Nota: No es una continuación como tal, sino un pequeño corto que les debía.


EXTRA

En familia, se ven los fuegos artificiales.


Wanda en algún punto de su temprana infancia recuerda haber ido a una escuela de nivel básico, donde en una de las clases el uniforme con un suéter horrible le picaba el cuello, tenía comezón gracias a la tierra que se le había metido dentro de las calcetas blancas y algunos cabellos los mordisqueaba porque estaban en su cara después de haberse despeinado tras perseguir a su hermano gemelo. En aquellos días no sabía que significaba tener un gemelo ni la definición de la palabra, para ella simplemente era tener una copia que la acompañaba de un lado a otro. Fácil.

En todo caso, en aquella mañana donde debía bajarse la calceta para quitarse la sensación de comezón, la maestra les había pedido que se imaginaran cuando fueran adultos y dibujaran en donde querían estar. Su copia a su lado dibujaba algo que decía, era la luna. Su copia era un poco torpe y dibujaba muy mal, porque eso parecía un queso gigante como el que salía en las caricaturas, no una luna; pero bueno, ignorando el poco talento de su disque "gemelo", ella se imaginó en el futuro y donde estaría.

Si su copia no tenía talento como dibujante, ella no tenía talento para imaginar. No le llegaba nada. Kitty a su lado, la sosa compañera que nunca dejaba de hablar como el loro de la vecina del departamento de abajo, se veía como bailarina. Aja.

Anthares a su espalda, estaba parloteando sobre carreras de autos, y un iluso Fabricio igual de desequilibrado que su copia, coloreaba furioso algo poco parecido al sol. Wanda pensaba que si llegase a oler algo chamuscado cuando fuera grande, entonces sería el bobo de Fabricio que quiso estar en el sol. Pero algo que ellos tenían y ella no, era la facilidad para verse en el futuro, adultos haciendo algo, por muy absurdo y raro que fuera.

¿Y ella? Nada, su cabeza estaba prácticamente en blanco.

Entonces pensó que si se imaginaba con algo que le gustara, sería más fácil. Como su "gemelo", que le gustaba el queso y por eso posiblemente a su dichosa luna le estaba pintando de amarillo. Decirle la verdad, sobre que la luna no era amarilla sino blanca, parecía demasiado cruel; no, mejor dejar que el insensato terminara lo suyo.

Ella por otro lado debía enfocarse, la maestra no era de las que sonreían y tampoco de las amables, era una bruja hecha y derecha con mal genio. Entre más pronto terminara su trabajo, más se salvaba del regaño, regla básica de supervivencia.

Viene la siguiente duda, ¿qué le gustaba? ¡Saltar la cuerda! ¡Perseguir a Pietro con el cadáver de una araña! ¡Abrazar a su mala copia! Sí, abrazar a Pietro era genial e igual de divertido que corretearlo con cosas muertas, sobre todo con arañas. Pero su mamá ya la había regañado diciéndole que eso no estaba bien, y que no era propio de una niña madura como ella, ergo, siendo adulta no podía perseguir más a Pietro.

Saltar la cuerda era fantástico, pero tampoco se veía con esas ropas tan elegantes de su mami saltando, entonces la idea seguía siendo mala.

¡¿Entonces que se supone que le guste?! Tampoco parecía lógico querer crear una ciudad entera de chocolate, pese a que lo ansiaba con locura, ni coleccionar hormigas. Le gustaban, eran lindas, pero no para hacerlo toda su vida adulta.

No jugaba con muñecas, las detestaba por sus caras feas. No le gustaba estar con muchas niñas, eran odiosas y chillaban más que su copia ante una película de terror. Los chillidos de su gemelo eran divertidos, las de las niñas le provocaban dolor de cabeza muy feo. Le gustaba ver los dibujos de los libros de vez en cuando, pero aun no sabía leer, y una vez aprendiendo se daba cuenta que los adultos no lo tomaban como hobbies nunca, al menos los que ella conocía.

Se le acababan las opciones, el reloj hacía tic tac y la maestra los miraba a todos con sus ojos de sapo. ¡Era ahora o nunca!

Tras pensarlo profundamente y con bastante seriedad que a sus tiernos seis años podía tener, lo último que se le ocurrió fue su familia. Adoraba a su papá, porque era muy serio como ella, amaba a su madre porque siempre estaba suavecita cada que la abrazaba, y a su copia-gemelo-hermano, porque… pues porque era él y punto.

