Capítulo 10: Sólo quisiera tenerte a ti.
Vaya, era la primera vez que me quedaba donde alguna chica y me daban ganas de irme a casa. Nunca me había sentido incómodo. Es más, quedarse en la noche solía ser lo mejor, puesto que de ese modo había más de una ronda. Era por lo mismo que presioné a Gumi y le insistí. Sin embargo, a pesar de que me costó bastante más de lo normal conciliar el sueño, no la desperté ni una sola vez. Y como era usual, me largué de su casa antes de que ella se despertara. No era que Gumi estuviera mal, era la primera vez que me acostaba con ella y me sorprendió la bonita figura cuyo uniforme no le hacía mucha justicia. Pero… No lo sé, ¿quizás habrá sido muy tímida? "Admítelo Kagamine" me reprochó burlescamente una voz dentro de mi cabeza. ¿Eh? Me hice el desentendido, engañándome a mí mismo. Sin embargo, mi mente continuó recriminándome una verdad que me esmeraba en ocultar con mucho esmero. "Encontraste tu sabor preferido". Pffft. Esta disputa mental me estaba pareciendo ridícula. Era cierto que ambas chicas me habían parecido un tanto insípidas. ¿Habrá tenido que ver el que estuviese más o menos "desaparecido" con respecto a frecuentar a más chicas? Seguramente habré perdido el entrenamiento de la promiscuidad. Porque aquello podía ser efectivamente algo posible, ¿o no? La razón de que esto ocurriera era que la chica que más frecuentaba, pues, vivía en mi casa. Un lugar que hasta hace unas cuantas semanas no acostumbraba a visitar.
Ah, Rin. En un afán de evitarla, me encontraba haciendo novillos desde la mañana. No entendía por qué, pero me sentía raro respecto a ella. No era como si fuese inusual, hace algún tiempo solía sentirme raro con respecto a ella todo el tiempo. Sin embargo, algo había cambiado entre nosotros desde ese entonces, mas la sensación era similar, era de esa misma índole: me sentía extraño porque no había llegado a dormir a casa anoche. Y la incomodidad radicaba en que no le había dicho nada, "porque no era asunto suyo". Argh, no me gustaba esto. Nunca me había agradado esa distancia que había entre Rin y yo, y no me daban ganas de volver a instaurarla, sobre todo después de los límites que habíamos transgredido. A pesar de que no estaba seguro de que ésta volviese a establecerse efectivamente, estaba siendo lo suficientemente cobarde como para averiguarlo.
Sin embargo, no le encontraba el sentido a ir a la escuela si no asistía en efecto a las clases, a pesar de que no tenía otro lugar más a donde ir y no me daban ganas de ir a buscar a alguna chica para pasar el rato. Digo, ¿qué sentido tenía? No me sentía satisfecho con ellas ni tenía ganas de seguir haciendo experimentos, al menos no por el momento. Además, tarde o temprano tenía que enfrentar a Rin de todos modos, mejor hacerlo de forma indirecta y presencial compartiendo el salón de clases, sin necesidad de hablarnos. Esperé a que el receso estuviese a minutos de finalizar. Sabía que, de todas formas, alguna que otra chica se me iba a acercar impidiendo la oportunidad de que Rin y yo interactuáramos directamente, pero no se me cantaba sonreír forzado ni fingir amabilidad o coquetear siquiera, así que evité aquella posibilidad de ese modo.
Mientras me mantenía sentado en mi pupitre, el nerviosismo amenazaba a mi corazón con aumentar el pulso, junto con una sensación de frío que comenzaba a recorrer mi espalda a medida que transcurrían los segundos y el salón acababa de llenarse de los alumnos restantes.
Pero Rin no apareció.
