DECLAIMER: la novela es una adaptación, la autora original de esta historia es angelihatake.

Como tampoco son míos los personajes de pokémon, le pertenecen a Satoshi Tajiri.

Disfruten.


"Sin arrepentimientos"

-Por…por favor detente – supliqué entre gemidos.

-¿Detenerme? – a penas y se separaba de mi cuello, el cual en algún momento se había dedicado a morder y besar asegurándome que al otro día tuviera marcas monumentales.

No sé porque lo estaba haciendo, pero mis labios me estaban traicionando. Mi garganta me estaba exigiendo que le liberara, que le diera ese placer que requería. Pero yo no podía, mi orgullo no me permitía. Yo no podía gemir, no podía porque no quería hacerlo. No quería que él supiera que me estaba gustando lo que me hacía. Yo no había consentido que él me acariciara como lo hacía, por esa razón no quería gemirle.

-Vamos, Dawn. Déjame oírte – movió a un lado uno de los tirantes del vestido y me besó la clavícula. Debo reconocer que eso fue delicioso en cierta manera.

-Ahhh… por favor.

-¿Por favor, qué? – se separó sólo unos centímetros de mi piel.

-No quiero hacerlo – Apreté los ojos con fuerza – Detente.

-¿En serio? – marcó un camino húmedo de besos desde mi clavícula, pasando por mi mejilla derecha, hasta mi oreja.

No fui consciente de en qué momento hasta que sentí la humedad de su lengua por sobre mi cuello. Me estaba lamiendo y eso no me desagradó en lo más mínimo.

Joder.

Solo hasta ese momento fui consciente de lo caliente que estaba mi piel. Literalmente.

Paul dominó sobre mi cuerpo. Me empujó con su propio cuerpo guiándome con las manos puestas sobre mis caderas hasta que sentí lo duro de la pared contra mi espalda. No estaba segura de en que parte del baño estuve antes, pero estaba sorprendida de no haberme tropezado mientras él me guiaba hasta la pared.

Y entonces sus manos cobraron vida, como si de perros hambrientos se tratasen, cayeron sobre mí. Su presa. Recorrieron desde los lados de mis poco voluptuosos pechos, hasta mis caderas y un poco más alrededor. Yo apoyé las mías contra la pared tratando de sostenerme en algo que evitara una caída que lejos de salvarme de la situación, me expondría más a él.

Apreté los ojos con fuerza mientras él volvía a tomar mis labios con los suyos mordisqueándolos con suavidad. Eso me tomó por sorpresa, pero no pude evitar que mis manos subieran hasta su pecho para apartarle. Le empujé levemente, pero no hice más que conseguir que se separara de mí por alrededor de 5 segundos. Mismos que le bastaron para tomar mis manos y apartarlas de su perfecta anatomía. En algún momento de ese intercambio de fluidos, pude sentir el sabor a fresa de mi labial y lejos de alborotarme, me sorprendió. Esto era algo muy nuevo para mí y aunque lo negara, ansiaba más. Más de él. Más.

-Más – murmuré cuando se separó de mis labios para permitirnos respirar. Él pasó una mano sobre mi cabeza arrastrando consigo un mechón de cabello que escondió detrás de mi oreja. Y suspiró.

Alcohol.

Pude sentir el alcohol con ese suspiro.

Joder. Debo detenerle ahora. Él estaba ebrio, no iba en serio. ¿Cómo pude ser tan tonta? Él hombre que en ese momento estaba acelerando notablemente mi respiración, y por el cual estaba mojada y no precisamente por el hecho de que estaba pegada a su recién duchado cuerpo, estaba hasta los cojones de ebrio. Esto no era serio para él, por el contrario de mí que ansiaba 'más'.

Tranquila. Sabemos que para los hombres ebrios es completamente difícil conseguir una… erección. Ni tanto, eso que estaba sintiendo contra mi bajo vientre no podía ser precisamente un calcetín, es obvio. ¿Pero en que habría estado pensando para salir 'así' de la ducha?

-Estás ebrio.

-Para nada – rió.

-Yo creo que sí.

-¿Y? – Entonces, sin dejarme responderle, se agachó y me tomó por el trasero sobresaltándome para así poder alzarme. No sé cómo pero consiguió que rodeara mis piernas en su cadera y sin separar sus manos de mi trasero.

-Joder, bájame.

-No lo creo – sonrió de nuevo tanteando con las manos el cerrojo de la puerta. Abrió esta sin muchos rodeos y con el pie cerró la puerta cuando estuvimos fuera. Todo esto mientras yo me revolvía incomoda en su cuerpo tratando de que me liberara – Si te quedas quieta prometo bajarte pronto.

-De acuerdo, ¿Qué esperas? – dije tomándole por los hombros para evitar caer mientras él me llevaba por el pasillo que conducía a su cuarto. He de admitir que me sorprendió que después de esa ducha que se había dado se le veía más consiente que antes.

-Ya, ya – A penas entramos a su cuarto y el cerró la puerta de nuevo con el pie, sentí como iba aflojado su agarre permitiéndome caer sobre algo blando que no era precisamente el suelo, pero tampoco parecía ser su cama.

Observé alrededor mío y a pesar de que estaba obscuro, reconocí el pequeño sillón frente a su televisor en el cual nos sentábamos a jugar.

-Este podría ser un buen lugar – murmuró mientras se sentaba al lado mío.

-¿Jugar? ¿Todo esto para que juguemos? – murmuré.

-¿Qué?

-N… nada – traté de no sonar desilusionada.

Este hombre, a pesar de que no lo aparente, está ebrio. El considerar acostarte con él aún sabiendo esto e importándote tan poco como te importa… ¿no es considerado violación?

