Los sábados se habían convertido en un día que Shion detestaba y al mismo tiempo esperaba con… ¿Ansias? ¿Temor? ¿Molestia? Ni él sabía. Aquel era un ejemplo perfecto de los sentimientos confusos y contradictorios que sentía últimamente por culpa del chico de las flores.
Otra vez lo tenía trabajando en su jardín mientras él preparaba los ingredientes para el almuerzo. En esa ocasión había logrado resistir la tentación de asomar a verlo mientras trabajaba y concentrarle en lo suyo. Era mejor así, cuando lo miraba dejaba de funcionar un buen rato o caía en la tentación de entorpecer su trabajo. Como consecuencia de lo segundo el chico se terminaría quedando más tiempo de lo necesario en su casa y eso no era bueno… ¿O tal vez sí…? ¡No, no! ¿¡En qué estaba pensando!?
Justo cuando clavó en el cuchillo sobre la tabla de picar unas pisadas se comenzaron a acercar a la cocina. Shion hizo una mueca porque sólo podía ser una persona y no era a quien quería ver en ese momento. No cuando el florista estaba dando vueltas por el jardín. Se dio vuelta para enfrentarlo pero lo que fuera que le iba a decir dejó de importar. Su mente se quedó en blanco.
Su padre lucía… Decente. Es decir, como alguien que no acababa de despertarse cerca del mediodía. Se había peinado, no andaba en piyamas e incluso sus gafas no estaban torcidas ¿Qué clase de universo alterno era este?
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Shion de forma acusadora aunque el adulto no era estaba haciendo nada más que estar ahí parado. Realmente lo suyo era más una demanda de una explicación.
—¿Mm? ¿De qué hablas Shii-tan? —respondió Rchimedes con aire despistado.
—Sabes de lo que hablo, es… todo eso —Shion hizo un gesto con la mano como para señalarlo todo— ¿Acaso vas a salir?
—¿Eeh? ¿Estás preocupado por tu viejo? ¿O tal vez no quieres que quedarte solo? ¡Qué adorable Shii-tan-…! A-ah, no, olvídalo, lo siento… —la fachada bromista de Rchimedes desapareció de inmediato cuando vio a su hijo comenzando a desenterrar el cuchillo de la tabla de picar— ¡Más importante! ¿Alba-kun está aquí?
—¿Qué quieres con él? —preguntó Shion con cara de pocos amigos. Sin soltar nunca el mango del cuchillo. Sin embargo antes de que cualquiera de los dos pudiera decir algo más la puerta del jardín se abrió y una cabeza castaña asomó.
El universo debía odiar a Shion. Mucho.
—Shion, ya terminé con- Ah, este… —Alba se quedó en silencio al ver que Shion no estaba solo en la cocina. De inmediato abrió la puerta del todo y se inclinó levemente para saludar al mayor—. Buen día señor… Es decir, umn… Rchimedes.
Alba claramente no estaba muy cómodo siendo tan informal pero Rchimedes estaba encantado, lo tenía escrito en toda la cara.
—¡Buenos días, Alba-kun! Trabajador como siempre ¡Muy bien! No se ven a muchos jovencitos como tú en estos tiempos —exclamó alegremente el mayor—. Esas flores que estás cuidando realmente se ven fantásticas.
—Eso es porque son sus amigas-… Espera ¿Dijiste flores? ¿En plural? —Shion interrumpió su burla para cuestionar la elección de palabra y arqueó una ceja. Los otros dos voltearon el rostro para mirar, Rchimedes confuso, Alba apenado.
—Sí ¿acaso no has salido Shii-tan? Todavía no florecen pero se nota que Alba-kun es muy empeñoso.
—Sobre eso… Perdón por no haber consultado antes —el florista titubeó, llevándose una mano a la nuca, notablemente apenado. Su mirada se clavó en el suelo—. Sólo que… ya que estoy viniendo tan seguido creí que podría hacer algo a cambio-…
Antes de que el chico de las flores pudiera terminar de explicar Shion pasó por su lado para pasar por la puerta. Al frente, cerca del centro del patio, se podía ver el girasol del chico. Se le notaba más crecido ahora en comparación a cuando acababa de llegar. Vale, eso lo sabía. Buscó con la mirada y dio con lo que estaba buscando. A su izquierda, en la zona pegada casi a la pared de la vivienda, había una zona de tierra que había sido removida recientemente y delimitando la zona, una serie de capullos de flor amarillos, formando lo que parecía un cerco para lo que fuera que había sido plantado.
Así que eso era lo que había estado haciendo… En retrospectiva, para cuidar un solo girasol no hacía falta tanto tiempo como el que dedicaba el florista ¿o no? Se sentía un idiota por no haberlo visto antes pero siempre que asomaba al patio era para mirar al castaño y nunca lograba fijarse en nada más.
Estaba perdido.
Se tomó unos momentos para tratar de recobrar la calma y volvió a entrar a la cocina todavía asimilando lo que acababa de descubrir. Entonces se encontró con un muy abochornado florista sentado a la mesa y a su padre parloteando alegremente con él. De más estaba decir, Shion no tenía un buen presentimiento.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó por segunda vez en ese día, con aire casi ofendido.
