Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Horikoshi-sensei, a excepción de los Oc's, que son míos. Yo sólo uso a sus bebés para emparejarlos y hacer historias cursis.
Nota: Planeaba publicar este capítulo mañana, pero me sentiría culpable si les dejo simplemente así ;w;
No consuman drogas, niños ••
Alas de Hielo
IX
—Ah... —dice Hawks al terminar de escuchar la explicación de Fuyumi, ya entendiendo la situación en la que se encuentran ellos tres. Mira a Dabi a su lado—. Así que es tu hermana. Y tú eres un Todoroki.
—Di eso de nuevo y te quemo las alas —amenaza el pelinegro, encendiendo su palma derecha. El héroe hace una mueca de desinterés. Luego él vuelve sus ojos azules a su hermana—. Fuyumi, dime que no sales con este idiota.
—No salgo con ese idiota.
El pollo se va a una esquina a jugar con una ramita. La albina se espanta y se siente horriblemente culpable. Dabi sólo sonríe satisfecho al oír esa afirmación.
—Fuyumi-chan, creí que teníamos algo especial —se queja el chico deprimido, recostando su cabeza en una pared. La aludida se siente todavía más mal, como si fuese posible—. Incluso te pedí matrimonio.
Es entonces cuando las llamas del villano vuelven a encenderse, su sonrisa se borra totalmente, y sus ojos se iluminan en locura furibunda. Ella sólo quiere salir corriendo y esconderse debajo de sus sábanas con dibujitos de copos de nieve.
Al final es quien se aclara la garganta y sonríe incómoda. Piensa en algo útil para aligerar un poco el tenso ambiente.
—Sí... Bueno... ¿Quién tiene hambre?
. . .
—¿Fuyumi salió? —inquiere Enji al notar que no se la ha encontrado en toda la mañana dentro de la casa en un fin de semana.
Natsuo deja de atarse los zapatos, para mirarlo con seriedad.
—Sí —contesta, tan seco como un témpano de hielo, y de pronto esa severidad se desvanece para mostrar una sonrisa cruel hacia su progenitor—. Está en una cita.
La cara del patriarca de la casa Todoroki no tiene precio. Es una mezcla entre sorpresa, confusión, e instintos asesinos. Lo último más escondido ya que es un héroe, pero el tercer hijo puede notarlo muy bien.
—¿Una cita? —Repite luego de analizarlo perfectamente, y sus llamas se encienden. El joven albino quiere ensanchar su sonrisa—. ¿Con quién?
—Eso ya no te lo puedo decir —declara con diversión, encogiéndose de hombros. Y agarrando su mochila, se dirige a la salida y se detiene en la puerta—. Aunque debo decir que es mejor no entrometerse. No querrás arruinarle eso también, ¿cierto? Después de todo, ella merece ser feliz.
Y se retira, cerrando la puerta sin hacer mucho ruido. Endeavor se queda en medio del corredor, pensando seriamente en esas palabras.
Claro, Fuyumi merecía ser feliz. Ya había sufrido mucho por culpa suya, y había que decir que su vida realmente no llegó a ser del todo normal o sana exactamente porque él había sido un padre.
Suspira pesadamente. Sí, ella merecía ser feliz.
¡Pero no con un bastardo que podría romperle el corazón!
—No en mi guardia, hijos de perra.
Y colocándose un abrigo oscuro, un sombrero y unas gafas, sale de la casa en busca de su dulce niña, con la meta de alejar al idiota que la invitó a salir con propósitos desconocidos, o en todo caso, sospechosos.
Mientras tanto, Natsuo sale del arbusto que forna parte de su patio delantero, y ve caminar a su padre por la calle usando ese atuendo extraño que definitivamente llama la atención de todos en el vecindario. Y se palmea la cara sin poder evitarlo. Luego saca desesperado su teléfono y marca a toda velocidad, y a los tres tonos la persona contesta.
