Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola, gracias por entrar aquí n.n
A partir de este capítulo la historia comenzará a cerrar. Recuerden que sólo quedan dos entregas más.
Quiero agradecer los afectuosos anónimos de Hyuga-Princess, Lady Sakura Lee, Fabiola-chan, nn, Emita, Fangirlx, Blondie, AlphardB, Teletubie y otros sin nombre, algunos de las cuales me han dejado varios reviews en el mismo capítulo, lo cual se agradece mucho pero tampoco es necesario, chicas, la gente va a pensar que la historia debe estar muy buena para recibir tantos comentarios y la verdad es que a veces una única persona deja muchos XD
Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D
X
En Konoha
Los documentos hallados en la cueva fueron de gran utilidad para llenar algunos baches de la investigación general. Danzo era un enemigo peligroso y ninguna previsión sería suficiente para trazar el plan que lo venciera. Sin embargo, ya sabían a qué atenerse.
Después de cumplir con lo suyo, el equipo de Hinata rompió filas y se dispuso a descansar. Cada uno de ellos, una vez elevado el informe correspondiente, se marchó a su respectivo hogar sumido en sus propias cavilaciones. La misión, si bien exitosa, tuvo sus pequeños imponderables y eso les proporcionó a los tres jóvenes material de sobra para meditar.
Sobre todo Hinata que, además de preocupaciones, se llevó consigo una buena carga de secretos para guardar. Así, los días y las noches se sucedieron y su corazón siguió siendo aquejado por las mismas emociones que cuando regresó. Una semana después continuaba tan apesadumbrada como entonces.
Delante de su familia logró disimularlo bien. Como toda joven de su edad deseaba compartir sus tribulaciones amorosas con un oído amistoso, confiable y comprensivo, pero ella no podía contar con tal compañía. Tuvo que soportar la carga sola, tuvo que lidiar con la incertidumbre por sí misma porque dudaba que alguien de su entorno pudiera entender cabalmente lo que le sucedía, mucho menos aceptarlo. ¿Una Hyuuga atraída por un Uchiha que además vivía como un criminal? De sólo imaginar la reacción de su padre, se estremecía.
No, debía sobrellevarlo sin ayuda. Quizá con el tiempo sus sentimientos se mitigarían, o al menos se acostumbraría a ellos. Si dejaba que alguna de esas emociones se transparente en su semblante se vería en serios problemas, por lo que con el correr de los días Hinata debió de resignarse a su irremediable soledad.
Por paradójico que fuese, evocar la imagen de Sasuke era lo único que le deparaba cierto alivio, cierto bienestar. Con el tiempo, poco a poco, el recuerdo de esos besos tan extraños pero, a la vez, tan arrolladores, se convirtió en un pequeño refugio donde protegerse de la angustia y la añoranza. Porque Hinata, muy a su pesar, terminó por añorarlo.
…
Sólo hasta que obtuvo toda la información de su conciencia Sasuke deshizo la hipnótica sujeción. Luego desactivó el Sharingan y el desdichado ninja que tenía prisionero cayó desvanecido. Recién entonces Juugo pudo acercarse para restañar la sangre.
-Déjame –le dijo Sasuke, que se apartó de inmediato. Ya sin poder ocultar su dolencia, se limpió la cara con las mangas de su atuendo.
Juugo desistió, molesto. Había sido una jornada fructífera, habían podido interceptar a varios ninjas enmascarados que se movilizaban por los bosques cercanos a su aldea y por fin habían dado con los datos que necesitaban, pero al verlo en ese estado ya no le importó. Si seguía actuando de aquel modo tan negligente Sasuke disminuiría sus chances de recuperación y todo aquel esfuerzo para acabar con sus enemigos se volvería en vano.
En los últimos días, los tres miembros del grupo Taka se habían abocado a la búsqueda frenética de información y el agotamiento se hacía sentir cada vez con mayor intensidad, por lo que tal evidencia de su decaimiento físico lo inquietó todavía más. En cualquiera de ellos no hubiese significado nada, pero en el líder resultaba sin dudas un presagio funesto. Juugo decidió que ya era hora de tomar el toro por las astas.
-No es la primera vez que sangras –comentó.
