Así fueron pasando varias semanas, Nicolás fue dado de alta tras realizarse la amputación y conseguirse una prótesis de pierna a la cual le fue muy difícil adaptarse, como era de esperarse su animo fue bajando tomando una personalidad depresiva, a pesar de que su nieta siempre lo cuidaba amorosamente y ahora el Caballero de Acuario junto con sus dos discípulos se habían unido a su pequeña familia el viejo cazador sufría por no poder sen tan útil y fuerte como antes. El santo de Acuario se encontraba por primera vez en su vida pleno, Contaba con el rango mas alto de la orden ateniense, un gran poder, sus discípulos le llenaban de orgullo y tenia el amor de su adorada Misha quien siempre le recibía con cariño y devoción cada tarde después de entrenar a los muchachos, y a pesar de las dificultades que representaba controlar a su mujer las noches de luna nueva la vida parecía perfecta.
Así fueron pasando los meses, y sin darse cuenta pasaron dos años mas, Isaac y Hyoga ya tenían 13 años y se encontraban en su ultimo año de entrenamiento, eran fuertes y hábiles, sin embargo Hyoga seguía aferrado al recuerdo de su madre, y aunque lo tratara de ocultar Camus sabia muy bien que el chico ruso había intentado alcanzar a su madre internándose en las profundidades del mar sin haberlo conseguido, ese duelo no curado le impedía desarrollar todo su poder, por lo que mas de una ocasión paso por la mente del francés que Isaac seria el portador mas adecuado de la armadura del Cisne y tal vez un digno sucesor, pues lo tenia todo, fuerte, implacable, justo y sobre todo contaba con una voluntad férrea y un corazón frió como el de su maestro. Los adolescentes a pesar de ser consientes de su rivalidad para conseguir la armadura sagrada del cisne tenian una amistad tan pura que parecían hermanos, se ayudaban y protegían mutuamente, y a pesar de que generalmente el Finlandes sobresalía ante el ruso, el chico rubio se esforzaba para mantenerse a la altura de su compañero, y sin importar que cada vez se acercaba mas la hora en la que se enfrentarían por el ropaje sagrado de Cignus su amistad y compañerismo parecían no mermar.
Cierta noche un pensativo Hyoga se encontraba sentado al borde del portal de la cabaña mirando hacia las caprichosas luces verdeazulosas de la aurora boreal, Misha era para para los muchachos como una mezcla entre madre y hermana mayor, quien les aportaba esa dosis de cariño y ternura durante el durisimo entrenamiento, ademas que su punto de vista de las cosas era completamente diferente al de su maestro, cosa que sorprendía mucho a los chicos pues jamas se hubieran imaginado que su maestro se emparejaria con una mujer tan emocional y expresiva como era Misha, totalmente lo contrario a su mentor. Sentándose a su lado la joven de cabellos plateados tocó el hombro del rubio para que este notara su presencia y con preocupacion maternal se encaró al adolescente:
-Misha- Hyoga, casi no cenaste hoy, ¿te pasa algo?
El rubio sonrió irónicamente y le contesto en lenguaje de señas.
-Hyoga- No, Misha, estoy bien no te preocupes
-Misha- Entonces no te gustó lo que les cociné esta noche.
Dijo con cara de tristeza y decepción de si misma.
-Hyoga- No, no, ¡Para nada! todo lo que preparas es delicioso, es solo que no tenia mucha hambre...(En lenguaje de señas)
-Hyoga- Es solo que creo que nunca estaré a la altura de Isaac, ni alcanzaré las expectativas del maestro... (En lenguaje hablado)
Ella ladeó su cabeza en señal de interrogación, sus finas y hermosas facciones iluminadas con la luz de la luna y la aurora boreal hacían brillar con un halo azuloso su piel contrastando con el rojo de sus ojos.
-Misha- Extrañas a tu madre, ¿verdad?
El muchacho la miraba atentamente mientras ella le hablaba con sus manos.
-Misha- Yo también extraño mucho a la mía, se lo que dice Camus sobre dejar ir los recuerdos y no aferrarse, no importa cuanto les lloremos ellos no volverán a la vida, y tiene razón. Durante muchos años lloré la muerte de mi madre y eso me impedía vivir mi vida, disfrutar a mi abuelo y aunque no he podido ver mas allá que estos paisajes el dolor me impedía disfrutar de la belleza que hay a mi alrededor. Sabes... si no hubiera dado el paso de recordarla con alegría mas que con amargura, tal vez no tendría la fortuna de compartir mi vida con ustedes.
Dijo mientras sonreía tiernamente.
-Misha- Hyoga, a diferencia de Camus yo no te digo que olvides a tu madre, ni que la dejes de amar, yo creo que debes vivir para honrar su memoria, debes de dejar de llorarla y vivir con alegría pues eso es lo que ella hubiese deseado.
