Así es como cerramos esta historia. El plan era ir mas lento, pero quería terminar con 10 capítulos... además de que no podía dejar las cosas así y darle vueltas al asunto no era una opción lol
Agradezco sus hermosos comentarios y que me hayan seguido por todo este tiempo. Ha sido muy importante para mí.
Esta historia se llevó mucho de mí, como otras tantas. Espero seguir teniéndolas por aquí rondando, prometo darles lo mejor de mí. Sé que me tomó tiempo, pero no podía concebir una forma de terminar con esto y terminó siendo en exageración dramática tanto cursi, pero yo sé que ustedes querían esto casi tanto como yo. En fin, las estaré leyendo.
Ino y Hinata se esforzaron por hacer acto de presencia en cuanto a Sasuke o, sino, para simplemente salvar a Sakura de las ebrias manos de Naruto. El rubio parecía no poder recordar cómo era que ellos habían terminado por separarse y, en cambio, parecía tener un enorme empeño en que las cosas debían ser como lo fue en toda su juventud. Sin embargo ni su esposa como tampoco Ino estaban dispuestas a permitir aquello.
La visita del pelinegro había sorprendido a sus amigos. Todos sabían que Naruto hablaba ocasionalmente con él o que se enviaban correos, ninguno se lo recriminaba ni nada por el estilo ya que el terminar la relación había sido más cosa de Sakura que de Sasuke, pero incluso sabiendo aquello los muchachos jamás se habían imaginado el poder estar cara a cara con el morocho una vez más y, peor aún, que Sakura estuviese tan calmada… o al menos eso sería sorpresa para los chicos ya que sus amigas habían conocido mejor el punto de vista de Sakura.
Mientras más larga se volvía la noche más se acostumbraban a ver al pelinegro ir y venir bajo la demanda del cumple añero, pero no por ello era mucho más simple el puro hecho de verlo y con esa vista tan inusual a estas fechas las chicas terminaron por huir a la vacía cocina en busca de refugio. No les importaba que Naruto estuviese tan ebrio y tan feliz a la vez, pero se sentían incómodas cuando se daban cuenta de la sonrisa que Sasuke podía mostrar cuando el rubio hacía o decía alguna incoherencia y, lo peor de todo, era que ellos conocían muy bien esa sonrisa pese a que esta parecía ser más rígida de lo que todos acostumbraron alguna vez.
—Santo cielo, no puedo creer que Naruto lo invitara —bufó la rubia mientras se habría paso hacia una de las sillas altas de la barra con su enorme vientre.
—Él no lo invitó —contestó Hinata, con seriedad—. Según escuché ha sido una sorpresa de regalo de cumple años… pero mira nada más que sabiendo que Sakura es nuestra amiga se apareciera por acá.
—Basta ya —interrumpió la pelirrosa—. Ustedes deberían saber bien que no es nada grave, yo también querría verlo luego de tanto —ellas reaccionaron, notando como Sakura asomaba un poco para mirarle a escondidas—. Se ve muy diferente y no se le ha quitado lo guapo… los años solo lo hacen ver mejor —las chicas se miraron entre sí.
—Si tú estás bien con eso entonces nosotras también —comentó entonces Hinata, a modo que Sakura reaccionó mirándole por encima del hombro—. Es bueno que esté de vuelta mientras no te lastime su presencia, Sakura.
—No vamos a perderte otra vez —agregó Ino—, así que él no es nada para nosotras.
Capítulo Diez:
Neruda tenía razón
La suerte de ser amigos y casi hermanos de los anfitriones es que tenían camas de sobra para quedarse. Naruto tenía un estudio y una habitación para visitas a modo que dejó dormir a Ino junto a Sai en su habitación y a Sasuke en el cuarto de visitas mientras que Sakura insistió en dormir con los pequeños diablitos y tanto Naruto como Hinata pudieron acomodar el sofá – cama del estudio para dormir con comodidad. También estaba el hecho de que afortunadamente Sakura tenía un par de cambios entre la ropa de Hinata contando la ropa que le prestaba o cuando ella se quedaba a dormir con ellos y con Neji.
