Cambio de escena: —
Cambio de narrador: /
Flashback
Pensamiento: "..."
Sueño: [...]
—Em… Alya, puedo explicar esto —dije con una sonrisa nerviosa mientras tenía un muy notorio sonrojo en mis mejillas pues me encontraba extremadamente avergonzada por la situación. Y había tres razones esenciales para ello.
Primera y principal razón: «Tenía un demonio depravado sobre mí con una sonrisa que intentaba convencerme de hacer cosas que seguramente avergonzarían a Eros»
Segunda razón: «Me encontraba solamente en ropa interior y estando en una posición exageradamente comprometida pues él, se encontraba entre mis piernas y con sus manos tomando mis muñecas para ponerlas sobre mi cabeza siendo que su rostro estaba excesivamente cerca del mío, mientras su mirada tóxica me estremecía, aunque no quisiese admitirlo»
Tercera razón: «Mi mejor amiga estaba parada en la escotilla mirándome fijamente con los ojos completamente abiertos y sorprendidos y con sus labios entreabiertos sin saber que decir al verme así con Chat Noir»
El, ¿cómo había llegado a esta situación?
Podría decirse que los sucesos hasta llegar a esta situación, eran cómicos, un tanto tristes y al mismo tiempo me hizo comprender, que entre este demonio rubio que tenía encima y yo, había algo más que un simple pacto. Y sinceramente, eso me tenía aterrorizada.
Todo comenzó hace una semana…
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Ese día la menor se había levantado con relativa tranquilidad, era tal, que se sentía extraña. Cuando abrió sus párpados lo único que escucho fue el sonido de la alarma. No hubo gruñidos, ni rugidos molestos por la misma, solo estaba ella en su gran habitación. Miró extrañada a su alrededor, pero no había nadie con ella.
Y aunque no lo admitiría en alto, pero le parecía extraño y hasta, se sentía un poco vacía por la ausencia de ese estúpido demonio a su alrededor.
—No, no, no —dijo la menor negando con la cabeza y tomando el coletero de su muñeca para hacerse un moño un tanto desordenado y sonreír. —Entonces a trabajar se ha dicho —sentenció la chica con una amplia sonrisa para crujir sus dedos y sentarse en la silla frente a su escritorio para así comenzar con los nuevos proyectos.
Y aunque ella no lo supiera, la única suerte que iba a poder tener en toda la semana, sería la de haberse cambiado el horario para no tener que ver a Félix. Después de lo sucedido en la cafetería prefirió alejarse lo suficiente de él, para no cometer ningún error del cual pudiese arrepentirse más tarde.
Todo había estado tranquilo las primeras horas de la mañana, no se había advertido ninguna señal de parte de cierto demonio felino y pervertido. Y eso le tenía mucho más tranquila para poder continuar su trabajo, mucho, mucho más relajada. Podía escuchar tranquilamente canciones de Jagged Stone y Ed Sheeran para concentrarse más todavía y crear los diseños que tenía que entregar para la semana siguiente. Pero… había algo, más bien, faltaba algo allí con ella, no podía concentrarse totalmente en lo que estaba haciendo.
Aun así, lo dejó pasar y dejó que las horas pasasen hasta acabar con los proyectos que tenía el mismo día, ante aquello sonrió y se estiró en su lugar, siendo que se había dado cuenta de algo, ¿dónde estaba Chat Noir?
Hasta llegada la noche ella realmente no se había preguntado dónde estaba aquel demonio que le ponía de cabeza su vida. Era raro no tenerlo por ahí rondando por su habitación, molestándole o intentando obtener energía de ella.
—Es extraño —susurró la azabache mirando a su alrededor sintiendo cierta soledad al no ver al hombre pulular por la estancia― Jmm… bueno, supongo que ya volverá.
Se encogió de hombros ante aquello y bostezando cansada para bajar a preparar una pequeña taza de chocolate caliente y dirigirse a la habitación de su madre para entreabrir la puerta y ver a su madre sentada en la cama, con una foto enmarcada en sus manos y una caja de pañuelos a su lado. Y varios tirados en el suelo, haciendo que las pupilas de la menor se contrajesen y ella corriese con su madre, dejando la bebida a un lado y sentándose a un lado de la mayor para abrazarla con fuerza.