Hyoga bajo su rostro y llevo sus rodillas al pecho. Misha le acarició la cabeza cariñosamente y se retiró para dejarlo pensar. Caminó hacia la sencilla habitación que compartía con el francés, quien se encontraba recostado en la cama con las manos detrás de la cabeza y los ojos cerrados. después de colocarse su ropa para dormir y cepillar su larga cabellera se metió a la cama y besó la mejilla del santo para llamar su atención. Camus abrió los ojos y la miro sonriendo levemente, era para él tan reconfortante mirar cada noche la cortina plateada de su cabellera cayendo junto a el, que no podía evitar hundir sus dedos entre las sedosas hebras invitando a su adorable mujercita a acurrucarse en su pecho.
-Misha- Amor, sabes... he mirado el calendario y...
-Camus- Lo se... no tienes que decirmelo en 3 dias será luna nueva, te llevaré a la otra cabaña... no te apures falta menos de un año para terminar el entrenamiento y nos iremos a Grecia.
-Misha- ¿Grecia?
-Camus- Se muy bien que Nicolas no va a querer, pero debo regresar al Santuario al terminar el entrenamiento de los muchachos... se que sera dificil pero ...
-Misha- Camus... vas a ser padre...
Camus quedó anonadado con la declaracion por lo que se sentó en la cama como para poder asimilar mejor la noticia.
-Camus- ¿seré padre?
Ella lo miro y asintió con una gran sonrisa que rápidamente el santo de oro correspondió de igual forma mientras abrazaba cariñosamente a su amada y le besaba la frente. En su mente revoloteaban miles de pensamientos, estaba nervioso y muy asustado, en realidad nunca estuvo en sus planes tener hijos, ¡vaya!, ¡ni siquiera se veía a si mismo en una relación seria!, ¡es mas ni siquiera le interesaban las relaciones!... antes de embarcarse a Siberia las mujeres para Él solo representaban un aspecto mas del entretenimiento y diversión, y ahora... ahora no solamente se encontraba totalmente devoto a una, sino que el amor que le profesaba se había materializado en una nueva vida que seria su legado y su trascendencia por este mundo.
La noticia del embarazo de Misha fue tomada con gozo por todos, inclusive Nicolás quien siempre tenia un animo sombrío, le daba mucha ilusión la llegada de un niño, pues seria la dosis perfecta de alegría que se necesitaría una vez que Isaac y Hyoga partieran a sus respectivos países al concluir la misión.
Los muchachos caminaban en medio de la nieve mientras jugueteaban lanzandose bolas de nieve como un par de infantes, mientras se hacian una que otra confidencia.
-Hyoga- ¡Esa si que fue una noticia increible! ¡el maestro será padre!
-Isaac- Bueno, en realidad era algo lógico, a decir verdad creo que tardaron bastante... Ese niño va a ser muy afortunado, Misha es muy dulce, me hubiera gustado tener una madre como ella
-Hyoga- Si... a decir verdad me recuerda mucho a mi madre, no por que se parezcan, tu sabes, son muy distintas, pero ella siempre tiene una palabra de aliento, y una razón para estar feliz, así era mamá...
Dijo mientras una lagrima rodaba por su mejilla
-Isaac- Hyoga... ¿por que te quieres convertir en un caballero?
-Hyoga- Porque asi podre tener el poder suficiente para poder alcanzar el barco de mi madre...
Isaac lo miró fúrico y decepcionado. Sabia que Hyoga aun no borraba de su corazón el duelo por la perdida de su madre, en realidad le parecía normal y respetable pero no le consideraba una razón honrable para convertirse en santo.
-Isaac- Yo quiero convertirme en santo de Athena para poder proteger a los inocentes, a aquellos que ni siquiera conozco y ni me darán las gracias, a esas personas como Misha o como tu madre... Hyoga, esos ideales egoístas son los que no te dejan explotar tu poder, las armaduras están destinadas para alcanzar la justicia y no para fines personales...
-Hyoga- ¡Que mas te da si no alcanzo mi máximo poder!, a ti te conviene pues podrás vencerme sin problemas y obtener la armadura del cisne
-Isaac- ¡ tu no entiendes nada!, de nada sirve vencer a un rival incompleto.
- Hyoga- ¡y tu seguramente eres un digno rival!
Dijo sarcásticamente el ruso.
-Isaac- eso no lo se... aun me falta mucho, necesito poder, y con la sagrada armadura del cisne podre tenerlo, podre impartir justicia tal cual el Kraken hunde los barcos de los piratas y de los criminales, para eso entrenamos, para poner balance en este mundo tan plagado de seres estúpidos y egoístas.
Hyoga miro a Isaac quien se encontraba plantado entre la nieve con ambos puños fuertemente cerrados anhelante de lo que le traería su futuro.
-Isaac- La armadura del cisne sera el primer paso...