Sasuke siguió limpiándose sin dar muestras de haberlo escuchado. Juugo, paciente, continuó con su exposición.
-El Sharingan demanda cada vez más chakra cuando lo usas al extremo, es lógico que tus ojos empiecen a experimentar el desgaste.
-Me importa muy poco tu diagnóstico médico, Juugo –lo cortó él-. En todo caso, es asunto mío.
-Te equivocas –dijo el otro con calma. Sasuke lo miró de modo amenazador. No le gustaba nada que lo sermoneen, mucho menos que lo contradigan, pero eso a Juugo no le impidió proseguir-. Lo que pase contigo y con tu salud es asunto del grupo, de todos y cada uno de nosotros. Por si no lo recuerdas, eres el líder.
-¿Soy yo el que no lo recuerda?
-Cuando descuidas tu salud, lo olvidas. Cuando te guardas tus problemas, o tus conflictos, o tus malestares, te pones en peligro y nos arriesgas a todos, Sasuke.
-No quiero oír esto de ti.
-Lo sé, sé que soy el menos indicado para acusarte de reprimir tus emociones, pero no creas que soy tonto, o ciego… o necio.
Sasuke le dirigió una mirada desdeñosa.
-Tu preocupación es digna de agradecimiento, así que tendrás que disculparme por cambiar de tema –anunció con frío sarcasmo-. Acabo de extraer información muy valiosa de este sujeto.
Su compañero lo miró largamente. Siempre fue así, terco y huraño. Nadie podía resquebrajar esa coraza, nadie podía doblegarlo jamás. La única grieta que le descubrió se la produjo una jovencita que ahora estaba a kilómetros de distancia, la persona menos esperada y en el momento menos oportuno. Y después de aquel extraño encuentro en el bosque, la abertura había vuelto a llenarse de apatía, de oscuridad y de indiferencia.
-¿Qué clase de información? –preguntó sin ganas.
-El complot tiene un cerebro: uno de los hombres más respetados de Konoha.
A Juugo no se le escapó el regodeo con el que Sasuke comunicó la buena nueva. Parecía como si lo hubiese estado anhelando, como si todo lo que hubiese necesitado para desquitarse de la aldea que marcara su destino fuese de aquella simple excusa.
-¿Estás seguro de lo que dices?
-¿Te atreves a dudarlo?
-Sigues sangrando, Sasuke.
-Eso no obstaculiza mis capacidades –gruñó él, limpiándose.
-Si tú lo dices –suspiró Juugo, resignado.
A Sasuke no le gustó nada ese tono, pero tampoco deseaba ponerse a discutir. Había obtenido la información que necesitaba y eso era todo lo que importaba.
-El cerebro de este barullo no es otro que Shimura Danzo, uno de los líderes más respetados de la aldea –explicó-. Todavía recuerdo la forma como mi padre lo maldecía.
Ahora Juugo lo miró con interés. Sasuke hacía referencia a su pasado, al origen de su deshonra. El destino debía de estar empeñado con él si esta conspiración que posponía sus negocios estaba relacionada con aquella otra, la que le arrebató la dignidad a su familia.
Maldito destino. Tal y como siempre había querido, Konoha se convertía ahora en el centro de sus elucubraciones. Los motivos podían parecer discutibles, pero para Sasuke serían tan válidos como cualquier otro. Lo único que Juugo lamentó fue que Konoha no sólo sea el epicentro de sus desgracias, sino también la médula de donde brotaban sus nuevas emociones.
-¿Puedes creerlo? –comentó Sasuke-, parece que la casualidad está de mi parte. Tal vez dentro de poco pueda matar dos pájaros de un tiro.
-Cuidado, Sasuke –le advirtió Juugo-. Recuerda que Konoha, en estos momentos, significa mucho más para ti que antes.
El joven no respondió. Sin embargo, una leve oscilación en su semblante indicó que pensaba en la persona a la que Juugo se refería.
Sasuke la echaba de menos. Hubiera querido negarlo o desafiar al primero que se lo insinuara, pero no era tan obtuso como para mentirse a sí mismo. Y aunque todavía le costaba lidiar con sentimientos que le hacían sentirse extraño dentro de su propio cuerpo, era lo suficientemente inteligente como para comprender cuánto lo había modificado. Hinata se había convertido en el centro de su interés y la añoraba cada vez más.
