¡Hola a todos! Ya estoy de vuelta con el siguiente capítulo. Os tengo que hablar de este… porque ha sido el capítulo más difícil que he escrito jamás xD, no os podéis figurar lo que me ha costado, no he hecho más que borrar y re-escribir una y otra vez, pero es un capítulo muy importante y tenía que estar perfecto.
He sufrido un ligero bloqueo porque no sabía cómo poner las cosas como a mí me gustaran. Me ha ayudado mucho la nueva canción de P!nk, 'F**kin' Perfect', la verdad es que escuchándola me ha salido prácticamente sola la segunda mitad del capítulo, y la más problemática. ¡Gracias P!nk, por ser tan estupenda y escribir unas canciones tan geniales!
En otro orden de cosas, durante este bloqueo escribí un pequeño honesto que se llama Novatos, va sobre Katie y su familia de Texas de la que hablé muy por encima en uno de los capítulos… No es mi mejor trabajo y es una tontería de fic, pero si a alguien le apetece leérselo podéis encontrarlo en mi perfil =)
En fin, ya sin más, os dejo con el capítulo que es largo, largo, largo (13 páginas de Word… os vais a morir y me vais a odiar xD). ¡Disfrutad!
Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer pertenece a J.K. Rowling.
CAPÍTULO 10
Siempre hay una verdadera razón detrás de un 'sólo pensaba…'. Anónimo
—Fue muy entretenido, la verdad —le decía Katie a Alicia, que se la había llevado a un rincón de los vestuarios para que le contase qué tal le había ido el día anterior con Cedric —. Es un chico estupendo, y me lo paso genial con él.
Alicia sonrió —Me alegro, lo cierto es que te lo mereces después de tanto tiempo… Ya sabes.
La chica respondió con otra sonrisa. Miró a su alrededor para constatar que seguían sin tener ningún oyente indeseado. El ambiente seguía bastante crispado y no tenía ganas de levantar ninguna ampolla, aunque en realidad no tendría por qué cuidarse de lo que decía, aquel era, hasta su conocimiento, un país libre. Pero también tenía una cosa llamada sentido común, cosa que Oliver Wood no, que les había tenido durante dos horas después de un entrenamiento dándoles una charla 'alentadora' sobre el próximo partido contra Slytherin, para el que tan solo faltaba una semana. Todo eso añadido a los deberes y a que Oliver seguía sin hablarle, no hacían más que añadir más y más probabilidades a un ataque de nervios.
Con Alicia del brazo, se aproximó a la puerta del vestuario de Gryffindor.
—Tiene que ser emocionante que te traten como a una reina, no sabes la envidia que me das —le dijo su amiga, bromeando.
—Pues el otro día me llevó a volar con él en escoba… Fue muy romántico —le dijo en voz baja y sonriendo con picardía.
Se escuchó entonces un gruñido seco al otro lado de la sala.
—Yo podría haber hecho eso —oyeron decir a Oliver, casi sin darse cuenta, mientras metía sus cosas en una mochila.
Las miradas atónitas se sucedieron, y prácticamente al instante todos los miembros del equipo de Gryffindor estaban mirando a su capitán con los ojos como platos.
Katie se aclaró la garganta —¿Disculpa? —preguntó extrañada.
—Ehm… —empezó a decir Wood —. ¡O los gemelos! O Potter, cualquiera lo habríamos hecho si hubiésemos sabido que querías, no tenías por qué esperar al idiota de Diggory —concluyó.
El gesto de Katie se transformó de incrédulo a total resignación. Poniendo los ojos en blanco, decidió pasar de todo y no volver a montar una escena —Vale… Lo que sea —y alzando las cejas se volvió hacia Alicia —. Me voy, he quedado con Cedric para ver qué hacemos con lo de Hogsmeade de esta tarde, me está esperando en el campo… ¡Feliz Halloween a todos!
Angelina miró a Oliver y negó con la cabeza, Alicia y Harry seguían el camino de Katie. Sin embargo, los Weasley se quedaron donde estaban, pensativos.
—¿Crees que ha llegado nuestro momento, Gred?
—Desde luego Forge… ¡Lo está pidiendo a gritos!
