Edward

Me mantuve todo el día vigilando a Ares, escuchando los pensamientos de las personas a su alrededor. El día había sido bastante tranquilo, tanto que comencé a relajarme, hasta la 6ª hora, la clase comenzó y no se apareció.

"¿Dónde está?" me pregunto Emmett, negué con la cabeza. Comencé a revisar las mentes de los estudiantes muchos lo habían visto en los pasillos o en su locker, pero nadie se había fijado a donde iba. Minutos después, gracias a la señora Sweets lo encontré, platicando plácidamente con Sophia Jenkins en la biblioteca.

–Con Sophia –dije muy bajo y rápido como para que los humanos fueran capaces de escucharme. Emmett sonrió divertido, pero luego intento comportarse.

"¿cómo lo lleva?"

–creo que bien.

"¿se están portando bien?" pensó burlonamente

–está siendo prudente, está sentado lo suficientemente lejos. –comente para responderle su pregunta. Cuando la clase casi terminaba pude identificar fragmentos de pensamientos de Sophia.

–Vienen para acá –murmure y Emmett sonrió divertido. "bien" pensó sin levantarse. Sophia entró demasiado contenta al salón enganchada de un brazo de Ares. No estuvo tan feliz cuando tuvo que soltarlo, pero se resignó y se dirigió hasta el escritorio. Emmett observó atento que Ares llevaba colgada la mochila rosa de Sophia y dejó escapar una risa.

–me preguntaba si puede excusar a Ares Cullen, faltó a su clase porque estuvo ocupado en la dirección. ¡Estamos organizando el mejor baile de invierno! –dijo Sophia. "¡Hasta ha venido a justificarlo!" Emmett contuvo la respiración para no reírse. Permanecimos escuchando mientras hacíamos tiempo guardando los libros, a mí no me parecía en absoluto gracioso, pero para Emmett era lo más divertido del mundo.

Ares

Detestaba la escuela, nunca fui bueno en ella. Pero cuando pensaba en Sophia, incluso la algebra me parecía prodigiosa.

Me baje del bus tan feliz, que mi cara debió de desentonar con extravagancia respecto a las demás caras adormiladas que había a mi alrededor. Caminé y entré al instituto. Pensé en ir a mi locker, pero cambie de idea, decidí que mejor buscaría a Gen y a Sig, me di media vuelta y vi a todos mis "hermanos" unos metros detrás de mí, mirando las paredes "distraídos" ¡No les había bastado perseguirme clase tras clase… ahora me estaban siguiendo incluso en mis ratos libres!

Alice suspiró y se acercó a mí. Intente huir, pero fue en vano estuvo a mi lado rápidamente sin cansarse siquiera. –¡Que quieres! –espeté enojado

–Que hablemos –dijo relajada como si fuera normal –debemos estar unidos, somos hermanos –dijo intentando sujetar mi mano, pero yo las apreté y guarde en mis bolsillos evitando cualquier contacto.

–No tengo tiempo y no somos hermanos –murmure enfadado. Escuche como dejamos atrás a los demás, pero ella seguía caminando a mi lado. La mire enfadado.

–Yo… sé muchas cosas de Sophia Jenkins –dijo sugestivamente, le mire con suspicacia y ella sonrió. –hace unos días intente ver su futuro. –comentó frunciendo el entrecejo

–¿y? –pregunte sin entender

–No vi nada –dijo sonriendo, rodé los ojos enojado. –pero tampoco veo nada sobre ti. –me dijo aun siguiéndome. –Así que tengo una teoría

–¿no tenemos futuro? –pregunté sarcásticamente

–más bien pensaba que no lo veo ya sea para bien o para mal, porque tú estás en ese futuro. –dijo pensativa, la mire incrédulo y ella se encogió de hombros y dijo –Veo que no estas de humor. El timbre está apunto de sonar –dijo al mismo tiempo que el molesto ruido del timbre sonaba, se dio media vuelta y se fue rápidamente.

Me quede unos segundos parado junto a los casilleros ¿Qué quería decir con para bien o para mal? Sabía muy bien que era descabellado que me gustara una humana, pero de ningún modo haría algo que la lastimara. En toda mi vida nunca había consumido sangre humana, pero al parecer eso no les bastaba, porque mi vida para ellos era apenas un respiro.

Camine enfadado hacia algebra, ya no me parecía nada prodigiosa, lo único bueno de la clase era que Jasper nunca me hablaba. Me senté sin ganas y me perdí totalmente en la explicación. Intente animarme y pensar en mi tercera hora, pero Sophia no fue a clases.

Mientras el señor Mower tomaba asistencia le escuche murmurar "Jenkins… su padre dijo que estaba enferma" sentí algo de ansiedad cuando escuche eso. Incluso impaciencia. "solo tiene gripe" susurro la voz de Edward, me gire incrédulo Edward asintió, luego desvió la vista y me ignoro. Respire algo más tranquilo.

El día fue aburrido y algo malo sin ella aquí. En el receso Gen fue a hablar con Candace la encargada del Eco Club, cuando volvió enojado asumimos que no lo había conseguido. Sig sonrió –está bien Gen –dijo calmado –además hay otros clubs

–no, no está bien –dijo Gen refunfuñado. Sig y yo nos miramos dudosos y decidimos concentrarnos en nuestros almuerzos. –dijo que Sophia ya había hablado con ella –murmuró Gen enfadado, mientras me miraba –y… resulta que la boba Jenkins le dijo que los tres queríamos entrar al Eco Club. –Lo mire incrédulo y Gen suspiro cansado –intente decirle que la boba Jenkins se confundió, pero resulta que Candace no está dispuesta a que solo Freud entre, nos quiere a los tres.

–este… como decirlo, quizás no me explique. Pero no le digas boba, nos ayudó aunque dijo que no lo haría –murmure entre avergonzado y sorprendido.

–¡que no le diga boba… ella me puso Gen! –Masculló enojado, Sig asintió y me relató –íbamos en 8º grado y nos escuchó peleando sobre cuáles serían nuestros apodos y gritó muy fuerte "el de Gregory debería ser Gen" y como veras... todo el mundo le dice así. –dijo encogiéndose de hombros, Gen se encogió de hombros con indiferencia y me dijo:

–si quieres tú puedes decirle bobita –sugirió Gen sin humor.

–hoy ni siquiera vino –dije taciturnamente

–No te vas a morir por no verla un día –dijo Sig burlándose. Asentí y nos levantamos de la mesa. En gimnasia me caí menos veces que de costumbre, pero me sentía como si no hubiese dejado de caerme. El cuerpo entero me dolía. Camine al bus sin ganas y me baje igual. Tenía deberes que hacer pero después de comer me tire en mi cama y me quede allí unas cuatro horas, oculto entre un par de cobertores.

–corazón ¿no quieres merendar? –dijo mi mamá entrando a mi habitación, negué con la cabeza y me cobije de nuevo.

–¿te sientes mal? –dijo a mi lado quitándome el cobertor de la cabeza, toco mi frente y su gesto se tornó tenso.

–Tienes fiebre –afirmó con la mandíbula tensa.

–No, solo tengo frio –dije y mi voz salió ronca, me atragante con mis flemas y comencé a toser. Mi mamá se apresuró a sentarme como si me fuera a morir por toser un poco. Me mire y me di cuenta que estaba empapado en sudor. Intente cobijarme de nuevo cuando un escalofrió recorrió mi cuerpo, pero mi mamá me lo impidió. Apenas me entere cuando Carlisle entró en mi habitación.

–Su temperatura es baja –dijo tocando mi frente

–No para él, suele estar cerca de 15 grados –le contestó mi mamá intentando limpiarme el sudor con una toalla, parecía que me hubiese metido a la ducha y sin intentar secarme me hubiera tirado a la cama. Mi progenitor torció el gesto ¡claro! ahora hasta se enojaba porque me enfermara. Me cargó antes de que siquiera yo me diera cuenta y bajo conmigo en su espalda.

–Estas frio –me queje tiritando mientras Carlisle me recostaba en su estúpida camilla, me había sacado de mi cómoda cama, para ponerme en su camilla ¡en su fea camilla! Su rostro aún no se relajaba, de hecho en su frente se habían formado un par de arrugas.

