Advertencia: Este capítulo tiene léxico vulgar (es solo una oración, pero vamos que yo cumplo con avisar)
Dedicatoria: Este capítulo y todo el fic, lo dedico con especial cariño a Lorena Arenas, mi querida beta, todo lo anterior no sería lo que es sin tu brillante participación. Gracias por tu tiempo y dedicación con esta historia que se nos salió de las manos y el tiempo hizo mella en él y en nosotras. Ojalá algún día puedas recordarlo y leerlo, por fin, terminado.
Capítulo 10: Algunas veces el amor dura y otras veces simplemente duele.
Justin Smith colocó los vasos recién lavados sobre la barra y acomodó las botellas vacías en una caja, reemplazándolas con las nuevas, después de todo, Navidad llevaba muchos clientes frecuentes y algunos que no lo eran tanto, que no tenían con quién pasar una festividad como aquella. Aunque Smith estaba intrigado. Y un poco decepcionado. Desde hacía tres años, el moreno de los ojos profundos había sido un cliente habitual y sin embargo, aquel año no apareció. No es que le molestará perder un cliente, tenía suficientes y no sabía si agradecer o lamentarse por ello. Pero quería saber cómo terminaba la historia que tan solo un año atrás por fin se había atrevido a contar.
Miro la hora, terminó con su labor y de inmediato se dirigió a la puerta para quitar el cerrojo y voltear el letrero.
Smith se había convertido en el flamante dueño del bar The Back Room desde la muerte de su esposa, Julie. Ella siempre había querido tener un bar, a saber por qué, y con el dinero del seguro decidió cumplir su última voluntad. Se consideraba un tipo con suerte con los mismos años de experiencia en la vida que los vividos sin ella, cantinero de profesión, psicólogo por obligación y curioso por devoción. Los años y los vicios, como lo era la cerveza y la comida frita, lo habían hecho más ancho que largo, pero él no se inmutaba por su apariencia, porque era esa misma la que atraía a la gente. Buen oyente y dispensador de consejos aprendidos entre botellas y borracheras, porque nada mejor que unas copas de más para enterarse de los milagros y desvaríos de las novelas que cada cliente hacía y deshacía de su vida.
Pero aquel joven de ojos tan profundos como el océano, era una espinita en su espíritu chismoso. Sabía que era famoso, quién no lo había visto en los afiches que cubrían la ciudad cuando él se presentaba en alguna obra, pero fuera de eso, sabía tanto como los periodistas que lo perseguían tratando de captar algún detalle de su vida y que él despistaba con sus disfraces a base de gorras y bufandas. No pretendía minimizar a sus demás clientes, pero aquel joven era sin duda su favorito, trataba, en la medida de lo posible, mitigar su manera de beber, pero había veces en que parecía que tomar hasta perder la conciencia era lo que necesitaba y no le quedaba de otra. Incluso le había dado la llave de su departamento para que lo ayudara a llegar cuando no podía ponerse en pie.
Sin saber por qué, él llegó al bar aquel 29 de diciembre y se sentó en el mismo banco de siempre. La primera vez que lo vio le dio la impresión de que era un tipo solitario. Lo que había llamado poderosamente su atención al principio fueron sus ojos, duros y fríos, pese a su corta edad, ellos reflejaban el paso de una vida difícil y llena de desventuras. Smith consideraba aquella vieja frase japonesa de que los ojos eran las ventanas del alma y maldita sea su estirpe si esa no era la sacrosanta verdad. No obstante, sentía pena por aquel que tuviera que enfrentar la castigadora mirada de aquel joven, pese a lo hermoso que eran, casi hipnotizantes.
- ¿Lo de siempre? – se aventuró a preguntar, aunque ya sabía la respuesta.
- Por favor – tomó una de las botellas de whisky y un vaso, puso un portavasos naranja con el logo del bar y colocó el vaso de vidrio con la bebida ambarina – gracias – y como otras veces, ahí terminó la conversación. Al menos tenía el consuelo del año pasado.
Flash Back
Era el quinto vaso de whisky, todos los años estaba ahí sin falta, al menos los últimos dos, como si al beber hasta perder la capacidad de caminar por su propio pie le diera el valor para enfrentar otro año.
- ¿Qué demonios me está sucediendo? – pensó Terry mirando el contenido de su primer vaso - ¿Extrañarte me ha golpeado tan fuerte? Ya una vez sobreviví a la falta de tu presencia en mi vida y sin embargo, los últimos meses han tenido más importancia de la que yo pretendo. Pesé a tu olvido no puedo evitar pensar que cuando te beso, me correspondes, tengo grabado con fuego cada detalle de tu rostro, cada movimiento de tu cuerpo y me doy cuenta de que los había memorizado desde antes, desde que te vi aquella noche de año nuevo. ¿Por qué encuentro pensando en ti de nuevo?
- ¿Usted ha amado alguna vez? – aquella pregunta había dejado clavado a Smith. Había intentado de todo con aquel joven para que le diera un ápice de luz sobre su vida, pero nada había sucedido.
- Sí, una vez en mi vida.
- Considérese afortunado si el amor de su vida vivió a su lado.
- Y murió – dijo calmó.
- Lo lamento.
- No se preocupe, joven, mi Julie murió hace algunos años. Pero sin duda nunca nos faltó amor, aunque sí familia – el castaño lo miro con una expresión que el cantinero bonachón no supo descifrar - ¿y usted? – se apresuró a preguntar, tentando el terreno y alimentando su alma de fisgón.
- También, pero ella se fue de mi lado – Smith iba a decir algo como que lo sentía, pero su cliente continuó hablando – y ahora está casada conmigo y tenemos un hijo – Smith estaba eufórico, quien sea que fuera el patrono de los chismosos sin duda se merecía dos velas, si acaso tres porque con los santos uno no debe ser tacaño.
