Dilema de comunicación
.
.
- ¿Dónde estuviste anoche?
Levanto la mirada de la gran porción de helado que se estaba comiendo. Kurama, de brazos cruzados y sombras negras bajo los ojos, le había hecho una pregunta antes de tener los modales para saludar. Pequeños detalles que le denunciaban su estado de ánimo. Kurama estaba molesto. Genial. Venia el juego de "¿Y a ti que te sucede ahora? Adivinemos"
- Afuera.
- ¿Tanto tiempo?
"Afuera", que respuesta tan fácil. Sin especificaciones ni razones. Típico de Hiei cuando no quería hablar de más o no deseaba que supiese algo.
- No recuerdo el tiempo.
Apretó su brazo sin heridas a sanar fuertemente con su mano, en acto de colocar la ira en algún lado.
- ¿Recuerdas dónde?
Con una pequeña sonrisa de satisfacción, Hiei termino su desayuno-postre antes de levantarse y dirigirse a las escaleras.
- Lejos.
- Que hombre tan simple, o astuto- oyó la voz de Youko al seguir a Hiei hasta las escaleras- Responde rápido y sin detalles. No niega ni afirma nada. No puedes evaluar sus respuestas.
Había visto en los ojos de Hiei, además de su despreocupada actuación en el comedor, una pequeña pizca de tranquilidad, como si se hubiera quitado un peso de encima de la noche a la mañana, porque el día anterior estaba rabioso. Estaba seguro que la interrupción de Yusuke anoche tenía mucha relación con lo que fuese que había estado haciendo Hiei, "lejos" y "sin tiempo".
- Pregúntale por la compañía. La pregunta directa siempre gana.
Se negó con la cabeza, inflexible. Llego al pasillo de arriba, detrás de Hiei. Los ojos carmesí lo contemplaban un poco extrañados. Maldijo. Había dejado que Youko, otra vez, le influyera cerca del más joven.
La mirada interrogativa de Hiei se desvió de su rostro hacia la puerta de la habitación, no supo si debía aliviarse o molestarse por su falta de atención. Abierta la puerta se dirigió directamente al guardarropa, buscando otro de sus conjuntos góticos para salir a realizar aquellos trabajos en los que él era "el mejor" y le permitían ir libremente a su gusto.
Luego noto había estado todo el tiempo en silencio. Le gustaba la calma de los bajos sonidos, pero cuando estaba con un Hiei tan misterioso tenía la necesidad de hablar de lo que fuera.
- Keiko me ha despertado con una llamada muy temprano. ¿Recuerdas a Keiko?- quiso oírlo hablar, al menos con el tono fastidiado que le hacía saber que era el mismo de siempre.
- ¿Quién?
- La prometida de Yusuke, tu compañero.
Hiei hizo un sonido tosco con la boca. El tema poco le apasionaba, como la vida sentimental del detective.
- En fin, voy a ayudarla. Me ha estado esperando para atenderla hace semanas. Conozco a Yusuke y sé que no es muy generoso ni colaborativo, dada su actitud, como para ayudar a su novia en estas cosas.
Escucho el mismo sonido de antes. Tal vez, pensó Kurama, había sonado muy comparativo.
- ¿Y, tus asuntos con el otro continente?
- Haré tiempo.
Hiei bufo, indiferente. Eligió una camiseta negra de mangas cortas y un poco grande. Kurama se recargo contra la pared, viéndolo desnudarse y vestirse.
- A mí no me engañas. Reanudemos lo que dejamos anoche. Vamos, esta vez sin estorbos y por completo.
Le dirigió un insulto a Youko entrecerrando los ojos. Aunque lo quisiese, su intriga y desazón hacia la actitud apática de Hiei le desalentaba, lo apartaba. Detestaba ese tipo de sospechas, no había fundamento y aun así sentía que debía estar molesto, por la falta de confianza, de comunicación, de intimidad que Hiei no le ofrecía.
- Nos invitó para su cumpleaños. ¿No te dijo Yusuke?
- ¿Cumpleaños?
Yusuke le había dicho muchas cosas sin importancia anoche, para Hiei al menos, y si dijo algo más no le interesaría recordarlo.
- Si, ya sabes- hizo un gesto conocedor con la mano, sin apartarse de la pared. Recordó fugazmente cuando Hiei se apareció en su habitación un día de su cumpleaños, cuando todavía no tenía casa propia, con la pregunta insólita. "¿Qué es un cumpleaños?". Había sonado demasiado encantador e ingenuo como para pensar que se trataba de una broma. Curiosamente, la aparición repentina de Hiei y la explicación que tuvo que darle, escuchándolo el otro atentamente, eran una tipo de regalo que gustaba atesorar- Cuando la familia y amigos de alguien se reúnen, hacen un festín y se reparten cosas…
- Dime que repartirán armas.
Kurama sonrió y rió levemente.
- No, no lo harán.
Hiei lo miro como si aquello fuera más decepcionante que cómico.
- Supongo que ya respondiste- término de vestirse, acomodando su cabello.