–Te pondré una intravenosa –dijo acercándose a mí, mire con atención la aguja –es para el suero –me dijo como si me interesara, entrecruce mis brazos intentando esconder mis manos. Sonrió pero las arrugas en su frente no desaparecieron.

–no quiero que te vayas a deshidratar, solo será un pinchazo –dijo intentando convencerme.

–Estoy bastante hidratado –dije eso era obvio, incluso hasta desparramaba agua. Mi mamá me puso una toalla húmeda en la cabeza, también estaba fría. Me queje pero me ignoraron.

–Solo un pequeño pinchazo –insistió Carlisle parecía tan convencido que le creí, pero fue mentira. La primera aguja se rompió y me pincho nuevamente. –Lo siento –se disculpó, intente fulminarlo con la mirada, pero me sentía un tanto aturdido. Carlisle me hizo tomar pastillas que me pusieron grogui y después me durmieron.

Cuando abrí los ojos no parecía haber pasado mucho tiempo, la garganta me dolía y me sentía adormilado, aunque el dolor muscular había disminuido. Me mire estaba cubierto con una sábana, pero tenía mi pijama puesta. Fruncí el entrecejo cuando me di cuenta que no olía feo como debería de oler, después de lo que había sudado, más bien olía a shampoo de menta y a jabón de flores, como cuando era niño y… ¡mi mamá me bañaba! decidí no mencionarlo para no avergonzarme.

–Hola –me saludo Carlisle con una gran sonrisa –¿te duele algo? –me pregunto. Recorrí la habitación con la mirada en busca de mi mamá. Pero estábamos solos.

–No –mentí pero mi voz ronca me delato, me miro ceñudo, pero luego sonrió divertido

–Déjame ver –pidió sosteniendo un abatelenguas y golpeando un extremo de la camilla pidiéndome que me sentara. No quería, pero Carlisle no parecía tener intenciones de moverse, rodé los ojos y me senté enojado.

–No parece inflamada, te pondrás bien –me aseguró

–¿y mi mamá? –pregunte intentando controlar mi voz. Me sonrió y me dijo

–escuche que iba a cocinar una sopa de verduras –dijo provocando que el estómago me diera un vuelco, me acosté nuevamente y me tape con la sabana completamente.

–dile que fallecí

–¡Ares! –escuche a mi mamá regañarme desde la cocina, bufe y Carlisle se rió. Sentí como algo presionó tenuemente mi cabeza, era frio pero lo había sentido millones de veces, cuando mi mamá me besaba. Para cuando quise quejarme y me quite la sabana Carlisle ya no estaba en su hospital clandestino. Escuche algunos pasos alejarse y luego lo escuche hablar.

–está mejor, iré al hospital

–Bien –contesto mi madre y pude lograr escuchar un molesto besuqueo

–En dos horas dale dicloxacilina –abrace mi brazo, porque no sabía que era pero tenía un nombre horrible, fue entonces cuando me di cuenta que ya no tenía la molesta aguja en mi mano.

–Si –le contesto mi madre animada. Me cruce de brazos enojado, me levante e intente escabullirme a mi habitación, pero cuando estaba al pie de las escaleras, en una fracción de segundo la sala se atiborró de hermanos postizos, bufe enojado, siempre interfiriendo con mis planes.

–¿a dónde crees que vas? –me preguntó mi mamá. Me gire y la vi parada junto el sofá, con una charola de plata en las manos, en la cual llevaba un cuenco humeante de sopa y un jugo verde muy poco apetecible. Caminó al centro de la sala colocando la bandeja en la pequeña mesa.

–Siéntate –me dijo sentándose en un sofá

–en realidad tengo muchos deberes ¡si los deberes! –dije intentando escaparme

–primero tienes que comer, además tienes todo el fin de semana para hacer tus deberes

–¿Qué? –pregunte confundido según yo era jueves, mire a Alice que era la que solía vestirse más extraño, hoy llevaba una cazadora diferente. –¿qué día es? –pregunte extrañado

–viernes. Has dormido casi todo el día –me dijo mi mamá –y ayer no cenaste, así que siéntate y comete tu sopa –me regaño, me senté en el suelo resignado, tome el cuenco y me queje hasta que me lo acabe. En cuanto al jugo… espere a que mi mamá se levantara y se llevara la charola con el cuenco vacío.

–Tú dijiste que querías ser mi hermana –dije ofreciéndoselo a Alice, me miró ceñuda y negó con la cabeza, dando un paso hacia atrás. Me levante y la seguí pero la infeliz se fue en un segundo. Me gire observando a los que todavía estaban en la sala de estar, pero mi madre volvió y se sentó en el sofá vigilándome, así que me rendí e intente bebérmelo de un sorbo aunque necesite tres para terminármelo.

Mi fin de semana consistió en hacer tarea, en tener a mi mamá encima vigilando que yo no fuera a tener ¡una repentina recaída! En Emmett burlándose de ello y hasta Carlisle burlándose de mi tarea y diciéndome "el calcáneo, no es parte del cráneo."

El lunes Sophia no fue a literatura, conforme el tiempo avanzaba la angustia crecía ¿seguiría enferma? Pase por mis primeras clases sin ser consiente del todo. En el receso las cosas cambiaron cuando Gen me golpeo el brazo y me dijo:

–¡te estoy hablando!

–ah si te estoy escuchando –mentí y puso los ojos en blanco. Suspiro y mordió su hamburguesa me miro evaluándome masticando con lentitud, tragó y por fin me dijo discretamente –Tu bobita te está viendo –mi cabeza casi gira 180° buscando la mesa de Sophia, Gen suspiro y dijo –y esa es la mirada menos disimulada del mundo. –Sig se burló

Recorrí cada rostro de la mesa atestada de gente, hasta que la vi. Allí estaba ella con su cabello rubio hecho bola y atado desordenadamente, con pantalones deportivos y una playera, su piel de porcelana hoy carecía de maquillaje. Era tan hermosa. Desee que mis ojos fuesen capaces de poder verla con claridad aunque estuviera lejos, forcé mis ojos y vi detalles que pase por alto, estaba pálida no tanto como yo pero lo estaba, tenía unas pequeñas ojeras apenas visibles.

Su mirada se enfocó en mí y sus labios se curvaron con satisfacción. Trague saliva. El timbre sonó y los que quedaban en la cafetería comenzaron a levantarse de sus mesas, Sophia no se movió así que yo decidí que tampoco lo haría. Me volví rápidamente.

–Yo… los alcanzo luego –dije provocando que Gen se riera con sorna, se levantó de la mesa y se llevó a Sig con él. Gire de nuevo para ver a Sophia, pero su mesa estaba completamente vacía, el corazón me dio un vuelco de desconcierto. Me puse de pie incrédulo. ¿Se había ido?

–Tus amigos te han dejado –dijo su aterciopelada voz detrás de mí, una sonrisa de estúpido se adueñó de mi rostro. Me gire y asentí. Estire mi mano pidiéndole el libro que llevaba en las manos. Sus mejillas se tiñeron de un tono rosado, haciendo que yo desviara la mirada para evitar verla.

–Solo es un libro –murmuro avergonzada

–Igual yo lo llevo –insistí, dudo un segundo pero luego cedió

–Bueno, pero no lo pierdas. –me dijo entregándome el libro, negué con la cabeza divertido. Caminamos despacio hacia la salida, de la cafetería ahora ya vacía.

–¿Qué clase tienes? –me preguntó cuando abrí la puerta para salir. El aire afuera era frio, pero no hacia viento y el piso estaba bastante seco, aunque las nubes no podían estar más grises, pero era un clima bueno.

–Arte –conteste y frunció el entrecejo –¿Qué? –pregunte y negó con la cabeza

–¿Qué hiciste tu fin de semana? –indagó

–algo de tarea y recibí una catedra de calcadnos y maxilares

–tú no quisiste decir… ¿calcáneos? –me preguntó avergonzándome, tantas horas de discusión y le cambiaba el nombre al hueso.

–Ah sí… eso –dije avergonzado –¿y tú que hiciste? –pregunte apresurado por desviar el tema.

–me pregunto… ¿porque te habrán dado esa catedra? –insistió sarcásticamente, suspire desmoralizado

–vieron mi tarea y se dieron cuenta que clasifique mal los huesos. –dije encogiéndome de hombros.

