Capitulo X: La Daga de Diamante, La Mejor Amiga del Viento.
Primera parte: La fuerza de los débiles.
Berk.
—Escucha amigo, — le dijo Gustav mientras se miraban. — Hagamos esto tranquilamente.
Chimuelo asintió y levantó a vuelo con Tormentula al lado, esta se mostraba pensativa, hasta deprimida.
— No te preocupes Tormentula. — comentó Gustav con una sonrisa, miró al frente— Ellos volverán, ya verás que sí.
Tormentula soltó un gruñido animado, él sonrió. Allí estaba el alfa, se acercó a la cara de Chimuelo.
— ¿Listo amigo?
Chimuelo gruñó en afirmación, Gustav hizo unas maniobras con la cola del dragón y se posicionó frente a aquel gigantesco dragón. Chimuelo dio unos pasos atrás mientras miraba a los ojos del representante de la antigua raza de Alfa. Se podía notar como la adrenalina recorría las venas del furia nocturna, comenzó a rugir, pero alfa no se inmutaba de ello solo lo miraba fijamente usando sus poderes también, conteniendo el aliento antes de dar su golpe final. Por lo cual Chimuelo siguió rugiendo.
— ¿Qué sucede?— preguntó nervioso Eret, intercambió una mirada con Patapez, quien se veía capaz de salir corriendo del miedo como las montones de ovejas.
— ¡Esto no estaba planeado!
Gustav pasó el peso de su cuerpo al otro pie, miró atentamente el perímetro. Todos peleaban, los gemelos -junto a todo aquel que sepa pelear- mantenían a raya a una porción de los dragones invasores; Bocón se encargaba de la armería; Patapez intentaba hundir los barcos junto a Eret y Patán los cuales comenzaban a lanzar bolas colosales encendidas y Gothi -la curandera- estaba de pie frente al gran salón con una expresión anonada, pero de tristeza, como una novia dejada en el altar. Gustav sintió que algo andaba mal, muy mal.
Entonces lo escuchó
"Está en su espalda" murmuró esa voz, "su punto débil."
Corrió hacia Tormentula -quien estaba defendiéndolo- y se montó en su lomo con torpeza
— ¿Crees que puedas llevarme hasta la cabeza del dragón?
Tormentula rápidamente se giró a verlo. Alarmada, gruñó.
— No me va a pasar nada, no te preocupes. — insistió. Al final, ella aceptó.
Alzó vuelto esquivando los ataques con cierta dificultad hasta poder posarse a unos metros encima de la espalda del alfa. Gustav bajó de un salto
— ¡Gracias Tormentula!— exclamó lo más fuerte que pudo intentando que su voz sobrepasara el sonido de los rugidos de Chimuelo. Comenzó a correr por encima de su espalda, hasta que escuchó un gruñido de Tormentula, esta estaba envuelta de terrores terribles y una que otra lanza.
— ¡Tormentula!— gritó corriendo hacia ella, y después… todo pasó en cámara lenta. Vio como el dragón de Astrid era arrasado por una bola de fuego hasta hundirse en el mar tras un último rugido dirigido a él, Gustav comenzó a llorar— ¡Se lo diré!
Comenzó a mirar a su alrededor, el mar estaba lleno de cadáveres de enemigos tanto como de hombres, mujeres y niños de Berk. Hasta pudo reconocer a sus padres entre ellos, Patán estaba sobre un barco peleando contra un tipo igual de fornido de lo que Drago Manodura fue, Brutilda estaba con él. En un arrebato de atención de Patán, el tipo se abalanzó sobre Brutilda, quien no alcanzó a quitarse del medio. Patán la empujó, recibiendo el ataque por ella, el tipo le había cortado un brazo. Brutilda lo tomó entre sus manos mientras este se desangraba y lanzó un grito que retumbó por todo el campo de batalla. Patapez llegó con Gordontua disparándole lava al tipo, el cual se quemó lentamente entre desgarradores gritos.
Brutacio tuvo que manejar el solo a su dragón ya que Brutilda había saltado a ayudar a Patán. Y la cosa se complicaba, en un descuido, una lanza se incrustó en el ala derecha del Cremallerus provocando que el dragón se desestabilizara y cayera al mar perdiéndose en la inmensidad de este.
Patapez llevaba a su mal herido amigo sobre su dragón más rápidamente de lo normal, Patán estaba pálido y parecía decir sus últimas palabras. Eret iba delante de ellos buscando su protección, al llegar a tierra firme Eret fue el primero en bajar y ayudó a Patapez a cargar a Patán. Quien se veía molesto de tener que ser ayudado por Eret, lo dejaron en el gran salón. Pero unos segundos después un dragón disparó contra ellos, Eret -quien seguía afuera- recibió gran parte del impacto en su espalda mandándolo a volar adentro del gran recinto, luego no se movió más.