—¡Ah! Le estaba contando a Alba-kun sobre las propiedades de los químicos con los que estaba trabajando, es un tema realmente fascinante ¿También quieres escuchar, Shii-tan?
—No soy muy bueno con la química y esas cosas, así que no entiendo del todo pero… Suena interesante —comentó el castaño que claramente se estaba esforzando por seguirle la corriente a su padre. Shion podía sentir el impulso de sacar corriendo a alguno de los dos para evitar el inminente bochorno.
—Por muy interesante que sea ya es hora de-
—Por cierto, Shii-tan ¡Alba-kun aceptó comer con nosotros! ¿No es genial? Sólo tuve que rogarle un rato.
Claramente Rchimedes no tenía idea de lo que estaba haciendo. Estaba arruinando la vida de Shion. O tal vez lo sabía y se estaba vengando por la crueldad de su hijo. O de nuevo, era todo una conspiración del universo porque lo odiaba.
Shion le dirigió una mirada estupefacta al florista quien dejó de sonreír a cambio. Como si hubiera hecho algo malo Alba agachó la cabeza un poco y buscó justificarse.
—Parecía que iba a llorar —murmuró—, así que…
—Que llore —le cortó Shion sin piedad alguna.
—¡Shii-taaan! ¡Qué cruel! —gimoteó Rchimedes en tono infantil—. Una sola vez no hace daño ¿verdad? ¡Es sólo un almuerzo! Alba-kun ha estado toda la mañana bajo el sol trabajando en nuestro jardín a cambio de nada. No está bien simplemente echarlo ¿no crees?
—En realidad no ha sido toda la mañana, y...
La vocecilla del florista fue rápidamente opacada por Rchimedes de nuevo quien continuó insistiendo con excusas cada vez más huecas y la emoción de un niño que ha comido demasiado cereal azucarado. Shion se mantenía de brazos cruzados, luciendo tan severo como era posible para un chico de sólo dieciséis años, pero había un límite a su paciencia y su padre era experto en llegar a él.
Finalmente levantó una mano delante del rostro de Rchimedes, señal ante la cual el adulto calló.
—Una comida y se va —sentenció entonces, entre dientes.
Rchimedes celebró. El florista lucía obviamente confundido por la forma en la que padre e hijo habían invertido papeles. Shion simplemente bufó indignado y volvió a concentrarse en la cocina, tratando de ignorar la jaqueca que quería atacarlo debido a la insistencia de su padre y la leve taquicardia por culpa del estúpido florista que se quedaría a comer.
Estuvo a nada de cortarse un dedo o quemar algo por mirar disimuladamente por encima de su hombro al florista sentado a unos metros de él. Apenas podía ver su perfil pero se notaba que estaba confundido mientras trataba de seguirle el ritmo a la extraña conversación con Rchimedes acerca de alguna de sus locuras. En un momento el mayor seguro dijo algo particularmente tonto porque el chico de las flores soltó una risa tan jodidamente adorable que Shion dejó caer la tapa de la olla que tenía en la mano, provocando un escándalo que hizo que los otros dos se giraran a mirarlo.
—Shion ¿necesitas ayuda? —preguntó cortés el florista, haciendo ademán de levantarse.
—Por supuesto que no —negó con disgusto. Lo que menos quería era tenerlo al lado, así podría terminar quemando la casa y ese era el trabajo de su padre.
—Shii-tan es muy territorial con la cocina, a mí no me deja ayudarlo nunca —comentó Rchimedes.
—Eso es porque tú haces más daño que otra cosa —replicó Shion de inmediato, logrando que su padre hiciera una expresión similar a la de alguien que ha recibido un golpe directo en el estómago.
El florista abrió la boca para decir algo pero entonces una canción comenzó a resonar por la cocina.
—¿Qué…? —Shion hizo una mueca. Sonaba como algún hit de los ochenta, pero todavía peor.
En la confusión Rchimedes buscó en su bolsillo y sacó un celular de apariencia anticuada, el aparatejo era el que estaba produciendo el sonido. Una llamada.
… Eso era nuevo.
—Hola, aquí Rchimedes —saludó el susodicho a la llamada y tras unos segundos de silencio de parte de los otros dos presentes dejó salir una exclamación— ¡Oooh, ya veo! Ya veo, ya veo —mientras repetía aquello se puso de pie y dio unos pasos alrededor de la cocina—. Entiendo, entiendo… sí, sí, por supuesto, yo… de inmediato, sí. Adiós —y sin más que esas genéricas palabras cortó la llamada y volteó hacia los dos adolescentes—. Shii-tan, Alba-kun, lo siento, tengo que salir ¡Tendrán que comer sin mí!
Shion sintió que el mundo entero se derrumbaba.
—¿Por qué? —cuestionó casi con desesperación. Hasta Rchimedes lo miró extrañado.