Cuando amaneció era normal que todos estuviesen mucho más que dormidos… pero todos sabemos que los niños pequeños son más activos que eso y tanto ellos como Sakura no duraron mucho en las manos de Morfeo, para bien o para mal. Afortunadamente a la tía Sakura se le ocurrió la maravillosa idea de inventar el juego de "Shh shh o pierdes". Se trataba de hacer cualquier cosa, jugar a lo que fuera pero sin hacer mucho ruido o perderían pero incluso con los juegos súper divertidos de Sakura la diversión no evadiría al hambre.
Sakura vistió a los tres niños y luego se puso unos jeans y una camisa blanca con líneas rosadas que encontró entre la ropa recién lavada que, a su suerte, eran de ella. Pasaron rápidamente y en fila al baño, pero muy en silencio, para poder cepillarse los dientes. La pelirrosa encontró un broche blanco de Hinata que le quedaba y cometió el atrevimiento de ponerse unos zapatos deportivos de su amiga, cosa que ya era mucha costumbre.
Estando todos listos tomaron un crayón cada uno y los niños hicieron un dibujo diferente para pegarlos todos a la puerta y Sakura se limitó a dejar una nota: "Si quiere volver a ver a sus diablillos entonces deberá hacer una llamada a la tía Sakura para que les pase la cuenta del desayuno", misma que estaba justamente al centro de la puerta.
Realizada la travesura y con el cabello sostenido de un lado ya que era demasiado corto ellos empezaron a bajar las escaleras con un muy fallido sigilo gracias a las risas infantiles que tenían entre ellos pero, eso sí, cualquier mínimo ruido todos se empezaban sisear entre risas y terminaban de llegar al primer piso para ponerse sus zapatos y entonces querer huir a la puerta pero mientras atravesaban el pasillo entre la sala de estar y el comedor un ruido los hizo quedarse helados y mirar una figura en un sofá.
El pánico invadió a los niños y entre risitas nerviosas huyeron a esconderse detrás de la tía Sakura mientras ella rodaba los ojos y notaba que su bolso se había quedado en la mesa de la sala. Luego volvió la vista hacia una persona que leía muy atentamente en una tableta electrónica quién-sabe-qué-cosa, pero ahora se les había quedado viendo con una naciente curiosidad.
—Pensé que estarías dormido como el resto —comentó ella con mucha tranquilidad, mientras los niños se asomaban uno a uno y con cuidado desde la espalda del otro a verlo.
—Desperté hace un rato —respondió él, aun mirándola a ella y a la diminuta tropa que la seguía—. Ellos deben de ser los hijos de Ino y de Naruto —comentó entonces él, a lo que una risita explotó de los labios de Shika.
—Él dijo que somos hijos de mamá y del tío Naruto —murmuró, haciendo entonces explotar las risas infantiles de los otros dos.
—¡Shh! —emitió muy fuerte la pelirrosa, a modo de que los tres se callaron de inmediato con sus enormes sonrisas traviesas—. Sí… las niñas son Aki y Shika —dijo señalándolas—. Son las hijas de Ino… Neji es el hijo de Naruto y Hinata —los presentó—. Niños, él es un viejo amigo de sus padres y mío —les guiñó un ojo—. Él es el tío Sasuke.
—¿Sasuke? —repitió Aki, con su voz angelical—. Pero, tía Sakura, ¿él es…? —no terminó pues las manos de Shika le taparon los labios.
—¡Tía Sakura, tengo hambre! —se quejó entonces Neji.
—Ya, ya —empezó ella—. Nos iremos a desayunar algo, dejamos una nota para sus padres para que no se preocupen.
—Oh, ya veo —cayó en cuenta el pelinegro—. Vale, tengan provecho.
—Gracias —contestó ella con una sonrisa, a lo que estuvo a punto de irse pero se detuvo un momento, mirándole de soslayo—. Sasuke, ¿por qué no nos acompañas? —él reaccionó, mirándola fijamente—. Ya son las diez, debes tener hambre.
—No quisiera ser molestia…
—No te preocupes —insistió ella—. Hace muchísimo tiempo que no te veía, invitarte a comer algo no le hará daño a nadie —aseguró ella—. Andando… sus padres me pagarán por su comida, después de todo —bromeó.