- ¿Y eso lo hace infeliz?
- No, ¿por qué?
- Va a perdonarme la intromisión, amigo, pero un hombre con familia y feliz con su vida, no pasa las fiestas en lugar como este – gracias al cielo había ido a misa esa mañana o de lo contrario no hubiese sido capaz de soportar aquella mirada castigadora que se debatía entre continuar con su conversación o mandar a Smith a perderse a un lugar poco agradable. Finalmente, solo suspiró y bebió de golpe el resto de aquel vaso.
- Otro – pidió y de inmediato el vaso estuvo relleno – para otros así sería, pero yo estoy condenado a los mil infiernos y ver como la mujer que amo me aleja por un estúpido código de honor que ambos cargamos a cuestas.
- ¿Código de honor?
Terry sin duda se había dado cuenta de que el cantinero era algo entrometido, pero aquel día necesitaba vomitar toda su mala leche a bocajarro.
- Ella tiene los ojos verdes, nos conocimos en el colegio – y siguió contando la historia alrededor de Candy – y la otra tiene los ojos azules, irónicamente ambas son rubias, y era actriz – al igual que con Candy, le contó cómo conoció a Susana entrelazando las historias en el accidente donde ella había perdido su pierna y la determinación de Candy de marcarse de su lado ante la idea de no poder vivir interponiéndose en la felicidad de Susana.
- Menudo rollo vive, pero no me queda claro, si está comprometido con la de ojos azules, por qué está casado con la de ojos verdes.
- Mi padre… - y le hablo del acuerdo, terminándose su sexta copa y pidiendo la siguiente.
- ¿Entonces ella lo rechaza por qué sigue comprometido con la de ojos azules? No sería más simple si terminará con ella – Terry no respondió y Smith pudo ver que una repentina tensión se apoderó de él, casi como si su obviedad le hubiera dado un inesperado golpe donde más dolía.
- Al parecer el embrutecido por el alcohol no soy yo – y la mirada que le dirigió hizo que temiera no salir muy bien parado de aquella plática. Gracias al cielo, pudo desviar la mirada para atender a otros clientes que exigían atención, o más concretamente, rellenar sus copas. Smith no supo si era buena idea regresar, pero su alma cotilla lo arrastro de nuevo frente al actor – la cuestión es con quién debo terminar – y ahí acabo su buena racha, porque después de aquel séptimo vaso, el castaño se levantó y cayó cuando las piernas le fallaron, Smith dejo a su reemplazo mientras acompañaba al castaño a su departamento, dejándolo recostado de lado por si las dudas.
Fin Flash Back
- ¿Acaso no me preguntará por qué no estuve en Navidad? Pensé que sería más dedicado con sus clientes frecuentes – reclamó Terry con burla y ganas de confundir. ¿Tenía ganas de hablar? ¿Smith podría volver al juego?
- Pensé que estaría con su familia – comentó de pasada.
- Lo estuve.
- ¿Ojos azules o verdes?
- Verdes, pero volví hace dos días para estar con azules.
- Ah, ya – no supo qué más decir. Si hubiese tenido algo, además de botellas de vidrio, le hubiera pegado en la cabeza.
- Voy a separarme de una. He mantenido mi distancia por unos meses con ambas. Después de tantas decepciones amorosas, necesitaba tomarme un descanso y disfrutar una temporada de soledad.
- Me parece un buen movimiento.
- Aunque he sido un miserable con ambas. Hace dos semanas, ojos azules estaba conmigo en el teatro, últimamente se está interesando en escribir sus propias obras y mientras hablaba con el director, he escuchado que ojos verdes marcó para hablar conmigo. Comprenderá que azules no puede enterarse que verdes ha vuelto a mi vida y le contesté como un cretino. Sin embargo, no pude mantener mucho más mi distancia con ojos verdes, la seguí para pasar Navidad a su lado, quizá sea la última y quería un buen recuerdo para sobrellevar todas las que no estaré a su lado.
- ¿Entonces ha decidido dejar a ojos verdes? – la inquebrantable imperturbabilidad se quebró cuando la última palabra dejo los labios de Smith.
- No lo he decidido. Mi vida sería igual de miserable que antes de que ella apareciera en aquel barco rumbo a Londres, pero era un destino que había saboreado por mucho tiempo, haciéndome a la idea de que no podría aspirar a nada más. Si le elijó a ella, no sé si ella sea capaz de elegirme también.
- ¿Se va a lo seguro entonces? Aunque en este juego que juegan los tres, consientes o no, ya hay un claro perdedor: su hijo. Y quizá la decisión de ojos verdes sea tomada alrededor de ojos azules.
- Lo sé – desde muy joven Terry se había envuelto en situaciones fuera de su control, él no había pedido alejarse de los brazos de su madre, ni tener una madrastra que le repetía una y mil veces que era un bastardo, pensando que de verdad lo era y que merecía lo que le pasaba. Mucho menos pasar su vida saltando de internado en internado alejado de su padre. Todas las situaciones que marcaron su vida habían sido totalmente ajenas a él. A la edad de dieciséis años decidió que era momento de tomar el control de su vida y por primera vez hizo lo que le pareció lo mejor, aunque aquello lo había obligado a separase de Candy. Se fue para salvarla con la esperanza de volverse a ver en mejores circunstancias. Y por unos meses tomó decisiones haciendo lo que quería y arrepintiéndose pocas veces de ello. Pero cuando sucedió el accidente de Susana se dio cuenta de que ese lapso de hacer que las cosas pasaran por él y no por el azar había llegado a su fin. Ignorando su corazón permitiendo que otros lo forzaran a un compromiso del que ni siquiera estaba seguro.