Por menos de un segundo, la imagen de cierto profesor de cabello azul apareció en mi mente. Fruncí el ceño y disipé todo lo relacionado de mi mente de inmediato. Intenté convencerme de que aquello no tenía sentido. Pero, oh, sí que lo tenía. Quiero decir, yo mismo ya me había acostado con otras personas, y lo nuestro con Rin no podía flotar más alto en el aire. ¿Se podía decir siquiera que había tal cosa como "lo nuestro"? Qué ridículo que estaba siendo. Somos hermanos. Eso no tenía lógica… Bueno, tampoco la tenía el hecho de haber tenido encuentros sexuales casi a diario. La idea de poder concretar algo tan ambiguo simulaba ser algo absurdo.
De todos modos, a Rin pudo haberle pasado cualquier cosa, desde haber ido a la enfermería por algún motivo o incluso que le haya llegado el periodo. Su bolso se encontraba en su respectivo lugar, no había duda de que había asistido a clases. No quedaba más que esperar, entonces.
Pasaban los minutos, transcurría lenta y aburrida la clase, y Rin seguía sin mostrar señales de vida. La impaciencia comenzaba a aflorar en mi piel, mi pierna no dejaba de moverse compulsivamente, al igual que el lápiz con el que jugaba entre mis dedos. Cuando finalizó la clase, apenas pude salí del salón hecho una bala, no precisamente para ir en busca de mi gemela (puesto seguía siendo un cobarde), sino para huir de las chicas de secundaria antes de que se me acercasen.
En mi paseo sin rumbo, visualicé al final del pasillo una figura que no pude pasar por alto, y se me crispó el semblante al identificar a cierto profesor no grato, como si lo hubiese invocado con el pensamiento. Sentí una sensación similar al asco. Estaba considerando la opción de cambiar de rumbo, hasta que un listón blanco frente a él volvió a llamar mi atención, y provocó que se me helara la sangre de inmediato. Casi por instinto, me apoyé sobre los casilleros lo más relajadamente que pude aparentar. Estaba lejos, no podía oír un carajo lo que estaban hablando, pero no me atrevía ni por si acaso a acercarme más. Tan sólo esperaba que nadie se me acercase en ese momento, mientras intentaba descifrar la gestualidad de mi hermanita frente a lo que el sujeto de la cabellera azul le decía. "Retrocede, retrocede…" rogaba para mis adentros. Pero ella sólo se limitaba a desviar demasiado la mirada. ¿Estaba nerviosa? ¿Incómoda? ¿Avergonzada? ¿Era algo bueno o malo para ella lo que le estaba diciendo? ¿Y para mí…? La sangre me pasó de helada a comenzar a hervir, y se me dificultaba el mantener el rostro sereno. Casi mordía mi labio para evitar mostrar cualquier rastro de emoción en mi expresión facial, y cuando aquello se me comenzó a volver insostenible, me alejé a paso decidido de la escena.
Raro. Las relaciones humanas son raras. O Rin era rara, o nuestra interacción era rara. Pensé mil y un cosas, y cuando por fin nos encontramos en casa, pareciera que nada hubiese ocurrido. Y seguimos con nuestra actual dinámica usual como si nada. No era más incómodo que de costumbre mientras cenábamos, y Rin seguía siendo dulce y amable conmigo. De verdad, ¿no le había afectado en lo más mínimo lo de anoche? No sabía cómo sentirme al respecto, pero opté por sentirme aliviado frente a su respuesta. Bueno, ¿qué más esperaba? No era mi madre ni mucho menos, tampoco era mi novia o algo así… Pensar aquello también me hizo sentir extraño. ¿Qué es lo que yo quería de ella al respecto?
—¡Ah! No te preocupes, yo lavo los platos —la detuve cuando comenzó a recoger la loza sucia de la mesa.
Tenía ganas de hacerlo, de hacer algo por ella en compensación a un posible mal rato… Vale, probablemente no la hice pasar un mal rato, seguro que ni le importó. Pero quería hacerlo para quedarme tranquilo conmigo mismo. Afortunadamente, Rin no se resistió, y me acompañó en silencio mientras realizaba la faena. Noté que sus labios se curvaban en una sonrisa, pero me pareció que no se encontraba en sintonía con su mirada fija en el piso. ¿Estaría imaginándome cosas nuevamente? Estuve alerta a cada uno de sus movimientos, mas no recibí mayor pista sobre ello.
