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Si Kendo tuviese la oportunidad de volver el tiempo atrás, haría lo posible por encontrar a su amiga alrededor del bosque y salvarla de las bestias que habían destrozado su cuerpo por completo. Se había confiado demasiado que Shiozaki podría sola contra las dificultades que tuvieron que enfrentar por la naturaleza de su particularidad ligada a la naturaleza, pero incluso con la ayuda de Tetsutetsu no fue suficiente para protegerla de tan doloroso destino. Se sentía deprimida al saber que había llegado a la segunda etapa sola y levemente culpable cuando las valquirias le habían dado la noticia al terminar, sentía que pudo haber hecho algo por ella, pero cuando se encontró con una de las chicas de la otra clase simplemente pensó en protegerse y sobrevivir, terminar con aquella pesadilla que se sentía tan lejana en ese momento. Mas agradecía que los días hubieran pasado lo suficientemente rápido para ir a buscarla con ayuda de su profesor a cargo. Shiozaki seguramente estaría feliz de verlos luego de tanto tiempo en total oscuridad.
— ¿Estás segura que quieres seguir? No hay nada de malo si decides retirarte ahora, Kendo.
— Estaré bien sensei. — Aseguró con una determinada sonrisa. — Tengo miedo, pero eso no impedirá que siga adelante. — Sekijiro si bien no estaba muy convencido sobre su respuesta, no podía obligarla a claudicar, por lo que respondió su sonrisa con una que no llegó a sus ojos. — Además Neito fue bastante instintivo para ayudarme la primera vez, no hay nada de qué preocuparse.
— Estoy seguro de ello…
— ¡Abajo!
El grito que provino desde el cielo fue tan rápido como las acciones de su profesor, Kendo sin comprender lo que sucedió en pocos segundos fue tomada en brazos por Sekijiro mientras este dio un poderoso salto que los hizo volar a ambos varios metros desde el cielo, escuchó un fuerte golpe venir desde el suelo. Cuando dirigieron su mirada hacia el impacto, pudieron observar un ave antropomórfica con rostro humano tratando de levantar el vuelo entre los escombros que generó al chocar contra el duro piso de mármol. Era casi tan grande como un adulto promedio, alas negras que podrían generar una fuerte corriente si así lo deseara y unos ojos vacíos de vida que hizo que a Kendo le diesen fuertes escalofríos en su espalda, y apresara más el cuello de su profesor. La sola presencia de ese espectro era lo suficiente para comparar esa criatura de una horrible pesadilla. El sonido desgarrador que salió de su garganta al verlos desde el cielo solo hizo que sus pensamientos se intensificaran.
Tenía miedo de aquella bestia.
Mas cuando tocaron el suelo y el ser intentó atacarlos nuevamente, una flecha congelada atravesó su cabeza de un solo golpe, deteniendo sus movimientos y haciendo que tropezara levemente para caer de lleno al suelo con todo el peso de su cuerpo, moviéndose erráticamente ante la desconexión abrupta entre su sistema y las señales de su cerebro. Sekijiro se colocó en frente de su alumna dudando si realmente la bestia había sido detenida y protegerla rápidamente ante un nuevo ataque. Unos segundos pasaron y jamás volvió a moverse.
— ¿Están bien? — Una valquiria de cabello albino recogido en una coleta se acercó hacia ellos preocupada, Sekijiro asintió en respuesta. —
— ¿Qué es eso? — Cuestionó rápidamente. —
— Una sirena. — Respondió la mujer, quitando la flecha de la cabeza atravesada, congelándose al instante de ser tocada por su mano. Kendo la observó intrigada. —
— ¿No que las sirenas tenían colas? — Consultó antes de pensarlo, sintiéndose ridícula al preguntar algo tan banal en ese momento cuando esa criatura intentó atacarlos hace unos segundos atrás. —
— Error de traducción cariño, las sirenas son arpías que han existido desde hace mucho tiempo. — Le sonrió. — Menos mal tenías a tu profesor para protegerte, haremos lo posible de que esto jamás le vuelva a ocurrir a nuestras aspirantes.
— ¿Por qué nos atacó? — Inquirió Sekijiro, observando el cuerpo inerte del espectro. —
— Nosotras nos hacemos cargo de las desgracias de las arpías, atacan a las aprendices de valquiria cuando iniciamos el evento para que nuestro número no aumente. Por lo general, solemos mantener al margen cualquier amenaza que perjudique a las estudiantes, pero suceden ocasiones en que aprenden a infiltrarse…
— ¿Tenemos que preocuparnos de que nuestras alumnas sean atacadas en su hogar? — Las palabras de su profesor sonaron más violentas de lo que estaba acostumbrada. Pero lo que le preocupó a Kendo, fue que la mujer dudase ante su respuesta por un pequeño segundo. Uno, que hizo que su pecho se contrajera de preocupación por su bienestar. —
— No.
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— Si fuese por mí, definitivamente agregaría natto al menú de la academia.
