Capitulo diez: Soluciones y más problemas

(Edward P.O.V)

¿Acaso Volturi no entendía con palabras?, ni siquiera sobre mi cadáver iba a acercarse a Bella, maldito viejo asqueroso, ella no sería su paciente ni su compañera ni nada, Bella es mía y solo mía, por muy posesivo que sonase pero no iba a permitir que un desgraciado que experimenta a su favor con sus pacientes le pusiera una mano encima. Como decía el dicho " A buey viejo pasto tierno" ,Aro era un maldito viejo que hacia abuso de su poder y Bella una criatura demasiado dulce para su propio bien, ella parecía atraer el peligro, parecía que tenía el don de atraer a las personas, provocaba tocarla, acariciarla; y yo había sido solo uno más de los que habían caído, con la diferencia que tenía el privilegio de estar a su lado para protegerla de todo aquel que se acercase con malas intenciones, como por ejemplo Aro Volturi.

Nos ubicamos junto a Alice y Jasper cuando logré zafarnos de Volturi, la charla que nos dieron a todos los que estábamos allí era realmente buena, hablaba sobre que medicamentos eran más efectivos que otros y los nuevos que estaban saliendo en el mercado, hice una nota mental de comentarle a mi padre sobre cambiar el laboratorio del medicamento que Bella tomaba ya que ella me había comentado que sufría dolores estomacales por las mañanas y justo en la convención mencionaron un medicamento que le ahorra al paciente muchos de los molestos efectos secundarios.

Hablaron de fobias, de depresiones y del trastorno que mi ángel tiene, tomó el micrófono una mujer que padeció de un T.O.C* y contó su experiencia personal a los asistentes al evento, notaba a Bella inquieta como debatiéndose si debía preguntarle algo o no, el trastorno de la mujer era similar al de Bella, solo que ella no tocaba a nadie ni a nada por miedo a los gérmenes.

-Disculpe señora- dijo Bella haciéndose notar en plena convención, la mujer la miró y le sonrió para que ella se pusiese de pie.

-A mí también me da asco tocar a las personas, pero no a los animales y quisiera saber como usted logró perderle el miedo a los gérmenes- preguntó Bella con timidez.

-Querida, fueron años de tomar medicamentos y de asistir a psicoterapia para finalmente comprender que los gérmenes andan incluso en el aire, y el viento, la brisa y el aire acondicionado me tocan todo el tiempo, así que si no le tenía miedo a una cosa ¿Por qué debía temerle a la otra?- dijo la mujer haciendo que mi Bella sonriera.

-Eres muy joven muchacha, hazle caso a tu doctor y vive la vida, que un trastorno insignificante no te prohíba hacer una vida normal- agregó la señora para conseguir el aplauso de muchos de los psiquiatras y psicólogos que ahí estaban.

-Bella esa es la clave, si dejas que Bigotes te acaricie deberías dejar que yo te abrace y te lleve de compras- chilló Alice emocionada una vez que salimos del salón de reuniones.

-Creo que no hay que presionarla Alice, ella debe dar el primer paso cuando se sienta segura- dije en su defensa.

-Bueno, está bien, pero avísame cuando quieras dar el primer paso porque quiero abrazarte en tu cumpleaños- expresó Alice tomando la mano de Jasper para conducirlo fuera del hotel.

-Alice está loca- murmuro mientras la veía salir.

-Está loca pero es tu amiga y se ve que te quiere- dijo riéndome de mi amigo al verlo ser arrastrado por un pequeñito duende entusiasta.

-Recibí un mensaje de texto de mi mamá y está ansiosa por conocerte, ¿te parece que vayamos a cenar esta noche con mis padres?- pregunté notando su nerviosismo.

-Si no quieres lo entenderé, pero no debes tener miedo, mi madre te adorará y a fin de cuentas conocerás a mi padre dentro de poco- agregué para calmar su tensión.

- No tengo miedo, solo me pillaste de sorpresa- me respondió.

-¿entonces vamos?- pregunté entusiasmado y ella asintió.