-En fin – suspiró y giró su rostro hacia el mío para besarme de nuevo – no quiero que juguemos precisamente Xbox.

No, él quiere violarte a ti.

Paul me tomó de la barbilla y me atrajo más hacia él. Aún más. Me tomó por debajo de los brazos e hizo que quedáramos en una posición, de modo que yo quedé sentada sobre él con mis piernas al lado de sus caderas.

Me quedé ahí sentada mirándole fijamente a los ojos. Pero él, aunque también me miraba fijamente, no quitaba sus manos de mi trasero. En esa posición fue fácil para el llevar sus manos a mi espalda y en cuestión de segundos, sentí como bajaba el cierre de mi vestido de forma rápida y sin trabas.

Si vas a detenerle, que sea ahora. No quiero. Bien, que lo bailado nadie te lo quite. Y si mañana no recuerda nada, espero no te la pases sufriendo y gimoteando después. Sé madura y admite que deseas esto a pesar de que sabes que él no está siendo serio contigo. ¡Joder! Sé que no me ama y que en cierta manera ahora me odia, pero deseo que me toque. ¡Quiero más!

Sus labios devoraban mi clavícula y cuello. Y yo estaba poniéndome en exceso caliente. La temperatura corporal que ambos desprendíamos en ese momento casi podía palparse en el viento. Esto se estaba poniendo en extremo caliente. Llevé mis manos a sus hombros y me sostuve para recordarme que eso era real y que no era sólo una fantasía mía. Él llevó sus manos a mis caderas y de alguna forma consiguió que moviera mis caderas sobre su erección, frotándome contra él. Eso se sentía jodidamente bien. Vergonzoso, pero bien.

-¡Ahh! – liberé un pequeño gemido que me puso roja como un tomate. Jamás hubiera imaginado que mi garganta emitía esa clase de sonido tan agudo como placentero.

Apartó sus manos de mis caderas dejándome a mi sola con los movimientos y llevó las manos a los lados de sus caderas para poder sostenerse mientras mantenía cerrados los ojos. En cierta forma yo estaba sintiendo un poco de placer y eso me estaba gustando más de lo que debería. Mordí ligeramente mis labios tratando de contener otro gemido mientras aumentaba lentamente el ritmo de mis movimientos. Escuché un ronco sonido proveniente de su pecho y supe que él también estaba disfrutando del roce de nuestros cuerpos. Si esto seguía así, no sabía hasta donde sería capaz de llegar.

Tomó el borde de las mangas del vestido y lo corrió hacia abajo con la seguridad de dejarme de la cintura para arriba a su merced. Me liberé de esa parte del vestido consiguiendo que este quedara en mí como una falda. Entonces él bajó uno de los tirantes de mi sostén besando la parte de piel que iba quedando expuesta. Hizo lo mismo con el otro lado y finalmente llevó sus manos a mi espalda de nuevo para liberarme de ese molesto pedazo de tela. Cuando sentí como torpemente no conseguía su cometido, llevé mis manos a mi espalda y yo misma me quité el broche que lo sujetaba totalmente apenada, pero desesperada porque tocara más. Bajé la mirada a él para verle sonreír satisfecho. Y no me importó. A pesar de que mi primera vez sería con mi ex mejor amigo y de que él estaba prácticamente inconsciente y ebrio, trataba de que no me afectara. Sabía que esto no era la decisión más prudente que tendría en la vida, ¿pero cuando mis decisiones habían sido acertadas? Ahora mismo sólo tenía la certeza de que no me arrepentiría después.

-Dawn… me gustas. – dijo haciendo que abriera con fuerza los ojos y que me quedara quieta.

Al menos sabe quién eres.

-Lamento todo lo que ha pasado – me miraba fijamente a los ojos. Ansiaba por dentro que él no notara lo roja que me había puesto – Siempre me ha gustado esa parte inocente de ti que dice que no aunque se muere de ganas por mí.

-Paul.

-Te quiero… nunca lo he admitido, pero… ¿me crees?

-Creo que no sabes ni lo que dices.

-¿Tan ebrio crees que estoy? – bajó su rostro y llevó sus labios a mis pechos.

-Sé que sí – casi gemí.

Rodeó mi ya erecto pezón izquierdo con sus labios y luego jugueteó con él con su lengua. Se sentía distinto a cuando jugueteaba con mi lengua, pero sabía que era esa, su lengua, la que me volvía loca. Sopló un poco consiguiendo que me erizara más y sacándome un suspiró de placer mientras instintivamente volvía a mover mis caderas contra él. Era extraño, pero sentía los pechos ligeramente más pesados y ansiosos de más.

Cambió de lado haciendo lo mismo con mi pecho derecho y me tomó con fuerza por las caderas deteniendo los movimientos que el mismo había marcado.

-Espera… no aguantaré si sigues así.

Gemí de frustración mientras con una mano le empujaba la cabeza para que continuara con mis pechos, pero él me tomó de nuevo por las caderas y me alzó para que pudiera sacarme el vestido. Me tomó de la mano y prácticamente me aventó contra el colchón.

-¿Qué…?

-Me estas volviendo loco – gruñó y se posicionó sobre mí.

Una parte de mi aún aguardaba el momento en que se quedara dormido y yo pudiera salir de ahí. La otra parte quería apresurarlo a continuar antes de que eso pasara.

Volvió a brindarle caricias a mis pechos alternando entre uno y otro mientras yo me revolvía contra su colchón. Ese en el que cuando éramos niños jugábamos a guerras de almohadas o a brincar en ella hasta que su madre nos regañara, ese colchón ahora seria testigo de algo no tan infantil como nuestros antiguos juegos.

