¿Que tal están mis preciosas? Ya vuelve todo a su cauce, esta semana estaré en un seminario de cinco días y no creo que vaya a poder escribir nada, me disculpo con antelación por el retraso, peeeero adelanto que el siguiente capítulo tendrá bastante acción y celos.
Muchisimas gracias por los rewiews y por los maravillosos silenciosos que me leéis, es un gran alivio saber que os gusta la historia.
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(De vuelta al verde)
Capitulo 10: Gryffindors suicidas
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Lo que en otro momento había sido pura actuación se había tornado en atracción, se había sorprendido más de lo que podía admitir al verla allí, no había planeado nada de aquello.
Lo había llevado por su mundo muggle de la mano, como un niño que va descubriendo el mundo, el mercado había estado lleno de olores, ruidos nuevos, incluso arte, como ella lo había llamado.
Les había costado menos de diez libras y había comido mejor que en muchos sitios caros, pese al frío y la humedad.
En aquel momento Hermione había tenido una forma distinta de comportarse, había sido distendida, se había despojado de cualquier miedo, de cualquier desconfianza para mostrarse tal y como era.
Su sonrisa, la forma de cogerle de la mano, sus pequeños gestos, todo había sido verdad.
Al besarla había sentido como si lo estuviera deseando pero no entendía porque.
¿Por que bajar la guardia? ¿Porque precisamente ahora? Era cuando más en peligro estaba de caer bajo la mordedura de la serpiente, le había gustado lo que había visto.
Necesitaba preguntárselo, necesitaba saber si merecía la pena arriesgarlo todo.
Se volvió a colocar la bata blanca, aún tenía trabajo que hacer.
Cuando acabó sus rondas se apresuró por salir de su despacho y a la puerta con la mano levantada para llamar se encontraba Theodore Nott.
-Nott... -murmuró confundido- ¿Que haces aquí?
-Mi madre tenía que venir a un chequeo y pensé pasar a saludarte antes de irme -sonrió. El hombre llevaba unos pantalones oscuros y una camisa de cuadros. Lo invitó a entrar a la sala aunque no le apetecía demasiado hablar. Nott siempre se había mostrado ajeno a los problemas de la sangre aunque todo su linaje fueran magos.
-Escuché que Granger a vuelto a tu casa -asumió- y por lo visto se os ha vuelto a ver juntos en público.
-¿Tienes algún problema? -el sensor de Draco para percibir líos se agitó.
-Vengo en son de paz -sonrió el aludido levantando ambas manos- puede que sea impresión mía, pero se os ve a gusto juntos.
Malfoy se apoyó en su mesa de escritorio y se cruzó de brazos con mirada amenazante, no sabia a donde iba a parar y eso lo molestaba. No solía ser demasiado paciente.
-De acuerdo, de acuerdo, no me mires así -resopló- he venido a decirte dos cosas. La primera es que Granger me cae bien, y si consigue hacerte feliz es que tiene algo especial -bajó la mirada sin querer enfrentarle y su semblante se volvió más serio- lo segundo es que al igual que yo lo sé, lo sabe Pansy, y no creo que dude en hacer algo si se entera que estáis juntos de verdad.
Tendría que castigar a Zabini, tenía la lengua demasiado larga. No le había autorizado a decirle a nadie su plan. Aunque los medios de comunicación se bastaban por si solos.
-Es enternecedor que te preocupe nuestra seguridad -replicó venenoso.
-No es tu seguridad la que me preocupa -soltó encarándolo- pero Granger no debería de salir mal parada por tu culpa.
Ambos hombres se miraron a los ojos, tratando de encontrar verdad y buenas intenciones. Al final los dos parecieron leer al otro.
-No quiero que salga mal parada -asintió.
-Entonces déjate de dobles intenciones.
Se despidieron cordialmente, pero Malfoy seguía dándole vueltas a la cabeza, puede que Hermione se sintiera más a gusto con el, pero de ahí a tener una verdadera relación iba un gran paso. No estaba seguro de que fuera a aceptar.
El camino a casa no fue lo suficiente largo y seguía dándole vueltas a la cabeza, se metió directamente a su despacho, su chimenea ya estaba encendida y llenaba de calor la habitación. Se quitó la chaqueta y la bufanda. Se tomó un trago de whisky de fuego con rapidez a ver si la bebida le quitaba el manojo de nervios que tenía en el estómago. Un Malfoy no debía mostrarse inseguro jamás.
