Hola espero que la estén pasando maravillosamente como yo, como ando totalmente ajetreada solo les dejo el capitulo y me retiro
Vamos con los reviews:
Tata XOXO= Jajaja asi es, Jazz es un autentico depredador... admito que me encantaria ser su presa... y Alice es asi por lo sobreprotegida que ha sido su vida
alexf1994= Creo que tus dudas comenzaran a resolverse en este capitulo
Romy92= Lamento informarte que yo tampoco se donde encontrarlo... y en cualquier caso si te enteras donde me avisas para estar en primera fila
montego 24= Espero que si, realmente me parece encantadora la relacion que han tenido... porque no puedo ser la princesa de este sexi teniente
nelda= Realmente lo que sigue no creo que resuelva la situacion que tienen estos dos... espero que todo salga bien con ellos
vale= Aun faltan algunos enredos que espero os gusten y pues al libro aun le sigue el tercer componente de la trilogia MIDNIGTH ANGEL
Gracias a quienes siguen la historia:
Romy92, vkii, claudia, andy, montego 24, KarlisCullen, carol27toncel, makethedifference, Camarada Arlette, Jazzy Cullen Pattinson, Sun-e Kristal, pauucullen, nelda, ALEXITACULLEN, Cullen Vigo, Aleeah Swan, Abigail Cullen Masen, RenCullenSwan, nelda, Guest, vale, hallo, SweetBlondieRockieDoll, alexf1994, .crepusculo, Danni FerrCross, Anelis Evans, Mara-chan4ever, Tata XOXO, emily-FC, labluegirl, ForeverLulaa, CindyLis, katanet, isa2008, , elizabethybennet
CAPÍTULO 10
14 de diciembre
A la mañana siguiente, Alice se estiró e hizo una mueca. Estaba dolorida por todas partes, sobre todo entre las piernas. Y también pegajosa.
En algún momento de aquella interminable y ardiente noche, Jazz le había abierto al máximo las piernas, manteniéndolas así al ponerle las manos en las rodillas, y embistió una y otra vez. Ella había estado completamente abierta para él y él había usado aquel hecho sin piedad. Alice había perdido la cuenta del número de orgasmos que había tenido. Dos veces durante la noche había intentado hacer una pausa.
—No puedo más —jadeó.
La respuesta fue un gruñido.
—Claro que puedes —Y embistió aún con más fuerza.
Y había tenido razón. Ella terminó por aferrarse a él, temblando y suplicándole más.
Había sido una noche feroz y salvaje y, a veces, casi espeluznante. Él la llevó más allá de ella misma. Se había consumido en fuego y humo antes de renacer como una mujer nueva. Una mujer sexy que corría riesgos, que llegaba más allá del límite. Que se atrevía, y salía victoriosa.
Alice Brandon, la Mujer Maravilla.
Cuando se despertó fue consciente de sí misma al instante, de su propio cuerpo, del cuerpo de él. Vivía por completo el momento, con todo su cuerpo. Su dolorido y bien usado cuerpo. Su cuerpo feliz. Nada de rodeos mentales fingiendo que estaba en otra parte. No tenía por qué.
Estaba aquí mismo, en la cama con Jazz, calentita y acompañada.
Tenía la cabeza apoyada en el pecho de Jazz y el vello le hacía cosquillas en la nariz. Aunque sólo había dormido algunas horas estaba total y completamente descansada. Incluso llena de energía.
Y total y completamente feliz.
El futuro era un radiante y luminoso camino que se extendía ante ella. El trabajo nuevo durante el día, y Jazz por la noche, y los fines de semana juntos.
Su padre sería un problema, eso sí. Jazz no parecía el tipo de hombre que su padre hubiera deseado para ella, pero sí era el que había deseado ella. O habría deseado, si hubiera sabido que existían hombres como Jazz. Jazz era su compañero, hecho sólo para ella. Su padre tendría que aceptarlo. Y lo haría. Y si no… que lo follaran.
Tardó un segundo en darse cuenta de lo que había pensado y enseguida se avergonzó de sí misma. Su padre la amaba. Si la ahogaba al ser tan protector era porque había vivido durante mucho tiempo con su enfermedad, porque había tenido miedo por ella y la había visto siempre como una niña eternamente necesitada y enferma. A su padre le costaría imaginársela con cualquier amante, y mucho más con un amante que parecía un leñador. Tal vez habría preferido a alguien que trabajara en la Fundación Brandon, alguien culto, mortalmente aburrido, pero correcto y respetuoso, aunque allí había muy pocos que quisieran una mujer.
Para su padre, aceptar a Jazz como su amante sería un poco duro al principio. Aunque, a pesar de que era un Brandon, el heredero de la cuarta generación de una fortuna familiar, no era ningún snob. Nunca había dejado de hablar del policía que la había rescatado de Aro Garfed. Reconocía la valía de la gente, fueran cuales fuesen sus orígenes. Acabaría por querer a Jazz tanto como lo amaba ella.
¿Amaba?
Oh, sí. Alice amaba a Jazz. No había ninguna duda ni en su mente ni en su corazón. Exteriormente podría parecer una jovencita. Seguro que más joven de lo que era. Y había sido virgen, sin ninguna experiencia con hombres y con sexo, pero eso no significaba que no conociera su propio corazón. Que no reconociera las numerosas y varoniles virtudes de Jazz.