Katie recorrió por segunda vez el camino hasta el campo de Quidditch, donde el equipo de Hufflepuff tenía entrenamiento. Ella había pensado que no podría hablar con Cedric hasta que terminaran, pero claro, no había contado con la obsesiva-compulsiva charla de Oliver, que duraría hasta el comienzo del siguiente entrenamiento programado para el campo.
Sonrió al reconocer a lo lejos la figura de Cedric, que estaba dando instrucciones a algunos de sus jugadores. El entrenamiento todavía no había comenzado, ya que podía ver salir a algunos miembros del equipo de su vestuario.
Cedric, que se percató de su presencia, la saludó con la mano mientras la observaba acercarse. Katie estaba absorta en su mirada, tanto que casi no se dio cuenta del zumbido que se le acercaba.
Al girarse, observó cómo una implacable bludger se dirigía hacia ella sin piedad. Con unos reflejos propios de una jugadora de quidditch, cogió el libro que tenía bajo el hombro con ambas manos y le atizó con todas sus fuerzas, lanzándola hacia el otro lado del campo.
Suspiró de alivio y se volvió para mirar a Cedric, que se acercaba a ella corriendo.
—¡Vaya! ¿Considerarías unirte al equipo? Nos haría falta alguien como tú —le dijo sonriéndole.
La chica rió —¡Sí, claro! Como si no tuviese ya suficientes cosas que hacer —Cedric la alcanzó y le dio un rápido beso en los labios —Por cierto, si no les caigo bien pueden decírmelo, no hace falta que se pongan tan físicos —bromeó al separarse.
—No, te aseguro que si les cayeses mal no habrían sido tan sutiles —respondió Cedric, recibiendo una cálida sonrisa de su novia —¿Podemos quedar a las 4 en la puerta del Gran Comedor? Así me dará tiempo de terminar los deberes de McGonagall.
Katie asintió —Por mi perfecto. ¡Tengo muchas ganas! —le dijo emocionada.
—Yo también —le dijo el chico, acariciándole la mejilla —Bueno, me voy a entrenar, estos vagos no van a moverse sin mi.
—De acuerdo, hasta luego entonces —respondió ella, acercándose para despedirse con un beso.
Cedric sostuvo las mejillas de Katie con sus manos y profundizó un poco el beso, que se hizo más largo de lo que cualquiera de los dos había pretendido en un principio.
—¡Eh, capitán! ¡Menos besar y más entrenar! —escucharon, seguido de un montón de risitas traviesas.
Ambos se separaron, un poco sonrojados, y riendo entre dientes.
—Hasta luego —le dijo Cedric, que esperó a que ella se alejase lo máximo para soltarle la mano.
Katie sabía que todo aquello era cursi y romanticón, pero no podía evitar disfrutarlo y sonreír como una idiota.
Fred y George Weasley eran criaturas extremadamente observadoras. Eran capaces de conocer los más nimios hábitos de una persona con tan solo unas pocas semanas de observación. Si añadimos que llevaban observando el objeto de estudio que los tenía ocupados desde hacía años, eso les hacía conocedores de una cantidad de información impresionante.
Sabían exactamente cuál era la rutina de Oliver Wood después de cada entrenamiento, y ahora mismo le estaban esperando al salir de su despacho en los vestuarios del equipo de quidditch de Gryffindor, apoyados uno a cada lado de la puerta.
Cuando la puerta se abrió, abordaron a su capitán sin pensárselo dos veces.
—¡Vaya, pero si es nuestro adorado capitán!
—¿Quién lo habría dicho? Nosotros aquí, sin darnos cuenta de que ibas a salir…
Oliver Wood los miró a ambos con el ceño fruncido. —¿Se puede saber qué queréis? Tengo que ir a la biblioteca.
—¡Sí! Ya lo hemos supuesto, ¿a encontrar más maneras de torturarnos? —preguntó Fred, o George. Todavía no conseguía distinguirlos siempre.
Él sonrió con sorna —Podría llamarse así, sí.
Los gemelos se miraron con complicidad y picardía, agarrando a Oliver cada uno de un hombro.
—¿Sabes, capi? Te vemos un poco alicaído últimamente.
—Por eso hemos decidido…
—…que necesitas despejarte un poco.
Wood los miró a los dos con incredulidad —Lo que necesito es que me dejéis tranquilo para poder terminar de planificar el…
—¡Sí! Sí, sí… Seguro que sí. Pero esta vez no vas a escaquearte, ¿verdad que no, Fred? —dijo George, cogiéndole las hojas que llevaba en la mano y pasándoselas a su hermano.
