Lo prometido es deuda! Ya estoy de vuelta con otro capi*_*

Para los que leen mi otro fic, comprobarán que esto es una gran diferencia conforme acabó el otro, es como una pequeña disculpa:')

Esta trama es genial y me encanta escribirla, pero aún me gusta más que vosotros la disfruteis y aprecieis, así que teneis fic para rato, al igual que con Memories.

Un beso a todas y todos, y por favor, comentad y dejadme saber vuestra opinión:*


Se ajustó el micrófono que llevaba pegado en el interior del forro de la cazadora y miró a Javi, esperando instrucciones.

-¿Estás segura de que quieres hacer esto?-preguntó cauteloso al mismo tiempo que tecleaba algo en su ordenador.

-Por algo estoy aquí, ¿no crees?-echó un vistazo a la pizarra blanca, dónde una foto policial de Giorgio sujetando un cartel con su identificación le devolvió una dura y desafiante mirada.

A su lado, varias fotografías que ella misma había hecho a escondidas a "La Guarida", a su zona en la universidad y a los amigos con los que frecuentaba, permanecían desordenadas formando las líneas rectas de un cuadrado.

Por último, en grande sobre la cabeza de Giorgio estaba escrito su nombre en permanente negro. Revisó una y otra vez algunos de los delitos que se le atribuían, como posesión indebida, allanamiento de morada, tráfico, resistencia policial y probablemente algún homicidio.

Leer eso produjo que su carne se volviera de gallina, y que un escalofrío recorriera su espalda como un pequeño aviso de lo que le pasaría a ella si fallaba.

Era una misión simple, medianamente fácil y táctica. Sólo tenía que acercarse a "La Guarida", preguntar por él, y conseguir unos gramos de cocaína cómo prueba irrefutable de lo que estaba pasando.

-A Rick no le va a gustar.-un pinchazo se clavó en su estómago al escuchar su nombre. De nuevo, una semana sin hablarle, manteniendo el contacto suficiente gracias a la comisaria y rehuyendo de cualquier otra doble intención.

Seguía dolida por sus palabras. Había dicho que no quería cometer más errores, y aunque eso no dijera del todo que ella lo fuera, la forma en que se expresó dio por contado que acabaría siéndolo. Ella odiaba que la gente la juzgara sin llegar a conocerla, cómo habían hecho todos tanto en el instituto como en la universidad.

Llegaría el momento en el que deberían hablar, o al menos mirarse más de un segundo, sin embargo ella había decidido posponerlo.

-Fue él quién insistió en meterme aquí, además, tú diriges esto, no lo hago por mi cuenta.-Espo torció el labio no muy de acuerdo con lo que acababa de decir, pero tampoco dijo nada.-Si se enfada, que se joda.

Javier había notado la tensión que irradiaba entre los dos esa misma semana. Incluso le había preguntado a Lanie en uno de sus encuentros amorosos si ella sabía algo que él no supiera, o que Rick no le había contado. Fue en vano, pues la mejor amiga de su nueva compañera estaba en igualdad de condiciones. Ni Rick, ni Kate decían nada de lo que fuera qué había sucedido entre ellos, y menos aún se hablaban o se miraban más de la cuenta.

Para él, la situación era muy incómoda. Y después de que Kate dijese ese tipo de comentarios envenenados, conseguía darle más hierro al asunto.

-Vale, no vas a estar sola, yo te seguiré poco a poco hasta colocarme a unos metros del bar, junto con mi compañero Kevin para poder escucharte y grabar toda la conversación.-cogió su cazadora del respaldo de la silla y se enfundó en ella mientras continuaba la explicación.-Si por algún caso pasase algo, allí te colocaremos un chaleco antibalas y estarás rodeada de policías que no dudarán en apretar el gatillo.

Kate asintió cabizbaja. Un nudo en la garganta le dificultaba el tragar, al igual que sentía una extraña opresión en el pecho. La adrenalina hacía efecto, mezclándose con el miedo en las profundidades de su estómago. Al principio no pensaba que fuese tan peligroso, pero viendo la gran protección que tenía a sus espaldas comenzaba a arrepentirse.


