El destino es un laberinto sin sentido.

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Fics basado en la serie Hunter X Hunter de Yoshihiro Togashi

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Libro I HXH: Dead Promises (Promesas Muertas)

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Por DarkCryonic

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Capítulo IX: Final

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Dead promises / The Ramus.

The break of dawn kills all
the beauty
The dead of night is
drifting away
Should I stay and welcome
the day

Or should I follow the one
And hide from the sun

The ray of light cuts like a razor
The blazing fire burns
in my eyes
The day reveals the
dreadful betrayer
And his wicked mind
Hide from the sun
And hide from the sun

Dead promises
Paintings of the world so pure
Ancient prophecies
Remains of the world so cruel
The time has come
Hide from the sun

Like a rat I run to
the darkness
The ray of night embraces
my mind
Afraid to look back into
the heartless
World of dust and blood
I'll hide from the sun

Dead promises
Paintings of the world so pure
Ancient prophecies
Remains of the world so cruel
The time has come
Hide from the sun

I know me better
I won't be as bitter
In my own heaven
I'll be gone forever

Won't fall back never
I won't crack ever
Won't look back never

Dead promises
Paintings of the world so pure
Ancient prophecies
Remains of the world so cruel
The time has come
Hide from the sun

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--¡Cuidado Killua! – Grito Gon mientras saltaba contra una pared, y caía ágilmente detrás del tipo que habían percibido segundos antes.

--Veo que tengo visitas...—Dijo el individuo levantando su vista y desenvainando su espada. Mientras miraba tanto a Gon detrás de él, como fugazmente al peliblanco. Había notado al instante que no eran personas comunes. Más al ver los ojos del albino, que parecía estar muy emocionado; y la brillante mirada castaña del pelinegro.

Killua sonrió. Leorio se quedó quieto. El tipo le parecía demasiado extraño. A simple vista era alguien normal, pero la mirada fría y oscura le recordaban los ojos de Killua en un día malo. No era un cazador... era más bien un asesino a sueldo. De eso no había duda. Y no uno cualquiera...

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-- El tiempo se completa. El circuito del destino llega a su fin.—Murmuró Bernard mientras sus ojos se perdían en la oscuridad detrás del gran ventanal de su piso en el gran edificio.

No pasaron desapercibidos para él, las explosiones ni muestras de nen en el edificio; pero la mirada fría de sus ojos azules no cambió. Pasó su mano por sus suaves cabellos castaños y una mueca semejante a una sonrisa cubrió su boca.

Sería que las cosas estaban saliendo mejor de lo que pensaba. Quizás... más cuando su mirada sobre los otros siempre había parecido más la mirada de un dios omnipotente y frío.

Controlador de los hilos que marcaban el destino de las personas que los rodeaban. Siempre había tenido el don de prever los caminos que se abrían frente a los otros y le gustaba osar cambiar estos, por otros llenos de dolor, miedo y sangre.

Acaso no había echo eso con la hija de ese antiguo aldeano. Pudo haberlos matado a todos, pero no pudo evitar la tentación de dejarla vivir. Más cuando vio el odio que esparcían los ojos castaños de la pequeña antes de alejarse del lugar. Sabía que el nuevo camino que le había elegido, provocaría un encuentro en algún lugar con su propio camino y lo había estado anhelando con impaciencia. Más cuando se enteró de que la chica estaba entre los más fuertes cazadores de listas negras, y que debía estar cazándolo.

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--Un poco más y llegamos.—Dijo Akari mientras subían con rapidez. Ya estaban en el piso 29 cuando Kurapica la detuvo del brazo con fuerza.

Akari sólo lo miró con curiosidad. No quería ser detenida estando tan cerca de su destino.

--¿Aceptaste los costos?—Preguntó Kurapica sorprendiendo a la chica.

--Los acepté el mismo día que vi morir a mi familia frente a mí.—Respondió Akari clavando sus ojos en los del kuruta. El rubio asintió y le soltó el brazo. Quería asegurarse por última vez.

--Entonces estamos listos para recibir a nuestro destino.—Dijo el Kuruta sonriendo y echándose a correr tras Akari.

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--No parecen muy fuertes...—Dijo el asesino mirando a Killua. Éste último pareció escucharlo y sonrió.

--Leorio, Gon... vayan a ayudar a Kurapica... de éste me encargo yo.—Dijo mientras su mano derecha se volvía garra. Gon miró al tipo y después a su amigo y asintió.

--Pero...—Intentó decir Leorio.