—Es… ¡Negocios, sí! Un nuevo posible cliente, sé que es un poco inesperado pero comeré afuera, lo siento Shii-tan. Pero ya que Alba-kun consiguió permiso de su madre y ha esperado tan pacientemente él definitivamente debe quedarse ¡Así que pórtense bien! ¿Vale? No hagan nada que yo no haría. O bueno, tampoco hagan nada que yo haría… Sean buenos.
Shion estaba tan incrédulo que falló en decir palabra alguna mientras veía al mayor dejar la cocina, dar vueltas por la sala, volver con un abrigo puesto, despedirse de los dos alegremente, intercambiar algunas palabras con Alba, salir a la calle y cerrar la puerta detrás de él. Siguió congelado mirando la entrada de la cocina, tieso como una estatua de yeso y muy, muy consciente de con quién se había quedado a solas.
Esto no era como cuando el otro estaba en el trabajo, o estaba cuidando de las plantas… Ahora no estaban en la calle donde había distracciones y Shion no podía largarse cuando quisiera. Debía echarlo, era la única manera, no le importaba si era cruel, había hecho cosas peores y—
—… Shion… ¡Shion! ¡La cacerola se está desbordando!
Finalmente la voz del florista llegó a sus oídos y el pelinegro se dio vuelta para verificar lo que acababa de escuchar. Maldiciendo por lo bajo se dio vuelta para apagar el fuego y rogar que no se hubiera arruinado la comida.
—Um… Ya que no quieres ayuda con la comida ¿Qué tal si te ayudo con los platos y esas cosas? —ofreció entonces el florista con voz conciliadora. Shion hizo una mueca.
—¿Por qué está tan inquieto y desesperado por hurgar la cocina? —soltó dirigiéndole una mirada de sospecha al desconcertado florista— ¿Acaso está planeando algo?
—¿E-eh? ¡No, nada de eso! Es solo que no me gusta quedarme de brazos cruzados mientras otra persona hace todo el trabajo —se explicó el otro chico, gesticulando con las manos de forma innecesaria.
—¿Hah? ¿Qué clase de complejo de servidumbre es ese? Es desagradable —y ante la mirada de desprecio de Shion, el florista finalmente se dio por vencido y se encogió en su asiento.
Al final, pese a su anterior resolución de tirarlo a la calle terminó sirviendo dos porciones, con cubiertos, vasos y todo el algarabío. Incluso dejó en la mesa la última botella de la soda que Rchimedes tanto amaba. Mejor si el florista se la terminaba toda, su padre se lo merecía.
Se sentó en el puesto frente al florista y así comenzó lo que tanto había querido evitar.
Apenas Alba probó el curry dejó salir un pequeño sonido de sorpresa.
—¿Eh? ¿Se quemó? —preguntó Shion con una sonrisilla que decía que era justo lo que quería.
—¿Mm? No, es sólo que está delicioso —respondió Alba con naturalidad, dirigiéndole una sonrisa genuina antes de regresar la atención a su plato. Gracias a todos los cielos, porque Shion se quedó mirándolo como idiota por unos segundos, tratando de reponerse de esa desagradable punzada en su pecho.
De golpe se le había ido todo el apetito.
—Rchimedes-san no mintió cuando dijo que eras un gran cocinero —agregó con naturalidad, ignorando completamente lo que estaba haciéndole a Shion con tanto halago.
—¿Acaso no se calla ni cuando come? —Shion no pudo evitar responder de forma hostil, casi como mecanismo de defensa—. Cualquiera puede hacer algo así.
—¿Eeh? Eso no es cierto, yo sólo sé hacer arroz frito y esas cosas… —replicó Alba, llevándose la cuchara a la boca inmediatamente después.
—Eso es porque usted es incompetente —sonrió con triunfo al oír el sonidito indignado que dejó salir el castaño y la posterior tos cuando se atoró.
—¡No soy el único que no sabe cocinar! —se defendió Alba tras unos segundos de lucha por calmarse—. Especialmente a esta edad.
—Pues apúrese en aprender, no podrá vivir con su mami por siempre.
Shion había tenido una sonrisa burlesca al comienzo, pero ésta decayó al notar la expresión de Alba. Si bien sus ojos estaban fijos en el plato notó algo en ellos, o tal vez en la forma en que frunció el ceño… Llevaba tanto tiempo observando atentamente al chico que sabía que esa no era una cara que hacía a menudo. De alguna forma deseó no haber mencionado aquello, a pesar de que había dicho cosas que podían ser consideradas más crueles inclusive.
—… Dejando eso a un lado, cada uno tiene sus propias habilidades. Estudios, deportes, esas cosas. No todo el mundo sabe cómo tratar con plantas y flores en general —se encontró a sí mismo diciendo. Eso… ¿era un halago? ¿De él hacia el florista?
El mismo Alba debía estar preguntándose lo mismo, pues levantó la cabeza y lo observó incrédulo.
—Shion…
La manera en la que el castaño dijo su nombre, como si lo respirara, hizo que su estómago se retorciera. Para colmo le estaba mirando con aquellos ojos tan inocentes y esa expresión adorable que le provocaba hacer algo estúpido.
