LA PASIÓN DE PIERNA NEGRA SANJI

(SEVEN DAYS OF GLORY)

PARTE X-EL NUEVO MUNDO RECIBE A SUS HIJOS

Las marcas de la guerra son profundas para el genero humano, pero podríamos decir que el océano responde a la voluntad de los hombres, de modo que el mismo sitió pudiera ser el sueño de un hombre y la pesadilla del otro. Así pues, las llamas del Nuevo Mundo eran la calida protección en la luz o los fuegos fatuos en las tinieblas. Para Gol D. Roger fue el lugar de ensueño y la cúspide de su libertad.

El Nuevo Mundo era habitado por corsarios, piratas, revolucionarios y emperadores; pero en medio de esa gran consigna tuvieron lugar miles de historias de héroes y villanos que ya nadie recuerda.

Kenji, el niño de cabello plateado y ojos azules, era uno de los hijos huérfanos del Nuevo Mundo que se convirtió en pilluelo al ser arrastrado a un estado de orfandad por la irresistible fuerza de la guerra. Estaba acostumbrado al caos, y cuando el filo de la espada visitó su hogar, Kenji pensó, ¿qué queréis?, nosotros los débiles morimos rápido. Kenji es irónico e insolente, tenía buenos ojos porque era agudo. Es un ser que se divierte con la desgracia convertida en su amiga intima de juego.

Pero tarde o temprano las irradiaciones sociales acaban civilizando y pacificando. Incluso en el Nuevo Mundo comenzaban a germinar sitios habitables. Kenji fue alcanzado por una de esas irradiaciones el día que un barco de la Marina lo rescató de la catástrofe acaecida en su hogar y lo llevó a Isla Arousa, y si bien al principio su estomago padecía, vivía sin casa, ni pan, ni lumbre, ni amor, estaba contento de ser libre.

Cuando los Piratas Alegres llegaron por primera vez a Arousa, su nuevo hogar, reaccionó impasiblemente en comparación de la evidente preocupación de los demás, y cuando estaba preparado para ver la destrucción de la isla, fue alcanzado por otra irradiación; los emisarios de Barbanegra fueron amistosos, no solo no acabaron con la isla, sino que le proporcionaron una habitación en la casa hogar. Su estomagó no volvió a padecer desde el día en que vio ondear los tres cráneos de Barbanegra en la plaza principal.

Así es el género humano, irradia todo lo grande sobre la tierra. El Nuevo Mundo será, si se quiere, un montón de lucha y aventuras, pero por encima de todo es una idea, que más que grande, es inmensa, ¿Por qué?, porque es audaz y por eso fue el trono del pirata absoluto Gol D. Roger. Quien tiene fuerza de espíritu encuentra en las cumbres de la piratería lecciones permanentes y altivas de valor. Intentar, desafiar, persistir, perseverar, ser fiel a si mismo, luchas cuerpo a cuerpo con el destino, asombrar a la catástrofe con el poco miedo que causa, ora haciendo frente a los Emperadores, insultando la victoria de la Marina, resistir y persistir; esa es la luz que necesitan los habitantes del Nuevo Mundo, esta es la luz que electriza.

Ese es el lugar que vio nacer a Kenji, el niño de diez años con la sonrisa propia de su edad en los labios, la vida le había envuelto en pantalones de hombre, sin embargo aun quedaba una lucha que decidiría si su corazón seria colmado y transparente o, vació y opaco.

El padecimiento y el deseo de ser más fuerte eran las dos figuras de Kenji. ¿Qué importaba que anduviera con los pies descalzos?, ¿le abanderéis por eso?, ¿haréis de su desgracia una maldición?, basta que allí se derrame alegría con su poderoso entusiasmo, para que aquel aspecto estrecho, fétido, oscuro, feo, malsano, abominable y terrible del Nuevo Mundo, se convierta en paraiso.

Muchos años después Ayumi aun recordaba a Kenji de esa manera. Y nunca olvidara la lucha de su madre por atraerlo hacia la luz.

