Capítulo 10
A un día para el fin de semana, el profesor de historia anuncia que, el martes que viene, tendremos un examen. Mierda. Le prometí a mi madre que no suspendería más. Le pido, suplico a Akagi que me ayude, pero como si tuviera un palo metido permanentemente en el culo, me responde que ya con entrenarme tiene suficiente. Me paso la mano por el pelo hasta dejarlo alborotado. Estudiar no es mi fuerte, y si encima se trata de empollar datos históricos…estoy perdido. A pesar de ser completamente consciente de mis limitaciones, me siento en la mesa del salón nada más llegar a casa. Arrastrando el brazo, aparto los libros que hay encima de la mesa para hacerme un poco de espacio. Miro el grosor del conjunto de capítulos que me tengo que aprender para el examen. Si consigo hacer un poco cada día debería ser capaz de llegar a tiempo e incluso de aprobar. Llevo unos 10 minutos leyendo y subrayando cuando me doy cuenta de que no soy el único que está en casa. Vestida con una camiseta de tirantes y unos pantalones rosas tan cortos que al descubierto la parte inferior del culo, Lexi me saluda. A pesar de que lleva un libro en las manos, no se sienta en la mesa conmigo, sino en el suelo, en la alfombra roja que está delante del sofá. Lo ojea durante un rato y luego pierde el interés. Parece que tiene menos aguante que yo para estas cosas. Empieza a jugar con un xilófono de hojalata de colores, olvidado en el mueble del televisor. Toca una complicada melodía. Al principio creo que puede ayudar a concentrarme, pero después de un rato comienza a parecerme verdaderamente molesta. Como no pare ya, creo explotaré. Inmersa en el instrumento, no me presta atención hasta que no recojo el libro del suelo.
- ¿No deberías estar leyendo? - pregunto mientras leo el título. "País de Nieve", lo conozco, también tuve que leerlo en primero- ¿Ya te han dicho cuando tenéis el examen del libro?
-El lunes- la joven permanece calmada. ¿El lunes? Y lo dice con total tranquilidad. Regreso a la mesa- deberías sentarte y leer un poco. Si no entiendes algo, te puedo ayudar. Yo también tuve que leérmelo.
Pasa de mí por completo. Dejo entrever mi irritación dejando el libro en la mesa con fuerza. No tengo tiempo que perder, mucho menos con alguien que no quiere trabajar. Vuelvo a ponerme a escribir en mi libreta. Al cabo de un rato, se sienta delante de mí y arrastra el libro hacia ella con una mano, la otra sirviendo de apoyo para su barbilla. Lo abre, pero de nuevo vuelve a ponerse a pasar páginas, bufando. Me mira pero ahora soy yo el que decide seguir a lo suyo, convencido de que si no le presto atención, terminará por dejar de actuar como una niña pequeña. Chasqueo la lengua. De repente, se pone erguida e intenta aclarar su garganta con un pequeño carraspeo.
Empieza a leer. Contrario a lo que me esperaba, lee verdaderamente mal. Balbucea palabras sin sentido y es incapaz de acabar las oraciones donde el punto indica. Pensando que está leyendo de esa forma a propósito levanto la vista del libro. Nada más lejos de la realidad. Con el dedo índice marcando lo que tiene leer, Lexi parece tensa. Cuando se da cuenta de que la miro con cara de desconcierto siento que la voz le tiembla un poco. Para de leer y me mira. Cierra el libro de golpe.
- ¿Contento?- la sigo mientras se levanta bruscamente y sube corriendo por las escaleras. No me atrevo a seguirla. No entiendo nada. Para mi fortuna, llegan al poco rato mi madre y Kaya, cargadas con bolsas de la compra. La música de violín hace que en cuanto llegan al salón, me pregunten qué ha pasado.