—¿Hola?
—¡Fuyumi, lo siento! ¡La he cagado!
—¿Por qué? ¿Qué hiciste?
—Accidentalmente... le dije a padre que estabas en una cita.
—...
—...
—...
—... ¿Fuyumi, estás ahí?
—... Sí, sigo aquí.
La voz de su hermana suena más monótona que nunca, y eso le asusta bastante.
—¿Qué hago, Fuyu? Ahora mismo él está buscándote mientras usa sospechosas ropas de detective ruso de los noventa.
—Ok, ok. Sólo... cálmate.
Natsu tapa su teléfono y respira profundo, y luego vuelve a ponerlo al oído.
—Listo, ya me calmé. ¿Ahora qué hago?
Algo cerca de allí, la segunda Todoroki también respira profundo y mira de reojo a Hawks y Dabi caminando uno al lado del otro, con un ambiente tenso rodeándolos. El héroe de nuevo ha metido sus plumas en una bolsa de cartero rojo y el villano tiene el cabello más peinado —porque ella prácticamente le había obligado a arreglarlo— y sin su aterrador abrigo. Casi nadie podría reconocerlos, menos entre tanta gente.
Igual Fuyumi tiene miedo de que empiecen a pelearse de pronto, así que no puede quitarles la vista de encima.
—Natsu, déjamelo a mí, ¿de acuerdo?
El albino asiente con la cabeza cual niño pequeño, y después se golpea por hacer ese gesto tan estúpido.
—Sí —afirma, nervioso—. Y, lo siento, hermana.
—No te preocupes, sabré lidiar con esto.
Y corta. El tono repetitivo del teléfono no hace que Natsuo se sienta realmente aliviado, para nada. Sólo puede rezar para que su querida hermana mayor salga viva de todo el problema. Suspira pesadamente y mira el aparato en su mano derecha, sintiéndose un imbécil.
—Disculpe.
Suelta un respingo y cae de espaldas ante la voz que ha interrumpido de pronto el silencio. Y de golpe se pone de pie otra vez, teniendo el cuerpo lleno de hojas, y sonríe hacia la muchacha pelinegra que está frente a él.
—¿Qué se le ofrece, señorita? —aventura con cordialidad mientras sale de los arbustos y se sacude la ropa.
Ella ignora las ganas de reír, y se concentra en su labor principal.
—¿Se encuentra el señor Endeavor? —pregunta con suavidad.
—Ah... No, no por el momento —informa, sonriendo apenado esta vez—. Aunque si lo desea puedo avisarle que estuvo aquí.
—Si no es mucha molestia, se lo agradecería —alega con una sonrisa afable y dulce, que al tercer Todoroki le derrite el corazón y hace que forme una cara de idiota—. Vine a entregarle unos papeles. Mi jefe debía traerlos en realidad, pero no ha podido por hallarse ocupado.
El albino reacciona enseguida, y agarra el folio que le extiende la pelinegra.
—Dígale que el señor Hawks se siente apenado de no poder entregarlo en persona, por favor.
Ante ese nombre, el muchacho parpadea un par de veces, quedando en completo silencio. Para después alternar la vista entre la carpeta y la joven, de uno a otro. Hasta que finalmente la mira a ella.
—¿Hawks? —Reitera, algo aturdido. La chica asiente con una sonrisa amable—. ¿El héroe Hawks que ahora mismo está en una cita con mi hermana mayor?
Ella hace una cara que no podría descifrar si es sorpresa o estupefacción. Quizás ambas, piensa el albino.
—¿Es usted hermano de la señorita Fuyumi? —inquiere, medio monótona, pero igual se nota su tono curioso.
Natsuo sonríe.
—Así es. ¿Y no es usted la secretaria del héroe Hawks?
—¿Cómo sabe eso?