Se paseó por la habitación hasta que su mente empezó a despejarse, entonces llamaron a la puerta.
-¿Querías hablar? -preguntó la cabeza castaña que asomaba tras la puerta.
Entró con paso ligero, llevaba la misma ropa de aquella mañana cubierta por uno de los batines que le había comprado, llevaba el pelo suelto sobre los hombros.
El hombre abrió la boca en el momento en que todo su autocontrol se fue al garete, no podía dejar de mirar sus labios carnosos.
Caminó lentamente, como si no supiera que estaba pasando, la acorraló contra la pared, podía ver perfectamente su perplejidad hasta que sus cuerpos casi se tocaron.
-¿Draco? -preguntó con un hilo de voz. Igual que en su sueño.
Se lanzó a su boca sin piedad, con lentitud deliberada, tras la sorpresa inicial notó sus manos apoyarse sobre su pecho sin intención de apartarlo. Lamió sus labios despacio, eran mucho mejor de lo que recordaba.
Acarició su cabello hasta la nuca, hasta ejercer presión para obligarla a entregarse a el. Gruñó voraz en el momento en que notó como ella correspondía a sus caricias, sus manitas le recorrieron el pecho , el cuello y se encaramaron a su pelo. Entonces recorrió su boca con la lengua, su aliento lo estaba intoxicando, no podía parar.
Acarició su espalda sin dejarle escapatoria, presionando levemente su cuerpo contra el suyo, bajó la mano hasta su cadera, bajo los pantalones ajustados podía percibir el calor que emanaba su piel, entonces la abrazó, caminó con ella pegada a su cuerpo hasta dar contra la mesa y con un pequeño empujón hizo que se sentara en ella, solo entonces separó sus respiraciones jadeantes, para encontrar el dulce pulso de su cuello, lo besó con deleite, saboreando el aroma de su piel.
-Draco, ¿que haces? -preguntó ella con voz ronca.
Levantó la cabeza para mirarla confundido. Intentó volver a sus labios para que se callara, pero ella le colocó un par de dedos en la boca.
-¿Vas a decirme que no hay nada entre nosotros?- preguntó Malfoy cogiéndola de la muñeca.
-Hay... un contrato y esto es... -balbuceó, empezó a ponerse muy colorada.
-Despierta de una vez sabelotodo -soltó alejándose de ella como si quemara.
El portazo que dio le devolvió a la realidad con sonora verdad. Ella no podía ni albergar en su mente la idea de estar con el. La sola idea debía de resultarle repugnante, pero entonces no entendía como se arrimaba tanto a el cuando la besaba sin sentido. Juraría que suspiraba por más cuando la tocaba.
Se encerró en su cuarto y se dejó caer sobre la cama, se miró la mano, aún notaba el calor residual de su mejilla contra la palma.
-Maldita sea Draco -susurró- ¿Que estas haciendo?
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Hermione se llevó una mano al pecho, aún jadeaba, podía notar sus mejillas ardiendo y la cabeza embotada. Se perdía a si misma cuando se le acercaba.
Volvió a apretarse el nudo de la bata y con lentitud volvió a subir a su habitación. Al pasar por el espejo del tocador se detuvo, tenía el pelo revuelto y los ojos más brillantes que nunca.
Se tapó la boca con una mano y se sentó en su escritorio con el ceño fruncido, estaba totalmente confusa.
Era cierto que había intentado acercarse a el, era cierto que no era capaz de apartarse cuando el la besaba aunque estuvieran en privado, era cierto que se sentía como flotando cada vez que la miraba.
Si Malfoy tenía un plan era volverla loca.
Se armó con pergamino y una pluma, empezó a escribir rápidamente.
"Ginny
No se que esta ocurriendo, Malfoy me ha besado dos veces en privado. No se que tipo de plan crees que tiene, pero yo no se si puedo"
Se apartó del papel como si la hiciera daño con los ojos dilatados, dejó la pluma en su sitio y arrugó con rapidez el trozo de pergamino.
-...resistirme -terminó la frase en un susurro. Dejó caer la cabeza sobre la mesa dándose un ligero golpe. No podía entender en que momento había dejado de verlo como su gran pesadilla. Bueno, ella había madurado y no había pensado en el en diez años. Al volver a encontrarlo era casi como si fuera una persona diferente.
