Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a J. K. Rowling.
Esta historia y todos los escenarios, nombres, hechizos y personajes originales de esta historia son míos y no autorizo el plagio.
Recuerdo que a los usuarios que dejen un review sin cuenta les contesto en mi perfil.
Perdón por la tardanza, recuerdo que las actualizaciones no serán periódicas.
-Capítulo 9- The Pansies revealed the truth
Narcissa Malfoy estaba a punto de salir de casa ya vestida y perfectamente arreglada, ni un solo cabello se escapaba del elegante recogido que llevaba, ni una sola arruga osaba alterar su impecable imagen cuando vio por la ventana que había aurores junto a la verja. Regia y elegante como toda una Black abrió las puertas de Malfoy's Manor con un aireo de varita. Caminó hasta las puertas y sin abrirlas se dirigió serena y condescendiente a los magos.
-Buenas tardes caballeros. ¿Deseaban algo?
-Señora Malfoy, buenas tardes –se adelantó un auror, Dawlish le sonaba que se llamaba-. Discúlpenos pero traemos una orden del Ministerio de Magia en la que se nos autoriza a registrar Malfoy's Manor y sus cercanías en busca de las señoritas Hermione Jean Granger y Luna Lillian Lovegood.
Ella fingió sorpresa.
-¡Oh, pero eso no será necesario!
-¿No? Lo lamento señora pero es una orden de…
-No será necesario porque ellas van a ir hoy mismo al Ministerio de Magia.
-¿¡Cómo?!
Los aurores se miraron sorprendidos entre sí.
-De hecho me dirigía a reunirme con ellos en este instante. ¿Me acompañan, señores?
-Claro –dijo Dawlish confuso y a una señal suya se desaparecieron individualmente directos al Ministerio de Magia-.
-Luna, ¿estás lista?
-Sí. ¿Vamos al Ministerio?
-Draco insiste en ello. Debemos ir lo antes posible.
-Oh, está bien. Pero tengo sueño –dijo mientras se sobaba un poco los ojos-.
Theo no pudo evitar sonreír satisfecho. Jamás hubiese imaginado que algo tan increíble le pudiese pasar. Despertar junto a Luna Lovegood como su esposa, Luna Nott, el primer y único amor de su vida y que ella fuese feliz. Era un sueño hecho realidad. Pero ahora que ya estaban casados tenían que hacerlo oficial. Tendrían que enfrentarse a una muy furiosa Orden del Fenix y a la parte no corrupta del Ministerio de Magia.
-Y pensar que ahora todo parezca insignificante por tenerla a mi lado-pensó el joven Nott mientras la observaba salir del vestidor-.
Ella preciosa como siempre vestía la ropa más dispareja y alegre que pudo encontrar. Llevaba un vestido azul marino con vuelo, un poco por debajo de las rodillas. Unos zapatos de tacón plateados y unas medias azul turquesa a juego con el lazo del pelo rompían un poco la elegancia del conjunto. Pero lo realmente sorprendente era que había colocado a lo largo de todo el vestido un montón de pendientes. Rubíes, esmeraldas, zafiros, diamantes, plata y platino brillaban con cada rayito de luz que se posaba en ellos. Las joyas de pendientes de generaciones de mujeres Nott convertidas en pseudo-lentejuelas. Theo estaba seguro de que si su madre se levantase de su tumba se retorcería de angustia, se deleitó en ese pensamiento.
-Estas preciosa, Luna.
Ella sonrió y se acercó para besarle de puntillas.
-Tú también estás muy guapo. Bueno, ERES muy guapo.
Un levísimo rubor apareció en las mejillas del joven mortífago que se inclinó para besarla con suavidad e intensidad a la par.
-¡Vaya! ¡Parece que tendré llamarte guapo más a menudo! –Rio Luna-.
El castaño sonrió.
-¿Qué tal si te llevas un abrigo? Podrías constiparte.
-Vale, después de todo nadie quiere que se le chafe la luna de miel –dijo con una sonrisa despistada mientras iba al vestidor dando saltitos-.
-Desde luego –coincidió el slytherin de forma lasciva-.
Me llevo este, el abrigo esmeralda. ¿Qué tal voy?
El la miró de arriba abajo y sin poder evitarlo, de nuevo una sonrisa boba surcó su rostro de enamorado.
-Única.
Ella sin perder la sonrisa se agarró de su brazo y bajaron a desayunar al salón donde se encontraron una nota de Draco.
Nott, ya hemos salido hacia el Ministerio,
daos prisa y dejad los arrumacos
para otro momento que hoy hay cosas que hacer.
Draco Malfoy
-Amargado, conociendo a Granger lo más probable es que anoche se quedase a dos velas –pensó Theo burlón-.
-Vaya pobre Draco, seguro que tiene la cabeza llena de torposoplos, a Hermione también le pasa por las mañanas, se pone un pelín gruñona.
-Sí, llevaba años preguntándome que era lo que hacía que estuviese tan irritado por las mañanas. Debe ser eso.
Luna soltó una leve risita.
-Mañana por la mañana te presto mis gafas para ver torposoplos y lo compruebas.
-Tenemos un trato –dijo él bromeando-.
Ella se quedó en silencio unos segundos mirándole con fijeza.
-¿Pasa algo?
-¿Sabes? Si sonrieses más a menudo habrías sido muchísimo más popular que Draco en el colegio, en serio, el chico más guapo con diferencia.
De nuevo le sorprendía con sus inesperados halagos.
-Gracias por suerte para mí tú sonríes más frecuentemente que yo.
Luna estaba muy feliz de poder llevarse bien con Theo. Cada vez estaba más convencida de que había hecho lo correcto. Estaba segura de que más temprano que tarde acabaría enamorándose de su esposo.