Instintivamente separe mis piernas y gemí cuando el llevó una mano a mi entrepierna acariciándola.

De haber sabido que esto pasaría, te hubieras puesto el conjunto de victoria secret que nunca usas por pena.

Dejé caer mi cabeza a la almohada mientras tenía los ojos apretados y me mordía con fuerza mi labio inferior. En algún momento él bajó sus labios de mis pechos hasta mi abdomen el cual besó y lamió hasta mi ombligo. Jamás me había imaginado que los besos en esa parte también se sentían placenteros. Pero joder, que placentero era. Bajé la mirada sólo para verle descender cada vez más. Tomó el borde de mis bragas y las bajó lentamente mirándome directamente a los ojos mientras lo hacía. Mordí con aun más fuerza mi labio inferior y dejé caer mi cabeza con fuerza al colchón cuando sentí como alzaba una de mis piernas para que mis bragas salieran por completo de ese lado, mientras que alzaba la otra pierna para llevarla a su hombro con mis bragas colgando de mi tobillo.

Acarició levemente mis piernas y muslo interno. Subía y bajaba el dedo índice por mis muslos provocándome un leve temblor en mi cuerpo y haciendo que yo separara aun más las piernas a la expectativa. Bajó la cabeza y entonces supe que esa jodida lengua era mi perdición.

Aun a pesar de que me estaba muriendo de pena porque su lengua recorriera mis pliegues, no podía evitarlo. No profería sonido alguno, más que los fuertes gemidos que salieron unos tras otros. Mi lengua no parecía querer formar oración o palabra alguna, sólo mi garganta que me hacía casi gritar. Nuevamente me sentí apenada. No sabía que yo podía producir sonidos tan fuertes como vergonzosos.

Arriba, abajo. Arriba, abajo. El movía su exquisito musculo por toda mi parte sensible. Rápido, lento. Rápido… más rápido, lento. Me acariciaba, me torturaba. Me estaba volviendo loca. Me revolvía en la cama mientras el no perdía el movimiento.

Apreté mis tobillos contra su espalda involuntariamente. Fue entonces que noté que aun tenía los tacones puestos, pero tampoco pude pedirle que me permitiera quitármelos. De hecho, en ese momento en el que su lengua tomó un ritmo aun más rápido y firme, ni siquiera fui consciente de lo que pudiera pasar. Fueron los minutos más largos y placenteros de mi vida. Todo lo que él tocaba en ese punto, estaba ardiendo y pidiendo por más. Una parte en mi interior rogaba por más atenciones y comencé a mover las caderas en busca de más contacto. Quería más. Aun más y quería que me lo diera él.

Joder. Que egoísta me sentía.

-¡Pa… Paul! – Grité – Ma… más. – mi voz sonaba tan jodidamente aguda como si se tratara de otra persona. Ah, debía ser mi lado pervertido que se regodeaba ante esto, mientras mi lado consciente aun me gritaba que esto era un error.

Paul llevó el dedo pulgar a mi entrada acariciando en círculos aquel pedazo de piel que rogaba por un poco de atención. El dedo índice lo adentro un poco en mi interior y eso fue suficiente para que yo moviera las caderas más rápido y apretara más fuerte las sábanas.

Me estaba quemando. Sentía como una hoguera hirviendo mi cuerpo. Cada lugar que él tocaba, sentía como si le estuviera prendiendo más y más fuego.

Él era fuego y yo me iba a quemar. Lo sabía. Pero estaba tan absorta en saber, en sentir, que no me importaba en lo absoluto. Iba a salir completamente quemada de ahí, pero no quería detenerle. Ya no había marcha atrás.

Paul, Paul, Paul. Mi cabeza estaba llena de él en ese momento. Su nombre estaba tatuado a fuego lento en mi cerebro. Y, a pesar de que mantenía los ojos cerrados con fuerza, mi cabeza estaba en blanco. Ninguna imagen circulaba por ella. Nada. Sólo podía sentir un exquisito placer como nunca antes había experimentado en mi vida.

Un par de minutos después, sentí como ese placer se acrecentó más y más en mí. El aire comenzaba a hacerme más falta, pero yo seguía gimiendo sin descanso su nombre.

-¡Paul! Ahh ¡Pa…! – Y finalmente, como una llama que avanzaba con rapidez sobre un trozo de papel, así avanzó el placer por todo mi cuerpo hasta que en algún momento explotó en mi bajo vientre regresándome a la realidad.

Paul alzó el rostro de mi entrepierna y regresó a mi altura mirándome satisfecho. Esto le estaba pareciendo de alguna manera divertido. Se llevó los dedos a la boca y los chupó de forma erótica provocando que de haber tenido algo de aire en los pulmones, hubiese gemido.

Mi respiración se encontraba irregular, rayando lo insoportable. Casi no podía respirar así que estaba inhalando con fuerza por la boca. Estaba segura de que no podría proferir ni una sola palabra. Mi pecho se alzaba violentamente a la par de mi respiración.

Llevé una mano a mi frente y sentí lo caliente que me encontraba. Recorrí con la mirada la habitación de Paul preguntándome como nunca antes había visto lo amplia y sonora que era. Posiblemente mis gritos de placer habían inundado todo el jodido cuarto. En mi recorrido turístico, no había notado que Paul ya no estaba recostado a mi lado, o sobre de mi. Me di cuenta hasta que le vi sentado en un borde de la cama y con algo plateado en las manos.

-¿Quieres intentarlo? – sonrió de lado mientras alternaba su mirada entre el paquete plateado que sostenía en la mano izquierda y en mi. No supe cómo responderle. En ese instante me sentía bastante agotada pero realmente tampoco estaba segura de cómo poner eso… ahí. Ciertamente sabia la teoría, ya que es algo que te enseñan en las clases de sexualidad, pero una cosa era que te enseñaran con un plátano y otra…– Hmp.