Gustav comenzó a mojar sus pantalones, sus rodillas le temblaban. Tenía miedo. Tenía mucho miedo, ¿Cuántos habían de morir por un maldito capricho de ese infeliz de Draco? Y ahora, su cuerpo flotaba entre los cadáveres dejando una estela de sangre. Gustav apretó los puños, de los pliegues de su camisa sacó un cuchillo para cortar carne, volteó hacia la cabeza del alfa - la cual estaba a unos diez metros-, y comenzó a correr hacia un punto que se diferenciaba del resto, su punto débil. Dando un grito de guerra alzó su cuchillo dispuesto a encajarlo en ese punto color rosado leve, pero antes de llegar se detuvo en seco. Con lágrimas deslizándose de sus ojos hasta el suelo.
No podía. Él no era un asesino.
Escaló esa cumbre de púas hasta que estas comenzaron a acortarse y enredarse, por lo cual Gustav tuvo que buscar no caerse, decidido y confiado llegó hasta el "oído" del alfa. El cual se veía obstruido por un tapón, se asomó por encima de las púas hasta estar a la vista de Chimuelo y le hizo una seña para que se callara. Este se congeló en su lugar, pero obedeció y comenzó a volar hacia otro lado, provocando que el dragón comenzara a moverse. Gustav se aferró aún más a las púas. Cuando el alfa se quedó quieto -lanzándole pequeños proyectiles de hielo a Chimuelo y este respondiendo con bolas de plasma para evitar que alguna llegara a la isla- el pequeño vikingo encontró la forma de acomodarse y retiró -con un poco de esfuerzo- el tapón.
Pero, en un arrebato de confianza, no notó que había utilizado demasiada fuerza y ahora estaba cayendo al mar. Cerró los ojos esperando su inevitable final, el agua estaba helada. Solo sería cuestión de tiempo antes de que se convirtiera en otro cadáver de aquellas condenadas aguas.
Pero no. Sintió que algo lo tomaba del cuello de su camisa, miró hacia arriba y una ancha sonrisa se dibujaba en su rostro.
— ¡Tormentula!— exclamó feliz de que su amiga dragón siguiera con vida. — llévame con Chimuelo
Tormentula gruñó en afirmación y acto seguido lo llevó al lugar donde los dos alfas se enfrentaban. Dejó primero al pequeño a unos metros atrás del furia nocturna y ella se puso a la altura de Chimuelo. Ambos intercambiaron miradas.
— ¿Dónde te habías metido? Me traías preocupado— gruñó Chimuelo
— Bueno, no es fácil nadar en un agua tan fría. — respondió Tormentula.
Gustav rebasó a ambos dragones. Colocándose frente al alfa
— ¿Qué haces Gustav? ¡Ponte detrás de nosotros!— dijo Tormentula
—Estaré bien— susurró mientras caminaba con miedo hacia el Alfa. Juntó ambas manos tímidamente y comenzó a gruñir.
— ¿Por qué haces esto?— preguntó, el alfa lo miró
— Me quitaste los tapones que apresaban mis oídos ¿Para esto?, se lo que planeas, humano. No me harás cambiar de opinión. — renegó mirando para otro lado, en señal de rechazo.
— Si crees que planeo hablarte sobre la masacre que estas provocando contra ti mismo. Sí. Tienes razón.—contraatacó, el alfa casi no cambió su postura— ¡Mira a tu alrededor!, ¡La mayor parte de tu ejército, tus amigos están muertos por que tú no puedes enfrentarte contra un simple «humano»!
Por una vez el gran dragón abrió los ojos y miró el perímetro, montones y montones de dragones muertos, algunos con cadenas en sus patas traseras y delanteras, señal de la esclavitud de los Manodura ejercían sobre ellos.
— Ellos eligieron su camino. — argumentó intentando sonar seguro.
— ¡Si, claro!— contradijo como Patán cuando no le gustaba algo— ¡Y el hecho de que seas el alfa no los obliga a nada!
El dragón se incorporó toscamente. No dijo nada, solo se limitó a mirar la matanza. Tal vez… ese humano tenía razón…
¿Qué clase de líder era? Se parecía más a un jefe. Solo se había dejado cegar por su resentimiento al Furia Nocturna que le quitó su puesto, el puesto de su raza y cuando ese hermoso hombre llegó a él, y le dijo esas palabras tan comprometedoras, que le prometían venganza, pero luego él fue regalado, cual perro, a un hombre fuerte se decidió a irse pero al final se dejó dominar por el miedo que ese mismo hombre influyó en él, le mostró cuan cruel podría ser la vida; y el miedo, le mostró el miedo en su máxima expresión.