Sin embargo, no se arrepentía por haberla dejado atrás. Si se lo proponía, con sólo chasquear los dedos haría que volviese a él y ninguna fuerza de este mundo podría evitarlo. De hecho, en más de una ocasión a lo largo de esos últimos días lo había acometido la firme resolución de ir por ella, de secuestrarla de nuevo si fuera preciso o de forzarla a abandonarlo todo para quedarse con él. Pero todavía no era el momento, necesitaba tiempo.
Por fortuna, también tuvo el tino de intuir que ese tipo de métodos no funcionaría en alguien como ella. No, jamás podría obligarla, por ahora tendría que conformarse con saberse correspondido. Si ella se atreviese a refutarlo de nada le serviría, porque lo había sentido en sus labios, en sus brazos, en su plácida entrega. Parecía inverosímil, pero incluso una persona como él tenía ahora alguien a quien esperar, alguien que de seguro también lo esperaba.
-Te gusta más de lo que estarías dispuesto a admitir –dijo Juugo.
Por un segundo, Sasuke creyó que el tipo podía leer sus pensamientos. Lo miró con severidad.
-No sé a qué te refieres.
-¿A qué me refiero? Supongamos que vamos a Konoha para capturar a Danzo. Supongamos, además, que tenemos éxito en nuestra misión. Ahora supongamos que por casualidad te reencuentras con quienes fueron tu gente, tus amigos, tus vecinos. La aldea que tanto odias está allí, ante ti, servida para tu venganza. En ese caso, ¿qué harás? Ten en cuenta que allí viven los mejores shinobis del país, los cuales la defenderán incluso de ti.
-Basta, Juugo, ya lo entendí –masculló Sasuke, fastidiado.
El joven se mantuvo paciente, tal y como hiciera cada vez que debía abordar temas incómodos con su líder. Sasuke sabía que así era y por eso, a pesar de las apariencias, lo respetaba más que a los otros, por lo que Juugo se tomaba la libertad de tratarlo como a un amigo sin importar el asunto o las posibles reacciones que su juicio pudiese desatar.
De todas formas se consideró bastante afortunado al ver que Sasuke registraba las alusiones. Hinata había calado hondo, o al menos había logrado suavizar un poco ese áspero carácter.
-Es bueno que lo sepas –se burló-. Incluso los Hyuuga estarán allí, Sasuke, tal vez hasta tengas que pelear contra ellos… o contra ella. ¿Es eso lo que quieres?
Sasuke volvió a sumirse en sus propias reflexiones. Juugo lo esperó, realmente interesado.
-Konoha y ella son dos cuestiones diferentes –dijo aquél por fin.
-Explícame la diferencia.
-No te pases, Juugo.
-No has entendido lo que te pregunté.
-Sabré qué hacer cuando llegue el momento.
-¿Acaso le confesarás tus sentimientos? ¿Intentarás disuadirla para que abandone a los suyos y viva contigo? ¿La secuestrarás otra vez? ¿La convertirás en uno de los nuestros?
Ahora Sasuke lo miró con el ceño fruncido, visiblemente irritado. Juugo no se amilanó. En verdad que el tratar con alguien como Hinata lo había alterado, sus vaivenes emocionales se revelaban en su semblante con mayor asiduidad y contundencia. Con cuentagotas, claro, nadie cambia tanto de un día para el otro, pero cada vez le resultaba más fácil leer sus emociones.
-Haré lo que me plazca, me sorprende que indagues con tanta obstinación.
-Es porque estoy preocupado –reconoció Juugo-. Una cosa es que nos movilicemos hasta la aldea para hacer nuestras incursiones, para ajustar cuentas con Danzo o para destruir todo el maldito lugar, y otra muy diferente es que lo hagas frente a la mujer que deseas.
-Haré lo que me plazca –repitió el otro.
-Sí, bueno, ¡que tengas suerte! –ironizó Juugo, dándose por vencido. Hubiese sido más fácil hablarle a una pared de concreto.