La calle del bar llevaba un ritmo normal, sin nada qué la hiciera parecer sospechosa. Las personas paseaban por allí, se detenían en los puestos ambulantes de comida rápida o leían un periódico sentados en el banco más cercano. Desde los ojos de Kate no se veía a nadie de la policía ni ningún vehículo, aunque después supuso que acudir allí con uno que llevase dibujado el rótulo característico de esta haría que la misión se fuera a la porra.

El Crown Victoria de Espósito frenó delicadamente cera de una enorme furgoneta de frutas y verduras, o al menos eso dejaba ver la carrocería adornada con naranjas, uvas, tomates y demás. Pero, una vez dentro, lo último que podía llegarse a ver era eso.

Estaba llena de pantallas de vigilancia apuntando todas a la entrada de la taberna o al conjunto de ventanas exteriores, buscando buenos planos del interior del local.

Sentado detrás de ellas se encontraba un hombre, de la edad de Espósito y Rick, o al menos eso parecía, con unos cascos y un micrófono para hablar adherido a ellos. Su pelo era rubio, no como el de Castle, que era más bien castaño claro y a veces cobrizo, era rubio puro.

-Kate, este es Kevin Rían, mi compañero en bandas organizadas y antivicio.-dijo el cubano haciendo que el hombre rubio se girara para mirarla. Solo ahí pudo ver que sus ojos eran azules. De un azul muy parecido al cielo y al agua cuando estaba en calma, sencillamente preciosos.

-Hola, Kate.-le estrechó la mano con amabilidad. Ella sonrió al ver los pocos centímetros que le sacaba gracias a sus tacones y cómo él tenía que elevar un poco la mirada.

-Encantada, Kevin.

No parecía americano. Su pelo, sus ojos, su piel pálida denotaban otra nacionalidad. Podría tratarse de un irlandés o un noruego. Fue mucho más gracioso cuando Espo se colocó a su lado y el contraste se notó aún más con la piel oscura del segundo. Ellos sí eran de la misma altura.

-¿Cómo tenemos las cosas, Ryan?

Kevin volvió a su asiento, colocándose los cascos en el proceso. Tecleó algo y al instante las cámaras cambiaron de ángulo, mostrando tejados, esquinas y vehículos.

-El FBI está aquí.-Kate entrecerró los ojos para ver mejor.

En tres tejados se encontraban tres tiradores diferentes con un rifle en las manos y un traje negro de combate. Esos eran los más diferentes, pues las demás personas a las que estaba enfocando la cámara si eran agentes no lo parecían.

-Y van de paisanos.-añadió Espósito leyendo la mente de Kate. Los dos policías se miraron sin comprender, y mucho menos lo hacía ella, ajena a todo lo que se estaba tramando fuera.-¿Por qué?

La puerta trasera se abrió con un chasquido metálico, haciendo que todos se giraran en esa dirección. Kate agachó la mirada y apretó la mandíbula al reconocer al nuevo pasajero a bordo.

-Porque han decidido acabarlo todo con Beckett.-respondió Rick quitándose las gafas de sol a juego con su característico Armani negro.

-¿Acabar toda la misión?-preguntó Espósito sorprendido.

La voz de Rick fue firme y tensa, lo que hizo que todos se dieran cuenta de qué él no era partidario de ello.

-Sí. Quieren que Kate entre, pida lo que tenga que pedir y cuanto antes hacer la redada y pillar a Giorgio.

-No pueden hacer eso.-Espósito se acercó a la aludida que aún continuaba mirando el suelo. No quería cruzar una mirada con Rick y que él viera el miedo en sus ojos. Estaba escuchándolos hablar, ella era el cebo.

Entrar ahí ya no parecía tan fácil.

-Lo harán.-respondió él ceñudo acariciándose la barbilla.

Miró de reojo a Kate. Sabía lo que pretendía, evitar el contacto visual para no poder adivinar sus emociones, pero no era tan difícil. Nueva en todo eso, nunca había entrado en acción y ahora daba un paso enorme dentro de una investigación dónde si fuera mal podría salir hasta herida. Tenía miedo, estaba seguro.