- Hiei…
- ¿Qué caso tiene?- elevo un poco las manos, fastidiado- Conoces mi respuesta.
- Deberíamos ir. Reencontrarnos con nuestros amigos y aprovechar para cambiar la rutina- le repuso, para disuadirlo.
Hiei gruño. No le encontraba la lógica. Ni el gusto.
- Estoy ocupado para eso.
- Piénsalo.
Solo por la mirada suave de Kurama callo sus réplicas. Sin permitir que le insistiese para aceptar, cruzo la puerta y bajo para salir por la puerta. En otras circunstancias, no hubiera tardado más que dos segundos en hacer todo ese proceso, pero como el humano que presuntamente era debía guardar la apariencia y la actitud por Kurama, que estaba atento a sus movimientos como si sospechase de sus intenciones.
- ¡Hiei!- Kurama apenas llego hasta él. De vez en cuando aumentaba la velocidad al olvidar su otra mentira de caminar como los humanos lentos- Es esta noche.
- Preferiría no estar.
Llego a la puerta de salida, estaba por abrirla e irse. Miro al pelirrojo y se extrañó de lo que sus ojos le transmitían. Hizo memoria. No creyó haber dicho nada fuera de lo que Kurama no pudiera soportar, mucho menos algo que no esperase luego de siete años lidiando con su actitud.
"No estar", "No estar" era diferente a "No ir". Tuvo una breve ilusión en su mente que lo perturbo como si se tratase de una pesadilla. Hiei lejos, más lejos de lo que la geografía aceptaba porque cada vez lo sentía más distanciado. Lo asalto la desagradable imagen de otras manos en el rostro de Hiei, no las suyas.
Era una tonta sospecha, era algo absurdo… pero no pudo más que expresar su angustia por los ojos.
- ¿Qué te ocurre ahora?
- Yo, solo me quede pensando en algo- acabo por contestar, con fingida tranquilidad.
- Pregúntale. Enfréntale. No seas cobarde, ni que no estuviéramos acostumbrados. ¡Hazlo ahora! ¿Es de reacción rápida, no? Si se ofende, allí está tu respuesta.
- H…Hiei…
Ambos se observaron. Uno, expectante. El otro, vacilando.
Hiei frunció el ceño. Se llevó una mano a la frente para frotársela.
- No me esperes- le dijo antes que Kurama se decidiese decir algo oportuno- Ve a esa reunión aburrida.
- Necesito, Hiei…- lo vio abrir la puerta.
- Tal vez me quede por allí.
Un impulso, de esos inesperados de los que incluso a uno mismo sorprende, provoco a Kurama a detenerlo, pero fallo. Hiei había cerrado la puerta. Su mano, que lo hubiera detenido de haber sido más rápida, quedo al aire. Uso la otra para abrir la puerta, descubriendo como de costumbre que Hiei no estaba por las calles ni por el sendero que debía atravesar antes de perderse por completo de su visión.
- Maldición.
- Te lo dije. Y no comiences como en esas exageradas telenovelas. No es lo más adecuado, pero podrías seguirlo.
- No lo he hecho nunca. No lo haré ahora- se exaspero, cerrando de un sonoro golpe la entrada- ¡Tu empezaste esto! ¡Estas ideas en mi cabeza son tuyas!
- ¿Finalmente has enloquecido?- se burló Youko, aunque en su faz se le veía ofendido- Fuiste tú el primero en pensarlo. Yo no soy el del problema. Tú eres el que no me quiere aquí, que me involucre, hable u opine. ¡Eres idiota! No puedes repelerme así, ¡tú eres yo, yo mismo soy tu!
- Esta es mi vida, mi casa, mi marido.
- Te corregiré, olvidadizo. Esta es tu forzada vida, esta casa es parte de tu fantasía de humano normal y, por tanto, ¡inútil! Jamás olvidaras, jamás cambiaras, como tampoco yo lo haré. Ambos lo sabemos. Oh, y hablando de "tu" marido parece que te has enterado del barco cuando se fue.
Miro a Youko con intensidad e ira, captando el sarcasmo al "tu marido" y aborreció esas sospechas que, por causa accidental y malpensada, comenzaban a asfixiarlo. Se llevó las manos a su cabeza, desarreglándose el cabello. Camino por inercia a la gran ventana y alejo las cortinas para ver un paisaje que se le hacía insustancial sin la más leve señal de Hiei.
- Hay una gran distancia entre nosotros y no hacemos más que ampliarla.
- Exacto. Reacciona, Shuichi. ¡Esta no es tu vida!…Si la deseas de verdad, lucha por lo que realmente te importa de toda esta parodia.
Hiei. Su madre. La tranquilidad y la falta de riesgos por no ser el Makai. Quería proteger todo eso. ¿Acaso solo los objetivos, la metas a lograr y los sueños hacían a la vida? De ser así, teniéndolos a cuidado, realizados y estables, ¿Por qué sentía que, lejos de complacerse, se estaba ahogando?