Cuando acabé, me sequé las manos y a continuación la agarré de la cintura por inercia. Noté que se encontraba dispuesta, mas sólo me limité a besar su frente. Sentí como su ceño se arrugaba levemente, no obstante no profirió palabra. Había algo que me perturbaba, y no sabía cómo comunicarlo, o siquiera si quería comunicarlo. No me correspondía, o algo me hacía sentir de ese modo.
—Vayamos a dormir —dije a modo de escape, y me dirigí directamente a mi habitación.
Tal y como había pensado, Rin entendió aquello como una invitación, o al menos eso decidió hacer. Y bastante oportunamente, puesto que yo la estaba esperando, y, de lo contrario, habría tenido que ir a buscarla sutilmente. Esperé a que entrara a mi habitación y cerré la puerta determinadamente tras ella. Aquello llamó un poco la atención de Rin, pero terminó por abrir sus ojos de par en par cuando la lancé desde sus hombros a mi cama y me coloqué sobre ella. Una vez hubo pasado el sobresalto inicial, su expresión cambió a una más juguetona. Sin embargo, al cabo de un par de segundos de suspenso, la duda se asomó sobre ella. Mi rostro era serio, mientras aún sujetaba firmemente sus hombros con las palmas de mis manos.
—Rin… —comencé.
Ni siquiera estaba seguro de lo que iba a decir, ni de si aquello iba a ser una buena idea. ¿De dónde surgía ese valor que me poseía en ese momento? ¿Habría sido de la adrenalina que se generó en mí aquella tarde? Podría arrepentirme de decir aquello luego, pero por alguna razón no me detuve a dudar. Era más afecto que razonamiento en ese instante.
—Yo… Solamente te quiero a ti —sentencié—. Ya no quiero acostarme con nadie más que no seas tú. No me preguntes por qué, pero así es como me siento, y necesitaba decírtelo.
Rin no pestañeó siquiera, continuó mirándome con atención aparentemente tramitando lo que inesperadamente le estaba diciendo.
—Y tú… —por favor, que alguien me callara antes de que me dieran ganas de vomitar— ¿t-también me quieres sólo a mí? —que alguien me joda con esa asquerosa voz temblorosa, sonó hasta con ternura e inocencia la pregunta.
¡¿De dónde carajos había sacado los cojones de decir semejante mariconería?! Entre que quería una respuesta y que me tragara la tierra y me devolviera a algún país lejano. Ni siquiera estaba pensando con claridad, es como si algo en mi cerebro se hubiese rebelado y mis labios decidieran escupir esas palabras por sí solos. Pero aún no me daba el permiso de caer en pánico, puesto que me encontraba en suspenso por la siguiente reacción de mi hermana.
Una corriente eléctrica me recorrió desde la mejilla, lugar donde Rin posó suavemente una de sus palmas. Quise cerrar los ojos, pero no podía dejar de mirar cada uno de sus movimientos con suma atención.
—Sí, Len —respondió sonriendo con dulzura. ¿Era mi idea, o sus ojos brillaban más?
—Entonces, ¿qué sucede entre tú y Kaito? —nuevamente mis labios decidieron hablar por sí solos, sorprendiéndome incluso a mí.
—¿Kaito-sensei? —preguntó confundida. Sus ojos reflejaban una mezcla entre desconcierto, temor y culpa.
—Los vi hablando esta tarde en la escuela —expliqué rápidamente, un poco a regañadientes. No quería que supiera que los descubrí en una situación más comprometedora tiempo atrás, ni yo mismo quería recordarlo—. Probablemente no haya sido nada. Espero. Quiero decir, él se veía extraño, y te noté… no lo sé, ¿nerviosa? O algo parecido, y, pues, quizás me haya dado una idea equivocada, pero…
Qué mierda estaba queriendo decir, joder. Habría pedido que alguien me detuviera pronto, pero Rin se adelantó a ese posible pensamiento sellando mis labios con los suyos en un beso, el cual a duras penas correspondí debido a mi pasmo.