Quería abrazarla y hacerle saber que iba a estar ahí fuera, esperándola y haciendo todo lo posible para que acabara rápido y pudiese volver a su vida normal y olvidarse de él.

Escuchó los bufidos indignados de su amigo como si estuvieran en un segundo plano. Solo podía repasar el contorno del mentón de la chica, apretado, al igual que su ceño se encontraba fruncido.

Kate era dura, valiente y sabría controlar la situación.

-Va a venir conmigo, me han pedido que le explique unas cuantas cosas.-mintió.

Si iba a entrar ahí dentro sola, necesitaba tener unos minutos de intimidad con ella.

Kate lo miró por primera vez desde que había entrado a los ojos. Hubiera jurado que de su boca había escapado un pequeño suspiro al hacerlo.

Mantuvieron el contacto visual el uno al otro, no sabiendo muy bien quién debía ser el primero en salir. Finalmente Kate pasó por su lado, y se perdió detrás de las grandes puertas de metal.

Rick la encontró apoyada en la parte lateral que no miraba hacia "La Guarida", ya que la furgoneta permanecía aparcada en paralelo.

Miraba hacia la esquina, pendiente de otro agente del FBI encubierto. Éste ojeaba un teléfono de forma distraída y de vez en cuando rastreaba la zona con sigilo.

-Kate, mírame.-la chica chasqueó la lengua queriendo aparentar aburrimiento antes de hacer lo que le había pedido.

Observó el resentimiento en sus ojos, el desafío. Por unos segundos quiso sonreír cómo no lo había hecho nunca. ¿Qué hacía esa chica con él?

-Vas a entrar sola. Llevas el micro, intenta no parecer nerviosa, no utilizar gestos que te delaten, no mirar a todos lados si te agobias, nosotros estaremos vigilándote.

-No creo que esté preparada para esto.-respondió sin saber muy bien por qué había sido sincera.

Las ganas de salir corriendo de allí eran reales. Mentalmente no se encontraba muy estable, Rick la perturbaba con sus palabras, con su mirada, y ahora llevar sobre sus hombros una operación delicada estaba agobiándola.

-Siempre supe que lo estarías.-él decidió pagarle con la misma moneda. Se sintió satisfecho al haber captado toda su atención.

-¿Por qué no eligen a otra persona con formación policial?-carraspeó antes de formular la pregunta y cruzarse de brazos.

La tensión que se había creado después de sus palabras podía haberse cortado con unas tijeras si el caso lo hubiera permitido. Lo más extraño era la sensación en su pecho, esa corazonada que le aseguraba que si él permanecía ahí fuera nada malo podía pasarle.

-Porque ven adecuado que seas tú. Supongo que porque también saben que conoces a Giorgio, que vas a su universidad y porque saben que te he entrenado yo.

Kate se mordió el labio inferior mientras agachaba la mirada, nerviosa. Sí, sabía defenderse en el cuerpo a cuerpo, sabía desarmar a su oponente tal y cómo lo había practicado con Rick, pero eso era diferente. No tenía esa duda constante de bloquearse y recibir un disparo en cualquier parte de su cuerpo.

Cuando volvió a mirarlo, él sostenía algo en sus manos.

-Es un chaleco antibalas.-explicó levantándolo un poco para que pudiera verlo mejor. Ella conocía eso, los había visto en uno de los armarios de la comisaria. Todo el mundo sabía que se utilizaban para no salir herido por un arma de fuego.-Esto te proporcionará más seguridad que otra cosa.

Una parte de su cuerpo se relajó, sabiendo que al menos si no le disparaban en la cabeza saldría viva de allí. Arrugó la cara gracias a ese desagradable pensamiento.

-¿Vas a estar controlándolo?-no sabía por qué preguntaba eso, pero cuando él asintió ella pudo respirar un poco mejor.-No voy a dejarte sola en todo esto.