/o.O/
Bryan O'Malley podía considerarse el mejor en lo que hacía. Desde pequeño había elegido qué hacer con su vida, aunque la clara inclinación de su padre, su abuelo y su bisabuelo a la medicina, no le dejaba exactamente mucho margen para tener más opciones. Había perdido la cuenta de cuántos ancestros se habían dedicado a lo mismo y quizá esa herencia genética era lo que lo impulsaba a ser lo que era, y sin embargo, él disfrutaba ser médico. Salvar vidas. Encontrar curas. Hacer todo lo que estaba en sus manos y hasta lo que no para regalarle un último aliento a sus pacientes. Era rico y por ello se podía permitir fracasar y omitir el cobro de honorarios, pero pocas veces había fracaso y no por la necesidad de cobrar, sino porque no soportaba ver morir a nadie, menos cuando no pudo salvar a su madre y ella había sido motivo de su record impecable. Lástima que en el ámbito amoroso eso no aplicaba en absoluto. Ya habíamos quedado que era guapo y demasiado formal, sagaz a la hora de cortejar y apegado al código de honor de no cortejar a la mujer de otro, al menos hasta que en su mundo se cruzó una mirada verde pérdida en un sueño lejano. No había dejado de pensar en ella, en su situación. Quería comprender. Sus ojos tristes lo martirizaban una y otra vez, estaba seguro de que mientras aquella tristeza no desapareciera él no podría tenerla, ni nadie. Y a pesar de lo que puedan pesar, él quería a Candy, claro que sí, estaba enamorado de ella, pero no obsesionado. Porque Bryan O´Malley era un buen tipo que solo deseaba la felicidad del ser amado, aunque no fuera a su lado, pero no por eso se iba a dar por vencido.
Se instaló en su habitación, había llegado a Nueva York por una reunión con un colega que lo invitaba a un caso, tenía que verlo el 4 de enero en Indiana, pero había decidido llegar unos días antes y aprovechar el tiempo visitando a Candy.
Él le había escrito para decirle que estaría en Estados Unidos unos días, ella le había respondido que pasara a visitarla si su agenda se lo permitía. Así que aquel 29 de diciembre toco a su puerta.
- Bryan – lo recibió de buena manera con un abrazo y una sonrisa sincera.
- Candy, qué gusto verte. Estás hermosa – la alagó, entrando a la sala de estar, vio al pequeño Lex jugando con unos carritos de madera y le acarició el cabello.
- Hola – respondió el niño, tratando de reconocer al hombre que estaba sentado frente a su mamá.
- ¿Y tu esposo, Candy? – preguntó mientras almorzaban. No quería otro enfrentamiento con el castaño.
- Terry siempre está de viaje, es muy raro que este en casa – contestó con incomodidad. Bryan se dio cuenta de que ese día Candy estaba ausente. Ella lo miraba de una manera lenta y llena que resultaba tan curiosa y excitante para él.
- Candy, ¿cómo se conocieron Grandchester y tú? - Candy bajo la mirada y él pensó que se pondría a llorar. Ella sintió el creciente deseo de confesarse con Bryan. Hacía ya seis años de la tragedia, ¿acaso no era el momento de sacarlo y liberar un poco su dolido corazón? Entonces comenzó a hablar tomando por sorpresa al caballero. Llegó a la parte donde no pudieron verse en la Colina de Pony. Candy silenciosamente se aproximó a la tetera, entonces Bryan pudo sentir la conexión eléctrica entre él y ella, tan fuertemente, mientras ella se sentaba nuevamente tranquila y retraída. Su silencio lo dejo perplejo. ¿Cómo llegaría él a ella? Y, sin embargo, lo sentía claramente, era real esa corriente que los unía. - ¿Te sientes bien, quieres que me vaya? – preguntó, preocupado.
- No, por favor, hoy no deseo estar sola – un fatigoso peso de ansiedad y ácida amargura se apoderaron de Candy y continuó con su relato.
- De pequeña lo único que quería era una familia, cuando mi amiga Annie fue adoptada porque yo renuncié a esa posibilidad, secretamente, la envidie. Ella tuvo una vida fácil, se enamoró de un hombre que le corresponde y pronto tendrán un hijo. Cuando me adoptaron tuve un nuevo mundo abriéndose a mis pues. Tenía la esperanza de que en esa nueva vida podría encontrar lo que siempre había querido, pero no fue así. Año tras año la vida me fue demostrando que la felicidad no estaba hecha para mí. Viendo a las personas que amo morir o alejarse de mí inevitablemente y empecé a perder la fe en todo. Pero nos reencontramos y pude acariciar la esperanza de la felicidad. ¿Qué podría salir mal? – suspiró bajando su mirada, que hasta ese momento había estado clavada en la de él, al suelo. - Pues todo, de pronto todo fue mal. Mientras yo me titulaba como enfermera, Terry triunfaba como actor en Broadway. Cuando obtuvo su primer protagónico en la obra "Romeo y Julieta" – sonrió – curioso.
- ¿El qué?
- Esa obra termina en tragedia, así como terminó lo nuestro – ironizó – Él me mando un boleto para ver la obra y otro solo de ida a Nueva York – se encogió de hombros – no quise confesárselo a nadie, pero yo guardaba la esperanza de que eso solo significaba que al fin estaríamos juntos para siempre. Pero… desde que llegue a la ciudad noté que Terry me estaba ocultando algo, él se veía muy preocupado – guardo silencio un instante. – Trate de convencerme de que sólo eran nervios por el inminente estreno. En el intermedio de la obra descubrí lo que tenía a Terry en ese estado: unas señoras, asistentes de la obra, estaban comentando que Susana se estaba aprovechando de la situación, así me enteré del accidente y de la deuda que él había adquirido debido a ello.
- ¿Qué accidente?
