabias desde un principio que Law había sobrevivido?
- No.
- ¿No? - Ya lo esperaba, pero ahora tenía que preguntarle si se lo habían dicho o lo había visto en los carteles de busca y captura - ¿Cómo lo supiste?
- Es un Supernova - Respondió confiado porque tras sus últimas respuestas el hilo no se había acortado -. Salía en el periódico y en los carteles de busca y captura.
- ¿Nadie te habló del tema? - Le parecía muy extraño que el Gobierno Mundial no hubiera metido sus zarpas en el asunto.
- No.
- Vaya - Se quedó un rato pensativo, y al mover la mano dio un ligero tirón al hilo, pero fingió no darse cuenta -... Y dime, ¿por qué alguien querría matar a su sobrino?
En ese momento Law dirigió la mirada hacia su tío para escuchar la respuesta. La situación le parecía muy violenta, pero aun así necesitaba saber qué era lo que había llevado a un pariente suyo a desear su muerte. Sabía que su madre era la hermana del prisionero, y que si no se hubiera casado con su padre seguramente seguiría viviendo feliz en algún sitio, pero aun así, culpar a alguien que en ese momento sólo era un niño de 13 años no le parecía lógico.
- Él debería haber muerto en su lugar - Espetó, y escupió al suelo una vez más -, ella debería ser la superviviente. No pertenecía a ese lugar maldito.
- Flevance no estaba maldito - Respondió Law furioso.
- Sí lo estaba, por eso todos enfermasteis y empezasteis a morir. Hubierais muerto incluso si el Gobierno Mundial no hubiera intervenido. Estabais condenados.
Doflamingo tiró con fuerza y arrancó el hilo del cuerpo del mayor, haciendo brotar la sangre y que le cayera por la barbilla. El interrogado lo miró confuso, sin entender porqué hacía eso si había dicho la verdad. ¿Respuesta incorrecta? No era mentira, ¿por qué no era correcta?
- No dije que fuera a perdonarte si decías la verdad - Dijo Doflamingo pacientemente -. Law, si lo quieres muerto, puedes matarle tú mismo, o puedes dar la orden.
Pero Law se limitó a salir al pasillo, cerrar la puerta de un portazo y correr hacia el dormitorio, donde sabía que estaba su pareja, el único capaz de calmar su rabia ni que fuera con sexo.
- Te amo, Law - Dijo Kid mirándole a los ojos -. Y no me importa lo que diga alguien sobre ti.
- Es mi último familiar vivo - Respondió el moreno en un susurro, apoyando la frente en su pecho ahora que las lágrimas habían dejado de brotar de sus ojos -. Sé que debería desearle la muerte por lo que me ha hecho, pero por algún motivo no lo hago.
- Porque no eres Doflamingo - Dijo Corazón antes de que el pelirrojo tuviera tiempo a hablar.
¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Cuánto había oído? ¿Había oído la parte del sexo? Enseguida cogió una sábana para cubrir su desnudez y la de Kid, avergonzado porque aquel a quien quería como un padre le viera en esa situación: desnudo entre los brazos de su pareja después de haber llorado patéticamente y haber montado un espectáculo durante un buen rato.
Cora-san caminó hasta el borde de la cama y se sentó en ella, y después tiró del brazo de Law con suavidad para poder abrazarlo con fuerza. Le dio un beso cariñoso en la frente, y al contrario de lo que el menor habría esperado, no le pidió que se marchara.
- Sé que muchas veces has hecho cosas que no eran correctas, y otras veces en las que no las has hecho no ha sido por falta de ganas, pero tienes buen corazón - Le dio unos golpecitos en el pecho -. Has tenido que pasar por situaciones difíciles por las que la mayoría de gente no pasa. Te han llamado monstruo y te han tratado como si fueras una bomba de relojería, pero tú, yo, la Familia y tu novio sabemos que no lo eres.
- Ya lo sé - Respondió aún en voz baja -... Pero Ren tiene razón cuando dice que mi madre no pertenecía a la Ciudad Blanca.
- No - El mayor negó con la cabeza para poner énfasis a su respuesta -. En eso también se equivoca. Tu madre no nació en la ciudad, pero eso no significa que no perteneciera a ese lugar. Tu madre pertenecía al lugar dónde estuvieras tu padre, tú y tu hermana porque así lo decidió. Recuerda lo que ocurrió cuando todos enfermasteis. Tu madre podría haber huido y buscar una cura antes de que el mundo creyera que se trataba de algo contagioso, pero en lugar de hacerlo decidió quedarse en la Ciudad con vosotros. Seguramente ella sabía que iba a morir, pero creía que podría salvar a los niños.
- Como la Hermana - Respondió pensando en aquella monja que tan felizmente había querido ayudar a los niños sabiendo que ella iba a morir. Al final sonrió un poquito -... Es mentira que soy clavado a mi padre.
- El prisionero lo tenía muy claro - Contestó Kid -, ¿en qué te pareces a tu madre?
- Mi madre tenía los ojos grises como yo - Sonrió más ampliamente -. Supongo que no me miró mucho cuando me vio.
- Eras un niño muy guapo y te has convertido en un joven muy atractivo - Miró a Kid un momento y pasó a hablarle a él -. Tienes mucha suerte.
- Lo sé - Al pelirrojo no se le pasó por alto el tono del mayor, que le advertí lo que le ocurriría si volvía a hacer daño al cirujano -. Le amo de verdad.
- Sea como sea - Volvió a mirar al moreno -. Tienes que tomar una decisión sobre Ren.
Cora-san se marchó y volvió a dejar a los dos jóvenes a solas. A Law le bastó con ver el brazo metálico de su novio para saber que su tío debía morir. Había vivido mucho tiempo creyendo que toda su familia había sido exterminada, quizás sería bueno que aquello fuera verdad, pero además... Le debía a Kid el dulce sabor de la venganza.
- Voy a matarle - Se colocó sobre él y le dio un casto beso en los labios -. Pero he decidido que será tuyo hasta que te canses de él, estoy seguro de que quieres hacerle pagar algunas cosas - Miró hacia el brazo metálico de su novio y acarició el punto donde el metal se unía a la carne -. La única condición es que me lo devuelvas vivo.
- Gracias - El menor ronroneó un poco y le pellizcó una nalga -. Quizás ya no te apetezca pero..., cuando todo esto termine, ¿querrás que nos vayamos de vacaciones?
- Sí - Le pellizcó un pezón -. Y creo que te mereces un avance de lo que haremos la mayor parte del tiempo...