Levantó el rostro para sonreírle, esperando un cálido saludo y un ardiente beso, y se encontró con unos ojos fríos y serios. Él tenía los brazos cruzados por detrás de la cabeza, estaba bien despierto, serio, mirándola con cautela. Ella parpadeó ante la expresión de su cara. No era cálida, ni erótica, ni cordial.
—Alice —dijo él con voz sombría—, tenemos que hablar.
Oh, Dios.
El corazón de Alice le dio un vuelco en el pecho, aterrizando con un ruido sordo. Jazz tenía la expresión —exactamente la misma expresión— de su oncólogo cuando le dijo que el trasplante de médula no había ido bien, que no podían hacer nada más por ella, que sólo le quedaban unos meses de vida. Que estaba condenada.
Oh Dios oh Dios. ¿Por qué no lo había comprendido? Sólo había sido una aventura. Una aventura de una noche. Se había dejado llevar por el corazón y los sentimientos. Seguro que había habido signos de que sólo se había tratado de una aventura de fin de semana —una ardiente follada, ¿por qué no llamarlo por su verdadero nombre?— pero no había tenido la suficiente experiencia para leerlos. Había creído que era mucho más… y era mucho más.
Para ella. Desde luego no para él.
¿Qué debería hacer?
Alice cambió de inmediato al Estado Gratitud, la única manera en la que había sobrevivido durante todos estos años. Fueran cuales fuesen las cosas horribles que le pasaban, siempre luchaba para encontrar algo por lo que estar agradecida. Tenía que hacerlo. Cualquier otro pensamiento la habría hundido y destrozado.
Había mucho por lo que estar agradecida. Tenía una deuda con Jazz por la mejor introducción al sexo que podría tener una mujer. Seguro que había tenido más buen sexo en los dos días pasados que Bella y Rose juntas en los dos últimos años. Había sido fabuloso y le estaba agradecida. Si el pensar en decir adiós a Jazz era tan doloroso que se asfixiaba, bueno… ya había sufrido antes. Y había sobrevivido.
Reprimió las lágrimas sin piedad. Las lágrimas eran para más tarde, cuando estuviera sola. Siempre dejaba correr las lágrimas cuando estaba sola. Era una experta en eso.
—De acuerdo —asintió ella con serenidad. La expresión era tranquila y suave. No iba a permitir que Jazz se diera cuenta que tenía el corazón roto y enfermo, que el estómago se le había revuelto. Podía jugar a este juego. Era una experta—. Habla.
Él la miró a los ojos durante un momento y luego asintió, como si hubiera llegado a alguna secreta conclusión.
—Te amo, Alice —dijo en voz baja.
Alice se quedó con la boca abierta.
Un ruido le repicó en la cabeza, como unas campanillas amortiguadas. Tardó un momento en comprender que aquel ruido distante no era el tintineo de las neuronas del cerebro, sino el timbre de la casa que no cesaba de sonar, acompañado por golpes en la puerta de entrada. Giró la cabeza hacia la sala de estar y frunció el ceño.
—¿Quién puede ser? —preguntó extrañada—. Nadie sabe que vivo aquí…
Volvió a girarse y observó como Jazz se desvanecía por completo. Su sexy y provocativo amante de ardientes ojos azules se había esfumado, y otro hombre había tomado su lugar, un ser frío y despiadado como un ciborg. Un extraño atemorizante y salvaje con una expresión vacía en la cara y en los ojos azules. Los guerreros debían tener este aspecto en el campo de batalla.
La empujó hacia abajo con una enorme mano.
—Quédate aquí —susurró él—. No te muevas.
Con un movimiento rápido y silencioso, se levantó y se puso los pantalones de chándal.
Metió la mano en la bolsa con los artículos de tocador y ropa de repuesto y, para su horror, sacó una pistola. Una pistola negra y grande que parecía una extensión de su mano. Hizo algo en uno de los lados de la pistola. Como un golpe, y comprendió por haber leído un millón de novelas de suspense que había quitado el seguro.
Ese hombre —ese hombre enorme y poderoso de ojos fríos y peligrosos— estaba ahora armado y yendo con rapidez hacia la puerta de entrada.
Ella lo siguió con la mirada, boquiabierta, congelada por la conmoción. Ahora lo veía en la puerta, de pie a un lado, sosteniendo la pistola al lado de la oreja. La campana sonó otra vez junto con el puño aporreando y oyó un voz débil y trémula.
—¡Alice! ¡Alice, abre! ¡Sé que estás ahí!
¡Dios bendito, su padre! Había vuelto antes de París.
Alice saltó de la cama, poniéndose el camisón y entró corriendo en la sala de estar, gritando.
—¡Jazz! ¡Jazz, no dispares! ¡Es mi…!
Fue demasiado tarde. Él había echado una mirada por la mirilla, bajando la pistola hasta quedar alineada con la pierna. Abrió la puerta de golpe y su padre medio se cayó hacia delante. Jazz lo sujetó con la mano.
—¡Señor Brandon! —gruñó Jazz, sorprendido.
—¡Oficial Whitlock! —jadeó su padre.
—¡Papá! —gritó Alice.
Jazz la miró con el ceño fruncido.
—¿Papá?
Alice le devolvió la mirada y el ceño.
—¿Oficial?
Espero les guste y nos vemos en el próximo capitulo
* Saludos Telli *