- Uno del que nadie fue responsable, pero que cambió la vida de tres personas de una forma drástica. Días antes del estreno la compañía se encontraba ensayando, Terry estaba justo debajo de las luces diciendo sus parlamentos y de pronto algo ocurrió, algunos reflectores se soltaron e iban a caer justo encima de Terry, pero Susana se lanzó sobre él, empujándolo para salvarlo de una muerte segura, lamentablemente ella quedó atrapada, lo que ocasionó que perdiera una de sus piernas.
- ¡Qué terrible desgracia! – exclamó, leyendo el dolor en los verdes ojos de Candy.
- La madre de Susana y la misma Susana – continuó la rubia – se empecinaron en que Terry le retribuyera aquel sacrificio con matrimonio… Susana siempre estuvo enamorada de Terry, al parecer desde que lo conoció y por esa razón le salvo la vida. Ellas vieron el matrimonio como una recompensa, un pago que él le debía, un sacrificio, que en sus cabezas, remuneraba la perdida de la pierna de Susana y su sueño de ser actriz.
- ¿Ella sabía de ti?
- Sí, Terry no era muy dado a socializar, pero sé que cuando vio las intenciones de Susana le hablo de mi existencia y del gran amor que compartíamos.
- ¿Lo hizo con alevosía?
- No estoy segura, ¿sabes? Mi primer pensamiento fue en contra de ella: "qué truco tan sucio… eso no es amor" Estaba dispuesta a ir al hospital y reclamarle. Sin embargo, me encontré con que Susana estaba dispuesta a sacrificar su vida. Ella había ido a la azotea del hospital para suicidarse.
- ¿Suicidarse? – aquello lo dejo con la boca abierta y su taza a medio camino.
- Llegué justo en el momento en que ella estaba al borde del techo. Me dijo que ella no podía vivir así, interponiéndose entre nosotros, así que prefería morir para no estorbarnos. Entonces entendí que ella de verdad amaba a Terry. Y ese acto tan generoso de su parte me impidió luchar por él.
- Candy… - dudó Bryan un instante, pero decidió seguir hablando - ¿no crees que tu habilidad para ver lo mejor de cada persona te impidió darte cuenta de que esa fue una sucia artimaña de Susana? A tus ojos ella quedo como una podre e inocente mártir que debía obtener lo que quería sin culpa. Porque al final, la decisión de dejar a Terry fue tuya, ella simplemente se sentó a esperar a que te fueras.
- No lo creo, un acto altruista y libre de egoísmo como el suicidarse para que Terry y yo no sufriéramos me dejo claro la belleza y bondad del alma de Susana. – Bryan torció el gesto. La ingenuidad de Candy y su infinita clemencia fueron precisamente de lo que se había válido Susana Marlow para manipular las circunstancias a su favor. Otra persona en los zapatos de Candy hubiera luchado por su felicidad, nadie los hubiera juzgado, de hecho la persona que hubiera quedado mal vista ante la sociedad hubiese sido Susana por obligar a Terry a casarse con ella. Pero al apartar a Candy del camino, ella era la heroína que había ganado, poco a poco, el corazón de Terry y no como la villana que comercializaba un acto noble.
- ¿Y si aquel intento de suicidio no hubiera existido? – insistió. Candy, dudó, nunca se había planteado dicha posibilidad.
- Bueno… supongo que hubiera aceptado el hecho de que Terry tenía para con ella un deber moral, pero marcando un límite, es decir, hacerse cargo de sus gastos y manutención. Ella simplemente no podía traspasar el límite y abusar así del deber de gratitud… Pero el intento de suicidio cambió radicalmente mi punto de vista, Susana era una víctima más del destino, ella necesitaba de él, Terry no podía abandonarla – Bryan pensó en la última idea, él estaba seguro de que Candy sólo se estaba justificando, todo lo que decía parecía sacado de un libreto que su mente había escrito para no darse cuenta de la realidad. Dedujo, inequivocadamente, que aún si Candy se hubiera dado cuenta de que el intento de suicidio de Susana era una artimaña más, un acto egoísta, ella hubiese reaccionado de la misma manera. Candy, su Candy, era, muy a su pesar, una alfombra que otros pisoteaban sin piedad. Ella no se hubiese atrevido a separar a Terry del lado de Susana consiente de que aquello la empujaría nuevamente al suicidio. Susana nunca tuvo nada que perder.
- ¿Qué hay de Grandchester? ¿Por qué no hablaste con él?
- Antes de que yo llegara a Nueva York él ya había empeñado su palabra.
- Pero él te amaba, no era más que obvia la respuesta.
- Él estaba presionado al compromiso por la madre de Susana y por ello, le estaba resultando muy difícil tomar una decisión. Así que para no presionarlo, tomé la mía. Yo no podía estar con él si lo iba a perseguir la culpa y tampoco hubiéramos sido felices sabiendo que había una persona que sufría a causa de ello, una persona inválida y desamparada. Mi felicidad no valía su infelicidad.
- Pero la de ella sí – gruño Bryan, indignado. Candy se encogió de hombros – Espera… ¿cómo es qué están casados? – y Candy le contó sobre Albert, sobre el duque y el trato que tenían, de los seis meses que debían permanecer casados y que llegarían a su fin al mismo tiempo que el año. - ¿Vas a divorciarte de él?
- Pase días, semanas y años convenciéndome de que estar lejos de él es lo mejor. No puedo hacerle daño a Susana, no puedo si sé que ella atentará contra su vida nuevamente y él nunca la dejará. Así como yo, tomó su decisión.
- Pero mantenerlo en tu corazón te impide avanzar.
- Nunca podré olvidarlo, pero tengo que seguir con mi vida, Bryan.
- Lo que vives no se puede llamar vida, Candy - ella comenzó a llorar, todo ese tiempo se había contenido, pero ya no podía hacerlo más. Ese día, esas horas habían cambiado su vida, desde entonces nunca había podido ser feliz. Bryan quería reconfortarla, quería borrar con sus propias manos la tristeza de la rubia, de su querida amiga – Candy, te quiero. Es el momento más estúpidamente inoportuno, pero quiero que lo sepas. Si decides separarte de Grandchester, te pido que me des una oportunidad.