Entonces, adoraba a su familia. Y eso parecía lógico, razonable y sólo tenía que dibujar unos palillos y rostros sin necesidad de más esfuerzo y podía verse con su familia en un futuro y para toda la vida. Y añadiría hormigas, cadáveres de arañas y algo de verde, porque ella quería vivir en un gran campo abierto lleno de puro verde.

Esa mañana entregó su trabajo con sonrisa autosuficiente, Pietro a su lado tenía la misma mueca y Wanda al verlo tan feliz no pudo decirle que la luna no tendría nunca una bandera con su nombre. Pero ambos entregaron sus trabajos y fueron felicitados, su gemelo empezó a molestar a Fabricio por lo bobo que era y ella pudo rascarse en paz su piel debajo de la dichosa calceta.

Después vinieron los toques de queda, la crisis económica, hombres con armas y una bomba explotó en su casa. Su familia chiquita se hizo mucho más pequeña, solo con su copia a su lado y el loro de la vecina de abajo; entonces vino la furia, el arrebato, una comunidad civil los recluto para marchar contra los mercenarios invasores y luego el doctor Barón Strucker. A partir de ahí para Wanda todo fue confuso, recordaba muy poco y lo poco de hecho solo era dolor, así que lo reprimía lo más que podía de todas formas.

Entonces vinieron los afamados Vengadores, entre ellos Anthony Stark y no pudo con el burbujeo de ira quemando su sangre al verlo tan contento y en sus anchas presumiendo ser un presunto protector, maldito mentiroso y asesino. Luego Ultron y maldita sea si no había momento donde no se culpaba por no ser más lista que ese estúpido robot, porque todo pasó tan rápido y de un día a otro pasó a ser una villana junto con su hermano, a una huérfana de luto noticia talla mundial como heroína.

La vida, la ironía y el karma se reían en su cara, porque asi como muchos pensaban de ella como un experimento fallido de un terrorista, otros pensaban que sus dones fueron dados para hacer el bien. Llego a preguntarse en lo solitario de su mente con la foto de Pietro contra su pecho, sí eso fue por lo que tuvo que pasar Iron-man cuando una parte de la humanidad lo homenajeaba, y la otra lo acribillaba como ella lo hacía con cizaña.

Luego las misiones, su temor ante sus poderes que jamás pudo controlar al cien por ciento como prometía su actitud arrogante, queriendo honrar la vida de Prieto poniendo la de millones de inocentes en peligro. El capitán decía que no era su culpa, Visión le explicaba que todo acto tenía consecuencias imprevistas, Clint la animaba a seguir adelante y Natasha apenas la miraba como para decirle algo amable o efímero. Stark por otro lado, bueno, no es que lo notará mucho por aquellos días.

Ahora que lo piensa, se pasó toda una vida culpando a un sujeto que nunca le había conocido, más sin embargo ella se obsesiono con el deseo de verlo sufrir solo porque una bomba llevaba su nombre. Vaya forma de desperdiciar más de una década en algo que ni ella comprendía, y tuvo que hacerlo hasta después de haber sido encerrada como criminal de guerra y esconderse del mundo como fugitiva, otra vez.

Le debía tanto a los vengadores pero jamás quiso aceptar que le debía lo mismo a Tony, al hombre que poco tuvo que ver con que unos idiotas terroristas mataran a su familia, sólo porque el sujeto en cuestión había heredado un imperio con objetivos claros sin la obligación de cambiarlos de la noche a la mañana; que de todas formas el millonario sí lo hizo de un día para otro, pero ese era un detalle insignificante.

Se sentía como el bobo de Fabricio después de tanta tontería. Justificada de cierta forma, pero muy poco razonable.

Y ahora, nuevamente la ironía y el karma le golpeaban la cara, porque después de detestar e intentar matar al hombre que tanto había odiado, ahora vivía en sus instalaciones con el mejor d los lujos y trataba de pensar en una forma de juntarlo con el capitán.

Su vida era un sinfín de incomprensiones, eso nadie lo negaría.

Se adentró a la cocina que estaba vacía después de que todos hayan desayunado hace más de una hora. Su entrenamiento con Clint sería dentro de otro poco, Peter estaba con Steve en la biblioteca y los demás sinceramente no tenían ni la más remota de las ideas donde podían estar. No era hasta hace poco que estaban divididos de un extremo del planeta al otro, pero ahora aunque compartían el mismo techo, era fácil perderlos de vista.