–tu… no eres muy listo ¿verdad? –dedujo intrigada. No quería que pensara que era un tarado, pero tampoco me iba a servir de mucho decir mentiras.

–pues no me gusta exagerar –conteste y ella soltó una pequeña risa.

–¿mis desgracias son tan divertidas? –pregunte y negó con la cabeza, suspire aliviado

–pero tu si lo eres –me dijo sonriendo, fruncí bastante el gesto y la mire incrédulo. ¿Ella también?

–eso si me hace sentir mejor –le dije, pero ella no dejo de sonreír. Se adelantó y se paró frente a mí frenándome.

–oye la gente no tiene por qué ser perfecta –me susurró, la mire incrédulo eso era fácil para ella más perfecta no podía ser. –Anda sonríe –me pidió acercando sus manos a mi rostro, me pellizco ambas mejillas intentando hacerme sonreír, su piel era suave y cálida al tacto.

Quería enojarme con ella pero simplemente no podía. Mire sus ojos azules tan profundos y difíciles de descifrar. Creí que mi corazón latía de una manera completamente anormal, pero pronto comprendí que no era eso, lo que sucedía era que eran dos corazones.

¿Era esto posible? ¿Ella podía sentir lo mismo que yo? El golpeteo acelerado continuo como respuesta. Sonreí incrédulo y fascinado. ¿A esto se refería Alice con que yo estaba en su futuro? De pronto Alice me caía menos mal. Sophia me devolvió la sonrisa y se giró reanudando la marcha.

–Llegaremos tarde –musitó muy bajo, pero la escuche a la perfección, sonreí y me apresure para alcanzarla.

Entre al salón al mismo tiempo que la campana sonaba, para mí fue una entrada bastante genial y exacta, pero la señora Millett me miró con cierto dejo de molestia en el rostro. Me senté en mi lugar y al hacerlo me di cuenta que aún tenía el libro de Sophia.

La clase de gimnasia fue horrible por eso en cuanto terminó corrí a los vestidores y comencé a cambiarme.

Escuché la voz de Gen murmurar disgustado acerca de balones y redes, estaba sentado esperando a que su hermano terminara de cambiarse para salir juntos. Mientras me ponía mi playera, su humor cambio radicalmente. Soltó una estruendosa carcajada, lo mire sorprendido como casi todos en los vestidores. Sig arqueó una ceja y se encogió de hombros.

Gen respiro en busca de aire –¿estás leyendo Bajo la misma Estrella? –logró preguntar agitando el libro, sentí el calor de la sangre aglomerándose en mi rostro, negué con la cabeza avergonzado.

–Es de Sophia –le conteste arrebatándole el libro. Gen sonrió de lado burlonamente. Me apresure a guardar la ropa que usaba para la clase en mi mochila de deportes.

–¿él sale con sofí? –preguntó morbosamente un chico al otro extremo de los vestidores

–creo que les he visto juntos, pero no pensé…

–ella no saldría con alguien… como él. –comentó un tercero destilando rabia en la voz. Mire mal a Gen. Pero él no se percató porque les observaba como si se trataran de las más repugnantes sabandijas. Ninguno de los chicos fue capaz de sostenerle la mirada, sus ojos azabaches destilaron una cantidad de odio inconmensurable que incluso a mí me abrumo. Si él hubiera tenido esa mirada cuando yo les robé la mesa en la cafetería, nunca me hubiese sentado. Los chicos se apresuraron a salir caminando según ellos muy masculinos.

–¿hoy pedimos pizza? –preguntó Sig totalmente ausente de lo que ocurría

–seh –dijo Gen relajándose –pero yo elijo

–¿eh? Pero sin champiñones –rogó Sig

–Claro con champiñones –dijo Gen levantándose

–¡no! –se quejó Sig

–am… yo los veo mañana voy a ver si alcanzo a Sophia… para darle su libro –dije sonrojándome, así que me gire rápidamente para que no pudieran burlarse.

–Ok –dijeron al unísono, me reí cuando hacían eso hasta ellos mismos parecían asustarse. Salí de los vestidores y me detuve en el vestíbulo, mire hacia el aparcamiento por las ventanas, nunca la había visto subir a algún bus, así que deduje que tenía su propio auto. Había bastantes autos saliendo del estacionamiento y dirigiéndose al cruce para salir a la carretera, quizás ya se había ido.

–¿a quién buscas? –me preguntó a mi lado. Me sobresalte y gire mi cabeza incrédulamente. Sophia me imitó y miró por la ventana.

–ejem… a Gen –mentí

–oh… debe estar guardando el material, si es que aún no se va. –dijo abriendo su mochila y guardando la carpeta que llevaba en el brazo. Sonreí.

–No lo perdí –le dije mostrándole el libro, sonrió y negó con la cabeza.

–Eso sí que es sorprendente –murmuró sonriendo mientras lo tomaba para guardarlo también. Nos miramos nerviosos.

–Debería irme el bus me dejara –dije al fin acomodándome la mochila.

–Yo creo que ya te ha dejado –dijo burlonamente mientras me señalaba la fila de buses escolares que estaba yéndose en ese momento.

–oh… –dije cuando me di cuenta que aunque corriera con todas mis fuerzas no llegaría a tiempo.

–tus… bueno ellos aún no se van ¿pueden llevarte no? –dijo mirando a Emmett y Rosalie. Negué con la cabeza mostrando el disgusto y vergüenza que me ocasionaba la simple idea de ir y decirles "me dejo el bus ¿me llevan a la casa?"

–Llamare a mamá –murmuré mientras sacaba el móvil de mi bolsillo, ella detuvo mi mano antes de que pudiera desbloquear el teléfono.

–si me esperas unos minutos yo puedo llevarte. –me ofreció gentilmente, lo sopese unos segundos pensando si eso me haría quedar mal, pero lo único que concluí era que significaba más tiempo con ella. Asentí –eso estaría bien –dije y ella sonrió.

–Bueno ya regreso –dijo cargándome su mochila, casi se me cae pero intente fingir que fue porque me tomo desprevenido. –Solo voy a la dirección un momento –dijo un tanto ansiosa.

–Vale –dije acomodándome su mochila. Mire por la ventana Emmett y Rosalie aún no se iban, pero el auto de Edward no estaba en el estacionamiento. Sophia regreso al poco rato sonriendo, asintió y salimos del edificio.

El aparcamiento aún no estaba vacío por completo, los pocos que quedaban incluyendo a "mis hermanos" y al licántropo nos observaron como si fuésemos un meteorito atravesando el aparcamiento. Sophia no pareció incomoda al respecto.

–Es este –dijo señalando un sentra de cuatro puertas, color guinda. Lo desbloqueó y se subió antes de que yo pudiera pensar o recordar que debía abrirle la puerta. Abrí la puerta trasera y deje nuestras mochilas dentro. Después me acomode en el asiento del copiloto. Intente ocultar mi nerviosismo concentrándome en lo que hacía como cerrar la puerta, ponerme el cinturón. Cuando al fin termine me anime a verla, ella me miraba divertida.

–puedes confiar en mi conducción ¿sabes? –dijo divertida mientras arrancaba, la mire sin entender, fue entonces cuando me di cuenta que ella había notado a la perfección mi nerviosismo, pero lo había atribuido a la razón incorrecta.

–lo sé –dije seguro, me lanzó una mirada fugaz llena de perspicacia, antes de concentrarse de nuevo en el camino.

–¿puedo preguntarte algo? –inquirió con interés

–Por supuesto –conteste solemnemente, me miró divertida y se concentró de nuevo en la carretera.

–¿Por qué…? –dudó y suspiró.

–¿Por qué… –dije incitándola a continuar

–¿Por qué no te agradan tus hermanos adoptivos? –preguntó mirándome de reojo. Su pregunta me sorprendió un poco, pero era una pregunta bastante predecible, lo sopese un momento y pensé en la respuesta que más se acercara a la realidad.

–pues… sucede que… son diferentes

–Es la tercera vez que me dices eso –me dijo algo disgustada.