— Qué asco Mina… — Midoriya se rio ante la mueca que realizó Jiro luego de escuchar la preferencia de su amiga, mas ella la observó indignada. —
— ¡Eres la primera persona que escucho que no le gusta! ¡Todos disfrutan del natto!
— No me gusta. — Respondió Uraraka. —
— Prefiero evitarlo. — Concluyó Asui cuando Mina dirigió su mirada esperanzada. —
— ¡Son todas muy raras, sépanlo!
— Ashido-san, ¿qué es el natto? — Todas las miradas se dirigieron hacia Yaoyorozu esta vez, Mina gimió frustrada. —
— ¡Tú eres la peor de todas Yaomomo, vives en una cueva!
— ¡Pues a mí me gusta bastante! — Comentó Hagakure cuando antes de que la paciencia de Mina acabe. —
— Gracias, al fin alguien con sentido del gusto.
Tsuyu escuchaba las risas y conversaciones banales de sus compañeros sin participar más de lo necesario por el momento. Durante los últimos dos días tenía la sensación como si estuviese siendo parte de un sueño consciente al integrarse a clases de manera regular luego de estar varios días inconsciente, incluso podría decir que la propia comida de la academia no parecía tener sabor ese día. Agradecía que a pesar de haber sido golpeada por los abrazos y preguntas de sus compañeros al verla cruzar la puerta de las habitaciones hace varias noches atrás, le permitieron tener un momento de tranquilidad mientras su cabeza se reacomodara nuevamente. No estaba lista aún para dar explicaciones de lo que había sucedido, podría decir que incluso sentía todo como una total ilusión y que nuevamente caería rendida en la cama producto del cansancio y constante dolor que recordaba en ocasiones, buscándola como un malicioso fantasma pasado. Fue una terrible experiencia que estaba dispuesta a no volver a repetir, necesitaba ser más astuta en las siguientes etapas y pensar con cabeza sobre sus acciones, deseaba llegar hasta el final del camino y tener la posibilidad de tener un título que la acreditaba como una heroína de elite internacional, que podía llegar más allá en su función como heroína de no solo salvar a las personas con sus propias habilidades, sino proteger sus almas de la desesperación que implicaba la muerte.
Ser una valquiria implicaba una protección que trascendía lo observable, era llegar más profundo de los corazones de las personas y hacer que su fe fuese más allá que un bienestar físico. Algo que además solo ellas eran capaces de alcanzar, ni siquiera los héroes con los poderes más despiadados podían llegar a ese título tan deseado que exaltaba su corazón al pensar en volver a la siguiente fase durante la semana y estar más cerca de alcanzarlo, incluso, si eso implicaba una nueva experiencia dolorosa.
Aunque algo dentro de su cuerpo, tal vez como una mentira utilizada para auto-engañarse, le decía que la experiencia como tal no había sido tan dolorosa como lo recordaba. Y es que realmente Tsuyu solo tenía sensaciones como recuerdo, su piel humedecida cuando lo necesitaba, su cuerpo siendo tocado por unas cálidas manos que la protegían con posesión y su espalda siendo aliviada por una extraña sensación que aún no era capaz de colocarle un nombre ideal. Si trataba de profundizar el recuerdo, podría decir que hasta había sentido leves caricias en su cabello en algún momento de su letargo.
Mas todo era una simple especulación. No había posibilidad de saber si todas esas sensaciones habían sido reales o solo engaños de su cabeza para no percibir la experiencia tan traumática. Más que mal, ella estuvo inconsciente por varios días seguidos.
Cada día estaba segura que todo eso solo era parte de una mentira, más cuando levantaba la mirada y veía a Bakugou observándola con un rostro neutral, para luego desviarla con molestia hacia alguno de sus amigos. Rio internamente ante su sinceridad, seguramente aún seguía enojado con ella por todo lo que tuvo que hacer para su bienestar físico, tratando de evitar en lo posible el recuerdo que Bakugou la conocía desnuda. No se habían hablado desde que se separaron esa noche luego de volver del hogar de las valquirias, por una posible incomodidad tal vez, o porque realmente no había nada de qué hablar, ellos jamás se buscaban para relacionarse de todos modos. No era posible que alguien como él se hubiese preocupado en cuidarla tan intensamente, como un cuidadoso amigo.
No, porque Tsuyu era una compañera más para Bakugou. Y ella lo sabía muy bien desde el inicio, aún si sus pensamientos de alguna manera a través de los últimos dos días comenzaban a cambiar ante la imagen que tenía de él. Transmutándose, volviéndose confusas cada momento que lo observaba.
Como un chico más amable de lo que pensó conocer.
…
— ¿No crees que será peligroso si te ven llegar con las manos sanas? — Cuestionó Yaoyorozu mientras realizaba con Mina los estiramientos para el entrenamiento de ese día. — Sig-san fue bastante clara en decir que no podías curarte con ninguna clase de particularidad.
— Yo también lo pensé, pero… ¿Te acuerdas de Jason?