—No, de eso nada —las hojas salieron volando por la ventana del vestuario.
—¡Eh! —protestó Wood, intentando volverse hacia atrás para cogerlas.
—¡Ah, ah, ah! Sigue caminando, capitán. Tenemos muchas cosas que hacer hoy —le dijo Fred mientras seguían arrastrándolo. Continuaron caminando entre murmullos y protestas, pero al final lo sentaron de un empujón en una de las butacas de la Sala Común de Gryffindor.
—¡Mírate Wood! Ni siquiera has comido, y te vas a la biblioteca a seguir dándole al quidditch… ¡Necesitas un respiro! —dijo George, señalando a Oliver con un dedo acusador.
—Pero es que… —empezó a quejarse Wood.
—¡No hay peros! Hoy hay salida a Hogsmeade, ¿te acuerdas? Y estamos dispuestos a olvidarnos de Zonko por un día para llevarte de paseo. ¿Es que eso no significa nada para ti? —preguntó Fred, haciéndose el ofendido.
Oliver alzó una ceja, incrédulo, y se apoyó en sus rodillas.
—Además tenemos un problema del que hablar contigo. Verás, a George le gusta una chica —enunció Fred misteriosamente, haciendo que Oliver pareciese un poco más interesado.
—¿Ah sí? —preguntó George.
—Sí —le respondió su hermano tajantemente.
—¡Pues sí! —contestó entonces George volviendo su mirada hacia Oliver —. Y necesito tu ayuda porque… creo que sería capaz de… conquistarla aplicando tácticas de quidditch —le dijo, improvisando claramente.
Su gemelo lo miró entre impresionado y extrañado. La cara de Oliver era todo un poema, el chico dudaba entre salir corriendo de allí o echarse a reír a carcajadas.
Fred bufó y puso los ojos en blanco —Está bien, si vienes con nosotros no protestaremos y promoveremos entrenamientos extra esta semana.
La cara de Oliver se iluminó entonces y se levantó al instante —Voy a cambiarme —y subió rápidamente las escaleras de la torre hacia su dormitorio.
Los hermanos se miraron con complicidad y chocaron sus manos.
—El plan ya ha empezado…
—¡Somos buenos!
Apenas diez minutos después de la desaparición de Oliver, vieron bajar al otro sujeto que iba a intervenir en su plan: La siempre alegre y amable Katie Bell. La Sala Común estaba repleta de alumnos a punto de irse para coger el tren de Hogsmeade, pero les fue totalmente imposible no verla.
Katie siempre había sido una chica guapa, pero aquel día se había recogido el pelo en un moño muy juvenil, con algunos rizos sueltos que caían enmarcando su cara. Además, llevaba puesto un pantalón vaquero combinado con un suéter corto, que dejaba ver una pequeña porción de su abdomen. No era un escote excesivamente generoso, pero estaba llamativa en contraste a su habitual aspecto. Complementaba el conjunto con una cazadora de cuero, estaba arrebatadora.
—¡Vaya, Katie! —le dijo George acercándose —. Qué guapa... ¿Crees que tu madre aprobaría ese conjunto?
La chica les dedicó una mirada que correspondía al tono jocoso de George —Pues supongo que sí, porque es ella la que me lo ha enviado… —y les alzó las cejas antes de seguir caminando seguida de Leanne, que repitió el gesto.
—¡Pásalo bien, Kate! —le gritó Fred antes de mirar a su hermano con picardía.
—Nos lo están poniendo demasiado fácil, ¿no crees? —preguntó George en voz baja.
—No cantes victoria todavía… Tenemos que conseguir manejar a Cabezabuque-Wood.
—Muy cierto…
Y ambos se sentaron a esperar a que bajara el susodicho.
Katie se vio de pronto inmersa en una maraña de telarañas, calabazas y esqueletos que se movían por el recinto. Cedric la había llevado al Salón de Madame Pudipié en Hogsmeade y se encontraba pidiendo una mesa para los dos.
Casi ni lo vio acercarse, estando tan absorta como estaba observando la naturaleza del lugar.
—Katie, ya tenemos mesa —le dijo a la chica agarrándola de la mano para acompañarla.