Hyoga estaba furioso, pues muy en su interior sabia perfectamente que de aquel enfrentamiento que se avecinaba el finlandés con seguridad saldría vencedor, pero ¿que mas le daba si podría atravesar una vez mas la gruesa capa de hielo y alcanzar a su madre en las profundidades del mar?, "¡al diablo esos ideales tontos y románticos!, el mundo es cruel y todos actúan con fines egoístas" pensó, "Al diablo con la fundación Kido, mi vida y mi destino no les pertenecen, no tengo obligación alguna de volver con la armadura por el capricho de un viejo rico y su estúpida y mimada nieta", "Haré de mi vida lo que yo decida" se reafirmaba una y otra vez mientras se alejaba de donde se encontraba Isaac inmerso en sus meditaciones. Así que se dirigió a un lugar familiar... a un lugar que le despertaba los mas tristes recuerdos de su vida, Isaac, presintió que algo no estaba bien, que esa conversación que tuvo con su compañero había tocado fibras demasiado sensibles, por lo que fue hacia aquella área de la playa congelada donde sabia se encontraba el barco de la madre de Hyoga.
Si... Ahí estaba el, su dorada melena que se arremolinaba con el viento mientras observaba satisfecho el resultado de su duro entrenamiento. Hyoga había logrado perforar la gruesa capa de hielo que cubría el mar, estaba listo una vez mas para lanzarse a las heladas aguas en busca de su madre, Isaac trato de convencerlo de desistir, pues en aquella época del año, había violentas corrientes que inevitablemente lo arrastrarían impidiendo llegar a su objetivo e incluso perder la vida.
Hyoga, se aferro a su objetivo y aun así se lanzo en busca de su madre pero presa de las proféticas palabras del finlandes fue arrastrado por las violentas aguas glaciales, Isaac se lanzo en busca de su amigo al helado mar y tras algunos interminables minutos de búsqueda lo encontró siendo arrastrado inerte por las corrientes, haciendo un gran esfuerzo alcanzo al ruso y con determinación siguió nadando para salir junto con su amigo a la superficie, sin embargo, las violentas aguas arrastraron a ambos jóvenes impidiéndoles llegar a la superficie, estrellándolos contra las afiladas salientes de los icebergs, haciendo que Isaac perdiera un ojo en una de esas fuertes sacudidas, pero finalmente logrando que el ruso saliera a superficie y el finlandes se perdiera entre las obscuras profundidades del mar.
Poco a poco el muchacho rubio fue recuperando la consiencia, estaba tendido en el hielo completamente empapado, miro hacia ambos lados y un horrible presentimiento se apodero de su corazon, se limpio los ojos con el dorso de la mano y nuevamente miro hacia todos lados, y se puso en pie.
-Hyoga- ¿Isaac?...¡Isaac!, ¡Isaac!
Gritaba una y otra vez en todas direcciones, hasta que un terrible recuerdo vino a su mente: hace algunos instantes se encontraba descendiendo hacia el naufragio donde estaba el cuerpo de su madre, luego una corriente y ... era tan difícil recapitular los hechos, todo parecía nebuloso y confuso..."Isaac...Isaac me ha salvado" miro hacia el embravecido mar y corrió por la orilla de la playa buscando algún rastro de su compañero... fue en vano, no había rastros de muchacho del cabello verde. No... no podía darse por vencido así que siguió buscando una y otra vez hasta que el sol comenzó a ocultarse en el horizonte, mientras salia de las congeladas aguas del mar tras una infructuosa búsqueda. La alta e imponente figura de su maestro le hacia sombra con los últimos rayos del sol mientras el ruso trataba con todas sus fuerzas contener las lagrimas y apretaba los puños con impotencia.
-Hyoga- Maestro... Isaac...
Camus miró a su discípulo quien se encontraba aun arrodillado en el hielo cubierto de escarcha, preso de la tristeza y desesperación. .
-Hyoga- Maestro, Isaac... Isaac me ha salvado la vida, y no consigo encontrarlo... maestro...
El caballero de acuario miraba fría y penetrantemente a su pupilo, estaba furioso, decepcionado y profundamente triste. El silencio del francés era mas doloroso que cualquier castigo físico para el ruso, pues se sabia culpable de la tragedia, si no fuera por su estúpida y egoísta acción, Isaac seguiría vivo. Se sentía tan insignificante e indigno a lado de su compañero quien hasta el ultimo momento se comportó desinteresado, justo y heroico, como todo un digno caballero de Athena, y ahora gracias a su imprudencia, el maestro había perdido a su mejor y mas digno sucesor y también el mismo Hyoga había perdido a su mejor amigo.
El galo dio la media vuelta y se dirigió hacia la cabaña, lanzandole una oracion tan fría y dolorosa que partió en dos el corazón del ruso:
-Camus: ¡Vámonos!
-Hyoga- ¡Debo encontrarlo, maestro!
Dijo entre lágrimas el de ojos celestes.
-Camus- ¡He dicho, vámonos!
El ruso se levanto lentamente y emprendió el camino de regreso siguiendo al santo dorado, el camino parecía mas largo, frió y difícil que nunca, el frió de la escarcha parecía quemar su curtida piel por el sol y la nieve, mientras observaba caminar a paso firme al guardian de la undecima casa sin siquiera voltear hacia atras.
