N/A: Gracias por sus reviews! Y la persona q insiste en q Mexico solo deberia ser uno, tranquilamente te digo es mi historia y punto, no se porque te empeñaste a leer todo el fic si tanto t disgusta el hecho de que tengo a Pedrito y a Itzelita. No voy a cambiar nada, asi q calmado/a. Si no entra en tu linda cabecita q Mexico es tan diverso q hay la posibilidad en que haya dos representaciones en vez de una, ya no es mi culpa. Y no digas que la idea es idiota, porque tanto me ofendes a mi como a mis personajes y por ende a Mexico. Ahora, este capi esta fuertemente basado en hechos reales, solo me dedique a modificarlo. despues de esto, adoré a España muchisisisimo mas XD A pesar d que Himaruya insista q se la paso haciendo flores de papel durante la segunda guerra mundial.
APH Latino
Segunda Guerra Mundial
Después de la Gran Guerra, Antonio se las vio negras en su casa, sabía que las cosas estaban tensas, pero al verse en medio de la gran guerra creada en su casa fue su acabose. Si por él fuera, se hubiera ido a Italia por Lovino, para así visitar a sus hijos al otro lado del mundo, e ignorar lo que estaba pasando. Pero era su deber como nación estar ahí presente mientras oía los dos lados de la confrontación discutir.
Cuando la guerra civil de España termino, lo impensable (para algunos) sucedió. La segunda guerra estalló, sin aviso y sin poder hacer algo.
Como en la primera guerra, tanto Antonio como los sus hijos intentaron ser neutrales. Pero la segunda guerra mundial fue mucho peor que la primera, había tantos bandos, primero estaba el eje, luego los aliados, los comunistas, los neutrales, que uno tenía que ser cuidadoso con sus opiniones.
Durante esta guerra, Lovino se la paso en España, mientras que su fratello estaba en Alemania, pero lo que no le gustaba a Lovino era el hecho de que el también tenía que ir a Alemania para muchas cosas, no le gustaba que Feli cargara con el peso de la guerra. Antonio no podía hacer nada, todavía recuerda esa reunión con el alemán a inicios de la guerra.
Antonio había platicado con su jefe antes de esa reunión, y ya habían escogido sus posiciones en cuanto a la guerra. Los líderes de las naciones discutirían en una sala de juntas aparte de donde Antonio y Ludwig negociarían.
-Ya sé que es lo que me vienes a ofrecer… Solo dime si Romano no te forzó a hacerlo-dijo Antonio después de una breve introducción. Ludwig solo alzo una ceja y negó. Antonio suspiro un poco más tranquilo, sabía que Lovino nunca haría eso, pero uno nunca sabe.
-¿Cuál es tu opinión al respecto?
-Mi jefe y yo hemos decidido que aquí se están disputando tres guerras. 1.- La del Eje contra la URSS. 2.- La del Eje contra los Aliados. Y 3.- La de Japón contra Estados Unidos. En la primera, estoy a favor del Eje, pero en la segunda me mantendré neutral. En cuanto a la tercera, tendré que apoyar a Alfred.
-¿No hay forma de que cambies de idea?
-Me temo que no.- Dijo Antonio completamente serio.
-¿Qué hay de tus hijos?-pregunto Ludwig. Intentando olvidar lo que había pasado durante la primera guerra.
-Me gustaría que no se metieran en la refriega-dijo Antonio rascándose la barbilla- Pero ya están grandecitos para tener a sus padres diciéndoles que hacer o no. Ellos saben eso, y Lovino también lo sabe. Me sorprende que me preguntaras ¿Nunca se te ocurrió preguntarle la madre de mis hijos ahora que es tu aliado?
-No estoy en buenos términos con el-murmuro Ludwig. Antonio se paro y se despidió de Ludwig rápidamente, planeando llamarle a Martin para que le dijera a Catalina para avisarle a todos sobre lo sucedido.
Después de eso, Antonio hizo sus respectivas llamadas antes de irse a su nueva casa. El antiguo castillo donde una vez había vivido junto con Lovino y todos sus hijos había sido quemado durante la guerra civil. Se alegro de que Romano le ofreciera su casa en Italia para guardar sus cosas cuando los rumores sobre quemar el castillo empezaron a surgir. Era obvio que alguno de los líderes políticos de España lo hizo. La casa nueva lucia mas como una mansión que como un castillo, pero todavía se ubicaba en la misma colina donde estaban los restos del castillo. Se alegro que su huerto de tomates siguiera intacto después de tantos siglos.
Era diciembre del 41 cuando hubo unos porrazos en la casa de Pedro e Itzel. Era raro ya que era demasiado tarde para visitas, teniendo en cuenta que pasaban el invierno alejados de la ciudad.
-¡Yo abro!-exclamo Itzel a sabiendas de que Pedro estaba descansando después de que le dio por ser carpintero.- ¿Quién es?
Abrió la puerta y se encontró con un Alfred al borde del desmayo, sangrando profusamente de un costado.
-Oh por Dios, no te preocupes primo. ¡PEDRO! ¡LLAMA A LA FAMILIA! ¡TAMBIEN A MATTHEW! ¡EMERGENCIA FAMILIAR!
-Itzel… bombas… Pearl Harbor… yo…
-No hables, tengo que curarte eso-le dijo Itzel arrastrando al caído héroe hacia el sillón. Pedro bajo rápido las escaleras.
-¡¿Qué (/&% paso aquí?-Pregunto Pedro mientras agarraba el teléfono y empezó a hacer llamadas. Itzel había traído varias cremas y ungüentos para curar a Alfred, un poco de alcohol, algodón, vendas, y un té para calmar los nervios de Alfred.