—Aha —respondió Katie sin perder detalle de una pareja que también se estaba sentando, aunque hacia el otro lado, y empezaban ya a hacerse carantoñas. Al otro lado de la sala otra pareja estaba en una sesión intensiva de besos y justo a su lado había otra pareja que usaba la lengua con muy poca delicadeza.
Cuando se hubo sentado, dejó de mirar a su alrededor y centró su atención en Cedric, que se había sentado frente a ella en una pequeña mesa redonda que tenía un porta velas con forma de calabaza de Halloween. Le sonrió y espero que le dijese algo.
—¿Qué te parece el sitio? —preguntó Cedric colocando su chaqueta en el respaldo de su silla —. No puedo creer que no hayas estado aquí antes.
—Am… —su mirada se desvió de nuevo a los poco delicados que estaban sentados junto a ellos. Su estómago se contrajo —. Pues… Pues… Está bien es… —se distrajo de lo que iba a decir cuando el chico empezó a meterle mano a la chica sin discreción alguna. Puso cara de dolor y asco y volvió a mirar a Cedric.
—¿Te gusta entonces? —volvió a preguntar agarrándola de la mano.
Ella trató de disfrazar su mueca pero supo que no sería capaz —Bueno yo… —al final suspiró, dispuesta a ir con la verdad por delante —. Sólo para que lo sepas, no pienso hacer nada de ESO aquí —le dijo señalando a la pareja que la llevaba por la calle de la amargura.
Cedric la miró sorprendido y después observó a la pareja a la que se refería. Entonces soltó una risotada —No te preocupes… Si te he traído aquí es porque hacen unos brownies deliciosos.
—Oh… —respondió ella —. Pues francamente me dejas más tranquila…
Él le contestó con una sonrisa —No conocen el significado de la palabra discreción, ¿eh?
Katie negó con la cabeza —En realidad no creo ni que conozcan su existencia —contestó por fin recuperando su habitual tono de voz.
Su conversación se vio interrumpida por la llegada de la camarera del establecimiento, que les tomó nota de lo que querían tomar y se lo trajo en poco tiempo, dejándoles solos con lo que se convirtieron en los mejores brownies que Katie Bell habría probado en toda su vida.
—¡Pues aquí estamos! —exclamó Fred Weasley cuando se hubo sentado en una mesa de Las 3 Escobas acompañado de su gemelo George, Oliver Wood y su otro hermano, Percy Weasley, que se había acoplado a ellos.
—¿Qué queréis? ¿Cerveza de mantequilla? ¿Whisky de fuego? ¡Invito yo! —añadió su gemelo levantándose y sacando la cartera.
—Dudo mucho que te sirvan whisky de fuego, George, cuando no eres mayor de edad todavía. Además no creo que puedas invitarnos a todos si luego quieres comprarte ese horrible artilugio que venden en Zonko —apuntilló Percy Weasley quitándose el sombrero que se había puesto para evitar que la nieve que empezaba a caer mancillase su pulcrísimo cabello.
George respondió con una mueca y miró a su gemelo —¿Recuérdame otra vez por qué hemos aceptado que viniera?
—Porque estaba solito el pobre y tenía que hacer tiempo hasta que su queridísima Penélope Clearwater terminase de tomar el té con sus amiguitas —y miró a Percy con cara de pocos amigos —. Y además porque me ha amenazado con decirle a mamá lo que quería comprarme si no lo traíamos —Percy respondió con una sonrisa radiante.
—Cerveza de mantequilla para todos entonces —cortó George marchándose a la barra para pedir.
Oliver Wood se sentía un poco extraño, ya que ante la insistencia de su presencia allí no le estaban haciendo prácticamente caso alguno. Después de algún que otro comentario ponzoñoso por parte de Fred en relación a Percy, George llegó con las cuatro jarras de cerveza en las manos.
—Pues aquí están. Gracias Percy, por ayudarme tanto a traerlas —dijo este al colocar las jarras en la mesa.
Percy lo miró extrañado —Pero si yo no te he ayudado.
—No, no lo has hecho —respondió su hermano sentándose —. Vamos a tener que enseñarle lo que significa el sarcasmo —dijo a nadie en particular.
—Bueno… ¿No queríais hablar de algo muy importante? —preguntó al final Oliver, un poco cansado.