- Bryan… yo…
- Solo te pido una cosa. Habla con él. Si vas a empezar algo nuevo conmigo necesitas dejar el pasado atrás – la abrazo con todas sus fuerzas – me voy a Indiana el 2 de enero, te esperaré hasta las 2 en el ayuntamiento y te ayudaré a iniciar el trámite de divorcio y la custodia de Lex, si no llegas lo comprenderé, no sientas pena por mí, pero prométeme que hablaras con él – Candy no vio, pero una lágrima rodó por la mejilla de Bryan, él sabía que todo lo que aquellos dos necesitaban era ser sinceros. Bryan O´Malley era un buen tipo, afortunado en los negocios y desafortunado en el amor, pero si tenía que renunciar a la mujer que amaba para verla feliz, estaba seguro de que aquello, por muy doloroso que fuera, era lo correcto porque estar con alguien que ama a otra persona, era la peor forma de condenarse a la soledad y al desamor. Lástima que no todas las personas eran Bryan O´Malley.
/o.O/
Apegarse a alguien es sinónimo de aferrarse a la idea de que algo o alguien debe colmar nuestra existencia. Nos obliga a luchar para conservar lo que creemos nuestro, llevándonos a un punto muerto. Susana estaba atascada y fue consciente de ello en el momento en que la doctora Perri le hizo ver que ella esperaría eternamente antes de que él reparara en ella. Verdaderamente en ella. Porque cada sonrisa, cada mirada pérdida, cada suspiro siempre sería por ella. Por Candy. Porque aunque ella llevara su apellido y, tarde que temprano, fuera su mujer. El corazón de Terry siempre le pertenecería a otra rubia. Una de ojos verdes.
Y la única opción posible era renunciar, aunque aquello fuera lo más difícil que jamás hubiera hecho porque debía desistir de todo lo que había soñado. Debía aceptar que la vida era un juego de dados y ella había sacado un siete.
/o.O/
A todos nos utilizan en un momento de nuestras vidas, a menudo lo aceptamos con gusto para conseguir lo que se quiere o necesita. Pero sentirse utilizado es otra cosa. En ese caso no eres más que un instrumento de la ambición del otro.
Y así era como Terry se sentía. Un error de juicio le costó perder todo. Había elegido a la mujer equivocada y se había dado cuenta demasiado tarde. Su juventud lo había conducido por un camino equivocado, pensando que todo estaría bien, construyendo un castillo donde todo estaba fuera de lugar. Y entonces la vida le dio la oportunidad de reconstruirlo con la mujer que su corazón había elegido como la indicada. Pero de nueva cuenta todo parecía desmoronarse y era debido a él.
- Hola, Susy – saludó intentando disimular la decisión que había tomado.
- Hola, Terry – contestó cautelosa, al fin y al cabo, no era el único con cosas para decir.
- Tenemos que hablar – Susana apenas y lo miró cuando se sentó frente a ella.
- Lo sé – dijo lo más calmadamente posible.
- No te amo.
- No es nada nuevo para mí – reconoció en un tono ofendido, pero mantuvo la compostura.
- No soporto mentirte más, no lo mereces.
- ¿Es por ella?
- Siempre va a ser por C…
- ¡No digas su nombre! – gritó, tapándose los oídos en una actitud por demás infantil. Terry bufó, harto de aquellas expresiones - ¿Por qué? – pidió en un susurro, tratando de acomodar sus ideas que se movían como remolinos en su cabeza - ¿qué hizo ella que no pueda hacer yo? A pesar de no amarte más, ¿por qué no logras sacarla de tu corazón para que yo pueda entrar? – el silencio fue tan prolongado que Susana pensó que Terry no respondería nunca.
- No creo que se trate de compararlas, Susy, cada una es como es, cada una aportó cosas diferentes a mi vida, pero ella es a quien elegí. Siempre se ha tratado sobre mis sentimientos, no puedo ir contra ellos, ni quiero hacerlo porque con ella descubrí lo que es el amor – Terry siempre había tenido tacto con ella, pero ante esa dolorosa respuesta se dio cuenta de que no le importaba más si la hería. Susana sintió su corazón estrujarse dentro de su pecho.
- ¿Nunca me amaste?
- Quise hacerlo, pero no pude y no puedo hacer nada para remediarlo. Cuando pienso en ti no siento nada, cuando pienso en ella me duele porque me siento incompleto.
- ¿Cómo puedes amar a alguien que no te ama? ¡Ella me lo dijo! ¡Tú lo viste! – exclamó con llanto desbordado.
- Ojalá el amor se disolviera cuando te enteras que no eres correspondido. Nada hará que lo que siento aquí – señalo su corazón – desaparezca.
- Me diste tu palabra – recalcó con molestia y llanto en sus ojos azules – yo haré que la olvides. Candy no será nada a mi lado. Seré paciente.
- ¿Crees que eso es suficiente para hacer que te ame? Tantos años, Susy, y mis sentimientos no han cambiado en absoluto.
- Estoy dispuesta a intentarlo – ahí estaba, de nueva cuenta suplicando amor.
- Yo no – renegó con una mirada cargada de desesperación – ya no puedo engañarte ni engañarme a mí mismo. No puedo estar más contigo, no de esa manera. Tendrás mi apoyo económico y quizá, algún día, mis amistad, pero no puedo darte más.
- Me lo pones difícil - sollozó de nuevo, tomando su mano – yo te amo, Terry, te he amado todos éstos años. ¿Cómo me pides que te deje ir así como así?