Lo cierto era que la había tratado con mucha gentileza en todo momento y eso la confundía aún más. Hubiera entendido a la perfección al Malfoy hiriente y desagradable de siempre, no a este comprensivo hombre que la ayudaba en todo.
Hizo lo único que podía hacer como buena Gryffindor irónica, ignorar el tema. No es que le entusiasmara hacerlo, pero solo de pensar en afrontar que podían tener algo le temblaban las rodillas.
Los días fueron pasando, y su cuerpo fue recuperando fuerza hasta que su herida fue solo un mal recuerdo y la fiesta de su recuperación estaba cada vez más cerca. De alguna forma entre el trabajo de el y que ella intentaba salir lo menos posible de su habitación habian conseguido ignorarse mutuamente.
La fiesta era algo que la atormentaba, iba a ser una reunión entre familia y amigos según le habían dicho, pero debía fingir delante de todos sus más alegados que tenía una relación con Malfoy iba a ser un dolor de cabeza y estaba programada para aquella misma noche.
Hacía días que no tenía que usar el bastón, caminó deprisa hasta la biblioteca, había formado varias pistas con unos libros esparcidos sobre su mesa la noche anterior y estaba muy cerca de conseguir algo.
Abrió las cortinas y una de las ventanas para tener mejor visión, estaba nublado pero el viento era cálido.
Siguió repasando ensimismada en sus investigaciones y se dio cuenta de que necesitaba un diccionario para traducir letra hierática. Caminó por los pasillos llenos de libros solamente mirando aquel papel en el que tenía apuntado lo que necesitaba, sin darse cuenta de que había otra presencia en la habitación.
Cogió el tomo que necesitaba del estante, lo abrió y empezó a pasar las hojas. De la nada apareció una mano que se colocó encima de una de ellas, impidiéndole seguir.
Al levantar la vista unos ojos grises como el hielo la observaban.
-¿Has encontrado algo? -preguntó con voz tranquila.
Hermione abrió la boca consciente de pronto de que con la ola de calor se había puesto una falda corta y una blusa fresca. Se sintió desnuda ante el y no le desagradó la idea.
Fue solo un leve roce, su mano viajó hasta su cuello y lo trazó con los dedos, con mirada ausente, y ella lo dejó. Notó como su piel se erizaba bajo su contacto.
Su boca se acercó hasta su oído.
-Dime que quieres que pare... -susurró. Al sentir su aliento se echó a temblar de anticipación. No era dueña de ella misma cuando se acercaba tanto, su aroma la atontaba.
Dejó escapar un suspiro, pegó la espalda contra la estantería, necesitaba oxigeno. No podía decirle que parara, ni quería ni podía, se había quedado muda.
Sus labios empezaron a bajar con lenta tortura por su cuello y ella cerró los ojos para centrarse en lo que sentía. Ron jamás la había echo temblar con una sola caricia, el jamás se había tomado el tiempo en tratar de seducirla y Malfoy lo hacía casi sin esfuerzo.
Sus manos recorrieron la suave tela de su blusa hasta la cintura y se colaron bajo ella, acariciando la piel de su estómago.
-Dime que me detenga... -repitió como una advertencia, separó su cara para mirarla a los ojos.
-No puedo -fue lo único que logró articular. Era tan sencillo dejarse llevar, era tan bueno, tan perfecto.
Entonces Draco la besó con confianza, haciendo peso en ella. Hermione levantó los brazos para acomodarlos sobre su cuello, no era una niña, sabía donde tenía su limite y en aquel momento lo había sobrepasado con creces.
No era consciente de que sus manos habían empezado a desabrochar su camisa, de que su respiración se había vuelto mucho más urgente, era consciente de que la piel del hombre era mucho más suave de lo que había imaginado.
Notó sus manos bajar hasta su cadera y la pegó voluntariamente a su pelvis, haciendo que el soltara un gruñido.
La tela de la falda fue levantada para posar ambas manos en sus nalgas y apretarlas posesivamente.
Hermione infiltró sus manos por la camisa abierta dispuesta a explorar su torso, sentía un desconocido calor en su vientre y en su pecho, algo que la sorprendió. Había mantenido relaciones con Ron, pero eran algo suave, carente de pasión, en aquel momento se habría dejado hacer cualquier cosa.