—La vi en televisión, siempre es la que se encarga de la prensa cuando él no puede —y dada esa información, ambos se quedan totalmente en silencio—. ¡Ah! No me presenté, lo siento. Natsuo Todoroki, un placer.
Le extiende la mano, y ella la estrecha suavemente.
—Kira Kurome, un placer, Todoroki-san.
Y así es como se inicia una amistad entre los shippers del FuyuHawks.
. . .
Mientas tanto...
—Ustedes dos, dejen de asesinarse con la mirada, no puedo comer de esta manera. —Advierte la albina, en tanto bebe su té con si habitual parsimonia.
A su lado izquierdo, Dabi mira de manera amenazadora a Hawks, quien se encuentra en su lado derecho, devolviendo el gesto al pelinegro. Los dos lo hacen a la par que clavan los tenedores en sus respectivos almuerzos.
—Les advierto que si siguen de esta manera, me largo.
Entonces los dos gruñen silenciosamente y apartan la mirada. Fuyumi suspira y deja su taza sobre la mesa.
—Creí que eran adultos responsables.
Y luego procesa bien sus palabras, y analiza lo que tiene a cada lado. Primero tiene a su querido hermano mayor, que tiene un rencor insano contra su padre y que por posible malcriadez decidió entrar a una organización de villanos, lo cual, cabe decir, es realmente infantil y caprichoso. Y por el otro lado tiene al héroe número dos, el más conocido y más joven, que tiene una personalidad engreída y que se la pasa coqueteando y haciendo bromas pesadas, además de ser realmente infantil a tal punto de querer jugar junto a niños de primaria a las guerras de pelota (aunque siente que no puede culparlo por ello).
Bien. Ya completamente analizada la situación, sólo puede decir una cosa:
Está rodeada de gente estúpidamente molesta. ¿Por qué? No lo sabe, pero no quiere descubrirlo tampoco.
Interiormente, Hawks suspira con bastante pesadez. Dabi igual, pero ninguno dice nada al respecto. Al cabo de un tiempo, sienten que alguien está pensando que ambos son estúpidos.
Y afuera del establecimiento, el héroe Endeavor observa desde la otra calle a la gran ventana trasparente, descubriendo lo que sucede dentro del establecimiento. Y no le agrada, para nada, encontrar a su hija estando entre dos chicos que se pegan asquerosamente a ella. Le enferma y enerva tanto, que no puede evitar encender las llamas en sus manos y barba a temperaturas verdaderamente altas.
Un niño que pasa cerca se le queda viendo mientras degusta su helado, y éste se le derrite a causa del calor del fuego. Al final mira la sopa líquida, que antes era su preciado postre, en el suelo, y luego sale corriendo y llorando en busca de su mamá.
Enji ignora olímpicamente eso, y mantiene su atención en las personas dentro del restaurante.
Adentro de nuevo, el joven héroe se aclara la garganta, en busca de apartar el horrible silencio que se ha formado ente los tres.
—Así que el conocido villano Dabi, es también un Todoroki —comenta con rastros de cinismo, y se recuesta en el respaldo del amplio sillón que comparten—. ¿Quién lo diría? El hijo de un héroe convertido en villano. Qué irónico, ¿no crees?
Su contrario gruñe con molestia en tanto se lleva a la boca un pedazo de carne, y mastica con más fuerza de la necesaria.
—Y también es irónico que un idiota como tú sea un héroe tan conocido. —Ataca el pelinegro, con una sonrisa cruel.
—Auch. Lastimas mi corazoncito, querido cuñado.
—Vuelve a llamarme así y te haré pollo asado.
Fuyumi suspira, y lleva las manos a los hombros de los dos varones, congelando parte de su ropa. Eso hace que ambos queden completamente callados.
—O dejan de pelear o les congelo por completo. Ustedes eligen.
Saben que ella no miente.
De nuevo afuera, Enji apaga sus flamas y se cruza de brazos, mientras porta una sonrisa orgullosa. Claramente, vio lo que acababa de hacer su niña.