- Te encaprichaste conmigo, Susy, lo sabes. Te obsesionaste con seguir un sueño por testarudez y miedo de quedarte sola. Me gustabas, pero nunca te amé. El amor es mucho más que una simple obsesión por tener lo prohibido. El amor debe ser recíproco para que sea verdadero, no puedes compensar que alguien no te ame amando al doble.
- Dime qué tengo que hacer para que me ames y lo haré – lloró sabiendo que aquello era su última esperanza de retenerlo a su lado.
- No lo hagas más difícil, Susana, he venido para hablarte de frente pude haberme ido como la última vez. ¿Acaso crees que no preferiría amarte y ahórranos todo este dolor? Si tan solo estuviera en mis manos, pero esto no se da a voluntad. Candy siempre será lo que inexplicablemente necesito a mi lado, es difícil expresarlo, pero esto que siento es algo que no sabía que existía hasta que lo experimente por ella.
- ¿Entonces se acabó? – el dolor con el que lo dijo lo hizo tambalearse por un segundo, pero asintió con seguridad.
- Se acabó – respondió seriamente conteniendo sus emociones.
- Solo prométeme una cosa – él no dijo nada y ella continuó – si en seis meses no sabes nada de ella, volverás, no nos casaremos, pero viviremos juntos como amigos, déjame ser la segunda – era humillante la forma en que se lo pedía, si no le estuviera pasando a él se burlaría de la insistencia de Susana.
- Bien – respondió saliendo de la casa y desapareciendo de su vida.
Susana lloró desconsoladamente. No era un llanto como otros, por mucho que Terry se esforzara en minimizar su amor, ella sabía lo que sentía y sollozó dando golpes en sus rodillas. Estaba renunciando a lo mejor que le había pasado en la vida. Había cambiado su pierna y sus sueños por él y rogó al todas las deidades en el cielo que su sacrificio le valiera que Candy no lo aceptará de nuevo para que él volviera, solo acariciando esa esperanza podría vivir. Por suerte, Elisa Leagan, le había dicho que nadie sabía nada de la rubia desde hacía más de dos años. Una esperanza. Una luz que iluminaría su camino hasta que él regresara y ella no dejaría que se extinguiera, tuviera que hacer lo que tuviera que hacer.
/o.O/
Terry suspiró al llegar a su casa, ¡Su casa! Un hogar, un lugar para ser uno mismo. Hasta ese momento esa palabra no tenía sentido para él, nunca pudo sentirse seguro en ningún lado para bajar la guardia. Pero ahí estaba ella y también su corazón.
Le quedaban pocas fuerzas para iniciar de cero una vez más. Pero, ¿quién podría culparlo? Después de dos intentos fallidos con la misma mujer pensaba que la tercera era la vencida. Y él haría que valiera la pena porque esta vez estaba dispuesto a jugarse el todo por el todo. No le permitiría a Candy poner el punto final en esa historia que tanto les había costado escribir. Él no iba a aceptarlo así como así, no volvería sentirse con el corazón roto y el ánimo por los suelos.
Media noche casi 31 de diciembre de 1919. Sabía que Lex estaba con Eleanor, él se lo había pedido. Necesitaba hablar a solas con Candy.
Entro a su habitación y se recostó, bostezó y cubrió su boca con su mano derecha sintiendo algunas lágrimas formándose en sus ojos típica reacción de su cuerpo y sin pensar más en ello, se quedó profundamente dormido.
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Odiaba esa habitación con una profunda fuerza. Oscura, desolada y llena de esquinas ocultas que revivían viejos temores. La noche la aterraba, todos creían que conservaba su sueño pesado de antaño, lo cierto era que temía dormir. Ella era enfermera y podía atribuirlo, si es que necesitaba alguna explicación, como insomnio. Lo cierto es que Candy podía dormir sin problema, pero no quería. Trataba, en medida de lo posible, de no entrar en sueño profundo, despertando cada dos o tres horas y cerrando los ojos de nuevo tratando de obtener solo un poco de descanso que a veces conseguía y otras no, pero cualquier cosa era mejor que sumergirse en el mundo de los sueños, sueños que revivían su peor pesadilla.
Candy despertó de madrugada con la urgencia de ir al baño. No era algo normal en ella hacerlo, pero cuando la naturaleza llama, hay que hacerle caso. Y agradeció aquel llamado para poder abrir los ojos y despejar un poco su mente porque recordaba levemente haber soñado algo que se veía borroso y lo mejor sería que se quedará así.
Después de lavarse las manos, salió del baño que unía su habitación con la de Terry. Sabía que estaba ahí. Después de pasar el 25 de diciembre en el hogar y que Tom y Jimmy lo llevaran a sus respectivas granjas, Terry regresó de buen humor y jugó nuevamente con los niños en la nieve. Partieron el 26 por la mañana y él le dijo que se quedaría en Nueva York porque tenía asuntos que atender. Candy suspiró. Debía hablar con él.
Entró a su habitación y lo contemplo mientras dormía. Se sentó en la cama suavemente y acarició su cabello.
- Candy – susurró tomando su mano y asustándola.
- No quería despertarte.
- Necesito decirte algo.
- Yo también.
- Me separé de Susana.
- Quiero el divorcio – dijo ella al mismo tiempo, la quijada de Terry cayó al escucharla. Incluso la rubia deseo no haberlo hecho, pero ya era demasiado tarde para arrepentirse.
- Primero quiero que me escuches – Terry se levantó de la cama – Siempre has vivido con un estigma, Candy – comenzó él, tratando de controlar la rabia de saber que ella nuevamente quería huir. ¡Era tan estúpidamente infantil! – haces todo por el bien de todo mundo, pero jamás haces algo por ti. Tomas la excusa de actuar por el bien de los demás para justificarte cuando todo lo que quieres es una excusa para huir.