-Muy bien primito, tendré que desinfectar las heridas-dijo Itzel antes de pedirle a Pedro que se acercara para quitarle la daga de obsidiana que traía colgando en su cinto. Con la daga le cortó las ropas a Alfred.
-¡ARDE! ¡IT STINGS LIKE HELL!
-No grites Alfred.-le pidió Itzel blandiendo el algodón remojado en alcohol.
-Todos ya vienen en camino, también le llame a Ben y Matthew. ¿Quieres que…?
-¡IGGY! ¡QUIERO IGGY!
-Este nos sale más caro que un hijo tarado en Harvard.-murmuro Pedro antes de que hiciera una última llamada a Inglaterra. Quince minutos después de que se hicieran las llamadas veintitrés naciones más entraban a las casa en los bosques cerca del DF. (Distrito Federal).
-¡Entonces si es cierto!-exclamo Matthew abrazando a Kumajiro-¡Lo que paso!
-¿Y qué paso?-pregunto Ben sentado a un lado de Efraín.
-Japón bombardeó Pearl Harbor- Dijo Arthur- Al parecer hirió considerablemente a Alfred
Todos los latinos lo vieron incrédulo.
-¿Cómo puedes decir eso sin inmutarte?-le pregunto Luciano sentando a un lado de una ligeramente ruborizada Itzel.
-Créeme, cuando has vivido tanto como yo, te insensibilizas a este tipo de situaciones.
-Lo dice el tipo que ataco mis puertos y secuestro a papá.-Dijo Itzel mientras revisaba los vendajes de Alfred.
Esos tiempos los deje atrás.
-Después de que terminaste con todo mi ron-murmuro Jorge
-nos estamos desviando del tema-dijo Manu después del incomodo silencio.
-En cuanto Alfred le declare la guerra a Japón, yo hare lo mismo- dijo Fernanda antes de sonreírle a Alfred.
-Igual aquí-dijo Jorge sin mirar al estadounidense.
-Voy a cortar todo contacto con los del eje-murmuro Ana María
El resto se veían entre sí, antes de excusarse diciendo que intentarían influenciar a sus jefes para apoyar a Alfred.
La puerta se abrió de un golpe
-¡Oí lo que paso en Hawái!-exclamo Antonio entrando a la sala. Arthur rodo los ojos al ver la actitud de padre que Antonio había tomado. Se acerco a Alfred, Pedro se movió para que Antonio se sentara entre Alfred y Arthur. -¿Cómo estas güero?
-Mejor, estas pomadas si me han servido. Ya no duele tanto- murmuro Alfred acomodándose en el sillón. Estaba sorprendido por la actitud de los latinos. A pesar de las peleas entre ellos, seguían actuando como una familia muy unida. Alfred pudo sentir una pequeña punzada de envidia y celos.
-Esta me la trajo Miguel, es buena para las heridas sangrantes-dijo Itzel guardando las botellas y frascos en la cocina.
-Vas a ver, una taza de café de Catalina y te sentirás como nuevo-Comento José dándole un sorbo al café que él tenía.
-I'm sorry… por molestarlos a estas horas-dijo Alfred quedamente.
-No hay necesidad de disculparte-dijo Pedro sonriéndole a su primo del norte- somos familia ¿o no?
-Right….
-no seas pesimista. Ándale, que te hare una hamburguesa si tu quieres-dijo Itzel parándose
-¡De paso trae el pan dulce que compramos!-dijo Pedro antes de reír del gesto que Itzel le hizo con las manos.
Al final tuvieron una cena, para alivianar al estadounidense de los problemas que tendría que afrontar el día siguiente.
Después de esa imprevista cena, Alfred decidió que no dejaría que por culpa de él, el lado latino de su familia sufriera tanto durante la guerra. De todos modos, el era un héroe. Al ver la solidaridad de sus primos para con él lo hizo pensar en la familia que siempre soñó.
La guerra continuo y Alfred solo veía impotente como los del Eje atacaban tanto los barcos estadounidenses como los mexicanos, venezolanos y colombianos. También como, poco a poco, todos sus vecinos del sur deciden cortar todo contacto con los del Eje, o le declaran la guerra a Alemania, o Japón, o al trío del Eje.
Los ataques entre ambos bandos parecían ser cada vez más desesperados. Con la inesperada (para algunos) traición de Romano, los aliados se encontraron con la ventaja de ganar la guerra. Solo faltaba acabar con el pequeño samurái/otaku/nación. Pero de eso ya se encargaría Alfred.
En Europa toda batalla había terminado, pero el conflicto entre Japón y Estados Unidos continuaba, hasta que un harto Alfred decidió bombardear con bombas nucleares a dos ciudades japonesas.
-Se te paso la mano Alfred-dijo Pedro cuando se encontró al estadounidense en un bar. –Digo, ¿bombas nucleares? Eso dejara en coma al pobre Kiku…
-Ni tan poor Kiku. ¡Recuerda el Pearl Harbor!
-Y lo recuerdo, Alfredo, pero también no te dejes llenar de rencores…
-Resentment? Ha!
-Dije rencores no resentimiento…
-Whatever-dijo Alfred bebiendo otra cerveza. Pedro hizo lo mismo con su tequila.-Sabes Peter. A mí no me gustan las guerras…
-¿Y eso?-pregunto Pedro sorprendido por la sinceridad de su primo.
-¡Manu mira! ¡El boludo está tomando con su primo!-Martin había entrado al bar jalando a un pobre chileno del brazo.
-¡It´s Marty and Manuel!-exclamo Alfred en inglés, cosa que enojo a sus tres primos de habla hispana.
-Odio cuando dice mi nombre en inglés-murmuro Manu sentándose a un lado de Pedro.
Mas alcohol fue repartido y al final terminaron arrastrándose a la casa de Pedro que tenía en esa ciudad.