—¿Sabe quiénes más son buenos con la tierra y el lodo? Los puercos —se apresuró en agregar.
—¿¡Me estás llamando puerco!?
El grito indignado de Alba disipó aquella extraña atmósfera, para alivio de Shion, y tras el incidente el florista siguió comiendo para ignorar la risa malintencionada de su parte.
Esa era la razón por la que Shion no quería a ese chico en su casa o cerca de su persona en general, peor a solas. Comenzaba a hacer cosas que no eran normales en él. A Shion le gustaba actuar con lógica, evitar problemas y en su mayor parte, hacer todo lo contrario a Crea y Rchimedes. Él era la voz de la razón siempre y si perdía los estribos… bueno, estaban perdidos. Eso y le incomodaba la presencia de Alba en formas que no podía terminar de describir. Era como si estuviera demasiado consciente de todo, de la posición de sus manos, de su postura torcida, de su mala cara, de su cabello imposible de domar…
Alba en comparación era… suave, por así decirlo. Su rostro era un poco más redondo, igual sus ojos. Su cabello era mucho más liso y no tenía dudas de que se sentiría completamente diferente si pasaba su mano por él. Su piel era un poco más bronceada que la de Shion, seguro por trabajar tanto tiempo bajo el sol, pero igualmente parecía tersa. Era como si sus mejillas rogaran ser pellizcadas. Y sus labios…
—¿Shion? ¿Qué pasa?
Para su desgracia no se dio cuenta de que se había quedado mirando al florista hasta el momento en que el susodicho le llamó. Shion sintió el horrible, terrible y casi desconocido peso de la vergüenza y tuvo que usar todo su autocontrol para mantener una expresión relativamente calmada.
¿Es que acaso era un idiota?
—Hora de que se vaya —soltó entonces, poniéndose de pie de golpe de forma que casi tiró la silla con la parte posterior de sus rodillas. Ni había tocado su comida y no creía que Alba hubiera terminado pero de todas formas si esto seguía así iba a humillarse sin remedio y prefería arrojarse a un hueco sin fondo antes de dejar que el florista se diera cuenta de que lo había estado admirando.
—¿¡Eh!? ¡Pero no he-!
—¿Qué acaso tengo que usar veneno para ratas para que se vaya? ¿Traer un gato? Afuera dije —esta vez su voz sonó más firme pero también un poco más emocional. De no haber estado intentando controlarla probablemente hubiera temblado.
La expresión de Alba era una estupefacta. Era de esperar, incluso Shion tenía que admitir que era totalmente irracional de su parte. Aun así el florista cedió primero, poniéndose de pie y acomodando la silla en la que había estado sentado hasta un momento atrás. Shion pudo sentir el tirón desagradable en su estómago al ver un poco de aquella expresión apenada que pudo dislumbrar a pesar de que el otro tenía la cabeza gacha. Se merecía el premio al bastardo del año.
Recordó una memoria insignificante, un detalle que ni debería haber quedado en su memoria. Algo que vio en televisión, una mujer hablando sobre niños que no habían llegado a la madurez emocional y no sabían cómo actuar frente a alguien que les gustaba…
Inmediatamente sacudió su cabeza. No tenía que ver con su situación, no quería que tuviera que ver con su situación.
Siguió al florista hacia la puerta, dispuesto a despacharlo sin mayor ceremonia y luego ir a terminar de comer o darse una ducha o comer en la ducha o lo que fuera. Sólo sabía que no quería pensar. Abrió entonces la puerta con prisa esperando que el otro se marchara sin más.
—Uh, oye —antes de dar un paso afuera Alba habló. Tan cerca pero tan lejos. Shion casi quería empujarlo para que saliera de una vez—. Si hice algo que te molestó… lo siento.
Shion lo miró perplejo. Alba estaba moviendo nervioso sus dedos y era obvio que el contacto visual que hacía con él era forzado. Parecía casi un cachorro regañado. De nuevo aquella sensación que probablemente era culpa invadió a Shion, provocándole una mueca.
—No es-…
—¡WAAAH!
Antes de que Shion pudiera terminar de decir lo que fuera que iba a decir (ni él sabía) un llanto infantil resonó de pronto, haciendo que Alba y Shion voltearan hacia afuera.
Unos metros más adelante se asomaba por encima del enrejado del jardín delantero lo que parecía un gorro de invierno con unas alitas de murciélago de adorno. Los dos chicos cruzaron miradas confundidos pero como el llanto no cesaba Shion se acercó para inspeccionar, seguido unos pasos atrás por el florista. Al llegar a la reja y abrirla pudo ver de cerca el origen de aquel infernal sonido.
Una niña de no más de nueve años estaba arrodillada en plena acera, abrazando sus propias piernas y lloriqueando al límite de sus pulmones. Shion frunció el ceño molesto.
—Oi. Para eso.
Siempre había sido un desastre lidiando con niños. Para eso estaba Crea.
La pequeña levantó la cabeza, tomada por sorpresa. Su rostro empapado de lágrimas era realmente lastimero. Al verla Alba se adelantó unos pasos y se inclinó delante de ella.