–¿que? –pregunte incrédulo

–que son diferentes o raros. ¿Cuándo dices eso a que te refieres? ¿Hablas de que están juntos? –me pregunto de golpe. Lo sopese cuidadosamente. Eso al principio me alarmo, hasta que comprendí que bueno después de todo mi familia no era una familia muy normal que digamos.

–No, no es eso.

–¿entonces? –me preguntó con duda

–mi familia no es común… somos diferentes. –dije lo mismo por cuarta vez. Apreté los ojos frustrado. Deseaba tanto no tener que decirle las cosas a medias. Alice había dicho que ella estaba en mi futuro ¿no? Supe lo que tenía que hacer. Se sorprendería mucho, pero yo no podía asegurar que ella quisiera estar en mi futuro si le mentía.

–Oh –dijo burlona.

–No hablo de los autos lujosos –dije serio

–¿no? –pregunto sarcástica. Negué con la cabeza y ratifique con la voz.

–No. –suspire tomando aire y lo solté –En realidad no somos humanos

–¿entonces qué? ¿Son robots? –bromeó

–no, algo similar, pero… más grotesco –dije inseguro, Sophia dejo de tomarlo como un juego y me miró seria. Me observó durante unos segundos y luego se concentró al frente de nuevo.

–¿qué son? –me pregunto al fin. Mire alrededor como si en el auto en movimiento aun corriera riesgo de que alguien nos escuchara

–Vampiros –dije serio. La carcajada de Sophia fue enorme. En otro momento yo me hubiese deleitado con el sonido de su risa. Pero ahora mismo no. Ella no me creía.

–¡qué dices Ares! –dijo aun sonriendo, aparto una de sus manos del volante y toco mi frente haciéndome sudar y sonrojarme –¿te sientes bien? –me pregunto aun divertida

–Sí estoy bien… y no estoy bromeando –dije serio. Sabía que sonaba disparatado, pero lo que le decía era cierto.

–ya… está bien. Si no quieres contarme está bien, lo entiendo. –dijo alejando su mano y colocándola en la palanca de cambios.

–Pero… –rechiste incrédulo

–si quieres hablar de ello –dijo dedicándome una sonrisa. –aquí estaré

Asentí desganado, ya había hablado solo que ella no quería creerme. Miré por el parabrisas mojado porque el verde al lado del camino me resultaba abrumador. Alcance a ver el pino donde esperaba el bus en las mañanas, no me había preguntado donde vivía y sin embargo estaba siguiendo el camino correcto.

–¿sabes dónde vivo? –pregunte extrañado, ella sonrió divertida

–tu casa no es una construcción muy discreta que digamos. –dijo como respuesta.

–Ah –dije sintiéndome torpe.

–además… tus hermanos nos siguen así que supongo que es el camino correcto. –cuando dijo eso me helé completamente, me gire abruptamente para comprobar lo que ya podía imaginarme, el auto rojo de Rosalie nos seguía a una distancia considerable, pero suficiente como para oírnos.

–¿hace cuánto? –pregunte nervioso

–no eres muy observador ¿verdad? –Comentó burlonamente, pero cuando observó mi rostro me respondió –desde que salimos del estacionamiento –supe de inmediato que nos habían escuchado.

–¿ocurre algo? –me preguntó mirando por el espejo retrovisor.

–No nada –mentí mientras cogía mi mochila del asiento trasero, Sophia me miro perspicazmente y asintió, detuvo el auto frente a la casa. No me agradaba tener que bajarme y separarme de Sophia, además seguramente Emmett estaría feliz de acusarme.

–Llegamos –me anunció por si no me había dado cuenta. Suspire y me decidí iba a morir pero lo haría feliz. Me acerque y le di un beso en la mejilla. Yo estaba rojo y ella también, pero no importaba porque el ardor que sentía en la garganta pasó a segundo plano cuando logre escuchar el golpeteo acelerado de su corazón.

–Te veo mañana –afirme y Sophia asintió sorprendida. –Y gracias… por traerme –dije mientras salía del auto, asintió y me sonrió.

–Hasta mañana –dijo sonriendo, se giró y arrancó su auto, mientras el de Rosalie se estacionaba apenas. Corrí hacia dentro como si eso me fuera a proporcionar alguna especie de protección.

–¡maldito! –gruñó bajándose del auto. Alcance a llegar a la cocina antes de que Rosalie me detuviera del gorro de la sudadera

–¿qué ocurre? –Preguntó mi mamá preocupada –Rose ¡déjalo! –dijo regañándola cuando vio la escena.

–¡se lo dijo! ¡Le dijo lo que somos! –dijo sin soltarme y zarandeándome. Mi mamá me miró incrédula y pronto en la cocina estuvieron el resto de mis hermanos postizos. Edward se apresuró y salió corriendo para alcanzar a Sophia.

–yo… ¡ella no me creyó! –dije alarmado cuando vi que Emmett le siguió. Intente relajarme, ellos no podían hacerle nada, se suponía que no lastimaban a los humanos.

–¿qué le dijo? –preguntó Jasper como si yo no siguiera allí, de puntillas sujeto por tres dedos de Rosalie

–Que somos… –rodó los ojos furiosa y pronunció la palabra con desdén –vampiros.

–Pero no me creyó –dije intentando soltarme y perseguir a Emmett y a Edward –a ella le pareció más creíble que fuésemos robots.

–¿qué ocurre? –preguntó Carlisle desde el marco de la puerta.

–le dijo todo a Sophia Jenkins

–¿quieres que te haga un cartel para que lo sigas divulgado? –le espete enojado a Rosalie. Me miró con sorna y tomó mi sudadera con el puño entero.

–Rosalie contrólate, por favor. –pidió Carlisle calmado. Me soltó enojada, mi progenitor suspiró y se sentó en el comedor, miró a los demás esperando que le imitaran y cuando lo hicieron dirigió su mirada a mí, yo me reúse a sentarme.

–¿qué ocurre? –dijo sin alterarse y con infinita paciencia, pensé en cómo debería decirlo para no dejarme tan mal, pero Rosalie se adelantó y espetó:

–Sophia lo trajo a casa y él en el camino decidió comentarle que somos diferentes, porque somos vampiros. –rechine los dientes molesto

–¡ni siquiera me creyó! –grite cruzándome de brazos. Carlisle asintió meditándolo.

–Entiendo –dijo mi progenitor tranquilo

–No lo puedo creer –murmuró Rosalie indignada –nos ha puesto en riesgo y no le dirás nada.

–Rose él no conoce los riesgos –le dijo mi madre. Hubo un sonido ligero de Edward al caer en el piso de pie, Emmett lo hizo después con una sonrisa burlona en el rostro.

–No le ha creído –afirmó Edward y rodé los ojos. Eso yo ya lo había dicho. En la cocina todos parecieron relajarse excepto Rosalie

–¿Por qué tardaste tanto? –reclamó

–tuve que esperar a que bajara del auto para poder leer su mente.

–eres un sin vergüenza –me dijo Emmett divertido –la dejaste totalmente impregnada con tu olor.

–era el auto Emmett, no ella –dijo Edward frunciendo los labios para ocultar su risa.

–Ah –dijo Emmett decepcionado.

Carlisle se puso de pie y me dijo –ven Ares –iba a ignorarlo, pero una mirada rápida a la cocina me basto para percatarme de que nadie me miraba con buen humor. Decidí seguirlo para no tentar más mi suerte. Dimos un par de pasos pero no conseguimos salir de la cocina.

–¿en serio eso es todo? –protestó Rosalie, Carlisle le miró serio y asintió haciéndola rabiar.

–Edward ha dicho que no hay riesgo y… en estos momentos no es nuestro mayor problema –lanzó una mirada fugaz a Alice, la cual había estado todo el tiempo con la mirada perdida y… callada, eso era raro.

–Vamos –dijo Carlisle mirándome y tomando la mano de mi mamá. Los seguí al estudio. Mi mamá soltó un gran suspiro. –¿qué voy a hacer contigo? –Murmuró pasando un brazo por mis hombros, observe atentamente su rostro, no estaba precisamente feliz, más bien parecía avergonzada por mi comportamiento –debí haberte hablado sobre las reglas de los Volturi antes –dijo negando con la cabeza.