Abrió el contenido del paquetito y lo dejó caer al suelo tan pronto como se llevó algo entre las piernas.

No hay marcha atrás. Lo comprendí casi de inmediato como le vi darse la vuelta hacia mí. Torpemente se posicionó sobre mí y me sonrió de lado. Esa jodida sonrisa arrogante de nuevo. No me infundió confianza, pero al menos me hizo concentrarme en otra cosa.

-Apuesto que el idiota de Lucas no te ha hecho llegar nunca – dijo de repente sacándome de esa pequeña ensoñación en la que él mismo me había envuelto.

Espera. ¿Qué había dicho? Hice una mueca de interrogación y no dije nada permitiéndole que él mismo me explicara de qué hablaba.

-Por la forma en que gritabas mi nombre y te revolvías debajo de mí, me hace pensar que nunca habías tenido un orgasmo – oh, esa forma tan arrogante de hablar que rayaba en lo insoportable.

Joder no. Nunca lo había tenido. Soy virgen.

-Cla…

-Es bueno en los videojuegos, como tu amigo, como mi reemplazo, pero malo en el sexo, ¿ehh? – en ese momento tenía ganas de estrellarle una almohada en la cara para borrarle esa sonrisita. O mejor aún, mi puño – Descuida, yo te enseñaré lo que es el placer de verdad.

Y sin darme tiempo a renegar, protestar, golpearle o bien, decirle que hasta cierto momento yo era virgen, él me penetró.

Había experimentado ese dolor cuando te golpeabas el dedito chiquito del pie contra el borde de la cama o cuando te daban una patada en la pierna. Quizá cuando te arrancas un pedacito de piel y las abuelas te echaban limón. Bien, nada era comparado con lo que sentí en ese instante.

Grité. Esta vez no de placer si no de dolor.

Había leído que la primera vez dolía, aun cuando el tipo en cuestión era cuidadoso. No estaba preparada para cuando el que te quita la virginidad era un bruto.

Sentí como algo invadió mi cuerpo. Era grande, podía sentirlo. Era demasiado grande para mi inexperto cuerpo. Sentía como estiraba mis músculos internos de una manera un tanto salvaje.

-Detente… quítate… – susurré en cuanto mi garganta se recuperó del grito de dolor.

Pero él no se detuvo.

Llevé mis manos a sus hombros y traté de apartarle, pero por el contrario, él se movió en mi interior. Salió de mí y volvió a entrar con más fuerza mientras apretaba los ojos con fuerza.

-¡Ah! Eres tan estrecha – gimió.

Pude sentir unas ligeras gotas recorrer desde debajo de mis ojos hasta pasar por mis orejas. Mis ojos se cerraron con fuerza y eché mi cabeza hacia atrás, pegándola lo más que pude a la almohada. Aún sentía ese dolor en el pecho por la sorpresa. Nada comparado con el dolor que me consumía en la parte interior de mi entrepierna y en mi bajo vientre. Eso era dolor en serio.

El entraba en mí. Entraba y salía tan rápido que no sé cuantas veces lo había sentido ya. De lo que era consciente, era que había un punto dentro de mí que cada que él lo rozaba, dolía como el carajo.

Como una caída, como un diente flojo, como el ver a tu mascota siendo atropellada. Así de impotente me sentí. Bajé mis manos a su espalda y le arañé con fuerza para que se detenga. Pero no lo hizo. Estaba segura de que le estaba haciendo sangrar y no me importó. Aparentemente eso sólo había acrecentado su placer porque aumentó la velocidad de sus embestidas contra mí. Y en algún momento comencé a escuchar algunos jadeos cerca de mi oído. En ese momento no estaba segura de qué pasaba en mí. Sólo sentía como se movía cada vez más rápido, pero nada más. No había placer. No había nada. Solo quería que acabara ya. Ya.

-Hmp – bufó mientras apretaba con fuerza las sábanas con las manos que tenia a los lados de mi cabeza.

Y me sentí por completo una puta cuando él se acercó a mi rostro y tomó mis labios entre los suyos. Jugueteó un poco con mi lengua y cuando se separó de mi, un gemido salió de mi garganta quemándome.

Su ritmo fue cada vez más rápido y de alguna manera estaba consiguiendo que yo empezara a sentir algo en mi interior. Algo lejano al dolor. De repente, ese punto de dolor que sentía cada que él me invadía, empezó a sentirse placentero. Ese punto comenzaba a pedir más.

Llevé mis manos a mis labios. No quería que me escuchara gemir. Pero era inevitable. Al cabo de unos segundos ya me encontraba gimiendo como puta barata. Como Giselle. Como cualquiera con la que él se hubiera acostado.

-¡Ah! – gemí.

Me tensé ante algo que estaba por venir. Era esa sensación de nuevo. Él fuego se concentró en mi bajo vientre y después explotó algo en mi interior. Algo en mi se propagó por mi cuerpo con más fuerza que antes. Como una corriente eléctrica recorriéndome entera.

-¡Ah! Yo… – cerré los ojos de repente. Mordí mi labio inferior y me dejé llevar en esa oleada de placer repentina. Y sentí mi cuerpo convulsionar culminando placenteramente en aquella parte de mi anatomía que había sido invadida.

Fue bueno. Demasiado.

Cuando pude recuperar el aliento noté que el orgasmo había conseguido que de alguna manera Paul entrara con más facilidad que antes en mí. Él estaba entrando y saliendo, según observaba por el choque de su pelvis con la mía, cada vez más rápido y a un ritmo bestial.