—Sólo te quiero a ti, Len. Él no me importa. Ya nada ni nadie me importa más que tú, sólo tú… Eres mi persona especial —dijo con la voz más dulce y encantadora que le había oído jamás.
¿Aquello era real? Por favor, que fuese real. Aquello es más de lo que hubiese podido pedir, creo que en toda mi vida. Tomé su rostro desde ambas mejillas y besé profundamente sus labios. Rin era auténticamente mía. Y por voluntad propia. El hecho de haberme acostado con ella antes no la había hecho mía, sino esto. Y yo era suyo, solamente suyo. Y extrañamente, esa idea no me desagradaba para nada. Me dejé perder en el vaivén de su lengua, en la danza de sus labios contra los míos, mientras el ritmo de mi corazón hacía de percusión junto con el suyo, golpeando fuertemente contra mi pecho. Mis manos comenzaban a complementar la pieza de baile acariciando su cuello, su cintura, y colándose por debajo de su camisa. Me separé de sus labios para dirigirme a su cuello y oído, sin desatenderla con el tacto de mis manos. La montaña rusa de emociones que estaba sintiendo en ese momento era impresionante.
—Rin… —susurré entre besos y lamidas— Creo que te amo…
—¡¿Me amas?! —exclamó ella, provocando que se me congelara la sangre y que luego comenzara a hervir mi cabeza.
—¡O sea…! —creo que jamás en mi vida había sentido mi rostro tan rojo como en ese momento.
Necesitaba retractarme de mis palabras de inmediato, ¡¿cómo era posible que haya siquiera dicho eso?! Había un límite en el cual las emociones podían pasar por alto el control del raciocinio, y ese límite estaba a años luz de dónde yo me encontraba. ¿Amor? ¿Yo? ¿Sin necesidad de inventar nada? Pero si yo no sabía nada sobre el amor, nunca había sentido nada semejante a eso… Y ahora salió de mi boca antes de darme cuenta, o siquiera cuestionármelo.
—Perdona, sé que es raro escuchar esto de tu hermano gemelo, no sé qué fue lo que-… -empecé a balbucear boberías hasta que fui interrumpido cortantemente.
—Creo que yo también…
—¿Qué…? —intenté confirmar lo que acababa de oír. ¿Mi mente me había jugado una mala pasada? Estaba confundido.
—Yo también… creo que te amo.
El sonrojo de su rostro se podía comparar en ese momento con el mío, aunque seguía llevando la delantera. Ella no estaba mintiendo. Algo dentro de mí comenzaba a bullir, y explotó en el apasionado beso que le robé a mi hermana gemela, intentando ahogar la enorme sonrisa que había iluminado mi rostro. Nunca antes me había sentido tan feliz en mi vida. ¿Era esto lo que significaba amar? ¿Por qué me negué tanto a esto antes? Nunca estuve interesado en conocer el amor, nunca lo necesité para obtener sexo. Pero esto ya no era sólo sexo. Y no podía suceder con nadie más que no fuera Rin, mi "intocable y deseable gemela", mi preciosa y dulce hermanita. Ya no quería distanciarme de ella nunca más. Quería recuperar todo el tiempo perdido y más, llenarla en cada rincón con besos y caricias, no sólo en cuerpo, sino en algo más profundo. Que se fundieran nuestras almas juntas, volviendo a ser el uno que solía ser hace catorce años atrás.
Y en ese momento, un extraño ruido nos sobresaltó a ambos, sacándonos de nuestro ensimismamiento como un balde de agua fría.
—¡Len-kun! —se escuchó una voz femenina desde la puerta de entrada.