Con decisión se apartó de sus labios, echándolos de menos al segundo, empezó a dar pequeños besos por su cuello, su clavícula y bajó por su pecho. Escucharlo suspirar era música para sus oídos, hacía rato que notaba su erección palpitar dolorosamente contra su bajo vientre.
Sin saber como, con más fuerza de la que había predicho la levantó y ella acomodó sus piernas alrededor de su cintura. Dieron un golpe contra la estantería que se sacudió y ella soltó una exclamación de sorpresa.
Volvió a sus suaves labios, sabía a la perfección lo que necesitaba.
Entonces a su lado oyeron un suave sonido.
-Señor acaba de llegar una lechuza del hospital... -la voz de Peggy calló con rapidez- lo siento...
Volvieron a oír el mismo sonido, pero ambos se habían quedado helados, sin moverse.
Sus alientos chocaron con los jadeos, no se separaron, se quedaron mirándose un rato, hasta que pudieron volver a respirar con normalidad.
Hermione volvió a tocar el suelo con los pies, tragó saliva avergonzada. Bajó la cabeza sin poder dejar de temblar, pero los dedos de la mano de Draco atraparon su barbilla para levantarle el rostro. Volvió a besarla despacio.
-Te veré esta noche -sonrió antes de desaparecer de la biblioteca.
La mujer se llevó una mano al pecho tomando una decisión, si el quería tener algo con ella lo disfrutaría, no pensaba llevarle la contraria, no sería capaz.
Volvió a su sitio, se quedó un buen rato con la vista perdida en la nada hasta que pudo volver a concentrarse.
La suerte pareció estar de su lado, cuando consiguió descifrar la letra encontró un pasaje que hablaba de niños poseídos por un humo en Bulgaria. Tras revisar un viejo manual de magia oscura búlgaro notó las similitudes. Lo apuntó todo en un trozo de pergamino, contenta de tener al fin una nueva pista.
Envió una lechuza a Victor preguntándole si podía ayudarla a investigar, hacía años que no hablaba con el, siempre le había parecido que su carrera de jugador de Quidditch le absorbía demasiado y Ron se ponía demasiado celoso para mantener correspondencia semanal. Se había limitado a enviarle algún pequeño recuerdo en navidad y una felicitación.
Volvió a su habitación deprisa recordando que la fiesta no tardaría en empezar. Al llegar Peggy estaba de los nervios.
-Señorita Hermione vamos a llegar muy tarde si no empezamos -se quejó empujándola hacia el baño- además su pelo hoy esta mucho más rebelde.
Estuvo a punto de soltar una carcajada mientras se desnudaba para meterse rápida a la bañera. Por suerte la elfina era muy diestra al arreglarla y en seguida le hizo una coleta alta con un trozo de flequillo cruzando su frente.
Abrió el armario, no tenía muy claro que debía ponerse, se supone que iba a ser una reunión más intima así que supuso que con un vestido corto iría bien.
-Peggy -llamó a la criatura que estaba colocando los accesorios para empezar a maquillarla- ¿Quienes serán los invitados hoy?
-El señor Malfoy se aseguró que vinieran todos sus allegados- asintió complacida- la familia Weasley al completo según creo.
Al completo significaba Ron, seguramente con Lavender. No había ido a verla en ningún momento. Sabía que vendrían sus padres ya que iban a llevarle a Hugo, su plan de ir más informal se fue al traste.
Rebuscó entre las prendas colgadas de perchas y sacó un vestido hasta la rodilla, de un hermoso rojo intenso, falda amplia y escote con los hombros caidos que la convenció en seguida. Era precioso y daría que hablar.
Como siempre al ponérselo parecido hecho totalmente a su medida, como un guante.
Después de que la maquillara se calzó unos zapatos de tacón color champán que brillaban levemente y se colocó las pocas joyas que tenía dejando su garganta al descubierto.
Con más ánimo del que debería se puso incluso un par de gotas de perfume tras los pendientes.
-Llega tarde señorita -gimió Peggy recogiéndolo todo.
-Eres una artista Peggy, gracias -soltó antes de salir de la habitación.
Bajó la escalinata de forma muy diferente a los demás días, en aquel momento sonreía levemente, sabiendo que su aspecto era espectacular, sus pies se asían con fuerza a los escalones.
Toda su ex familia política estaba allí, Ron la observó boquiabierto, Harry y Ginny la saludaron desde una esquina, los demás eran conocidos del trabajo y todos sus amigos de Hogwarts.