--Vámonos Leorio... no le estorbemos a Killua.—Dijo el pelinegro agarrando del brazo a Leorio y echándose a caminar por el pasillo, en busca de una forma para subir al piso 30.

--Crees que es seguro dejar solo a Killua...—Preguntó el médico antes de perder de vista al asesino y a su amigo.

--Claro, que acaso no lo viste. Estaba muy emocionado. Así que saldrá todo bien.-- Dijo Gon sonriendo de lo más feliz. Quien mejor que él podría reconocer la mirada de alegría que ponía Killua cada vez que se enfrentaba a un buen reto.

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--Eres muy valiente...—Dijo el asesino dando dos pasos para quedar centrado en el algo angosto lugar en que se encontraban.

--Y tu muy tonto.—Dijo Killua sonriendo mientras sus ojos parecían de hielo, y caminaba con normalidad hacia el hombre vestido de traje frente a él, que ya estaba en posición de ataque con su katana lista para rebanarlo en dos.—Espero ser más rápido que mi hermano Irumi.—Dijo Killua desapareciendo frente a los ojos atónitos de su enemigo; quien se volvió instintivamente hacia sus espaldas con la espada haciendo un corte en el aire con rapidez y volviendo a estar en guardia. – No debí subestimarte.—Dijo Killua a sus espaldas.

El asesino volteó como alma que lleva el diablo y vio al peliblanco con un corte en el pecho, pero leve. Pero más se sorprendió al ver la mano derecha del albino con un corazón aún latiendo en ella.

Antes de siquiera pensar que aquel órgano vital le pertenecía, cayó inerte en el piso. Killua dejo caer lo que traía en su mano y se limpio la escasa sangre que traía mientras se echaba a caminar hacia el lugar donde percibía la presencia de sus otros dos compañeros.

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Akari y Kurapica se detuvieron frente a la gran puerta negra frente a ellos. Estaban en el piso 30 y ya no había más que enfrentarse ante aquel que seguían desde hace un tiempo. Akari de un leve empujón hizo abrir las puertas. Un pequeño chirrido cruzo el aire, mientras los ojos de Kurapica seguían a una de sus cadenas que no dejaba de apuntar hacia el interior del gran cuarto amoblado.

--Los esperaba.—Dijo Bernard sin voltearse. Estaba frente al gran ventanal observando la oscuridad de la noche.

Akari entró primero seguida de cerca del rubio. El aire estaba frío, o quizás era la tensión que había en el ambiente que los hacia más sensibles a el aire que entraba por las ventanas abiertas en la parte superior de las grandes ventanales de la suit. Bernard giró lentamente a verlos y clavó sus azules ojos en los dos invitados.

Kurapica pasó rápidamente su vista por el lugar y encontró lo que buscaba. Su cadena no estaba equivocada, en un rincón en un mueble de vidriera, estaba los ojos rojos que estaba buscando. Bernard notó el gesto en los ojos del rubio y sonrió.

--Así que buscas los ojos rojos.—Dijo volviendo a darle la espalda.—Puedes llevártelos. Sólo los tenía aquí para traeros a mí.

Akari trató de decir algo, pero prefirió guardar silencio, más al notar que Bernard le hablaba mentalmente, al mismo tiempo que hablaba con Kurapica.

--"Te esperaba"...-- escuchó retumbar en su cabeza con fuerza. Quiso con fuerza no tener que escuchar al bastardo frente a ella, pero se contuvo. No era bueno sellar su habilidad en un momento así en que podía serle de mucha utilidad.

Por su parte Kurapica no se movió para nada. Algo estaba mal. No podía creer que entregaría tan fácilmente los ojos robos. Los de la araña no lo habían hecho así, porque habría de ser diferente ahora. Demasiado fácil para ser verdad.

--¿No te los llevarás kuruta?—Preguntó Akari haciendo despertar de su letargo al rubio. Éste se movió hacia el estante de cristal y los sacó. Bernard por su parte no se movió. El fin de tener esos ojos con él ya se había cumplido, además no tenía nada contra lo que quedaba de la tribu kuruta.

Cuando Kurapica volvió junto a Akari, Bernard caminó hasta una de las murallas sacando una de las katanas que había allí. Su vaina era azul fuerte con detalles en plata. Un escorpión labrado en metal se dejaba ver levemente en la empuñadura del arma cortante. Pasó lentamente su vista por la ken y volteó a ver a la chica.

Akari sonrió. Era lo que esperaba. Una pelea uno a uno. Caminó unos pasos hacia el frente dejando a Kurapica.

--Akari...

