Capitulo 10

Epílogo

Por Amelia Badguy

615 palabras según Word.

— ¿Qué se quedaran? — La muchacha se sorprendió demasiado al ver a aquellos dos que fingían ser dioses, que de cierta forma parecían algo avergonzados por estar diciendo que se quedarían, después de todo estaban rompiendo la promesa que le habían hecho, pero debió suponerlo... Ellos amaban demasiado la ciudad como para irse y ella no era idiota, sabía que si salía sin la protección, por así decirlo, de ellos dos, le iría mal en aquel mundo exterior.

Tulio le había contado de los alfas y si bien ella no olía, como lo había expresado, seguía siendo una muchacha de esa nuevo mundo, que los alfas no tenían problema alguno en gobernar a su antojo, menos en el Dorado, porque era una ciudad oculta de la vista de todo el mundo.

— ¿Saben que me deberán una demasiado gran, no? — Les preguntó con las manos en sus caderas, mirando aquel par de bobos, que aún debían decirle al jefe que Tulio no se iría, algo que realmente tomarían bien, sus dos dioses ahí, por lo que ella termino por soltar un fuerte suspiro.

— De verdad queríamos cumplir nuestra promesa... pero... — El alfa no pudo seguir hablando, pues esa mujer puso sus dedos en sus labios, haciendo que guardara silencio de aquella manera, después de todo podía comprenderlo.

— Al menos deberé ser tratada como una reina aquí, ¿no creen? — Los dos asintieron con fuerza, después de todo aún no hablaban realmente bien el idioma —a duras penas comprendían una que otra palabra y aún no se expresaban sin la ayuda del jefe, por lo que tener a Chel a su lado haciendo de todo aquello de verdad sería algo bueno—.

Los tres sonrieron y comenzaron a bajar de aquella pirámide que era donde residían los dioses, caminando tranquilamente fue cuando lo sintieron, una fuerte explosión, que venía de afuera de los muros naturales del Dorado, además de aquel humo negruzco que se asomaba a lo lejos en el horizonte. No tenían que ser genios para saberlo, incluso el mismo Altivo lo sabía.

— Cortés... — Gimieron ambos a coro, sabiendo que el verdadero destructor que había esperado aquel sacerdote se estaba acercando.

La única alternativa había sido colapsar la cueva por donde habían entrado, de verdad que había sido bastante duro de hacer, pero lo habían logrado, la entrada estaba cubierta de rocas grandes, que ni siquiera un ejército de alfas podría atravesar, por lo que la ciudad del Dorado estaba a salvo, gracias al plan que sus dioses habían ideado.

Ver cerrada la entrada para ellos había significado el fin de todo en realidad, de volver a España alguna vez, siendo que únicamente se quedarían ahí en el Dorado, viviendo como los dioses que los creían, hasta que comenzaran a envejecer... en ese momento se les ocurriría algo para decir, como que los dioses marchitaban su cuerpo para poder ascender a los cielos o algo así, sabían que el jefe de la isla apoyaría su teoría.

Sabían que se encontrarían seguros ahí, pero lo más importante es que seguirían juntos, sin importar verdaderamente que problema se les pusiera encima, después de todo ellos eran Tulio y Miguel, dos grandes dioses, que eran realmente poderosos, aunque en la verdad eran únicamente un alfa y un omega, unidos, disfrutando de su unión en aquella ciudad perdida en el nuevo mundo, donde realmente esperaban nunca más volver a tener problema alguno y vivir en la tranquilidad que realmente habían anhelado sin haberlo notado.

Años en la calle, sin nada más que el apoyo mutuo, la confianza mutua y si es verdad que tenían serios problemas de vez en cuando, no había nada que su unión no pudiera soportar y salir victoriosa.