–Lo haremos ahora –dijo Carlisle desbordando tranquilidad, comprensión y paciencia. Me senté en la silla que me gustaba mientras Carlisle sacaba gruesos libros de una estantería, apenas podía con la Historia del Mundo que me enseñaban en la escuela y ahora tenía una nueva materia decidí llamarla "Historia somnífera de vampiros" Carlisle hablaba incluso sobre otros milenios, no lo hice apropósito pero me quede dormido en su cómoda silla.

Cuando abrí los ojos estaba recostado en mi cama, escuche la voz de mi progenitor hablando en el piso de abajo.

–No podemos bajar la guardia, nos mantendremos fuertes –dijo en un tono neutral y tranquilo, todo permaneció en silencio durante casi un minuto. Después Carlisle habló menos serio –en cuanto a lo de Ares ya sabíamos que esto podía pasar.

–Eso es cierto –dijo Alice soñadoramente –¡creo que pronto nos la presentara!

–Creí que no podías ver nada –espetó Rosalie enfurruñada

–Y no lo hago, es más bien… intuición –le contestó Alice

–también podría matarla sin querer y arruinarlo todo. –Comentó Rosalie con voz monótona –esa es mi intuición. –Alice bufó disgustada.

Me hice un ovillo en mi cama, odiaba a Rosalie pero ¿y si tenía razón? ¡No! en ese caso Sophia podría huir de mí antes de que yo le hiciera algo. ¿Y si se quedara petrificada y no huyera? En ese caso. ¿Mi ponzoña la mataría o la convertiría? Y si ella se convertía ¿me odiaría? Ella ya era más fuerte que yo y si la convirtiera ¡seria aún mucho más fuerte que yo! Agite mi cabeza intentando dejar de imaginarme cosas. Ni siquiera éramos nada y yo ya estaba pensando en nuestro divorcio.

No tenía por qué pasar nada malo si yo la convencía que tenía que huir de mí, si se llegaba a dar el caso… de que yo intentara morderla. Asentí decidido. Iba a tener que darle pruebas… pero esta vez sería más cuidadoso.

Edward

Los días avanzaban careciendo de monotonía, con Ares nunca sabíamos de qué humor despertaría que se le ocurriría y mucho menos lo que haría. Carlisle estaba a gusto con ello, cada día estaba más fascinado con Ares, incluso de simplezas como que odiara el brócoli o le gustara el helado.

El ambiente tranquilo cambio el lunes durante el almuerzo. La cafetería estaba atestada de gente, intentaba mantener al margen todas las voces que no dejaban de parlotear en mi cabeza, para ello me concentre en lo que Alice hablaba con Jacob y Renesmee acerca de una futura remodelación a su cabaña. "¡Una remodelación! Esme estará feliz con esto" pensó Alice feliz.

Gire mi rostro para ver a Ares, como siempre estaba con los chicos Millett... hablando de la comida, gire mi rostro nuevamente a nuestra mesa. "Además esta es su primera remodelación desde que volvió ¡va a ser algo bueno! Le preguntare si…" pensó Alice, pero sus pensamientos se vieron frenados por una visión.

Era borrosa pero logró ver un grupo individuos, frunció el entrecejo mientras la visión se volvía más nítida "Entonces está decidido, cazaremos a los Cullen" afirmó él más alto y corpulento. La visión se desvaneció.

–¿qué ocurre? –preguntó Bella

–una visión –murmure hablando rápidamente y demasiado bajo. "¿Es algo relacionado con…" pensó Rosalie, en sus pensamientos vi imágenes de Ares y Sophia.

–No –negué firmemente, me incorpore y me encamine para salir de la enorme estancia. Todos me siguieron hasta el estacionamiento. De momento sin casi ningún humano, era el lugar más seguro para hablar.

–Alice vio algo… –dije al llegar donde solíamos aparcar los autos. Alice asintió y dijo:

–No estoy segura de lo que significa –musitó meditabunda –pero hay un grupo de personas que nos atacaran, no logre ver con qué fin.

–¿será cosa de los Volturi? –pregunto Jasper

–no vi a nadie conocido. –respondió Alice dudando que los Volturi estuvieran implicados.

–quizás… están interesados en el territorio. –murmuró Bella

–Sea lo que sea tenemos que decírselo a Carlisle –dije abriendo la puerta del auto para que Bella entrara. "Será raro si todos nos vamos" pensó Rosalie después murmuró –nosotros nos quedaremos y vigilaremos a Ares –asentí de acuerdo, Alice subió al asiento trasero y Jasper la siguió.

"iremos en cuanto las clases acaben" aseguró Jacob, asentí nuevamente y arranque el auto. No tardamos en llegar al pequeño hospital del pueblo, estacione el auto cerca de la entrada.

–Solo vayan tú y Alice –me dijo Bella –todos juntos llamaremos demasiado la atención. –asentí y descendí del auto. Nos encaminamos hacia el hospital bajo la llovizna. Encontré fácilmente la conocida voz de mi padre, en el área de descanso fingiendo tomar café.

–Esta con otro médico… toman café –musite y Alice asintió

–Esperemos –musitó, Carlisle reconoció nuestras voces y supo que algo ocurría, fingió recordar que había olvidado revisar a su único paciente y se disculpó.

–es tarde debo revisar a la señora Carrasco, quizá ya esté lista para el alta –le comentó al padre de los Millett "que irresponsable, debió haberle dado el alta hace bastantes horas" pensó el Dr. Millett

–Será mejor que te des prisa –le dijo dando un sorbo a su café.

–Si –dijo mi padre saliendo del área de descanso. Nos encontró sentados en la minúscula sala de espera. Nos observó intranquilo. "¿Ares…?" pensó

–¿qué ocurre? –preguntó preocupado

–Él está bien –dije tranquilizándolo, asintió y aguardo para escucharnos con atención. Alice organizo sus ideas e intento ser lo más concisa posible.

–tuve una visión, un clan quiere cazarnos no sé cuándo, porque o como –dijo Alice frustrada –creo que Ares está nublando mi visión. –Carlisle asintió sopesándolo, pero después del gran alivio que sentía porque Ares estuviera bien, nada parecía tener el poder para alterarlo.

–Entiendo iré a casa en cuanto pueda –aseguró. Asentí y Alice dijo:

–bien te esperaremos allí.

Volvimos a casa antes de que las clases terminaran, Alice permaneció las siguientes tres horas concentrándose en intentar ver algo, pero no funcionaba. Intentó alejándose de casa y lo único que logró fue tener la misma visión borrosa.

Mientras esperábamos Jasper le comentó lo que ocurría a Esme, mi madre se sintió intranquila. Pero se tranquilizó cuando observó uno a uno nuestros rostros –estaremos juntos. –dijo valientemente

El bus escolar no se detuvo para que Ares bajara. Mi madre observó al bus escolar alejarse y comenzó a sentirse ansiosa. –Rosalie y Emmett se quedaron vigilándolo es posible que este con ellos –dijo Jasper tranquilizándola, Esme asintió y permaneció esperando.

No paso mucho tiempo hasta, que comencé a escuchar la voz enfadada de Rosalie espetando insultos hacia Ares. En los pensamientos de Emmett pude ver lo que ocurría… Ares le había dicho la verdad a Sophia. Esto no era bueno, ahora teníamos un inconveniente extra, apreté los ojos disgustado.

El auto de segunda mano de Sophia se detuvo frente a la casa, Ares se despidió apresuradamente y arriesgándose a sobre manera, contra toda lógica existente besó a Sophia en la mejilla, después bajó del auto y entró a casa huyendo de Rosalie a sabiendas de que no podía estar más enojada con él.

Rosalie lo tomó de la sudadera holgada y lo arrastró hasta Esme –¡se lo dijo! ¡Le dijo lo que somos! –acusó con furia. Busque la voz de Sophia para saber que estaba pensando… pero nada. Salí y la seguí entre la espesa maleza al lado del camino. Emmett hizo lo mismo "Debiste haberlo oído le dijo somos Vampiros como si le diera la hora. ¿Qué está pensando la chica?" me preguntó.

–no escucho nada, creo que es por el olor de Ares. –Espeté frustrado –hay que adelantarnos. –dije acelerando el paso y dirigiéndome a la casa de Sophia Jenkins, una construcción situada casi a las afueras del pueblo, era una casa pequeña y de una sola planta, color café, rodeada por un jardín apagado y descuidado.