El apretó los ojos y los dientes con fuerza mientras su respiración se volvía irregular, hasta cierto punto ruidoso. Jadeaba fuertemente cerca de mi oído y eso en cierta forma hacia que buscara mas contacto con él.

Me tomó una pierna y la llevó de nuevo a su hombro permitiéndole de alguna manera empujar con más fuerza contra mí. No había delicadeza, para nada. Lo estaba sintiendo, como él empujaba sin descanso contra mi cuerpo y como yo gemía sin poder contener lo que me hacía sentir. En ese momento me di cuenta de que ya no había dolor alguno, más que el de mí pecho lleno de remordimiento. Eso era. Ahora había un placer exquisitamente involuntario. Y me provocaba que siguiera gimiendo, jadeando, en serio era vergonzoso. Pero no podía, no podía mencionar su nombre. Lo que sea, menos su nombre.

-¡Ahh!... – le escuché gemir.

No tardaría y llegaría. No estaba 100% segura, pero no tardaría mucho y se correría. O al menos eso era lo que sus expresiones decían.

Envestía y envestía fuerte, duro, sin rodeos. No sé cómo, pero sabía exactamente qué punto tocar, que velocidad llevar. Sabía exactamente como hacerme jadear con fuerza.

Cada vez iba más duro, más fuerte.

Una, dos, tres.

Una, dos, tres.

¿Cuántas veces lo había hecho? ¿Cuánto faltaría?

Mi bajo vientre se preparó de nuevo y sentí esa convulsión que culminaba en la unión de nuestros cuerpos. Me sujete con fuerza a su espalda y me dejé llevar por segunda vez en el placer que tanto había ansiado en algún momento. Cuando mis ojos dejaron de ver las estrellas, le miré. Apretaba con fuerza los ojos y su respiración era irregular al punto que respiraba por la boca. Gimió, casi rugió y supe que había llegado.

En cuanto se quedó quieto, noté como mis músculos internos se convulsionaban con fuerza y 'apretaban' a Paul. Cerré los ojos. La presión entre mis piernas había disminuido y él se dejó caer sobre mi pecho el cual aun subía y bajaba violentamente por el último orgasmo.

Abrí los ojos lentamente y observé su espalda que subía y bajaba a la par de nuestras respiraciones. Mordí levemente mi labio inferior tratando de contener un sollozo. Todo había terminado.

Joder. Fue bueno. ¿Ahora qué?

Separé una mano de él y la paseé por su espalda solo un poco instándole a levantarse de mí. Comenzaba a aplastarme el abdomen dejándome casi sin respiración.

Llevé la misma mano a mi boca tratando de contener un gemido de dolor cuando él se separó al fin de mí y salió de mi interior. El estaba más inconsciente que hace unos minutos, pero yo sí noté el rastro de suave tinta roja que salió junto con él de mí y cayó sobre el colchón.

¿Eso es normal?

Por cómo se dieron las cosas. Supongo que lo era.

Miré sin muchos ánimos como se retiraba el condón y lo desechaba en el suelo. Cuando él se levantó para retirárselo, me di cuenta de su espalda llena de marcas que encajaban perfectamente con mis uñas seguidas de una delgada línea de sangre. No me importó. No era dolor comparado con el que sentí en ese momento. Se acostó a mi lado y me tomó de la cintura apretándome contra él, impidiendo que esta noche saliera de ahí.

Al cabo de unos segundos, sin llegar al minuto, supe que se había dormido. Y aunque traté de apartarme, su brazo pesaba para mí. Me sentía débil y los parpados me pesaban, no tanto como la cabeza, pero me pesaban.

No sé ni porque carajos lo hice, pero me dejé caer en las alborotadas sabanas ya muy cansada como para irme. En algún momento, antes de que si quiera pudiera sufrir de remordimiento, me quedé dormida aún con los tacones puestos.

Y entonces comprendí que él no. Él no podía darme más.

El peso de mi consciencia y mi remordimiento no eran una buena forma de despertar. El ruido de mi celular sonando sumado a una fuerte luz proveniente de la ventana, tampoco lo eran. Alcé la cabeza y lo comprobé, ya había amanecido. El peso de los recuerdos me atacó sorpresivamente. Esto me volvería loca, definitivamente.

Miré a mí alrededor y me encontré a mi misma aun envuelta entre las blancas sabanas. Me senté en la cama sosteniendo el borde de la sabana contra mi pecho. A penas pude sentarme en el borde de la cama, una punzada de dolor en el vientre me hizo gemir. Me estiré un poco y sentí como mis músculos también dolían. Como cuando me quedaba jugando. Sí las cosas resultaban como la ultima vez, estaba segura de que no podría correr o caminar.

Me levanté de la cama y busqué mi ropa con la mirada. Mi sostén cerca del sillón donde jugábamos. Mi vestido entre dichos sillones y la cama. Y mis bragas, bueno. No las encontraba. Caminé lentamente tratando de no llorar por el dolor. Y recogí la ropa que había encontrado y me la puse sin rodeos. Entré al baño y tomé mucho papel higiénico con el cual regresé a recoger el condón que Paul había dejado en el piso. Sí el despertaba y yo no estaba, tenía la esperanza de que creyera que todo había sido u sueño. Así que borraría las pruebas de lo contrario.

Cuando regresé encontré mis bragas bajó una pierna de Paul. La tomé de un borde y la jalé rápidamente. Paul ni se inmutó. Me las puse y traté de que no quedara ningún rastro de que yo había estado ahí. Salí del cuarto y cerré con cuidado de no hacer ruido. Salí de su casa tratando de que ningún trabajador de la casa notara mi presencia. Todos me conocían y sabía que llegaban temprano por la mañana. Afortunadamente nadie había presenciado mis vergonzosos gemidos de la noche anterior. Cuando estuve por completo libre de esa casa, saqué mi celular del bolso y le marqué a May.