—¿Eh? ¿Qué te pasa? ¿Te lastimaste o algo así? —preguntó preocupado.
—Me… perdí —balbuceó la niña y al recordar su problema su labio inferior comenzó a temblar, amenazando con largarse a llorar de nuevo.
—Bueno… Suerte como niñera, señor bohemio —soltó entonces Shion, dispuesto a volver a casa y desentenderse del asunto. Ya tuvo su cuota de niño extraviado la otra vez.
Alba inmediatamente lo miró alarmado.
—¡E-ey! ¡No puedes simplemente dejarla aquí! ¿¡Y qué es eso de bohemio!? ¿¡Es por el sobrenombre de 'hippie'!? ¡Porque es demasiado ambiguo!
—¿Y yo por qué tengo que hacerme cargo de lo que perdió otra persona? No estaba en mi propiedad así que no es mío.
—¡Deja de hablar de un ser humano como una cosa! ¡E ignoraste totalmente lo otro que dije!
—¿Eeh? Señor disidente… no me diga que le gustan las niñas pequeñas —masculló Shion con cara de asco.
—¡Deja de acusarme de cosas raras! ¡Es totalmente normal preocuparse! ¡Y sigues usando sobrenombres sin sentido! ¡Al menos busca sinónimos de florista, no de hippie!
La niña mientras tanto se había olvidado de llorar, en cambio pasando la mirada de un chico a otro como si se tratara de alguna especie de ping pong de palabras.
—Ah… um —balbuceó entonces, jalando la manga de la camiseta del florista—. Tengo mucha sed.
Sólo un vistazo a la expresión de empatía de parte de Alba y Shion tuvo un mal presentimiento. Inmediatamente después tanto el florista como la niña lo miraron al mismo tiempo con ojos implorantes y nunca en su vida se había sentido tan atacado.
¿Había mencionado que detestaba los sábados? Porque eso era quedarse corto. En realidad comenzaba a odiarlos con toda su alma.
Se sentía derrotado. No sólo había dejado pasar a la niña y a Alba (de nuevo) si no que los había dejado sentar a la mes. A la niña le dio una lata de soda que tenía en la nevera y ya que miraba con tanto interés el plato de comida al final le sirvió la porción que iba a ser para Rchimedes. Que pasara hambre luego, no le importaba.
—Mi nombre es Ruki —dijo finalmente la niña, sonriendo satisfecha luego de una comida completa y una Fanta de uva. Antes actuaba toda tímida y ni quería responder las preguntas de Alba pero ahora estaba desplomada en la silla a sus anchas. Estos niños de hoy en día...
—El mío es Alba, y el dueño de casa es Shion —respondió Alba en tono amable.
—No hable por mí —masculló Shion, todavía indignado consigo mismo por su debilidad— ¿Cómo te perdiste de todas formas? Este no es un vecindario muy grande.
—Fuimos al parque con papá y Lym, mi hermana, y entonces papá trató de trepar un árbol pero se atoró…
—¡Esta historia tomó un giro un poco extraño! —soltó Alba.
—Traté de arrojarle cosas para ver si podía bajarlo, pero Lym dijo que mejor buscar a mamá —siguió Ruki como si no hubiera oído nada—. Entonces le dije que yo iría ¡Soy la mayor! Pero porque nos mudamos hace poco no conozco mucho esta zona… y me perdí.
Tanto Shion como Alba se quedaron en silencio un rato luego de oír la explicación.
—Eh, hay… mucho que me gustaría decir pero supongo que no importa ahora. Shion ¿sabes qué parque podría ser?
—Mm, si es por la zona hay dos, así que depende ¿cuánto tiempo estuviste deambulando? —respondió Shion con un codo apoyado en la mesa y su mentón en la palma de su mano.
—Eh… —la niña miró en dirección al reloj que estaba en la pared de la cocina— ¡Tres horas! ¿O una? Tal vez media…
—Oi, oi ¿exactamente cuántos años tienes que no sabes hacer la cuenta? —murmuró Alba alarmado.
—De todas formas llevarla suena como una molestia, es mejor que llame a uno de sus padres y la venga a buscar ¿no? Aunque a saber si su padre se pudo bajar del árbol —Shion se enderezó para buscar en su bolsillo y sacar su móvil—. Sólo dime el número de teléfono de tu casa o el celular de tu madre.
—¡Ooh! ¡Buena idea! —Alba sonrió esperanzado.
Ruki, sin embargo, estaba sombría.
—… No me digas que no sabes los números de tu propia casa —soltó Shion incrédulo.
—¡Lo sieeento, soy mala con los números! —soltó la niña, lista para comenzar el lloriqueo de nuevo.
—¡Bueno, no importa, no importa! —interrumpió Alba, moviendo sus manos en el aire como si tratara de disipar la pena de la niña y la molestia de Shion—. De todas formas no es un mal día para ir al parque ¿verdad? Está soleado y agradable, aun si hace un poco de frío. Seguro encontraremos a tu papá y tu hermana y todo estará bien.