- ¿Qué estás insinuando? ¿Qué tu no tuviste parte de la culpa? En lugar de hablar conmigo, hiciste lo que haces siempre, sufrir las consecuencias y tratar de enmendarlas, ¿qué paso cuando huiste del San Pablo? Tomaste la responsabilidad en tus manos sin mi opinión – se miraron a los ojos por unos instantes, la mirada de Terry fue indescifrable para Candy – Tú elegiste, yo solo acepté lo inevitable – aquella afirmación fue un susurró, bajó la mirada, sintiendo que las viejas heridas volvían a abrirse.
- Tú me hubieras pedido que me quedara a su lado, Candy, lo sabes.
- Y nuevamente te lo pido Terry, nunca podré vivir sabiendo que por mí una mujer inválida queda desamparada, mi felicidad no puede basarse en la infelicidad de alguien más.
- Tienes un sentido equivocado del deber, Candy. Y es precisamente por eso que Susana nunca fue feliz a mi lado. Ella me pedía algo que yo no le podía dar. Ambos vivíamos en un infierno, cegados ante la idea de que el amor y la felicidad de uno bastaban para enfrentarlo.
- ¿Infierno? Pensé que tú y ella… tú dijiste que…
- Te mentí, luché contra todo para lograr que funcionara. Mientras tú me alejabas, ella me recibía. Fui un cobarde. Dejaste en claro que no querías nada conmigo y yo estaba devastado, le había mentido a mi corazón para que aceptara a Susana, después de enterarme que no me amabas más. Y aun así no hay día, noche, semana, mes ni año que yo haya dejado de amarte. Mi corazón ha sido tuyo desde aquella noche de año nuevo – mientras hablaban Terry tomó las manos de la rubia entre las suyas, sintiendo el latido de su corazón.
El solo contacto con sus manos provocó que ella sintiera su piel arder, su mirada confirmaba todo lo que él le estaba diciendo. Candy desvió la mirada, nuevamente, ella había encerrado el pasado en lo más recóndito de su memoria porque pensar en él dolía. Se puso de pie y se acercó a la ventana, dándole la espalda, si la tocaba nuevamente las murallas que protegían su corazón, caerían inevitablemente y eso la llevaría a confesarle aquello que no la hacía digna de ser amada.
- Al parecer ambos tomamos la decisión equivocada, Terry – lo miró de nueva cuenta, con lágrimas inundando sus ojos – si tan solo… - sollozó tapando su boca con su mano derecha – tú y Susana debían ser felices para que sacrificar mi amor por ti hubiera valido la pena, pero no hay manera de que el pasado vuelva.
- No sabes cuánto me he arrepentido por no haber defendido el amor que siento por ti, si no te hubiera dejado ir aquella noche.
- No sigas, por favor, o será más difícil que me des el divorcio – Terry estaba confundido – lo nuestro no puede ser.
- ¿Por qué no puede ser, Candy? Ahora podemos estar juntos como siempre soñamos, acaso ¿no me amas? – el castaño se acercó de nuevo a ella y posó su frente en la de Candy – Te amo, Candy, te he amado siempre.
- ¡Es que no es posible, Terry! Yo no soy la Candy que conociste, mi vida cambió, yo… Por favor, compréndelo. Déjame ir y no me busques nunca más – ella intentó salir corriendo de la habitación, pero él se lo impidió.
- No, Candy, no quiero que huyas más, dime por qué dices eso. ¡Dímelo! – apuntó de una forma lastimera – No quiero que vuelvas a irte dejándome así.
- Ay, Terry – siguió llorando, acongojada – cometimos muchos errores. Éramos unos chiquillos impulsivos reaccionando al golpe que la vida nos propino. Uno que nos hizo ir por caminos muy diferentes, pensado que podríamos encontrar la felicidad. Hablas muy seguro de que yo deje de amarte…
- Leí la carta que le escribiste a Susana.
- Respondí porque no podía estar más tiempo unida a ti. Le reafirme mi renuncia intentando seguir con mi vida. La suerte se había echado y ni tú ni yo pudimos hacer algo en contra de eso – tenían que hablar, dejar de sacar conjeturas por su cuenta y conocer la verdad que cada uno guardaba en sus corazones.
Los primeros rayos del sol se filtraron por la habitación, hasta ese momento la luz de la luna era lo único que alumbraba sus rostros. Terry contempló el perfil de Candy, luz y obscuridad la envolvían, como luz y obscuridad eran los pensamientos de la rubia.
Candy le devolvió la mirada en la penumbra, toda apariencia de vida se había borrado de sus ojos. Terry supo que ella estaba lista para hablar.
- Me has contado tu historia Terry… y lo único que puedo ofrecerte a cambio es la mía, mi propio infierno personal – Terry escuchó la voz de Candy - No es una historia que quiera contar porque me duele que esa historia exista. Te amo, Terry, así como tú, yo nunca pude olvidar lo que hay dentro de mi corazón, pero tenía que protegerme, huí del dolor y viví en gran parte sobreviviendo a mi manera – la voz de Candy era dulce y decidida, era una mujer en guerra consigo misma que estaba buscando la paz. Y le contó todo lo que paso cuando regreso de Nueva York. Cuando llego a la parte de Donovan sintió todo el peso del pasado – Él estaba ahí cuando abrí la carta de Susana y su presencia me obligó a escribir algo que no sentía. Porque ¿acaso no fingía que te había superado? Odiaba ver la lastima en los ojos de los demás. Pobre Candy, siempre es a la que dejan, él no conocía mi pasado contigo, pude reinventarme a su lado, ser alguien a quien la vida no había golpeado tan cruelmente. Y después él… - Candy escondió la cara entre sus manos, su voz llegó amortiguada por esa pequeña jaula de dolor – todo fue mi culpa, sucedió por mí. Después de revivir, sin quererlo, aquel evento, llegué a la conclusión de que fue mi culpa – retiró sus manos de la cara y Terry notó que el labio de Candy empezó a temblar, él sintió que la situación lo estaba rebasando. Tenía una sensación de pérdida que no comprendía. Candy levantó el rostro bañado por el llanto, en los verdes ojos vio dolor, Candy llevaba tanto dolor dentro y se preguntó cómo había sobrevivido a él tanto tiempo – me violó – su voz fue un susurro, pero a él le sonó como un grito de liberación reprimido durante mucho, mucho tiempo.