Sin Sam tampoco alrededor y su todavía sensible relación con Visión, estaba sola y con tiempo libre. Bien podía tomarse ese momento para tomar un poco de jugo y pensar en un plan para que las dos presuntas cabecillas de tan descabellada agrupación volvieran a interactuar, o mejor aún podía poner a calentar un poco de canela con dulce de miel y robarle a Tony una rosquilla; no sería la primera rosquilla que al hombre se le "pierde" últimamente, aunque el malévolo ladrón aun no aparecía.

En fin, manos a la obra puso la tetera sobre la estufa eléctrica acostumbrada a hacerlo de la forma manual, dejando una toallita alrededor para sostenerla después y mientras pensaba y pensaba que es lo que podía hacer.

Como aquel día en la escuela básica, su mente estaba en blanco.

Ella adoraba a Peter, le recordaba un poco a Pietro y al mismo tiempo era como tener un hermano menor totalmente diferente pero que quería con la misma intensidad; su gemelo había sido sobreprotector con ella, ahora era su turno de tomar a un nuevo hermanito pequeño bajo su propia ala y enorgullecer a su copia donde sea que estuviese.

Pero no puede evitar hacer una mueca al recordar que debía participar en tan problemático plan. En primera porque no estaba tan segura de sus resultados con lo volátiles que se encontraba Steve y Tony, por otra parte, ¡detestaba que la regañaran por cosas tan infantiles!

Pero carajo, que había aceptado participar en tan descabellado plan, todo sea por Peter.

Aunque al mismo tiempo, y siendo que Pietro era el planificador de las travesuras y guía en las cosas más tontas que hizo en su vida, no sabía que tenía qué provocar para llamar la atención de los objetivos.

Natasha la tuvo fácil, ni siquiera movió un solo de sus cabellos para lograr su cometido. Clint y Sam, pues eran ellos, no había argumento o punto razonable en lo que hacían. ¿Y ella? No es como si tuviera que provocar otro estallido de magia, ¿o sí?

— ¡Hey, Wanda!

El saludo la sacó de sus pensamientos, mirando a su costado donde Scott estaba parado con la sonrisa tan peculiar que lo caracterizaba. Por no decir otra cosa.

— Scott. — regresó el saludo tan amigable como podía y tan natural como deseaba aparentar. En el pasado había tratado a sus compañeros con cierta indiferencia a excepción de Clint y Visión, después de como resulto la Guerra Civil, ha intentado ser más abierta para no volver a caer en el mismo error.

Con Sam y Rodhey fue fácil congeniar, el ex miembro de la fuerza aérea y el gloriado coronel tenían hasta cierto punto un carácter duro, con Natasha sólo consistía en no estorbarle ni meterse con sus juguetes o despertarla si se estaba tomando su merecida fiesta, era cortes con la chica Pym y María, con Tony sencillamente tuvo que resultar todo tan complicado para poder estar en paz con el hombre y compartir opiniones literarias bastante interesantes sin nada más que su gusto fluctuoso por el aire a pergamino viejo y letras vividas.

Pero Scott Lang era, bueno, no tenía definición. Durante el escape de la balsa no hubo tiempo más que para correr, durante su estadía en Wakanda cada quien tenía lo suyo para pensar y el camino de vuelta Clint fue un excelente intermediario entre ambos para compartir menos de cinco palabras en todo el camino entre ambos.

No es que el fuera un mal hombre o ella una extremista mujer, pero por alguna extraña manera y estaba segura que era de forma recíproca en sentimiento, el héroe hormiga le era algo… ¿exasperante? ¡Frustración personalizada! De alguna forma, es que ellos no encajaban bien juntos a menos que de vida o muerte dependiera la situación.

— ¿Qué haces por aquí? — ella elevó una de sus castañas cejas con los labios fruncidos, mirando a su alrededor esperando que el sujeto se diera cuenta de tan desatinada pregunta. Así fue — Cierto, es la cocina.

Cierto, porque ella estaba frente a la estufa de manera obvia, en la cocina, calentando algo. ¡Bienvenida, frustración!

— ¿Necesitas algo?

— Quería calentar esas empanadas que trajo Tony ayer para la cena, estaban muy buenas.

— Pues, puedes usar el microondas.

Dichoso aparatito estaba al lado justamente del calorífero, pero no lo suficientemente cerca para que ambos se estorbaran ni mucho menos tuvieran un roce de aire siquiera. Y de todas formas, las empanadas doradas de Tony sabían mucho mejor en el microondas que volverlas a dorar aún más en un sartén.