Entreabrió los labios, mirándolo fíjamente. ¿Qué demonios le pasaba a Rick Castle? Comenzaba a sorprenderla, pues nunca antes había dicho cosas de ese tipo, aunque esa mirada sí la conocía. Ella solía adquirir la misma cada vez que lo miraba.

Quiso hablarle brevemente sobre lo que había pasado la semana anterior en su casa, y no hablaba solo de su mención de un "error" sino del momento tan íntimo que habían compartido en su dormitorio. De la corriente eléctrica que ambos habían sentido justo cuando su piel se hubo juntado con la suya, de sus labios secándose bajo su mirada, de la anticipación en su rostro, de las ganas que creía inexistentes. Sin embargo, no había tiempo.

-Quítate la cazadora.-le ordenó con voz firme. Ella frunció el ceño sin comprender.-¿No querrás que te ponga esto encima de la ropa?

-Sería una gran idea.-respondió ella sarcástica mientras deslizaba la chaqueta por sus antebrazos.

Rick pegó su cuerpo al de ella, de tal modo que solo eran unos centímetros los que los separaban. Abrió el chaleco, cruzando una mirada ardiente con ella.

-Una vez dentro pregunta por Giorgio.-la ayudó a colocárselo bien una vez hubo metido ambos brazos dentro.-Eres sexy, coquetea con él, ya sabes.-dijo como si nada apretando los cierres que colgaban de su estómago.

Kate se mordió la cara interna de la mejilla obligándose a no sonreír. Pocas veces él le había reconocido que la veía guapa, pero nunca sexy. Ella lo comprobaba en la forma que tenía de repasarla de arriba abajo incluso cuando no estaba mirando. No obstante no lo había mencionado hasta ahora.

-Yo no puedo escucharos pero vosotros a mi sí.-Rick asintió.-¿Y si me veo con dudas o noto peligro?

El agente se acarició la barbilla. Ella tenía razón, podrían confundir su nerviosismo con una verdadera amenaza o una falsa alarma.

-Utiliza la palabra "rojo" en cualquier contexto y entraremos.-respondió esperando a que ella aceptara.

Por alguna extraña razón se sentía con más ganas de entrar y acabar con todo ese lío de la policía, del FBI, de las misiones... ¿De Rick?

-Vale, lo intentaré.-comprobó que la cazadora ocultara bien el chaleco antibalas. Parecía que Castle había pensado también en eso, ya que comenzó a tocar su estómago, sus hombros y su espalda.

-El FBI está cubriendo todas las salidas y los callejones.-sin quererlo o queriendo acarició la mejilla de la chica con el pulgar.-Cuantas con muchos refuerzos.

Kate agradeció estar apoyada en el camión al sentir sus piernas flojear. El olor de Rick era fuerte y si añadía su caricia a eso podía convertirse en un cóctel mortal. Perdida en sus ojos azules no sabía qué hacer. Él no apartaba su mano, sin embargo ella tampoco quería que lo hiciera.

-Tienes que ir ya.-susurró molesto. Reparó en el pinganillo dentro de su oreja. Estaban pidiéndole que se fuera y que comenzara la operación.

-No permitas que me pase nada.-el susurro pilló desprevenido a Rick. Alzó un poco las cejas, pero asintió.

Antes de que ninguno pudiese decir nada, o alguien los interrumpiera, besó su labio superior y después su labio inferior, consiguiendo la mirada más confusa de Kate.

-Ten cuidado.

Ella asintió con las ganas de devolverle el beso quemándole por dentro, pero sólo pudo mirarle de esa forma que únicamente conocían ellos dos y darse la vuelta en dirección a "La Guarida".


-La has besado.

Ni siquiera había puesto un pie de nuevo en la furgoneta espía cuando Espósito se abalanzó sobre él.

-No deberías escuchar o ver conversaciones ajenas.-respondió Rick pasando por su lado con la prioridad de mantener vigilada a Kate.

-Ha sido sin querer.

Rick le miró enarcando una ceja.

-Sin querer queriendo.

-Algo así.-el cubano se encogió de hombros.-El caso es que lo has hecho.