Su mirada se dirigió a la fotografía que estaba sosteniendo. Viendo en esta al sonriente panadero con ella y su madre, sosteniéndolas entre sus brazos de manera protectora y cariñosa, la azabache observaba como le temblaban las manos a la de ojos grises mientras sostenía la foto y ella se la quitó para dejarla sobre la mesita justo al lado del chocolate. Y así, ambas mirarse durante unos segundos y sin pensarlo demasiado abrazarse con fuerza.
―Lo siento… Sé que debo ser más fuerte por ti. Pero es que le hecho tanto de menos ―susurró la mujer sintiendo una vez más sus ojos cristalinos y la menor asintió ante lo que le decía―. A veces me cuesta de verdad levantarme día a día y saber que él no está. No importa que ya hayan pasado casi tres años… Sigue siendo sumamente doloroso. Mi niña, perdóname por no ser más fuerte.
― ¡No digas tonterías mamá! ―dijo ella negando erráticamente con la cabeza―. Ni se te ocurra decir eso. Porque no es verdad. Eres la mujer más fuerte, inteligente, dura y al mismo tiempo dulce, cálida y cariñosa que he conocido en toda mi vida. ¡No pidas disculpas por algo que no es verdad! ―sentenció la menor ocultando su rostro en el cuello de su madre―. Yo también le echo mucho de menos. Pero le hicimos una promesa… Que las dos seguiríamos adelante, juntas, superando los obstáculos.
Ella se apartó de la mayor, siendo que al igual que esta, ella estaba llorando, unas lágrimas espesas y dolorosas llenas de melancolía.
―No estás sola mamá. Ni yo tampoco. Nos tenemos la una a la otra. Estarás bien, estaremos bien, ¿vale? ―dijo y después de un asentimiento, ambas se quitaron el salino líquido de los ojos ajenos y se miraron mutuamente para que, después de unos instantes en el que ya no lloraban, sonreírse.
―Juntas ―susurró la mayor para volver a abrazar a su hija, quien tomó la taza de chocolate y se la dio a su madre para que bebiese con tranquilidad y que así se relajase más.
Aquella noche no se separaron en ningún momento, más que nada porque la azabache no quería separarse de su progenitora. Sabía que tan fuerte era su madre, y realmente lo era, pero esas noches, en las que el recuerdo y la melancolía atacaban a la mente de una persona, sin importar la que fuese, caía.
Y era por eso mismo que la universitaria debía permanecer con la mayor, para ser su apoyo en aquellos momentos tan duros.
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El silencio era notorio en la habitación, ninguno de los presentes había hecho movimiento alguno. Bueno, o así era hasta que el rubio pasando de la morena que acababa de llegar descendió por el cuello de la chica en sugerentes besos y lamidas que la hicieron sonrojarse, hasta la de ojos cafés se sorprendió de ver que tan desvergonzado era el hombre.
La azabache ante aquello trató de apartar al demonio de ella y cuando recordó el crucifijo se tensó al saber que no lo llevaba encima. Y el de cuernos sonrió con esa malévola y pícara sonrisa.
―Ahora serás mía purrincess~ ―ronroneó con lascivia el de ojos tóxicos para tomar las muñecas de la fémina y detenerlas sobre su cabeza. Al notar el movimiento de la morena que vio la cruz, antes de poder intentar alcanzarla, todo su cuerpo se tensó y cayó inconsciente al suelo.
El hombre afiló su mirada y la que estaba debajo de él se tensó por esos elípticos ojos que en aquel momento le hacían sentir diversos escalofríos.
Pero el rubio solo tenía una cosa en mente, después de todo lo había prometido…
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Una vez más volvía a encontrarse en aquel desolado reino, esta vez, podía ver más "brillo" y extravagancia, junto a la perversidad y lujuria que algo semejante al inframundo podría tener.
Veía a los diversos demonios y criaturas oscuras follarse sin control. Como usualmente solía pasar por esa zona, donde él se encontraba para saciar la necesidad que aquella humana le había creado. Pero no había ni una sola criatura que llamase su atención. No eran de su gusto por mucho que se ofreciesen a satisfacer sus deseos.
―Tsk, ¿qué demonios? A esta hora ya debería haberme follado todo lo que se moviese ―gruñó molesto saliendo del lugar para no escuchar los constantes gemidos, chillidos y gritos de placer que se creaban los unos a los otros.