- ¿Por qué no me habíais dicho que Lexi no puede leer?- les pregunto. Mi pregunta suena acusadora. No tardan demasiado en ponerse en contexto cuando les explco lo sucedido. Ambas se miran, y después de un minuto deciden en silencio dejar por un rato la tarea de colocar todo lo comprado en su sitio. Imito a mi madre que se sienta, en la silla que hace un rato había ocupado Lexi. Kaya se apoya en la espalda del sofá.
-Es un tema bastante delicado Hisashi- empieza a decir mi madre con un dejo de tristeza en los ojos. -Lexi estuvo en el accidente en el que Nina perdió la vida.
La miro y luego a Kaya, que se dedica a arreglarse el collar que le cuelga del cuello. Nina, su madre, la genio violinista. Murió a los 36 años, cuando Kaya solo tenía 8 y Lexi 7. Sabía que había muerto en un accidente de coche en Sicilia pero no que Lexi iba con ella.
-No entiendo- consigo decir.
-Como consecuencia, mi hermana sufrió un traumatismo cerebral- continua Kaya, el tema le incomoda claramente- desde entonces es incapaz de entender las palabras.
-¿Es disléxica?- mi madre me responde con un "es complicado". Caigo en cuenta de algo- ¿Y la música?
-Dice que el lenguaje musical es lo único que sigue entendiendo después del accidente, en parte es una de las razones por las que sigue tocando. – no me atrevo a preguntar nada más. Instintivamente levantamos la cabeza cuando ya no podemos escuchar el violín.
-Creo que lo mejor sería dejarlo por hoy- mi madre decide romper el silencio. - ¿Os apetece cenar? -Kaya asiente ausente. No tengo mucha hambra la verdad. Me aprieta con una mano el hombro y se retira a la cocina después de recoger alguna de las bolsas.
(Lexi POV)
Kaya lleva un rato en su cama, a unos metros de la mía, dormida. Veo como su espalda se mueve rítmicamente. Está demasiado tapada y está demasiado oscuro como para verle la cara. Me incorporo hasta estar sentada. Mi "dislexia" no es un secreto, pero no sé por qué he sentido la necesidad de enseñárselo a él. Tengo su cara de asombro grabada en la retina. Me paso los dedos por el pelo, como intentando peinármelo. Opto por recogerlo con un coletero. Así no conseguiré dormir. Bufo. Salgo de la habitación en puntillas y me meto en el cuarto de baño. La luz me deslumbra al principio. Aunque no tengo calor, me mojo la nuca con un poco de agua y aunque tampoco tengo sed, bebo un poco directamente del grifo. Después de volver a apagar la luz me doy cuenta de que una luz tenue sale del cuarto de Mitsui. A medida que me acerco, como una polilla atraída a la luz, lo escucho hablar en voz alta. Creo que lo que dice me suena. Abro la puerta despacio y asomo la cabeza. Está sentado en su cama, leyendo "País de Nieve" en voz alta. No puedo evitar sonreír.
- ¿Llevas mucho rato leyendo? - le pregunto.
-Solo unas cuantas páginas- me lanza una sonrisa de complicidad. Camino hacia la cama y me estiro a su lado. Empieza a leer de nuevo. Apoyo la cabeza sobre la mano mientras lo escucho. Mira que es tonto. Creo que es la primera vez que lo miro tan detenidamente. Desde aquí veo como sube y baja su nuez, y como se moja los labios de vez en cuando. No sabía que tenía las pestañas tan largas Tampoco había visto la cicatriz en su barbilla antes. Me acerco más a él hasta empaparme del olor que desprende su camiseta de pijama. Huele bien, me calma. Él sigue leyendo me parece que incluso después de quedarme dormida.
(por la mañana)
Me restriego los ojos en un intento de despejarme. No sé cuándo me quedé dormida. Al notar un cuerpo, cálido y grande, detrás de mí, recuerdo que no estoy en mi habitación. Me giro con cuidado. Mitsui sigue durmiendo. Contemplo su cara durante un rato. Parece tranquilo. Me rio al ver que tiene marcas de la sábana en la mejilla.
"Gracias" susurro antes de destaparme y salir de la cama.