-¿Bueno? – sonaba adormilada aun.

-May, ¿estás en tu casa?

-Joder, si – escuché como se apartó las sabanas – ¿Debíamos vernos hoy?

-No, pero necesito que me ayudes.

-Ah, ¿con qué? Por cierto, ¿Dónde estás? Se escucha ruido de coches.

-Te explicaré, pero ven por mí, ¿sí?

-¿Ahora?

-Me urge llegar ya.

-No estás en tu casa, ¿cierto?

-No – mordí ligeramente mi labio inferior sintiendo una punzada de dolor.

-¿Dónde quieres que te vea?

-En… estoy en casa de Paul.

-¿Qué? – ese sordo ruido me daba a entender que ó se había caído o algo había botado.

-Te veo en el parque cercano, ¿sabes cuál?

-Claro, claro… te veo en 5 minutos.

Y sabía que cuando May decía '5 minutos' con esa voz, eran 5 minutos.

Caminé apresurada hacia el parque que estaba a una cuadra de casa de Paul y cuando llegué me senté en un columpio a mecerme un rato. Mientras esperaba, traté de pensar en algo que no fuera Paul. Sólo 6 minutos después escuché un frenazo. May había llegado.

-No me jodas, sigues con la misma ropa de anoche – gritó quitándose los lentes de sol que le cubrían medio rostro.

-Ya, ya – subí al coche y dejé caer mi cabeza en el asiento sin muchos ánimos de cambiar de posición hasta llegar a mi casa.

-¿Me contarás ya? – Escuché como reía – porque te ves jodida.

-Gracias, lo sé.

-Bien – se echó de reversa y aceleró dejándome en la puerta de mi casa en menos de 5 minutos.

El coche de mis papás no estaba, así que aún podía entrar y cambiarme de ropa sin prisa. Tal vez hasta ducharme. Bajé del coche de May y le miré cuando conseguí abrir la puerta de mi casa.

-¿No vienes?

-¿Segura? – pero ya estaba cerrando su puerta y caminando rumbo a mí.

Cerré la puerta tras ella y subí a mi cuarto lentamente.

-Apresúrate, caracol.

-No quiero – protesté – me duelen las piernas.

-Ni que hayas bailado tanto – se burló – casi ni bailaste.

-Bueno…

Entramos a mi cuarto y ella se dejó caer en mi cama mientras jugaba con su celular.

-Me daré una ducha, si viene mi mamá…

-Ya, ya. Yo te cubro.

-Gracias – tomé mi ropa del armario y me metí a dar una larga ducha. El agua fría cayendo sobre mi cuerpo hipersensible estaba resultando de alguna manera confortante, pero sinceramente no sabía que pasaría ahora.

Me envolví en una toalla y me vestí lentamente tratando de cepillar mi cabello antes de que se esponjara. Cuando salí del baño, May estaba dormida plácidamente.

Salí del cuarto y bajé a la cocina a prepararme algo de desayunar. Cuando entré a la cocina, mi madre estaba preparando unos hot cakes.

-¿Han llegado ya?

-Hace media hora. Pensamos que estarían durmiendo aun y no quisimos levantarlas – respondió sin darse la vuelta – ¿May se ha despertado ya?

-Está durmiendo. Se quedó dormida de nuevo.

-¿En serio? – Suspiró – esa niña, no madura – Reí ante el comentario de mi mamá puesto a que ella siempre había visto a May como una niña.

-Sólo se quedó dormida mamá, creí que te agradaba.

-Sí, no es alguien a quien adore, pero me agrada – se dio la vuelta y dejó en la mesa un par de platos – Luces distinta – me observó de pies a cabeza.

-No he cambiado en nada – me senté en una silla – y ¿Cómo estuvo la fiesta?

-Lo de siempre, tu papá haciendo el ridículo cuando intentaba bailar.

-Buenos días, señora Berlitz – May gritó entrando a la cocina – Que bien huele eso. ¿Me ha extrañado?

-Por supuesto – mi madre rodó los ojos pero no pudo evitar sonreír – Toma – nos dio un par de platos con hot cakes y un tarro pequeño con miel – desayunen arriba mientras yo preparo el almuerzo.

-Gracias mamá – me levanté con los platos rumbo a mi cuarto.

-Muy amable, señora Berlitz – May tomó un par de vasos y los llenó con jugo de naranja – hasta luego.

A penas entré a mi cuarto prendí la televisión en un canal de música.

-Creo que tenemos que hablar – May se puso seria. – Lo sabes.

-¿Tenemos? – suspiré. No podría evitar esa charla.

-¿Hay algo que deba saber? – May se sentó en el piso, a mi lado.

-¿De qué? – le subí aún más el volumen a la televisión, pero aun podía escuchar la voz de May.

-¿Por qué estabas en casa de Paul?

-Le llevé a su casa.

-¿Pasaste ahí la noche?

-Sí – respondí poniéndome nerviosa.

-Bueno – May se llevó un gran pedazo de hot cake a la boca.

-¿No preguntarás nada más?

-No – respondió sin apartar la vista de la pantalla – Lo que se ve, no se juzga.

-¿Qué quieres decir?

-A tu mamá podrás engañarle, pero a mí no – me guiñó el ojo.

-¿Lo sabes?

-Esperaré a que me lo cuentes tú – tomó de su vaso y dejó caer su cabeza al respaldo de mi cama – Amo los hot cakes de tu mamá.

Bien, Dawn. Hazlo rápido y bien. Esto sólo tardará unos minutos.