--No dejes que alguien intervenga, Kurapica.—Dijo sin mirar al rubio.

Kurapica se quedó quieto con la mirada pegada en el espectáculo que estaba a punto de empezar.¿Intervenir?...

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Metros antes de llegar al piso treinta, Killua se les unió a sus compañeros. Cuando cruzaron la puerta que los separaba del pasillo principal, se quedaron quietos al ver una gran puerta abierta y en medio de esta a Kurapica estático dándoles la espalda.

Leorio miró al rubio con sorpresa. Notaba que éste estaba bien, pero algo malo debía estar sucediendo. Se acercaron con rapidez y quedaron quietos al ver el mismo espectáculo que el rubio contemplaba con seriedad. La chica de cabello negro estaba en medio de una pelea de espadas, contra un hombre vestido pulcramente de blanco que se movía con agilidad en medio del lugar.

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--Te mataré...—Dijo Akari lanzándose a un ataque corto contra el estomago de Bernard que no dejaba de mirarla con una sonrisa en los labios. Gesto que había sacado de quicio a la chica.

Pero un movimiento rápido del otro, le hizo perder el equilibrio y descuidarse leves segundos que fueron aprovechados por su enemigo atravesándole parte de su costado con la filosa arma.

--Veo que no le temes a los escorpiones.—Dijo Bernard retrocediendo algunos pasos al notar que Akari se erguía con fuerza, con su mano izquierda aprisionando la herida. La furia aún se veía en sus ojos.

--Maldito... no dejaré que te rías de mi familia. Aunque me cueste la vida te llevaré conmigo al infierno.—Dijo empuñando con fuerza su espada.

--¿Por qué no usas tu fuerza nen?—Preguntó Bernard. – Estoy conciente que si quisieras hace mucho rato que habrías acabado conmigo.—Dijo mirándola de medio lado.

Akari medio sonrió, y mirando de reojo a Kurapica le hizo un gesto que éste supo entender. Pero respondió negando.

-- No te dejaré. – Dijo Kurapica. Sus amigos escucharon la respuesta.

Killua clavó sus ojos en Bernard y reconoció en él, los clásicos movimientos de un asesino bien entrenado. Todo lo había preparado con minuciosidad, así que no sería fácil encontrarlo distraído para darle un ataque sorpresa. Killua trató de avanzar, pero la mirada de Kurapica lo detuvo. Era un "No", bastante notorio. Gon miró al rubio

Akari volvió a mirar a Bernard y levantando su mano izquierda la agitó verticalmente frente a ella. Un aire frío recorrió el espacio llegando al hombre frente a ella, causándole una rasgadura en sus vestimentas y un leve corte en su mejilla.

Bernard no se movió, pero fijó sus ojos en los de la chica, y notó la decisión. De allí sólo uno terminaría vivo o quizás no... Por primera vez, el destino se le hizo borroso y no sabía que pasaría. Sonrió nuevamente mientas limpiaba con gracia la gota de sangre que resbalaba por su mejilla.

Akari sonrió, pero volvió su mano a la herida y se puso en posición de ataque, esperando los movimientos de su contrincante. Miró de reojo el ventanal y la oscuridad.

Las estrellas eran junto a los demás, los únicos testigos de esta lucha. No habría tiempo para retroceder. El destino estaba concluyendo y esta vez , sería ella quien moviera las piezas a su gusto. La imagen de Irumi cruzó su mente, pero cerró con fuerza los ojos por medio segundo, y volvió a concentrarse...

Todo sucedió demasiado rápido. Pero aun así los cazadores vieron los movimiento. Killua abrió los ojos con fuerza, mientras Gon trataba de decir algo.

En medio de un movimiento rápido entre los dos luchadores, Kurapica dejó en manos de Gon los ojos rojos y se echó a correr en dirección de ellos.

Gon pudo distinguir fugazmente la mirada rubí del rubio, causándole un escalofrío.

Akari había aprovechado un descuido de Bernard para saltar sobre él y ocupar su propio peso junto al de éste para tirarlo contra el gran ventanal que ya había preparado con su nen en el ataque previo a Bernard; provocando que este se quebrará con fuerza en medio de la habitación, lanzando cristales para todos lados. El viento frío de la noche entró en la habitación con velocidad rugiendo en medio de todos.

Kurapica elevó sus manos mientras corría lanzando sus cadenas tras las dos figuras que desaparecían tras caer.

-- ¡Kurapica!—Gritaron todos echándose a correr tras él. El rubio estaba en el suelo en medio de los vidrios rotos, con un poco de su cuerpo asomado fuera del edificio, mientras era sostenido por las piernas por sus amigos que habían reaccionado con rapidez para sostenerlo.