Shion rodó los ojos pero Ruki en cambio pareció animarse de inmediato.
—Buena suer-
—¡Tú tienes que venir, Shion! ¡No conozco esta zona tampoco!
—Pff-… ¿Para qué hace promesas entonces? Sería extremadamente divertido si se perdieran los dos. Al final está al mismo nivel que una niña —Shion sonrió con malicia pero su expresión decayó al encontrarse, de nuevo, con aquellos dos pares de ojos implorantes.
—Shion…
Tuvo que apretar los dientes para no maldecir allí mismo enfrente de la niña. Si el florista le llamaba de esa forma expectante sentía que le daba taquicardia o algo.
Por tercera vez ese día terminó cediendo a un pedido ajeno. Unos quince minutos después estaban caminando los tres hacia el parque más cercano, Shion liderando unos pasos por delante de Alba quien estaba más pendiente de la niña.
—¿Este lugar luce familiar? ¿Ves a tu familia en alguna parte? —preguntó Alba una vez que llegaron.
Había varias personas allí, especialmente familias. Algunas estaban en pleno picnic, otras jugaban con perros y no faltan quienes trotaban por los alrededores. La niña recorrió el parque atentamente con la mirada pero tras unos segundos esta comenzó a volverse borrosa por las lágrimas de desesperación. Terminó por negar fervientemente con la cabeza.
—¡N-no están…!
—Tranquila… Tranquila, Ruki —Albapuso una mano en su cabeza, buscando reconfortarla—. Estoy seguro de que los vamos a encontrar. Sólo hay que ir al siguiente parque ¿verdad? —buscó apoyo en aquello último mirando de reojo a Shion. El pelinegro suspiró de mala gana y apartó el rostro.
—Hay una comisaria no muy lejos —comentó, lo demás era implícito. Alba hizo una mueca.
—No podemos rendirnos todavía —sentenció. Ruki había comenzado a sollozar de nuevo.
Lo irritante de la situación era que Shion tampoco quería dejar a la niña en la comisaría y desentenderse del asunto, a pesar de que su vida sería más sencilla si hiciera eso. Las palabras de Crea resonaron en su cabeza, aquellas sobre cómo era más amable de lo que aparentaba. Ya lo golpearía cuando lo viera de nuevo.
—No se queden ahí entonces, vamos —Shion se dio la vuelta y comenzó a caminar, un poco más despacio de lo normal para que los otros dos pudieran alcanzarlo. Finalmente sintió los pasos del florista y la niña a su lado y apuró un poco más el paso.
—Gracias —murmuró la niña, frotándose el rostro con la manga de su abrigo. Shion notó entonces que su otra mano estaba ocupada por la del florista. Algo hubiera comentado de no ser porque inmediatamente después sintió un tirón en sus propios dedos. Ruki había decidido que quería ir de la mano con los dos, al parecer.
Shion no estaba acostumbrado a esa clase de gestos pero cuando pensó en la cara que podría hacer la niña si apartaba la mano decidió dejarle ser y con eso ya iban cuatro veces que cedía ese día, un récord indiscutible. Debían ser una escena bien tonta, dos chicos de preparatoria de la mano con una niña, caminando por el parque. Casi se parecían a algunas de esas familias que paseaban por ahí.
… De lejos el pensamiento más estúpido que tuvo ese día.
Dejando eso de lado se le ocurrió que esta niña debía estar de verdad asustada para tomarse de las manos con completos desconocidos en busca de consuelo. Le hacía pensar que quizá era más joven incluso de lo que parecía.
—Todo estará bien, no te preocupes. Los encontraremos pronto —aseguró Alba intentando contagiar de ánimos a la pequeña, sin mucho éxito. Ruki se limitó a contener un sollozo y asintió, no muy convencida. Shion sintió algo de simpatía por el intento fallido, pero no dijo nada por un rato.
—Oi, hippie —dijo finalmente.
—Volvemos a lo básico ¿eh…? —murmuró Alba.
—¿Qué clase de flor es esa? —preguntó entonces Shion, ignorando el comentario. Señaló con un gesto de su cabeza a la flor más común del parque. El centro era amarillo y los pétalos alargados rosas en algunos casos, púrpuras y blancos en otros. Shion suponía que eran la misma flor en colores diferentes aunque no podía decirlo con seguridad.
—Oh, esos son cosmos —respondió Alba luego de echar un vistazo rápido— ¿Por qué-…?
—Cosmos ¿eh? Parecen flores de sakura —interrumpió Shion rápidamente.
Alba le dirigió una mirada confundida, claramente preguntándose por qué de pronto mostraba interés. Sin embargo Shion posó sus ojos en la niña en medio de los dos y Alba pareció entender al notar la expresión levemente curiosa de Ruki mientras observaba las flores.
—Ah… bueno, realmente se parecen. Por eso le llaman akizakura, Sakura de otoño —comenzó a explicar Alba en un tono más animado—. Creo que igual son bonitas ¿no crees lo mismo, Ruki?
—Son bonitas —confirmó la niña un poco más interesada, agregando un asentimiento con la cabeza—. Me gustan las que son rosas.