Luego regresaron a la posada sin hacer más comentarios al respecto. Una vez allí se tomaron las disposiciones esperables: se reunieron con Suigetsu, debatieron y acordaron partir hacia Konoha, en donde esperaban encontrarse con Danzo y los integrantes del grupo Raíz. A priori el objetivo era cobrarse la osadía de actuar en su territorio sin autorización, no obstante tal vez, secundariamente, se desquitarían de ciertas afrentas sufridas en el pasado.
Fue así como, después de intercambiar algunos pareceres, se dispusieron para el viaje. Sasuke en particular se empeñó en convencerse de que no había conflicto, de que el planteo de Juugo carecía de sentido, que las cosas se resolverían sin mayores complicaciones. Él siempre conseguía lo que quería, por lo que, si todo iba bien, sólo cabría esperar una victoria.
Y si se cruzaba con ella la tomaría y ya. Después de todos esos días, de la distancia, del silencio, se había hecho a la idea de lo que sentía. Si antes jamás se lo hubiese permitido, en el presente estaba fuera de discusión que la quería para sí.
…
Caminar por las calles de la aldea siempre le deparó una felicidad íntima y reparadora. Sentir el tibio sol en la cara, ver los humildes puestos de venta con los amables rostros de los vecinos, oír las risas traviesas de los niños que pasaban corriendo a su lado, todo conformaba su idea del hogar, lo que Hinata entendía que debía ser el hogar.
Por eso todavía le costaba entender que aquellos días oscuros e interminables junto a Sasuke fuesen reales, que de verdad se sintiese atraída por un muchacho de su carácter y que de pronto se viese a sí misma con él compartiendo… algo. Todo en él rezumaba densidad, una densidad abrumadora y tormentosa, un dolor ciego y retorcido. Pero a la vez, en medio de esa indómita maraña, podía haber un pequeño espacio para un sentimiento tierno, de hecho ya existía, y eso también, quizá, podría convertirse en un hogar.
Pero cada vez que lo pensaba, se sentía ridícula. ¿Compartir un hogar con él? ¿Ella? ¿Qué clase de poder podría salvar a Sasuke de aquel nefasto abismo de iniquidades? ¿Quién podría orientarlo hacia una dirección diferente? Durante su cautiverio, mientras el encierro y la debilidad pujaban contra su fuerza de voluntad, había pensado que ella podría, que ésa era su misión. Sin embargo, el tiempo le había mostrado la torpeza de sus afanes.
Ella jamás podría persuadirlo de regresar con sus nakamas, ella menos que nadie. Toda la vida había necesitado del aliento de Naruto para poder luchar contra sus propias limitaciones y contra su baja autoestima, ¿entonces con qué argumentos lo convencería de volver? Ella era débil, siempre lo había sido. Si no fuera por el apoyo de sus amigos ni siquiera hubiera sido capaz de llegar hasta donde llegó, ¿entonces con qué autoridad podría disuadirlo?
De todas formas pensaba en ello de gusto, porque ninguna otra cosa se le ocurría para llenar el tiempo. Por más vueltas que le diese al asunto, la realidad era que lo echaba de menos. Aunque no pudiese hacer nada por él, aunque no pudiese salvarlo o siquiera verlo, lo necesitaba tanto que le dolía.
-¡Ey, Hinata!
Naruto la saludó con una gran sonrisa desde el otro extremo de la calle. Hinata la retribuyó y se dio prisa para llegar junto a él.
-¿No me habías oído? –indagó el muchacho una vez que se acercó.
Quién sabe desde cuándo estaría llamándola, y ella tan perdida en su ensimismamiento. Se sintió abochornada.
-Lo-Lo siento, Naruto-kun.
-Otra vez tartamudeas, pensé que ya lo habías superado –comentó él con simpatía.
Hinata enrojeció.
-Lo-Lo siento –repitió en un murmullo.
Naruto la miró detenidamente, preocupado. Jamás la había visto tan apesadumbrada. Desde que fue secuestrada, desde que convivió con Sasuke, Hinata parecía haberse retraído incluso más que antes, casi como si hubiese olvidado lo que era sonreír.