(…)


Aquel día quedó bien grabado en la memoria de Ayumi. Primero la ida de su madre y luego las malas noticias. Yoko la había llevado a la fuerza hasta la casa hogar, en el camino encontraron al hombre de mirada de mapache y tatuajes en los brazos en compañía del siempre confiable oso polar con traje espacial. Les escuchó intercambiar algunas palabras pero en ese momento no entendió nada. Momentos más tarde Syra estaba de vuelta, la llenó de besos y palabras suaves, la niña lo presentía, su madre tenia la mala costumbre de subirla al cielo y despedirse repentinamente.

A la mañana siguiente Syra entró a la bañera con Ayumi y ambas jugaron con el barquito de juguete, le secó el cabello y le untó la crema de hierbas hecha por Law para borrar cicatrices. Syra abrió el armario y preguntó a Ayumi que ropa quería ponerse, la niña escogió una blusa, un overol, una chaqueta y unas calcetas, los colores de las prendas resultaban disonantes entre si. Le ató las agujetas de las nuevas botitas negras de explorador que tanto molaban a Ayumi. Le dio un beso en la mejilla y fue hasta al tocador para maquillarse. Syra usaba un vestido color durazno de tirantes que llegaba hasta las rodillas, muy cómodo para una tarde de verano, se puso unos guaraches blancos de suela baja y preguntó a Ayumi por la correa de Estofado.

La llevó a la escuela que tenia un salón especial para niños de preescolar y se despidió con un beso. La imagen de Syra con vestido de verano y sombrero de borde amplio, sujetando la correa de Estofado, un perrito de hocico largo y orejas puntiagudas color negro, de pelaje dorado, sentado en posición casi ceremonial; no solo hicieron sonreír a Ayumi, sino que además le inspiraron para hacer un dibujo en clase.


Durante la hora del descanso, Ayumi fue al sitio de juegos luego de comer su almuerzo.

–Hola Ayumi chan—le dijo Kenji acercándose a los columpios donde Ayumi jugaba con los niños de su clase.

–Hola—respondió el saludo con voz tímida.

Al ver aquello, los chavales de décimo grando fueron a provocar y burlarse de Kenji por hablar con los de preescolar. Kenji se alejó y peleó contra diez, pero cuando los diez, se convirtieron en veinte y luego treinta de diferentes clases, Kenji perdía la pelea, "es porque soy débil", se decía a si mismo. Tenia fama de delincuente, y solo Ayumi, Syra y los empleados de la Biblioteca sabían que el niño pasaba horas sentado en su pacifica silla junto al ventanal de la biblioteca.

Su reputación entre los alumnos también trascendió entre los maestros y muchos habitantes del pueblo que lo consideraban un pandillero. Kenji escapaba de clases porque sus maestros le parecían pescadores papanatas, sin mencionar que nadie en la escuela parecía especialmente interesante, aunque Ayumi le caía bien, porque tenía la mitad de su edad y era muy pequeña para ser una cretina.


Cuando Syra fue a la oficina del director, un panadero que ocupaba dicho cargo por comisión de la gente del pueblo, para llamarle la atención por las heridas de Kenji, el hombre bonachón se rascó el bigote y dijo –Syra sama, el crió va todas las tardes al lago para armar jaleo y retar borrachos y marineros, su historial delictivo no tiene precedentes, no respeta las costumbres del pueblo, sube a la montaña para pelear contra los jabalíes y luego va a la pradera para pelear con las hienas—sacó un pañuelo y se secó el sudor de la frente –es todo un misterio, un día apareció en la playa sin mas, al principio los lugareños le daban caridad, pero pronto se convirtió en un problema.

–Se equivoca—lo interrumpió Syra –la persona de quien usted habla no es Kenji, ese niño tiene buen corazón, se de buena fuente que los mayores lo incitan a pelear.

–Syra sama, entiendo que una mujer bondadosa como usted sienta simpatía por los niños, pero le aseguró que Kenji es un caso especial—el hombre sentó su gordo trasero en el cómodo sofá de su oficina. Bastante ataviada para un pueblo.