Nos detuvimos tres kilómetros antes de llegar, la ubicación de la casa nos ofrecía la ventaja de permanecer ocultos en el bosque. Trepamos a la cima de un árbol con follaje espeso, apenas unos siete metros de alto, pero era un buen punto de observación sin arriesgarnos a ser vistos.

Esperamos a que Sophia llegase pero el bus escolar lo hizo primero, descendieron un par de niños corriendo hacia casas aledañas, entre ellos Athena Jenkins, la hermana menor de Sophia. Su infantil mente solo pensaba en comida chatarra y en que había en su alacena. Tuvo una gran decepción cuando giró la perilla y encontró la puerta cerrada, miró alrededor dándose cuenta que no había ningún auto en la casa, hizo un puchero y se sentó en los escalones que había en el porche. Sophia llego en seguida, aun sin que yo pudiera leer su mente.

–¡te acusare! –le gruñó la niña levantándose

–Vale –le contestó sonriendo mientras descendía del auto, en cuanto lo hizo su mente estuvo nuevamente a mi alcance. "¡Casi te besa!" "¡Sophia tonta! no debiste burlarte de su historia, estaba muy nervioso y por eso decía incoherencias, aunque que imaginación tiene" "probablemente estaba intentando impresionarte"

–¡te estoy amenazando, no digas vale! –le chilló su hermana "enfócate Sophia enfócate, si no alimentas a la enana seguro te acusara de dejarla esperando afuera"

–Ya, ya lo siento –dijo palmeándole la cabeza –¿tienes hambre?

–Si bastante –admitió Athena, Sophia asintió y abrió la puerta.

–no le creyó. –musite "entonces… ¿qué piensa?" pensó Emmett

–cree que Ares estaba intentando impresionarla… y que tiene una gran imaginación. –dije aliviado "deberíamos volver, Rose se ha quedado muy cabreada" pensó Emmett, revise una vez más la mente de Sophia, estaba concentrada cocinando, no estaba alterada en lo más mínimo. Asentí convencido, salte para descender del árbol y corrimos a casa.

Llegamos cuando los nervios de Rosalie estaban al borde del colapso. –No le ha creído –asegure poniendo fin a la angustia que había en la habitación, sin embargo quedo algo de enojo en Rosalie y Jasper.

Por ello Carlisle consideró oportuno hablarle a Ares sobre lo que podía o no podía revelar. Quiso ponerlo al tanto de lo que Esme no le había dicho.

Lo llevo a su estudio y Ares se acomodó en la silla de Carlisle y comenzó a jugar en ella. Tomó un montón de hojas en blanco, cuando se dio cuenta que Carlisle sacaba libros. Los primeros minutos estuvo tan atento que creí que comenzaba a comprender la gravedad de lo que había hecho al confesar lo que éramos, pero no aguanto despierto ni media hora una vez que Carlisle comenzó a contarle acerca de los Volturi.

–Se ha dormido –dijo Carlisle pasmado e incrédulo mientras veía como Ares se había dormido sentado, con la cabeza sobre su escritorio.

–Quizás… fue demasiada información –murmuró Esme un poco avergonzada, se encogió de hombros y acaricio el cabello castaño de Ares –espero que no hagas esto en la escuela, cariño. –murmuró. Carlisle sonrió maravillado con la escena, se acercó y le dio un beso a mi madre con infinito amor, luego se volvió y sonrió al ver a Ares –Lo llevare arriba –le dijo a mi madre.

La noche fue larga, Alice y Jasper fueron de cacería. Alice aprovechó para alejarse bastantes kilómetros e intentar ver algo nuevo. No lo logro, pero pudo ver un fragmento del futuro de Sophia Jenkins… planificando su atuendo. No era mucho pero Alice enloqueció cuando pudo ver el futuro de la chica por primera vez.

Ares

Desperté revolviéndome entre el edredón, todavía no amanecía por completo, los grandes ventanales de mi habitación me dejaban ver el bosque aun oscuro, en enrolle y me cubrí la cabeza buscando la oscuridad para seguir durmiendo. Afuera un trueno estridente sonó, retumbando como si el cielo se estuviera rompiendo. Corrección. El cielo se rompía, el agua comenzó a caer con ganas, me removí incomodo por el ruido, ya había dormido más que suficiente pero no tenía ganas de levantarme.

Frustrado después de un rato me levante y camine al baño. Entre a la tina sin ganas y me lave aflojerado, cuando el agua caliente se hubo enfriado más de la cuenta, salí apurado por vestirme rápidamente y no pasar frio.

Baje las escaleras concentrado en cada escalón, en la sala de estar estaban Emmett y Jasper visiblemente aburridos, supongo que sin poder dormir sus vidas debían resultarles aburridas. Los ojos de Emmett destellaron cuando se giró para verme, sus labios se curvaron.

–¿tomándote tu tiempo en la ducha? –me preguntó burlonamente.

–¿ah? –pregunte sin entender. Jasper sonrió y caí a la cuenta rápidamente de lo que Emmett insinuaba. Contuve mis no muy educadas palabras dentro de mí y me fui a la cocina enojado.

–¿viste la cara que puso? –le preguntó a Jasper entre carcajadas.

–No en realidad –le contesto Jasper. Bufe disgustado. Carlisle me sonrió y se volvió para ver como mi mamá hacia pan francés. Me senté y desayune escuchando como Emmett seguía burlándose de mí. Suspire cansado, cerré mis ojos resignado y tome un sorbo de mi chocolate caliente.

Cuando abrí los ojos, la cara de Alice estaba frente a mí mirándome como maniaca. Se alejó y me observó con desaprobación luego encuadro mi rostro juntando sus manos, como si ella necesitara hacer eso para tener una mejor vista de mí. Se marchó y volvió enseguida con un montón de ropa mía, luego comenzó a intentar desvestirme.

–¿¡qué haces?! –me queje

–¡la sudadera que llevas no combina y tu calzado está sucio! ¡Así no la conquistaras! –gruño como si yo estuviera cometiendo un crimen. Me removí intentando defenderme, pero ella era más fuerte que yo.

–¡esto es increíble! –murmuró Rosalie con un tono mordaz antes de que un portazo se escuchara.

–Alice deja que termine de desayunar –pidió mi mamá, cuando Alice ya me había dejado descalzo y sin sudadera.

Alice obedeció a mi madre y me soltó. La mire enojado, pero ella le dedico toda su atención a el montón ropa que había traído, después de unos 5 minutos de quejarse acerca de mi estilo, por fin pareció agradarle mi cazadora negra. Asintió y subió a mi habitación buscando otro par de zapatos.

–¡¿no tienes algo que no sea calzado deportivo!? –me pregunto desde arriba frustrada. De hecho tenía un par de zapatos formales, pero esperaba que mamá no los hubiera empacado. Ir con zapatos de iglesia al instituto en un día lluvioso era algo que no se me antojaba. –¡estos servirán! –dijo contenta. Me gire y la vi volver mientras una sensación temor se apoderaba de mí. Respire aliviado, cuando me di cuenta que solo eran los converse negros.

Se detuvo y se dirigió a mi mamá –¿qué opinas de este conjunto? –Mi madre la miro dudándolo y Alice asintió –tienes razón esto no funcionara… –puso la cazadora y los converse sobre una silla vacía, parecía desilusionada, pero luego sonrió y dio un salto –¡ya se! revisare entre la ropa de Edward –dijo alejándose.

–no, no, no –gruñí levantándome y poniéndome lo que Alice ya había elegido. Termine mi desayuno y subí arriba a lavarme los dientes. No salí de nuevo hasta que Carlisle dijo que era hora de irnos, para no arriesgarme a otro asalto como el del desayuno.

Cuando baje del auto vi a Sophia parada al lado del suyo. Me miraba con atención, pero al mismo tiempo parecía no mirarme. Me acerque con paso dudoso, cuando comprendió que caminaba hacia ella sus labios se curvaron.

–¿el bus te ha vuelto a dejar? –me preguntó burlonamente.