El demonio caminó por mucho tiempo en aquel lugar alejado de la mano de dios, su mirada se dirigía a puntos inexistentes del plano. Sintiendo molestia de que aún así en su mente estaba reflejada la imagen de aquella modista. Su pacífico rostro descansando en su pecho, su acompasada respiración y algo que no se le pasó por alto. Aquella tenue sonrisa que había puesto al acomodarse con él en el diván.
Y ese mismo recuerdo que no había podido olvidar desde que se había ido era lo que le mantenía con el ceño fruncido. Y también que era por la culpa de aquella niña el que ahora no pudiese desahogar su frustración sexual. Todo porque ninguna se parecía a ella, ni tenía esa ternura que ella desprendía.
―Maldita sea ―gruñó golpeando una de las grandes paredes de rocas que se alzaban a su derecha y pronto escuchó una queda carcajada que le hizo tensarse y gruñir―. ¿Qué demonios quieres Volpina?
Preguntó al aire, siendo que pronto, la imagen de aquel astuto zorro se presentó frente a él y por la sonrisa que traía, no podían ser buenas noticias.
―Él está enfadado. Bueno, decepcionado, ¿sabías? ―dijo comenzando a mover con gracia su larga y esponjosa cola― Trixx me contó que no conseguiste el alma de la humana con la que ya llevas bastante tiempo. Y que han pasado los días y todavía no la has conseguido~
―Eso es algo que a ti no debe importarte ―sentenció y pronto sintió como un brazo rodeaba su hombro y él rodaba sus ojos―. ¿Y a ti qué te pasa ahora Trixx? ¿Y por qué cambias constantemente de forma?
―Soy el demonio del engaño. Además, nunca te dije cual era mi género realmente. Así que te quedarás con la duda~
―Vale, sigue sin responder porque vosotros dos estáis aquí y me estáis jodiendo mi momento de tranquilidad ―gruñó por aquello desviando su mirada al sentir la de los otros dos sobre él y los mismos mirasen en dirección a la pared que tenía una pronunciada fractura por el golpe que había arremetido contra esta.
Y cuando el demonio y su réplica iban a reírse de él. Notaron la horrenda presencia que había adquirido el rubio y observaron esos ojos brillar en un profundo y tóxico verde que les hizo apartarse de él al menos un par de pasos, siendo que el aura oscura que le rodeaba se dispersó y él se cruzó de brazos mirando a los que mantenían su cola entre sus patas. Al menos la chica, puesto que el de cabello naranja le miraba con el ceño levemente fruncido.
―Sigue pasando el tiempo y cada vez eres más fuerte. Pero no es razón para sublevarte contra un superior
―No me he sublevado ―le corrigió―. Solamente te he amenazado un poco para que no me molestes con tus gilipolleces. Ahora dime, ¿qué le pasa a Plagg que no deja de joder?
Ambos zorros se miraron de reojo y pronto, al estar juntos se separaron y dejaron paso a aquel gato que dominaba aquel oscuro reino. Este caminó estoico y con elegancia hasta estar frente al de ojos verdes, quien no se inmutó ante la presencia del mayor. Solamente permaneció allí, esperando a que hablase. Y antes de hacerlo, él le interrumpió.
―No, no he conseguido el alma de esa humana. Pero estoy cerca. Es más complicada de lo que pensé en un principio ―dijo y al ver que el de cabello y tez oscura iba a replicar él extendió sus alas y gruñó― ¡NO ME HE ENCARIÑADO CON ELLA!
El silencio reinó allí después del grito que el rubio le había dado al moreno. Los dos zorros volvieron a mirarse y al saber lo que podría venirse, desaparecieron de la vista de esos dos demonios. Siendo que el suelo comenzó a temblar. Consiguiendo que después de unos instantes cuando el hombre creyó que todo iba a derrumbarse, en ese momento de duda cayó al suelo, perdiendo el equilibrio.
El azabache le miró con el ceño fruncido.
―Aún debes tener algo de respeto por mí. Ya que yo te saqué del fango de mierda en el que surgiste… ―le dijo y le tendió la mano siendo que el rubio no la tomó en ningún momento― ¿Por qué no has tomado su alma?
―No ha decidido su deseo. Es un incumplimiento del contrato el devorar antes el alma. Y perdón, pero ya tengo suficiente como para tener otra maldición encima ―le dijo con el ceño fruncido y el más alto lo tomó del cuello de la camisa para levantarlo y mirarle.