—¡Sí! Sí, y ahora que sacas el tema me parece muy oportuno que hablemos sobre el equipo, Woodsy —dijo Fred tomando el control de la situación.
Oliver lo miró co los ojos como platos —Pero si yo no… ¿Me has llamado Woodsy?
—Claro, como capitán es tu deber el procurar por el bienestar del equipo, y si el ambiente está tan tenso como ha estado últimamente… ¿No crees que deberíamos buscar una solución? —le cortó George.
—Pues… Claro que sí, pero… ¿No íbamos a hablar de la chica que le gusta a George? —inquirió Wood sin terminar de creerse la situación en la que se encontraba.
—¿A George le gusta una chica? —preguntó Percy totalmente perdido.
—¡Ah! Sí, sí, eso era todo mentira —dijo George con toda la tranquilidad del mundo.
—¿Cómo dices? —Wood estaba atónito.
—Sí, creo que es más importante que hablemos sobre el problema que hay entre Katie y tú —respondió Fred ante la mirada ojiplática de Oliver que no podía creerse lo que estaba escuchando —. Oh, ¡vamos! ¡Supéralo Wood! Estamos siguiendo adelante… ¡Ahora estamos hablando de ti! ¿A que sí, Percy?
Percy Weasley, cuya mirada estaba pareciéndose cada vez más a la de Wood, se quedó con la boca abierta —¿Qué…?
—En fin Woodsy, ¿qué tienes que decir a esto? No podemos seguir así eternamente… ¿No crees que deberías analizar el problema que tienes con Katie para ver a qué se debe exactamente? —esta vez fue George el que intervino. Los gemelos estaban actuando como actores que se habían aprendido su guión perfectamente, sin posibilidad de desviarse del camino, como dos entes totalmente sincronizados.
Oliver parpadeó muchas veces como intentando encajar la encerrona —¿Qué? Mira Weasley, no tengo ganas de hablar de ello, ¿de acuerdo?
—¡Pero Wood! No lo comprendes… La realidad de la psique humana exige que los problemas que tienen relación con el subconsciente salgan a la luz, de lo contrario podrían mutilar nuestra alma hasta reducirla a pedacitos. ¿Verdad, Percy? —dijo George.
Percy, que seguía medio en coma, reaccionó con un pequeño respingo al escuchar mencionar su nombre —¿Qué…?
—Lo dicho. Si no es por tu propia salud interior, piensa en la de los miembros de tu equipo —continuó Fred —. Piensa que un equipo que trabaja en armonía siempre es mucho más eficiente.
Oliver sonrió un poco al recordar unas palabras parecidas dichas por otra persona no hacía demasiado tiempo.
—¿Lo ves? Hasta tú mismo te das cuenta de que esto es necesario. ¡Tienes que hablar de ello, por Merlín! ¿O no, Percy? —continuó Fred.
Su hermano mayor, que puso los ojos en blanco, se levantó de su asiento —Me voy a ver si Penélope ha terminado ya…
—A lo que íbamos es… ¿Qué es lo que pasa con Katie? —le ignoró George volviendo su mirada hacia Oliver.
Wood lo miró sorprendido —¿Que qué es lo que pasa con Katie? ¿Acaso te has perdido las últimas semanas, George? ¡Por si no te has dado cuenta, está saliendo con el enemigo!
—Vale, sí, ese es el planteamiento técnico…
—¿Qué más planteamientos hay? —preguntó Oliver hastiado. Hablar de ese tema siempre le ponía de un humor de perros.
—Pues está el hecho de que te pongas tan de los nervios cada vez que se menciona… ¡Y no nos vengas con el cuento de que Diggory quiere robarnos las tácticas! Sabes de sobra que ese argumento no sirve —aclaró Fred.
—¿Cómo que no sirve? —respondió Oliver —. ¿Pero es que no te das cuenta de que…?
—Wood, insultas la integridad de Katie cuando la crees tan idiota como para no darse cuenta de que un chico sólo está detrás de unas estúpidas tácticas de quidditch. Además, ¡tampoco son tan buenas! —le dijo George.
—¿Que no son…? —a Oliver parecía estar a punto de darle una embolia cerebral.
—Oliver, ¿en serio crees que Katie no se daría cuenta de que Diggory sólo está con ella para informarse sobre nuestro equipo? ¿No la conoces lo suficiente como para saber que tiene la cabeza sobre los hombros? No es como si estuviésemos hablando de cualquier persona —continuó George —. Sabes que ella es tu amiga y que jamás te traicionaría con algo que sabe que es tan importante para ti.