–No. más bien Carlisle no tenía nada que hacer –dije encogiéndome de hombros. Asintió y comenzó a caminar conmigo hacia el edificio. Después de un par de pasos me detuve, porque ella no me seguía, me gire y escanee su rostro atentamente, note que me miraba apesadumbrada. Revise mis palabras mentalmente, pero no comprendía porque le entristecía el hecho de que no me gustara que Carlisle me llevara. Le sonreí intentando hacer el ambiente más ligero, pero su gesto no cambio.

–lo siento por la mañana no carburó –dije pidiéndole su mochila

–no es eso tonto –dijo, pero aun así me la entregó. Comenzamos a caminar de nuevo hacia el edificio con un montón de miradas sobre nosotros, pero a ella eso no la inmutaba en absoluto.

–entonces… ¿qué es? –pregunte

–ayer estuve viendo películas viejas y me di cuenta de algo. Los ingleses tienen ese asentó suyo –dijo agitando la mano con desdén. Sus ojos se clavaron en los míos con interés –Tú no vivías en Inglaterra ¿verdad? –dijo más como una afirmación que como una pregunta. Abrí la puerta mientras pensaba en mi respuesta. No quería mentirle, pero con decenas de ojos atentos a nosotros este era un mal lugar para hablar de "mi colegio inglés de excelencia"

–Hay mucha gente aquí –murmure como respuesta, me miro suspicazmente, asintió molesta. –Deberías darme mi mochila –dijo enfadada, suspire y me rendí.

–vivía al otro lado del país… con mi mamá. Mis padres estaban… separados. –me miró con el entrecejo fruncido, pero luego sus facciones se suavizaron –lo siento –musito preocupada por haber dicho algo incorrecto, pero de pronto su rostro se crispo nuevamente.

–si vivías aquí ¿cómo obtuviste la transferencia de reino unido? –preguntó aprehensivamente. La mire nervioso e intente pensar en qué le diría. Suspire enojado, iba a tener que decirle que en realidad no vivía al otro lado del país, que lo había inventado.

–¡Ares aquí estas! –dijo Alice de pronto a mi lado abrazándome, se volvió a Sophia sonriendo y le pregunto –¿Te importa si me lo llevo? Será solo un segundo. –Sophia miro a Alice molesta y negó con la cabeza.

–No. está bien, de hecho tengo clase –dijo descolgándome su mochila, mientras lo hacía se acercó bastante intentando que Alice no la escuchara y me susurró –luego hablamos –asentí y la vi marcharse, después mire enojado a Alice, pero ella no parecía apenada.

–¿qué quieres? –pregunte de mal humor

–¿Qué ibas a decirle? –me contestó con otra pregunta

–eso a ti no te importa.

–de hecho si, si me involucra me importa

–¡eres odiosa! –espeté y Alice se llevó una mano al pecho teatralmente fingiendo aflicción. Rodé los ojos y se burló. Comencé a caminar y ella me siguió.

–Bella y Jasper se están encargando de que en tu expediente solo aparezca que estudiaste algunos años en Inglaterra. –Me miró atentamente y prosiguió –Creciste en Porto hasta los 12 luego fuiste a Inglaterra y volviste a Porto a los 15 ¿ok? –la fulmine con la mirada y Alice se encogió de hombros –no puedes decirle la verdad, no ahora. –me dijo. Puse los ojos en blanco y entre al aula de él señor Saterfield. Alice suspiró y se fue. Yo me senté en mi asiento sin ganas. Él señor Saterfield cada vez parecía más decepcionado con mi desempeño, pero lo cierto es que yo no tenía cabeza para pensar en sus ecuaciones.

Espere con ansias la tercera hora, pero Sophia llego tarde y la silla al lado mío donde solía sentarse se había ocupado, pareció no importarle y se sentó al otro extremo del aula. Me pareció extraño pero supuse que no podía ponerse a pelearse por un asiento, bufé enojado, debí haberle apartado la silla.

Busqué su mirada insistentemente durante la clase, pero ella me ignoraba. Suspiré y me preparé para avergonzarme, iba a hacer algo que no creí llegar a hacer nunca. Clavé mi vista en el libro fingiendo leer la lección –¿está enojada? –musite muy bajo, la única persona capaz de oírme en el salón era Edward. Espere bastante y comencé a enojarme conmigo mismo por haberle pedido su ayuda, cuando me di cuenta que no me respondía.

–no exactamente… pero duda de tu veracidad –contestó en apenas un susurro, lo pensé y asentí.

–¿Qué duda? –pregunte, pero esta vez Edward no me contesto. Me gire a verlo pero me ignoro. ¡Maldito! ¡Maldito! ¡Maldito! La clase finalizó como siempre sin que yo hubiera aprendido algo. Me levante y salí antes de que la mayoría lo hiciera, espere al lado de la puerta hasta que por fin salió como siempre cargada de libros.

–Sophia –la llame tomándola del brazo. Me miró sorprendida y se apartó de la entrada para dejar a los demás salir.

–tengo clase de economía no será bueno si llego tarde

–Solo un momento… el timbre aun no suena –pedí, suspiró pesadamente y me miró con sus ojos llenos de indecisión. Se rindió y asintió

–Bueno –dijo de acuerdo. Respire de mejor humor y estire mi mano pidiéndole su mochila, ella se negó con la cabeza rehusándose –solo son 4 metros –dijo mientras comenzaba a caminar.

–Sobre lo de la mañana, creo que ha habido una confusión. –dije apresurado mientras la seguía –Yo no soy de Inglaterra –dije intentando poner toda la persuasión posible en mi voz, Sophia me miró con una ceja arqueada, al tiempo que disminuía el paso, me volví para no verla y mentir mejor –estudie un tiempo allí, pero prácticamente he vivido toda mi vida aquí. Bueno no exactamente aquí ya sabes al otro lado del país, pero… bueno tú me entiendes. –dije esperando eliminar sus dudas, ya que había dicho todas mis mentiras me permití ver su perfecto rostro. Sonrió divertida.

–relájate no pensaba llamar al FBI por una transferencia falsa –dijo sonriendo

–¡No es falsa! lo que sucede… –dije atropelladamente

–Solo bromeo –dijo sonriendo, suspire aliviado. Me miró evaluándome y se detuvo, recargó la espalda en los casilleros azules, que aunque desgastados le favorecían a sus ya de por si hermosos ojos –tú no te llevas bien con tu papá ¿verdad? –me preguntó interesada y olvidándose por completo del asunto de mi traslado escolar, lo sopese antes de contestar.

–digamos que es complicado

–Creo ser capaz de entenderlo –insto acomodándose la mochila, sonreí y asentí de acuerdo

–no he estado mucho tiempo con él. –menee la cabeza incomodo cuando vi su hombro rojo, por el peso de la mochila –resulta un tanto extraño estar con alguien que no conoces –dije y Sophia asintió.

–Por eso no te agradan tus hermanos –dedujo, frunció el ceño pensativa y por fin concluyó –te sientes reemplazado –afirmó segura y complacida de su suposición

–¿sabes que tengo corazón? –le pregunte sonriendo, las mejillas de Sophia se tiñeron rojas y tuve que concentrarme en mis pies. El golpeteo acelerado de su corazón, sobresalió sobre los demás latidos que nos rodeaban.

–lo siento es solo que… –se detuvo dudándolo –despiertas una enorme curiosidad en mi –dijo mirándome, sonreí sintiendo como la sangre también se apoderaba de mi cara –ah… em…–balbucee, el timbre sonó sobre nuestras cabezas dejándome medio sordo, Sophia sonrió. Sus ojos grandes y resplandecientes, sus mejillas rojas y labios carnosos. Podría haberme muerto en ese momento y no me hubiera importado, porque lo que veía era la imagen más hermosa del mundo.

–¿que? –me pregunto incomoda "eres hermosa" pensé

–Nada –murmure negando con la cabeza, sonrió y me dio un pequeño empujón.

–Si no te das prisa vas a llegar muy tarde –me advirtió y asentí

–¿la próxima vez dejaras que cargue tu mochila? –cuestione serio, ella me miro incrédula como si la estuviera ofendiendo –Si no lo hago me siento malcriado –dije francamente y Sophia ya roja como estaba se sonrojo más, asintió sonriendo y yo le devolví la sonrisa antes de irme a mi siguiente clase.