- ¡Maldito cabrón hijo de puta! ¡Ojalá se pudra en el infierno para toda la eternidad! – Candy salió corriendo de su habitación, Terry no tuvo el valor ni las fuerzas para ir tras ella en ese momento. Todo lo que hizo fue dejar salir sus lágrimas de impotencia mientras destruía todo a su alrededor. En su mente el odio se trasformó en una luz deslumbrante, y poco a poco esa luz fue un grito silencioso tan fuerte como para hacer estallar todos los espejos en los que se reflejara la maldad humana, todos los muros tras los cuales se escondiera la cobardía, todas las puertas cerradas a las que golpearan los que pedían entrar en busca de ayuda para su desesperación.
Candy y él eran reflejos uno del otro. Quería estar enojado, quería sentir odio, pero fue el sufrimiento de ella lo que sintió y se lo tomó muy personal. Y aceptar que lo mejor era dejarla para que no sufriera era lo mismo que aceptar que la tierra era plana.
/o.O/
Candy lloró. No eran lágrimas comunes. Eran de tristeza en su forma más pura. Por lo que había perdido y jamás volvería a tener. Tenía el corazón destrozado. Terry la vio desde la puerta del baño ahogada en llanto y él también lloró con aquel horrible suplicio que oprimía su corazón cruelmente. Candy inútilmente trató de limpiar sus lágrimas, pero éstas desafiantes e indiferentes, siguieron fluyendo sin control.
- ¿Sabes que es lo peor? – logró entender Terry porque el llanto entrecortaba el paso del aire a sus pulmones, haciéndole difícil hablar - que quede embarazada y él mató a mi bebé.
En su vida, pocas veces había sentido tanto dolor como en ese momento, a pesar de la vida tan complicada que había tenido.
Se acercó a ella y Candy buscó la protección en su abrazo. Se quedaron así durante un rato que a Terry le pareció interminable. En su mente mil imágenes se mezclaban, mis historias de mil vidas, fundiendo la realidad con la imaginación, el presente con el pasado, lo verdadero con lo probable, los colores con la oscuridad, el perfume de las flores con la tierra impregnada del olor punzante de la putrefacción. Y se preguntó cómo alguien tan puro como Candy debía cargar con tanto peso en su corazón. ¿Acaso Dios no es bueno con los que lo eran? ¡Candy era la persona más generosa y desinteresada que conocía! ¿Por qué carajos la vida se ensañaba con ella de esa manera?
Candy no pedía mas que olvidar, lo mismo que necesitaba Terry, allí en esa habitación que tanto odiaba, en ese abrazo, en ese sentimiento de encuentro solo podían describir dos simples palabras: por fin.
Terry nunca sabría quién se apartó primero, cuando sus miradas volvieron a encontrarse, los dos supieron, incrédulos, que había sucedido algo importante, se besaron, y en ese beso sus labios se unieron en el temor, no en el amor. El temor a que nada fuera verdadero, a que fuera la desesperación la que pronunciaba el nombre de la ternura, a que fuera la soledad la que daba una voz distinta a las palabras, a que nada fuera lo que parecía.
Sintieron el impulso de volverlo a hacer y volver a hacerlo una vez más, antes de creer. Antes de que la sospecha se convirtiera en una pequeña esperanza, porque ninguno de los dos podía todavía permitirse el lujo de una certeza. Luego se miraron un rato, sin aliento. Fue Candy la que se repuso antes y le acarició la cara.
- Te amo, Terry.
- Yo también te amo, Candy.
Seis años después de su primer encuentro, sus corazones volvieron a encontrarse, latiendo al unísono.
/o.O/
Un par de meses después, por casualidad Justin Smith vio a su mejor excliente de la mano con una joven rubia y dejó escapar un suspiró, de esos que uno suelta cuando sabe que la novela rosa de la semana tiene un final feliz y todo está bien en el mundo porque la rubia tenía unos hermosos y expresivos ojos verdes.
"La única razón para vivir es amar y la única razón para amar es vivir."
Continuará…
Espacio para charlar
Lo sé, me demoré mucho, no tengo perdón, pero entiendan que tengo una vida y poco tiempo. No soy de las autoras que publican un día sí y otro también me gusta entregarles algo bien hecho y con lo que pueda sentirme satisfecha, si tengo que perder lectores por el tiempo que tardo, me disculpo, pero como ya he dicho muchas veces este fic es muy querido por mí y lo quiero bien escrito y además este capítulo me costó mucho porque cuando Lorena lo editaba me dijo algo que quizá me desilusionó en su momento. Mi fic era una copia de La Trampa, y no porque copiara y pegara, sino porque las situaciones eran parecidas entre Terry y Candy, de hecho por eso cambie el capítulo donde ella va al hogar de Pony a pasar Navidad en esta nueva edición. Pude hacer todo un escándalo de reclamos en la conversación que tuvieron, pero creo que más que rencor entre ellos hay dolor. En fin, no sé si así lo vean ustedes y al menos les haya gustado un poco este capítulo.
El título de este capítulo es una frase de la canción Someone Like You
Faltan menos capítulos para el final y les debo la clásica, y ya conocida por mis lectoras, escena de amor al puro estilo Ceshire, jajaja.
No puedo mas que agradecer todo el apoyo que le han dado a esta historia. De verdad muchas gracias por sus comentarios, por su tiempo, paciencia.
Nos vemos en el siguiente capítulo.
11 – oct – 2017
Ceshire…