Supuso que pasar una temporada con Uchiha Sasuke, sin chakra y con pocas posibilidades de supervivencia, habrá sido una experiencia bastante traumática. Hinata siempre tuvo un espíritu de acero, pero estar a merced de la voluntad ajena debió haber dejado una huella en lo profundo de su corazón. Sobre todo después de contarle aquella terrible historia.
Caminó junto a ella en silencio durante algunos instantes. La tarde comenzó a declinar y se respiraba el típico aire fresco del atardecer.
-¿Estás fatigada, Hinata? –le preguntó de pronto.
-No, no lo estoy –respondió ella, sorprendida.
-¿Estás enferma?
-No, tampoco.
-¿Estás deprimida por los hechos recientes?
Hinata meneó negativamente la cabeza.
-No, una vez q-que volví a Konoha me recuperé co-con facilidad –dijo ella, aunque fuese una verdad a medias.
-¿Entonces qué te sucede?
La kunoichi miró a su amigo con asombro. Naruto avanzaba cabizbajo, realmente preocupado. Sus ojos se fijaban en el camino, pero su atención se concentraba en ella.
Hinata no supo qué decir. Naruto siempre había sido el elegido de su corazón, su amor secreto y su sueño más adorado, ¿qué clase de relación podía construir con él ahora que deseaba a otro? Por supuesto que todavía le quedaba la amistad, ¿pero eso sería suficiente para confesarle todo lo que sentía por Sasuke?
No, Naruto tampoco era la persona indicada para compartirlo. Naruto menos que nadie.
-Su-Supongo que me preocupa t-todo –murmuró-: la seguridad de la aldea, la de mi fa-familia, la de mis amigos… Temo el daño que Danzo pu-pueda llegar a hacer.
El joven Hokage se detuvo y la tomó del hombro para girarla hacia sí. Hinata notó una vez más, asombrada de lo raro que resultaba, que mirarlo a los ojos ya no le perturbaba, ni le generaba calor ni palpitaciones. Comprendió, algo triste, que se había despedido de él.
-No debes temer, Hinata –le dijo Naruto con seguridad-. Danzo ya no puede hacernos daño, se han descubierto sus planes y ninguna excusa podrá justificar sus acciones. Una vez que el resto de los ancianos se ponga de acuerdo, iremos por él. Y aquí estamos nosotros, aquí estoy yo –dijo con firmeza, señalándose el pecho-. Daré mi vida por esta aldea, por tu familia y por nuestros amigos.
La muchacha no pudo menos que sonreír. Ahí estaba otra vez él, Uzumaki Naruto, rescatándola de su zozobra. Ahí afloraban su voluntad inquebrantable, sus ojos francos, su formidable espíritu. Aunque ya no esté enamorada siempre lo amaría, porque es imposible no amar a Naruto.
…
Entraron en Konoha cuando ya era noche cerrada, indetectables gracias a un jutsu especial. Las tres sombras se desplazaron con sigilo en una dirección determinada, adentrándose cada vez más en la aldea. Sin embargo, una de esas atenuadas presencias por momentos demoraba, abstraída en la contemplación de las casas y de las calles, tal vez recordándolas, tal vez resintiéndolas. Luego se obligó a seguir avanzando.
El edificio que buscaban se emplazaba en los límites opuestos, lejos del área residencial, por lo que tuvieron que atravesar la aldea. La distorsión en el espacio los protegía, por lo que pudieron llegar a su objetivo sin ninguna clase de contratiempo. Una vez allí deshicieron la técnica.
Sasuke, Suigetsu y Juugo, ya materializados, entraron y observaron en derredor. Les extrañó la ausencia de centinelas. Pronto advirtieron que se encontraban en la antesala y que la construcción se extendía más allá de lo que aparentaba desde el exterior, prolongándose tanto al nivel del suelo como hacia abajo. Decidieron investigar en esta última dirección.
Unas precarias escaleras cercanas los condujeron hacia un recinto que era mucho más que un sótano o una bóveda subterránea. Al examinarlo con más detalle comprendieron que el verdadero edificio no se erigía en la superficie sino debajo, extendiéndose en una amplia área de entrenamiento, lo cual pudieron deducir por los equipos, las armas y por el tipo de mobiliario.
-Aquí trabaja Raíz –comentó Juugo, paseando su vista por el espacioso lugar.