El aludido parecía sorprendido con aquel 'nuevo' punto de vista. Estaba pensativo y sorprendido, sin saber muy bien cómo reaccionar ni qué decir.
—Yo he hablado con ella de esto, y realmente se gustan, no hay más. Si te hubieses parado a mirarles durante un solo segundo te habrías dado cuenta de ello —dijo Fred.
—Pero… —intentó decir Oliver.
—No hay peros que valgan. Sabes que es así, la conoces bien —le cortó George con semblante serio.
Fue precisamente ese semblante el que hizo reaccionar del todo a Oliver, que no estaba acostumbrado a que los gemelos Weasley se tomasen nada en serio. Quizá, sólo quizá, estaba un poco paranoico… Al fin y al cabo tenían razón, conocía bien a Katie y la consideraba su mejor amiga, estaba comportándose de forma injusta sin haberle dado siquiera la opción de explicarle la situación. De pronto se sintió terriblemente mal por haberle hecho daño de aquella forma.
Fred Weasley, que se había dado cuenta del cambio que se estaba produciendo dentro de su capitán, se decidió a seguir hablando entonces —¿Hablarás con ella?
—Sí… Supongo que debería… —respondió Wood rascándose la nuca como cada vez que se le presentaba algo que no tenía demasiadas ganas de hacer. Una confrontación con Katie entraba precisamente dentro de esa categoría.
—Pues tienes una oportunidad de oro ahora mismo —dijo George levantándose de la mesa.
—¿Qué? —dijo Oliver mientras sentía que dos pares de brazos lo levantaban de su sitio.
—¡Sí! Ahí mismo la tienes, saliendo del Salón de Madame Pudipié… con Diggory —hizo hincapié Fred Weasley. Los hermanos se colocaron uno a cada lado de Oliver, expectantes ante lo que podía ocurrir en ese momento. Habían tenido razón anteriormente, la suerte les estaba siendo demasiado propicia.
Oliver no decía nada, se limitó a observar cómo Diggory sujetaba la mano de Katie en la suya propia después de que esta se había puesto la cazadora que llevaba. Estaba guapísima, no era que normalmente no lo estuviera, pero se la veía feliz. No dejaba de sonreír a Diggory y hablaban tranquilamente en su camino hacia el puente de vuelta a Hogwarts. De nuevo aquella extraña puñalada en el estómago se presentaba sin avisar.
—¿Qué pasa, Wood? ¿Hay algún… problema? —preguntó Fred mirando a su hermano.
—No… —respondió el aludido.
—¿Seguro? Porque se te ha cambiado hasta la cara —dijo George volviendo a llevárselo hasta la mesa donde todavía seguían sus cervezas a medio beber.
—No será el haber visto a Katie con Diggory, ¿verdad? Porque hemos disipado todas tus dudas sobre la lealtad de nuestra Kates… ¿No es cierto? —siguió insistiendo Fred a sabiendas de que estaba llegando a un punto importante en la conversación.
—Claro, ahora que has comprendido que Katie no va a huir con todas nuestras tácticas secretas no debería molestarte que estén juntos… a no ser que haya otro motivo para ello, ¿no te parece? —continuó George. Ambos Weasley estaban sentados frente a Oliver, que estaba totalmente acorralado.
—¿Qué otro motivo podría haber para que no te hubiese gustado verles juntos, hmm? —siguió Fred Weasley implacablemente.
—Yo… Yo… Sólo pensaba… —las neuronas del cerebro de Oliver Wood estaban en plena ebullición, intentando recabar una información, una verdad que sabía que estaba enterrada en el fondo de sí mismo. ¿Por qué motivo iba a molestarle que Katie se viese con otro chico si no había ningún problema de quidditch de por medio? ¿Cómo podía sentir aquella extraña emoción que ahora mismo le embargaba por momentos? Algo parecido, muy parecido a los celos…
—Piénsalo bien, pequeño Wood… ¿No será que no te gusta que Katie esté con Diggory por otra razón muy diferente? Algo más… Emocional, como que no te guste que Katie esté con alguien que no sea… bueno, tú —terminó de decir George sintiéndose totalmente un maestro de la intriga.