— Eres un cobarde, — le reclamó— un maldito cobarde. Pones en juego la vida de tu especie; de tus compañeros; de tu familia solo por el miedo.
— ¿Por qué tienes miedo?— preguntó Gustav más suavemente, al ver que el gran dragón no respondía se endureció, encontró un punto en el mar y lo señaló. Se levantó y lentamente caminó al alfa con una mano extendida— Nosotros podemos ayudarte.
— Creo que…— murmuró el alfa cerrando los ojos y calmándose.
— ¡Alto ahí!—exclamó alguien desde la espalda de Gustav, todos los presentes voltearon a verlo… Voltearon a ver a Drago Manodura.
Chimuelo gruñó al igual que Tormentula, colocándose de nuevo frente a Gustav. Pero de un simple movimiento con sus manos ambos dragones cayeron al suelo, inconscientes. Gustav comenzó a retroceder.
Drago miró al Salvajibestia con decepción, — ¿Por qué siguen vivos?
— Tú… tú ¡Debiste morir!— exclamó Gustav incrédulo de sus ojos.
Drago no le prestó atención, es más, solo pasó a su lado. —Dime… maldito bueno para nada ¿Por qué Berk sigue sin estar congelado? ¿Y dónde está ese maldito palillo entrenador de dragones?
Salvajibestia no contestó, Drago suspiró cansado y señaló con su bastón a Gustav — Mátalo y luego congela a los demás.
— Pero… los nuestros siguen allí. — contradijo
— Ellos eligieron su camino. Ahora congélalos y vámonos, si no está el hijo de Estoico lo único que nos queda por hacer es destruir su… base. Ahora, congela este lugar
Drago se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia su una valsa aparcada en el puerto.
Miró a Gustav quien estaba examinando los cuerpos de sus amigos dragones. La primera vez que fue a Berk sintió ganas de quedarse, pero rápidamente descartó esa idea, el miedo que Drago infundía en él era más fuerte que su propia fuerza de voluntad.
¿Estaba bien obedecer a Drago?, muchas veces lo había amenazado, le había contado sobre las atrocidades de la que él era capaz. Pero nunca hizo más que mecer agitadamente su bastón como una llamada de atención, a fin de cuentas Drago era un humano, él era un dragón, él era un líder.
Abrió su boca y se preparó para congelarlo todo a su paso. Gustav abrazó los cuerpos de sus amigos dragones como si fuera un escudo; Bocón miró hacia el dragón y abrazó a Gruñón; Patán apenas giró débilmente la cabeza; Brutacio miró la escena mientras flotaba en helada agua sobre su Cremallerus "Fue un honor trabajar junto a ustedes" les dijo, ellos gruñeron en respuesta, "No sé lo que significa, pero bueno."; Brutilda apretó los labios; Patapez la abrazó, recibiendo un gruñido de Patán, Gordontua empujó a Brutilda tomando su lugar; Eret pensó en esa mujer rubia. Todos preparados para su final.
Pero.
Justo antes de disparar, el alfa se volteó dirigiendo el ataque hacia la valsa de Drago. Convirtiéndola solo en un montón de madera congelada, giró sobre sí mismo y golpeó la valsa la cual se perdió en el horizonte.
Gustav se levantó rápidamente y caminó hacia él con una sonrisa.
— Humano. — Llamó el alfa con algo de desprecio, pero no el suficiente. —Creo… que voy a aceptar esa ayuda, solo por esta vez.
Cuando el último enemigo abordó el último barco, todos se dieron cuenta de que habían ganado. Chimuelo corrió hasta una montaña -una no tan alta para que todos puedan verlo- y rugió lo que todos los otros dragones imitaron, volteó hacia su contraparte Salvajibestia, incitándole con la mirada a acompañarle. Este caminó lentamente, con todas las miradas clavadas en él. Levantó la mirada hacia el cielo y lanzó una especie de luz celeste, por un momento todos creyeron que los iba a congelar,
Pero no.
El cielo se envolvió en una luminosa nube, de la cual comenzó a caer pequeños copos de nieve igual de brillantes.
Habían ganado, solo faltaban que Hipo, Astrid y Valka volvieran a casa.
…..
¡Uff! No se imaginan cuanto me costó hacer este capítulo. La verdad iba a poner todas las partes (Calculo que serán tres) de una sola vez, pero eso serían unas veinte páginas y ustedes se cansarían de leer.
Les daré un adelanto de las próximas partes :D (aunque tal vez los títulos cambien)
Parte I: La valentía de los débiles
Parte II: Sacrificio y Recompensa
Parte III: Desde las cenizas
Vayan dejando sus preguntas en los Reviews, en el último capítulo responderé todo lo que pregunten junto a un pequeño OVA. Nada más que escribir, Bye Bye!