Pero Scott no se movía aun del mismo lugar y comenzaba a sentirse incomoda con él ahí sin hacer nada. Lo único que hacía con sus ojos verdes era mirar un punto fijo a la alacena, bajar la mirada tímidamente y volver a repetir la misma acción, por lo menos diez veces más.

— Sí, lo haré. — declaró el castaño, moviéndose con pasos lentos y como el robot viejo que Tony llamaba DUM-E.

Ella tomo su taza de la alacena, siendo seguida por alguna mórbida razón por los ojos verdosos del hombre insecto tras su breve acto. Confusa y muy curiosa, tras haberse servido su taza de canela y perdiendo la oportunidad de tomar una de las rosquillas del ingeniero, se quedó esperando y analizando la actitud tan lenta y sospechosa de su compañero insípido.

Lang metió algo al microondas mientras la observaba de reojo y de nuevo a la alacena, oprimiendo el tiempo en la plaqueta de numero de la maquina recalentadora. Wanda a esas alturas y detrás de su taza, lo miraba con los ojos entrecerrados leyendo el comportamiento corporal del nuevo héroe.

Con el ruido característico del microondas, llegó a una obvia conclusión que la hizo sonreír con picardía.

— ¿Algo que quieras decirme, Scott?

— Oh, no, nada. — aja.

Ese "oh, nada" sonó a todo lo contrario, sumándole al hecho de que trago su saliva de forma ruidosa y no dejaba de mirar la alacena. Wanda vivió lo suficiente con su hermano, después con Clint y ahora con Peter para entender muy bien ese comportamiento tan sospechoso; pero no es como si todos los días pudiera usar a Scott Lang como su entretenimiento, ni ver su cara de la cual comenzaba a resbalar sudor frio.

— Presiento que quieres algo de esa alacena. — con su acento natal, sus palabras salieron de sus labios acariciando su lengua, disfrutando de la vista ante lo que se asemejaba a un animalito siendo observado por su cazador.

— ¿De ahí? Ósea, ¿qué voy a querer yo de ahí?

— Excelente pregunta. — el bufido anterior y la risa nerviosa le confirmaban sus sospechas.

Entonces el animalito carraspeó repetidas veces, hasta que poso sus ojos esmeraldas sobre su propia taza humeante. Rayos, que se ha olvidado de ponerle azúcar por pensar anteriormente que probaría una de esas rosquillas al mismo tiempo.

— ¿Estas tomando canela?

— Sí, me gusta.

— ¿Canela sola? — el tono de Scott no era el mismo ahora, sino demasiado cuidadoso en todo aspecto. A Wanda ya no le estaba pareciendo tan divertido.

— No le veo nada de malo.

— No le has echado azúcar.

— No me gustan las cosas dulces. — en parte cierto, y por otro lado su plan original era empalagarse con su postre y dejar que la canela limpiara el azúcar de su boca logrando un balance perfecto entre sabores.

Pero Lang no podía pillarla tomando uno de los más grandes tesoros del ingeniero, después de su armadura y antes de Peter en su lista de objetos preciados en esta vida. No se confiaba de la discreción del hombre hormiga, ni de su mirada que paso de ser tímida a una bastante aprensiva.

— La canela no se toma sola, punto.

Ella dejo su taza sobre sus labios, pero no volvió a sorber más de su preciado líquido porque el hombre insecto tenía razón, le faltaba algo dulce para que dejara de hacer esas muecas ante lo amargo y simplista de su bebida.

Pero Lang no dejaba de observarla y ella jamás bajaría la vista ante él, hasta que el hombre por lo débil que era con su escasa voluntad, regresó su mirada a la alacena y ella aprovecho ese lapsus de quiebre como ventaja.

— ¡Tú eres quien se roba las rosquillas!

— ¡Pero si tu planeabas hacer lo mismo!

El caos sucedió en ese momento, ambos perdiéndose entre sus gritos y miradas quisquillosas y molestas. Por alguna razón ninguno de los dos funcionaba bien juntos en solitario, siempre sintiendo esa incomodidad, ese algo en su interior que gritaba molestia y enfado; eran compañeros de trabajo por así decirse, pero sus conductas tan diferentes, sus pensamientos tan antónimos y sus historias tan intimas, definitivamente había algo ahí que broto como fuegos artificiales escribiendo en el cielo "rivalidad".

— ¡Tú has sido desde el principio!

— ¡¿Quién dice que no lo has hecho primero?!