–Aceptare toda la responsabilidad por su conducta, Akane la directora de la casa hogar me corroboró que Kenji tiene buen comportamiento—Syra golpeó el escritorio con la palma de su mano.

Cuando llegó el medio día sonó la campana de salida para los infantes de preescolar, las enfermeras de la casa hogar pasaban por los pequeños, pero ese día en concreto, Syra esperó por Ayumi. Cuando la niña la vio en la puerta corrió a sus brazos –Kasaan.

–Hoy tambien será un día muy divertido—Syra besó la frente de Ayumi –ven, vamos a esperar a que salgan los niños de primaria, ¿si?.

La expresión de Ayumi fue de extrañeza pero asintió con la cabeza. Se sentaron en una banca metálica y esperaron en las inmediaciones durante dos horas, en el lapso comieron helado y Ayumi le contó todo sobre su vida en la casa hogar.


Cuando volvió a sonar la campana de la escuela, Kenji salió cabizbajo por haber perdido otra pelea, y por si fuera poco, su visita a la enfermería le había impedido escapar más temprano para retar a los animales del bosque. Tenia una gasa a la altura de la ceja y un tapón de papel en la fosa nasal izquierda seguramente para detener el sangrado nasal. Un grupo de chavales de quince años lo seguían de cerca para armar jaleo afuera de la escuela, pero cuando estaban por interceptarlo, una mujer de vestido durazno y sombrero de verano acompañada de una niña de cabello negro, y un perrito, se le acercaron.

–Kenji kun—lo llamó Syra.

El niño alzó el rostro al escuchar su nombre –¿Syra sama?—su voz era pura inocencia.

–¿Qué te paso en la cara?—preguntó Syra colocando su mano en la mejilla de Kenji.

–Nada—dijo desviando la mirada.

–Los grandes lo pelearon otra vez—Ayumi jaló el vestido de su madre para llamar su atención.

–¿Quién fue?—preguntó Syra dirigiéndose a Kenji.

–Nadie—replicó Kenji e intentó correr, pero Syra lo detuvo al instante –vale, no tienes que decírmelo si no quieres, pero ven, no te vayas, acompáñanos a pasear.

–¿Pasear?

–No aceptare un no por respuesta—sonrió Syra.

Regresaron a la casa hogar para quitarse el uniforme escolar y comer. Ayumi fue por sus lápices y cuaderno de dibujo, Kenji no tenia otros pasatiempos que leer y retar a los animales del bosque en un duelo honorable, asi que únicamente se cambió de ropa.

Se trasladaron a la playa, donde Ayumi dibujó un cangrejo, y Kenji que nunca antes había echo un bosquejo con grafito, únicamente dibujo una piedra y el sombrero de Syra. El calor del sol les generó ganas de comer más helado, así que fueron a la nevaría donde además fabricaban hielo con una maquina que los piratas alegras habían llevado a la isla tiempo atrás.

Despues fueron al parque y se sentaron sobre las hojas caidas de los arboles para disfrutar su refrescante postre, Ayumi estaba sentada en las piernas de Syra, quien a su vez estaba recargada en el tronco de un árbol, y Kenji a su izquierda. Estofado dormía.

–Ne, Kenji kun, ¿qué harás cuando seas fuerte?.

–Cuando sea fuerte, dejare de ser débil—dijo Kenji mirando la mano con que sostenia su helado.

–Souka—Syra recargó su cabeza en el árbol –¿y como sabrás que ya eres lo bastante fuerte?.

Kenji se chupó los dedos para limpiarse el helado y respondió –las personas son malas y me aplastarían sin dudarlo, cuando pueda pelear y derrotarlos a todos, nadie me molestara y entonces sabré que soy fuerte.

–Kenji kun—Syra miraba hacía el vació y descansaba su barbilla sobre la cabeza de la niña –en la oscuridad las cosas parecen más grandes de lo que son, os aseguró que el mundo no es del todo como lo describís, además la fuerza de las personas no se mide por la gente que son capaces de derrotar… mírame a mi, ¿me juzgáis por la fuerza de mis cañones o por la fuerza de mis actos?.