Cuando Sasuke se dio cuenta él era el copiloto en el pequeño auto de Sakura, mismo en el que cabían sin problema los tres niños en el asiento trasero con todo y cinturón de seguridad. Él apenas y podía ver de reojo cómo ellos jugueteaban entre sí sin hacer demasiado escándalo o que, cuando parecía harían algo indebido, bastaba un "puedo verlos" de su tía Sakura para que sonrieran traviesamente y rieran entre dientes, justo como la pelirrosa hacía.
La verdad es que estaba algo sorprendido de la calma y lo amistosa que ella se veía. No… más bien se sentía confundido. Él mismo había cambiado a mares y eso era evidente en su taciturnidad, en lo silencioso y directo que podía llegar a ser, en la sonrisa que se le había vuelto ligeramente más rígida. Sakura lo veía pero no parecía importarle demasiado. Ella actuaba tan tranquila que el moreno se sentía ligeramente perturbado, pero lo ocultaba a la perfección intentando estar atento a todo lo que había a su alrededor.
Sakura vestía muy simple, como siempre, pero lucía bastante bien. Los niños adoraban a Sakura, ¿eh? Curioso. Ella parecía estar ligeramente cansada y sin embargo estaba de píe temprano a comparación del resto, sin olvidar que era bastante diestra manejando y parecía que esa sonrisa no se le borraría nunca… era molesto. Se había dado cuenta que todo en ella se había vuelto una total molestia, ¿quién lo habría pensado?
Cuando llegaron al restaurante no pudo evitar notar cómo la pequeña tropa caminaba en caravana detrás de ella hasta una mesa lo suficientemente grande. Prestó especial atención en cómo ella ordenaba de memoria lo que los niños comerían, malcriándolos al decir "el huevo estrellado sin su yema, por favor" entre otras frases parecidas con cada uno de ellos, pareciendo más su madre que su tía y cuando el mesero se giró hacia él terminó de reaccionar articulando sin problema qué era lo que él deseaba desayunar… entonces el móvil de Sakura empezó a timbrar.
—¿Aló? —contestó con naturalidad—. Ah, Hinata… ¿viste la nota? —hizo una muy breve pausa—. Sí, aquí está… lo invité a desayunar. Iremos a dar un paseo al parque, si quieren vernos por allá —sonrió con tranquilidad, acomodándole el broche a Aki de forma distraída—. Adiós.
—¿Hinata preguntó por mí? —atinó él, a lo que Sakura asintió.
—Naruto quería saber dónde estabas —le miró de soslayo, con una sonrisa—. Parece que está muy feliz con tu visita.
—Eso es bueno —respondió con total tranquilidad—. Quería hacerlo feliz en su cumple años, es por eso que decidí venir a la fiesta de Naruto —se encogió de hombros—. Puede que haya sido una buena sorpresa.
—La mejor —aseguró ella, antes de que empezaran a servirles sus bebidas—. Y cuéntame, Sasuke… ¿cuánto tiempo estarás en Japón?
—En realidad planeaba buscarme un apartamento —ella reaccionó—. No es tan mala idea volver a mi país, después de todo —se encogió de hombros, tomó su vaso de agua y dio un muy breve trago.
Luego de ello Sakura se esforzó por cambiar el tema. Lo último que quería era imaginarse lo que sería ver a Sasuke acomodarse con su esposa por allá. No era que ella no hubiese aceptado ya lo que la realidad del pelinegro y la suya representaban, era más bien que inclusive con el tiempo que había pasado no podía ser meramente cómodo, pero luego recapacitó asegurándose a sí misma que no importaba demasiado.
Y ese día pasó como cualquier otro. La decisión de Sasuke se vio por dada y él empezó a vivir en un departamento ahí en Tokio. No tenía que trabajar así que pasaba el tiempo con Naruto o investigando negocios para empezar a trabajar o en su defecto visitaba de tanto en tanto a algunos otros amigos que conoció durante su recorrido por la fama y aunque aún no se le consideraba como retirado era muy poco probable que realmente decidiera seguir enfocándose en el mismo giro por siempre. Más bien se le veía fastidiado.
Así los días amenazaban con volver una costumbre el ver ese rostro. Era totalmente normal que Sasuke Uchiha se paseara por la casa de Naruto o que saliera a un bar con ellos, pero también le era realmente complicado el no llamar la atención por quién era él. Habían llegado a preferir quedarse a beber en casa de Naruto o Ino en lugar de salir por ahí, sobre todo ya que la segunda estaba embarazada y había que buscar con quién dejar a los niños.