Un pequeño se le queda viendo en medio de la acera.
—Mami, ¿por qué ese señor que viste raro sonríe como un loco?
—No lo mires, hijo.
Pero la sonrisa de Endeavor se desvanece apenas reconoce el rostro del rubio que se encuentra al lado de su hija. Y sus ojos sólo pueden mostrar una furia tan intensa como el fuego que de nuevo aparece en su rostro y que ha quemado su sombrero.
Con pasos firmes y fuertes camina hacia el establecimiento, cruzando la calle, y cuidando también de no derretir la puerta de entrada, se adentra al lugar y los busca.
Los dos chicos no tardan en notar la imponente presencia, y hacen caras de espanto.
—Retirada táctica. —Hablan a la vez, y se paran de un salto.
Dabi se coloca el abrigo y sale corriendo por la puerta trasera, claro que no antes sin comer el último trozo de carne en su plato. Hawks por otro lado sale volando por una ventana, y después de unos segundos vuelve y deja un fajo de billetes en la mesa.
—Yo pago la cuenta.
Y de nuevo se va.
Fuyumi se queda sola, con los ojos alternando en los lugares por los que salieron corriendo sus dos acompañantes. Y al final no hace más que bufar y volver a su té. Hasta que algo lo interrumpe, y ese algo es la mano de su padre impactando contra su mesa, haciendo que suelte un respingo al apenas notarlo.
—Fuyumi, quiero una explicación.
Sabe que está jodida. No hay fuerza divina que le salve de ésta.
—¿Por qué estabas con Hawks?
Y bueno, aunque era obvio, le sorprende bastante la interrogación tan directa. Era increíble que le preguntara solamente eso.
Quiere rodar los ojos, pero eso sería una grave falta de respeto.
«¿Es eso lo único que te preocupa?»
No puede preguntar eso, así que se lo guarda. Y definitivamente no está de suficiente humor como para contestar la interrogación de su padre tampoco.
Se pone de pie, con el pensamiento de que su supuesta cita no fue más que un fiasco.
—¿Podemos ir a casa?
Endeavor nota el tono quejumbroso en la voz de la muchacha, y haciendo uso de su siempre malhumor y odio eterno, asiente.
—Pero yo pagaré la cuenta. No quiero que aceptes dinero de ese bastardo.
Ahora sí, Fuyumi rueda los ojos.
. . .
—Soy el peor novio del mundo.
Ante esa frase, Dabi gruñe.
—No eres su novio —aclara en tono frío, y luego sonríe de lado. El halcón bufa—. Y veo que tampoco te llevas bien con Endeavor.
—Sólo no quiere que toque a su niña. —Bromea con diversión.
Es increíble que cuando no se encuentra la albina ambos se lleven tan bien, piensa Dabi en un milisegundo. Luego se pierde en la idea de asesinar a su progenitor la próxima semana y comprar algo de sushi para la cena de esa noche.
—Oye, ¿vas en serio con mi hermana?
Hawks se detiene, y él también. El callejón se vuelve silencioso y el héroe está inusualmente serio.
—Así es.
—... En ese caso, cuídala —ordena con frialdad y monotonía. Y luego busca más palabras mientras despeina su cabello con parsimonia—. Y sácala de esa casa del demonio.
El rubio no entiende esas palabras, pero prefiere no indagar más en ese tema. Además tiene un pequeño recuerdo de algo.
«Ella en realidad ya se había mudado, y le destruí el departamento»
Definitivamente no va a decir eso. Prefiere vivir.
Por el momento, sólo pensaría en descubrir cómo rayos le hizo el villano para conseguir esas cicatrices tan horribles y seguir con vida.
Y por otro lado...
—¿Eso quiere decir que ya puedo llamarte cuñado?
Varias de sus plumas fueron quemadas esa tarde.
Continuará.
