Capítulo Nº 9: Mi desobediencia no te salvará el trasero.

Corría a través del bosque; tenía un muy mal presentimiento, creía que los orcos que habían logrado escapar estaban en esa zona. Él, junto con un pequeño grupo de guerreros, se había encargado de cazarlos pero no habían logrado darle muerte a todos; al igual que a los gigantes insectos, que más de una vez habían amenazado a alguien de su pueblo. Era su deber como guerrero, y futuro Rey, cuidar a los demás de esas criaturas. Paró en un pequeño claro que estaba en su camino; podía sentir los susurros de la tierra y el lenguaje de los árboles que tenían más edad que él. Notas de dolor comenzaron a surgir del Bosque, algo le crispaba los nervios y lo hacían ponerse más alerta de lo que estaba.

Unos ruidos provenientes del lugar de donde había ido lo alteraron, muy cuidadosamente tomo su arco y saco una flecha del carcaj; respiro profundo y espero a que la criatura que lo había seguido apareciera. Una sombra apareció velozmente haciendo que el Elfo girara para apuntar con su flecha, la cual jamás abandonó su arco.

— ¡¿Qué mierda haces acá?! —me gritó sin saber si enojarse, seguir con los gritos o preocuparse. Lo había seguido por el camino que él había tomado, quedando así enfrente de él.

—Vine a ayudarte —me encontraba con una espada que le había robado a Elrohir, no había señal alguna de que los gemelos me hubiesen seguido. La molestia del Elfo creció al no haber cumplido las órdenes que me había dado.

—Insensata, ¡te ordené que te quedaras! —no pudo terminar; una araña había aparecido a sus espaldas y lo había lanzado lejos para aturdirlo con el golpe en el suelo. Rápidamente tomó una flecha y la lanzó antes de estamparse contra un árbol.

Veía todo lo que ocurría en cámara lenta, como la araña saltaba a espaldas de Legolas, como lo tiraba con una pata para y luego como el Elfo, mientras estaba en el aire, soltaba la flecha, que se insertó en una parte del abdomen del arácnido. Fui corriendo en busca del Elfo al ver que apenas se movía por el golpe pero la araña, chillando de dolor, me agarro con sus patas delanteras y me alzo hasta acercarme a sus colmillos goteantes de ponzoña. Debido a la adrenalina y al miedo, comencé a lanzarle golpes con la espada hasta que pude cortar una parte de la pata y caer al piso, dónde quedé medio aturdida y debajo del arácnido.

Legolas, quien solo pudo ver como caía debajo de la gran araña, tomó nuevamente otra flecha y la lanzo, clavándosela en el tórax al momento que comenzaba a correr para ayudarme. La araña, presa del dolor, estuvo a punto de clavarme sus patas, a lo que cerré los ojos para recibir el impacto, el cuál jamás llegó. Un brazo me tomó por la cintura y solo pude sentir que me lanzaba lejos, cayendo en la tierra con ese mismo cuerpo encima de mí.

—Esta vez, quédate acá —se separo de mí, tomó la espada de Elrohir y se lanzó al combate con la furiosa araña.

Se podía ver que tenía herida la parte de la espalda, dónde la sangre manchaba todas sus ropas. El ágil Elfo se movía dé tal manera que quedó arriba del animal, permitiéndole clavar la espada en el cerebro del bicho, matándolo de inmediato.

— ¡Legolas! —grité, todavía algo aturdida. Me acerqué al Elfo que respiraba agitadamente. –Estás herido –quise ayudarlo a bajarse del animal pero el Elfo fue más rápido y antes de llegar, ya estaba abajo revisando que se hubiese muerto.

—Vamos; creo que la ponzoña me entro en la herida —me miraba enojado. — ¿Estás bien?

—Sos vos el herido, no yo. La pregunta esta de más —lo ayude a sentarse para que recobrara el aliento antes de volver. —Lo siento, pensé que necesitarías ayuda. Estaba preocupada y...

—Si algo te hubiese pasado, Evënya, no me lo perdonaría, no sabría como decirle a Lord Elrond lo ocurrido. Si te pedí que te quedaras es por algo.

— ¡Pero vine a ayudar! ¿Y si esa araña te hubiese matado? O si hubiese sido algo pero. ¿Un orco o un mercenario quien te atacara?

El elfo no pudo contestar, algo se movía entre los árboles; asustados, ambos nos pusimos de pie. Ayude a Legolas, pero éste antepuso su cuerpo ante mí y las posibles amenazas.

—El... acá están –Elrohir y Elladan aparecieron visiblemente preocupados y mucho más al notar el estado en que Legolas se encontraba. —Nos tenían preocupados —respondió Elrohir, quién revisó la zona donde estábamos, encontrando el cadáver de la araña y las explicaciones del por que de las heridas de Legolas.

—No hay que ser Gandalf para saber que ocurrió acá —apareció Elladan tras su hermano y reviso el lugar antes de vernos atentamente a Legolas y a mí. — ¿Están bien? ¿Por qué no nos llamaron?

—Se supone que Evënya se quedaría con ustedes para que la protegieran. Pero, evidentemente, no me hizo caso —se separó de mí y se dirigió hacía sus amigos pero, sin que alguien lo hubiese previsto, cayó inconsciente al suelo.