Pero jamás sería lo mismo. El tiempo que todos pasaban juntos recordando, evitando el terrible tema que había relacionado a Sasuke con Sakura, parecía tratarse tan solo de una farsa. O eso representaba de forma muy personal para varios de ellos, mientras que otros no podían verlo y Sai solo empezaba a comprender lo que ellos fueron antes tanto como lo que ellos eran ahora, divirtiéndose con las divertidas anécdotas de borracheras y travesuras adolescentes. Las risas traían buenos recuerdos, pero ocultaban una historia más profunda detrás, mientras Sasuke tenía el tipo de sonrisa que era sutil mientras todos andaban entre carcajadas.
—Me encantaría seguir con ustedes pero tendré a éste niño en unas semanas —se quejó Ino, poniéndose de píe—. Se quedan en su casa —aseguró con una sonrisa, mientras Sai la acompañaba escaleras arriba hasta la habitación.
—Es lindo ver cómo la cuida —comentó Sakura, son una sonrisa dulce—. Cuando Hinata estaba embarazada Naruto estaba todo paranoico… no recuerdo haberlo visto leer tanto antes en la vida —Sasuke emitió una risa entre dientes de solo imaginarlo—. El día del parto se desmayó, pero siempre me pareció tan dulce verlo así, mientras Hinata mantenía la calma.
—Suena como algo digno de ellos —dijo él, divertido.
—Pues cuando Sakura estaba embarazada era hermoso ver cómo su novio la cuidaba, él sí que veía por todo —comentó Naruto sin darse cuenta, a lo que Sasuke reaccionó.
—Oh, no sabía que habías tenido un hijo —agregó el pelinegro, algo sorprendido.
—No lo hice —aseguró ella. Hinata sintió tenso el ambiente y Naruto no se dio cuenta de lo que había hecho hasta que lo hizo—. Interrumpimos el embarazo —Sasuke la miró fijamente. Se sentía un poco frustrado al oír eso—. No era el momento.
—Eso no debería decidirlo la gente —se le escapó, desviando la mirada.
—Lo sé —contestó ella con una muy suave sonrisa, antes de ponerse de píe—. Pero digamos que no había otra opción… ¡En fin! ¿No creen que ya hace hambre?
Ella había cambiado el tema por completo y había convencido Hinata de acompañarla a cocinar. Se había puesto a charlar con la morena de algún tema trivial para desviar la atención de la conversación de antes porque sí… era verdad que Sakura había tenido un segundo embarazo tanto como era verdad que habían optado por provocarse el aborto, pero aquella no había sido una historia tan diferente de la que había tenido con Sasuke.
Aquél embarazado había sido más accidental que el primero. Se había roto el preservativo y ella había quedado embarazada por segunda vez a un año de recibirse. Ellos aún no habían tenido lo que Sakura llamaba "la plática" y entonces ella descubrió que estaba esperando un hijo de aquél novio suyo, así que definitivamente tenía que decírselo: Sakura padecía de un mal conocido como "infertilidad después del aborto espontáneo" y se lo explicó a él, quien insistió en realizar el parto, pero ella se negó ya que las posibilidades daño a su cuerpo eran enormes.
Sakura tuvo que interrumpir el embarazo por su propio bien y, al mismo tiempo, también fue así con la relación. El hecho había pasado casi desapercibido por la pelirrosa mientras que sus amigos se veían bastante preocupados, pero eso no era de lo que había que hablar con cualquiera, mucho menos con su ex-novio con el cual pasó por una experiencia similar.
Por un segundo la pelirrosa vio en los ojos de Sasuke un enojo que no había sentido de parte de alguien en muchísimos años. Ella notó un tono de voz especialmente cruel con aquellas pocas palabras y comprendía su enojo. Pero supo bien cómo ocultar sus sentimientos mientras cortaba rodaja a rodaja las zanahorias. Y se sentía más cansada por tener que lidiar con aquél agudo dolor en la garganta que era causado por un nudo que quería hacerla romperse. Pero no sería tan simple. Ella no se doblegaría así. Sakura ya había llorado lo suficiente.