El chico de ojos azules dudo por un momento –Syra sama es una pirata del Nuevo Mundo muy fuerte que conquistara el océano al lado de Barbanegra, y ha sido muy buena conmigo, pero mucha gente mala vive porque es fuerte, aunque sea bueno moriré si soy débil, en cualquier caso no importa si soy bueno o malo, solo importa si seré capaz de sobrevivir.

Syra abrazó a Ayumi, quien comía su helado en silencio, escuchando la conversación pero sin prestarle especial atención, toda su concentración se dirigía hacia un solo lugar "el helado de fresa era refrescante y estaba sentada en las piernas de su mami".

–El discernimiento es más importante que los golpes, ¿rechazaras comer un helado conmigo en el parque, solo porque el mundo es feo y la gente mala?—Syra acarició el cabello de Kenji.

El niño dudó por un momento –Syra sama es diferente—fue su respuesta.

Cuando terminaron de comer fueron a la pradera, el sol comenzaba a atenuarse, la brisa hacia bailar el pastizal silvestre y los girasoles adornaban el paisaje con una belleza inmensurable que solo podía ser producto de la naturaleza.

Syra sonrió al ver a Kenji jugando con los jabalís, el pequeño los derribaba luego de un "duelo honorable" y los dejaba escapar. Estofado ladraba y perseguía a Kenji mientras corrían entre las flores, Ayumi se preocupó cuando vio que el niño y el perro se alejaban.

–¡Kenji kun devuélveme a Estofado!—gritó y se unió a la persecución en el campo de flores silvestres.

Aquellas palabras provocaron que una lágrima se deslizara por la mejilla de Syra. La escena le resultaba familiar. Casi un Déja vu.

Cuando la noche estaba por caer los llamó. Kenji llevaba a Estofado en brazos y Ayumi se sujetaba de la camisa del niño de ojos azules para no tropezar con la hierva. Fueron hasta ella y se sentaron a sus costados.

–Niños, mañana comenzare un viaje de trabajo y me ausentare durante un tiempo de la isla.

–Kasaan, no tardes mucho en regresar—dijo Ayumi aferrada a los brazos de Syra –mami te prometo que me portare bien—y se acurrucó en el cuello de Syra.

Syra dio un beso en la mejilla a Ayumi –perdóname panquesita, ojala pudiera ser la madre que te mereces—y le limpió la frente –te prometo que regresare lo mas pronto posible.

Kenji observaba en silencio; por el precio de una recomendación de un cuento en la biblioteca, le habían regalado un libro, una sonrisa y una dosis de amor.

–Ayumi chan—dijo Kenji –tu mamá es una importante pirata del nuevo mundo, Syra sama regresara pronto, pero tiene que hacer cosas muy importantes, tienes que ser fuerte para que ella pueda viajar tranquila— y puso la patita de Estofado sobre la espalda de Ayumi.

–Mami cuando sea mas grande llévame, quiero ir contigo—lloraba Ayumi.

–Si panquesita—Syra limpió las lagrimas de la niña con la mano y omitió las propias –te prometo que cuando seas mas grande te llevare a conocer el Grand Line –luego sujetó la mano de Kenji y lo atrajo hacia ella para abrazarlo –Kenji kun, portate bien, cuida de Ayumi, y defiendete si es preciso pero no uses la violencia inecesaria, cuando vuelva te enseñare algunas técnicas súper geniales, ¿ne?—y recargó la cabeza del niño contra su cuello.

El cielo en el campo se adornaba de estrellas. Una atolondrada pirata abrazaba a un par de niños con infinita ternura. Los únicos testigos fueron el océano, el cielo y Estofado.


** ¿Os gusla la imagen de portada? ñ_ñ

Espero que la historia os guste, y si deseáis comentar, me sentire muy feliz de leer vuestros comentarios.