— ¡No me gusta lo dulce!

— ¡Una rosquilla de Tony Stark no es cualquier cosa dulce!

— ¡El más absurdo de los argumentos!

— ¡No cambies el tema de la discusión!

— ¡Insufrible!

— ¡Rara!

— ¡Molesto!

— ¡Malcriada!

— ¿Chicos? — la voz de quien reconocían como Peter interrumpió su intercambio de tan afables halagos, ambos volteando en dirección del chico que parecía tan confuso como cualquiera que los escuchara y viera.

— ¡¿Qué?! — gritaron ambos sin medir sus tonos, logrando que Peter diera un salto en su lugar con su sentido arácnido activado.

Porque Scott siempre era el más amable y Wanda la más tranquila, el hombre insecto era simpático y ella templada. Nada que ver con esos dos locos ahí metidos gritándose frente a frente, ante los ojos de Peter totales desconocidos.

Luego siguió lo que se definiría como estallido captando la atención de los tres, luego otro y se repitió de nuevo hasta que fue tarde captar que dicho ruidito provenía del microondas lanzando chispas. Primero pequeñas y escurridizas, ahora estalló en llamas y más chispas amenazadoras.

— ¡Aah! — gritaron juntos, sorprendidos ante lo que a sus ojos parecía, la rebelión del microondas.

Entonces Wanda se percató de que dentro de la maquina en llamas que acababa de prender la toallita que había dejado en la esquina de la estufa, había una empanada envuelta en aluminio. ¡Scott había metido la empanada con todo y aluminio!

— ¡Eres un idiota!

— ¡En vez de hablar tu idioma* raro, ayuda!

Las llamas de la toallita alcanzaron las servilletas del a pared, de la pared alcanzó a chamuscar parte de las partes inferiores a las alacenas y luego siguió el curso de manteles y más cosas que rodeaban los especieros hasta dejar negro todo a su paso. El fuego pasaba tan rápido frente a ellos, que de alguna manera solo se quedaron ahí viendo lo que pasaba.

Eso, hasta que Scott la tomo por los hombros y con habilidad maestra le quito su gabardina de piel roja que llevaba puesta sin abotonar, utilizándola desinteresadamente para apagar el fuego. ¡El muy bastardo!

— ¡Es mi gabardina! — sus manos se rodearon de energía escarlata y le arrebato su prenda de sus toscas manos masculinas, sacudiéndola en el aire intentado desaparecer las llamas cabornizadoras de su textura.

En uno de sus movimientos, la salpicadura terminó sobre el rostro de Scott quien sintió lo caliente del fuego sobre su cara, creyendo que se quemaría por completo.

— ¡Mi cara!

Wanda para hacerlo sufrir aún más, le volvió a sacudir la prenda en la cara sin llamas pero lo suficientemente quemada para que el calor de su contorna se sintiera igual de terrorífico como lo aparentaba el hombre retorciéndose bajo sus manos. Eso se sentía bien, al menos como una justa venganza.

Olvidándose por supuesto que parte de la cocina seguía en llamas e ignorando la llegada del Capitán América junto a un hambriento e impactado Iron-Man

— Pero qué esta… ¡La cocina se quema!

— ¡Viernes, apaga esto!

Sea quien sea que haya ordenado eso, que por supuesto fue lo más inteligente que se pudo haber hecho desde un principio, los llenó a ellos dos de espuma blanca parecida a la que salía de un extintor. El gas fue sofocante al principio, pero el sistema de ventilación se llevó los residuos y las ventanas automáticamente se abrieron.

Ella y Lang estaban llenos de blanco por todos lados, Peter terminaba de toser y en los rostros de Steve y Tony se veía una extraña combinación entre la furia y la incredulidad.

— ¡¿Pero qué carajos paso aquí?! — demando saber Steve, mientras Tony parecía ventilarse a sí mismo para no entrar en modo asesino antes de tiempo.

Una vez más, la irracionalidad causada por tener a Lang a su lado, Wanda comenzó parloteando como es que ella estaba pacíficamente en la cocina hasta que el susodicho insecto-despreciable-iracundo hombre entro actuado sospechoso, al mismo tiempo Scott farfullaba que la loca-rara-acento de ancianita no paraba de actuar tan anormal como era.

No se les entendía nada, por supuesto.