-¡Hermione estas preciosa! -exclamó Luna llegando hasta ella dando unos ligeros saltitos, llevaba un llamativo vestido largo de color berenjena que contrastaba enormemente con su pelo rubio claro.
-¿Como están los gemelos? -inquirió su amiga riendo.
-Hechos unos colacuernos, no paran quietos -rió a su vez.
Al fondo de la sala, al lado de Nott estaba Draco, llevaba unos pantalones grises y una simple camisa azul oscura, pero para ella parecía sacado de una revista, al verla se disculpó con su amigo y atravesó la sala deprisa para colocarse a su lado. La miraba con tal intensidad que en seguida enrojeció.
Sus dedos recorrieron deliberadamente el nacimiento de su nuca y toda su espalda hasta depositar la mano más abajo.
-Odio este vestido -susurró a su lado, ella levantó ambas cejas sorprendida- quiero quitártelo.
Hermione soltó una risita feliz.
-Me alegra verte de nuevo Draco Malfoy -sonrió Luna antes de irse.
Fueron al comedor donde de nuevo habían puesto varias mesas altas para que todo fuera más distendido. Entonces se acercaron a la familia de los Weasley, parecían bastante incómodos.
-¡Mama! -exclamó Hugo corriendo hacia ella- ¡He estado enseñándole al abuelo como funcionan los coches teledirigidos y el tío Bill me ha traído una maqueta chulisima de un dragón de verdad que se mueve y todo!
Estuvo un buen rato abrazándolo, escuchando todas las cosas que habían hecho mientras que ella no había estado y se sintió bastante culpable por dejarlo, aunque parecía habérselo pasado muy bien.
En cuanto se distrajo jugando con George empezó a buscar a Rose, tenía que hablar con ella.
La encontró en el jardín, Scorpius y ella estaban buscando una especie rara de flor.
-Os encontré -exclamó triunfal.
-Señora Granger -dijo el niño con una sonrisa, ambos estaban más altos desde la ultima vez que los había visto- me alegra que se encuentre mucho mejor.
-Ya va siendo hora que me llames Hermione jovencito -lo reprendió- ¿Puedo charlar con Rose?
El muchacho asintió rápidamente y tras mirar a su amiga se perdió por el sendero. La niña llevaba un bonito vestido amarillo que ya le iba quedando pequeño, su cabello parecía castaño oscuro en la tenue oscuridad.
Caminaron hasta un banco de piedra donde ambas se sentaron.
-Voy a pedirte perdón por haberte ocultado todo esto Rose -aclaró con calma- han pasado muchas cosas en muy poco tiempo.
-¿Como lo de que estas saliendo con el señor Malfoy? -preguntó sin mirarla. Hermione se sintió un poco dolida por su indiferencia.
-Si Rose -asintió con un nudo en la garganta, nunca se habían peleado así- ¿tienes algo en contra?
La niña parecía sorprendida al escuchar una respuesta tan franca, la miró ceñuda.
-El me cae bien, pero... oigo lo que dicen en la escuela, era un mortífago en la guerra y...
La mujer le cogió ambas manos entre las suyas cortándola y suspiró.
-Cielo, la gente comete muchos errores a lo largo de la vida -aseguró- pero le conoces, sabes que es un hombre bueno.
Rose la miró a los ojos y parpadeó varias veces antes de refugiar la cabeza en su pecho. Ambas habían echado de menos esas muestras de cariño, la abrazó con fuerza.
-¿Le quieres?
La mujer abrió los ojos asustada, no había querido hacerse esa pregunta a si misma, pero en su fueron interno ya sabía la respuesta.
-Me gusta mucho -admitió dando las gracias porque fuera de noche y no se vieran sus mejillas enrojecidas
-Entonces te apoyo mamá -se separó para mirarla- pero me molesta que me guardes secretos.
-Ni un solo secreto más -Hermione levantó la mano para jurarlo y ambas sonrieron.
La niña se excusó diciendo que tenía que entrar a cenar algo y echó a correr. Cuando su madre se levantó se encontró con Draco caminando hacia ella.
Suspiró sin poder evitarlo cuando se le acercó y sus bocas se fundieron. Era como volver a respirar, como estar finalmente en casa. Sintió sus brazos recorrer su espalda hasta dejarlos en un abrazo.
-¿Todo bien? -preguntó en un susurro.
-Ahora si -atinó a decir acomodada en su pecho.