—¿Verdad? Además huelen muy bien… ¿Sabes? Hay unos cosmos muy especiales llamados Cosmos Chocolate que huelen precisamente como eso ¡Chocolate!
—¿¡Eeeh!? ¿¡De verdad!? —la niña no daba en sí de sorpresa al oír aquello y Alba soltó una risa ante tal reacción. Por su parte Shion no pudo evitar sonreír discretamente..
—Sí, son de un color más oscuro y son usadas para decoración. Es una pena que no haya por aquí, aunque supongo que hace mucho frío para que resistan…
—¿¡Se pueden comer!?
—Ruki… que huela a chocolate no significa que sepa a eso.
El cotilleo continuó hasta que llegaron al segundo parque y Ruki recordó su predicamento y volvió a caer en el silencio nervioso. Apretó su agarre sobre las manos de los dos chicos mientras que buscaba con la mirada. Alba lucía tensoy Shion odiaba admitir que él también se sentía expectante.
De pronto la niña soltó un respingo y soltó a los mayores al mismo tiempo para comenzar a correr. Alba fue tras ella y Shion le siguió poco después.
Allí en el corazón del parque había un árbol y a sus pies dos personas, un hombre adulto de cabello rubio y ridículamente revoltoso lloriqueando y a su lado una niña también rubia que usaba un gorro negro con orejas de gato. La niña le estaba dando palmaditas en la espalda al mayor, aparentemente tratando de consolarlo.
—¡Papáaa! ¡Lyyym! —gritó Ruki a pocos metros de ellos. El hombre adulto alzó la cabeza y al ver a Ruki acercándose se levantó de golpe, incrédulo, y abrió sus brazos para recibirla.
—¡Rukiii! ¡Pensamos que te habías perdido! ¡No tenía idea de qué hacer! —exclamó el padre, abrazando con fuerza a su hija al mismo tiempo que sollozaba patéticamente.
—Las ramas se rompieron un rato después de que te fuiste y papá cayó al suelo. Llamamos a mamá pero ella dijo que no habías llegado y entonces decidimos que era mejor esperarte un rato en caso de que volvieras —explicó la otra niña, mucho más calmada que el adulto. Sonrió aliviada, mirando a sus dos familiares abrazándose.
—Me perdí y entonces Alba-san y Shion-san me ayudaron —anunció Ruki tras apartarse un poco de su padre, con una expresión de alegría que no correspondía del todo a lo que había dicho. Señaló a los dos estudiantes, quienes se habían detenido a unos metros para no estorbar a la familia.
Shion estaba cruzado de brazos, luciendo indiferente. Alba se llevó una mano a la nuca, más bien apenado.
—No, no ha sido nada…
—¡Ustedes dos salvaron a mi hija! ¡Son héroes! ¡HÉROES! —claramente el otro adulto no lo había escuchado y procedió a abrazarlos a los dos con una fuerza que por poco dejó a Shion sin aire.
Entre el abrazo del sujeto y el estar tan pegado a Alba sintió que cumplió la cuota de contacto físico de toda su vida.
La suerte se apiadó de él pues el padre de Ruki los soltó poco después para secar las lágrimas de su rostro. La hermana de Ruki, la tal Lym, continuó con las palmadas de consolación. Ruki aprovechó el momento para volver a acercarse a Shion y Alba.
—Muchísimas gracias por ayudarme —pronunció con una sonrisa que contradecía un poco las lagrimitas que a ella también se le habían escapado.
Alba se inclinó para quedar a su altura y colocó una mano en su cabeza como ya había hecho antes.
—Te dije que todo estaría bien ¿verdad? Ten cuidado la próxima vez y no te separes de tu familia si no conoces el lugar —aconsejó con una sonrisa suave.
—¡Mhmm! ¡Tendré cuidado! —Ruki asintió animada pero luego su sonrisa decayó un poco—. Los… ¿volveré a ver?
Ante esa pregunta Shion y Alba intercambiaron miradas. Era un poco difícil de decir, no era como si tuvieran algo en común con una niña como para intercambiar información de contacto, incluso si la ayudaron en un momento tan crítico. De ninguna forma era eso normal.
—Te gustan las flores también ¿verdad? Siempre puedes visitar la florería en la que trabajo. Shion está ahí a veces—ofreció entonces Alba, a lo que Shion le dirigió una mirada incrédula ¿Era que este chico no tenía sentido común?
—¡Ooh! ¡Con razón sabías tanto sobre eso! —exclamó Ruki animada— ¡Quiero ir, quiero ir!
Una vez que Alba le dio el nombre del pequeño local donde trabaja y el padre de Ruki les agradeció (otra vez), llegó finalmente el momento de que se fueran. Sin embargo Ruki no pareció contenta sólo con palabras y se arrojó a abrazar a Alba quien correspondió con gusto. Shion notó entonces que la niña se acercaba a él con la misma atención y carraspeó, alzando una mano en señal de que no era necesario. Ruki, claro estaba, ni le hizo caso y le dio también un efusivo abrazo que era comparable a una persona abrazando un árbol pues Shion se quedó tieso en su lugar.