— ¡Cállense! ¡Santo cielo, ahora todos se comportan como niños! — el grito de Tony los detuvo enseguida en sus palabras torpes

— Este comportamiento es inaceptable por parte de los dos, Wanda, me sorprende de ti. — Steve la estaba mirando con aquella mirada decepcionada, al estilo perrito abandonado que no podía creerse lo que veía

A ella jamás le ha gustado que la regañen, siempre fue la alumna lista, la sobresaliente, ¡sobrevivió a un experimento maniático, por todos sus antepasados! ¡Ella no era la chica a la que mandaban a la esquina por portarse mal! No pudo soportarlo.

— ¡Pero el empezó por robarse las rosquillas primero!

— ¡Tu también planeabas robarte una! — Scott claro que no iba a quedarse callado, el muy tonto, solo confirmando lo dicho aunque se la ha llevado embarrada también.

Por ese motivo era Pietro el de las travesuras geniales, ella jamás ha sido buena para recibir sermones y no fomentaba méritos para tenerlos. Parecía que era una maña que no se le había quitado con los años. Además, ¡acaba de perder su gabardina favorita!

— ¿Ustedes son quienes ha tomado mis amadas, deliciosas y atesorados alimentos? — la cocina de doscientos mil dólares no parecía tener importancia, sino las dichosas rosquillas, al menos para Anthony.

— No creo que ese sea el punto aquí, Stark. — refutó Steve con amabilidad, pero Tony volteo a verlo con un tic en el ojo. Mientras tanto, el soldado se adentró con cuidado de no embarrarse, se aceró a tomar la caja semivacía de rosquillas dentro de la alacena y volvió a su lugar pasando el tesoro dorado a Tony quien prácticamente se abrazó a ellas.

— ¡Ese es claramente el jodido punto, Rogers! — el nombrado alzó las manos rindiéndose, dejando que Tony explotara libremente — ¡Limpien su desastre, ahora!

— ¿Pediremos hamburguesas para comer? — cuestionó Peter como si nada, y Wanda pudo sentir una pequeña punzada en su contra siendo que su estúpido plan parecía ir a son de popa como el nene quería.

Si no fuera porque lo quería mucho más que a cualquiera, ya estaría planeando su venganza.

— ¡Tú vas a limpiar también! — declaró Tony mientras daba media vuelta para retirarse a zancadas rencorosas.

— ¿Pero por qué?

— ¡Por qué la cocina que acaban de dejar como cacería de brujas era mía! — fue así como el ingeniero desapareció, dejando atrás a un Parker con rostro desolado.

Bueno, que no se diga que la vida era justa.

— Será mejor que empiecen ahora, no pienso seguir pidiendo comida a domicilio. Y sin magia. — Steve los miró con severidad para después tomar un rumbo lejano pero diferente al del ingeniero.

Wanda y Scott voltearon a verse a la par, con los murmullos quejumbrosos de Peter como fondo a su pelea interna. Ahora ambos sabían bien porque no podían sentirse cómodos tratando de ser amigos, no, eso jamás serviría para ellos; todo quedaba claro, tan cristalino como el agua y tan real como el aire, y es que ellos eran lo que se llamaba rivales naturales.

Apareció en el momento así como las chispas del microondas, lleno de luz la cocina como fuegos artificiales, así como sus vidas oscuras y aburridas se encendieron al declararse la guerra. Wanda extrañaba pelearse con alguien sin remordimientos, Scott por su naturaleza necesitaba llevar la contraria siempre, ambos creyendo que sus miradas traspasaban con frialdad para dejar en lo alto su mensaje mutuo: ahora eran enemigos de confianza.

Peter por otro lado, ya había ido a buscar las escobas porque esos dos no tenían para cuando dejar de observarse tan sonrientes.


*) Sokovia como tal no existe, pero se ubica al este de Europa, pero como en el jodido este de Europa se hablan más de tres lenguas, dejemos como que el idioma de Wanda sencillamente es raro.

Jajaja ay... sí, ya sé que puede y haya ocacionado un OoC intensional, pero es que así fue como lo imagine y no pude negarme a publicarlo xD

No soy fan de Katty Perry, pero este corto fue inspirado por la canción "Firework"

Esta es la historia del cómo se quemo la cocina, esta puesto en la línea temporal del capítulo cinco "Mentiré, engañaré, suplicaré y sobornaré para que estes bien"... vaya, debo mejorar en esto de los títulos xD

En fin, aún falta otro extra sobre como Peter conoció a Harley, el niño de Iron-Man 3 que adoro. Y la version Stony de esta historia también la subiré en un ratito, por si gustan pasar a darse una vuelta!