―Si no te has encariñado con ella, la seducción y el control mental no debería ser problema para ti. Así que hazlo, es tu deber. Hiciste una promesa cuando comenzaste a devorar almas. Debes saber las consecuencias de ello ―dijo y desvió su mirada para mantenerse callado durante mucho tiempo, tanto que incluso le incomodó al menor. Su amigo nunca se callaba.
― ¿Por qué siempre me adviertes sobre esto? ¿A caso lo has vivido? ―le preguntó y observó como su mirada se oscurecía más por aquello. Esa era una advertencia. Debía dejar de preguntar.
―Simplemente te protejo Chat. Solo ten cuidado y no hagas ninguna estupidez… Y cumple con la promesa que una vez hiciste. Acaba el trabajo y no sufras las consecuencias.
—
Y después de unos días, en los que ambos se la pasaron pensando demasiadas cosas, fue que en aquel mismo momento habían llegado a esa situación. El demonio inmovilizando a la fémina, quien le miraba entre sorprendida y asustada. Y él que no tenía reacción alguna en sus ojos.
La morena estaba todavía inconsciente en el suelo. Y eso solo conseguía que el corazón de la azabache se alterase más e intentase escaparse para ir con su amiga e intentar hacer que despertase. Pero era imposible, él no le soltaba y cada vez sentía su presencia más terrorífica.
Ella llevó su mirada azul cielo a esos ojos tóxicos, que no le miraban con esa confianza y esa picardía que solía caracterizarlos. Estaban vacíos, y esa sonrisa le producía escalofríos que no le gustaban en lo más mínimo. Su piel se puso más pálida de lo que ya era. Su corazón comenzó a latir con más y más fuerza al ver como el demonio mostraba una afilada hilera de colmillos, siendo que cada vez su boca se abría más y más, asustando a la chica, tal era el ritmo cardíaco de la misma que él tuvo que detenerse un momento mirándola con esos ojos muertos, con una mano en su cuello y la otra sosteniendo sus muñecas.
La miró fijamente, como no había hecho en toda aquella semana. Observó esa dulce e inocente mirada empañada por unas espesas lágrimas, sus escleróticas rojas… sus pupilas contraídas y temblorosas por el miedo que sentía al verle y el color de su piel que ya no tenía ese hermoso tono rosado. Fue en aquel momento que él reaccionó y negó con la cabeza para mirar a la chica y abrir que sus ojos volviesen a la normalidad, para abruptamente separarse de ella y la chica por igual, temblorosa pegarse a la pared. Ambos con respiraciones irregulares y mirando a otro lado sin saber bien que decir o hacer.
Un tiempo después, cuando la chica abrazó a su almohada de gatito con fuerza para cubrirse del demonio. El mismo habló.
―Lo lamento ―sentenció y ella abrió sus ojos sorprendida y observar aun con sus ojos cristalizados al hombre―. No debo devorar el alma del contratista antes de cumplir su deseo. Yo… no quería asustarte, pero… son cosas que a veces no puedo controlar.
Fue entonces que cayó al suelo al sentir como le tiraban un cojín a la cabeza. Y cuando fue a quejarse sintió como le caía algo más pesado encima y vio a la chica mirarle con el ceño fruncido y las lágrimas cayendo de sus ojos.
― ¡Pues me importa una soberana mierda! ¡Sigues sin tener el derecho de asustarme como lo has hecho! Creía que ahora éramos amigos, ¡ni en broma me hagas esa cosa de nuevo! ¡Tenía mucho miedo! ¡Joder!
Le dijo la chica totalmente enfadada y mosqueada, golpeando el pecho del mayor con fuerza, o eso creía ella, pues realmente estaba frustrada, incluso se había preocupado por él y él, él solo…
Fue entonces que sintió como una calidez volvía a embargar su cuerpo. Aquella sensación que había experimentado muchos días atrás, esa en la que solo había llegado a encontrarse entre sus brazos.
―No lo volveré a hacer, tranquila ―le dijo, aunque realmente, no podía estar tan seguro de sus palabras, ya que seguían teniendo un contrato.
Ambos se quedaron en aquella posición, abrazados y manteniendo la calma, relajándose mutuamente en el aroma ajeno. Siendo que entonces el gato saltó con la chica en brazos y siseó con fuerza a la morena que ahora se había levantado con el crucifijo en mano.
― Marinette… Tienes muchas cosas que contarme.
Lo habían olvidado completamente. Ahora que la morena lo sabía, tenían que dar muchas explicaciones. Estaban jodidos.
Próximo capítulo: Explicaciones