-Parece que no hay nadie –murmuró Suigetsu.
-Pues yo creo que sí –dijo Sasuke, que desde hacía rato sentía que los observaban.
-Por supuesto que hay alguien –corroboró Juugo por lo bajo, que también lo había sentido.
-¡Sería de mala educación que nadie salga a recibirnos! –se burló Suigetsu, elevando adrede la voz.
Entonces en ese preciso momento, una enigmática figura se irguió a unos pocos pasos de ellos. Los tres se percataron de su presencia, sin embargo la oscuridad no les permitió identificar de quién se trataba.
-Tienes razón, muchacho –dijo el hombre. Su voz aguardentosa a Sasuke se le hizo familiar-. Sería de muy mala educación hacer esperar a mis invitados.
-Esta no es una visita social –señaló Sasuke con aspereza.
El otro rió. Luego caminó hasta ubicarse debajo del haz de luz que se filtraba por una de las altas troneras, por lo que por fin pudieron verle la cara. Era un hombre de edad avanzada aunque en buen estado físico, y traía un brazo en cabestrillo.
-Danzo –confirmó Sasuke.
-Uchiha Sasuke –replicó él a su vez-. El exilio te ha sentado bien, has crecido mucho.
El joven tuvo que hacer un gran esfuerzo para contenerse, pero su mirada irradiaba un odio letal. Al fin estaba frente al culpable de la deshonra de su familia, al fin podría aniquilar al hombre que los había traicionado.
-No tienes idea –ironizó con frialdad.
-Oh sí, sí que la tengo –dijo Danzo mientras desvendaba su brazo con pasmosa tranquilidad-. He seguido tus pasos, he visto en lo que te has convertido luego de la muerte de tus mayores, he sabido de tus progresos. Eres uno de los criminales más buscados de las Cinco Naciones Shinobis, tu padre estaría orgulloso.
-¡No hables de mi padre!
-¿Por qué no? Tu padre fue un gran amigo mío, y tu familia… bueno, tu familia le ha hecho un gran servicio a esta aldea.
Sasuke se salía de las casillas, no podía creer tanto cinismo. Juugo y Suigetsu, a su lado, supieron por el inusitado brillo de su mirada que el estallido de la tormenta sería inminente. Jamás habían visto a su líder tan furioso, tan visiblemente desencajado.
Pronto comenzaron a emerger entre las sombras los integrantes de Raíz con sus características máscaras, formando un cerco en torno a ellos. Al verlos, Suigetsu desenvainó su gigantesca espada y Juugo comenzó a transformarse.
-Jamás debiste regresar, muchacho –dijo Danzo, quitándose por último la venda que le cubría el ojo. El asombro de Sasuke, así como el de sus compañeros, fue en aumento-. Es una pena que deba terminar con el único sobreviviente de un clan tan poderoso.
El ojo descubierto de Danzo activó su Sharingan. El brazo que había estado vendado de pronto exhibía una serie de ojos de la misma naturaleza ocular, inconcebiblemente incrustados en su carne y en sus nervios. Esos ojos sólo podían provenir de determinadas personas.
-Maldito –gruñó Sasuke, a punto de perder el control como nunca antes en una batalla-. Cómo te atreviste a robarlos…
-Siempre me gustaron lo ojos de tu clan. No los robé, no se le roba a un muerto.
-¡Desgraciado!
-¡Sasuke! –le advirtió Juugo, que nunca lo había visto reaccionar así.
Pero de nada valdría prevenirlo de la pérdida de su autocontrol. Fue Sasuke quien hizo el primer movimiento, y la batalla comenzó. Se lanzó sobre Danzo como un lobo sobre su presa, dispuesto a someterlo sin ninguna clase de consideración.
Aun así, pese a su determinación, Sasuke se vio en serias dificultades. Activar a Susanoo le costó una nueva pérdida de sangre y un agotamiento irreversible. Danzo, por su parte, después de muchos años de misteriosos experimentos y de ceñudo entrenamiento, había logrado armonizar las capacidades de cada ojo para hacerlos funcionar según las órdenes de su sistema nervioso, por lo que se había convertido en un peligroso rival.