-Lo he hecho.-repitió éste cansado.

Kate cruzaba la calle y estaba a punto de entrar en la taberna. Él había estado ahí con ella semanas atrás, en el cumpleaños de Espósito. Por suerte conocía el recinto.

-Estoy dentro.-la voz de Kate irrumpió en la pequeña furgoneta. Eso hizo que el policía cerrara la boca dispuesto a contestar a Rick.

-Ryan, apunta a la ventana cercana a la barra.-ordenó éste sentándose en la silla contigua.

El plano se amplió lo máximo posible y los tres se inclinaron para poder distinguir bien a las figuras.

Las manos de Kate sudaban, agradeció que fueran solo sus manos. Detrás de la barra se encontraba un chico de su edad, parecía el camarero que los había atendido la última vez que había estado allí, pero no lo era.

Suspiró. El beso de Rick continuaba en su cabeza, y lo más duro era que no podía sacarlo. Inspiró profundamente antes de mentalizarse de su próximo paso.

-Hola.-intentó fingir una voz sensual, cosa que dio resultado, pues el camarero se acercó veloz a ella con una sonrisa coqueta.

-¿Qué puedo hacer por ti preciosa?

Ella rio de forma falsa, en su mejor intento de coqueteo al mismo tiempo que se pasaba la mano por el pelo. Estaba muy sorprendida consigo misma y con lo bien que llevaba la situación.

-Querría ver a Giorgio.-el joven frunció el ceño. Ella pestañeó lentamente sin dejar de sonreír.

-¿Eres su amiga?

Rick se mordió la cara interna de la mejilla. Se sintió estúpido sabiendo que eran celos lo que estaba apoderándose de él. Ese tío se aproximaba demasiado a Kate.

-Voy a su universidad y, bueno-todos vieron como hacía una pausa y agarraba una cereza de un cuenco cercano y jugaba con ella sobre sus labios-sé lo suyo con la mercancía...

Rick tragó saliva. Su cuello enrojeció por momentos. Temía que su entrepierna también lo hiciera.

-Lo está haciendo genial.-susurró Ryan moviendo sus dedos por las teclas. Al instante vieron el progreso de la grabación mezclándose con la voz de Kate.

-Podría llamarle.-respondió el chico. Acto seguido se colgó el paño que había usado para limpiar la superficie de la barra en el hombro.

-Esperaré aquí.-Kate se mordió el labio inferior.

La presión, el nerviosismo, cualquier cosa que había sentido antes de entrar había desaparecido por arte de magia. Se sentía segura y esa seguridad le proporcionaba la mejor actuación de su vida. Eso, y el hecho de saber que Rick estaba viéndola y escuchándola.

-¿Cómo te llamas, cariño?

Lo que sí era irritante era soportar la inútil mirada de coqueteo que le lanzaba. Dejando de lado su constante atención al poco escote que lucía.

-Kate.-respondió de nuevo riendo.

El joven continuó mirándola con ese brillo secreto en sus ojos hasta adentrarse en las escaleras que descendían al sótano.

-No sé si me estáis viendo, pero de momento todo va bien. Ha bajado y ahora subirá Georgio.-susurró lo más disimulado que pudo. Sabía que no obtendría ninguna respuesta, sin embargo informar no estaba mal.

-Cuando suba Georgio, ella lo entretendrá un rato antes de que pasemos a la acción.-dijo Rick.

Espósito y Ryan asintieron sin decir nada, de acuerdo con él. Aún sabiendo que todo marchaba tal cual lo previsto no podía evitar sentirse intranquilo sabiendo que ella estaba dentro.

Kate se giró al escuchar dos pares de pies ascender por la crujiente escalera de madera. Primero apareció el camarero con el que había estado hablando, seguido de éste Giorgio, vestido también de traje. La imagen de Rick apareció en su mente.

Sonrió desde allí, esperando la misma respuesta por parte de él. Éste lo hizo.

Su pelo rubio parecía más teñido que natural. Era alto, bastante, y viendo cómo se marcaban sus músculos bajo el traje comprobó que también era fuerte.