Cuando acabaron de desayunar hicieron lo mismo que los Malfoy más jóvenes: un fregotego a los dientes y polvos flu a la chimenea.
Cuando las llamas verdes de la red flu se desvanecieron se encontraron con una predecible pero no por ello menos sorprendente escena.
Draco y Hermione habían llegado al Ministerio de Magia a las once y sorprendentemente el vestíbulo siempre bullicioso estaba en calma. A la gryffindor no le dio buena espina y automáticamente se pegó a Draco que hizo una ligera mueca de disgusto que se apresuró a disimular.
-Vamos Granger. ¿Dónde queda el ridículo valor de los gryffindor?
-No estoy asustada. Es más yo voy delante –dijo frunciendo el ceño y empujándole mientras se tragaba el mal presentimiento-.
Draco sonrió de lado pero ese gesto se convirtió rápido en una mueca cuando oyó el horrible pitido que sonó en cuanto su esposa puso el primer pie en el marmóreo suelo verde del Ministerio. Se abalanzó instintivamente sobre ella y la ocultó tras él sin saber muy bien lo que pasaba y solo les dio tiempo a agacharse cuando no menos de treinta aurores dispararon un desmaius en su dirección.
-¡Alto! ¡Por favor, paren!-Gritó Hermione-.
Y sorpresivamente le hicieron caso.
-¿Hermione? –exclamó una voz aguda-.
Seguidamente oyeron el golpeteo de unas botas por el suelo encerado.
-¿Tonks?
La castaña se levantó y corrió a abrazar a la metamorfomaga que ahora tenía el pelo blanco del susto y la emoción.
-¡Estás aquí! ¡Creí que nunca volvería a verte! ¡Los mortífagos os secuestraron! ¡Se llevaron también a Ginny!
-Estoy bien Tonks, tranquila.
-¿Qué hace él aquí? Se supone que fue el quien os secuestró ¿no?
Hermione se lo pensó un momento. ¿Debía contar la verdad? ¿Que Draco y Theo las habían secuestrado por orden de Voldemort, que Ginny estaba en coma y no sabían cómo hacer que volviera? Sí debía contar la verdad. Pero pensando en su suegra se dio cuenta de algo, debía contar parte de la verdad.
-Él es mi marido.
Se giró para mirarle y fue entonces cuando vio que lo tenían apresado. Los aurores no se podían creer lo que acababan de escuchar ni siquiera Tonks. ¿Un Malfoy y una sangre sucia? ¿El mundo se había dado la vuelta o qué?
-¡Suelten a mi marido ahora mismo! –Exclamó furibunda Hermione-.
-¡Pero tenemos una grabación muggle que demuestra que fue él quien os secuestró! –Gritó un auror joven-.
-¿Ah, sí? ¿Y se le ve la cara?
-No.
-¡Entonces no pueden demostrar nada! ¡Les exijo que le suelten! –Dijo mientras avanzaba hacia ellos con firmeza-.
-Se le ve el pelo.
-¡Como si no hubiese magos rubios en Gran Bretaña! ¿De veras piensan que sería tan estúpida como para casarme con mi secuestrador? ¡De todas formas no hace ni cuarenta y ocho horas que desaparecimos! ¡Según las leyes de los magos hasta las setenta y dos horas no se considera a la persona desaparecida!
Los aurores se miraron de reojo y el que parecía el jefe hizo un gesto y las varitas dejaron de apuntar a Draco.
Ella se acercó abrazarle fingiendo preocupación y oyó como él le susurraba algo al oído.
-Buena jugada.
Ella sonrió y alzó la cabeza para mirarle a los ojos pero cuando se quiso dar cuenta sentía unos fríos labios moviéndose sobre los suyos, automáticamente le correspondió sintiendo como un torrente de lava subía desde la boca de su estómago hasta su pecho haciendo que su corazón fuese a mil por hora.
Cuando se separaron estaba completamente sonrojada. Miró al rubio en busca de una explicación. Pero justo cuándo creía haber visto algo en los ojos tormentosos del rubio pegó un respingo sobresaltada por una voz aguda y chillona resonó por todo el vestíbulo.
-¡¿Se puede saber que está pasando aquí?!
Se giraron para descubrir a una muy furiosa Pansy Parkinson avanzando por el pasillo.
-¡Draco Lucius Malfoy! ¡No me lo puedo creer!
Se acercó hacia donde estaba él señalándole con el dedo.
-¡Tú! ¡TÚ! ¡ERES UN COMPLETO MENTIROSO! ¡ME LO PROMETISTE!
Hermione rodó los ojos y suspiró preparándose para alguna escenita de celos y amor no correspondido.
-¡ME PROMETISTE QUE SERÍA LA MADRINA DE TU BODA!
De nuevo un pitido estruendoso sonó por todo el Ministerio.
Por la misma chimenea que habían llegado los Malfoy hacían su entrada los Nott.
-¡Vaya, ahora el Ministerio tiene timbre, como los muggles!-Rio la recién casada ravenclaw-.
-Buenos días señoras, señorita, caballeros.
Draco los saludó con un leve asentimiento. Los aurores no dijeron nada. Narcissa y Hermione les recibieron con una sonrisa y Pansy… Pansy se plantó ante ellos con los brazos en jarras y dijo algo que descolocó el esquema de los acontecimientos en la mente de la castaña.
-¡Y TÚ! ¡OTRO IGUAL! ¡YA OS VALE! ¿¡NO SE SUPONÍA QUE IBAIS A CASAROS CON ELLAS CUANDO TODO HUBIERA ACABADO!?