Estaba emocionado ante la idea de traer una chica a la casa de mis padres, nunca antes les había presentado alguna y además Esme se moría de ganas por conocer a Isabella. En la universidad Jasper se la pasaba presentándome chicas pero yo no podía demostrar interés en ninguna, mi corazón estaba enterrado en un cementerio junto a Tanya; pero luego apareció Bella y volví a creer en el amor, le hablé mucho a mi madre sobre ella, sobre lo linda, simpática e inteligente que era y ahora Esme me llamaba todos los días preguntándome por Isabella y cuando me iba a "dignar" a presentársela.

-Estaba pensando sobre lo que dijo la señora de la convención- soltó de repente Bella mientras yo iba conduciendo.

-¿Y a que conclusión has llegado?- pregunté interesado en lo que Bella pusiera decirme.

-A que te amo demasiado como para que un tonto problema psiquiátrico me impida estar contigo- dijo totalmente ruborizada, pero aun así segura de sus palabras.

-Yo también te amo Bella- le respondí tomando una de sus manos.

El trayecto siguió en silencio, más que por falta de conversación fue por que las palabras sobraban, mi preciosa princesa me amaba, tanto que no le importaba su enfermedad con tal de estar conmigo; sabia de sobra que Bella era inestable emocionalmente por lo que me correspondía a mi poner la cuota de razón en esta relación y cuidar que el contacto físico entre nosotros dos fuera el mínimo.

Llegamos a una gran casa blanca ubicada en un barrio exclusivo en Seattle, la casa de mis padres; estacioné mi Volvo junto al mercedes de mi papá, abrí la puerta para Bella y juntos tocamos el timbre esperando a que alguien nos abriera.

-¡Hijo mío! Por fin vienes a visitarme- Exclamó dramáticamente mi mamá.

-Mamá, te vengo a visitar muy seguido- le reproché.

-Si lo sé, lo hago para molestarte, ¿ella es Isabella?, ¡es adorable!- Expresó mi madre dirigiéndose a Bella; era igual con todo el mundo, Bella era así, imposible no encontrarla fascinante.

-Buenas noches señora Cullen- dijo Bella en tono formal una vez que entramos a la casa.

-No me digas señora encanto, solo llámame Esme- indicó mi mamá.

-Bueno Esme, solo si usted me llama Bella- le respondió mi ángel haciendo sonreír a mi madre.

Hay momentos en la vida de un hombre en donde uno se da cuenta de quién es la mujer ideal para compartir el resto de la vida, el ver ahí a mi madre entablando una conversación animadamente con Bella mientras le mostraba fotografías mías de pequeño y ambas reían juntas hizo que me diera cuenta que Bella era la mujer perfecta para ocupar el puesto de "mi esposa", me la imaginaba años después en el mismo contexto junto a mi madre viendo fotografías de nuestros hijos.

-Edward, cuando niño eras rubio- dijo Bella sorprendida sacándome de mi ensoñación.

-Era una pequeña copia de Carlisle, luego su cabello se fue pareciendo mas al mío-Explicó mi madre.

-Y hablando de tu padre, ve a buscarlo a su estudio, sigue jugando con ese cerebro de juguete- dijo mi mamá un tanto hastiada.

-Es un modelo del cerebro humano mamá, y papá lo usa para estudiar su siguiente cirugía- dije en defensa de mi padre para luego ir a buscarlo.

Deje a Bella con Esme y subí las escaleras de dos en dos para in en busca de mi padre, lo encontré en su estudio como dijo mi madre, con la bata blanca del hospital y lleno de tomografías cerebrales esparcidas en su escritorio.

-Ya lo sé Edward, tu madre te mandó a buscarme porque su nuera está abajo, pobre muchacha, no debiste dejarlas solas, ya le debe estar recomendando hasta un diseñador de vestidos de novia- dijo Carlisle antes de largarse a reír.

-Papá, te pediría que la trataras como mi novia y no como tu paciente, no la atiborres de preguntas ¿ok?, ella es…importante- pedí esperando que me entendiera.