Pese a que pasaron varios días y un par de comidas, cenas o parrandas entre amigos, Sasuke no volvió a dirigirse de una forma totalmente cordial hacia Sakura. Era obvio que el saber aquello había terminado por herirlo de alguna manera, pues evidentemente en su mente no cabía alguna razón como para que ella hubiese decidido algo como eso. Sakura era una mujer que estaba equivocada inclusive si esto se trataba de su cuerpo.
Entonces llegó el día del parto de Ino y, como de costumbre, todos asistieron al hospital. A Sakura la relevaron de sus tareas y la enviaron a la sala de espera junto al resto porque querían mantenerla al margen, como consideraban debido y como ella sabía que tenía que ser. Entonces ella salió con su uniforme pero sin la bata de doctora, soltándose el cabello y viendo a sus amigos charlando mientras tomaban café, pretendiendo la calma de Sai. Así que tuvo que sonreír para sí misma mientras observaba la escena, aunque faltaba alguien ahí.
—No tenía idea que aún trabajabas aquí —escuchó entonces, recorrerle por toda la espina dorsal, aquella voz.
—Bueno, era inevitable, ¿no crees? —le sonrió un poco, pero Sasuke no se conformaba con aquello. Era obvio que seguía molesto y que ese sitio le traía malos recuerdos—. Vamos —le dijo ella, tomándole por la muñeca y obligándolo a seguirla—, compremos un café…
Se dirigieron hasta la máquina expendedora. No era la más cercana, sin embargo… Sakura había pasado por alto la que estaba cerca y lo había llevado al otro lado de la zona de maternidad, donde estaba la sala de espera en que los muchachos aguardaban. Todo eso tan solo porque esa era la máquina que tenía su café favorito. Y ella decidió invitarle uno a Sasuke, inclinándose para entregárselo.
—Entonces —quiso Sakura romper el hielo—, ¿tu esposa ya está instalada contigo? —a lo que el moreno reaccionó. ¿Cómo es que Sakura sabía aquello? Ella le sonrió—. Eres famoso, ¿lo sabes? Los medios lo publicaron por todas partes…
—Ella no vendrá.
—¿Mmh? —ladeó Sakura el rostro—. ¿Por qué?
Por un segundo, solo por un segundo, Sasuke dudó en explicarse ante ella. Pero los ojos sinceros de Sakura habían hecho una pregunta directa, queriendo saber ahora qué era lo que pasaba entre él y su esposa como para que ella no se mudara a su lado. Él sabía que a estas alturas los medios de Norte América ya debían sospechar que había algo detrás de que él se hubiese comprado un nuevo departamento en Japón y que su interés por abrir una empresa no era algo muy normal en él.
—Pablo Neruda escribió en uno de sus libros "Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan" —ella expresó su confusión ante aquellas palabras—. Mi matrimonio fue una mezcla de todo ello.
—¿Fue? —él asintió, mientras ella lentamente se ponía de pie.
—Nos conocimos y nos agradamos, pero el matrimonio terminó siendo meramente comercial —quiso explicarle—. Yo nunca amé a mi esposa… solo quise hacer que todos creyeran que la quería y no salió del todo bien. Ella incluso me engañó.
—Dios mío… yo, no sé qué decir. Pero supongo que lo siento, Sasuke —ella parpadeó.
—Tonterías. El divorcio está en proceso —cortó él. En ese instante apenas miró a su alrededor antes de darse cuenta de dónde se encontraban… por el pasillo de a lado ya podían alcanzarse a ver las incubadoras y, así, frunció el entrecejo—. No es esa la tontería que me causó sufrimiento, después de todo.
—¿Cómo? —él dirigió una mirada fría hacia ella en respuesta.
—Deberías saberlo ya —casi lo gruñó. Pero Sakura tuvo que bajar lentamente la mirada, para que él continuara—. No me fue tan simple olvidar lo que pasó entre nosotros… además he de admitir que saber que abortaste me tiene furioso.
—No deberías juzgarme así.