Notó como bajaba la cabeza hasta depositar un suave beso sobre su hombro desnudo.
-Podría acostumbrarme a este vestido -sonrió contra su piel.
Estaba tan ensimismada con la perfección del momento que no se dio cuenta de que otra pareja se les había acercado.
-No puedo creer que seas tan ilusa Hermione -la voz de Ron la sacó de su ensoñación como un bofetón- te esta engañando.
Alzó la mirada para encontrarse con su ex pareja y Lavender, que lucía orgullosa un embarazo muy avanzado y la miraba con el ceño fruncido.
-Esto es una fiesta -aclaró calmada- deja los dramas para otro momento.
Draco se tensó a su lado, se giró a mirarlos pero no se movió de su sitio.
-Pero es que no es posible que quiera estar contigo y tu no lo ves -se quejó de nuevo.
-¿Porque no Ron? -preguntó ella con un deje de lástima, recordaba haber tenido aquella misma conversación acerca de Victor en cuarto curso, también recordaba haber llorado en la escalinata de acceso a la torre porque había reventado su noche perfecta- ¿No soy lo suficientemente buena?
-Es una serpiente -aclaró confiado- estará maquinando un plan para utilizarte y luego hacerte daño como en el colegio.
-Comadreja... -siseó a su lado, pero ella le apretó con suavidad la mano para detenerlo, estaba tan tenso que se le marcaba la vena de la frente.
-¿Ron pero que haces? -exclamó una voz tras ellos. Harry se apresuró a colocarse entre ellos, parecía muy triste- Deja de decir estupideces, no es cosa tuya.
-Hermione siempre ha escogido al tío equivocado -escupió- como a Krum. Esta claro que no sabe ver a los hombres.
La mujer tragó saliva, le estaba costando mucho no soltarle un improperio.
-En eso tienes razón -asintió- realmente no se lo que vi en ti. Siempre fuiste celoso, insoportable y un aprovechado. Solo tu destrozarías esta bonita fiesta.
Harry los miraba a ambos como si estuviera en un partido de tenis, temiendo perder a sus dos mejores amigos. Ron estaba poniéndose rojo por momentos, tenía los labios tan apretados que apenas se le veían. Lavender que siempre había tenido la lengua muy suelta estaba pálida y se aferraba al brazo del pelirrojo con fuerza, como si no quisiera estar allí.
-¿Podemos dejar esto para otro día? -suplicó el moreno.
Ron salió de allí deprisa farfullando algo de "todos están en mi contra" y tras un momento de silencio pudieron volver a respirar.
Draco repasó de nuevo la linea de su espalda para calmarse.
-Harry necesito hablarte de algo -dijo la castaña con un deje de preocupación- he encontrado más información, creo que hay otro caso en Bulgaria.
El hombre acortó la distancia entre ellos con el ceño fruncido.
-¿Estas segura? -preguntó- Prepararé el viaje en cuanto me digas donde buscar.
-Iré contigo -aclaró decidida.
La negativa a la vez de ambos hombres los dejó a los tres anonadados.
-No creas que voy a dejar que vuelvas a arriesgar tu vida así -contestó el rubio separándose de ella.
Hermione volvió a sentir el frio de la noche en sus brazos caldeados por el abrazo, y la hizo sentir más sola que nunca.
-No era una pregunta Draco -sus ojos reflejaban el arrojo.
-No puedo creer que vaya a decir esto -suspiró su amigo- pero coincido con Malfoy. Después de la ultima vez no puedo dejar que vayas.
La mujer se apartó de ambos con el ceño fruncido.
-Esta discursión ha terminado, si no me acompañas iré sola -echó a andar por el sendero con la cabeza bien alta.
-¿Que tipo de chorradas suicidas os enseñaban en Gryffindor? -le oyó exclamar a Draco a su espalda.
Me encanta escribir cierto grado de lemon, hace la vida más excitante (como decía aquel anuncio), me cuesta mucho más escribir discursiones con Ron que con Draco, porque me da la impresión de que el pobre Weasley no puede poner muchas más pegas excepto el hecho de que Malfoy fue un capullo en el colegio, mientras que Draco ha pasado página y discute de otras cuestiones.
Quise dejar como ultima frase la que habéis leído porque me hizo muchísima gracia pensar que Draco diría algo así.
Muchísimos besos a todos y nos vemos en el siguiente!