Si la cara de Rin se encontraba desconcertada, ni se diga sobre el tipo de expresión que se encontraba en la mía, puesto que a todo ello se le sumaba el desagrado. ¿Una chica había averiguado mi domicilio? Una de las insípidas no sólo invadía mi privacidad, sino que nos habría interrumpido en el momento más auténtico de mi vida.
—No te preocupes, me desharé de ella lo más rápido que pueda —me levanté acomodando mis prendas un poco. A diferencia de Rin, yo no me encontraba tan desvestido, por lo que me abotoné de vuelta mi camisa y me dirigí con un humor de perros a la entrada.
Cuando abrí la puerta, me encontré con una chica de cabello rosado y con una mirada perturbada.
—Luka, ¿son estas horas de andar de visita? —intenté disimular sin mucho éxito mi molestia.
—Len-kun, te amo.
—Sí, ya lo sé, ¿de verdad no pudiste esperar a decírmelo en un mejor momento y lugar?
—Len-kun, vine a hacerte mío, solamente mío —Luka asomó desde su espalda un gran cuchillo carnicero, a medida que comenzaba a avanzar hacia mí.
—¿L-Luka? —yo de inmediato comencé a retroceder, un sudor en frío comenzó a correr sobre mi espalda.
—Si te abro el cuello, de ese modo serás finalmente sólo mío, como siempre debió ser —algo roto había en sus enrojecidos ojos a medida que avanzaba, mientras una siniestra sonrisa se dibujaba en sus labios.
—Luka… detén esto, por favor…
Afirmó el mango del cuchillo con mayor firmeza. Estaba aterrado. Mi espalda dio contra una pared, ya no podía retroceder más, y en cualquier momento veía que aquella lunática se me lanzaba encima. Y, en ese instante, el estruendoso sonido de un disparo inundó la habitación.
—Suelta el cuchillo o juro que al próximo tiro no fallo —apareció Rin en escena, empuñando un revolver apuntando en dirección a Luka.
Luka abrió los ojos aún más (si es que aquello era posible), y luego de un par de segundos de vacilación dejó caer el arma blanca.
—¡Len, sujétala! —me ordenó Rin de inmediato, a lo que reaccioné a obedecer lanzando el cuchillo lejos de una patada— Amárrala con lo que encuentres, con trapos de cocina si es necesario.
La sujetaba desde las muñecas con fuerza, manteniéndolas en su espalda. Por suerte aún mantenía mi casi deshecha corbata colgando en mi cuello, la cual me arranqué de un tirón y amarré con gracia y rapidez sus brazos para inmovilizarla, mientras que Rin se encargaba de llamar a emergencias con una de sus manos, sujetando el arma a distancia con la otra.
—¿Un arma ilegal? ¿Sabes que puedes meterte en problemas por eso? —desafió Luka a Rin, mientras yo buscaba junto con ella una silla y más prendas auxiliares para asegurarme que la aspirante a asesina no intentase hacer algún truco mortal.
—Eso no te incumbe, y no sirve de nada que llegues a declararlo, ya que mi padre se hará cargo de ello sin ningún problema —contraatacó ella sin dejar de apuntarla, luego de colgar su móvil y volver a sujetar el arma con ambas manos.
Tanto Luka como varias personas más en el instituto estaban al tanto de que nuestro padre era una persona influyente en el mundo de la política, por lo que esa carta era una vencedora en su argumento.
—¿Por qué estás semi-desnuda? —Luka cayó recién en la cuenta de ello, luego miró mi cabello alborotado y camisa desordenada y sacó veloces conclusiones— ¡Incesto! —acusó con voz gutural— ¡Será su fin con esto!
—Me causaría gracia que alguien te creyera, estás más loca que una cabra —bufó Rin—.
—¡¿Es por tener sexo con tu hermana gemela que me cambiaste, Len-kun?! —me gritó escupiendo, su mirada era desquiciada.