-Despreocúpate hijo, si la chica es importante para ti yo te apoyaré, además concuerdo con Esme, me gustaría ver a un pequeñito Cullen llamarme abuelo- comentó mi padre palmeándome la espalda.

-¿Se podrá saber que están planeando ustedes dos?- pregunté.

-Tienes veintisiete años Edward, una carrera prospera, tu propia casa, tu propio coche y una vida amorosa nula. Es tiempo de que pienses en casarte y formar una familia ahora que eres joven, no querrás que tus propios hijos parezcan tus nietos- explicó Carlisle.

-Papá, ella es la mujer de mis sueños, con ella y con nadie más me gustaría formar una familia pero en estos momentos ella está enferma, no puedo casarme con Bella ni mucho menos formar una familia porque simplemente no se puede, no podríamos tener hijos porque no puedo tocarla, ¿me entiendes ahora?- dije rogando que mi padre me hubiera entendido.

-Si te entiendo hijo, pero no te preocupes, ahora que yo seré su médico indagaré más a fondo en su enfermedad, no te ofendas Edward pero eres Psiquiatra y tal vez el origen de su problema sea hasta hormonal, ¿le hiciste esas pruebas?- preguntó Carlisle.

-No, le hice otras y no encontré problemas, por eso receté esos medicamentos y con ellos anduvo bien, pero ahora al derivarla contigo le ordené unas pruebas tiroideas, perfil bioquímico, hemograma completo y niveles plasmático de los medicamentos que toma, también un scanner cerebral por si el problema va por ahí- expliqué.

-Eso está bien, así me darás mucha información de la cual atenerme, cualquier cosa serás el primero en saberlo; me llenas de orgullo hijo, eres todo un medico profesional- dijo mi padre alegrándome.

-Ahora bajemos porque sino tu madre es capaz de despellejarme vivo- concluyó mi padre bajando las escaleras conmigo.

Ellas no estaban en la sala, las fotografías habían quedado esparcidas en el sofá, unas risas provenientes de la cocina nos alertaron, ahí estaban ellas, riendo como si fueran grandes amigas, Bella estaba ayudando a mi madre con la cena mientras que le contaba algunos de sus secretos de cocina, ninguna de las dos reparó en nuestra presencia por lo que tomé a Bella de la cintura y la giré para que me viera.

-Bella, te presento a mi papá- dije

-Buenas noches doctor Cullen- dijo Bella sin perder las formalidades.

-No estamos en un hospital niña, aquí soy solo Carlisle- le respondió amistosamente mi padre.

Luego de la presentación la comida estuvo lista, nos sentamos los cuatro en la mesa del comedor y agradecí enormemente que mi padre no le preguntara cosas referentes a su salud sino a su vida, como su trabajo, sus amigos, etc.

Hablando de los amigos de Bella salió a colación el tema de Kate e Irina, al parecer las mujeres tenían un sexto sentido en cuanto a peligro se trataba porque de inmediato mi madre comenzó a despotricar en contra de Irina.

-Nunca me pareció una buena chica, es una maleducada, no me parece bien que ella se esté quedando en tu casa, sobre todo ahora que por fin tienes novia- dijo mi madre haciendo enrojecer a Bella.

-Kate por otro lado es historia a parte, que lastima que sea hermana de Irina, no se a quien habrá salido así esa chiquilla si sus hermanas son un amor de persona- siguió mi mamá.

-Ya mamá, ya entendí que te cae mal Irina y no te preocupes que apenas encuentre su maleta se irá de mi casa- le respondí para que dejara de pelear.

-Por otro lado, que pálida estas cariño, te haría bien unos días bajo el sol, ¿Por qué no la llevas a la isla por unos días Edward?- dijo mi madre buscando la excusa perfecta para que estuviera a solas con Bella.

-Concuerdo con tu madre Edward, has trabajado mucho y tu novia está un poco pálida, unas vacaciones les caerían perfecto a los dos- completó mi papá dejando perpleja a Bella

No es que no me agradara la idea de estar solo con Bella en una playa desierta a miles de kilómetros de aquí, pero sugerir la idea tan descaradamente era pasarse de la raya, Bella estaba más roja que un tomate y sin saber que decir ante la petición de mis padres, pero ellos como buenos manipuladores la habían hecho acceder.