Además, Sasuke peleaba prácticamente fuera de sí, guiado por un odio ciego que hacía menos certeros sus avances y más brutales sus yerros. Incluso Juugo, en medio de su propio combate contra el resto de los miembros de Raíz, llegó a notarlo, y maldijo el tan oportuno momento en el que su amigo se decidía a exteriorizar por fin una endemoniada emoción.
Por más que Danzo inutilizara un ojo con cada tentativa, corría con ventaja. La gradual pérdida de energía de su joven oponente, así como su escaso autodominio, jugaron en su favor. Llegó un punto en el que Sasuke apenas podía mantenerse en pie, por lo que utilizó una técnica de viento para derribarlo: sin que lo advirtiera, formó un tenue remolino bajo sus pies hasta alcanzar la fuerza suficiente para levantarlo en vilo y expulsarlo de su coraza espiritual.
Fue tal la potencia con la que fue expelido que Sasuke no pudo hacer nada para evitarlo, apenas si logró caer en la postura más conveniente para evitar fracturas. Tendido en el suelo a merced de su enemigo, mascullando maldiciones debido a la infructuosidad de sus esfuerzos y a la pérdida de energía, por más que lo intentaba no conseguía incorporarse. Tenues e ingobernables temblores asaltaban su cuerpo y los ojos le dolían con intensidad.
-¡Sasuke! –gritó Juugo, y hasta Suigetsu notó el imprevisto revés de la batalla. Pero tal y como estaban, trenzados cada cual en sus propios combates, no llegarían a tiempo para ayudarlo.
-Te dije que lo mejor para ti era abstenerte de regresar –dijo Danzo, acercándosele.
En el brazo le quedaba un único Sharingan activo, y eso era todo lo que necesitaba. Sasuke, que aunque se sintiese al borde del agotamiento estaba muy poco dispuesto a rendirse, reunió el chakra que aún circulaba en su interior para invocar nuevamente a Susanoo. Pero su enemigo se acercaba, empleaba ya algunos sellos, y él requería tiempo para su técnica.
Sin pensarlo más, decidió jugarse el todo por el todo. Sin prestar más atención a los ademanes de Danzo, sin tratar de entender lo que hacía ni lo que se proponía, se concentró en sí mismo y en su defensa. Acumula chakra, ¡acumula!, insistió para sus adentros mientras el anciano maniobraba junto a él.
Cuando un gigantesco cajón de entrelazada madera se fabricó alrededor de su cuerpo para sepultarlo, Juugo y Suigetsu pensaron que era el final y Danzo por fin se sintió vencedor. Pero entonces, inesperadamente, los tablones se rompieron en pedazos al emerger la portentosa figura de Susanoo protegiendo de nuevo a su perseverante usuario.
-No creas que será tan fácil matarme, Danzo –siseó Sasuke. La mano cubriendo uno de sus ojos sangrantes delató el gran esfuerzo que acababa de realizar.
-Ya veo que eres igual de obstinado que tu padre –replicó aquél.
-Tú, esta maldita aldea y todos sus líderes pagarán muy caro por lo que le hicieron.
Danzo desestimó con un gesto sus palabras.
-El destino de esta aldea no es asunto tuyo –señaló.
-Es verdad, no lo es –dijo una voz.
Ambos se giraron en la misma dirección sin asombro, hacía rato que percibían su presencia. Los jounin que habían estado peleando contra Suigetsu y Juugo se detuvieron, así como ellos mismos. Es que de pronto se vieron rodeados por los jóvenes herederos de los clanes más representativos de la Aldea de la Hoja.
Sasuke buscó entre los rostros de aquéllos hasta encontrar el único que le interesaba. Hyuuga Hinata lo miró a su vez y el breve intercambio les alcanzó para reconocerse, asombrarse y ocultar muy bien lo que sentían. Luego, el líder del grupo Taka desvió la vista porque, junto a ella, había una persona que también le interesaba reconocer, la persona que dominaba la escena con su sola presencia.
-Corrígeme si me equivoco, Danzo, pero creo que esta es la primera vez que coincidimos en algo –comentó Naruto con naturalidad, casi con buen humor-. El destino de esta aldea no es asunto suyo, porque el destino de esta aldea es asunto mío.