Leorio se asomó y pudo notar que Akari colgaba en el vacío sostenida por una de las cadenas materializadas de Kurapica. Bernard estaba en medio de la calle, tirado. Probablemente muerto. Todo había acabado...

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El silencio los rodeó por más de una hora. Estaban en el mismo lugar. Leorio había vendado a Akari y hacia lo propio con los cortes que tenía Kurapica por haberse lanzado en medio de los vidrios.

Kurapica no quitaba la mirada de los ojos rojos que tenía frente a él. Su corazón estaba aún agitado por lo sucedido. Tanto que aún podía verse un toque carmesí en su mirada.

Unos tranquilos pasos desviaron la mirada de todos hasta la puerta de entrada. Irumi estaba allí con aquella pose de tranquilidad fría que lo caracterizaba. Akari desvió la mirada a su espada junto a ella, que aún mostraba marcas de sangre. Irumi, sin romper el silencio caminó hasta ella y con suavidad la levantó entre sus brazos. Akari apoyó su cabeza en el hombro del chico de cabellos oscuros y cerró los ojos. Ya no tenía porque luchar. Había cobrado venganza.

Killua sonrió levemente. No sabía que unía a esos dos, pero si estaba seguro de que sería para mejor. Quizás Akari sabría sacar aquello que Irumi tenía escondido tras fuertes barrotes de hierro desde hace muchos años.

Irumi se alejó con tranquilidad. Antes de salir de la habitación, Akari miró a Kurapica.

--Gracias, Kurapica.—El rubio elevó los ojos y asintió.

--"Gracias a ti".—Respondió de forma mental. Akari volvió a descansar su cabeza en el hombro de Irumi y se dejó caer en el sueño del cansancio que había acumulado desde aquella vez que vio morir a su familia frente a ella.

Había matado al último escorpión.

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--Kurapica, ¿Por qué no vuelves con nosotros a Isla ballena?—Preguntó Gon con alegría, mientras salían del edificio.

--Yo...—Trató de decir Kurapica.

--Vamos, Kurapica. Después de esto, te mereces un descanso.—Dijo Killua tomando los ojos rojos de entre las manos firmes del kuruta, quien trató de evitarlo, pero la agilidad del albino le ganó.

--Yo...

--Como su médico personal, dicto que te tomes unas largas vacaciones.—Dijo Leorio.

--¡Sí! De paso llamaremos a Senritsu para avisarle...– Gritó Gon mientras jalaba a Killua y avanzaban con alegría llevándose los ojos rojos.

Kurapica abrió grandemente los ojos... aún no procesaba todo lo que había pasado. Sólo se sentía jalar por Leorio, por las oscuras y frías calles. Ni siquiera habían volteado a ver el cuerpo inerte de Bernard, pero podría jurar que la sonrisa que vio en él, cuando se soltó de su cadena, aún seguía en su rostro.

Eran muchas cosas que había que procesar. El destino se había armado de una forma demasiado confusa, y se desarmó frente a sus ojos, de una forma más confusa aún.

Akari había cumplido su promesa de vengar a su familia y estaba libre ahora de todo. Sólo quedaba él... ocuparía todas las fuerzas que le quedaban, en acabar con la Araña. Sólo esperaba que su cuerpo le acompañase en tal hazaña.

--¿Kurapica?—Llamó Leorio a su lado. Lentamente pasó su vista del suelo en sus pies a la de su amigo. Éste le extendía el pequeño libro que contenía todo lo que había quedado de la cultura Kuruta. El rubio la tomó y acarició el lomo.

--Las promesas no mueren... ya no me esconderé del sol...—Murmuró, dejándose llevar por el destino frente a él.

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"Nunca entenderé que pasó por nuestras cabezas aquel día. Tampoco sabría relatar con detalle cada acción o palabra que dijimos. Nada es claro ahora, sólo sé, que ya no somos los de entonces y que el cielo, aunque parezca el mismo sobre nosotros, no lo es.

Nuestros corazones siguen latiendo. Aún no sé cuanto tiempo lo haga el mío, pero me basta con estar más cerca de la calma... que antes.

Puedo respirar con algo más de tranquilidad, como si pesara menos el dolor que siempre he cargado como cruz en mi espalda.

Aún sigue la promesa tan firme como siempre, mientras mis ojos viajan por los rostros de mis amigos...

Kurapica... Isla ballena."

Fin.

DarkCryonic

2006.