Pase por mi última clase antes del receso poniendo más atención de la que solía poner a ninguna otra, no lo había notado pero parecía tener talento con la música, estaba muy feliz hasta que el profesor menciono que debía de tener un muy buen oído y echo por la borda todo mi mérito.

Me dirigí a la cafetería con el viento frio golpeándome en la cara. Entre y me encamine a comprar mi almuerzo, la fila no era muy larga, eso era bueno. Me forme y espere mi turno, mire hacia la mesa de la esquina donde estaba Sig conteniendo la risa y un Gen muy enojado. Negué con la cabeza y sonreí divertido mientras pagaba mi almuerzo.

–Hola –salude mientras me sentaba, Sig me contestó y Gen se limitó a asentir con la cabeza. Comencé a comer escuchando su conversación de porque una película era mala.

–¿Gen has leído la fábrica de chocolate? –pregunte después de un rato

–Si –musitó distraído, mientras desmenuzaba su pollo frito

–¿me lo puedes contar? –pedí y me miró con suspicacia, luego miró por sobre mi hombro

–¿para qué? –indagó

–porque no he pasado del tercer capitulo

–mmm… ¿y? –me preguntó sin interés

–se supone que mañana lo entrego y no lo he leído. –dije avergonzado, Gen me miró sarcásticamente como si supiera que esa no era realmente la razón por la que quería que me contara el libro.

–¿y quieres que te diga de qué trata? –dedujo y asentí

–¿en qué capitulo dices te quedaste? –me preguntó amablemente, lo cual era extraño mire rápidamente a Sig quien lo observaba con una ceja arqueada.

–En el tres –musite y Gen asintió.

–El dueño de la fábrica regala unos boletos dorados que funcionan como pase a la fábrica, Charlie no se gana ninguno y decide entrar a hurtadillas, una vez dentro se da cuenta que el chocolate era solo una pintura linda y que la fábrica funcionaba como un campo de concentración. Como entro sin permiso muere condenado a la silla eléctrica, por allanamiento de morada y fin. –tomó un sorbo de su refresco y me miró atentamente.

–¿Pero Charlie no es solo un niño? ¿Cómo pueden…? –dije impactado rebuscando en mi mochila el libro, pero cuando escuche su risa malvada supe que era mentira. –no es cierto ¿verdad? –afirme y Gen negó con la cabeza.

–¿sabes que a veces eres macabro? –le dije malhumorado

–gracias, hago lo que puedo –contestó sonriendo como si le hubiese hecho un cumplido. Mire a Sig y el negó con la cabeza

–Yo no leo –dijo agitando la cabeza –ya sabes soy muy ecológico y los libros están hechos de árboles…

–¿qué hay de los libros electrónicos? –preguntó Gen

–Calla, Calla –dijo Sig moviendo su mano para frenar a Gen –déjame oír el sonido de la naturaleza. –dijo Sig colocándose sus audífonos, Gen rodo los ojos, no sabía si él podía oírlo, pero la banda que Sig estaba escuchando no sonaba muy naturalista que digamos.

–¿porque le dicen Freud? –dije mirando a Sig, Gen se encogió de hombros.

–Es posible que sea mi culpa pero no lo menciones ya lo ha olvidado. –me advirtió

–enserio resultas más macabro que yo –dije riendo quedamente y concentrándome en mi almuerzo, Gen también sonrió, Sig se quitó los audífonos para preguntarnos de que nos reíamos, pero no le contestamos y seguimos riéndonos.

Camine aflojerado de regreso al edificio principal donde una muy aburrida clase de Arte me esperaba.

–A este paso llegaras mañana –dijo la armoniosa voz de Sophia

–Eso es lo que planeaba –dije sonriendo, Sophia dio un par de pasos hacia mí y continuamos caminando hacia el edificio, ella soltó una risita y me miró con interés como solía hacerlo cuando se avecinaba una de esas preguntas, que yo nunca sabia contestar. Esta vez me adelante y pregunte yo.

–Quiero preguntarte algo –dije provocando que sus ojos se abrieran asombrados, asintió y esperó mi pregunta –¿Por qué antes no te caía bien?

–bueno me llamaste frígida y mujer sin corazón. No me iba a convertir precisamente en tu fan. –contestó rápidamente. Suspire y replique.

–Sabes que fue trabajo en equipo, sin embargo a Sig y a Gen si les hablabas –dije, Sophia asintió y sonrió avergonzada y un tanto sorprendida.

–para ser sincera creí que tú eras el cerebro detrás de todo, pero ahora que lo aclaras supongo que fue Gen

–oh no, no, no –dije negando con la cabeza

–¿fue Freud? –Preguntó incrédula, negué nuevamente con la cabeza, me miró divertida –¿entonces… realmente crees que no tengo corazón? –me preguntó riendo, mientras entrabamos al edificio

–oye no me desvíes del tema y háblame de ti –recrimine y Sophia me miró estupefacta.

–Bien ¿Qué quieres saber? –me preguntó, lo pensé un segundo y decidí indagar en sus gustos musicales.

–¿Qué música escuchas? –pregunte y ella sonrió incrédula.

–¿Qué? –dije confundido

–me gustan los blues, pero suelo escuchar de todo… ¿y a ti?

–Últimamente escucho bastante rock –dije, ella sonrió y asintió como si fuera muy obvio. Caminamos por el pasillo con gente abriendo y cerrando sus lockers.

–¿has olvidado la contraseña de tu locker? –pregunte con curiosidad

–¿ah?

–siempre te veo cargando libros –dije quitándole los dos libros que llevaba en las manos.

–¡Que! No, no es eso –dijo riendo con ganas

–¿entonces?

–sucede que estoy tomando clases avanzadas, porque estoy reuniendo créditos. Quiero graduarme antes –me aclaró y el corazón me dio un vuelco, de pronto imaginarme el instituto sin ella me causaba… dolor

–¿te graduaras antes? –pregunte con un tono apesadumbrado

–Es solo una posibilidad –dijo encogiéndose de hombros –igual puedo quedarme y tener un último año light tomando talleres o clases de arte.

–¿qué sentido tendría tomar clases si ya no necesitas más créditos? –pregunte sin entender

–No quiero perderme nada –musitó –es solo que lo estoy acomodando como me conviene, ya sabes el último año suele ser muy duro cargado de trabajos… y esas cosas. Yo quiero disfrutarlo.

–ah, menos mal –dije aliviado y Sophia sonrió

–además tengo que llamar al FBI para que investiguen tu sospechosa transferencia. –dijo contenta, la mire y sonreí

–Hazlo en nuestro último año –propuse bromeando y ella asintió de acuerdo. Cuando estuvimos frente al salón de ciencias, Sophia se detuvo y me dijo divertida

–bueno delincuente, yo aquí me quedo. –una sensación de insatisfacción me invadió cuando comprendí que iba a tener que separarme de ella. Asentí y le di sus libros.

–gracias señor Drácula. –dijo divertida y provocando que me helara, mire alrededor revisando que nadie la hubiera oído, escuche su risa y me volví a ella intentando fingir una sonrisa. No funciono su rostro se tornó serio mientras me miraba escrupulosamente.

–Llego tarde –musite nervioso antes de irme. Sentí su mirada clavada en mi espalda, pero no me volví. ¿Se habrá dado cuenta al fin? Tan solo unas horas antes estaba completamente dispuesto a revelarle todo, pero hacerlo me causaba una gran ansiedad porque temía a su reacción. Agite mi cabeza intentando espabilarme y sacarme esos pensamientos.

Espere con ansias la última hora lo cual era extraño puesto que detestaba la clase. Pero aun así cuando sonó el timbre me apresure a cambiarme para ir al gimnasio rápidamente. Y la vi… con demasiada gente eso impedía que me acercara. La cuide esperando que en algún momento se quedara sola o viendo las circunstancias que al menos su grupo disminuyera, pero eso no paso.

–¿estás listo? –me pregunto Sig y hasta entonces me di cuenta que se suponía que estábamos jugando tenis. Mire alrededor y decidí concentrarme el entrenador parecía estar evaluando a las parejas.

–no te preocupes tengo un excelente saque, quedara sorprendido –me dijo Sig lanzando la pelota, realmente no tenía un buen saque ni yo una buena recepción, dos veces me golpeo en la cabeza y otras yo alcance a huir como cobarde.