Su sonrisa se fue borrando a medida que un segundo camarero lo paró justo cuando se dirigía hacia ella. Debió de empalidecer, pues lo conocía, era el mismo que había reconocido la placa de Rick en un descuido.

Le dijo algo a Giorgio mientras él la miraba fijamente. Asintió después de que el otro joven se retirara. Ni siquiera lo había visto aparecer.

-Mierda, mierda, mierda.-dijo entre dientes, girándose. Fingió que se cruzaba de piernas sobre el taburete, aprovechando para añadir:-Rick, el camarero que nos vio creo que le ha avisado de quién soy. Espera mi señal y prepárate por favor.

Castle se levantó de un salto. Espósito acudió a su lado.

-Joder.

-Llama a todos y avisa el estado de la situación.-dijo el cubano agachándose esta vez junto a Ryan.

Rick no dijo nada. Sacó el iPhone de su pantalón y pulsó la marcación rápida.

-Soy Castle.-Espo lo miró de reojo. Su voz era dura, muy dura, y eso era porque Kate estaba dentro.-Sí, hay un problema. Uno de los camareros ha reconocido a la chica y creemos que el capo lo sabe.

Sujetó el móvil con una mano mientras se desprendía de la chaqueta del traje. Le había prometido protegerla y eso estaba haciendo. No iba a ser otro que él quién iba a coordinar la operación de asalto.

-Preparad a todos, yo dirigiré.-colgó la llamada cuando la chaqueta reposaba ya sobre el respaldo de la silla de Ryan.

-¿Vas a entrar?

-Ni lo dudes.-respondió Rick clavando sus ojos en las profundidad oscura que eran los de Espo.

-Chicos, chicos, mirad. Kate ya está hablando con Giorgio.

Se inclinaron expectantes para escuchar la conversación.

-Hola, preciosa.

Kate tragó saliva con fuerza queriendo que su nuevo e inesperado nerviosismo no se notase mucho. Sonrió.

-¿Preciosa? No es para tanto.-se mordió el dedo índice sin dejar de mirarlo a través de sus largas pestañas.

-Eres una chica impresionante.-El rubio se estiró solo para repasar todo su cuerpo.-¿A qué se debe este placer?

Controló lo máximo posible su voz cuando vio una Glock asomar por su cintura una vez se hubo apoyado en la barra. Dejó caer las manos sobre su regazo, volvían a estar mojadas.

-Voy a la misma universidad que tú.-dijo finalmente. Se apartó el flequillo de los ojos con un movimiento sensual.-Y bueno, me han comentado algo sobre tu "negocio".-hizo comillas con los dedos riendo de la forma más estúpida posible.

Si hacía el papel de chica tonta y coqueta, tal vez podría parecer ignorante, o mejor, inofensiva.

-Veo que soy famoso.-Giorgio se acarició la barbilla. Kate vio como su mirada se paseó desde la puerta principal hasta las diversas ventanas de cristal.

-Y no solo por las drogas.-decidió ganar terreno con la mejor baza que podía obtener en esas circunstancias.

Acercó un poco más el taburete al joven sin dejar de mirarlo. Quiso expresar un ardiente deseo de sexo en sus ojos y para ello pensó en que era Rick con el que hablaba.

Giorgio pareció complacido pues la miró de la misma forma antes de ofrecerle una copa.

-Ryan,¿tienes otro micrófono para que yo pueda escucharla?-el irlandés asintió. Rebusco en uno de los cajones montados debajo del escritorio que sostenía las numerosas pantallas hasta que finalmente levantó la mano y en ella estaba el objeto.

Rick se lo colocó en la oreja restante, pues en la otra escuchaba las órdenes del FBI. Al instante escuchó la suave voz de Kate en un intento de coqueteo que comenzaba a hervirle la sangre.

Salió a través de las puertas metálicas, dónde varios agentes estaban esperándolo, vestidos para la ocasión. Llevaban un chaleco antibalas negro con las iniciales del FBI en amarillo, justo en el pecho. Le tendieron uno y no tardó ni un minuto en enfundarse en él.