—¡Adióoos! ¡Los iré a visitar y probar Cosmos chocolate! —Ruki gritó mientras se alejaba con su padre y hermana, agitando a la vez su mano en dirección a los dos chicos.
—¡Ya te dije que no se come! —gritó Alba una última vez en respuesta y tras eso se quedó mirando las tres siluetas marchándose juntas. Estuvo en silencio al igual que Shion por un rato. Los dos probablemente sentían lo mismo.
Había sido un evento extraño, inesperado, como un huracán que vino a alterar todo el orden y luego irse como si nada... aun si desde el comienzo todo había estado un tanto caótico. Shion se preguntaba si realmente volvería a ver a la niña. No era que le fuera a afectar en algo no verla pero…
Bah, era una tontería encariñarse con alguien tras verlo una vez.
Miró de reojo al florista que seguía observando en dirección a la familia que se había marchado y frunció el ceño.
Tenía tendencia a apegarse a quienes no debía ¿huh?
—Bien, ya está hecho así que regresaré. Usted… imagino que tiene muchos árboles qué abrazar —soltó señalando con un gesto del brazo el parque en general, cubierto de árboles como era de esperar.
—De verdad estás usando todos los sinónimos de hippie de nuevo ¿huh? —comentó Alba en respuesta, con aire resignado—. Yo volveré a casa. En esta época anochece más temprano y no quiero llegar a casa cuando esté muy oscuro.
Shion se encogió de hombros fingiendo indiferencia.
—Bueno, como quiera.
Con sólo eso se iba a dar vuelta y marcharse pero Alba abrió la boca de nuevo.
—Gracias por lo de antes. No sabía cómo hacer que Ruki se sintiera mejor y no hubiera podido ayudarla por mi cuenta —le brindó una de esas sonrisas cálidas que hacían que Shion se sintiera indigno de recibirlas. Tal había sido el efecto que ni se le ocurrió negar su intervención de antes.
—Sabe que no fue para ayudarlo a usted y no hace falta que me agradezca ¿verdad? —al mismo tiempo que hablaba se acomodó la bufanda estratégicamente cubriendo parte de su rostro.
—Sí, pero igual quería decirlo. Y aun si fue un mal momento para Ruki no fue tan malo pasear un poco. Fue un día algo extraño pero… de todas formas me divertí.
Aquella simple declaración dejó a Shion mudo. Él… Alba ¿divirtiéndose? ¿Con él? Creyó que Crea y su padre eran los únicos que toleraban estar con él y eso era más que nada por obligación, porque Rchimedes estaba ligado a él por sangre y Crea por los años. Alba no tenía ningún lazo con él y tenía todas las razones para alejarse de él por culpa de esa personalidad podrida suya. Para peor, Shion era pesado a propósito con él, no sólo por encontrarlo divertido sino también para generar una distancia que evitara que se sintiera vulnerable.
Y pese a todo eso Alba se había divertido con él.
Al final sólo pudo decir una cosa.
—Usted es un masoquista.
Y con esa declaración que dejó a Alba estupefacto, se marchó haciendo sólo una seña con la mano a forma de despedida.
… A decir verdad él también se había divertido.
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Aah, de verdad quería actualizar la semana pasada, cuando fue el cumpleaños de Ruki, o durante el aniversario número seis de Senyuu... pero este capítulo se me fue de las manos. Originalmente iba a ser como cualquier otro, tres mil palabras, pero de alguna forma se terminó convirtiendo en un pequeño monstruo. De todas formas estoy feliz de haber terminado en un tiempo relativamente razonable, aunque me gustaría apurar un poco el ritmo de la historia ¡Esta historia ya tiene más de dos años! Aunque claro, un año se la pasó en hiatus pero de todas formas me imagino que puede que haya algún lector que haya seguido esto desde el comienzo y omg, lamento lo lento que van estos tórtolos.
En fin, realmente me debatí entre seguir el cliffhanger del capítulo anterior o finalmente hacer otro capítulo que se centrara en Shion y Alba. Al final la segunda opción me ganó pues este fic es Ross(o Shion)/Alba y ellos deberían tener más tiempo juntos. Además por supuesto la lindura del trío original me tentó demasiado. Prometo que en el próximo capítulo veremos lo que pasó con Crea mientras estos otros tres tenían su miniaventura.
De más está decir que como ya advertí, comenzaré a incluir personajes de la parte tres y cuatro del webcomic. En caso de que no lo hayan leído está en Batoto, en inglés, español y francés. Lo linkearía directamente pero tristemente FF no me deja.
Originalmente quería decir más en esta nota pero son las siete de la mañana, estuve escribiendo y corrigiendo por horas y no estoy en mi momento más coherente. Sólo quiero agradecer sus comentarios tan lindos y su preocupación e interés por esta historia. Espero que esto les de más confianza en mi palabra cuando digo que tengo interés en seguirla. Eso y lamento lo incoherente que está siendo Shion. La edad del pavo hace cosas.
Gracias por todo el apoyo. Saludos~.
