¡Hola! Traigo un drabble con un cambio en la narración. Espero que les guste.


Arthur está a unos metros de ti, completamente rígido mientras te mira con ojos bien abiertos, como si no creyera que eres tú quien le observa. De alguna manera te las arreglas para examinarlo con la mirada: está un poco más alto, su rostro ha perdido por completo la redondez de la infancia, que se negaba a irse durante la adolescencia y hasta en los primeros años de juventud. Sus hombros son más anchos y su mirada es diferente, más dura. Te preguntas qué es lo que él verá en ti después de todo este tiempo. Hace cinco años que no se ven, no desde que ambos siguieron rumbos diferentes para rehacer sus respectivas vidas, tú en París y él en Londres.

Por un momento piensas en lo increíble que es encontrártelo ahí, a mitad de un aeropuerto en ninguna de sus ciudades. ¿Cuáles son las probabilidades? Esto no debería ser posible estadísticamente... y, sin embargo, ahí están. Uno frente al otro, ahora adultos, con sus carreras hechas y responsabilidades de adulto que eran impensables la última vez que se vieron.

La última vez que se vieron no se dijeron muchas cosas. Eres consciente de ello; lo has sido por años. De pronto, recuerdas todas las noches en las que pensaste en llamarlo o escribirle un mensaje y no lo hiciste. Eso hace que tu cabeza se llene de preguntas sin respuesta.

Arthur frunce el ceño y reconoces ese gesto porque lo has visto tantas veces. Es el mismo que hacía cuando tenía una idea en mente pero no se decidía a llevarla a cabo. Quizá está pensando en la forma menos incómoda de saludarte cordialmente y despedirse sin entablar conversación. O quizá se pregunta si sería demasiado evidente si da media vuelta en ese momento y se pierde entre la multitud.

Te preparas para lo peor cuando él da un paso al frente y luego otro, y, de pronto, lo tienes a unos centímetros de ti. Pero cualquier preparación es inútil porque de todo lo que esperabas de él, un beso no es precisamente lo primero que pasó por tu mente. Te quedas pasmado por un instante y cuando sientes que él comienza a alejarse, dejas caer la maleta al piso y sujetas su rostro con ambas manos, besándolo como siempre has querido hacerlo.

Cuando se separan, él sonríe como no le habías visto hacerlo.

—Tiempo sin verte —dice. No puedes evitar la risa que se te escapa. Al cabo de unos segundos, él también se ríe.

—Creo que tenemos un par de cosas de las cuales hablar —agregas. Él asiente.

—Mi vuelo sale en dos horas. ¿Quieres ir a tomar algo?

Oui.


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