Luego de la cena mi mamá sugirió que llevara a Bella a su casa ya que se había hecho tarde, ella se despidió afectuosamente de mis padres y me sorprendió ver como se dejaba abrazar por mi mamá y le daba la mano a mi papá; sin duda esa convención de psiquiatría le había dado a Bella muchas claves para hacer su enfermedad un poco más llevadera.

-Mañana es la cena de clausura, ¿me acompañaras?- pregunté cuando ya habíamos llegado a su casa.

-Solo si te quedas un rato conmigo- dijo la muy chantajista; sabía que no me podía negar a nada que me pidiera y que también no me apetecía mucho ir a mi casa y tener que verle la cara a Irina después de que la había amenazado.

-¿Alguna otra petición?- pregunté a lo que ella se ruborizó.

-Si hay una, pero como siempre, vas a decir que no- dijo ella agachando la mirada.

-Prometo no negarme, tu solo pide y sea lo que sea lo tendrás- señalé haciendo que ella sonriera.

Me empujó al sofá con una fuerza que no sé de dónde sacó, se sentó sobre mis rodillas, puso sus brazos alrededor de mi cuello y me besó lentamente mordiendo mi labio inferior varias veces en el transcurso de ese beso, la noté ansiosa cuando sus labios cobraron más fuerza y se movían con mas impaciencia sobre los míos, ella comenzó a acariciar mi cabello con sus dedos, a juguetear con el cuello de mi camisa, a recorrer mi torso con sus manos; cuando desabrochó uno de los botones de mi camisa fue cuando la detuve.

-No sé qué te habrá dicho mi mamá o que te pase pero no podemos ir tan rápido Bella- dije respirando agitadamente.

- En primer lugar tu madre no me dijo nada, en segundo lugar no me pasa nada y en tercero… el del problema aquí eres tu- escupió ella enojada.

-¿y qué problema tengo yo según tu?- pregunté sorprendido ante su confesión.

-Tu eres el que tiene miedo de tocarme, ¿Cómo quieres que me recupere si tu me detienes a cada instante?- dijo algo cansada de la situación.

-¿Quieres que te deje seguir entonces?- pregunté acercándome a ella con el solo fin de intimidarla para que se retractara de su idea loca.

-Si, eso quiero- dijo ella aun más decidida.

-Entonces adelante- le respondí y ella furiosa atacó mis labios tumbándome en el sofá.

Tenía a mi alcance toda su perfecta espalda, su cabello acariciaba mi rostro, pero ninguno de los dos estaba cómodo así que me las arreglé yo para quedar sobre ella y tenerla así recostada en el sofá para poder besar su cuello como si fuera un vampiro. Ella por su parte no paraba de murmurar mi nombre y de acariciar mi espalda por sobre la tela de mi camisa, estar entre sus brazos era el cielo, escucharla decir mi nombre era el paraíso, y ella la diosa que hacia feliz a este pobre mortal.

Alguien inoportunamente tocaba el timbre interrumpiendo el momento más mágico de mi vida, ella quería ir a abrir la puerta pero yo no quería dejarla.

-Debo ir Edward, puede ser Alice o Rose- dijo Bella una vez que se libró de mis labios.

-Si fueran ellas hubieran llamado antes- dije para que se olvidara de su idea de abrir la puerta.

-Puede ser importante- continuó zafándose de mi mientras alisaba su vestido y arreglaba su cabello con las manos.

Quien sea que estuviese afuera tocando el timbre con tanta insistencia se daría cuenta rápidamente que interrumpió algo muy importante ya que Bella tenía su rostro completamente ruborizado y sus labios rojos he hinchados producto de mis besos.

Ella camino hasta la puerta, desde mi posición no podía verla pero si oírla.

-Que mierda haces aquí- dijo Bella de manera hostil a quien estuviera afuera.


*T.O.C.: abreviatura para trastorno obsesivo-compulsivo

y quien creen que sea el/la inoportuno/a que estaba en la puerta?

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