—¡Qué dices! Eso… —'no puede ser' quiso continuar. Ella era Katie, su Katie, su mejor amiga, la persona con la que había compartido sus mejores y peores momentos desde que había llegado a Hogwarts, algo muy parecido a tener una hermana sin tener que aguantar todo lo que le aguantaba a su hermana de verdad.
Pero no pudo terminar la frase. ¿Cómo que no podía ser? ¿No era que la primera gran puñalada de celos había surgido en cuanto había visto aquel desafortunado beso en el Gran Comedor? Era a él y a nadie más que a él a quien deseaba ver al lado de Katie de una manera tan irracional que incluso asustaba. Fue entonces en ese instante cuando comprendió que realmente estaba muerto de celos porque Diggory ocupaba un puesto que quería sólo para él.
—Oh, Merlín… —musitó con la mirada perdida.
Fred Weasley frunció el ceño —Y se da cuenta ahora el muy cenizo…
—¡No puedo creerlo! Hermano, tenías razón, este hombre es muy denso… ¡Yo creía que por lo menos él lo habría aceptado para sí mismo! Estabas en negación total, tío —dijo George dándole palmaditas en el hombro.
—Yo… Yo… —Oliver no sabía cómo organizar sus pensamientos, se sentía como si estuviese sobre los postes de gol, a punto de caer en picado. No sabía qué decir, cómo sentirse, cómo actuar… No había estado tan confuso en toda su vida. Pero entonces le llegó un momento de iluminación —. ¡Le dije…! ¡Le dije que era mi mejor amiga! —soltó al final sintiéndose totalmente frustrado.
George puso los ojos en blanco —Eso es el beso de la muerte, Woodsy.
—¿Cómo…? ¿Cómo he podido ser tan idiota? ¡Cómo he podido no darme cuenta! —Oliver apoyó los codos sobre la mesa y se sujetó la cabeza con las manos, sintiéndose totalmente desesperado.
—Bueno… Si te sirve de consuelo es tu estado normal —le dijo George intentando 'consolarle'.
—¿Y ahora qué hago? ¿Qué hago? —preguntó Wood todavía en estado de shock.
—Lo primero que tienes que hacer es cambiar la actitud, porque aunque no te lo parezca, las tácticas que has llevado a cabo hasta ahora, aunque de manera inconsciente, no han resultado precisamente satisfactorias, ¿verdad? —siguió Fred con una sonrisa.
—Ahora lo que vamos a hacer es ir a Zonko a por nuestros… accesorios. Después volveremos a Hogwarts y ya te ayudaremos con un plan de acción —dijo George levantándose de la mesa.
Su hermano le siguió y entre ambos consiguieron levantar de su asiento a Wood, que todavía seguía murmurando como si estuviese loco. George llevó dos jarras vacías de cerveza a la barra y se llevó a Wood hacia la puerta de Las 3 Escobas.
Fred, que se había quedado un poco atrás, llevó las otras dos jarras. Extrañado, miró hacia su hermano y Oliver —¡Eh! ¿Dónde está Percy?
Oliver no podía dejar de mirar a Katie ni por un segundo durante la cena de Halloween en el castillo. Estaba sentada entre Leanne y Alicia y estaba riéndose continuamente. Le encantaba aquella sonrisa, tan sincera y perfecta que removía hasta el último recodo de su corazón. ¿Cómo había podido ser tan idiota e ignorante?
Cada pequeño detalle conseguía sobrecogerle, desde su incesante manía de colocarse el pelo detrás de la oreja hasta cómo le brillaban los ojos cada vez que contaba alguna cosa a sus amigas. Cuando recordó sobre quién serían las cosas que les estaría contando le invadió de nuevo el desasosiego.
La chica no parecía percatarse de su escrutinio, con que se sintió a sus anchas de seguir deleitándose con ella. Sentía ganas de golpearse la cabeza contra la dura mesa de madera una y otra vez por haber sido un imbécil semejante, hasta el punto de no saber reconocer sus propios sentimientos. Quizá sus compañeros tenían razón y estaba demasiado obsesionado con el quidditch…
Antes de que terminara oficialmente la cena la perdió de vista, y en pocos minutos él mismo se perdió entre el bullicio de alumnos que volvían a sus respectivas casas. Echó a andar con Percy hasta la torre de Gryffindor, donde se encontraron con una enorme cola.