-¿Refuerzos?-preguntó cogiendo varias pistolas que le iban ofreciendo.

-Los tiradores están listo. La parte trasera del local bloqueada, las ventanas vigiladas y nosotros esperamos sus órdenes señor.-respondió uno de ellos.

Rick sujetó la Glock con la boca, asintiendo de acuerdo con todo lo que su hombre decía. En este tipo de situaciones tomar el mando era peligroso desde la perspectiva de cargar con varias vidas a sus espaldas. Él estaba al mando del pelotón, por lo tanto si algo salía mal las culpas caerían encima suya.

-Esperad a que yo de la orden.-las cabezas de los chicos se movieron al unísono.-Ella tiene la palabra clave.

Les pidió que se colocaran detrás de él, en fila y agachados. Era la mejor forma de coger velocidad si querían recorrer los veinte metros que les separaba del bar a pie.

Apretó el pinganillo de Kate contra su oído, ignorando el parloteo en su otra oreja. Agudizó el sentido hacia su voz y se concentró.

-Cuéntame más de ti, Kate.

La aludida lo miró por encima de su mojito, sin saber muy bien qué decir. Notaba el ambiente muy raro, y la corazonada no era buena.

-¿Qué quieres saber?-repasó la pajita negra con los labios sonriendo.

-Con quién trabajas.-su corazón se aceleró.-Si es que trabajas, claro.

Lo sabía. Sabía quién era y que cooperaba con la policía. Estaba segura de que era eso lo había dicho el camarero.

-No trabajo, no.-saltó de tema siendo consciente de que debía cerrar ya todo.-Pero sabes, me encantan los coches.

Esa vez fue Giorgio el que frunció el ceño, sin embargo no dijo nada, se limitó a beber el poco whisky que quedaba en su vaso de un trago.

-¿Cual es tu preferido?-el sonido del cristal golpeando la barra hizo que sonriera. Esperó que Rick escuchara lo que iba a decir.

-Los BMW.-esperó hasta que Giorgio mordió el anzuelo.

-¿Algún color en especial?-vio como se llevaba la mano al cinturón descuidadamente y esa fue su oportunidad para responder.

-Los rojos.

Contuvo el aliento un par de segundos, aparentando la mayor tranquilidad posible. Pero nadie entró.

-Buen juego, guapa.-desenfundó la pistola disfrutando de la situación, observando cómo cambiaba el rostro de la chica y su seguridad se esfumaba.-Levanta.

Kate hizo lo que se le ordenó, las piernas le temblaban. Ni siquiera podía respirar, el miedo la había paralizado. Quería llorar, llorar porque iba a morir y porque había confiado a Rick su vida y él la había fallado.

-Te gusta mezclarte con los polis, eh.-se acercó a ella sin vacilar, con el cañón apuntando directamente a su frente. Ella apretó la mandíbula y las manos, obligándose a mantenerse fría y serena.

-No sé de qué hablas.

-Oh, vamos.-sonrió él. Acarició su pelo divertido con el dorso de la pistola. Quería jugar con ella, con su miedo.-Me han dicho que estuvisteis aquí hace un par de semanas, tú y dos de ellos.

Cerró los ojos. Si le golpeaba en la entrepierna la pistola seguiría muy cerca de ella y no estaba segura de si el chaleco la protegería de esa cercanía.

Justo cuando pensaba que ese era el final, que acabaría desangrándose en el suelo, la puerta principal voló contra la pared más cercana.

-Policía de Nueva York, está rodeado, suéltala.-viendo que Giorgio se distraía mirando a Rick, hizo lo que había estado pensando y rodó por el suelo antes de que él pudiera contraatacar.

-Vamos, vamos, vamos.-gritó Rick a sus hombres perplejos. Giorgio se retorcía en el suelo mientras se agarraba la entrepierna e insultaba a Kate casi sollozando. Ella estaba agachada detrás de una de las mesas.

La pistola seguía al lado de su cuerpo, y cuando vio que podía cogerla y de un disparo acabar con ella, pues estaba a tiro, corrió a golpearla, alejándola completamente de su alcance.