—Podría estar perfectamente cambiándome de ropa. No tienes pruebas —sentenció Rin severamente.
—Ustedes ya lo hicieron, ¿no es así? Se puede comprobar eso fácilmente con pruebas de laboratorio.
—Tenemos el mismo ADN, genio. Además, siempre usamos preservativos.
Era mentira, pero ella no tenía cómo saberlo. Y en parte era cierto, siempre usábamos a excepción de la primera vez, hace ya un buen tiempo atrás.
—Len-kun, ¡yo te amo! ¡De verdad te amo! Soy la mejor para ti, ¡Len-kun! —comenzó a gritar fuera de sí, con la locura reflejada en sus ojos— Te amo, ¡te amo!
A lo lejos, el sonido de unas sirenas se comenzaba a abrir paso, junto con mi alivio frente a la llegada de un fin de esta abrupta e imprevista pesadilla.
Habían transcurrido dos semanas desde el incidente, y aquel día nos reincorporábamos con Rin al instituto. Habían sido dos semanas intensas de trámites y gestiones legales, y nuestros padres decidieron mantenernos al margen de la escuela para protegernos. Tiempo sin convivir con ellos, a pesar de que hubiesen sido tan sólo unos cuantos días.
De camino a la escuela, pasé por el lado de preparatoria en piloto automático. Debía de sacarme esa mala costumbre, fue una pésima idea, puesto que todas las miradas se encontraban sobre mi persona. Pero no eran del tipo de miradas a las que estaba acostumbrado, sino ojos curiosos de personas cuyos labios traficaban rumores.
—Len… —me detuvo una grave voz femenina detrás de mí.
—Lily —respondí al reconocerla.
—¿Qué ocurrió?
—Pues tu prima estaba completamente loca. ¿No has escuchado la historia por tu lado familiar?
—No se ha hablado mucho de ello, parece un tema tabú —se cruzó de brazos.
—Ja, ja, pues si tienes la oportunidad de hablarle, dile que no se obsesione tanto con los hombres —me burlé—. Aún no sé qué ocurrirá exactamente con ella, pero la están procesando por intento de homicidio.
—Por dios, Len —se tapó la boca, anonada.
—De todos modos, apreciaría tu discreción, no quiero llamar más la atención, en ningún sentido.
—Por supuesto, pero… "en ningún sentido", ¿eso qué significa?
—Adiós, Lily —me di media vuelta y continué mi camino. Me constaba que Lily era lo suficientemente lista como para captar el mensaje.
Durante todo el trayecto hacia mi salón, las miradas cotillas no variaron en demasía. Los cuchicheos me acompañaron auditivamente también en el camino, incluso hasta en el salón mismo. Me senté en mi lugar de un suspiro. En realidad no me importaba demasiado lo que hablaran sobre mí. Lo que sí me molestaba, y recientemente, era ser el centro de atención. Habría que darle tiempo, pensé.
—Len-kun, ¿estás bien? ¿Es cierto lo que se dice sobre ti? —se acercaron las muchachas hacia mí, junto con su dudosa preocupación e intentos de muestra de cariño— Pobre~ Estoy aquí por si me necesitas, aunque sea sólo para acompañarte y subirte el ánimo.
—Lo agradezco un montón, chicas, pero preferiría que me dejen solo, no quiero llamar la atención, ya saben.
—Oohh, ¿estás seguro? ¿No te sentirás solo?
—Completamente seguro —sonreí de lado, un poco crispado por la insistencia.
Acto seguido y sin dejar las quejas de lado, las chicas me dejaron tranquilo. Volví a suspirar y hundirme más en mi pupitre con mis ojos cerrados. Y el sonido de algo posándose sobre mi mesa provocó que volviera a abrir mis párpados. Era Rin depositando una barrita de cereal sobre ésta.
—No desayunaste hoy, ¿no es así?
—Para variar, sí, y en una soledad desoladora, debo decir. Puesto que cierta señorita no se tomó la molestia de despertarme.