— ¿Quién las estuvo instruyendo en clases de arco el día de ayer? — Consultó cuando Mina se levantó para seguir con la rutina, Momo se había sentido intimidada ante la entrada cariñosa que tenía al hablarles, sin contar su altura y musculatura casi tan impresionante como la de All Might en su época de oro, por lo que no fue capaz de aceptar la clase opcional que les entregaba el evento sin avergonzarse de paso. —
— Él mismo, me comentó que nadie lo vería como una novedad. Peito-san no está de acuerdo con los castigos durante las primeras etapas y al ser parte del grupo puede hacer lo que quiera. Así que no me dirán nada. — Yaoyorozu suspiró de alivio. —
— Me alegro mucho. Por favor Ashido-san, procura hablar correctamente con Kirishima-san este fin de semana. — Mina levantó la mirada del suelo, confundida por la angustia en la voz de su compañera. — No quiero que se lastimen más, no quiero que nadie más sea castigada. Estoy segura que para los chicos tampoco es nada fácil, por favor… — No sabía cómo reaccionar ante la preocupación palpable que estaba teniendo Momo con ella, más se compadeció de su preocupación, entendía desde donde venía. Y con una sonrisa brillante se levantó del suelo. —
— No te preocupes Yaomomo, esta vez lo haremos bien.
Se dirigieron junto con los demás para escuchar las indicaciones de la siguiente prueba una vez finalizó los estiramientos, con el corazón más aliviado y la consciencia más tranquila, ninguna de las dos quería volver a tener la preocupación que vivieron con Tsuyu y Bakugou durante tantos días seguidos, no deseaban más resultados innecesarios que implicarían en desastrosas situaciones.
Ese día se habían decidido por una práctica casual, la cual consistía en un simple rescate ante una catástrofe natural. Los grupos fueron divididos en tres, de los cuales unos serían las víctimas, otros rescatistas y los últimos protectores. Las emociones se encontraban a flor de piel especialmente entre los chicos que estaban siendo participes como escuderos de sus compañeras, ya que los ayudaba a sincronizar de manera independiente ante sus decisiones, un buen ejercicio para complementarse sin necesidad de un artefacto que los unía perceptivamente.
Él más emocionado de todos, definitivamente era Bakugou, quien se encontraba siendo parte del grupo de los protectores, evitando a toda costa que el viento que acompañaba las lluvias golpease a los rescatistas y ralentizara salvar a las personas heridas del supuesto siniestro. Sus explosiones si bien eran de menor potencia debido al agua que limpiaba su sudor, ayudaba a que sus movimientos fuesen mucho más agiles que la mayoría del tiempo, por lo que les dejaba poco a sus compañeros en reaccionar ante su trabajo. Sus profesores no estaban realmente satisfechos por la insistente necesidad individualista de Bakugou en trabajar como si nadie más existiese, pero los demás se sentían aliviados que su actitud extrañamente pasiva desde hace unos días atrás hubiese desaparecido ante un poco de acción.
De la nada, escucharon un fuerte sonido desde el interior de los edificios siguiéndolo con un derrumbe que dejó a la última víctima sin salida disponible.
— ¡¿Hagakure-san, estás bien?! — Consultó Sero detrás del cemento que impedía llegar hacia ella. —
— ¡Si, alcancé a protegerme!
— ¡Hay que pensar en las posibilidades que tenemos para sacarla de ahí antes de que la lluvia ocasione otro derrumbe!
— ¡Muevete Iida! — Gruñó Bakugou desde el cielo, Iida y Todoroki consiguieron ver la liberación de su granada a tiempo para correr y no ser interceptados por la explosión, destrozando parte del edificio en pocos segundos. —
— ¿¡Qué demonios estás haciendo!? — Inquirió Midoriya ante la gravedad de su ataque, el chico lo observó con sorna. —
— ¡Estoy aquí! — Gritó Hagakure, que ya estaba liberada de cualquier bloqueo. —
Mas la explosión dejaron una serie de escombros que cayeron con la fuerza del viento y la debilidad de la estructura. Muchos trataron de correr preocupados antes de que a la chica le cayese un pedazo de cemento desde el cielo. Pero todos los movimientos se detuvieron cuando observaron que en menos de unos segundos, Bakugou, quien jamás se preocupaba de mover un solo dedo para proteger a otra persona, ni a sus compañeros, ni a las personas que lo necesitaban, tomó a Hagakure desde la cintura para resguardarla con su cuerpo y destrozar los escombros que no consiguieron llegar hacia el suelo con una de sus manos.
Incluso Aizawa y Nº 13 quienes habían visto toda la escena, quedaron sorprendidos por la acción de su estudiante.
— Acaso Bakugou… — Susurró Kirishima, pero fue detenido por el suspiro de Tsuyu, con una sonrisa en su rostro. —
— Ha salvado alguien.
Espero hayan disfrutado la actualización de hoy.
Próximo acto: Victoria imperfecta