-Yo…

-¿Si? – May regresó su mirada hacia mí.

-Me acosté con Paul.

May abrió los ojos sorprendida, por no decir que también su boca se abrió tanto que pensé su mandíbula se desprendería.

-¿Cómo te fue con Drew anoche? – pregunté de repente.

-¿Quieres repetir eso?

-Drew. Anoche – dije haciéndome la tonta.

-Sabes que no hablo de eso.

-¿Si? – La miré fingiendo una sonrisa pero tratando de no llorar – Entonces, ¿de qué hablas?

-Tú… No le dijiste que le amas, ¿cierto?

-Cierto.

-Solo… ¿Te acostaste con él? – Asentí – Osea, no a dormir. Ustedes, tuvieron relaciones – asentí nuevamente – Correcto – suspiró.

-Yo…

-¿Qué pasó esta mañana?

-Sólo salí de ahí.

-¿No te dijo nada?

-No espere a que lo hiciera.

-¿Estaba durmiendo?

-Sí.

-¿Y no escuchó que salieras?

-Probablemente no pensó que fuera yo.

-Después del sexo, ¿Qué te dijo?

-Nada.

-¿Nada? ¿¡Ni siquiera una palabrita!?… ¿nada?

-No. Solo se quedó dormido.

-¿Se durmió? – estaba alarmada.

-Sí, estaba ligeramente…

-¡Estaba ebrio! – May dijo seguramente recordando lo que Gary había dicho.

-Yo… – mordí mi labio inferior levemente.

-¿Y aun así lo hiciste?

Suspiré y le miré directamente a los ojos. Estaba apenada.

-Si – admití.

-Joder, ¿Al menos se cuidó?

-Sí.

-Bien – Carraspeó un par de veces – Estás jodida. Lo sabes, ¿cierto?

-Lo sé.

-Realmente… ¿porqué, Dawn?

-¿Porqué, qué?

-¿Porqué él?

-No lo sé – admití y bajé la mirada – quiero…

-¿A él?

-Si – cerré los ojos, pero para mi sorpresa no hubieron lagrimas.

-Entonces, has tenido un avance. Ve a buscarlo y…

-No, May.

-¿Qué?

-No puedo ir por él. Él no es mi 'más'. No quiero más de él.

-Entonces, ¿sólo te acostaste con él y se acabó? – Asentí – Estás loca, debes pensarlo mejor.

-May… supe desde el principio que no pasaría más… y prometí no arrepentirme después.

-Y ¿estás arrepentida?

-Joder, no.

-Bueno, supongo que… ¿estarás bien con esto? – asentí.

-Espero el no recuerde nada de lo que pasó y yo… sólo tendré un buen recuerdo, pero se acabó. Eso fue todo.

-Respeto tu decisión, aunque creo firmemente que eres una idiota – se burló.

-Gracias – le abracé.

Escuchamos como se abría la puerta de mi cuarto y nos separamos cuando mi madre entró con algo en las manos.

-¿Mas hot cakes? – preguntó sonriente.

May negó y ambas le vimos sorprendidas.

-Se me ha ido el hambre, señora Berlitz.

-Oh, entiendo – mi mamá me miró fijamente.

Mi mamá salió del cuarto y yo busqué el control para cambiar de canal.

-¿Cómo fue? – May dijo de repente.

-¿El qué?

-No te hagas la tonta – May rió – estaba ebrio, ¿pudo…?

-¡May! – grité.

May estalló en carcajadas a las cuales me uní después de unos segundos.

-¡Sabes que soy curiosa!

-Mejor dime, ¿Cómo te fue con Drew? – cambié de tema.

-Bueno, le llevé a casa – suspiró y después su sonrisa se ensanchó – le robé un beso.

-¡Bromeas!

-Él me encanta – aseguró.

-¿Y luego?

-Bien, se lo dije.

-¿Qué cosa?

-Le grité: 'Oye, creo que eres jodidamente perfecto para mí. Si no tienes inconveniente alguno, deberíamos casarnos en un par de años.'

-¡Joder, May! – Empecé a reír – eres una genio.

-¿Si? – Suspiró – después de eso arranqué el coche y cuando llegué a casa me aventé en mi cama aun con una torpe sonrisa.

-Eso es…

-Dawn, serás mi madrina… cuando me dé el 'si', claro.

-Claro – acepté – Pero primero andaré casualmente por casa de Drew esperando encontrármelo para saber qué piensa.

-Te dirá que estoy loca.

-Es lo más probable.

-Y me encanta.

-Lo has dicho ya.

-¿Qué? Me encanta.

Y viendo a May sabía que era verdad. Estaba enamorada y eso me daba un alivio que necesitaba en ese momento. Mi amiga lo había conseguido, ella pudo hacer lo que yo nunca quise.

….-…

En cuanto llegué el lunes a la escuela, me senté en un lugar distinto al habitual. En un lugar en la esquina del salón, donde se sientan los renegados sociales y le mandé un mensaje a Lucas diciéndole que necesitaba estar sola por esa clase. Estaba segura que nadie me vería ahí. No era esa clase de lugares donde Dawn Berlitz se sentaba. Todos me consideraban ahí una nerd que siempre se sentaba en algún lugar que le permitiera la completa vista al pizarrón y demás, por eso y sabiendo que mis compañeros eran poco observadores, supe que era un buen lugar para esconderme ese día.

Cuando Paul llegó al salón, fue directamente a hablar con Giselle. Le tomó de la barbilla y le obligó a que le escuchara. Aparentemente, mi salón no era nada metiche. Nadie cerró la boca para dejarme escuchar. Giselle le dijo algo y después ambos miraron a mi lugar vacio. Paul buscó con la mirada los alrededores a mi lugar, lucia sorprendido.