—¿Desde cuándo es mi deber despertarte? —sonrió enarcando una ceja.
—Deberíamos cambiar esa costumbre, me gustaría desayunar contigo —guiñé disimuladamente un ojo, el cual se encontraba más próximo a la mano sobre la cual reposaba mi rostro—. Ah, y también creo que deberíamos venir juntos a la escuela —coloqué la palma de mi mano tapando mi boca por el costado para susurrar una confidencia— Eso me ayudaría a quitarme las molestias de encima.
Rin sonrió de forma encantadora. Adoraba esa sonrisa en ella, era tan deslumbrante y hermosa.
En ese momento, llegó el profesor y comenzó la clase. Definitivamente no extrañaba ir a clases, puesto que el sueño amenazaba con invadir mi cuerpo debido a lo increíblemente tediosa que se había vuelto. Casi como una señal divina, vibró mi celular debido a la llegada de un mensaje de texto. "Han sido dos semanas muy largas, ¿verdad?", no pude evitar sonreír con labia al entender el sentido del mensaje de mi gemela. Recién para ese momento noté que en algún momento de mi aburrimiento, Rin había salido del salón de clases. Antes de darme tiempo de responder, llegó un segundo mensaje: "Te espero en el baño de mujeres, sal cuando estimes que sea sensato. PD: Yo llevo el preservativo". Dios santo, esta chica me volvía completamente loco. Me tomé un par de breves instantes, luego alcé mi mano.
—¡Sensei! No me siento muy bien, iré a la enfermería —dicho esto, me levanté de mi lugar y crucé la puerta de mi salón.
Caminé en dirección hacia el baño, y me fijé que en los pasillos no hubiese un alma, mirando hacia todos lados antes de adentrarme en el baño de mujeres al encuentro con mi hermana gemela.
Hola a todos! Pues este ha sido por fin el fin (hue) de Spice! No me han llegado muchos reviews, he de admitir que me siento un poco decepcionada y desanimada u.u Pero con el review de mi beta-chan me doy por pagada, sin duda eres la mejor y adoro la minuciosidad que tienes, tanto para betear como para la lectura de mis historias –I love you so much-
Bueno, la verdad mi super y maravillosa beta-reader tenía el capítulo listo hacía varios días, ha sido negligencia mía no colgarlo (qué va, no mucha gente lo esperaba de todos modos :cries:), puesto que me puse a tope con mi examen de licenciatura y luego de eso me he ido por un tubo de actividades que me han dejado mucho tiempo fuera de casa xD Pero puedo decir que soy licenciada n_n
Si quieren saber más excusas, he sublimado mis feels en el cosplay y subestimé la universidad por completo. Más mierdas que me han ocurrido en la vida que han demandado el 1000% de mi atención. Pero no me olvido nunca de ustedes (aunque ustedes se hayan olvidao de mí –okyadejodellorar-), por lo que no voy a abandonar nunca una historia.
Hablando un poco más del futuro, tengo dos historias en el tintero, que cuando tenga más avanzadas la verdad no sé qué haré, si cambiar de plataforma a alguna más activa o quedarme en Fanfiction, o hacer ambas dos (?) La verdad me da flojera, pero me han dicho que en wattpad el fandom es más grande, quizás le dé una oportunidad algún día.
Espero que les haya gustado mi versión de Spice!, sentía que hacía falta que existiera, y sin ánimos de alargarme más, les pido por favor un momento breve de su tiempo para que me cuenten qué impresión se llevaron, tanto del capítulo como del fic en sí. Integré mejor RIP=reléase en este cap, no ha sido del todo fácil jaja Espero que no haya quedado muy cutre. En fin, espero de corazón que la gente que leyó este fanfic después de finalizada su publicación y se haya dado la paja de leer esto que me deje un review, me emociona de sobremanera leerlos independiente del tiempo que haya pasado, ¡siempre los leo!
¡Saludos y hasta la próxima!