—Qué raro… —le dijo a Percy.
—¿Alguien se ha caído por ahí? —escucharon decir a otro de sus compañeros de habitación.
—Dejadme pasar, por favor —dijo Percy con su brillante insignia de Premio Anual sobre el pecho —. ¿Qué es lo que ocurre? No es posible que nadie se acuerde de la contraseña. Dejadme pasar, soy el Premio Anual —decía mientras se hacía paso entre la multitud de alumnos.
Oliver aprovechó para seguirle y llegar casi hasta el cuadro de la señora gorda. Cuando llegaron hasta allí se quedaron totalmente pasmados. El cuadro estaba vacío.
—Que alguien vaya a buscar al profesor Dumbledore, rápido —ordenó Percy con la voz algo temblorosa y aguda.
Wood sólo sabía que eso no podía significar nada bueno. En unos instantes apareció Dumbledore seguido de McGonagall, Snape y Lupin, que llegaban corriendo. Peeves también pululaba por allí. Su estómago se encogió mientras buscaba con la mirada a Katie por alguna parte, pero no conseguía encontrarla. Empezó a ponerse muy, muy nervioso.
—¿Dijo quién lo ha hecho? —escuchó que Dumbledore preguntaba a Peeves.
—Sí, señor director —respondía el poltergeist —. Se enfadó con ella porque no le permitió entrar, ¿sabe? Ese Sirius Black tiene un genio insoportable.
Entonces empezó el momento más angustioso de la vida de Oliver Wood hasta aquel momento. Se escucharon gritos de los alumnos y enseguida cundió el pánico. Sirius Black en el castillo, y él seguía sin poder encontrar a Katie.
Se abrió paso a empujones entre los aterrorizados alumnos y se encontró con Angelina —¿Has visto a Katie? —le preguntó intentando seguir entero.
—¿A Katie? No… —contestó Angelina, claramente asustada —Oliver… —a la muchacha empezó a temblarle la barbilla.
Wood siguió abriéndose paso entre la multitud mientras cientos de hipótesis se le pasaban por la cabeza. Katie se había ido antes de que terminasen todos, ¿y si había subido a la torre? ¿Y si se había encontrado con Sirius Black? ¿Y si…? ¿Y si no volvía a verla y lo último que había escuchado de él era una estupidez? ¿Y si no tenía ocasión de decirle lo que sentía por ella? Su corazón latía fuertemente en su pecho y sus manos le temblaban.
Leanne se unió a él en cuanto Angelina le dijo que no conseguían encontrar a Katie. Percy parecía estar al borde de un ataque de nervios. Los profesores arrastraban a los alumnos hacia el Gran Comedor, al parecer iban a buscar a Black.
—¡Leanne! —escuchó entonces tras de sí —. ¡Oliver! ¿Qué está pasando? —nunca antes había sentido tanto alivio como cuando vio a Katie caminar hacia ellos sana y salva, sin un solo rasguño.
Sin poder contenerse, olvidando cualquier tipo de recelo, avanzó hacia ella y la estrechó entre sus brazos como jamás había abrazado a nadie. La sostuvo con fuerza sin terminar de creerse que estaba bien, que estaba viva y estaba con él, lo podía comprobar por sí mismo. Enterró su cara en los suaves cabellos de Katie aspirando su aroma, sintiéndose afortunado de poder hacerlo una vez más. Se sintió feliz, aliviado, y sobre todo, que estaba donde tenía que estar.
Cuando al final se separó de ella le agarró el rostro con las manos —¿Estás bien? ¡Dónde estabas! ¡Black ha entrado en el castillo y casi entra en la torre de Gryffindor!
—¡Estoy bien, Oliver! ¡Estoy bien! —le dijo ella sonriendo nerviosamente, intentando asegurarle que no tenía nada de qué preocuparse.
Sin darle opción a decir nada más volvió a abrazarla, durante menos tiempo esta vez, ante la atenta mirada de Leanne. Aunque no sólo de ella, ya que, a lo lejos, Cedric Diggory observaba desde la distancia.
N/A: ¿Qué tal? ¿Bien? ¿Mal? ¡Comentadme lo que sea! El feedback es muy importante para mi en este capítulo, a todas las que comenten les regalo una piruleta!