-¿Dawn no vino? – le preguntó a Zoey tan fuerte que pude oírle.

-Ni idea – ella respondió sorprendida.

Paul apartó su mirada de ella y se sentó en su lugar junto a Giselle, quien prácticamente le ignoró.

Traté de no pensar mucho en el, en lo que quedó de mi fin de semana. Sólo me aguardaba una semana más de clases obligatorias y después me graduaría. Tenía un plan de lo que haría después y no debía fallar. Debía evitar a Paul a toda costa.

'¿Qué haces ahí? – Ash me mandó una notita.

Sentada. No le digas a nadie que estoy aquí. Quiero observar todo desde otro ángulo – respondí.

-¿Emocionada porque esta es la última semana de clases? – Gary preguntó de repente asustándome.

-Emm… – no sabía que responderle.

-Verás, ese es el lugar de Clemont – apuntó la silla en la que estaba sentada – ahora está sentado en mi lugar.

-Oh, lo siento – dije apenada – no tenía idea… ¿Por qué no te sientas en mi lugar? – le señalé.

-No hay problema, tu lugar está muy visible. Rowan-sensei podría verme dormir. Pero ¿estás tan emocionada porque ya mero se termina el curso que olvidaste cuál es tu lugar?

-Seguramente es eso – mentí.

-O… – murmuró.

-¿O…?

-¿Te peleaste con Paul y Ash y ahora también con Lucas y Barry?

-No exactamente – respondí de inmediato.

-¿Entonces?

-Dejémoslo en que, de repente, consideré que este es un buen lugar para sentarme.

-¿En verdad, casi terminando el curso?

-Eso creo – le sonreí tratando de convencerle de algo tan estúpido que ni yo me lo creería.

-Bien – suspiró – No es mi problema – recostó su cabeza contra su mesa y cerró los ojos listo para dormir.

La clase de Rowan-sensei nunca me había parecido tan larga como ese día. La mayoría estaba bostezando y algunos ya hasta dormían.

-Bien, entréguenme sus trabajos. – dijo después de un suspiro al ver que nadie le hacía caso.

La mayoría de mis compañeros se levantó. Incluyendo Paul con una carpeta en las manos.

-¿Dónde está Berlitz? – preguntó Rowan extrañado.

-Ella no vino – respondió de mala gana.

-Bien, será mejor que venga más tarde, necesito hablar con ella.

-Tú si viniste, ¿no dirás nada? – Me susurró Gary.

-No – respondí.

-¿Te estás escondiendo?

-Dejémoslo en que Paul no debe verme.

-¿Debo preguntar por qué?

-Pues…

-Entiendo. No te verá aquí. – Aseguró – este es el último lugar donde te buscaría. Además… estás sentada justo detrás de Tierno, él te cubre bien – sonrió.

-Supongo – me uní a sus risas, lo cual se convirtieron en carajadas al notar que era cierto lo de Tierno.

Gary llevó una mano a mi boca tratando de callarme, pero sólo me dejó sin aire.

-Lo… lo siento – traté de limpiar la pequeña lagrima que me había salido.

-Estoy seguro de que cuando eras pequeñas, eras problemática jugando a las escondidas.

-No tienes ni idea – reí de nuevo.

-Será mejor que antes de irte vayas con Rowan-sensei – Me aconsejó – Parece importante.

-Eso parece – suspiré.

En cuanto el timbre del descanso sonó al fin, supe que había un gran problema en mi nada brillante plan. Todos se levantaron y guardaron sus cosas. Temía que en ese alboroto y movimiento de personas, alguien notara que ahí estaba.

Joder.

-Gary… ¿puedes ayudarme?

-Espera – Gary se levantó de su silla y habló con Tierno muy bajito. Tanto que no pude escuchar ni una sola palabra – Tierno esperará a que salgan todos.

-¿Lo hará?

-Si, al parecer Rowan-sensei se quedará en el salón, así que apenas salgan todos del salón, debes hablar con él.

-Lo haré – sonreí agradecida.

-¿Pero como pensabas esconderte en el descanso?

-Baño – simplemente respondí. Él asintió comprendiendo mi respuesta y se sentó a mi lado de nuevo.

En cuanto los demás salieron y sólo vi en el salón a Tierno y Gary me levanté de mi silla y caminé rumbo a la mesa del sensei.

-Aquí estoy, sensei.

-Berlitz – dijo sorprendido – creí que no… en fin, necesito hablar seriamente contigo.

-¿Hice algo malo?

-Por el contrario. ¿Quieres estudiar medicina, cierto? – Asentí – y dime, ¿Qué te parece si te recomiendo en la universidad de Kalos?

-¿Es en serio?

-Eres de mis mejores alumnas. El trabajo que hicieron Paul y tu fue perfecto. Debes responderme antes del último día del curso.

-Este viernes – murmuré.

-Piénsalo – Rowan-sensei se levantó de su silla como si hubiera estado ahí sólo esperándome.

-Bien… ¿Ahora qué haré?

.

.

Hola a todos, bien ya sé que de nuevo me retrase en subir el cap, pero (para mi suerte -.-) volvemos a clases, me siento tan alegre (ni yo me lo creo eso u.u) así que estuve haciendo algunas cosas y ayudando en casa. Y dije que hoy si o si subía el cap y aquí está.

¿Qué tal les pareció? ¿Creen que Paul se acordara de lo que sucedió? ¿Drew le dara el "si" a May xD? ¿O que fue maldad mencionar a Tierno como muro humano?

Muchas gracias por leer están historia y a los que dejan reviews. Los adoro.

Hasta luego.