Los demás se ocuparon de su detención, de buscar la mercancía posible en el sótano de la taberna y de encontrar a los demás componentes.

Por suerte a esa hora del día no había clientela, y nadie había presenciado el encuentro de Giorgio y Kate, ni nadie había salido herido.

-¡Kate!-Rick guardó su arma en la funda. Ella seguía acurrucada entre las mesas.-Kate, ven.-le agarró de la mano y la abrazó contra su cuerpo, besando repetidas veces su frente.

-¿Por qué habéis tardado tanto, joder?-se sintió culpable al ver las lágrimas surcar su rostro y el palpable miedo en su voz.-Podría haber muerto Rick.

-No hubiera dejado que te pasase nada.-Kate le miró fijamente. Encontró verdad en sus palabras, y algo mucho más que preocupación.

-¿Por qué?-musitó. Seguía abrazado a él, incapaz de dejar de mirar sus tranquilizadores ojos azules. A su alrededor el FBI había empezado a registrarlo todo, a sacar desde paquetes de cocaína hasta tabletas de hachís, todo eso ajeno a ellos, tan solo unos pocos los miraban de reojo.

Lo había visto entrar, la patada, la puerta, él, su mirada dura, empuñando el arma y su nerviosismo al verla amenazada.

-Eres mi compañera, siempre debo cubrirte las espaldas.-susurró frunciendo el ceño. Apartó la mirada, pues si ella seguía fijándose comprobaría que había mucho más detrás.

-¿Después de todo sigues pensando que solo somos compañeros?

Levantó los ojos con timidez y asintió. Ella suspiró y se deshizo de su abrazo.

-Necesito tomar el aire.-se excusó.

Por una parte quería decirle todo lo que sentía. Nunca había tenido tanto miedo cómo lo había tenido mientras esperaba fuera. Pero por otra, sincerarse le aterraba.

Observó cómo desaparecía detrás del hueco dónde antes estaba la puerta que él mismo había derribado, y se cruzaba con Espósito brevemente.

-¿Qué ha pasado?-le preguntó una vez hubo llegado a su lado. Rick suspiró profundo y largo al mismo tiempo que se pasaba la mano por la cara.

-Nada.-respondió chasqueando la lengua.

-¿La quieres?

Llevaba demasiado tiempo pensando esa respuesta como para echarse atrás ahora.

-No tienes ni idea de cuánto.


Las gotas de lluvia chocaban con fuerza contra el cristal de su salón. Podía escucharlo desde el sofá. La habitación estaba completamente en silencio salvo el repiqueteo del agua.

Adormilado, se incorporó queriendo mirar la hora en su reloj. Aunque viendo la penumbra que inundaba su comedor, adivinó que debían de ser las diez de la noche.

Recordó haber llegado de "La Guarida", haberse desnudado y haberse dado una ducha para aliviar las tensiones retenidas. Su problema con Kate, su trabajo... Cuando todo eso se juntaba, necesitaba relajarse de cualquier forma.

Se pasó la mano por el pelo, alborotándoselo un poco más si era posible. Solo llevaba unos bóxers negros y aun así no tenía frío, la calefacción interna lo protegía de ello.

Su estómago rugió, hambriento. Hacía demasiadas horas que no comía.

Pensó en preparar una tortilla con bacon, y luego tortitas con sirope de chocolate. Era increíble el hambre que tenía, podría comerse una vaca entera.

Se disponía a poner la sartén en el fuego, cuando tocaron a la puerta. Dudó entre abrir o no, y más con la poca ropa que llevaba encima.

Sin embargo, lo hizo.

No esperaba verla allí, mojada, aterrorizada y al borde del llanto tal y como estaba.

-Kate, ¿qué ha pasado?-abrió mucho los ojos.

-Han intentado matarme, Rick.-musitó ella con el miedo cruzando su rostro.

Y cómo había hecho esa misma mañana, la había abrazado contra su pecho, esperando a que se tranquilizara porque él estaba ahí y no iba a dejarla sola.