—¿Después de lo que me hiciste? —ella tragó en seco—. Tardé mucho más de lo que pensé en darme cuenta que solo me habías atacado echándome la culpa… pero supongo que eso es porque éramos unos mocosos. Pero de verdad, nunca pude perdonarte por eso, tú…
—Lo siento —Sasuke se detuvo en cuanto escuchó la voz quebrada de Sakura. Pudo ver a penar un par de lágrimas cayendo al suelo a estas alturas—. Sé perfectamente cuánto te lastimé en ese entonces, pero no podía ver otra forma de ayudarte a superarlo todo—aquejó aún más la pelirrosa, haciéndolo sentir sorprendido.
—¿Qué?
—Sabía que me odiarías —Sakura terminó por recargarse en la pared, llevando una mano a limpiarse las lágrimas—, por eso te dije todas esas cosas… porque era lo mejor para ti.
—¿De qué demonios estás hablando? —estaba confundido.
—Lamento haberte lastimado tanto… pero sabía que eras tan bueno que querrías quedarte conmigo a pesar de todo, incluso si te dabas cuenta que en realidad no me querías —de alguna forma ella lo consideraba un hecho—. Siempre quise verte de nuevo… quise disculparme contigo. Y cuando supe que te casabas me dije a mi misma "al menos ahora será feliz". Pero no puedo creer que estuviese tan equivocada.
—¿Por qué lo hiciste? —cuestionó él—. ¿Por qué me alejaste de ti, Sakura?
—Porque… aunque en verdad me quisieras, yo nunca estaría completa para ti —continuó ella, entre sollozos muy sutiles—. Sasuke… la razón por la que interrumpí mi segundo embarazo es porque mi cuerpo no puede mantenerlo.
—¿Qué? —un dolor. Hubo un algo, que no pudo ver, pero que simplemente le atravesó el corazón al escuchar eso, mirando cómo ella se iba encogiendo hacia el suelo, pero la detuvo.
—Yo —él la tomó con sus manos por los hombros y ella levantó el rostro. Los ojos enrojecidos y las mejillas humedecidas—, no podía aceptar que ya no vería ese enamoramiento por mi embarazo en tu rostro… ya no podía compensar a nuestra hija perdida —sollozó, inclinando de nuevo el rostro hacia el frente—. Y no podía destrozarte más, porque tus ojos lloraban la pérdida en silencio… lo lamento. Fui tan egoísta.
—Solo por eso —masculló él—. Me privaste de tenerte todo este tiempo solo porque estabas asustada —ya podía sentir ella cómo era que Sasuke iba a odiarla. Pero se sorprendió mucho cuando él la rodeó con ambos brazos—. Te privaste de ser feliz aunque fuera por consuelo… te culpaste a ti mismo por todo eso.
—Sasuke…
—Neruda tenía razón —ella lloró en silencio—. Seré un buen guerrero, no me arrepentiré, y tampoco cometeré los mismos errores —así que deslizó una de sus manos a tomarla por el rostro, porque solo quería verla mejor—. Mi matrimonio no iba a funcionar de ninguna forma… yo solo te tuve conmigo todo este tiempo. Ya cometí el error de permitir que te alejaras de mí, de separarme de ti… no volveré a hacerlo.
—Detente —suplicó ella.
—No —la interrumpió de nuevo—. No necesito que me des nada más, Sakura… no necesito que me sigas mintiendo —algo la recorrió de nuevo—, porque si vuelves a decir que me odias, que no amas, estarás mintiendo… y yo no volveré a soltarte jamás, así tenga que obligarte.
—Pero es que… yo…
—Esta es ahora mi historia de amor —ella se quedó mirándolo—, y tú serás buena dejándote amar como mereces. Ya has pasado por suficiente —la refugió en su pecho.
—Sasuke.
—¿Qué?
—Perdóname…
—Sakura —la obligó a mirarlo, mientras fijaba sus ojos en los contrarios—. No volveré a abandonarte.
De alguna forma ambos se habían mentido uno a otro por años. Se habían mentido a sí mismos al decir que no se amaban más. Se habían equivocado al pensar que otros labios u otros brazos iban a curar sus heridas y hacerlos amar igual de nuevo. Neruda dijo también una vez "En un beso, sabrás todo lo que he callado". ¿Cómo era que Neruda tenía tanta razón?
FIN
Espero que lo hayan gozado. No olviden dejar comentarios, lo agradeceré (;
¡Las leeré proximamente!
